Tras varias jornadas de trabajo colaborativo, la Alianza Interuniversitaria Chile Antártico (AICA), finalizó su fase de diseño, consolidando su visión, misión y ejes estratégicos. Este convenio histórico para la educación superior se gestó con la participación de representantes de trece universidades del Consejo de Rectoras y Rectores de las Universidades de Chile (CRUCH) y el Nodo Laboratorio Natural Antártico, conformado por el Instituto Antártico Chileno, la Universidad Austral de Chile, la Universidad de Magallanes y el Instituto Milenio Biodiversidad de Ecosistemas Antárticos y Subantárticos (BASE). Esta alianza de colaboración universitaria tiene como objetivo potenciar las capacidades de Chile para difundir la identidad antártica a toda la sociedad, con foco en áreas como la formación especializada, la articulación curricular y la vinculación territorial. Esto se realizará a través de una red de trabajo que buscará integrar la temática antártica en planes de estudio de carreras no necesariamente del ámbito científico. Este trabajo ha sido impulsado por cuatro mujeres vinculadas al conocimiento antártico: la Dra. Pamela Santibáñez (Universidad de Magallanes), la Dra. Leyla Cárdenas (Universidad Austral de Chile) y la Dra. © Giovaninna Sutherland (BASE), junto a Gabriela Willer, secretaria ejecutiva de AICA y profesional del proyecto Nodo. Para la Decana de la Facultad de Ciencias, Dra. Leyla Cárdenas, esta iniciativa demuestra el interés que tiene el CRUCH en transformar a Chile en un país antártico y también en la formación de las y los estudiantes hacia el conocimiento científico, geopolítico, social y productivo desde una perspectiva antártica. Por su parte, Santibáñez considera que el desafío de AICA no es generar más conocimiento, sino integrarlo mejor. Esta iniciativa propone articular lo que ya existe para que la Antártica forme parte de la formación profesional de manera consistente y con proyección país, creando y expandiendo la identidad antártica, señala. En esa línea, reflexiona que Chile es uno de los siete países reclamantes, uno de los doce firmantes originales del Tratado Antártico, principal puerta de entrada al Continente Blanco y un actor clave en logística y rescate. Además, mantiene una presencia activa en la gobernanza del sistema antártico y una relación histórica, jurídica, geográfica, científica y climática directa con este territorio. Sin embargo, ese posicionamiento contrasta con una realidad incómoda: para gran parte de la ciudadanía percibe a este territorio como un destino remoto, desconocido, ajeno y desconectado de la vida cotidiana de nuestro país, validando la relevancia de esta iniciativa. Sutherland destaca que las instituciones universitarias, como espacios de reflexión orientados al desarrollo de la sociedad, han comprendido la importancia de fortalecer la identidad antártica chilena y su rol formativo desde las aulas, articulándose con una amplia red de conocimiento antártico ya consolidada en el país. Asimismo, la abogada subraya que este enfoque permitirá potenciar el conocimiento austral desde una perspectiva multidisciplinaria. El diagnóstico es consistente: pese a contar con una comunidad científica activa y una posición estratégica privilegiada, el conocimiento antártico permanece encapsulado en la academia, con baja incidencia en la formación profesional y en la cultura general. Frente a esto, AICA no busca generar más investigación, sino articular la existente. Su estrategia se estructura en cuatro ejes: reconocer las capacidades instaladas en las universidades; transformarlas en oferta formativa interuniversitaria; habilitar una red operativa que conecte instituciones; e impactar en la sociedad mediante la expansión de la identidad antártica. Según Willer, el desafío central es avanzar en la implementación de la alianza para el período 2026-2028 con un trabajo coordinado entre las universidades adherentes, donde el compromiso de la secretaría es asegurar que, en estos años, la alianza se transforme en una red colaborativa sólida, que unifique esfuerzos para materializar la visión de un Chile con identidad antártica compartida, indica. El siguiente paso es que las universidades diseñen cursos con temática antártica, generen talleres y creen nuevas instancias de encuentro donde los estudiantes de diversas carreras, no solamente del área científica, aprendan sobre la Antártica y piensen en este territorio como un lugar para su desarrollo profesional, agrega Cárdenas. Se proyecta que la firma del convenio tenga lugar en el territorio antártico con la participación de las y los rectores de las casas de estudio que se adscriban a AICA, momento que, a juicio de Pamela Santibáñez, marcará el inicio de esta nueva etapa, la de transformar el conocimiento en formación y la formación en identidad.
El iceberg A23a, que durante décadas fue el más grande del mundo, está viviendo sus últimas semanas luego de un recorrido de casi 40 años por el océano Austral. A23a se desprendió en 1986 de la plataforma de hielo Filchner, en la Antártica, y permaneció más de 30 años atrapado en el mar de Weddell. Recién en 2020 comenzó a moverse nuevamente, siguiendo las corrientes oceánicas a través de la llamada “calle de los icebergs” hacia el Atlántico Sur. Durante 2025 el iceberg comenzó a reducirse rápidamente debido al desprendimiento de grandes bloques y al contacto con aguas más cálidas. En los últimos meses, científicos han observado grietas y fracturas provocadas por el agua de deshielo que se acumula en su superficie, fenómeno conocido como hidrofractura, que acelera su desintegración. Actualmente, A23a se encuentra muy lejos de la Antártica y expuesto a temperaturas del mar cercanas a los 10 °C, lo que ha acelerado su deterioro. Según investigadores, el iceberg podría desaparecer completamente en cuestión de semanas, aunque su seguimiento ha permitido estudiar cómo el hielo antártico podría reaccionar frente al aumento de las temperaturas en el planeta. Fuente: BBC News
Un reciente estudio liderado por la Universidad de California en Irvine reveló que la Antártica ha perdido más de 12.800 kilómetros cuadrados de costa cubierta por hielo entre 1992 y 2022, evidenciando un retroceso sostenido en distintas zonas del continente. El análisis, basado en imágenes satelitales, muestra que la Antártica Occidental concentra las mayores pérdidas, asociadas principalmente al calentamiento del océano. Según explican los investigadores, la pérdida neta de hielo costero es “significativa y sostenida en el tiempo”, lo que refleja un desequilibrio cada vez más marcado. El glaciólogo Eric Rignot, autor principal del estudio, explicó que “la Antártica es como un globo: no está perforado por todas partes, pero donde lo está, el daño es profundo”. Los expertos advierten que las plataformas de hielo cumplen un rol clave como barrera natural que frena el flujo de los glaciares hacia el mar. Su debilitamiento podría acelerar el aumento del nivel del mar a escala global, reforzando la preocupación científica sobre los efectos del cambio climático en las regiones polares. El estudio subraya la necesidad de mantener un monitoreo constante del hielo antártico, considerando su impacto directo en el equilibrio climático mundial y en las proyecciones futuras del nivel del mar. Fuente: UC Irvine News
En el marco del aniversario 78 de la Base Antártica “General Bernardo O’Higgins Riquelme”, el comandante Carlos Torres Bustos y el mayor Figueroa Ríos, oficial de operaciones del Centro de Asuntos Antárticos del Ejército en Punta Arenas, abordaron el significado de la presencia nacional en la Antártica en el programa Buenos Días Región de Polar Comunicaciones. En la ceremonia del aniversario varios integrantes de la institución ascendieron a un nuevo grado en su carrera profesional y se destacó la colaboración constante con el Centro Aeroespacial Alemán (DLR). Durante la convesación, el comandante Torres explicó que la base desarrolla apoyo a investigaciones científicas coordinadas por el Instituto Antártico Chileno, además de tareas de exploración terrestre, autosustentabilidad y protección ambiental. Por su parte, el mayor Figueroa resaltó el proceso para certificar a la base bajo la norma internacional ISO 14001, vinculada al cuidado del medio ambiente, así como el aporte de capacidades militares como rescate, buceo, exploración y logística, puestas al servicio de la ciencia. Ambos oficiales coincidieron en la importancia del apoyo de las familias del personal desplegado, destacando que, gracias a la tecnología, hoy mantienen comunicación permanente.
El 18 de febrero marca dos fechas clave en la historia antártica chilena. En 1962 fue fundada la Base Yelcho, ubicada en isla Doumer. Su nombre honra a la escampavía “Yelcho”, comandada por el piloto Luis Pardo, quien en 1916 rescató a los náufragos de la expedición del Endurance en la Antártica. Inicialmente administrada por la Armada de Chile, la base fue transferida en 1986 al Instituto Antártico Chileno (INACH). Actualmente constituye una de las plataformas científicas estratégicas del país, con foco en investigaciones marinas y oceanográficas, aportando al conocimiento del ecosistema antártico y al posicionamiento de Chile como actor relevante en ciencia polar. En la misma fecha, pero en 1948, se inauguró la Base General Bernardo O’Higgins Riquelme, la segunda estación permanente establecida por Chile en el Continente Blanco. Administrada por el Ejército de Chile, es la única base nacional con presencia ininterrumpida desde su fundación, consolidándose como un pilar histórico de la proyección antártica del país. En este nuevo aniversario de la Base O’Higgins, se extiende un reconocimiento al Ejército de Chile por su compromiso permanente con la presencia nacional en la Antártica, reafirmando el rol estratégico de Magallanes como puerta de entrada al territorio polar y eje fundamental en la soberanía y la investigación científica en el extremo sur del mundo.
Tras varias jornadas de trabajo colaborativo, la Alianza Interuniversitaria Chile Antártico (AICA), finalizó su fase de diseño, consolidando su visión, misión y ejes estratégicos. Este convenio histórico para la educación superior se gestó con la participación de representantes de trece universidades del Consejo de Rectoras y Rectores de las Universidades de Chile (CRUCH) y el Nodo Laboratorio Natural Antártico, conformado por el Instituto Antártico Chileno, la Universidad Austral de Chile, la Universidad de Magallanes y el Instituto Milenio Biodiversidad de Ecosistemas Antárticos y Subantárticos (BASE). Esta alianza de colaboración universitaria tiene como objetivo potenciar las capacidades de Chile para difundir la identidad antártica a toda la sociedad, con foco en áreas como la formación especializada, la articulación curricular y la vinculación territorial. Esto se realizará a través de una red de trabajo que buscará integrar la temática antártica en planes de estudio de carreras no necesariamente del ámbito científico. Este trabajo ha sido impulsado por cuatro mujeres vinculadas al conocimiento antártico: la Dra. Pamela Santibáñez (Universidad de Magallanes), la Dra. Leyla Cárdenas (Universidad Austral de Chile) y la Dra. © Giovaninna Sutherland (BASE), junto a Gabriela Willer, secretaria ejecutiva de AICA y profesional del proyecto Nodo. Para la Decana de la Facultad de Ciencias, Dra. Leyla Cárdenas, esta iniciativa demuestra el interés que tiene el CRUCH en transformar a Chile en un país antártico y también en la formación de las y los estudiantes hacia el conocimiento científico, geopolítico, social y productivo desde una perspectiva antártica. Por su parte, Santibáñez considera que el desafío de AICA no es generar más conocimiento, sino integrarlo mejor. Esta iniciativa propone articular lo que ya existe para que la Antártica forme parte de la formación profesional de manera consistente y con proyección país, creando y expandiendo la identidad antártica, señala. En esa línea, reflexiona que Chile es uno de los siete países reclamantes, uno de los doce firmantes originales del Tratado Antártico, principal puerta de entrada al Continente Blanco y un actor clave en logística y rescate. Además, mantiene una presencia activa en la gobernanza del sistema antártico y una relación histórica, jurídica, geográfica, científica y climática directa con este territorio. Sin embargo, ese posicionamiento contrasta con una realidad incómoda: para gran parte de la ciudadanía percibe a este territorio como un destino remoto, desconocido, ajeno y desconectado de la vida cotidiana de nuestro país, validando la relevancia de esta iniciativa. Sutherland destaca que las instituciones universitarias, como espacios de reflexión orientados al desarrollo de la sociedad, han comprendido la importancia de fortalecer la identidad antártica chilena y su rol formativo desde las aulas, articulándose con una amplia red de conocimiento antártico ya consolidada en el país. Asimismo, la abogada subraya que este enfoque permitirá potenciar el conocimiento austral desde una perspectiva multidisciplinaria. El diagnóstico es consistente: pese a contar con una comunidad científica activa y una posición estratégica privilegiada, el conocimiento antártico permanece encapsulado en la academia, con baja incidencia en la formación profesional y en la cultura general. Frente a esto, AICA no busca generar más investigación, sino articular la existente. Su estrategia se estructura en cuatro ejes: reconocer las capacidades instaladas en las universidades; transformarlas en oferta formativa interuniversitaria; habilitar una red operativa que conecte instituciones; e impactar en la sociedad mediante la expansión de la identidad antártica. Según Willer, el desafío central es avanzar en la implementación de la alianza para el período 2026-2028 con un trabajo coordinado entre las universidades adherentes, donde el compromiso de la secretaría es asegurar que, en estos años, la alianza se transforme en una red colaborativa sólida, que unifique esfuerzos para materializar la visión de un Chile con identidad antártica compartida, indica. El siguiente paso es que las universidades diseñen cursos con temática antártica, generen talleres y creen nuevas instancias de encuentro donde los estudiantes de diversas carreras, no solamente del área científica, aprendan sobre la Antártica y piensen en este territorio como un lugar para su desarrollo profesional, agrega Cárdenas. Se proyecta que la firma del convenio tenga lugar en el territorio antártico con la participación de las y los rectores de las casas de estudio que se adscriban a AICA, momento que, a juicio de Pamela Santibáñez, marcará el inicio de esta nueva etapa, la de transformar el conocimiento en formación y la formación en identidad.
El iceberg A23a, que durante décadas fue el más grande del mundo, está viviendo sus últimas semanas luego de un recorrido de casi 40 años por el océano Austral. A23a se desprendió en 1986 de la plataforma de hielo Filchner, en la Antártica, y permaneció más de 30 años atrapado en el mar de Weddell. Recién en 2020 comenzó a moverse nuevamente, siguiendo las corrientes oceánicas a través de la llamada “calle de los icebergs” hacia el Atlántico Sur. Durante 2025 el iceberg comenzó a reducirse rápidamente debido al desprendimiento de grandes bloques y al contacto con aguas más cálidas. En los últimos meses, científicos han observado grietas y fracturas provocadas por el agua de deshielo que se acumula en su superficie, fenómeno conocido como hidrofractura, que acelera su desintegración. Actualmente, A23a se encuentra muy lejos de la Antártica y expuesto a temperaturas del mar cercanas a los 10 °C, lo que ha acelerado su deterioro. Según investigadores, el iceberg podría desaparecer completamente en cuestión de semanas, aunque su seguimiento ha permitido estudiar cómo el hielo antártico podría reaccionar frente al aumento de las temperaturas en el planeta. Fuente: BBC News
Un reciente estudio liderado por la Universidad de California en Irvine reveló que la Antártica ha perdido más de 12.800 kilómetros cuadrados de costa cubierta por hielo entre 1992 y 2022, evidenciando un retroceso sostenido en distintas zonas del continente. El análisis, basado en imágenes satelitales, muestra que la Antártica Occidental concentra las mayores pérdidas, asociadas principalmente al calentamiento del océano. Según explican los investigadores, la pérdida neta de hielo costero es “significativa y sostenida en el tiempo”, lo que refleja un desequilibrio cada vez más marcado. El glaciólogo Eric Rignot, autor principal del estudio, explicó que “la Antártica es como un globo: no está perforado por todas partes, pero donde lo está, el daño es profundo”. Los expertos advierten que las plataformas de hielo cumplen un rol clave como barrera natural que frena el flujo de los glaciares hacia el mar. Su debilitamiento podría acelerar el aumento del nivel del mar a escala global, reforzando la preocupación científica sobre los efectos del cambio climático en las regiones polares. El estudio subraya la necesidad de mantener un monitoreo constante del hielo antártico, considerando su impacto directo en el equilibrio climático mundial y en las proyecciones futuras del nivel del mar. Fuente: UC Irvine News
En el marco del aniversario 78 de la Base Antártica “General Bernardo O’Higgins Riquelme”, el comandante Carlos Torres Bustos y el mayor Figueroa Ríos, oficial de operaciones del Centro de Asuntos Antárticos del Ejército en Punta Arenas, abordaron el significado de la presencia nacional en la Antártica en el programa Buenos Días Región de Polar Comunicaciones. En la ceremonia del aniversario varios integrantes de la institución ascendieron a un nuevo grado en su carrera profesional y se destacó la colaboración constante con el Centro Aeroespacial Alemán (DLR). Durante la convesación, el comandante Torres explicó que la base desarrolla apoyo a investigaciones científicas coordinadas por el Instituto Antártico Chileno, además de tareas de exploración terrestre, autosustentabilidad y protección ambiental. Por su parte, el mayor Figueroa resaltó el proceso para certificar a la base bajo la norma internacional ISO 14001, vinculada al cuidado del medio ambiente, así como el aporte de capacidades militares como rescate, buceo, exploración y logística, puestas al servicio de la ciencia. Ambos oficiales coincidieron en la importancia del apoyo de las familias del personal desplegado, destacando que, gracias a la tecnología, hoy mantienen comunicación permanente.
El 18 de febrero marca dos fechas clave en la historia antártica chilena. En 1962 fue fundada la Base Yelcho, ubicada en isla Doumer. Su nombre honra a la escampavía “Yelcho”, comandada por el piloto Luis Pardo, quien en 1916 rescató a los náufragos de la expedición del Endurance en la Antártica. Inicialmente administrada por la Armada de Chile, la base fue transferida en 1986 al Instituto Antártico Chileno (INACH). Actualmente constituye una de las plataformas científicas estratégicas del país, con foco en investigaciones marinas y oceanográficas, aportando al conocimiento del ecosistema antártico y al posicionamiento de Chile como actor relevante en ciencia polar. En la misma fecha, pero en 1948, se inauguró la Base General Bernardo O’Higgins Riquelme, la segunda estación permanente establecida por Chile en el Continente Blanco. Administrada por el Ejército de Chile, es la única base nacional con presencia ininterrumpida desde su fundación, consolidándose como un pilar histórico de la proyección antártica del país. En este nuevo aniversario de la Base O’Higgins, se extiende un reconocimiento al Ejército de Chile por su compromiso permanente con la presencia nacional en la Antártica, reafirmando el rol estratégico de Magallanes como puerta de entrada al territorio polar y eje fundamental en la soberanía y la investigación científica en el extremo sur del mundo.