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P. Marcos Buvinic Martinic.
MIRAR, VER Y CONTEMPLAR
18-05-2017 - 11:42:15

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Muchas veces el ritmo de vida que llevamos nos pasa la cuenta y la vor谩gine de tareas, actividades, cosas por hacer y otras que dejamos pendientes, nos hacen correr sin descanso y -en algunos casos- sin darnos cuenta de lo que vivimos. Este estilo de vida pone todo al servicio de las metas de producci贸n y cada acci贸n parece urgente. As铆, sin darnos cuenta podemos terminar fragmentados en mil cosas y trajines, con el pensamiento atrofiado y sin vida interior que permita tomarle el peso a las cosas y ver si lo que estamos haciendo es conveniente o no lo es, si est谩 bien o mal.

En este estilo de vida apurado tampoco hay tiempo para el encuentro entre las personas; en el trabajo las relaciones son distantes, superficiales y -muchas veces- vac铆as; el di谩logo familiar muchas veces se reduce a unas cuantas frases hechas y mil veces repetidas, que ya no dicen nada. Se trata de un ritmo de vida que anula el reposo verdadero y que aturde cada vez m谩s, terminando -como ya dijimos- por atrofiar el pensamiento y reduciendo los sentimientos a la rabia y al desgano aburrido.

A pesar que en Punta Arenas tenemos uno de los mejores 铆ndices de calidad de vida del pa铆s, estoy seguro que esta lamentable descripci贸n de una vida inhumana no resulta ajena a muchos de ustedes, sea porque la experimentan dolorosamente en s铆 mismos o porque la ven en la gente que vive apurada. Frente a ese ritmo de urgencias, la 煤nica que es realmente necesaria es reconstruir nuestra capacidad de contemplaci贸n, que es como la respiraci贸n del cuerpo y del alma.

Sucede que muchas veces miramos, pero no vemos, y as铆 pasamos de una impresi贸n a otra sin distinguir lo importante de lo accesorio, y sin detener la mente y el coraz贸n en nada, porque hay que seguir corriendo a otra cosa聟 Pero cuando nos detenemos a mirar comenzamos a distinguir los contornos, los tonos y matices de cada cosa, los pormenores de cada acontecimiento, la riqueza de cada persona y sus circunstancias. All铆 es cuando comenzamos a respirar, comenzamos a pensar, a sentir y a valorar, y nos sentimos vivos.

Este mirar que se detiene para ver es la puerta de entrada a la contemplaci贸n que eleva el esp铆ritu y permite sopesar lo que se vive, gozando con lo que ve o que puede dolerse de verdad con otras cosas que ve, que descubre en la naturaleza, en los acontecimientos o en las personas esos peque帽os o grandes signos que permiten caminar en la confianza y con el coraz贸n agradecido; entonces las cosas m谩s simples y sencillas de la vida dan a conocer su belleza y su sabidur铆a y el coraz贸n se ensancha en la gratitud con un 聯gracias, Dios m铆o聰.

Sin esta maravillosa capacidad de contemplaci贸n, todo se atrofia: el pensamiento, la capacidad de sentir y manifestar los sentimientos, la valoraci贸n de las personas, la admiraci贸n de la belleza, el sentido 茅tico y el gozo de la vida; as铆, cuando el ser humano se hace incapaz de contemplaci贸n, la vida se va reduciendo a la b煤squeda de satisfacciones instintivas o a correr tras los espejismos del 茅xito, del dinero o del poder. Por otro lado, la gente que crece en su capacidad de contemplaci贸n son personas que vive con el coraz贸n agradecido, y quien vive agradecido vive contento y desea que los dem谩s tambi茅n lo sean.

No s茅 si usted estar谩 de acuerdo, pero en mi modesta opini贸n pienso que la mayor铆a de los dramas y males que padece nuestra sociedad y que sufren muchas personas se deben a la p茅rdida de a capacidad de contemplaci贸n; por eso, trabajar en su recuperaci贸n es un urgente desaf铆o a todos los niveles de la sociedad, del sistema educacional y la vida familiar.


18 de mayo de 2017









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