La Región de Magallanes fue presentada como uno de los territorios estratégicos para el futuro científico de Chile durante la Cuenta Pública Participativa 2026 del Ministerio de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación, instancia que coincidió además con la conmemoración de los ocho años de la creación de la cartera. Así lo afirmó la subsecretaria de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación, Carolina Rossi Pantoja, quien esta mañana, en entrevista con el programa Buenos Días Región de Polar Comunicaciones, explicó que la decisión de realizar la cuenta pública en Punta Arenas responde al papel que desempeña la región en materia de investigación, resiliencia territorial y proyección antártica. La autoridad sostuvo que Magallanes representa un ejemplo de cómo los territorios pueden transformarse en protagonistas del desarrollo científico nacional e internacional. Elegimos Magallanes porque estamos en una zona extrema y están en una zona extrema. Significan tres cosas: uno, que probablemente y muy, muy en mi opinión, con casi certeza, hay una comunidad de seres humanos que ha trabajado históricamente muy fuertemente en la resiliencia. La resiliencia es algo que te fortalece para los cambios y hoy día, tanto Chile como el mundo, es una característica extremadamente importante cuando tenemos que hacer nuevos descubrimientos, cuando tenemos que desarrollar nuevas áreas de las ciencias y cuando tenemos que salir a trabajar con los territorios. Segundo punto, la cantidad de laboratorios naturales que tiene la Región de Magallanes y, por supuesto, también el acercamiento y la cercanía con la Antártica. Y tercer punto, más allá de la geografía y de esta parte humana, es lo que históricamente Magallanes ha hecho: aquí tenemos una región que tiene una academia que valora y considera estratégico trabajar con el territorio, con las comunidades, investigadores y académicos para generar ciencia. Ciencia desde los territorios Durante la conversación, Rossi enfatizó que uno de los seis pilares estratégicos del ministerio apunta precisamente a fortalecer el trabajo desde las regiones, entendiendo que las políticas científicas requieren una mirada de Estado y resultados que muchas veces solo pueden evaluarse después de varios años. En ese contexto, destacó que el objetivo es aprovechar las fortalezas propias de cada territorio para que la ciencia chilena alcance una proyección global. Uno de los seis pilares tiene que ver con los territorios, tiene que ver con la vinculación con el territorio, con entender lo que cada territorio necesita y con analizar el potencial de cada región de Chile para sacar lo mejor. El punto acá es que como chilenos podamos también creer que desde el mismo territorio podemos generar ciencia internacional, no solamente nacional. La subsecretaria sostuvo que Magallanes posee ventajas únicas para ese propósito, considerando su geografía, sus ecosistemas y el trabajo desarrollado históricamente por instituciones académicas y centros de investigación. Desarrollo con protección de los laboratorios naturales Consultada por el equilibrio entre desarrollo económico, innovación y conservación ambiental, la autoridad afirmó que el avance científico necesariamente debe ir acompañado del cuidado de los territorios. Como ejemplo, mencionó la reciente realización de un encuentro de astroturismo en la región y la importancia de proteger los cielos oscuros para la investigación astronómica. Esta investigación de la astronomía o el ejercer un poco el ser astrónomo es necesario por defecto tener cielos oscuros. Nosotros como Chile tenemos los cielos más lindos del mundo y tenemos que defender los cielos oscuros. Ahí hay un ejemplo práctico y real de que, en el fondo, la ciencia se tiene que hacer cuidando también el territorio, entendiéndolo, cuidándolo. (...) Lo importante es encontrar el balance. No es lo uno o lo otro, sino que en un territorio como el de nosotros, que tiene una serie de laboratorios naturales de extrema importancia y reservas naturales utilizadas por científicos nacionales e internacionales, nos compete como ministerio hacernos las preguntas para ver cómo somos un poquito mejores. Empleabilidad, innovación e inteligencia artificial Otro de los temas abordados fue la necesidad de fortalecer la empleabilidad vinculada a la investigación científica y orientar parte de los recursos hacia áreas consideradas estratégicas para el país, como minería, energía, resiliencia frente al cambio climático y biotecnología. En esa línea, explicó que el ministerio ha realizado ajustes en instrumentos como Fondecyt para responder a las necesidades actuales del país sin restringir el desarrollo de otras disciplinas. Respecto de la inteligencia artificial, Rossi recalcó que las nuevas tecnologías deben entenderse como herramientas para potenciar el desarrollo humano y no como un fin en sí mismo. Nosotros consideramos que las distintas tecnologías son un habilitante. No son el todo. Ese es el primer mensaje que quiero dejar súper claro. Para que nosotros podamos ser más competitivos tenemos que entender que las tecnologías son un habilitante, nos van a ayudar a dar el salto, pero ese salto lo damos también con otras capacidades que vienen de nosotros como seres humanos: hacerse las preguntas, tener criterios y combinar distintas capacidades y distintas visiones. Asimismo, señaló que la cartera trabaja actualmente en áreas estratégicas como inteligencia artificial, computación cuántica, biotecnología, infraestructura crítica, astronomía y desarrollo espacial, con el objetivo de fortalecer un ecosistema científico articulado y resiliente. Más inversión y mayor participación del sector privado La subsecretaria reconoció que Chile mantiene una baja inversión en investigación y desarrollo en comparación con economías más avanzadas, aunque sostuvo que el país ha logrado avances importantes en formación de capital humano y fortalecimiento de las universidades. En ese contexto, hizo un llamado a incentivar una mayor participación del sector privado en innovación. Siempre tenemos que preparar mejor la cancha. Tenemos que trabajar en todas las líneas: potenciar a nuestra gente con una educación superior de calidad e incentivar también que se genere más inversión. Lo que tenemos que hacer es apoyar culturalmente para que cada vez más empresas privadas puedan también invertir en innovación. Hemos construido bastante a nivel universitario. La educación universitaria chilena es muy buena y lo que tenemos que seguir haciendo es continuar con ese crecimiento. Antártica y soberanía científica En la parte final de la entrevista, Carolina Rossi abordó el creciente protagonismo que ha adquirido la Antártica en la agenda nacional e internacional, asegurando que el Ministerio de Ciencia busca fortalecer la denominada soberanía científica mediante un mayor desarrollo de investigaciones desde la Región de Magallanes. En el caso específico de Magallanes hay un valor gigante. Tenemos expediciones donde salen barcos con científicos no solamente chilenos, también extranjeros, y cada vez eso se está visibilizando un poco más. Hay un apoyo sostenido en el tiempo a la ciencia que se puede hacer en el continente blanco. Lo que nos compete a nosotros es tratar de apoyar e incentivar más la soberanía científica. Esa soberanía científica se da con tener más y mejores científicos que vean a la Antártica como este laboratorio natural para investigar fenómenos, levantar nuevas propuestas y analizar no solamente el territorio mismo, sino también los mares de la Antártica. Esa visión está bastante compartida y es algo que tenemos que continuar potenciando. La autoridad concluyó señalando que el desafío del ministerio es seguir articulando a la academia, el Estado, las regiones y el sector productivo para construir políticas públicas de largo plazo que permitan a Chile consolidarse como un referente internacional en ciencia, tecnología, conocimiento e innovación, aprovechando el potencial que ofrecen territorios como Magallanes.
Hay salas donde el tiempo se pliega. Una de ellas estuvo esta jornada en la capital noruega, donde ochenta años de historia antártica se dieron cita en apenas unos metros cuadrados. De un lado, la Primera Expedición Antártica Chilena de 1947, aquella que abrió camino en el hielo y marcó un antes y un después para el país. Del otro, la incursión inaugural de México al continente blanco, concretada recién en el verano austral 2025-2026. Casi un siglo de distancia y, sin embargo, un mismo pulso: el de la ciencia que insiste en explorar el fin del mundo. El escenario fue el panelMedia and Scientific Dissemination: the cases of Chile and Mexico in Antarctica, desarrollado en el marco de la Open Science Conference SCAR 2026, la mayor cumbre de la ciencia antártica del planeta. En la mesa, la periodista científica María Pastora Sandoval, el historiador Francisco Sánchez y Natalia de la Selva tejieron un relato a varias voces, con la presencia del Embajador de Chile en Noruega, Helmut Lagos, y ante investigadores de India, Italia, México, Polonia, Chile, Inglaterra, Noruega y Argentina. La sala se volvió, por un rato, un punto de encuentro para mirar de frente los antecedentes, los testimonios y las imágenes históricas de dos naciones que se atrevieron al hielo. Dos primeras veces, un mismo hilo Pese a la distancia en el calendario, ambas gestas comparten lo esencial: la cooperación como base y la proyección de la ciencia como propósito. La expedición chilena de 1947 no solo consolidó una presencia soberana en el sur del mundo; abrió la puerta a las primeras acciones científicas del país en el continente helado, una vocación que llega intacta hasta hoy. México, mucho después, se sumó a ese puñado de naciones que despliegan investigación en la Antártica, y lo hizo con la frescura de quien recién estrena su primera bitácora polar. Durante la jornada se exhibieron imágenes de aquella expedición fundacional de 1947 y antecedentes de las primeras labores científicas chilenas en el continente blanco. La Agencia Mexicana de Estudios Antárticos (AMEA), por su parte, presentó un microdocumental con los detalles de su primera incursión, mostrando cómo se escribe hoy, en pleno siglo XXI, el capítulo inicial de una historia antártica. Magallanes, otra vez, en el centro del mapa Si algo dejó claro la jornada es que ninguna de estas travesías se explica sin el extremo austral. Se proyectó un video de saludo de la dotación de la Base Naval Antártica Capitán Arturo Prat, que trajo a Oslo el rostro cotidiano de quienes sostienen la presencia chilena en el hielo durante todo el año, lejos de los focos y cerca del viento. A esa voz se sumó la de quienes toman decisiones. El Gobernador de la Región de Magallanes y de la Antártica Chilena, doctor Jorge Flies, y el Gerente de Finning Punta Arenas, Gonzalo Mitrovich, plantearon los desafíos y las proyecciones estratégicas del rol de la región y de su condición de puerta de entrada al continente. El mensaje fue directo: la Antártica no es solo épica de expediciones antiguas, sino desarrollo territorial, logística y colaboración científica concreta para el sur del mundo. Punta Arenas y Magallanes, recordaron, son el umbral por donde buena parte de la comunidad internacional accede al hielo. Una responsabilidad, y también una oportunidad, que la región no debería dejar pasar. La Antártica que se busca en Google Uno de los momentos más comentados llegó cuando María Pastora Sandoval subió a exponer. La periodista presentó una investigación sobre las dinámicas de las búsquedas del término Antártica en Google desde las ciudades que funcionan como puertas de entrada al continente. Dicho de otro modo: cómo el interés por el territorio austral puede rastrearse en las huellas digitales de quienes viven más cerca de él. Es un hito importante debido a que retomo mi actividad como investigadora poniendo en valor a Antártica desde las ciencias sociales, expresó, reivindicando el lugar de estas disciplinas en un campo tradicionalmente copado por las ciencias naturales y la logística polar. Su intervención dejó una pregunta flotando en la sala: cuánto de lo que Magallanes es hacia la Antártica se juega también en el terreno de las ideas, los relatos y la memoria. El historiador Francisco Sánchez, en tanto, valoró la instancia. Fue una instancia muy importante en donde pudimos compartir los desafíos de la primera expedición antártica chilena, así como compartir antecedentes de las diferentes labores que desarrolla Chile en apoyo del quehacer científico, la exploración, la salvaguarda de la vida humana en el mar y, sobre todo, el importante rol que tenemos como nación antártica, señaló. Un reconocimiento y una bandera La jornada tuvo también su temperatura emotiva. Natalia de la Selva entregó un reconocimiento a la delegación ucraniana que apoyó la primera expedición antártica mexicana, un gesto de gratitud que conmovió a los presentes y que resumió, en un solo acto, ese espíritu de cooperación que atraviesa cualquier empresa en el continente helado. El cierre quedó para un símbolo mayor. María Pastora Sandoval y Francisco Sánchez entregaron al Embajador de Chile en Noruega un pabellón izado en el Territorio Chileno Antártico, que quedará resguardado en la Embajada de Chile en Noruega. Una bandera que cruzó el mundo desde el hielo hasta el norte de Europa, como muestra tangible de la vocación tricontinental del país y de su proyección en los océanos Pacífico y Austral. Al final, en esa sala de Oslo se juntaron el pasado y el presente de la exploración antártica de dos naciones latinoamericanas. Ochenta años separan a Chile y a México en sus respectivas primeras veces; pero la jornada dejó algo más claro que la aritmética: lo que de verdad los une es la convicción de que la ciencia, la cooperación y la memoria son los caminos para habitar, comprender y proyectar el continente blanco. Y en ese mapa, una vez más, el punto de partida tiene nombre austral.
La ciencia chilena volvió a hacerse notar en el escenario polar más exigente del planeta. En Oslo se desarrolla por estos días la 12ª Conferencia Científica Abierta del SCAR (Scientific Committee on Antarctic Research), la cita bienal más importante del mundo en investigación antártica, celebrada bajo el lema Diving into Antarctic Science: Making Waves for the Future. Entre plenarias, simposios y cientos de pósters de investigadores de todo el mundo, un trabajo nacional captó la atención de la comunidad científica internacional. Su autor es Nicolás Flores Castañón, estudiante de Doctorado en Ciencias Biomédicas, quien presentó un póster sobre nanopartículas de cobre estabilizadas con exopolisacáridos de bacterias antárticas, investigación desarrollada en Talca. La propuesta busca aprovechar recursos nacionales provenientes de ambientes extremos —como la Antártica— para evaluar la capacidad antioxidante y antibacteriana de estos polisacáridos bacterianos, que además poseen la propiedad de estabilizar nanopartículas metálicas de cobre, un material con reconocido potencial biomédico. Estamos presentando ideas novedosas a partir de recursos nacionales de ambientes extremos para responder a problemáticas de la ciudadanía, resume Flores. El interés fue transversal: por su póster pasaron investigadores del Instituto Milenio BASE, académicos de distintas universidades chilenas y científicos y estudiantes de diversas partes del mundo. El inglés ayudó muchísimo; pudimos exponer con naturalidad y responder al interés de las personas, cuenta. La estadía en Oslo, admite, no ha estado exenta de dificultades, pero la describe como profundamente enriquecedora por la diversidad de miradas que reúne la conferencia: contaminantes antropogénicos, impacto de la huella humana, cambio climático y efecto de las especies invasoras sobre el continente blanco. La única frustración es de las buenas: la agenda desborda y uno queda con sabor a poco al tener que elegir entre exposiciones simultáneas o al no alcanzar a recorrer cada póster de interés. Un eje que Flores subraya con fuerza es la divulgación científica. El fuerte de este año es un juego de cartas de mesa diseñado para acercar la ciencia a colegios, universidades y conferencias, y el equipo se declara abierto a compartir la experiencia en los eventos de divulgación a los que se le invite. La convicción de fondo es clara: que el conocimiento generado en y desde los ambientes extremos del país llegue efectivamente a las aulas y a la comunidad. Detrás de esta línea de trabajo está su tutora doctoral, la Dra. Aparna Banerjee, de la Universidad Autónoma de Chile, quien lo ha guiado desde el pregrado a través de campos tan diversos como la bioinformática, la hortofruticultura y, actualmente, la microbiología extremófila, orientada al potencial antibacteriano y anticancerígeno de exopolisacáridos producidos por aislados de ambientes geotermales. El paso por la conferencia deja en Flores una motivación concreta de cara a la próxima edición del SCAR: presentar de manera oral, sin dejar de invitar a la comunidad a revisar su póster. Esta experiencia ha enriquecido enormemente mi comprensión del mundo científico, afirma. Entre nanopartículas de cobre, bacterias del fin del mundo y un mazo de cartas para divulgar, la ciencia chilena hace olas en la principal cita antártica del planeta, reafirmando que los ambientes extremos del país tienen mucho que aportar al conocimiento —y a la salud— de toda la comunidad.
Conocer la Antártica ya no requiere abrir un libro especializado ni navegar entre decenas de sitios web. Desde hoy, cualquier persona puede acceder gratuitamente a un chatbot disponible en WhatsApp, diseñado para responder preguntas sobre la Antártica, sus ecosistemas y la investigación científica que Chile desarrolla en el continente. La iniciativa, impulsada por el Instituto Milenio BASE , busca acercar el conocimiento antártico a la ciudadanía mediante una plataforma de uso cotidiano. Los usuarios pueden preguntar, por ejemplo, por qué la Antártica es clave para regular el clima del planeta , cómo viven los equipos científicos durante una expedición, cuál es la relación histórica de Chile con este territorio, o resolver dudas sobre el Sistema del Tratado Antártico, que busca cuidar, gobernar y proteger el continente blanco y sus zonas marinas. Las respuestas se entregan a través de un carismático avatar, o personaje de la plataforma, que fue ilustrado por el artista chileno Raúl Matus: un kril antártico, que, mediante un lenguaje cercano y con información basada en evidencia científica, se comunica con los usuarios. “Buscamos desarrollar este chatbot antártico para invitar a las personas, y especialmente a los jóvenes, a conocer más sobre la Antártica. No solo sus investigaciones científicas, sino también su estrecha relación con Chile a través del derecho, la historia, la literatura o incluso el cine”, señala Elie Poulin, académico de la Universidad de Chile y director del Instituto Milenio BASE. Más que un asistente conversacional El proyecto busca convertirse en una puerta de entrada al conocimiento antártico generado desde Chile. “Los contenidos del chatbot nacen de nuestros aprendizajes en ferias científicas, escuelas y encuentros ciudadanos. Incorporamos las dudas, curiosidades y preguntas más frecuentes de las personas sobre la Antártica, junto con visibilizar el conocimiento que se genera desde distintas ciudades de Chile en materia de investigación”, subraya Julieta Orlando, académica de la Universidad de Chile, presidenta de la SOMICH y directora alterna del Instituto Milenio BASE. El desarrollo del chatbot fue posible gracias al apoyo de la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo (ANID), a través del Fondo de Proyección al Medio Externo 2026, y surge a partir del proyecto “Descongela el mito: Chatbot contra la desinformación polar”. Además, la iniciativa realizará talleres y charlas en las ciudades de Santiago, Valdivia, Concepción, Punta Arenas y Puerto Williams para reflexionar sobre mitos y noticias falsas, o inexactas, en torno a la Antártica, alfabetización digital y pensamiento crítico, en compañía de grupos de investigación y docencia del Instituto Milenio BASE y las instituciones respaldantes. Su acceso gratuito ya está disponible a través de WhatsApp y los próximos días la cuenta de Instagram @mileniobase estrenará un concurso para encontrar un nombre al kril antártico protagonista del chatbot que buscará responder todas las preguntas de chilenas y chilenos. Fuente: cooperativaciencia.cl
La necesidad de fortalecer la educación antártica desde las primeras etapas de formación y avanzar hacia una mayor identidad de Magallanes como territorio antártico fueron algunos de los principales temas abordados esta mañana en el programa Buenos Días Región de Polar Comunicaciones, en una conversación que reunió a Magaly Vera, coordinadora de docencia del Centro de Investigación Gaia Antártica (CIGA) de la Universidad de Magallanes, y Edgardo Vega, director ejecutivo de la Fundación Antártica21. La conversación se desarrolló en el marco de los bloques semanales dedicados a la Antártica y al Programa Transforma Antártica de Corfo, instancia que reúne a representantes del ámbito científico, académico, empresarial, educativo y productivo para abordar los desafíos y oportunidades asociados al territorio antártico chileno. Durante el espacio, Magaly Vera destacó el trabajo que desde la Universidad de Magallanes se ha desarrollado para acercar los asuntos antárticos a la comunidad y formar capital humano especializado. Entre las iniciativas mencionó el programa Minor, que permite a estudiantes de distintas carreras acceder a cursos vinculados con la Antártica, y el Diplomado en Asuntos Antárticos, que cuenta con más de 800 personas certificadas desde sus inicios. “Creo que ahí justamente lo que falta es lo que tiene que ver con la educación, la educación antártica. Y a mí me gusta mucho promover como soy el área de docencia. Lo que siento y lo que estoy segura, y es que la educación antártica pueda estar dentro de los currículum dentro de lo formal de la educación formal”, sostuvo Vera. La académica planteó que el desafío no pasa únicamente por incorporar contenidos nuevos al sistema escolar, sino también por entregar herramientas a los docentes para que puedan abordar la temática antártica dentro de los objetivos de aprendizaje existentes. “Desde los más pequeñitos. Desde kinder. Básica media es necesario que el currículum considere estos temas antárticos. Yo sé porque también trabajo en temas de currículum que es difícil que un currículum cambie, pero no es difícil que los profesores lo puedan adaptar ya de acuerdo a los objetivos generales. El problema es que también le falta eso a los profesores, capacitación”, explicó. En esa línea, Vera sostuvo que el desarrollo de capital humano constituye una tarea pendiente y una oportunidad para la región, destacando la disposición de la Universidad de Magallanes para continuar impulsando proyectos de formación de acuerdo con las necesidades territoriales. Una identidad antártica todavía por consolidar Otro de los ejes de la conversación fue la necesidad de que Magallanes no solamente se reconozca administrativamente como una región vinculada a la Antártica, sino que desarrolle una verdadera identidad antártica. “Falta la identificación, sentirnos realmente una ciudad antártica, identificarnos con Antártica porque es efectivo que la gente de Magallanes, si tú le preguntas tienen un vínculo, pero es más bien un vínculo magallánico antártico”, señaló Vera. A su juicio, esta identidad debe ser transversal y constituir una base para iniciativas vinculadas con la ciencia, la educación, el turismo y el desarrollo productivo. En ese sentido, valoró el trabajo desarrollado mediante el Programa Transforma Antártica, donde la identidad antártica ha sido considerada como un componente transversal de la hoja de ruta. “Necesitamos crear esa identidad antártica”, afirmó, destacando que antes de avanzar en distintos proyectos relacionados con el continente blanco, es necesario que la propia comunidad regional conozca y valore su condición de territorio de conexión con la Antártica. Por su parte, Edgardo Vega destacó el trabajo que durante los últimos años ha desarrollado la Fundación Antártica21 en ámbitos como educación, cultura, ciencia, conservación y colaboración, señalando que estas áreas buscan ampliar los impactos positivos que puede generar la actividad antártica en la comunidad local. “Nos hemos dedicado a la educación, a la cultura, a la ciencia, a la conservación y a la colaboración. Son los 5 ejes con los que hemos estado trabajando”, explicó Vega. El director ejecutivo de la fundación coincidió en que la educación y la cultura deben ocupar un lugar transversal en la estrategia regional, especialmente considerando la condición de Magallanes como puerta de entrada hacia la Antártica. “Me alegra mucho que el programa Transforma esté abriendo más oportunidades y potenciando esta área y desde la Fundación, obviamente es muy gustosos aportar”, señaló. Llevar la Antártica a las aulas Vega también puso como ejemplo distintas iniciativas impulsadas por la Fundación Antártica21 para acercar la temática antártica a niños y jóvenes de la región. Entre ellas mencionó AntarKit, programa educativo que actualmente se implementa en establecimientos educacionales de Punta Arenas y Puerto Williams y que contempla 12 desafíos relacionados con el continente blanco. “AntarKit es un programa educativo que está implementándose en 5 establecimientos educacionales aquí en la región, cuatro aquí en la ciudad de Punta Arenas y el Liceo también Donald McIntyre en Puerto Williams”, detalló. El programa contempla además experiencias prácticas, como visitas a laboratorios y espacios científicos, buscando que los estudiantes puedan conocer directamente distintos elementos asociados a la investigación antártica. Vega sostuvo que una de las claves consiste en aprovechar los contenidos que ya contempla el currículum escolar y utilizarlos para abordar fenómenos antárticos. “Antártica ofrece ejemplos espectaculares, muy atractivos para revisar contenidos que hoy día están en el currículum”, afirmó. En esa línea, explicó que materias como gobernanza, democracia o cambio climático pueden ser abordadas utilizando la Antártica como contexto de aprendizaje, evitando necesariamente que la temática sea incorporada como una nueva asignatura o carga adicional. “En vez de que un niño tenga que hablar sobre democracia y sobre sistemas de representación, bueno, estudiar el sistema de gobernanza de la Antártica con el Sistema del Tratado Antártico, que es un ejemplo de gobernanza democrática”, ejemplificó. El rescate de la historia antártica Vega también destacó la importancia de fortalecer el conocimiento de la historia antártica entre las nuevas generaciones, poniendo como ejemplo el rescate de los 22 integrantes de la expedición de Ernest Shackleton, ocurrido hace 110 años con la participación del piloto chileno Luis Pardo y su tripulación. “Yo creo que no debiera haber ningún niño en esta región, ninguna niña en esta región que no sepa que entre el 25 de agosto y el 3 de septiembre hace 110 años ocurrió una de las epopeyas más importantes en el mundo en el tema antártico como es el rescate de los 22 náufragos de Shackleton por parte de un chileno y una tripulación de chilenos”, sostuvo. Para el representante de Antártica21, conocer episodios como este permite comprender que la relación de Magallanes con la Antártica no solamente tiene una dimensión geográfica, sino también histórica y cultural. “Antartizar” la ciudad Durante la conversación también se abordó la posibilidad de reforzar la presencia de la Antártica en los espacios cotidianos de Punta Arenas, desde la señalética y los nombres de calles hasta la oferta turística y comercial. Vega valoró iniciativas municipales orientadas a posicionar a Punta Arenas como ciudad antártica, pero planteó que todavía existen oportunidades para profundizar ese vínculo. “Me parece que todavía hay muchas oportunidades de hacer cosas y aquí se necesita un esfuerzo público privado. Esto no es solo responsable del Estado, también los privados tienen que asumir una responsabilidad de ser una región de Magallanes de Antártica chilena”, manifestó. En ese sentido, propuso que hoteles, restaurantes y otros servicios puedan incorporar elementos que permitan a quienes visitan la zona comprender que Punta Arenas no solamente es un destino asociado a la Patagonia, sino también un territorio conectado con el continente blanco. Magaly Vera complementó esta visión recordando una experiencia de capacitación dirigida a taxistas y conductores de minibuses, quienes tienen un contacto directo con los turistas y pueden transformarse en actores relevantes para transmitir el relato antártico de la ciudad. “Nosotros en esta capacitación, justamente lo que hacíamos era ver que este turista tuviera una experiencia antártica desde la región y estaban justamente los hitos que nosotros podemos ver en el centro de la ciudad. Podíamos hablar de los museos, podían recorrer el mismo Estrecho y verlo con otros ojos”, relató. Para la académica, uno de los desafíos consiste precisamente en articular los distintos elementos existentes en el territorio bajo un relato común. “Tenemos nosotros, pero que están más bien desarticuladas. Le falta como ese relato antártico”, concluyó. La conversación cerró destacando que la educación, la cultura, la ciencia, el turismo y el sector productivo pueden converger en torno a una identidad antártica regional, entendida como una oportunidad para fortalecer el vínculo de Magallanes con el continente blanco y proyectarlo hacia las nuevas generaciones.
La Región de Magallanes fue presentada como uno de los territorios estratégicos para el futuro científico de Chile durante la Cuenta Pública Participativa 2026 del Ministerio de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación, instancia que coincidió además con la conmemoración de los ocho años de la creación de la cartera. Así lo afirmó la subsecretaria de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación, Carolina Rossi Pantoja, quien esta mañana, en entrevista con el programa Buenos Días Región de Polar Comunicaciones, explicó que la decisión de realizar la cuenta pública en Punta Arenas responde al papel que desempeña la región en materia de investigación, resiliencia territorial y proyección antártica. La autoridad sostuvo que Magallanes representa un ejemplo de cómo los territorios pueden transformarse en protagonistas del desarrollo científico nacional e internacional. Elegimos Magallanes porque estamos en una zona extrema y están en una zona extrema. Significan tres cosas: uno, que probablemente y muy, muy en mi opinión, con casi certeza, hay una comunidad de seres humanos que ha trabajado históricamente muy fuertemente en la resiliencia. La resiliencia es algo que te fortalece para los cambios y hoy día, tanto Chile como el mundo, es una característica extremadamente importante cuando tenemos que hacer nuevos descubrimientos, cuando tenemos que desarrollar nuevas áreas de las ciencias y cuando tenemos que salir a trabajar con los territorios. Segundo punto, la cantidad de laboratorios naturales que tiene la Región de Magallanes y, por supuesto, también el acercamiento y la cercanía con la Antártica. Y tercer punto, más allá de la geografía y de esta parte humana, es lo que históricamente Magallanes ha hecho: aquí tenemos una región que tiene una academia que valora y considera estratégico trabajar con el territorio, con las comunidades, investigadores y académicos para generar ciencia. Ciencia desde los territorios Durante la conversación, Rossi enfatizó que uno de los seis pilares estratégicos del ministerio apunta precisamente a fortalecer el trabajo desde las regiones, entendiendo que las políticas científicas requieren una mirada de Estado y resultados que muchas veces solo pueden evaluarse después de varios años. En ese contexto, destacó que el objetivo es aprovechar las fortalezas propias de cada territorio para que la ciencia chilena alcance una proyección global. Uno de los seis pilares tiene que ver con los territorios, tiene que ver con la vinculación con el territorio, con entender lo que cada territorio necesita y con analizar el potencial de cada región de Chile para sacar lo mejor. El punto acá es que como chilenos podamos también creer que desde el mismo territorio podemos generar ciencia internacional, no solamente nacional. La subsecretaria sostuvo que Magallanes posee ventajas únicas para ese propósito, considerando su geografía, sus ecosistemas y el trabajo desarrollado históricamente por instituciones académicas y centros de investigación. Desarrollo con protección de los laboratorios naturales Consultada por el equilibrio entre desarrollo económico, innovación y conservación ambiental, la autoridad afirmó que el avance científico necesariamente debe ir acompañado del cuidado de los territorios. Como ejemplo, mencionó la reciente realización de un encuentro de astroturismo en la región y la importancia de proteger los cielos oscuros para la investigación astronómica. Esta investigación de la astronomía o el ejercer un poco el ser astrónomo es necesario por defecto tener cielos oscuros. Nosotros como Chile tenemos los cielos más lindos del mundo y tenemos que defender los cielos oscuros. Ahí hay un ejemplo práctico y real de que, en el fondo, la ciencia se tiene que hacer cuidando también el territorio, entendiéndolo, cuidándolo. (...) Lo importante es encontrar el balance. No es lo uno o lo otro, sino que en un territorio como el de nosotros, que tiene una serie de laboratorios naturales de extrema importancia y reservas naturales utilizadas por científicos nacionales e internacionales, nos compete como ministerio hacernos las preguntas para ver cómo somos un poquito mejores. Empleabilidad, innovación e inteligencia artificial Otro de los temas abordados fue la necesidad de fortalecer la empleabilidad vinculada a la investigación científica y orientar parte de los recursos hacia áreas consideradas estratégicas para el país, como minería, energía, resiliencia frente al cambio climático y biotecnología. En esa línea, explicó que el ministerio ha realizado ajustes en instrumentos como Fondecyt para responder a las necesidades actuales del país sin restringir el desarrollo de otras disciplinas. Respecto de la inteligencia artificial, Rossi recalcó que las nuevas tecnologías deben entenderse como herramientas para potenciar el desarrollo humano y no como un fin en sí mismo. Nosotros consideramos que las distintas tecnologías son un habilitante. No son el todo. Ese es el primer mensaje que quiero dejar súper claro. Para que nosotros podamos ser más competitivos tenemos que entender que las tecnologías son un habilitante, nos van a ayudar a dar el salto, pero ese salto lo damos también con otras capacidades que vienen de nosotros como seres humanos: hacerse las preguntas, tener criterios y combinar distintas capacidades y distintas visiones. Asimismo, señaló que la cartera trabaja actualmente en áreas estratégicas como inteligencia artificial, computación cuántica, biotecnología, infraestructura crítica, astronomía y desarrollo espacial, con el objetivo de fortalecer un ecosistema científico articulado y resiliente. Más inversión y mayor participación del sector privado La subsecretaria reconoció que Chile mantiene una baja inversión en investigación y desarrollo en comparación con economías más avanzadas, aunque sostuvo que el país ha logrado avances importantes en formación de capital humano y fortalecimiento de las universidades. En ese contexto, hizo un llamado a incentivar una mayor participación del sector privado en innovación. Siempre tenemos que preparar mejor la cancha. Tenemos que trabajar en todas las líneas: potenciar a nuestra gente con una educación superior de calidad e incentivar también que se genere más inversión. Lo que tenemos que hacer es apoyar culturalmente para que cada vez más empresas privadas puedan también invertir en innovación. Hemos construido bastante a nivel universitario. La educación universitaria chilena es muy buena y lo que tenemos que seguir haciendo es continuar con ese crecimiento. Antártica y soberanía científica En la parte final de la entrevista, Carolina Rossi abordó el creciente protagonismo que ha adquirido la Antártica en la agenda nacional e internacional, asegurando que el Ministerio de Ciencia busca fortalecer la denominada soberanía científica mediante un mayor desarrollo de investigaciones desde la Región de Magallanes. En el caso específico de Magallanes hay un valor gigante. Tenemos expediciones donde salen barcos con científicos no solamente chilenos, también extranjeros, y cada vez eso se está visibilizando un poco más. Hay un apoyo sostenido en el tiempo a la ciencia que se puede hacer en el continente blanco. Lo que nos compete a nosotros es tratar de apoyar e incentivar más la soberanía científica. Esa soberanía científica se da con tener más y mejores científicos que vean a la Antártica como este laboratorio natural para investigar fenómenos, levantar nuevas propuestas y analizar no solamente el territorio mismo, sino también los mares de la Antártica. Esa visión está bastante compartida y es algo que tenemos que continuar potenciando. La autoridad concluyó señalando que el desafío del ministerio es seguir articulando a la academia, el Estado, las regiones y el sector productivo para construir políticas públicas de largo plazo que permitan a Chile consolidarse como un referente internacional en ciencia, tecnología, conocimiento e innovación, aprovechando el potencial que ofrecen territorios como Magallanes.
Hay salas donde el tiempo se pliega. Una de ellas estuvo esta jornada en la capital noruega, donde ochenta años de historia antártica se dieron cita en apenas unos metros cuadrados. De un lado, la Primera Expedición Antártica Chilena de 1947, aquella que abrió camino en el hielo y marcó un antes y un después para el país. Del otro, la incursión inaugural de México al continente blanco, concretada recién en el verano austral 2025-2026. Casi un siglo de distancia y, sin embargo, un mismo pulso: el de la ciencia que insiste en explorar el fin del mundo. El escenario fue el panelMedia and Scientific Dissemination: the cases of Chile and Mexico in Antarctica, desarrollado en el marco de la Open Science Conference SCAR 2026, la mayor cumbre de la ciencia antártica del planeta. En la mesa, la periodista científica María Pastora Sandoval, el historiador Francisco Sánchez y Natalia de la Selva tejieron un relato a varias voces, con la presencia del Embajador de Chile en Noruega, Helmut Lagos, y ante investigadores de India, Italia, México, Polonia, Chile, Inglaterra, Noruega y Argentina. La sala se volvió, por un rato, un punto de encuentro para mirar de frente los antecedentes, los testimonios y las imágenes históricas de dos naciones que se atrevieron al hielo. Dos primeras veces, un mismo hilo Pese a la distancia en el calendario, ambas gestas comparten lo esencial: la cooperación como base y la proyección de la ciencia como propósito. La expedición chilena de 1947 no solo consolidó una presencia soberana en el sur del mundo; abrió la puerta a las primeras acciones científicas del país en el continente helado, una vocación que llega intacta hasta hoy. México, mucho después, se sumó a ese puñado de naciones que despliegan investigación en la Antártica, y lo hizo con la frescura de quien recién estrena su primera bitácora polar. Durante la jornada se exhibieron imágenes de aquella expedición fundacional de 1947 y antecedentes de las primeras labores científicas chilenas en el continente blanco. La Agencia Mexicana de Estudios Antárticos (AMEA), por su parte, presentó un microdocumental con los detalles de su primera incursión, mostrando cómo se escribe hoy, en pleno siglo XXI, el capítulo inicial de una historia antártica. Magallanes, otra vez, en el centro del mapa Si algo dejó claro la jornada es que ninguna de estas travesías se explica sin el extremo austral. Se proyectó un video de saludo de la dotación de la Base Naval Antártica Capitán Arturo Prat, que trajo a Oslo el rostro cotidiano de quienes sostienen la presencia chilena en el hielo durante todo el año, lejos de los focos y cerca del viento. A esa voz se sumó la de quienes toman decisiones. El Gobernador de la Región de Magallanes y de la Antártica Chilena, doctor Jorge Flies, y el Gerente de Finning Punta Arenas, Gonzalo Mitrovich, plantearon los desafíos y las proyecciones estratégicas del rol de la región y de su condición de puerta de entrada al continente. El mensaje fue directo: la Antártica no es solo épica de expediciones antiguas, sino desarrollo territorial, logística y colaboración científica concreta para el sur del mundo. Punta Arenas y Magallanes, recordaron, son el umbral por donde buena parte de la comunidad internacional accede al hielo. Una responsabilidad, y también una oportunidad, que la región no debería dejar pasar. La Antártica que se busca en Google Uno de los momentos más comentados llegó cuando María Pastora Sandoval subió a exponer. La periodista presentó una investigación sobre las dinámicas de las búsquedas del término Antártica en Google desde las ciudades que funcionan como puertas de entrada al continente. Dicho de otro modo: cómo el interés por el territorio austral puede rastrearse en las huellas digitales de quienes viven más cerca de él. Es un hito importante debido a que retomo mi actividad como investigadora poniendo en valor a Antártica desde las ciencias sociales, expresó, reivindicando el lugar de estas disciplinas en un campo tradicionalmente copado por las ciencias naturales y la logística polar. Su intervención dejó una pregunta flotando en la sala: cuánto de lo que Magallanes es hacia la Antártica se juega también en el terreno de las ideas, los relatos y la memoria. El historiador Francisco Sánchez, en tanto, valoró la instancia. Fue una instancia muy importante en donde pudimos compartir los desafíos de la primera expedición antártica chilena, así como compartir antecedentes de las diferentes labores que desarrolla Chile en apoyo del quehacer científico, la exploración, la salvaguarda de la vida humana en el mar y, sobre todo, el importante rol que tenemos como nación antártica, señaló. Un reconocimiento y una bandera La jornada tuvo también su temperatura emotiva. Natalia de la Selva entregó un reconocimiento a la delegación ucraniana que apoyó la primera expedición antártica mexicana, un gesto de gratitud que conmovió a los presentes y que resumió, en un solo acto, ese espíritu de cooperación que atraviesa cualquier empresa en el continente helado. El cierre quedó para un símbolo mayor. María Pastora Sandoval y Francisco Sánchez entregaron al Embajador de Chile en Noruega un pabellón izado en el Territorio Chileno Antártico, que quedará resguardado en la Embajada de Chile en Noruega. Una bandera que cruzó el mundo desde el hielo hasta el norte de Europa, como muestra tangible de la vocación tricontinental del país y de su proyección en los océanos Pacífico y Austral. Al final, en esa sala de Oslo se juntaron el pasado y el presente de la exploración antártica de dos naciones latinoamericanas. Ochenta años separan a Chile y a México en sus respectivas primeras veces; pero la jornada dejó algo más claro que la aritmética: lo que de verdad los une es la convicción de que la ciencia, la cooperación y la memoria son los caminos para habitar, comprender y proyectar el continente blanco. Y en ese mapa, una vez más, el punto de partida tiene nombre austral.
La ciencia chilena volvió a hacerse notar en el escenario polar más exigente del planeta. En Oslo se desarrolla por estos días la 12ª Conferencia Científica Abierta del SCAR (Scientific Committee on Antarctic Research), la cita bienal más importante del mundo en investigación antártica, celebrada bajo el lema Diving into Antarctic Science: Making Waves for the Future. Entre plenarias, simposios y cientos de pósters de investigadores de todo el mundo, un trabajo nacional captó la atención de la comunidad científica internacional. Su autor es Nicolás Flores Castañón, estudiante de Doctorado en Ciencias Biomédicas, quien presentó un póster sobre nanopartículas de cobre estabilizadas con exopolisacáridos de bacterias antárticas, investigación desarrollada en Talca. La propuesta busca aprovechar recursos nacionales provenientes de ambientes extremos —como la Antártica— para evaluar la capacidad antioxidante y antibacteriana de estos polisacáridos bacterianos, que además poseen la propiedad de estabilizar nanopartículas metálicas de cobre, un material con reconocido potencial biomédico. Estamos presentando ideas novedosas a partir de recursos nacionales de ambientes extremos para responder a problemáticas de la ciudadanía, resume Flores. El interés fue transversal: por su póster pasaron investigadores del Instituto Milenio BASE, académicos de distintas universidades chilenas y científicos y estudiantes de diversas partes del mundo. El inglés ayudó muchísimo; pudimos exponer con naturalidad y responder al interés de las personas, cuenta. La estadía en Oslo, admite, no ha estado exenta de dificultades, pero la describe como profundamente enriquecedora por la diversidad de miradas que reúne la conferencia: contaminantes antropogénicos, impacto de la huella humana, cambio climático y efecto de las especies invasoras sobre el continente blanco. La única frustración es de las buenas: la agenda desborda y uno queda con sabor a poco al tener que elegir entre exposiciones simultáneas o al no alcanzar a recorrer cada póster de interés. Un eje que Flores subraya con fuerza es la divulgación científica. El fuerte de este año es un juego de cartas de mesa diseñado para acercar la ciencia a colegios, universidades y conferencias, y el equipo se declara abierto a compartir la experiencia en los eventos de divulgación a los que se le invite. La convicción de fondo es clara: que el conocimiento generado en y desde los ambientes extremos del país llegue efectivamente a las aulas y a la comunidad. Detrás de esta línea de trabajo está su tutora doctoral, la Dra. Aparna Banerjee, de la Universidad Autónoma de Chile, quien lo ha guiado desde el pregrado a través de campos tan diversos como la bioinformática, la hortofruticultura y, actualmente, la microbiología extremófila, orientada al potencial antibacteriano y anticancerígeno de exopolisacáridos producidos por aislados de ambientes geotermales. El paso por la conferencia deja en Flores una motivación concreta de cara a la próxima edición del SCAR: presentar de manera oral, sin dejar de invitar a la comunidad a revisar su póster. Esta experiencia ha enriquecido enormemente mi comprensión del mundo científico, afirma. Entre nanopartículas de cobre, bacterias del fin del mundo y un mazo de cartas para divulgar, la ciencia chilena hace olas en la principal cita antártica del planeta, reafirmando que los ambientes extremos del país tienen mucho que aportar al conocimiento —y a la salud— de toda la comunidad.
Conocer la Antártica ya no requiere abrir un libro especializado ni navegar entre decenas de sitios web. Desde hoy, cualquier persona puede acceder gratuitamente a un chatbot disponible en WhatsApp, diseñado para responder preguntas sobre la Antártica, sus ecosistemas y la investigación científica que Chile desarrolla en el continente. La iniciativa, impulsada por el Instituto Milenio BASE , busca acercar el conocimiento antártico a la ciudadanía mediante una plataforma de uso cotidiano. Los usuarios pueden preguntar, por ejemplo, por qué la Antártica es clave para regular el clima del planeta , cómo viven los equipos científicos durante una expedición, cuál es la relación histórica de Chile con este territorio, o resolver dudas sobre el Sistema del Tratado Antártico, que busca cuidar, gobernar y proteger el continente blanco y sus zonas marinas. Las respuestas se entregan a través de un carismático avatar, o personaje de la plataforma, que fue ilustrado por el artista chileno Raúl Matus: un kril antártico, que, mediante un lenguaje cercano y con información basada en evidencia científica, se comunica con los usuarios. “Buscamos desarrollar este chatbot antártico para invitar a las personas, y especialmente a los jóvenes, a conocer más sobre la Antártica. No solo sus investigaciones científicas, sino también su estrecha relación con Chile a través del derecho, la historia, la literatura o incluso el cine”, señala Elie Poulin, académico de la Universidad de Chile y director del Instituto Milenio BASE. Más que un asistente conversacional El proyecto busca convertirse en una puerta de entrada al conocimiento antártico generado desde Chile. “Los contenidos del chatbot nacen de nuestros aprendizajes en ferias científicas, escuelas y encuentros ciudadanos. Incorporamos las dudas, curiosidades y preguntas más frecuentes de las personas sobre la Antártica, junto con visibilizar el conocimiento que se genera desde distintas ciudades de Chile en materia de investigación”, subraya Julieta Orlando, académica de la Universidad de Chile, presidenta de la SOMICH y directora alterna del Instituto Milenio BASE. El desarrollo del chatbot fue posible gracias al apoyo de la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo (ANID), a través del Fondo de Proyección al Medio Externo 2026, y surge a partir del proyecto “Descongela el mito: Chatbot contra la desinformación polar”. Además, la iniciativa realizará talleres y charlas en las ciudades de Santiago, Valdivia, Concepción, Punta Arenas y Puerto Williams para reflexionar sobre mitos y noticias falsas, o inexactas, en torno a la Antártica, alfabetización digital y pensamiento crítico, en compañía de grupos de investigación y docencia del Instituto Milenio BASE y las instituciones respaldantes. Su acceso gratuito ya está disponible a través de WhatsApp y los próximos días la cuenta de Instagram @mileniobase estrenará un concurso para encontrar un nombre al kril antártico protagonista del chatbot que buscará responder todas las preguntas de chilenas y chilenos. Fuente: cooperativaciencia.cl
La necesidad de fortalecer la educación antártica desde las primeras etapas de formación y avanzar hacia una mayor identidad de Magallanes como territorio antártico fueron algunos de los principales temas abordados esta mañana en el programa Buenos Días Región de Polar Comunicaciones, en una conversación que reunió a Magaly Vera, coordinadora de docencia del Centro de Investigación Gaia Antártica (CIGA) de la Universidad de Magallanes, y Edgardo Vega, director ejecutivo de la Fundación Antártica21. La conversación se desarrolló en el marco de los bloques semanales dedicados a la Antártica y al Programa Transforma Antártica de Corfo, instancia que reúne a representantes del ámbito científico, académico, empresarial, educativo y productivo para abordar los desafíos y oportunidades asociados al territorio antártico chileno. Durante el espacio, Magaly Vera destacó el trabajo que desde la Universidad de Magallanes se ha desarrollado para acercar los asuntos antárticos a la comunidad y formar capital humano especializado. Entre las iniciativas mencionó el programa Minor, que permite a estudiantes de distintas carreras acceder a cursos vinculados con la Antártica, y el Diplomado en Asuntos Antárticos, que cuenta con más de 800 personas certificadas desde sus inicios. “Creo que ahí justamente lo que falta es lo que tiene que ver con la educación, la educación antártica. Y a mí me gusta mucho promover como soy el área de docencia. Lo que siento y lo que estoy segura, y es que la educación antártica pueda estar dentro de los currículum dentro de lo formal de la educación formal”, sostuvo Vera. La académica planteó que el desafío no pasa únicamente por incorporar contenidos nuevos al sistema escolar, sino también por entregar herramientas a los docentes para que puedan abordar la temática antártica dentro de los objetivos de aprendizaje existentes. “Desde los más pequeñitos. Desde kinder. Básica media es necesario que el currículum considere estos temas antárticos. Yo sé porque también trabajo en temas de currículum que es difícil que un currículum cambie, pero no es difícil que los profesores lo puedan adaptar ya de acuerdo a los objetivos generales. El problema es que también le falta eso a los profesores, capacitación”, explicó. En esa línea, Vera sostuvo que el desarrollo de capital humano constituye una tarea pendiente y una oportunidad para la región, destacando la disposición de la Universidad de Magallanes para continuar impulsando proyectos de formación de acuerdo con las necesidades territoriales. Una identidad antártica todavía por consolidar Otro de los ejes de la conversación fue la necesidad de que Magallanes no solamente se reconozca administrativamente como una región vinculada a la Antártica, sino que desarrolle una verdadera identidad antártica. “Falta la identificación, sentirnos realmente una ciudad antártica, identificarnos con Antártica porque es efectivo que la gente de Magallanes, si tú le preguntas tienen un vínculo, pero es más bien un vínculo magallánico antártico”, señaló Vera. A su juicio, esta identidad debe ser transversal y constituir una base para iniciativas vinculadas con la ciencia, la educación, el turismo y el desarrollo productivo. En ese sentido, valoró el trabajo desarrollado mediante el Programa Transforma Antártica, donde la identidad antártica ha sido considerada como un componente transversal de la hoja de ruta. “Necesitamos crear esa identidad antártica”, afirmó, destacando que antes de avanzar en distintos proyectos relacionados con el continente blanco, es necesario que la propia comunidad regional conozca y valore su condición de territorio de conexión con la Antártica. Por su parte, Edgardo Vega destacó el trabajo que durante los últimos años ha desarrollado la Fundación Antártica21 en ámbitos como educación, cultura, ciencia, conservación y colaboración, señalando que estas áreas buscan ampliar los impactos positivos que puede generar la actividad antártica en la comunidad local. “Nos hemos dedicado a la educación, a la cultura, a la ciencia, a la conservación y a la colaboración. Son los 5 ejes con los que hemos estado trabajando”, explicó Vega. El director ejecutivo de la fundación coincidió en que la educación y la cultura deben ocupar un lugar transversal en la estrategia regional, especialmente considerando la condición de Magallanes como puerta de entrada hacia la Antártica. “Me alegra mucho que el programa Transforma esté abriendo más oportunidades y potenciando esta área y desde la Fundación, obviamente es muy gustosos aportar”, señaló. Llevar la Antártica a las aulas Vega también puso como ejemplo distintas iniciativas impulsadas por la Fundación Antártica21 para acercar la temática antártica a niños y jóvenes de la región. Entre ellas mencionó AntarKit, programa educativo que actualmente se implementa en establecimientos educacionales de Punta Arenas y Puerto Williams y que contempla 12 desafíos relacionados con el continente blanco. “AntarKit es un programa educativo que está implementándose en 5 establecimientos educacionales aquí en la región, cuatro aquí en la ciudad de Punta Arenas y el Liceo también Donald McIntyre en Puerto Williams”, detalló. El programa contempla además experiencias prácticas, como visitas a laboratorios y espacios científicos, buscando que los estudiantes puedan conocer directamente distintos elementos asociados a la investigación antártica. Vega sostuvo que una de las claves consiste en aprovechar los contenidos que ya contempla el currículum escolar y utilizarlos para abordar fenómenos antárticos. “Antártica ofrece ejemplos espectaculares, muy atractivos para revisar contenidos que hoy día están en el currículum”, afirmó. En esa línea, explicó que materias como gobernanza, democracia o cambio climático pueden ser abordadas utilizando la Antártica como contexto de aprendizaje, evitando necesariamente que la temática sea incorporada como una nueva asignatura o carga adicional. “En vez de que un niño tenga que hablar sobre democracia y sobre sistemas de representación, bueno, estudiar el sistema de gobernanza de la Antártica con el Sistema del Tratado Antártico, que es un ejemplo de gobernanza democrática”, ejemplificó. El rescate de la historia antártica Vega también destacó la importancia de fortalecer el conocimiento de la historia antártica entre las nuevas generaciones, poniendo como ejemplo el rescate de los 22 integrantes de la expedición de Ernest Shackleton, ocurrido hace 110 años con la participación del piloto chileno Luis Pardo y su tripulación. “Yo creo que no debiera haber ningún niño en esta región, ninguna niña en esta región que no sepa que entre el 25 de agosto y el 3 de septiembre hace 110 años ocurrió una de las epopeyas más importantes en el mundo en el tema antártico como es el rescate de los 22 náufragos de Shackleton por parte de un chileno y una tripulación de chilenos”, sostuvo. Para el representante de Antártica21, conocer episodios como este permite comprender que la relación de Magallanes con la Antártica no solamente tiene una dimensión geográfica, sino también histórica y cultural. “Antartizar” la ciudad Durante la conversación también se abordó la posibilidad de reforzar la presencia de la Antártica en los espacios cotidianos de Punta Arenas, desde la señalética y los nombres de calles hasta la oferta turística y comercial. Vega valoró iniciativas municipales orientadas a posicionar a Punta Arenas como ciudad antártica, pero planteó que todavía existen oportunidades para profundizar ese vínculo. “Me parece que todavía hay muchas oportunidades de hacer cosas y aquí se necesita un esfuerzo público privado. Esto no es solo responsable del Estado, también los privados tienen que asumir una responsabilidad de ser una región de Magallanes de Antártica chilena”, manifestó. En ese sentido, propuso que hoteles, restaurantes y otros servicios puedan incorporar elementos que permitan a quienes visitan la zona comprender que Punta Arenas no solamente es un destino asociado a la Patagonia, sino también un territorio conectado con el continente blanco. Magaly Vera complementó esta visión recordando una experiencia de capacitación dirigida a taxistas y conductores de minibuses, quienes tienen un contacto directo con los turistas y pueden transformarse en actores relevantes para transmitir el relato antártico de la ciudad. “Nosotros en esta capacitación, justamente lo que hacíamos era ver que este turista tuviera una experiencia antártica desde la región y estaban justamente los hitos que nosotros podemos ver en el centro de la ciudad. Podíamos hablar de los museos, podían recorrer el mismo Estrecho y verlo con otros ojos”, relató. Para la académica, uno de los desafíos consiste precisamente en articular los distintos elementos existentes en el territorio bajo un relato común. “Tenemos nosotros, pero que están más bien desarticuladas. Le falta como ese relato antártico”, concluyó. La conversación cerró destacando que la educación, la cultura, la ciencia, el turismo y el sector productivo pueden converger en torno a una identidad antártica regional, entendida como una oportunidad para fortalecer el vínculo de Magallanes con el continente blanco y proyectarlo hacia las nuevas generaciones.