En los fiordos y canales de la Patagonia chilena, científicos y organizaciones ambientales mantienen su preocupación por los efectos de la industria salmonera en ecosistemas considerados únicos a nivel mundial. El tema ha cobrado relevancia en los últimos años, especialmente tras eventos como la mortandad de más de cinco mil toneladas de salmones registrada en 2021 en el fiordo Comau. La bióloga marina Vreni Häussermann, quien ha investigado por más de dos décadas la biodiversidad marina en el sur de Chile junto al ecólogo Günter Försterra, advierte que existen daños significativos en estos ecosistemas. Según plantea, parte de estos impactos permanecen fuera de la vista, lo que dificulta su percepción pública, pese a la preocupación existente en la comunidad científica. Entre los principales efectos observados se encuentran la disminución de especies marinas, alteraciones en el fondo marino y el aumento de nutrientes producto de la actividad acuícola. A esto se suma el uso de antibióticos y químicos, además de las condiciones propias de los fiordos, donde el recambio de agua es limitado, lo que intensifica los efectos acumulativos. Desde el ámbito social y ambiental, el activista Peter Hartmann, vinculado a iniciativas de conservación en la Patagonia, advierte sobre la expansión de concesiones en áreas protegidas y la presión que enfrenta este territorio. En ese contexto, diversas organizaciones han impulsado propuestas para restringir la instalación de salmoneras en zonas de alto valor ecológico. Asimismo, especialistas destacan que el cambio climático añade nuevas presiones sobre estos ecosistemas, aumentando la vulnerabilidad de especies y hábitats. Frente a este escenario, coinciden en la necesidad de avanzar en investigación científica, monitoreo y regulación, para resguardar la biodiversidad y promover un uso sostenible de los recursos marinos. El debate sobre la salmonicultura continúa abierto, considerando su relevancia económica para el país y, al mismo tiempo, los desafíos ambientales asociados. En regiones australes, donde estas actividades tienen presencia, el tema se mantiene como parte de la discusión sobre desarrollo, conservación y futuro del territorio. Fuente: DW
La Armada de Chile ordenó a la nave “Bandero”, perteneciente a una fundación ambientalista, cesar sus acciones de interferencia en operaciones pesqueras, luego de un incidente que derivó en la colisión con un buque factoría en aguas de la Antártica. Según informó la Autoridad Marítima, el hecho se originó tras una denuncia recibida el 31 de marzo por parte de un buque de bandera noruega, que alertó sobre maniobras destinadas a obstruir la navegación en el estrecho Bransfield. Estas acciones culminaron con el impacto de la nave de activistas contra el buque “Antarctic Sea”, provocando daños en su casco. Ante esta situación, se instruyó a la embarcación involucrada detener cualquier interferencia y mantener distancia segura respecto de otras naves. Asimismo, la Tercera Zona Naval dispuso el despliegue de la unidad “Lientur” en el área para resguardar la seguridad de la navegación y el normal desarrollo de las actividades marítimas. La Armada indicó que los antecedentes serán puestos en conocimiento del Estado de bandera de la nave y de la Convención para la Conservación de los Recursos Vivos Marinos Antárticos (CCAMLR), en el marco de los acuerdos internacionales suscritos por Chile. Desde la organización ambientalista, en tanto, señalaron que sus acciones buscan la protección de los ecosistemas marinos, asegurando que no hubo intención de provocar daños mayores. El incidente ocurrió a más de 900 kilómetros de Cabo de Hornos y no dejó personas lesionadas, aunque generó preocupación por los riesgos asociados a este tipo de maniobras. Fuente: Portal Portuario.
En los fiordos y canales de la Patagonia chilena, científicos y organizaciones ambientales mantienen su preocupación por los efectos de la industria salmonera en ecosistemas considerados únicos a nivel mundial. El tema ha cobrado relevancia en los últimos años, especialmente tras eventos como la mortandad de más de cinco mil toneladas de salmones registrada en 2021 en el fiordo Comau. La bióloga marina Vreni Häussermann, quien ha investigado por más de dos décadas la biodiversidad marina en el sur de Chile junto al ecólogo Günter Försterra, advierte que existen daños significativos en estos ecosistemas. Según plantea, parte de estos impactos permanecen fuera de la vista, lo que dificulta su percepción pública, pese a la preocupación existente en la comunidad científica. Entre los principales efectos observados se encuentran la disminución de especies marinas, alteraciones en el fondo marino y el aumento de nutrientes producto de la actividad acuícola. A esto se suma el uso de antibióticos y químicos, además de las condiciones propias de los fiordos, donde el recambio de agua es limitado, lo que intensifica los efectos acumulativos. Desde el ámbito social y ambiental, el activista Peter Hartmann, vinculado a iniciativas de conservación en la Patagonia, advierte sobre la expansión de concesiones en áreas protegidas y la presión que enfrenta este territorio. En ese contexto, diversas organizaciones han impulsado propuestas para restringir la instalación de salmoneras en zonas de alto valor ecológico. Asimismo, especialistas destacan que el cambio climático añade nuevas presiones sobre estos ecosistemas, aumentando la vulnerabilidad de especies y hábitats. Frente a este escenario, coinciden en la necesidad de avanzar en investigación científica, monitoreo y regulación, para resguardar la biodiversidad y promover un uso sostenible de los recursos marinos. El debate sobre la salmonicultura continúa abierto, considerando su relevancia económica para el país y, al mismo tiempo, los desafíos ambientales asociados. En regiones australes, donde estas actividades tienen presencia, el tema se mantiene como parte de la discusión sobre desarrollo, conservación y futuro del territorio. Fuente: DW
La Armada de Chile ordenó a la nave “Bandero”, perteneciente a una fundación ambientalista, cesar sus acciones de interferencia en operaciones pesqueras, luego de un incidente que derivó en la colisión con un buque factoría en aguas de la Antártica. Según informó la Autoridad Marítima, el hecho se originó tras una denuncia recibida el 31 de marzo por parte de un buque de bandera noruega, que alertó sobre maniobras destinadas a obstruir la navegación en el estrecho Bransfield. Estas acciones culminaron con el impacto de la nave de activistas contra el buque “Antarctic Sea”, provocando daños en su casco. Ante esta situación, se instruyó a la embarcación involucrada detener cualquier interferencia y mantener distancia segura respecto de otras naves. Asimismo, la Tercera Zona Naval dispuso el despliegue de la unidad “Lientur” en el área para resguardar la seguridad de la navegación y el normal desarrollo de las actividades marítimas. La Armada indicó que los antecedentes serán puestos en conocimiento del Estado de bandera de la nave y de la Convención para la Conservación de los Recursos Vivos Marinos Antárticos (CCAMLR), en el marco de los acuerdos internacionales suscritos por Chile. Desde la organización ambientalista, en tanto, señalaron que sus acciones buscan la protección de los ecosistemas marinos, asegurando que no hubo intención de provocar daños mayores. El incidente ocurrió a más de 900 kilómetros de Cabo de Hornos y no dejó personas lesionadas, aunque generó preocupación por los riesgos asociados a este tipo de maniobras. Fuente: Portal Portuario.