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Carta al director.
¿POR QUÉ EL PAPA ME VIENE A VER?
12-01-2018 - 12:32:47

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En seis meses de una organización en tiempo récord, los católicos hemos estado más pendientes de los costos de la visita papal, de la madrugadora hora a la que hay que llegar a la misa del Parque OHiggins, de si nos gusta lo que Francisco dice de la economía o el medioambiente, pero tal vez poco preparados espiritualmente para recibir el mensaje del Vicario de Cristo.

Hace tres años, en una comida informal, le pregunté al Nuncio apostólico Ivo Scapolo cuando vendría el Papa a Chile. Su respuesta vino en dos direcciones. La primera, que Francisco nunca avisa con mucho tiempo de anticipación cuándo hará un viaje apostólico; la segunda era su preocupación de que ante una eventual visita pontificia, los fieles estuvieran más preocupados de los aspectos logísticos que de preparar el corazón para recibir al Papa.

Hay que reconocer que el Nuncio tenía toda la razón. En estos meses, la sensación ambiental es que hemos sido observadores de la visita Papal, la miramos desde la periferia, como si su éxito o fracaso nos fuera ajeno. Al mismo tiempo, escaneamos intelectualmente a Francisco, pero nos olvidamos de que su visita es fundamentalmente pastoral. ¿Qué significa eso? Que el Papa nos dirá algunas cosas que necesitan caer en tierra fértil, no en corazones duros y suspicaces.

Francisco es el Vicario de Cristo y, si es un fiel representante, nos va a provocar. Tal vez su primera provocación será su sonrisa. Uno de sus biógrafos, Juan Vicente Boo —quien en su libro menciona la típica frase: “Tenemos que ayudar a las personas a sonreír”—, lo ha llamado el “Papa de la alegría”. Este Papa también nos llama a vivir una fe adulta, derivada del discernimiento, no del cumplimiento a rajatabla de un conjunto de normas.

Si bien ha aparecido en dos oportunidades en la portada de la revista Rolling Stone, donde se habló del Papa Pop, y en tres oportunidades en la revista Time como “El Papa del Pueblo”, el pontífice está lejos de querer ser un rockstar que viene a llenar el Parque OHiggins o Playa Lobito. La elección de su nombre al asumir como pontífice está vinculada a un santo que representa la austeridad y el desprendimiento. Este es el Papa que dejó atrás símbolos propios del cargo, cambiando los zapatos rojos por un par de bototos negros, porque en clave política, hace calle y no evade problemas. Va a la periferia de los inmigrantes, busca el diálogo con otras religiones, contrata consultoras para arreglar las finanzas del Vaticano, convoca a mujeres profesionales para acoger a las víctimas de abusos del clero.

Sin duda que su ejemplo nos genera una mezcla de admiración e incomodidad al mismo tiempo. Su llamado es a salir de nuestra zona de confort, a dejar lo que ha llamado “la globalización de la indiferencia” y a preocuparnos por los otros. Si somos creyentes, este es el Papa que Dios eligió para estos tiempos.

Francisco viene a Chile y nos trasmitirá un mensaje, pero al final será la respuesta personal de cada chileno la que hará que su visita sea transformadora para el país y para la Iglesia.

María Paz Lagos V., Periodista









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