Una investigación internacional con participación chilena confirmó que la exposición a la naturaleza genera efectos medibles en la actividad cerebral. El estudio, publicado en enero de 2026 en la revista Neuroscience & Biobehavioral Reviews, analizó 108 investigaciones de neuroimagen sobre la relación entre entornos naturales y funcionamiento cerebral. El trabajo fue liderado por la doctora Constanza Baquedano, junto a Antonia Olguín y el doctor Luis Sebastián Contreras-Huerta, del Centro de Neurociencia Social y Cognitiva de la Universidad Adolfo Ibáñez. También participaron investigadores del Imperial College London, la Universidad de Sussex y la Universidad McGill. Entre los resultados, los investigadores identificaron cuatro mecanismos que se activan de forma secuencial en el cerebro. El primero corresponde a una mayor eficiencia en el procesamiento visual, lo que reduce el esfuerzo cognitivo. Luego, se registra una disminución en la actividad de la amígdala y otras zonas asociadas al estrés, junto con cambios fisiológicos como una respiración más pausada. En una tercera etapa, se observa una restauración de la atención, evidenciada en un mejor desempeño en tareas de concentración tras la exposición a entornos naturales. Finalmente, disminuye la actividad de la red neuronal por defecto, vinculada al pensamiento repetitivo, lo que se asocia a estados mentales más estables. El estudio también indica que exposiciones breves a la naturaleza pueden generar cambios medibles, aunque los efectos aumentan con experiencias más prolongadas o inmersivas. Asimismo, se menciona evidencia preliminar que sugiere posibles cambios en la estructura cerebral asociados a la exposición continua a entornos verdes, aunque estos resultados aún no establecen causalidad. Fuente: Diario El Día.
Una investigación internacional con participación chilena confirmó que la exposición a la naturaleza genera efectos medibles en la actividad cerebral. El estudio, publicado en enero de 2026 en la revista Neuroscience & Biobehavioral Reviews, analizó 108 investigaciones de neuroimagen sobre la relación entre entornos naturales y funcionamiento cerebral. El trabajo fue liderado por la doctora Constanza Baquedano, junto a Antonia Olguín y el doctor Luis Sebastián Contreras-Huerta, del Centro de Neurociencia Social y Cognitiva de la Universidad Adolfo Ibáñez. También participaron investigadores del Imperial College London, la Universidad de Sussex y la Universidad McGill. Entre los resultados, los investigadores identificaron cuatro mecanismos que se activan de forma secuencial en el cerebro. El primero corresponde a una mayor eficiencia en el procesamiento visual, lo que reduce el esfuerzo cognitivo. Luego, se registra una disminución en la actividad de la amígdala y otras zonas asociadas al estrés, junto con cambios fisiológicos como una respiración más pausada. En una tercera etapa, se observa una restauración de la atención, evidenciada en un mejor desempeño en tareas de concentración tras la exposición a entornos naturales. Finalmente, disminuye la actividad de la red neuronal por defecto, vinculada al pensamiento repetitivo, lo que se asocia a estados mentales más estables. El estudio también indica que exposiciones breves a la naturaleza pueden generar cambios medibles, aunque los efectos aumentan con experiencias más prolongadas o inmersivas. Asimismo, se menciona evidencia preliminar que sugiere posibles cambios en la estructura cerebral asociados a la exposición continua a entornos verdes, aunque estos resultados aún no establecen causalidad. Fuente: Diario El Día.