De la Prensa Internacional. Colaboraci髇 de Marco Barticevic Sapunar.

LA VENGANZA DE LAS ESPECIES INVASORAS

07-08-2016 - 14:33
Su introducci髇 en nuevos ecosistemas es lo m醩 parecido a abrir la caja de Pandora. Atacan a otras especies, se reproducen sin control destrozando las cosechas, provocan p閞didas multimillonarias y son una grave amenaza para la biodiversidad. Detr醩 de las plagas de las especies ex髏icas est la mano del hombre.
Los Everglades ocupan m醩 de 3.800 kil髆etros cuadrados de manglares, zonas pantanosas de agua dulce, praderas costeras, pinos y cipreses en la bah韆 de Florida. En este parque nacional al sureste de Estados Unidos, el agua se esconde a menudo bajo la vegetaci髇. El terreno parece firme, pero las vallas circundantes advierten a los conductores de su llegada a un universo de pantanos. Ah se ocultan los caimanes, responsables de la muerte de 33 personas en los 鷏timos 16 a駉s.
Salvo el herpet髄ogo Kenneth L. Krysko, nadie pod韆 imaginar que un enemigo todav韆 m醩 poderoso acabar韆 rondando estas latitudes: el cocodrilo del Nilo puede alcanzar hasta seis metros de longitud y su reputaci髇 de asesino supera a la de los caimanes. En cuatro a駉s, ha liquidado a 123 personas en el 羏rica subsahariana. Krysko trabaja en el Museo de Historia Natural de Florida, donde ha determinado gracias al ADN que tres ejemplares juveniles de cocodrilos de los que se ten韆 constancia en los Everglades desde 2009 coinciden con el gran depredador africano. El investigador no descarta que haya m醩 de ellos movi閚dose a sus anchas por estos pantanos. Pero resulta altamente improbable que los turistas que visitan estos r韔s de hierba vayan a ser atacados por cocodrilos africanos.
Sostiene Krysko que los tres ejemplares objeto de su an醠isis estaban relacionados gen閠icamente y no guardaban conexi髇 con el ADN de los cocodrilos del Nilo confinados en zool骻icos. Este cient韋ico apunta al comercio de mascotas ex髏icas. 揝e trata del mayor causante de la introducci髇 de anfibios y reptiles ex髏icos en Florida. Este es el lugar del mundo donde m醩 se sufre este problema. A casi todo el mundo se le ha escapado una de estas mascotas, y seguramente muchos liberan animales cuando llega el momento en que no pueden hacerse cargo de ellos. Tambi閚 lo hacen con la esperanza de que procreen para poderlos explotar econ髆icamente.
A pesar de la sensaci髇 de estar ante un enclave impenetrable, hasta los Everglades han llegado peces ex髏icos como el 髎car, proveniente de Am閞ica del Sur, los c韈lidos maya de Am閞ica Central o la tilapia azul africana. Entre las dos especies invasoras que han adquirido m醩 notoriedad en la zona est醤 las pitones subsaharianas y las de Birmania. 緾apaces de matar? 揇efinitivamente. Aunque hasta donde yo s, nadie ha muerto por el ataque de una pit髇 salvaje reintroducida. S conozco historias de personas que han sucumbido por agresiones de estas serpientes mantenidas en cautividad. Hace unos pocos a駉s, aqu en Florida, una pit髇 birmana escap de su celda y estrangul a un beb en su cuna. En Canad, una pit髇 africana se escurri de su jaula y mat a dos ni駉s厰.
Algunos anfibios extranjeros de los Everglades, como las ranas arbor韈olas cubanas procedentes de Cuba, Bahamas y las islas Caim醤 y los sapos marinos 杘riginarios de Haw醝, aunque son terrestres son muy venenosos. 揅onozco a gente que ha tenido que ir al hospital por tocar una rana cubana y despu閟 frotarse los ojos, prosigue Krysko. 揊ui testigo de la muerte de un perro rottweiler de 36 kilos que se trag un sapo marino y muri en mis brazos despu閟 de 45 minutos espantosos, entre estornudos, alucinaciones y golpes de la cabeza contra el suelo. Los sapos marinos se reintrodujeron en Australia en 1935 para acabar con una especie de escarabajo, pero el experimento acab en chasco monumental. Los 3.000 sapos originales se han multiplicado hasta convertirse en una plaga de millones de ejemplares. Las ranas arbor韈olas cubanas probablemente llegaron a estos Everglades por accidente en 1920, a bordo de diversas embarcaciones.
揜eintroducir una especie es como abrir la caja de Pandora, dice Susan Adams, ec髄oga del Servicio Forestal de Estados Unidos y presidenta de la Asociaci髇 Internacional de Astacolog韆 (especialidad del estudio de crust醕eos) en Oxford, Misisipi. 揅uando reintroduces una nueva especie, sea una bacteria invisible al ojo humano, un 醨bol o un gran mam韋ero, no hay manera de saber qu suceder. Podr韆s ser incapaz de erradicarla para siempre. Y en ocasiones, lleva mucho tiempo antes de que la especie se extienda y se convierta en invasora. 緾髆o nos afecta? Adams, que vive en Misisipi, enumera historias locales que conoce de primera mano:
Las hormigas de fuego llegaron desde Sudam閞ica hasta Mobile, Alabama (EE UU), a principios del siglo XX. Probablemente en cargueros, de forma accidental. Son muy peque馻s, pero su picadura es dolorosa y dura d韆s o semanas. Viven en jardines, patios y cunetas. Entran ocasionalmente en las casas, forman un enjambre cuando atacan a alguien y han provocado muertes por alergia. Agreden a mascotas, al ganado y las aves en nidos. Luchar contra ellas cuesta 750 millones de d髄ares al a駉.
Los jabal韊s, originarios de Eurasia, se introdujeron como fuente de alimento y para la caza. Crecen hasta los 90 kilos, destrozan las cosechas y el paisaje, y perjudican a anfibios, aves y reptiles. Contagian enfermedades parasitarias al ganado. El Gobierno de EE UU calcula p閞didas de 1.500 millones de d髄ares al a駉.
La carpa plateada y la cabezona fueron reintroducidas en Arkansas en los a駉s setenta para mejorar la calidad del agua en los estanques. Pronto se escaparon, tal y como predijeron los cient韋icos, devastando los peces locales y el alimento disponible. La ec髄oga Susan Adams dice que los peces saltan con tanta violencia desde el agua que han ocasionado numerosas heridas a turistas y da駉s en las embarcaciones de recreo.
El continente europeo no permanece ajeno a las plagas. Est infestado por m醩 de 14.000 especies for醤eas. Algunas de ellas se convierten en invasoras. Ocasionan p閞didas de 12.500 millones de euros anuales. 揢na estimaci髇 a la baja, matiza la bi髄oga Elena Tricarico, de la Universidad de Florencia. No solo se trata de dinero. Estos invasores son, seg鷑 Tricarico, 搇a segunda causa de la destrucci髇 de la biodiversidad. Y nosotros somos los responsables. Ella realiz en 2006 su tesis doctoral mientras ayudaba a pescadores que faenan en el lago Massaciuccoli, la reserva h鷐eda m醩 importante y bella de la Toscana. Ese lago fue la puerta de entrada en Italia del cangrejo rojo (Procambarus clarkii), el mayor invasor de agua dulce de los de su clase. All donde se establece, destierra a muchos semejantes locales. Procede del noreste de M閤ico y el sur de Estados Unidos, pero ahora vive en muchos r韔s y lagos de Europa, 羏rica y Asia.
Cada verano, las autoridades locales se ve韆n obligadas a prohibir la pesca del cangrejo rojo en el lago Massaciuccoli: el agua se llenaba de cianobacterias 朼ntiguamente llamadas algas verdeazuladas que exudaban un veneno, la microcistina, posible causante de tumores. 揕os cangrejos acumulaban la toxina y eran consumidos por la gente, por lo que vedaron su pesca hasta que bajaran los niveles, explica Tricarico. 揚ero los pescadores perd韆n sus ingresos, y nos consultaron para que busc醩emos una soluci髇 que les permitiera pescarlos en ese mar de algas. La investigadora demostr que los animales concentraban la toxina en los intestinos. Si se quitaban en primer lugar, los cangrejos pod韆n consumirse de forma segura.
El cangrejo rojo no lleg a Europa por sus propios medios. Fue el hombre quien introdujo de forma intencionada a este Goliat de su especie para su explotaci髇 econ髆ica. En Espa馻 ha desplazado casi hasta la extinci髇 al cangrejo aut骳tono. Pero tambi閚 se explota econ髆icamente. Algunos ejemplares se escaparon en 1973 de un criadero y saltaron al Guadalquivir. Tard varios a駉s en convertirse en invasor. En Isla Mayor (Sevilla) se pescan anualmente tres millones de ejemplares, destinados en su mayor韆 a la exportaci髇. Un negocio que mueve 20 millones de euros. En marzo de este a駉, a instancias de una demanda presentada por la Sociedad Espa駉la de Ornitolog韆 (SEO) y otras organizaciones, el Tribunal Supremo dictamin que las comunidades aut髇omas tienen que elaborar planes para su erradicaci髇. El conflicto con el sector cangrejero y los ecologistas est servido. 縋ero puede exterminarse a una especie invasora?
揢na vez que una variedad ex髏ica o invasora se introduce en un ecosistema nuevo, ser pr醕ticamente imposible erradicarla, tercia Jos Luis Nieves-Aldrey, investigador del departamento de Biodiversidad y Biolog韆 Evolutiva del Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC). 揕a estrategia debe pasar por su manejo como una especie m醩 del ecosistema. Esto a veces choca con la burocracia administrativa, que se empe馻 en operaciones costosas que con frecuencia se revelan inviables o in鷗iles. De acuerdo con Juan Carlos Atienza, director de Conservaci髇 de SEO Birdlife, la sentencia del Supremo sobre el cangrejo rojo no impide su pesca y comercializaci髇, siempre que se persiga el objetivo de limpiar los r韔s para no reintroducir el animal con objeto de explotarlo en el futuro. Una pr醕tica que puede darse, asegura Atienza, entre pescadores. 揝e puede llevar a cabo sin poner en peligro los puestos de trabajo a corto y medio plazo.
La frontera entre las especies nativas y las invasoras es a veces muy borrosa. Pesa la tentaci髇 de demonizar al reci閚 llegado. 揅on mucha frecuencia los medios, los conservacionistas y algunos cient韋icos ponen el 閚fasis en los aspectos negativos de las especies invasoras como elementos que perturban las comunidades nativas o empobrecen la biodiversidad, tercia Luis Nieves-Aldrey desde el CSIC. 揙bvian que en muchos casos los efectos pueden ser positivos o neutros, una vez que la nueva especie se adapta. Nieves-Aldrey pone como ejemplo algunas que hoy se consideran nativas, como el pino pi駉nero o el pino carrasco, resultado de introducciones muy antiguas. O el cangrejo aut骳tono espa駉l, que en realidad procede de viajes llevados a cabo desde Italia durante el siglo XVI.
La Uni髇 Internacional para la Conservaci髇 de la Naturaleza (UICN) alberga un cat醠ogo con las 100 especies biol骻icas invasoras m醩 da駃nas. Esta organizaci髇 actualiza cada a駉 el retrato del planeta como el de un mundo invadido. Los alien韌enas no provienen del espacio exterior. Algunos, como la mangosta india, tienen sangre caliente, miden entre 25 y 40 cent韒etros y su capacidad para la conquista resulta asombrosa. Este mam韋ero acab con un ave, el rasc髇, que viv韆 en la isla de Fiji, en el Pac韋ico. Y ha ido saltando a diversos puntos del planeta, extirpando a su paso a otras siete especies de mam韋eros, aves, anfibios y reptiles de la isla japonesa de Amami-oshima, el petrel de Jamaica o tortugas caribe馻s y palomas locales en la isla Mauricio.
A veces, estos alien韌enas tienen escamas: la perca del Nilo se introdujo en el lago Victoria, de 羏rica, y acab con 200 especies de peces aut骳tonos considerados como 鷑icos en el mundo.
En otras ocasiones, los invasores se deslizan por el suelo gracias a una baba que ellos mismos fabrican: es el caso de un caracol carn韛oro centroamericano que probablemente ha contribuido a la extinci髇 de 234 especies de caracoles de diversas islas oce醤icas, despu閟 de que fuera introducido en 羏rica para controlar a otro caracol gigante africano en un experimento que sali muy mal.
Las profundidades de los suelos oce醤icos tampoco se libran de estas plagas. La fosa Palmer se abre en el lecho del mar a unos 120 kil髆etros de la costa sureste de la pen韓sula Ant醨tida. Durante millones de a駉s, las bajas temperaturas han cerrado la puerta a cualquier intruso. Pero una expedici髇 de la Fundaci髇 Nacional para la Ciencia de EE UU encontr pruebas de que los cangrejos rojos gigantes 杚ue miden m醩 de un metro con las patas extendidas han establecido colonias estables a profundidades de entre 841 y 2.266 metros. El crust醕eo procede del Pac韋ico Norte, de las aguas que rodean la pen韓sula de Kamchatka y Alaska. Los sovi閠icos lo llevaron en 1960 hasta el mar de Barents, cerca de las costas noruegas. Titulares del tipo 搇os cangrejos gigantes invaden la Ant醨tida pueden parecer sensacionalistas, pero Richard B. Aronson, el coautor del estudio, no dud en calificar de 揷atastr骹ica la aparici髇 de este cangrejo.
緾ulpables? En gran medida, la especie humana. Abrimos la puerta a los invasores. 揂 veces de forma intencionada, mediante los cultivos de acuicultura, el comercio de mascotas, la horticultura y la pesca; y otras, por accidente, a trav閟 del agua de lastre de los barcos, dice la bi髄oga de la Universidad de Florencia Elena Tricarico.
El puerto de Nueva York recibe anualmente 5.000 grandes contenedores de buques con su carga repleta de larvas y de organismos. El canal de Suez, con un tr醘ico de 50 buques al d韆, intercambia m醩 de 10 millones de toneladas de carga entre el oc閍no 蚽dico y el Mediterr醤eo. Estas rutas mar韙imas funcionan 揷omo una ruleta ecol骻ica, seg鷑 ha contado Hanno Seebens, un bi髄ogo de la Universidad de Oldenburg (Alemania), a la revista Discover. Seebens investig el tr醘ico mar韙imo de un a駉 朿asi 2,9 millones de viajes compar醤dolo con los puntos calientes de invasi髇 de especies. Su conclusi髇 es que las rutas m醩 peligrosas conectan puertos mar韙imos a una distancia intermedia, especialmente en el sureste asi醫ico, Oriente Medio, Singapur, el canal de Suez, Hong Kong y Panam. 揕a probabilidad de que una especie pueda invadir gracias a un solo viaje es peque馻, pero si haces esto miles de veces, lo que compruebas es que se establece por s sola.
Rafael Araujo es un experto en moluscos del Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid. En su despacho atesora las peque馻s conchas con rayas de una especie de mejill髇 que crece en racimos de miles. A principios de 2000, el animal, originario del mar Caspio, entr en aguas del Ebro. 揚robablemente, a trav閟 de los puertos catalanes. Se multiplica de forma tan asombrosa que es capaz de atascar la toma de agua de una central nuclear o una entrada para riego. 揚uede haber millones de ellos por metro cuadrado. Araujo recuerda llamadas telef髇icas de la central nuclear de Asc por emergencias y su diagn髎tico de las fotos que le llegan. 揟ienen ustedes una plaga de mejillones cebra. Es algo que viene sucediendo en Espa馻 desde el a駉 2000 y, desde hace 30 a駉s, en otras centrales nucleares del mundo. Conozco situaciones en las que han tenido que parar la central para limpiar estas v韆s. Ahora el mejill髇 est en casi todas las cuencas de Espa馻.
Araujo ya lo ven韆 advirtiendo desde los noventa. Este peque駉 molusco (Dreissena polymorpha) iba a llegar a Espa馻, tra韉o probablemente por el agua de lastre de los buques. La criatura hab韆 emprendido mucho antes la conquista del mundo. Se peg al casco de los barcos desde el Caribe hasta alcanzar el canal de Panam en 1915. En los a駉s treinta, cuando Estados Unidos importaba trigo de Ucrania, los buques cargaban en los puertos del Caspio el grano 杫 el agua contaminada con larvas de estos moluscos que luego descargaban en los Grandes Lagos. En la d閏ada de los sesenta el molusco coloniz algunos puertos de India, alcanzando Jap髇 un decenio m醩 tarde y conquistando Hong Kong en los a駉s ochenta.
La llegada al Ebro result explosiva. Ahora, la situaci髇 del mejill髇 se ha estabilizado relativamente. No hay forma de retirarlo de los r韔s, pero tiene algunos efectos positivos: aclara las aguas y aumenta la diversidad de las plantas acu醫icas, indica Nieves-Aldrey. Los perjuicios econ髆icos son muy grandes. Solo en Estados Unidos bordean los 2.000 millones de euros en 10 a駉s. En Espa馻 se calcula que entre 2006 y 2020 los da駉s ocasionados por este mejill髇 podr韆n alcanzar los 40 millones.
El mejill髇 no es el 鷑ico invasor con el que se ha topado Araujo. 揌e buceado en aguas del Ebro a menudo, y me he topado con siluros de casi dos metros. Es casi como si te pasara un troleb鷖. Estos enormes peces fueron introducidos por una colonia de alemanes hacia los a駉s setenta para su pesca deportiva. Ahora, campan a sus anchas en el r韔, atacando a las palomas ante la sorpresa de los transe鷑tes del puente de piedra de Zaragoza.
En otros casos la invasi髇 pasa inadvertida, pero no por ello resulta menos dolorosa. Carlos P閞ez-Santos, naturalista y herpet髄ogo experto en venenos, lleva ocho a駉s estudiando las palmeras del mundo. Ha recorrido un gran n鷐ero de jardines bot醤icos en Miami, Ginebra, Viena, Lisboa, Barcelona, Madrid, M閤ico 揅ualquier palmera me llamaba la atenci髇, y es as como he podido seguir muy de cerca la invasi髇 del picudo rojo (un gorgojo tropical asi醫ico). Me afect much韘imo porque soy testigo de la destrucci髇 irreversible de miles de ejemplares.
Las plagas no son solo de origen animal. Pablo Vargas, investigador del Real Jard韓 Bot醤ico del Consejo Superior de Investigaciones Cient韋icas (CSIC), advierte de los peligros del camalote, o jacinto de agua. Procedente de la cuenca del Amazonas, esta planta crece con tal rapidez que sus hojas acaban cubriendo la superficie acu醫ica. All donde prende succiona el ox韌eno disuelto y los nutrientes. Para muchas especies de peces, es el manto verde de la muerte por asfixia. Tambi閚 atasca los sistemas hidr醬licos. Importada como planta ornamental, el camalote se ha extendido por todo el mundo. 揕o conoc en Portugal hace 40 a駉s, recuerda Vargas. 揌e podido presenciar una lenta pero imparable invasi髇 en r韔s espa駉les.
Pero este bot醤ico confiesa que su peor experiencia fue el ataque que sufri por mosquitos tigres durante una noche en la que estuvo en Almer韆 realizando unas investigaciones sobre censos de polinizadores de plantas. El mosquito, que procede de Asia, es capaz de picar 48 veces en una hora, y transmite enfermedades como el dengue, la fiebre del Nilo occidental, la encefalitis japonesa y el virus del zika. Se ha extendido por todo el mundo debido al comercio mundial de neum醫icos de segunda mano, que act鷄n como perfectos recipientes de agua para conservar los huevos del insecto. Un pron髎tico cient韋ico y anticipaci髇, indica Vargas, es la 鷑ica f髍mula en un escenario de cambio clim醫ico que permitir en Espa馻 搇a entrada de especies m醩 tropicales.
El comit cient韋ico que asesora al Gobierno espa駉l sobre el cat醠ogo de variedades ex髏icas e invasoras maneja una lista en la que figuran tanto las veteranas como las reci閚 llegadas. Una especie que llega a un lugar nuevo siempre tiene un plazo de tiempo 杔atencia hasta que se convierte o no en un invasor. Mario D韆z, presidente del comit cient韋ico de SEO/Birdlife y uno de los principales asesores, se馻la que una de las m醩 preocupantes en Espa馻 es un hongo asi醫ico que infecta a las encinas espa駉las y las seca, con un efecto devastador similar al del virus de la mixomatosis en los conejos. El hongo es una plaga que avanza desde el suroeste al noreste. Hay un proyecto para cartografiarlo y ha llegado al sur de Castilla-La Mancha. 揈l 95% de todos los viveros europeos est醤 infectados. Su v韆 de entrada, al ser microsc髉ico, es mediante plantas infectadas y suelo contaminado.
Tambi閚 son muy nocivas las estruendosas cotorras argentinas, que destruyen plantas y otros nidos. Ya forman parte del paisaje urbano de Barcelona, Toledo y Madrid. Acaban de ser incluidas como especie invasora y es legal su exterminaci髇, pero los Ayuntamientos y las Administraciones no hacen nada, asegura Mario D韆z. Como suele ocurrir en muchos casos, la gente las compr para tenerlas en jaulas, como animales de compa耥a, y las solt en el momento en que fueron molestas. El naturalista P閞ez Santos reside en Torremolinos y cuenta que las cotorras ya han llegado hasta la zona costera del Mediterr醤eo, desde Port Bou hasta Gibraltar. 揈n la comunidad donde vivo han desaparecido los gorriones y casi todos los p醞aros cantores, son presas f醕iles, a馻de.
Otro invasor que ocupa el primer lugar en la lista m醩 reciente de especies invasoras de la UE es la avispa asi醫ica, que lleg a Espa馻 en 2010. Este insecto es un eficaz asesino de abejas de la miel y acaba con sus colmenas, causando graves da駉s al sector ap韈ola. Las modas tambi閚 contribuyen a la difusi髇 del potencial invasor. El cerdo vietnamita se puso de moda cuando el actor George Clooney decidi pasearlo por la calle como si fuera un perro. En Espa馻, algunos se lo compraron como mascota. Un estudio del bi髄ogo Miguel Delibes Mateos ha identificado 42 de ellos que viven en libertad en Catalu馻, Galicia, Castilla y Le髇, Comunidad Valenciana, Andaluc韆 y Asturias. Y alerta sobre la posibilidad de que se hibride con el jabal salvaje. Los expertos insisten: al comprar una mascota, que sea aut骳tona.
El cient韋ico Adolfo Cordero, de la Universidad de Vigo, completa un retrato actualizado de las invasiones en Espa馻. Cita a la avispilla del casta駉, un insecto procedente de China, como uno de los m醩 recientes. Cordero explica que la manera de luchar contra ella es precisamente mediante otro insecto chino, par醩ito espec韋ico de la avispilla. 揕as v韆s de entrada son tantas que no es posible evitar la llegada de nuevas especies. Pero s existen mecanismos de detecci髇 temprana. En ocasiones, se馻la este investigador, los invasores son introducidos deliberadamente por la Administraci髇, al ser 鷗iles para su explotaci髇 econ髆ica, como el eucalipto en el norte de la Pen韓sula.
El riesgo es acabar demonizando la generalidad. El ec髄ogo Mark Davies, del Macalester College en Minnesota (EE UU), es una de las voces m醩 heterodoxas al respecto. 揕os organismos son solo organismos, no tienen moral ni 閠ica. Se limitan a vivir, afirm en Scientific American. El bi髄ogo y escritor Ken Thompson, autor de 緿e d髇de son los camellos? (Alianza Editorial), concluye que esta es solo una parte de un problema global: la transformaci髇 de la biosfera por culpa de la actividad humana. 揇eber韆mos dejar de pensar que podemos volver a situar el reloj en alguna edad dorada y pr韘tina previa al ser humano, aun cuando tuvi閞amos alguna idea de qu aspecto ten韆 aquel estado pr韘tino. Deber韆mos concentrarnos m醩 en sacar el m醲imo partido de nuestro mundo feliz invadido.
(Por Luis Miguel Ariza, Ilustraci髇 de Juan Varela, publicado en elpais.com)