Un equipo multidisciplinario de Chile y el mundo liderado por Rewilding Chile dio inicio a una de las investigaciones marinas más ambiciosas realizadas en el país: el Megatransecto Patagonia. A través de seis expediciones a lo largo de dos años, se recorrerán más de 1.200 kilómetros entre el Golfo de Corcovado hasta el Cabo de Hornos, con el objetivo de estudiar y proteger un ecosistema muy poco conocido: los bosques de Macrocystis pyrifera, algas gigantes conocidas como huiro, que pueden alcanzar hasta 80 metros de altura. Los bosques de macroalgas son reconocidos como uno de los sumideros naturales de carbono más eficientes del planeta, con capacidad para almacenar hasta 20 veces más carbono que los bosques terrestres, función clave para mitigar los impactos del cambio climático. Mathias Hüne, Director del Programa Marino de Rewilding Chile, explicó que luego de las tres primeras expediciones realizadas se ha podido comprobar que el ecosistema de fiordos y canales de la Patagonia es un refugio climático global para estos bosques, los cuales han desaparecido hasta en un 90% en algunas regiones del mundo. Sin embargo, hemos detectado amenazas como la presencia de la anémona invasora Metridium senile, que rápidamente se expande disminuyendo el hábitat del huiro. Incluso fuimos testigos de la desaparición de un bosque que había sido registrado con imágenes satelitales hace dos años, situaciones que nos sitúan en una carrera contra el tiempo para proteger estos valiosos ecosistemas. Utilizando tecnología avanzada para el registro de la biodiversidad submarina, como ADN ambiental y fotocuadrantes submarinos, los científicos trabajan para caracterizar especies, identificar hotspots de biodiversidad y medir la capacidad de estos bosques para absorber y almacenar dióxido de carbono, conocido como carbono azul. En total, tomarán muestras en más de 90 sitios, se realizarán más de 180 transectos de buceo científico y más de 7.200 fotocuadrantes submarinos que abordarán distintos tipos de ecosistemas, desde los canales y fiordos, hasta las islas expuestas al océano. Carolina Morgado, Directora ejecutiva de Rewilding Chile, explicó: Con el Megatransecto Patagonia buscamos obtener información inédita para comprender los ecosistemas de los bosques de macroalgas. Serán datos claves para impulsar proyectos de conservación, porque para proteger primero debemos conocer. Lo que midamos aquí puede redefinir el rol que cumple el mar de la Patagonia en la mitigación del cambio climático. Actualmente, el equipo se encuentra analizando la información obtenida durante las primeras expediciones, data que será publicada en diversas revistas científicas y quedará disponible a través del Sistema Global de Información sobre Biodiversidad (GBIF), administrado en Chile por el Ministerio del Medio Ambiente. Una expedición científica con raíces históricas A casi 200 años de los primeros registros realizados por Charles Darwin a bordo del Beagle —y más de 50 años después de que el destacado ecólogo marino, Paul Dayton, realizara las primeras observaciones submarinas de estos bosques—, un nuevo equipo de científicos continúa la travesía inspirado en el legendario Megatransecto Africano del renombrado explorador de National Geographic, Michael Fay, quien contribuyó a la creación de una red de parques nacionales en África. Partners internacionales que apoyan la iniciativa incluyen a Ecological Restoration Fund y The Plum Foundation. Junto al equipo científico de Rewilding Chile —liderado por el director del Programa Marino, Mathias Hüne, e integrado por los expertos Mauricio Palacios y Jonathan Poblete— colaboran diversos especialistas, tales como Iván Gómez de la Universidad Austral; Alejandra Mora de la Universidad de Victoria (Canadá); Julieta Kaminsky, del Centro Austral de Investigaciones Científicas (Argentina), y Albert Pessarrodona, de la Universidad de Western Australia. Megatransecto Patagonia busca generar la evidencia científica necesaria para impulsar la creación de áreas marinas protegidas en el sur de Chile. Cada inmersión, con miles de fotografías submarinas, construirá un registro sin precedentes de uno de los bosques submarinos más resilientes del planeta.
Un interesante espacio de discusión se efectuó en el Domo Centro de Investigación GAIA Antártica, de la Universidad de Magallanes (UMAG), cuando se realizó el taller: ¿Cómo impacta la ganadería a los bosques subantárticos de Patagonia?, que reunió a investigadores y estudiantes sobre una realidad que incluye a las regiones de Aysén y de Magallanes. El encuentro organizado por el Nodo Laboratorio Natural Subantártico, contó con la presencia de su directora, la Dra. Laura Sánchez Jardón, académica de la UMAG y del Centro Internacional Cabo de Hornos (CHIC), al igual que, el Dr. Ramiro Bustamante, del Instituto de Ecología y Biodiversidad (IEB) Chile y académico de la Universidad de Chile. Ambos investigadores realizaron sus presentaciones dando cuenta de esta problemática, con ejemplos de sus estudios en el norte de la Patagonia, como en el bosque subantártico de isla Navarino, en Puerto Williams. Sucede que las vacas pastorean a lo largo de todo el territorio, no hay un manejo regulado, ni cuidado por la regeneración del bosque, o la conservación propia de las especies nativas del bosque. La investigación que se ha realizado en Aysén y Magallanes es bien reducida, tenemos más antecedentes de estos procesos en la Patagonia Argentina, hemos aprendido y nos queda mucho por descubrir en los ecosistemas de bosques chilenos subantárticos, detalló Sánchez. El taller se enmarca en las acciones del Nodo para acercar a la comunidad científica con el resto de la sociedad. La propuesta destacó por su enfoque participativo, que facilitó el diálogo y la co-construcción de preguntas de investigación basadas en la experiencia de quienes habitan el territorio subantártico, reconociendo el valor del conocimiento local para identificar vacíos de información y orientar futuras investigaciones. Este diálogo enriqueció la comprensión de los impactos de la ganadería y fortaleció el vínculo entre ciencia y comunidad.
Investigadores de Chile, Suiza, Nueva Zelanda y China realizaron un hallazgo clave: en la Antártica Occidental había bosques de Nothofagus hace 21 millones de años, mucho más tarde de lo que se pensaba. Hasta ahora se estimaba que estos bosques habían desaparecido hace 34 millones de años tras la Transición Eoceno–Oligoceno, pero el equipo, encabezado por el Dr. Marcelo Leppe, académico del Centro GEMA, Genómica, Ecología y Medio Ambiente de la Universidad Mayor y Joaquín Bastías-Silva, de la Universidad de Ginebra, encontró impresiones fósiles de hojas en la Formación Cabo Melville, en la isla Rey Jorge, que datan del Mioceno temprano. El estudio, que combina geocronología U–Pb en circones, paleobotánica y estratigrafía, demostró que estos bosques tipo tundra persistieron en la región mucho después de la gran glaciación, reescribiendo la historia ecológica del continente blanco. Un linaje con años de historia Los primeros bosques de Nothofagus en la Antártica datan de 83–87 millones de años, mientras que estos nuevos fósiles corresponden a los últimos bosques antárticos, desaparecidos hace cerca de 21 millones de años, cuando el manto de hielo terminó por cubrir completamente la región. Este linaje, remanente del supercontinente Gondwana, sobrevivió eventos globales como extinciones masivas, impactos de meteoritos, volcanismo y bruscos descensos de temperatura. Desde la Antártica, Nothofagus logró dispersarse hacia Sudamérica, Australia, Nueva Zelanda y Nueva Caledonia, origen de los bosques que hoy dominan gran parte del territorio chileno. “Comprender cuándo y cómo desaparecieron los bosques antárticos es clave para entender una de las mayores transformaciones del paisaje planetario: la glaciación final de Antártica”, comentó el Dr. Leppe. ¿Cómo persistieron los bosques? Estos fósiles sugieren que los bosques de Nothofagus recolonizaron la Antártica Occidental durante periodos de calentamiento intermitente. Pero la distancia con la Patagonia y la baja dispersión marítima vuelve este escenario menos probable. La otra hipótesis es que sobrevivieron en refugios glaciales, pequeñas áreas sin hielo, lo que cobra fuerza dado que las semillas de Nothofagus no toleran el agua salada, lo que dificulta la dispersión oceánica. Desafíos “Con el deshielo antártico, las áreas cubiertas por hielo están retrocediendo y dejando rocas desnudas, con un registro fósil que debemos observar atentamente”, señala el Dr. Leppe. Para el investigador, estos datos del pasado son fundamentales para anticipar la sensibilidad del hielo antártico frente al calentamiento global actual. Además, advierte que con escenarios de calentamiento acelerado, “no es imposible que en pocas décadas la Antártica vuelva a ofrecer condiciones similares a las del Mioceno, e incluso permitir nuevamente el crecimiento de árboles”. Este hallazgo revela una flora extraordinariamente resiliente, capaz de soportar cambios extremos durante millones de años, y aporta una nueva perspectiva para comprender la evolución de los bosques chilenos. Fuente: diariomayor.cl
Un equipo multidisciplinario de Chile y el mundo liderado por Rewilding Chile dio inicio a una de las investigaciones marinas más ambiciosas realizadas en el país: el Megatransecto Patagonia. A través de seis expediciones a lo largo de dos años, se recorrerán más de 1.200 kilómetros entre el Golfo de Corcovado hasta el Cabo de Hornos, con el objetivo de estudiar y proteger un ecosistema muy poco conocido: los bosques de Macrocystis pyrifera, algas gigantes conocidas como huiro, que pueden alcanzar hasta 80 metros de altura. Los bosques de macroalgas son reconocidos como uno de los sumideros naturales de carbono más eficientes del planeta, con capacidad para almacenar hasta 20 veces más carbono que los bosques terrestres, función clave para mitigar los impactos del cambio climático. Mathias Hüne, Director del Programa Marino de Rewilding Chile, explicó que luego de las tres primeras expediciones realizadas se ha podido comprobar que el ecosistema de fiordos y canales de la Patagonia es un refugio climático global para estos bosques, los cuales han desaparecido hasta en un 90% en algunas regiones del mundo. Sin embargo, hemos detectado amenazas como la presencia de la anémona invasora Metridium senile, que rápidamente se expande disminuyendo el hábitat del huiro. Incluso fuimos testigos de la desaparición de un bosque que había sido registrado con imágenes satelitales hace dos años, situaciones que nos sitúan en una carrera contra el tiempo para proteger estos valiosos ecosistemas. Utilizando tecnología avanzada para el registro de la biodiversidad submarina, como ADN ambiental y fotocuadrantes submarinos, los científicos trabajan para caracterizar especies, identificar hotspots de biodiversidad y medir la capacidad de estos bosques para absorber y almacenar dióxido de carbono, conocido como carbono azul. En total, tomarán muestras en más de 90 sitios, se realizarán más de 180 transectos de buceo científico y más de 7.200 fotocuadrantes submarinos que abordarán distintos tipos de ecosistemas, desde los canales y fiordos, hasta las islas expuestas al océano. Carolina Morgado, Directora ejecutiva de Rewilding Chile, explicó: Con el Megatransecto Patagonia buscamos obtener información inédita para comprender los ecosistemas de los bosques de macroalgas. Serán datos claves para impulsar proyectos de conservación, porque para proteger primero debemos conocer. Lo que midamos aquí puede redefinir el rol que cumple el mar de la Patagonia en la mitigación del cambio climático. Actualmente, el equipo se encuentra analizando la información obtenida durante las primeras expediciones, data que será publicada en diversas revistas científicas y quedará disponible a través del Sistema Global de Información sobre Biodiversidad (GBIF), administrado en Chile por el Ministerio del Medio Ambiente. Una expedición científica con raíces históricas A casi 200 años de los primeros registros realizados por Charles Darwin a bordo del Beagle —y más de 50 años después de que el destacado ecólogo marino, Paul Dayton, realizara las primeras observaciones submarinas de estos bosques—, un nuevo equipo de científicos continúa la travesía inspirado en el legendario Megatransecto Africano del renombrado explorador de National Geographic, Michael Fay, quien contribuyó a la creación de una red de parques nacionales en África. Partners internacionales que apoyan la iniciativa incluyen a Ecological Restoration Fund y The Plum Foundation. Junto al equipo científico de Rewilding Chile —liderado por el director del Programa Marino, Mathias Hüne, e integrado por los expertos Mauricio Palacios y Jonathan Poblete— colaboran diversos especialistas, tales como Iván Gómez de la Universidad Austral; Alejandra Mora de la Universidad de Victoria (Canadá); Julieta Kaminsky, del Centro Austral de Investigaciones Científicas (Argentina), y Albert Pessarrodona, de la Universidad de Western Australia. Megatransecto Patagonia busca generar la evidencia científica necesaria para impulsar la creación de áreas marinas protegidas en el sur de Chile. Cada inmersión, con miles de fotografías submarinas, construirá un registro sin precedentes de uno de los bosques submarinos más resilientes del planeta.
Un interesante espacio de discusión se efectuó en el Domo Centro de Investigación GAIA Antártica, de la Universidad de Magallanes (UMAG), cuando se realizó el taller: ¿Cómo impacta la ganadería a los bosques subantárticos de Patagonia?, que reunió a investigadores y estudiantes sobre una realidad que incluye a las regiones de Aysén y de Magallanes. El encuentro organizado por el Nodo Laboratorio Natural Subantártico, contó con la presencia de su directora, la Dra. Laura Sánchez Jardón, académica de la UMAG y del Centro Internacional Cabo de Hornos (CHIC), al igual que, el Dr. Ramiro Bustamante, del Instituto de Ecología y Biodiversidad (IEB) Chile y académico de la Universidad de Chile. Ambos investigadores realizaron sus presentaciones dando cuenta de esta problemática, con ejemplos de sus estudios en el norte de la Patagonia, como en el bosque subantártico de isla Navarino, en Puerto Williams. Sucede que las vacas pastorean a lo largo de todo el territorio, no hay un manejo regulado, ni cuidado por la regeneración del bosque, o la conservación propia de las especies nativas del bosque. La investigación que se ha realizado en Aysén y Magallanes es bien reducida, tenemos más antecedentes de estos procesos en la Patagonia Argentina, hemos aprendido y nos queda mucho por descubrir en los ecosistemas de bosques chilenos subantárticos, detalló Sánchez. El taller se enmarca en las acciones del Nodo para acercar a la comunidad científica con el resto de la sociedad. La propuesta destacó por su enfoque participativo, que facilitó el diálogo y la co-construcción de preguntas de investigación basadas en la experiencia de quienes habitan el territorio subantártico, reconociendo el valor del conocimiento local para identificar vacíos de información y orientar futuras investigaciones. Este diálogo enriqueció la comprensión de los impactos de la ganadería y fortaleció el vínculo entre ciencia y comunidad.
Investigadores de Chile, Suiza, Nueva Zelanda y China realizaron un hallazgo clave: en la Antártica Occidental había bosques de Nothofagus hace 21 millones de años, mucho más tarde de lo que se pensaba. Hasta ahora se estimaba que estos bosques habían desaparecido hace 34 millones de años tras la Transición Eoceno–Oligoceno, pero el equipo, encabezado por el Dr. Marcelo Leppe, académico del Centro GEMA, Genómica, Ecología y Medio Ambiente de la Universidad Mayor y Joaquín Bastías-Silva, de la Universidad de Ginebra, encontró impresiones fósiles de hojas en la Formación Cabo Melville, en la isla Rey Jorge, que datan del Mioceno temprano. El estudio, que combina geocronología U–Pb en circones, paleobotánica y estratigrafía, demostró que estos bosques tipo tundra persistieron en la región mucho después de la gran glaciación, reescribiendo la historia ecológica del continente blanco. Un linaje con años de historia Los primeros bosques de Nothofagus en la Antártica datan de 83–87 millones de años, mientras que estos nuevos fósiles corresponden a los últimos bosques antárticos, desaparecidos hace cerca de 21 millones de años, cuando el manto de hielo terminó por cubrir completamente la región. Este linaje, remanente del supercontinente Gondwana, sobrevivió eventos globales como extinciones masivas, impactos de meteoritos, volcanismo y bruscos descensos de temperatura. Desde la Antártica, Nothofagus logró dispersarse hacia Sudamérica, Australia, Nueva Zelanda y Nueva Caledonia, origen de los bosques que hoy dominan gran parte del territorio chileno. “Comprender cuándo y cómo desaparecieron los bosques antárticos es clave para entender una de las mayores transformaciones del paisaje planetario: la glaciación final de Antártica”, comentó el Dr. Leppe. ¿Cómo persistieron los bosques? Estos fósiles sugieren que los bosques de Nothofagus recolonizaron la Antártica Occidental durante periodos de calentamiento intermitente. Pero la distancia con la Patagonia y la baja dispersión marítima vuelve este escenario menos probable. La otra hipótesis es que sobrevivieron en refugios glaciales, pequeñas áreas sin hielo, lo que cobra fuerza dado que las semillas de Nothofagus no toleran el agua salada, lo que dificulta la dispersión oceánica. Desafíos “Con el deshielo antártico, las áreas cubiertas por hielo están retrocediendo y dejando rocas desnudas, con un registro fósil que debemos observar atentamente”, señala el Dr. Leppe. Para el investigador, estos datos del pasado son fundamentales para anticipar la sensibilidad del hielo antártico frente al calentamiento global actual. Además, advierte que con escenarios de calentamiento acelerado, “no es imposible que en pocas décadas la Antártica vuelva a ofrecer condiciones similares a las del Mioceno, e incluso permitir nuevamente el crecimiento de árboles”. Este hallazgo revela una flora extraordinariamente resiliente, capaz de soportar cambios extremos durante millones de años, y aporta una nueva perspectiva para comprender la evolución de los bosques chilenos. Fuente: diariomayor.cl