Eric Eduardo Palma Gonz醠ez, Abogado. Profesor U. de Chile.

12 DE ENERO DE 2011, PROTESTA Y MUERTE EN PUNTA ARENAS

14-01-2011 - 09:19
Dos j髒enes mujeres han muerto en Punta Arenas participando en una protesta organizada en contra del Gobierno. Se trata de las ciudadanas chilenas Claudia Castillo Campos de s髄o 19 a駉s y Melisa Silva Ruiz de 23. Murieron a manos del conductor de una camioneta que arremeti en contra del grupo donde ellas se encontraban.
Al parecer no pertenec韆n a ning鷑 partido pol韙ico, sin embargo, salieron de sus casas junto a miles de personas para apoyar la protesta de Punta Arenas contra la decisi髇 gubernamental que afecta el precio del gas.
Es altamente probable que por no pertenecer ellas a un partido y que el presunto autor del crimen sea un particular, el caso sea tratado como un hecho delictivo y se pierda de vista su cariz pol韙ico. As est ocurriendo con los titulares de la prensa de circulaci髇 nacional. Si el Gobierno avala esta perspectiva cometer un grave error. La muerte de Claudia y Melisa es el hecho pol韙ico m醩 relevante del 鷏timo tiempo en la historia chilena: Visto desde la historia de la protesta social lo que est aconteciendo en Punta Arenas es digno de memoria y ser recordado.
Que desde el poder se proponga que estas muertes son un asunto delictual no tendr mayor influencia en los actores que est醤 protagonizando el descontento como hecho pol韙ico. La muerte de estas dos j髒enes mujeres est incubando en la poblaci髇 de Punta Arenas varios elementos que no favorecen al Presidente: El movimiento social siente frustraci髇, se experimenta alejado del poder, desconf韆 de los gobernantes, se siente manipulado a partir de la informaci髇 que se entrega, percibe a la autoridad como insensible, adem醩, la muerte de Claudia y de Melisa operar como factor de endurecimiento de la oposici髇 magall醤ica: si los l韉eres ceden sin conseguir algo relevante ser醤 vistos como traidores para con 閟tas m醨tires.
Yerra el Gobierno cuando llama a negociar desprestigiando previamente al vocero. Parece m醩 bien una pr醕tica antisindical que una negociaci髇 pol韙ica. No se percatan que el 鷑ico efecto de esta pol韙ica comunicacional es endurecer a鷑 m醩 la postura opositora 縌u ser del futuro pol韙ico de estos l韉eres si luego de la muerte de Claudia y Melisa y de la campa馻 de desprestigio de que han sido objeto no consiguen doblar la mano del Gobierno? 縎i el Gobierno impone su soluci髇 como evitar el descalabro electoral en los pr髕imos a駉s? 縎i el Gobierno cede c髆o evitar que fen髆enos semejantes se expresen en otras zonas del pa韘?
Por otra parte, la invitaci髇 a la Iglesia para que intervenga como elemento de contenci髇 jugando un papel semejante al del conflicto mapuche, tendr en este caso un efecto en la opini髇 p鷅lica muy distinto al conflicto de Temuco: en el caso de la Araucan韆 se trataba de un conflicto heredado, en este, lo cre el propio Gobierno. Aparece entonces que Pi馿ra necesita de la Iglesia para gobernar, y que los obispos constituyen la segunda v韆 de contenci髇 ante la ineptitud de sus operadores pol韙icos.
Por estos d韆s Punta Arenas se sentir m醩 cercana que nunca a los pascuenses, a los mapuches, a los profesores y a los estudiantes universitarios. Seguramente en las conversaciones callejeras ya se est tejiendo una red imaginaria que a鷑a a marginales del poder en una lucha com鷑: vencer a la tecnocracia y al Gobierno central. Tal como se est醤 dando las cosas ya no es s髄o la cuesti髇 del gas el factor a considerar en este conflicto. La gran duda es si el c韗culo empresarial del Presidente estar a la altura del problema.