En forma repentina, este miércoles la ciudad de Maputo, capital de Mozambique a orillas del océano Índico, se vio paralizada por manifestaciones en las avenidas y calles principales de su cordón periférico.
Los que protestaban lo hacían debido al alza de los precios del combustible, el pan, la electricidad y el agua, todo dentro de la misma semana.
Un alza de precios y una manifestación en su contra no es ninguna novedad hoy en día en ninguna parte del mundo, tampoco las consecuencias trágicas -en el primer día al menos seis muertos, autobuses y vehículos particulares quemados, tiendas asaltadas, dos centenas de heridos enviados a los hospitales-, pero lo que sí llama la atención de este movimiento es que fue gestado sólo a través de la comunicación vía teléfonos móviles, es decir, vía mensajes de SMS.
Los promotores de la manifestación, aún hoy después de tres días totalmente desconocidos, durante una semana comenzaron a enviar SMS a diestra y siniestra indicando que el día uno de septiembre la ciudad debía paralizar. Bastó una centenas de mensajes de texto para que los receptores, a su vez, los enviasen a otros y así todos fueron quedando enterados de la noticia.
Sorprenden dos cosas. La primera es que el gobierno desestimó esta comunicación en base a la tecnología del momento, seguramente no la consideró como un arma combativa apta para la realidad económica y social de extrema pobreza del país, y no preparó a las fuerzas policiales para preservar que las arterias de la ciudad estuviesen transitables. La segunda es justamente la pregunta que muchos extranjeros se hacían: ¿cómo en un país con tanta pobreza la comunicación celular puede alcanzar tal grado de masividad?
Para la primera cuestión, el gobierno en su momento tendrá que responder y tomar precauciones para que una otra posible tentativa no se repita. Sobre la segunda, es cosa de andar por las calles de Maputo o de cualquier aldea mozambiqueña para darse cuenta que hasta los niños que piden limosna tienen un celular. Los cargan en cualquier lado y aunque no tengan dinero para comprar minutos de conversación, por lo menos, pueden recibir una llamada o un SMS.
Los manifestantes lograron paralizar la actividad de la ciudad, cortaron las dos únicas vías de salida que tiene la ciudad: la que hacia el poniente liga con la vecina ciudad de Matola y con Sudáfrica y la que hacia el norte comunica con el resto del país. También paralizaron el aeropuerto, inserto casi en el centro de la ciudad.
Como la gran cantidad de trabajadores vive en la periferia de la ciudad, en las –usando un término chileno- poblaciones callampas, toda la actividad comercial, industrial, bancaria y social quedó paralizada. El miércoles y jueves la ciudad estaba más muerta que un día domingo, ya que ni los restaurantes, ni las panaderías trabajaron.
Este viernes a las seis de la mañana, cuando había cierta normalidad y los pocos autobuses de la empresa comunal comenzaron a trabajar (no representan más del 10% del poder de movilización de la ciudad, el resto se realiza con minibuses particulares con capacidad para 15 a 20 personas), los dos canales de televisión que transmitían a esa hora (uno, el nacional, progubernamental, y el otro privado, que apoya las reivindicaciones, pero no la forma violenta de expresión de las mismas) entrevistaban a los que se hacían movilizar y las respuestas sobre adonde se dirigían eran dos: al hospital y a comprar algo para comer, porque en casa no hay nada. Nadie decía que iba a trabajar.
En una economía pobre no hay despensas ni refrigeradores con reservas. Se gana para comprar el alimento del día.
La convocatoria a los manifestantes era de miércoles a viernes con una pausa para el fin de semana y reanudación el lunes si el gobierno no satisfacía sus demandas. Cosa que hasta ahora no ha hecho y que ya anunció que no va a rectificar.
¿Por qué esta pausa de fin de semana? Algo muy sencillo. Este domingo en el principal estadio de la ciudad, Mozambique se enfrenta a la selección de fútbol de Libia en el primer encuentro del grupo de clasificación para la copa africana de fútbol. Ahí van a estar todos juntos: manifestantes, policías y funcionarios de gobierno.
En las fotografías, algunas tomas de las manifestaciones.
Marco Barticevic Sapunar, desde Maputo.