Espero que los hinchas magallánicos que vengan al Mundial de Sudáfrica no anden buscando en los supermercados o restaurantes alguna cazuela, empanadas o porotos con rienda para saciar su apetito. Otros no salen de la pizza y las hamburguesas. Es muy común que cuando la gente va a otro país tiene la tendencia de comer cosas muy similares a la de su día a día, perdiendo buenas oportunidades de saborear las delicias del país anfitrión.
Sudáfrica ofrece varios platos un tanto exóticos para nuestro gusto, pero, en todo caso, muy agradables. Podríamos empezar por la carne de avestruz, el hermano mayor de nuestro ñandú. Su carne asada o frita es muy rica, algo así como un pavo. La diferencia está en que con la carne de un avestruz se puede alimentar a todo un equipo de fútbol, incluidos los reservas y los siempre habituales numerosos dirigentes.
Los que tengan un poco de frío, y lo habrá de acuerdo con mi nota anterior, pueden pedir una sopa de cola de cocodrilo, algo así como saborear una sopa de cola de buey.
La especialidad más típicamente sudafricana es el biltong. Es una carne primeramente curada con vinagre y especias y luego secada al sol. Se vende en forma de chips, barritas o en pedacitos. El biltong, a diferencia de otras carnes secadas, ahumadas y saladas, es muy seco y está preparado de carnes de vacuno, búfalo, avestruz y animales de caza (de kudu o de springbok, antílope, símbolo de la selección sudafricana de rugby). Generalmente se come junto con los aperitivos, a la espera que quede pronta la parrillada.
Sí, porque el sudafricano es un fanático de la parrillada. La palabra más usada es braai. Se puede decir que no hay fin de semana en que no se prepare una parrillada. Todas las casas tienen construida una barbacoa o parrilla, en una estructura de ladrillos o bloques de cemento con su característica chimenea. Preparar el braai es trabajo de hombres. La costumbre es que cada uno de los invitados traiga las carnes, salchichas, chorizos y bebida que se va a servir. El dueño de casa coloca las briquetas de carbón, la parrilla y el trabajo.
En verduras, se puede encontrar de todo y casi todo el año. Las frutas son cosa aparte. Están presentes durante todo el año las tropicales como la piña, los plátanos, las papayas (al natural, que no necesita ser preparada en almíbar como la variedad chilena). En temporada encontramos el mango, las naranjas, las mandarinas y la palta (aunque esta última nosotros no la consideremos como fruta).
Pero si no se consigue una fruta, no hay ningún problema en comprar jugo envasado. A diferencia de lo que ocurre en Chile, aquí la tónica es que al jugo no se le haya agregado ni agua, ni azúcar, ni preservativos. Es un jugo natural al precio de uno con todos esos agregados que encontramos en Chile. Así, lo más común es que diga (y realmente lo sea) 100% pure fruit Juice, no sugar added or preservatives.
Por último, no se olviden que el licor amarula, aquella fruta que emborracha a los elefantes, es originario de estos confines y que el vino sudafricano se va en collera con el chileno.
Si se hartan con el biltong, entonces a saborear el maní africano al natural, la castaña de cajú (la verdad en castellano se llama anacardo, pero casi no es conocido por ese nombre) o la nuez de macadamia.
Ahora bien, recuerden que nada de esto se puede llevar a Chile, hay que comérselo todito durante la visita, entre partido y partido. De vuelta al país habrá que rellenar un formulario del SAG en el que nos juramentamos que no traemos ninguna cosa comestible. ¡Y todo lo indicado más arriba está prohibido! Por eso, no es raro que volvamos al país con unos kilitos demás.
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En la fotografía biltong en sus diversas formas.
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Marco Antonio Barticevic Sapunar, Maputo, Mozambique.