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P. Marcos Buvinic Martinic.
EL CORAZ√ďN ROTO
23-05-2019 - 13:46:33

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Aunque ya es un lugar com√ļn referirse al tema de la corrupci√≥n que nos rodea por todos lados, quisiera retomar el tema precisamente por su gravedad y extensi√≥n. Es la corrupci√≥n que sigue apareciendo en todos los niveles y √°mbitos de la sociedad, a√ļn en los espacios que imagin√°bamos libres de este virus maldito que al sembrar la desconfianza generalizada destruye nuestra convivencia.

En Chile presum√≠amos de ser un pa√≠s no corrupto y alarde√°bamos de ser un espejo de √©tica p√ļblica; ahora esa jactancia ha dejado lugar a la verg√ľenza, a la indignaci√≥n y -en muchos casos- a una resignada y peligrosa indiferencia: resignada, porque se desconf√≠a que haya soluci√≥n, y peligrosa porque propaga el virus maldito de la corrupci√≥n: ‚Äúpor qu√© no, si todos los hacen‚ÄĚ, piensan no pocos.

En los a√Īos que ejerc√≠ como profesor, invitaba a los estudiantes a mirar con atenci√≥n las palabras, pues ellas -en muchos casos- nos dicen lo que significan, y eso puede ayudarnos ahora para comprender un poco mejor el drama de la corrupci√≥n. F√≠jese, usted, que la palabra ‚Äúcorrupto‚ÄĚ viene del lat√≠n ‚Äúcorruptus‚ÄĚ que significa ‚Äúcoraz√≥n roto‚ÄĚ (cor = coraz√≥n; ruptus = roto), indicando as√≠ una distorsi√≥n que desgarra a la persona y que lesiona la totalidad de la vida.

Acerca de este ‚Äúcoraz√≥n roto‚ÄĚ, la teolog√≠a cristiana ha reflexionado largamente y ve la decadente situaci√≥n actual como consecuencia de una ruptura fundamental que ha da√Īado hondamente al ser humano y su vida con otros. Es lo que hac√≠a decir al fil√≥sofo Kant que ‚Äúel ser humano es un le√Īo tan torcido que no se pueden sacar de √©l tablones rectos‚ÄĚ, y que en el lenguaje cristiano se ha llamado el ‚Äúpecado original‚ÄĚ. Suena extra√Īo a los o√≠dos de nuestra cultura eso de ‚Äúpecado original‚ÄĚ, pero hay que comprender bien la expresi√≥n, pues en ella hay una verdad que es importante para nuestro presente.

La expresi√≥n ‚Äúpecado original‚ÄĚ no est√° en la Biblia, sino que la invent√≥ el te√≥logo san Agust√≠n, en el siglo V, y no pretend√≠a hablar del pasado o de los or√≠genes de la humanidad, sino de la situaci√≥n actual del ser humano, cuya existencia est√° distorsionada en lo m√°s hondo, en los or√≠genes de su propio ser (por eso, ‚Äúoriginal‚ÄĚ). Es decir, el ser humano -desde que existe- est√° herido en lo m√°s hondo de su persona, y estando lleno de cualidades y virtudes, tambi√©n tiene ‚Äúel coraz√≥n roto‚ÄĚ (cor-ruptus) y arrastra esa herida haci√©ndose da√Īo a s√≠ mismo y a otros.

As√≠ es la experiencia que hace cada uno: somos capaces de los mayores amores y de los m√°s grandes odios o indiferencias, podemos ser creadores de belleza sublime o de horrores sin nombre; es la experiencia que hac√≠a decir al ap√≥stol Pablo: ‚Äúrealmente, mi proceder no lo comprendo, pues no hago el bien que quiero y hago el mal que no quiero‚ÄĚ (Rom 7, 15). En una palabra, no hay ser humano impecable, todos tenemos el coraz√≥n roto, somos corruptos, podemos ser corruptibles y corruptores. La fe cristiana cree y proclama que es Cristo quien puede liberarnos de esta situaci√≥n de corrupci√≥n universal; es la presencia de Dios la que sana la herida del coraz√≥n roto.

Pero es preciso ver con claridad c√≥mo act√ļa esa herida del coraz√≥n y extiende su da√Īo: es a trav√©s del poder que nos da la enga√Īosa sensaci√≥n de ‚Äúestar bien‚ÄĚ, de ser cada uno la medida de lo bueno o de lo malo; en s√≠ntesis, de ser un ‚Äúpeque√Īo dios‚ÄĚ y ser impecable. El poder se hace concreto en el dinero que permite comprarlo todo, a√ļn las conciencias de quienes pretend√≠an ser impecables‚Ķ El corrupto, el que elige vivir con el coraz√≥n roto es quien se ha cre√≠do el cuento de que el poder y del dinero le permitir√≠an ‚Äúestar bien‚ÄĚ y vivir en una aparente impecabilidad, por encima de todo y de todos. No hay que sorprenderse que el fen√≥meno social de corrupci√≥n que estamos viviendo en nuestro pa√≠s sea un problema de dinero -y siempre m√°s dinero- que pretende comprarlo todo.

As√≠, la soluci√≥n del drama del coraz√≥n roto y su estela de da√Īo y dolor en la sociedad se juega en las opciones m√°s profundas de cada persona: los cristianos creemos que se juega en la acogida del don de Dios en la propia vida. Esas opciones hay que formarlas (pero eso es otro tema que dar√≠a para mucho). Pero, tambi√©n, la sociedad tiene que desenmascarar al corrupto y ponerlo ante su propia malicia, y hacerle tomar conciencia -por todos los medios de la ley y sanciones penales- del da√Īo que ha hecho a la convivencia de las personas y al conjunto de la sociedad.




23 de mayo de 2019









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