Un interesante espacio de discusión se efectuó en el Domo Centro de Investigación GAIA Antártica, de la Universidad de Magallanes (UMAG), cuando se realizó el taller: ¿Cómo impacta la ganadería a los bosques subantárticos de Patagonia?, que reunió a investigadores y estudiantes sobre una realidad que incluye a las regiones de Aysén y de Magallanes. El encuentro organizado por el Nodo Laboratorio Natural Subantártico, contó con la presencia de su directora, la Dra. Laura Sánchez Jardón, académica de la UMAG y del Centro Internacional Cabo de Hornos (CHIC), al igual que, el Dr. Ramiro Bustamante, del Instituto de Ecología y Biodiversidad (IEB) Chile y académico de la Universidad de Chile. Ambos investigadores realizaron sus presentaciones dando cuenta de esta problemática, con ejemplos de sus estudios en el norte de la Patagonia, como en el bosque subantártico de isla Navarino, en Puerto Williams. Sucede que las vacas pastorean a lo largo de todo el territorio, no hay un manejo regulado, ni cuidado por la regeneración del bosque, o la conservación propia de las especies nativas del bosque. La investigación que se ha realizado en Aysén y Magallanes es bien reducida, tenemos más antecedentes de estos procesos en la Patagonia Argentina, hemos aprendido y nos queda mucho por descubrir en los ecosistemas de bosques chilenos subantárticos, detalló Sánchez. El taller se enmarca en las acciones del Nodo para acercar a la comunidad científica con el resto de la sociedad. La propuesta destacó por su enfoque participativo, que facilitó el diálogo y la co-construcción de preguntas de investigación basadas en la experiencia de quienes habitan el territorio subantártico, reconociendo el valor del conocimiento local para identificar vacíos de información y orientar futuras investigaciones. Este diálogo enriqueció la comprensión de los impactos de la ganadería y fortaleció el vínculo entre ciencia y comunidad.
Investigadores de Chile, Suiza, Nueva Zelanda y China realizaron un hallazgo clave: en la Antártica Occidental había bosques de Nothofagus hace 21 millones de años, mucho más tarde de lo que se pensaba. Hasta ahora se estimaba que estos bosques habían desaparecido hace 34 millones de años tras la Transición Eoceno–Oligoceno, pero el equipo, encabezado por el Dr. Marcelo Leppe, académico del Centro GEMA, Genómica, Ecología y Medio Ambiente de la Universidad Mayor y Joaquín Bastías-Silva, de la Universidad de Ginebra, encontró impresiones fósiles de hojas en la Formación Cabo Melville, en la isla Rey Jorge, que datan del Mioceno temprano. El estudio, que combina geocronología U–Pb en circones, paleobotánica y estratigrafía, demostró que estos bosques tipo tundra persistieron en la región mucho después de la gran glaciación, reescribiendo la historia ecológica del continente blanco. Un linaje con años de historia Los primeros bosques de Nothofagus en la Antártica datan de 83–87 millones de años, mientras que estos nuevos fósiles corresponden a los últimos bosques antárticos, desaparecidos hace cerca de 21 millones de años, cuando el manto de hielo terminó por cubrir completamente la región. Este linaje, remanente del supercontinente Gondwana, sobrevivió eventos globales como extinciones masivas, impactos de meteoritos, volcanismo y bruscos descensos de temperatura. Desde la Antártica, Nothofagus logró dispersarse hacia Sudamérica, Australia, Nueva Zelanda y Nueva Caledonia, origen de los bosques que hoy dominan gran parte del territorio chileno. “Comprender cuándo y cómo desaparecieron los bosques antárticos es clave para entender una de las mayores transformaciones del paisaje planetario: la glaciación final de Antártica”, comentó el Dr. Leppe. ¿Cómo persistieron los bosques? Estos fósiles sugieren que los bosques de Nothofagus recolonizaron la Antártica Occidental durante periodos de calentamiento intermitente. Pero la distancia con la Patagonia y la baja dispersión marítima vuelve este escenario menos probable. La otra hipótesis es que sobrevivieron en refugios glaciales, pequeñas áreas sin hielo, lo que cobra fuerza dado que las semillas de Nothofagus no toleran el agua salada, lo que dificulta la dispersión oceánica. Desafíos “Con el deshielo antártico, las áreas cubiertas por hielo están retrocediendo y dejando rocas desnudas, con un registro fósil que debemos observar atentamente”, señala el Dr. Leppe. Para el investigador, estos datos del pasado son fundamentales para anticipar la sensibilidad del hielo antártico frente al calentamiento global actual. Además, advierte que con escenarios de calentamiento acelerado, “no es imposible que en pocas décadas la Antártica vuelva a ofrecer condiciones similares a las del Mioceno, e incluso permitir nuevamente el crecimiento de árboles”. Este hallazgo revela una flora extraordinariamente resiliente, capaz de soportar cambios extremos durante millones de años, y aporta una nueva perspectiva para comprender la evolución de los bosques chilenos. Fuente: diariomayor.cl
Un interesante espacio de discusión se efectuó en el Domo Centro de Investigación GAIA Antártica, de la Universidad de Magallanes (UMAG), cuando se realizó el taller: ¿Cómo impacta la ganadería a los bosques subantárticos de Patagonia?, que reunió a investigadores y estudiantes sobre una realidad que incluye a las regiones de Aysén y de Magallanes. El encuentro organizado por el Nodo Laboratorio Natural Subantártico, contó con la presencia de su directora, la Dra. Laura Sánchez Jardón, académica de la UMAG y del Centro Internacional Cabo de Hornos (CHIC), al igual que, el Dr. Ramiro Bustamante, del Instituto de Ecología y Biodiversidad (IEB) Chile y académico de la Universidad de Chile. Ambos investigadores realizaron sus presentaciones dando cuenta de esta problemática, con ejemplos de sus estudios en el norte de la Patagonia, como en el bosque subantártico de isla Navarino, en Puerto Williams. Sucede que las vacas pastorean a lo largo de todo el territorio, no hay un manejo regulado, ni cuidado por la regeneración del bosque, o la conservación propia de las especies nativas del bosque. La investigación que se ha realizado en Aysén y Magallanes es bien reducida, tenemos más antecedentes de estos procesos en la Patagonia Argentina, hemos aprendido y nos queda mucho por descubrir en los ecosistemas de bosques chilenos subantárticos, detalló Sánchez. El taller se enmarca en las acciones del Nodo para acercar a la comunidad científica con el resto de la sociedad. La propuesta destacó por su enfoque participativo, que facilitó el diálogo y la co-construcción de preguntas de investigación basadas en la experiencia de quienes habitan el territorio subantártico, reconociendo el valor del conocimiento local para identificar vacíos de información y orientar futuras investigaciones. Este diálogo enriqueció la comprensión de los impactos de la ganadería y fortaleció el vínculo entre ciencia y comunidad.
Investigadores de Chile, Suiza, Nueva Zelanda y China realizaron un hallazgo clave: en la Antártica Occidental había bosques de Nothofagus hace 21 millones de años, mucho más tarde de lo que se pensaba. Hasta ahora se estimaba que estos bosques habían desaparecido hace 34 millones de años tras la Transición Eoceno–Oligoceno, pero el equipo, encabezado por el Dr. Marcelo Leppe, académico del Centro GEMA, Genómica, Ecología y Medio Ambiente de la Universidad Mayor y Joaquín Bastías-Silva, de la Universidad de Ginebra, encontró impresiones fósiles de hojas en la Formación Cabo Melville, en la isla Rey Jorge, que datan del Mioceno temprano. El estudio, que combina geocronología U–Pb en circones, paleobotánica y estratigrafía, demostró que estos bosques tipo tundra persistieron en la región mucho después de la gran glaciación, reescribiendo la historia ecológica del continente blanco. Un linaje con años de historia Los primeros bosques de Nothofagus en la Antártica datan de 83–87 millones de años, mientras que estos nuevos fósiles corresponden a los últimos bosques antárticos, desaparecidos hace cerca de 21 millones de años, cuando el manto de hielo terminó por cubrir completamente la región. Este linaje, remanente del supercontinente Gondwana, sobrevivió eventos globales como extinciones masivas, impactos de meteoritos, volcanismo y bruscos descensos de temperatura. Desde la Antártica, Nothofagus logró dispersarse hacia Sudamérica, Australia, Nueva Zelanda y Nueva Caledonia, origen de los bosques que hoy dominan gran parte del territorio chileno. “Comprender cuándo y cómo desaparecieron los bosques antárticos es clave para entender una de las mayores transformaciones del paisaje planetario: la glaciación final de Antártica”, comentó el Dr. Leppe. ¿Cómo persistieron los bosques? Estos fósiles sugieren que los bosques de Nothofagus recolonizaron la Antártica Occidental durante periodos de calentamiento intermitente. Pero la distancia con la Patagonia y la baja dispersión marítima vuelve este escenario menos probable. La otra hipótesis es que sobrevivieron en refugios glaciales, pequeñas áreas sin hielo, lo que cobra fuerza dado que las semillas de Nothofagus no toleran el agua salada, lo que dificulta la dispersión oceánica. Desafíos “Con el deshielo antártico, las áreas cubiertas por hielo están retrocediendo y dejando rocas desnudas, con un registro fósil que debemos observar atentamente”, señala el Dr. Leppe. Para el investigador, estos datos del pasado son fundamentales para anticipar la sensibilidad del hielo antártico frente al calentamiento global actual. Además, advierte que con escenarios de calentamiento acelerado, “no es imposible que en pocas décadas la Antártica vuelva a ofrecer condiciones similares a las del Mioceno, e incluso permitir nuevamente el crecimiento de árboles”. Este hallazgo revela una flora extraordinariamente resiliente, capaz de soportar cambios extremos durante millones de años, y aporta una nueva perspectiva para comprender la evolución de los bosques chilenos. Fuente: diariomayor.cl