Mario Isidro Moreno.

LEYENDA DE CHOIOLS, LA CONSTELACION DE LA CRUZ DEL SUR

18-12-2017 - 11:45
Cuando Wendeunkel espíritu bueno de la raza, algo así como el Ángel Guardián de los Chónek o Tehuelches, los acompañaba más allá del océano, estos se quedaban a vivir con Elal. Las estrellas -Setkre- son la representación de los muertos que obtenían permiso de Elal para permanecer en el espacio contemplando a sus parientes. Estando allí arriba, no sufrían dolores ni sentían fatiga.

Narran los ancianos, que las constelaciones australes en el cielo eran montones de plumas de Choique o Ñandú que iba dejando un cazador poco experto, al cual se le escapaba el Ñandú que huía saltando en una sola pata, pues la otra estaba un poco más allá. Señalando el cielo, indicaban la Cruz del Sur.
Respecto de la Leyenda de Choiols, la Constelación de la Cruz del Sur, se cuenta lo siguiente:
Una tarde, hace muchísimos años, un grupo de hombres estaba cazando con boleadoras de tres bolas (iatchicoi). Iban tras el rastro de un gran ñandú macho (kank) que se les venía escapando desde hacía tiempo. Muy arisco, no bien presentía la presencia humana huía velozmente hasta quedar fuera del alcance de sus perseguidores. Esa tarde en particular acababa de llover y entre las nubes había salido el sol que se iba poniendo lentamente.

Los hombres lo fueron cercando, pero el ñandú se escapó otra vez y enfiló hacia el sur. Los cazadores corrieron tras de él, arrojándole flechas y boleadoras. Pero ninguna pudo alcanzar al escurridizo animal.
La persecución siguió. Más allá, sobre el filo de la meseta, hacia donde se dirigía el ñandú, el sol había pintado un hermoso arcoiris (gijer). Justo en ese momento, el más ligero y resistente de los cazadores, llamado Korkoronke, se acercó bastante. Pero el ñandú astuto, sabiéndose acorralado en el borde del abismo, giró bruscamente y, como si se lanzara al vacío, apoyó una de sus patas sobre el arco iris que surgía justamente desde allí. Y empezó a trepar por ese camino de colores con sus largas y elásticas zancadas.

Korkoronke quedó azorado. Pero se recuperó rápido y lanzó su boleadora de tres bolas en un último y desesperado intento por atraparlo. El viejo ñandú hizo un paso al costado y las boleadoras pasaron de largo. Así escapó para siempre de sus perseguidores quienes, al volver esa noche tuvieron que soportar las burlas de todo el campamento.
Nadie les creyó la fantástica huida del ñandú por el camino del arco iris. Cuando cayó la noche el cielo les dio la razón, porque vieron brillar varias nuevas estrellas.

Dicen las abuelas tehuelches que una de las huellas que el ñandú dejó en su carrera sobre el arco iris quedó para siempre grabada en el cielo, dibujada con cuatro estrellas. La llamaron Choiols, que significa "Rastro o huella de ñandú en el cielo". Esta constelación no es otra que la Cruz del Sur, el inevitable punto de referencia de todos los caminantes y marinos del hemisferio austral.
Korkoronke no pudo hallar sus boleadoras en el suelo. Pero las descubrió en el cielo, convertidas en una nueva constelación que recibió el nombre de Cheljelén, que no es otra que las Tres Marías, estrellas que forman el cinturón de la Constelación de Orión.