Marcos Buvinic Martinic.

LAS HERIDAS INVISIBLES

19-11-2020 - 14:20
Las complejas situaciones que estamos viviendo van dejando muchos heridos en el camino. En la crisis sanitaria que vivimos hay heridos y heridas que son evidentes: los que han muerto, los que han perdido a seres queridos, los que han perdido su trabajo o las posibilidades de ejercer sus oficios independientes, los que no han podido continuar sus estudios o que estudian sintiendo que no aprenden nada, los que nos han podido hacer sus prácticas, etc. Una larga lista de heridos por las consecuencias sanitarias y económicas de la pandemia.

Me llamó mucho la atención la publicación de los resultados de una encuesta realizada por el Instituto de Estudios para la Familia de la Universidad San Sebastián, en el contexto de una investigación titulada “Tiempos de pandemia: una mirada a la familia chilena”.

La encuesta, que fue realizada entre el 11 de septiembre al 4 de octubre, reveló la percepción que tienen los encuestados respecto de su estado de salud mental y la necesidad de apoyo espiritual durante este tiempo de crisis sanitaria. El 51% de las personas señala que piensan que necesitan o que necesitarán a futuro atenciones en salud mental, mientras que el 35% considera que necesitan o necesitarán apoyo espiritual o de comunidades religiosas.

Detrás de este resultado de la encuesta, realizada a 1.787 personas a lo largo del país, todas mayores de 18 años, aparecen las heridas invisibles de la pandemia: la soledad, el cambio de las rutinas y los problemas del confinamiento que abren las puertas a diversos problemas de nuestra salud mental: inseguridad, agobio, angustia, ansiedad, depresión, aumento de la violencia doméstica. Son las heridas invisibles de la crisis de la pandemia, cuyos efectos se viven y se perciben en la soledad de cada persona o al interior de los hogares.

Hace unos días leía a un destacado profesional de la salud mental, el médico siquiatra Juan Pablo Jiménez, quien dice que “el efecto de la pandemia sobre la salud mental es, al menos el doble mayor que el efecto del terremoto de 2010”.

Estas heridas invisibles son la manifestación de la triple crisis que atravesamos: la crisis social, la crisis sanitaria y la crisis económica, las cuales interactúan potenciando sus efectos en nuestra salud mental. Situación que, por cierto, se ve agravada en los contextos de pobreza, hacinamiento y vulnerabilidad.

La buena noticia en medio de estas heridas invisibles es que más de la mitad de los encuestados se dan cuenta que necesitan o van a ayuda sicológica, y que un tercio de los encuestados se dan cuenta que necesitan ayuda espiritual de sus iglesias o comunidades religiosas. Ese “darse cuenta” es, sin duda, un buen comienzo para enfrentar las heridas invisibles en la salud mental.

En la misma encuesta, al ser consultados por la forma en la que han enfrentado la pandemia y el aislamiento, las respuesta muestran que la búsqueda de apoyo se orienta hacia los círculos cercanos de familia, parientes y amigos, y hacia el ámbito espiritual, más que hacia instituciones oficiales: el 51% declara compartir las dificultades con sus parientes y amigos, otro 51% menciona que lo sobrelleva participando en actividades de su iglesia y el 78% dice que teniendo fe en Dios.

Sin duda que las heridas invisibles de los heridos en el camino, son una ocasión para que nos hagamos más conscientes de lo mucho que nos aporta la relación familiar, el don de la amistad, y la riqueza del don de la fe en Dios y del apoyo espiritual que es la vinculación con las iglesias o comunidades religiosas.

Todo esto es una llamada para que cada uno podamos ver nuestro estado de salud mental, reconocer nuestra necesidad de apoyo o ayuda, buscarla en nuestros círculos familiares, de amistad o de participación eclesial. Pero, también es un llamado a que las autoridades examinen los próximos pasos a dar, pues la salud mental es tan importante y necesaria como la salud física o las dificultades económicas.


19 de noviembre de 2020







“Cuando no hay una respuesta humana en qué apoyarse, es común que las personas busquen en su lado espiritual, el sentido de trascendencia aflora y esa es una de las razones por las que las personas se apoyan en Dios, por ejemplo", dice Droste.








Investigación de la U. San Sebastián revela que la pandemia de Covid-19, la soledad y la distancia han profundizado la espiritualidad de los chilenos.
Mauricio Echeverría, director Instituto de Estudios para la Familia, U. San Sebastián, señala que esperaban que este porcentaje fuera alto, pero no en este nivel. “Cuando preguntábamos en qué ayuda se han apoyado para llevar adelante la pandemia, pocos dijeron apoyo institucionales, un 29% lo mencionó, la mayoría se apoya en la familia”.
A juicio de Klaus Droste, decano de la Facultad de Psicología de esta institución, explica que ese 51% es una percepción personal y no implica necesariamente que en realidad, todos ellos requieran esa atención o que ese porcentaje de la población llegue a la consulta de algún psicólogo, podría no concretarse.
En todo caso, reconoce que las consultas pero no el tiempo de atención. En otras palabras, más personas están consultando con psicólogos, pero son unas pocas sesiones, no es una psicoterapia. “Entienden que todo lo que están sintiendo es normal, entonces no están en muchas sesiones, es un proceso más corto porque, en general, no es problema tan profundo que tengan instalado, es más bien la falta de experiencia en situaciones como las que estamos viviendo”, indica.
Respecto de cómo saber si se requiere o no atención del tipo psicológica, Droste dice que los primeros signos son el nivel de ansiedad, momentos de angustia y de poca seguridad respecto del futuro. “Cuando estas en el presente y te proyectas en el futuro y se te nubla la razón, o te sientes débil o frustrado frente a eso” es una señala de que se requiere ayuda.
El autor analiza los sucesos del último año y plantea una idea inquietante: la violencia que se ve en las calles es aquella que estaba creciendo en los hogares chilenos y que ahora arrasa con edificios, templos, museos y otros símbolos de nuestra identidad nacional.