Leyendo un artículo de Luis Mansilla, escritor de Chiloé, me enteré de esta interesante historia que se relaciona con un personaje chileno que vivió en ese bello archipiélago.
El dicho “más perdido que el Teniente Bello” tiene su origen en la desaparición, el 9 de marzo de 1914, del teniente Alejandro Bello Silva. Era hijo de José María Bello (hijo de Andrés Bello, fundador de la Universidad de Chile) y Ana Rosa Silva.
Vive su infancia en Ancud debido al relegamiento de su padre por la Guerra Civil de 1891. Es el tercero entre cuatro hermanos. Ingresó como cadete a la Escuela Militar el 27 de mayo de 1909 con 22 años, obteniendo el grado de Teniente 2° de Ejército. Efectuó estudios de aviación en Francia, en la Escuela de Aviación "L´Espace”.
En la mañana del 9 de marzo de 1914 el Teniente Alejandro Bello Silva fue comisionado por el capitán Manuel Ávalos, junto a los pilotos Julio Torres y Tucapel Ponce Orellana, para efectuar un vuelo desde Lo Espejo hasta Cartagena pasando por Culitrín, lugar ubicado entre Paine y San Francisco de Mostazal, y retornando a Lo Espejo.
Los aviones despegaron a las 5.30 de la madrugada Bello pilotaba un aparato Bleriot. Sin embargo la neblina lo obligó a retornar a Lo Espejo, donde ya habían vuelto, por similares razones, Ponce y Torres. Al aterrizar, Bello averió su máquina y la reemplazó por un Sánchez Besa Nº 13 – un aparato con escasas partes metálicas - bautizado con el nombre de “Manuel Rodríguez”. Las razones dadas a Ávalos por su retorno fueron: "A una altura de más de 800 metros me dirigía a Culitrín, donde llegué cerca de las seis, pero no pude aterrizar debido a que una espesa neblina me impedía ver las banderas con las cuales se me indicaría el sitio donde hacerlo. Durante más de una hora y cuarto volé por sobre Culitrín, pero, como la atmósfera no se despejaba, resolví volver".
El trío remontó los aires nuevamente a las 9.30 horas. Llegaron sin novedad a Culitrín, donde almorzaron. A las 16.00 horas despegaron. Durante el vuelo los aspirantes se mantuvieron a la vista pero al sobrevolar los cerros de la costa, se encontraron con una densa neblina, por lo que decidieron tomar altura. Al llegar a Cartagena, según Ponce, Bello comenzó a descender por un pequeño claro, entre las nubes, y él resolvió seguirlo hasta donde fuera posible.
Pero al poco tiempo lo perdió de vista y al considerar peligroso el recorrido, decidió tomar altura nuevamente, logrando salir sobre las nubes. Luego logró divisar a Bello que volaba delante de él, sobre las nubes, en el mismo rumbo suyo. Sin dar mayor importancia a la situación, Ponce continuó volando a la vista de Bello, cuyo aparato alcanzaba a divisar proyectado contra la Cordillera de Los Andes.
Eran cerca de las siete de la tarde y Ponce se dio cuenta que le quedaba poco combustible, por lo que decidió aterrizar pensando que se encontraba en las proximidades de Lo Espejo. Sin embargo, grande fue su sorpresa, cuando las personas que acudieron al sitio del aterrizaje le manifestaron que se encontraba en Buin. Enterado de los acontecimientos, el Capitán Avalos solicitó informes a Cartagena sobre el destino de Bello, pero en el lugar nada sabían del piloto. Inmediatamente se ordenó a la policía de Melipilla, San Antonio y Cartagena buscar al aviador, la que recorrió a caballo toda la región. A su vez se solicitó la cooperación de la Armada, quien dispuso el buque "Gálvez" para rastrear el mar desde San Antonio.
A su vez, la aviación militar exploró durante diez días a pesar de las dificultades provocadas por la neblina y las escarpadas montañas, arriesgando muchas veces la vida de los pilotos destinados a esta misión. La búsqueda del Teniente Bello duró diez días, en los cuales no se encontró ningún indicio de su desaparición. La comisión investigadora de la Escuela de Aeronáutica comunicó: "Se cree que el Teniente Bello ha caído al mar". Por lo tanto, el 24 de marzo el Gobierno de Ramón Barros Lucos y la Escuela de Aviación Militar dieron por terminada la investigación.
Foto: El teniente Alejandro Bello Silva, nieto de Andrés Bello el fundador de la Universidad de Chile.
Mario Isidro Moreno