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Partido radical.
11 DE SEPTIEMBRE EN CHILE
11-09-2018 - 09:25:31

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Nadie que esté en su sano juicio puede desconocer que desde aquel día infausto de septiembre, comenzaron en nuestro país violaciones sistemáticas a los derechos fundamentales de las personas perpetrados por agentes del Estado, empezando por el derecho más elemental, el derecho a vivir.

En efecto, las FFAA y de Orden rompieron el Estado de Derecho. Su acción quedó grabada en la memoria de todo el mundo, cuando en un hecho sin precedentes, aviones de la Fuerza Aérea bombardearon el Palacio de la Moneda, símbolo de la República y la Democracia Chilena.

A partir de entonces, se conculcaron los derechos humanos, los derechos políticos, civiles y sociales de todos los chilenos, pero especialmente, de los sectores afines a la Unidad Popular y al proyecto socialista en democracia del compañero Presidente, Salvador Guillermo Allende Gossens.

El cruento saldo de la reacción armada, fueron miles de hombres y mujeres perseguidos, exonerados, prisioneros, relegados, exiliados, torturados, ejecutados y desaparecidos. Un daño irreparable a su propia existencia, a la de sus familias, vecinos, amigos, compañeros de trabajo; en definitiva, un daño profundo a todo un pueblo que transcurrió por casi dos décadas por la muerte, el sufrimiento y el miedo acumulado, la pobreza y la injusticia; y todas ellas, propiciadas desde el propio Estado.

Fue fácil, en esos años aciagos, para la Junta Militar, que concentraba el Poder político, legislativo y bélico, contravenir a su antojo la declaración Universal de Derechos Humanos (DDHH) que en su artículo 30 señala: “Nada en esta Declaración podrá interpretarse en el sentido de que confiere derecho alguno al Estado, a un grupo o a una persona, para emprender y desarrollar actividades o realizar actos tendientes a la supresión de cualquiera de los derechos y libertades proclamados en esta Declaración”; y fue esto, lo que precisamente se negó, con consecuencias trágicas e imborrables.

Y fue en ese país golpeado, malherido, taciturno, donde creció la rebeldía y la insurrección contra la tiranía, actitud popular anticipada en la misma Declaración Universal de DDHH que en su preámbulo señala: “Considerando esencial que los derechos humanos sean protegidos por un régimen de Derecho, a fin de que el hombre no se vea compelido al supremo recurso de la rebelión contra la tiranía y la opresión”. Así fue durante los años 80, la gente necesitó expresarse y salió a las calles a protestar; y aun con consecuencias fatales para decenas de valientes, volvía a salir una y otra vez, hasta que encontró un camino para derrotar la dictadura cívico-militar de Pinochet.

Pero hay que reconocer que la democracia post dictatorial ha sido incompleta. Las fuerzas progresistas y de centroizquierdas, a pesar de ciertos avances, no han sido capaces de dar genuina paz a las víctimas, ni tranquilidad a sus familias.

Tenemos una deuda moral con ellas, y con lo que representan: las ideas y sueños socialistas, de justicia social, de libertad profunda, autónoma y con igualdad, por las que fueron perseguidas, maltratadas y muertas.

En el futuro que ya camina, debemos saldar esa deuda, reorganizar las ideas y revitalizar nuestros sueños, construyendo con unidad, diálogo y fraternidad. Esa es la manera para decir nosotros, que el sufrimiento y la muerte no fueron en vano, y que al contrario, como estrellas, iluminan nuestro andar.
Los niños, niñas y jóvenes de hoy deben saber que los criminales de lesa humanidad y las violaciones de derechos humanos ocurridas, no son tolerables, y que tampoco deben ser tratados como delitos comunes. Ellos deben ser castigados de manera ejemplar y sin miramientos; de lo contrario, la justicia se vuelve pusilánime.
En momentos en que el populismo intenta negar lo ocurrido con contextualizaciones ad hoc y equiparar la lucha como si no hubiera sido desde un inicio desigual, las fuerzas de oposición no pueden callar ni dejar de trabajar con unidad en torno a un proyecto sociopolítico que nos libere de la dominación y la necedad; que haga frente y supere las fuerzas neoliberales, desde cualquier territorio de la República hasta el país completo.
Que todos sepan que no habrá punto final; que todo está renaciendo como en primavera. Nada está olvidado, nadie está olvidado. ¡Por la Vida y la Memoria, Siempre!

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