Después de más de una década de silencio, los ecos de los golpes contra la lona y el rugir de la jaula volvieron a resonar en la ciudad más austral de Chile. El evento Patagonia Fight: Noche de Promesas, celebrado el pasado 1 de noviembre de 2025 en el Gimnasio del Liceo San José de Punta Arenas, marcó un hito histórico para Magallanes: el retorno oficial de las Artes Marciales Mixtas (MMA). Esta vez, el regreso fue sobre una nueva jaula hexagonal, bastante más grande e imponente que la que vimos en este mismo certamen entre los años 2012 y 2013. Sin embargo, este renacimiento me dejó con una sensación agridulce que merece un análisis más concreto. Es imperativo realizar una crítica constructiva sobre la respuesta del público. Si bien el entusiasmo creció a medida que avanzaba cada combate, pude percibir una tensión entre la expectación por el regreso de estos eventos y una vieja indiferencia; esa apatía de quienes aún no terminan de dimensionar la magnitud del escenario, el nivel de los competidores y el enorme esfuerzo organizativo que requiere un despliegue de este tipo. Parece que, tras más de diez años de ausencia, el espectador magallánico promedio de artes marciales ha olvidado —o quizás nunca aprendió— a valorar la técnica por sobre la carnicería. Esta desconexión explica, en gran medida, los espacios vacíos que hubo en las gradas, lo cual fue una sorpresa para mí, debido a que el Patagonia Fight siempre ha llenado el San José. Entiendo que en un evento de carácter amateur, donde el uso de protecciones es una norma de seguridad innegociable, parte de la audiencia pudo haber extrañado la «sangre», ignorando la pulcritud y la estrategia de los nuevos atletas que subieron a demostrar lo aprendido en sus escuelas. Vivimos actualmente en una cultura deportiva donde la «gente común» suele buscar el morbo y el intercambio desmedido. No obstante, el uso de protecciones fue una constante necesaria para salvaguardar la integridad de los deportistas. Para el ojo no entrenado, esto puede parecer «menos real», pero para quienes entendemos el deporte, es la base fundamental. No podemos exigir gladiadores profesionales si no estamos dispuestos a apoyar el proceso de formación de nuestro talento local, sobre todo en esta zona extrema donde las oportunidades son escasas. Y es precisamente ahí donde reside el mayor triunfo del evento. Es emocionante rescatar el trabajo impecable de academias como Frontal Dojo, Dojo Impacto, Dr. Jiu-Jitsu, Dojo Aonikenk y, por supuesto, el Team Ulloa Yakuza MMA. Desde la mesa de transmisiones fui testigo de combates de un ritmo incesante: desde el fulminante knockout de Diego Zapata hasta la resiliencia técnica del joven Christofer Zúñiga y la espectacular sumisión por triángulo de Simón González. La juventud chilena y los invitados internacionales demostraron que el nivel técnico está creciendo, con el enfoque puesto en la disciplina y la superación. Este evento no es un hecho aislado, sino el principio de un camino ambicioso. El retorno del Patagonia Fight es fruto del esfuerzo del Team Ulloa, encabezado por la visión del maestro Mauricio Ulloa Mensing y el profesor Ariel Reinuaba, junto a un equipo organizativo que ha decidido no bajar los brazos para potenciar a las nuevas promesas. El objetivo es claro: consolidar una base sólida de competidores que no solo llenen gimnasios, sino que proyecten el nombre de Punta Arenas hacia lo más alto del nivel profesional en Chile y en los circuitos internacionales. La jaula ha vuelto para quedarse en la zona más austral del mundo; ahora nos toca a nosotros, como público y comunidad, estar a la altura de sus guerreros. Fotografía Daniza Yañez @dayanezg Fuente: mmateam.org
En el programa Buenos Días Región de Polar Comunicaciones, Adalberto “Beto” Pérez, practicante, competidor y maestro de Jiu Jitsu Brasileño (BJJ), conversó con la audiencia para informar sobre su trayectoria deportiva y el desarrollo de esta disciplina en Punta Arenas y la Región de Magallanes. Pérez comenzó a entrenar Jiu Jitsu Brasileño a los 17 años y desde 2017 se encuentra radicado en Magallanes, donde no solo ha continuado su carrera competitiva, sino que también ha asumido un rol formativo, impartiendo clases particulares y transmitiendo su experiencia a nuevos practicantes de la zona. A lo largo de su carrera, Adalberto “Beto” Pérez ha obtenido importantes resultados a nivel nacional e internacional, destacando títulos como Campeón ADCC, Campeón peso y absoluto SP IBJJF Open, y Campeón Panamericano CBJJE en peso y absoluto, logros que reflejan su alto nivel competitivo y disciplina deportiva. Durante la conversación, el deportista resaltó la importancia de la constancia, el entrenamiento y la formación de nuevos talentos, subrayando que desde Punta Arenas es posible proyectarse y competir al más alto nivel en el Jiu Jitsu Brasileño. Quienes deseen conocer más sobre su trabajo deportivo y seguir su carrera pueden encontrarlo en Instagram bajo el usuario @betoo_bj, donde comparte parte de su día a día, entrenamientos y competencias.
Después de más de una década de silencio, los ecos de los golpes contra la lona y el rugir de la jaula volvieron a resonar en la ciudad más austral de Chile. El evento Patagonia Fight: Noche de Promesas, celebrado el pasado 1 de noviembre de 2025 en el Gimnasio del Liceo San José de Punta Arenas, marcó un hito histórico para Magallanes: el retorno oficial de las Artes Marciales Mixtas (MMA). Esta vez, el regreso fue sobre una nueva jaula hexagonal, bastante más grande e imponente que la que vimos en este mismo certamen entre los años 2012 y 2013. Sin embargo, este renacimiento me dejó con una sensación agridulce que merece un análisis más concreto. Es imperativo realizar una crítica constructiva sobre la respuesta del público. Si bien el entusiasmo creció a medida que avanzaba cada combate, pude percibir una tensión entre la expectación por el regreso de estos eventos y una vieja indiferencia; esa apatía de quienes aún no terminan de dimensionar la magnitud del escenario, el nivel de los competidores y el enorme esfuerzo organizativo que requiere un despliegue de este tipo. Parece que, tras más de diez años de ausencia, el espectador magallánico promedio de artes marciales ha olvidado —o quizás nunca aprendió— a valorar la técnica por sobre la carnicería. Esta desconexión explica, en gran medida, los espacios vacíos que hubo en las gradas, lo cual fue una sorpresa para mí, debido a que el Patagonia Fight siempre ha llenado el San José. Entiendo que en un evento de carácter amateur, donde el uso de protecciones es una norma de seguridad innegociable, parte de la audiencia pudo haber extrañado la «sangre», ignorando la pulcritud y la estrategia de los nuevos atletas que subieron a demostrar lo aprendido en sus escuelas. Vivimos actualmente en una cultura deportiva donde la «gente común» suele buscar el morbo y el intercambio desmedido. No obstante, el uso de protecciones fue una constante necesaria para salvaguardar la integridad de los deportistas. Para el ojo no entrenado, esto puede parecer «menos real», pero para quienes entendemos el deporte, es la base fundamental. No podemos exigir gladiadores profesionales si no estamos dispuestos a apoyar el proceso de formación de nuestro talento local, sobre todo en esta zona extrema donde las oportunidades son escasas. Y es precisamente ahí donde reside el mayor triunfo del evento. Es emocionante rescatar el trabajo impecable de academias como Frontal Dojo, Dojo Impacto, Dr. Jiu-Jitsu, Dojo Aonikenk y, por supuesto, el Team Ulloa Yakuza MMA. Desde la mesa de transmisiones fui testigo de combates de un ritmo incesante: desde el fulminante knockout de Diego Zapata hasta la resiliencia técnica del joven Christofer Zúñiga y la espectacular sumisión por triángulo de Simón González. La juventud chilena y los invitados internacionales demostraron que el nivel técnico está creciendo, con el enfoque puesto en la disciplina y la superación. Este evento no es un hecho aislado, sino el principio de un camino ambicioso. El retorno del Patagonia Fight es fruto del esfuerzo del Team Ulloa, encabezado por la visión del maestro Mauricio Ulloa Mensing y el profesor Ariel Reinuaba, junto a un equipo organizativo que ha decidido no bajar los brazos para potenciar a las nuevas promesas. El objetivo es claro: consolidar una base sólida de competidores que no solo llenen gimnasios, sino que proyecten el nombre de Punta Arenas hacia lo más alto del nivel profesional en Chile y en los circuitos internacionales. La jaula ha vuelto para quedarse en la zona más austral del mundo; ahora nos toca a nosotros, como público y comunidad, estar a la altura de sus guerreros. Fotografía Daniza Yañez @dayanezg Fuente: mmateam.org
En el programa Buenos Días Región de Polar Comunicaciones, Adalberto “Beto” Pérez, practicante, competidor y maestro de Jiu Jitsu Brasileño (BJJ), conversó con la audiencia para informar sobre su trayectoria deportiva y el desarrollo de esta disciplina en Punta Arenas y la Región de Magallanes. Pérez comenzó a entrenar Jiu Jitsu Brasileño a los 17 años y desde 2017 se encuentra radicado en Magallanes, donde no solo ha continuado su carrera competitiva, sino que también ha asumido un rol formativo, impartiendo clases particulares y transmitiendo su experiencia a nuevos practicantes de la zona. A lo largo de su carrera, Adalberto “Beto” Pérez ha obtenido importantes resultados a nivel nacional e internacional, destacando títulos como Campeón ADCC, Campeón peso y absoluto SP IBJJF Open, y Campeón Panamericano CBJJE en peso y absoluto, logros que reflejan su alto nivel competitivo y disciplina deportiva. Durante la conversación, el deportista resaltó la importancia de la constancia, el entrenamiento y la formación de nuevos talentos, subrayando que desde Punta Arenas es posible proyectarse y competir al más alto nivel en el Jiu Jitsu Brasileño. Quienes deseen conocer más sobre su trabajo deportivo y seguir su carrera pueden encontrarlo en Instagram bajo el usuario @betoo_bj, donde comparte parte de su día a día, entrenamientos y competencias.