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En la Iglesia Catedral.
HOMILÍA DEL OBISPO BERNARDO BASTRES EN EL DÉCIMO SEGUNDO ANIVERSARIO DE EPISCOPADO
23-04-2018 - 08:58:33

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Estimados (a) hermanos (a):

Este cuarto Domingo del tiempo Pascual, nos corresponde el Evangelio de Juan, que nos tarea la hermosa figura del Buen Pastor.

Es el Domingo que la Iglesia Universal dedica a orar por las vocaciones sacerdotales, pidiéndole al Señor que envíe siempre pastores a su rebaño.

Como hemos escuchado, en el texto del Evangelio de hoy, Jesús nos muestra la imagen del "Buen Pastor", cómo tiene que ser, contra la imagen de los pastores religiosos de su tiempo, aquellos “asalariados”, “mercenarios”, que huían del rebaño cuando veían venir el peligro.

En este contexto, queremos dar gracias a Dios como Iglesia que peregrina en Magallanes, por todos los signos de vida que siembra entre nosotros, por la santidad y el testimonio de tantos laicos, consagrados y sacerdotes, que con su vida y su actividad nos hacen presente la fuerza de la Resurrección del Señor, al tiempo que le agradecemos de corazón nuestras Orientaciones Pastorales 2017 – 2022, que manifiestan nuestro deseo de caminar como “una Iglesia que escucha, anuncia, sirve y celebra su fe”. Esta tarde agradezco de corazón, a todos los que han querido acompañarme en este aniversario décimo segundo de mi ordenación episcopal. También queremos tener presente y dar gracias a Dios por los 44 años de Episcopado del Padre Obispo Don Tomás González y sus 83 años de vida, que los celebro el viernes recién pasado.

Volvamos a nuestro evangelio. Presentándose como verdadero Pastor, Jesús establece con su pueblo una relación cordial, amorosa y solícita por la integridad de su rebaño. Él nos enseña que es pastor de cien ovejas (cfr. Lc 15), esto es, no se conforma con tener noventa y nueve en el corral, sino que las quiere todas, sale a buscar la que falta, para que no se pierda ni una sola de las que el Padre le ha dado. El inmenso rebaño de la humanidad está bajo su mirada y espera que reconozcan su voz.

En el corazón del Buen Pastor hay secretas intenciones que quedan reveladas cuando dice: “Tengo, además, otras ovejas que no son de este corral y a las que debo también conducir: ellas oirán mi voz, y así habrá un solo Rebaño y un solo Pastor” (Jn 10,16), y más claro todavía cuando les da el envío misionero a sus discípulos: “Vayan, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos…” (Mt 28,19).

Este texto del evangelista San Juan, muestra, la pasión misionera que el Pastor quiere inspirar en nosotros, sus pastores, pasión que devuelve a nuestra Iglesia, la renovadora tarea de evangelizar. Como nos ha dicho el Papa Francisco ser una “Iglesia en salida”. Todos estamos llamados a renovar nuestro ser misionero que nos ha dado el sacramento del Bautismo.

Tanto nos ama Jesús Buen Pastor, que para alimentar en nosotros el deseo de la vida divina se ha hecho Cordero pascual, Pan partido para dar la vida al mundo. Nos ha dejado su bondad en el alimento que no perece. Él es el Pan bueno y verdadero. En la Eucaristía, Él se convierte en el sustento de cada uno de nosotros, mientras caminamos hacia el lugar donde Él quiere llevarnos y compartir su Vida.

Dios, nos recuerda Jeremías, es el Supremo Pastor de las ovejas ha prometido darnos pastores según su corazón (Cf. Jer 3, 15). Esa promesa se realiza plenamente en Jesús el Buen Pastor. En su pasión se ha manifestado el amor misericordioso que brota de su corazón traspasado. Estamos llamados a imitarlo en su entrega generosa, para de esta manera ser también nosotros pastores entregados al servicio de todos los hombres.

Al celebrar en este Domingo del Buen Pastor, un nuevo aniversario al servicio pastoral de la Iglesia que peregrina en Magallanes, no puedo de dejar de ver en esta casualidad un signo de la providencia para enfrentar la crisis que como Iglesia estamos viviendo en este tiempo.

El Papa Francisco, el 8 de Abril, nos hizo llegar una carta, a los Obispos de Chile, en ella “abre su corazón ante el dolor abrumador de los abusos que le dieron a conocer sus enviados especiales y nos convoca a Roma a dialogar con Él sobre sus conclusiones”.

Esta carta, la hemos recibido, con vergüenza y dolor, al tiempo responderemos con generosidad a su invitación de ir a Roma para “prestar nuestra colaboración y asistencia en el discernimiento de las medidas que a corto, medio y largo plazo deberán ser adoptadas para restablecer la comunión eclesial en Chile, con el objetivo de reparar en lo posible el escándalo y restablecer la justicia”.

Desde que he asumido como Pastor de esta Iglesia que peregrina en Magallanes he tratado de ser claro y transparente en estos delitos cometido contra menores. Sin embargo, me hago “cargo, como hemos señalado los Obispos de Chile, de los errores que nos correspondan y nos estamos dispuestos a corregirlos, de tal forma que la Iglesia sea, cada vez más, un ambiente sano y seguro para niños, niñas y jóvenes”.

Por otro lado, hemos escuchado a partir de este “escándalo” de los abusos sexuales y la carta del Papa, que se necesitan renovación del episcopado, buscar nuevas estructuras de participación, etc.

Esta tarde, les puedo decir con toda honestidad, que iré a Roma con toda libertad, para escuchar y discernir con Pedro aquello que sea mejor para el Pueblo de Dios, sabiendo que como dije hace doce años, “he respondido a este servicio que me pide el Señor reconociendo mis limites y pecados, por ello he llegado entre ustedes para realizar la experiencia de ser discípulo del Señor, un discípulo que camina, al igual que todos siguiendo la llamada que le ha formulado el Maestro, donde experimentamos la limitación personal y el pecado. Sin embargo, estamos siempre dispuestos a escuchar y seguir la voz del Señor” .

Me confortan las palabras que el Papa Francisco señalaba en un encuentro con sacerdotes en Roma, que para ser Buen Pastor, “debemos ante todo, reconocer nuestras propias fragilidades, pecados, defectos, limitaciones y también capacidades y cualidades. Quien no se conoce a sí mismo y no se acepta, difícilmente llegará a ser un buen pastor para los otros. Por ello, el corazón del buen pastor, no solo es misericordioso con los demás, sino es invitado a tener en primer lugar misericordia consigo mismo” .

Ante el Señor, deseo dar las gracias a todos, por su cercanía, cariño, pero por sobre todo por su amor y fidelidad a la Iglesia. Siempre he dicho, que una de las cosas que más me conmueve es ver la fe de nuestro pueblo, palpar su cariño a Dios y su gran capacidad de perdón. Prometo seguir rezando por todos como signo de mi gratitud por todo lo que me dan.

María Auxiliadora, Madre y protectora de nuestra Diócesis, nos otorgue la gracia de ser el Buen Pastor que su Hijo desea para esta Iglesia particular.

Al Señor Resucitado, único y verdadero Pastor, sea el honor y la gloria por los siglos de los siglos. Amén.









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