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Por Bernardo Veksler – Diario del Fin del Mundo.
EN JULIO DE 1891 MEDIO MILLAR DE BUSCADORES DE ORO LLEGAN AL CANAL DE BEAGLE
06-03-2016 - 18:05:39

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Alrededor de esta fecha, unos quinientos hombres arriban a las islas del Beagle magnetizados por la fiebre aurífera que se había desatado en la zona. “La totalidad de este tremendo contingente era de nacionalidad eslava: hombres jóvenes, sanos y fuertes, estaban hechos para enfrentar la rudeza de los elementos y la geografía australes, y las penurias, fatigas y privaciones que necesariamente imponía la empresa que tentaban acometer. Entre tantos había pioneros como Pedro Peric y Francisco Tomsic, o como Francisco Eterovic, Antonio Martinic, Santiago Vrsalovic y Antonio Mladinic; los primeros faenaron en las playas y barrancas de Lennox, en tanto que los segundos, buscaron en Windhond (Navarino) y posteriormente en aquella isla, para proseguir después en chalupa hasta las islas Wollaston” (Mateo Martinic Beros. La minería aurífera en la región austral americana 1869-1950)
A fines de 1887 ya se había detectado oro en las playas de Sloggett. Rápidamente, otros buscadores pasaron a explorar las islas cercanas. Quizás los descubridores de las arenas auríferas hayan sido dálmatas, “pues solo así se explica el entusiasmo febril, más aún verdadera locura aurífera, que se suscitó entre los inmigrantes de esa nacionalidad” (op. cit.).
El gobierno magallánico envió al vapor Toro de la Armada en misión de patrullaje, en octubre de 1888. Allí, iban embarcados los dos primeros buscadores conocidos: “Juan Simón Paravic y Enrique Saunders, quienes en la isla Nueva hallaron indicios auríferos, luego en Picton”.
La noticia llegó a Buenos Aires y repercutió entre los dálmatas “deseosos de hacer más rápida fortuna” y “sacudió los espíritus y animó los cuerpos y muy pronto las primeras partidas estuvieron navegando en pos de la lejana e ignota Punta Arenas”.
Un periodista norteamericano consideró que esta región “donde ningún hombre, con mujer u otra persona dependiente de él, debería entrar, pero para un muchacho joven e independiente, que pueda ganar en vigor y coraje enfrentando la loca furia del ventarrón antártico, no existe mejor lugar que aquel más allá de los estrechos de Magallanes”.
La Fiebre del Oro en el Beagle duró menos de una década, sólo unos pocos pudieron realizar sus sueños, la mayoría debió buscar empleo en la zona para enjugar los costos del fracaso de la aventura austral.









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