La Cámara Chilena de la Construcción (CChC) dio a conocer los resultados del Índice de Calidad de Vida Urbana (ICVU) 2025, estudio elaborado en conjunto con el Instituto de Estudios Urbanos y Territoriales de la Pontificia Universidad Católica de Chile, que tiene como objetivo analizar las brechas existentes en la calidad de vida urbana en las distintas comunas del país, aportando evidencia para el diseño de políticas públicas y la adecuada focalización de recursos. Con el fin de contar con una mirada retrospectiva de largo plazo, el estudio consideró un recálculo del ICVU 2015 utilizando variables actualizadas al año 2025, lo que permitió analizar la evolución de la calidad de vida urbana durante la última década en las 99 comunas evaluadas. Punta Arenas: una ciudad que se sostiene en el nivel alto De las 99 comunas analizadas, solo 13 lograron ubicarse en el nivel alto de calidad de vida urbana. En este escenario, Punta Arenas destaca de manera significativa, siendo la única ciudad intermedia —con menos de 250 mil habitantes— que alcanza esta categoría. Podemos ver que Punta Arenas, después de diez años, mantiene su calidad de vida en un segmento alto, lo cual nos de llenar de orgullo y satisfacción, no solamente como gremio, sino que como habitante de esta ciudad. Como Cámara, le presentamos a las distintas autoridades el ICVU, porque es un insumo que contribuye a definir las políticas públicas que podemos trabajar, desde el punto de vista de las problemáticas y los desafíos que tenemos como ciudadanos de un territorio. Por lo tanto, este insumo genera información muy valiosa para la toma de decisiones respecto de las iniciativas de inversión o de proyectos que puedan ir a satisfacer las brechas que aquí se detecten, señaló Cristóbal Bascuñán, presidente de la CChC Magallanes. Según el estudio, Punta Arenas mantiene un nivel alto de calidad de vida urbana, sobresaliendo especialmente en las dimensiones de Condiciones Laborales (Alto) y Vivienda y Entorno (Alto). Asimismo, la capital regional presenta un nivel medio alto en Condiciones Socioculturales, y niveles medio-bajos en Salud y Medio Ambiente y Ambiente de Negocios. En el análisis comparativo de la década 2015–2025, Punta Arenas se mantuvo estable en cinco de las seis dimensiones evaluadas. La única que experimentó un cambio fue Conectividad y Movilidad, que pasó de nivel alto en 2015 a medio alto en 2025. La dimensiónConectividad y Movilidad evalúa las condiciones de accesibilidad y desplazamiento cotidiano de las personas en su entorno urbano, considerando variables como tiempos y costos de traslado, calidad del transporte público, estado de las vías, y tenencia de automóviles y movilidad activa, como ciclovías. El descenso observado en esta dimensión se explica principalmente por la disminución del porcentaje de viajes al trabajo realizados en transporte público y modos activos, que pasó de 55,47% en 2015 a 37,00% en 2025; el aumento de siniestros de tránsito asociados a deficiencias viales, que subieron de 0,76 a 2,27 por cada 100 mil habitantes en el mismo periodo; y el incremento de permisos de circulación, que aumentaron de 342 a 491 por cada 1.000 habitantes entre 2015 y 2025, reflejando una mayor dependencia del automóvil. En tanto, Punta Arenas muestra un sólido desempeño en dimensiones clave comoVivienda y Entorno y Condiciones Laborales, ambas evaluadas con nivel alto y sostenidas en ese rango durante los últimos 10 años. La dimensión Vivienda y Entorno refleja una ciudad con buenas condiciones físicas y sociales de habitabilidad, además de un entorno urbano favorable para el desarrollo de la vida cotidiana. En tanto, Condiciones Laborales da cuenta de la calidad y estabilidad del empleo de su población, un factor clave para el bienestar de los hogares. Por su parte,Condiciones Socioculturales se mantiene en un nivel medio alto, asociada al acceso a oportunidades y a condiciones de bienestar y cohesión social, considerando variables como educación, oferta cultural y deportiva, participación ciudadana, violencia y vulnerabilidad social. En contraste, las dimensiones deAmbiente de Negocios ySalud y Medio Ambiente permanecen en el nivel medio bajo, tanto en 2015 como en 2025. Esto evidencia desafíos en términos de dinamismo económico local, condiciones para el desarrollo de empresas y emprendimientos, así como en el acceso a servicios de salud y variables ambientales que inciden directamente en el bienestar de la población. A partir de los cambios observados en el ICVU 2025, el estudio entrega una serie de aproximaciones y lineamientos para impulsar acciones público-privadas, orientadas a mejorar cada una de las dimensiones evaluadas y avanzar hacia un desarrollo urbano más equilibrado y sostenible en la próxima década.
En el marco del Día Mundial contra el Cáncer, que se conmemora cada 4 de febrero, especialistas destacan la importancia de promover hábitos saludables que contribuyan al bienestar integral de las personas que viven con esta enfermedad. En este contexto, el ejercicio físico ha adquirido un rol cada vez más relevante como una intervención segura, accesible y beneficiosa para los pacientes que se encuentran en tratamiento oncológico, incluso durante la quimioterapia. El diagnóstico de cáncer y su tratamiento, especialmente la quimioterapia, generan un impacto significativo tanto a nivel físico como emocional. Entre los efectos más frecuentes se encuentran la fatiga persistente, la pérdida de fuerza, la disminución de la capacidad funcional, alteraciones del ánimo y una reducción importante de la calidad de vida. Frente a este escenario, el ejercicio físico ha adquirido un rol cada vez más relevante como una intervención segura, accesible y beneficiosa para los pacientes. Según diversos estudios, mantenerse físicamente activo después del diagnóstico de cáncer se asocia a mejores resultados clínicos. De acuerdo a un análisis basado en distintas investigaciones, las personas con mayores niveles de actividad física posterior al cáncer presentaron una reducción significativa del riesgo de mortalidad en comparación con quienes mantenían niveles bajos de actividad física. Según Óscar Puga, oncólogo y asesor de Sportlife, estos hallazgos refuerzan la idea de que el ejercicio no solo mejora la calidad de vida, sino que también podría influir positivamente en el pronóstico. Hoy sabemos que el ejercicio, cuando está bien indicado y supervisado, no solo es seguro durante la quimioterapia, sino que puede transformarse en un verdadero aliado del tratamiento. Mantenerse activo ayuda a reducir la fatiga, preservar la funcionalidad y mejorar el bienestar físico y emocional del paciente, señala el experto. Explica que desde el punto de vista físico, la quimioterapia suele provocar una disminución progresiva de la capacidad cardiorrespiratoria, la fuerza muscular y la tolerancia al esfuerzo, lo que se traduce en mayor dificultad para realizar actividades cotidianas y una sensación constante de agotamiento. La incorporación de ejercicio durante el tratamiento permite atenuar estos efectos y, en muchos casos, mejorar la capacidad aeróbica y la fuerza muscular, favoreciendo una mayor independencia y una mejor adaptación al proceso terapéutico, señala Puga. Uno de los beneficios más consistentes del ejercicio durante la quimioterapia es la reducción de la fatiga, uno de los síntomas más frecuentes y limitantes del tratamiento. Además, existe evidencia que la actividad física provoca una mejoría en el manejo del dolor, la función física y la calidad de vida en pacientes con neuropatía periférica inducida por quimioterapia. A ello se agrega que causa efectos favorables sobre la calidad del sueño, la función cognitiva y algunos marcadores de toxicidad cardiovascular. En el ámbito de la salud mental, los programas de actividad física estructurada se han asociado a una disminución de los síntomas depresivos y ansiosos, junto con una mejora significativa en la calidad de vida. De este modo, el ejercicio aeróbico, el entrenamiento de fuerza y prácticas complementarias como el mindfulness han mostrado resultados positivos, especialmente cuando se realizan de forma regular y bajo supervisión profesional. Las principales guías internacionales coinciden en que el ejercicio es seguro en pacientes con cáncer, siempre que se adapte a la situación clínica individual. El foco está en evitar la inactividad y fomentar el movimiento progresivo, considerando factores como la fatiga, la anemia, el dolor o la presencia de cormorbilidades. En términos generales, se recomienda combinar ejercicio aeróbico de intensidad moderada, al menos tres veces por semana, junto con ejercicios de fortalecimiento muscular dos veces por semana, durante un período mínimo de 8 a 12 semanas. Incorporar el ejercicio como parte del cuidado integral del paciente con cáncer permite acompañarlo desde el inicio de su tratamiento, entregándole herramientas concretas para mejorar su calidad de vida y enfrentar de mejor manera el proceso terapéutico, concluye el especialista.
El Servicio Nacional para la Prevención y Rehabilitación del Consumo de Drogas y Alcohol, SENDA, abrió el proceso de postulación al Programa Trabajar con Calidad de Vida (TCV) 2026, iniciativa dirigida a organizaciones públicas y privadas de la Región de Magallanes y de todo el país que deseen implementar acciones preventivas en sus espacios laborales. Trabajar con Calidad de Vida es un programa 100% gratuito, cuyo objetivo es fortalecer la prevención del consumo de alcohol y otras drogas entre personas trabajadoras, contribuyendo a la generación de entornos laborales más saludables, al autocuidado y al desarrollo de culturas organizacionales preventivas. De acuerdo con datos de SENDA, el 52,5% de quienes consumen alcohol se embriagó al menos una vez en el último mes; un 59,7% reporta consumo regular de alcohol y un 12,2% declara consumo de cannabis en el último año, cifras que evidencian la importancia de impulsar estrategias preventivas sistemáticas en los lugares de trabajo. Al respecto, la Directora Regional de SENDA Magallanes, Roxana Arancibia Reyes, destacó que “el programa Trabajar con Calidad de Vida es una herramienta concreta para que las organizaciones de nuestra región fortalezcan el bienestar integral de sus equipos. Prevenir el consumo de alcohol y otras drogas en el ámbito laboral no solo protege la salud de las personas, sino que también mejora los climas organizacionales, reduce riesgos y promueve espacios de trabajo más seguros y responsables”. Diversos estudios han demostrado que las organizaciones que incorporan políticas preventivas en sus entornos laborales pueden registrar disminución de accidentes del trabajo, reducción del ausentismo y mejoras en la productividad, generando impactos positivos que también se reflejan en la vida familiar y social de las y los trabajadores. En la región, en el ámbito laboral, se desarrollaron intervenciones en pequeñas, medianas y grandes empresas, tanto del sector público como privado. Estas acciones permitieron alcanzar a más de 1.000 trabajadores y trabajadoras, incorporando la instalación de políticas preventivas institucionales y la implementación de estrategias en las dimensiones individual, familiar y laboral, orientadas a promover entornos de trabajo más saludables y seguros. Asimismo, durante el año 2025 se realizaron Jornadas de Buenas Prácticas, enmarcadas en el indicador de “apoyo social” del Programa Trabajar con Calidad de Vida (TCV), específicamente dentro de la dimensión laboral-familiar. En estas instancias se promovieron acciones tales como la generación y participación en redes de prevención con otras organizaciones, así como el apadrinamiento de organizaciones o comunidades, con el fin de desarrollar estrategias preventivas alineadas con los principios de la Responsabilidad Social Empresarial.
La Cámara Chilena de la Construcción (CChC) dio a conocer los resultados del Índice de Calidad de Vida Urbana (ICVU) 2025, estudio elaborado en conjunto con el Instituto de Estudios Urbanos y Territoriales de la Pontificia Universidad Católica de Chile, que tiene como objetivo analizar las brechas existentes en la calidad de vida urbana en las distintas comunas del país, aportando evidencia para el diseño de políticas públicas y la adecuada focalización de recursos. Con el fin de contar con una mirada retrospectiva de largo plazo, el estudio consideró un recálculo del ICVU 2015 utilizando variables actualizadas al año 2025, lo que permitió analizar la evolución de la calidad de vida urbana durante la última década en las 99 comunas evaluadas. Punta Arenas: una ciudad que se sostiene en el nivel alto De las 99 comunas analizadas, solo 13 lograron ubicarse en el nivel alto de calidad de vida urbana. En este escenario, Punta Arenas destaca de manera significativa, siendo la única ciudad intermedia —con menos de 250 mil habitantes— que alcanza esta categoría. Podemos ver que Punta Arenas, después de diez años, mantiene su calidad de vida en un segmento alto, lo cual nos de llenar de orgullo y satisfacción, no solamente como gremio, sino que como habitante de esta ciudad. Como Cámara, le presentamos a las distintas autoridades el ICVU, porque es un insumo que contribuye a definir las políticas públicas que podemos trabajar, desde el punto de vista de las problemáticas y los desafíos que tenemos como ciudadanos de un territorio. Por lo tanto, este insumo genera información muy valiosa para la toma de decisiones respecto de las iniciativas de inversión o de proyectos que puedan ir a satisfacer las brechas que aquí se detecten, señaló Cristóbal Bascuñán, presidente de la CChC Magallanes. Según el estudio, Punta Arenas mantiene un nivel alto de calidad de vida urbana, sobresaliendo especialmente en las dimensiones de Condiciones Laborales (Alto) y Vivienda y Entorno (Alto). Asimismo, la capital regional presenta un nivel medio alto en Condiciones Socioculturales, y niveles medio-bajos en Salud y Medio Ambiente y Ambiente de Negocios. En el análisis comparativo de la década 2015–2025, Punta Arenas se mantuvo estable en cinco de las seis dimensiones evaluadas. La única que experimentó un cambio fue Conectividad y Movilidad, que pasó de nivel alto en 2015 a medio alto en 2025. La dimensiónConectividad y Movilidad evalúa las condiciones de accesibilidad y desplazamiento cotidiano de las personas en su entorno urbano, considerando variables como tiempos y costos de traslado, calidad del transporte público, estado de las vías, y tenencia de automóviles y movilidad activa, como ciclovías. El descenso observado en esta dimensión se explica principalmente por la disminución del porcentaje de viajes al trabajo realizados en transporte público y modos activos, que pasó de 55,47% en 2015 a 37,00% en 2025; el aumento de siniestros de tránsito asociados a deficiencias viales, que subieron de 0,76 a 2,27 por cada 100 mil habitantes en el mismo periodo; y el incremento de permisos de circulación, que aumentaron de 342 a 491 por cada 1.000 habitantes entre 2015 y 2025, reflejando una mayor dependencia del automóvil. En tanto, Punta Arenas muestra un sólido desempeño en dimensiones clave comoVivienda y Entorno y Condiciones Laborales, ambas evaluadas con nivel alto y sostenidas en ese rango durante los últimos 10 años. La dimensión Vivienda y Entorno refleja una ciudad con buenas condiciones físicas y sociales de habitabilidad, además de un entorno urbano favorable para el desarrollo de la vida cotidiana. En tanto, Condiciones Laborales da cuenta de la calidad y estabilidad del empleo de su población, un factor clave para el bienestar de los hogares. Por su parte,Condiciones Socioculturales se mantiene en un nivel medio alto, asociada al acceso a oportunidades y a condiciones de bienestar y cohesión social, considerando variables como educación, oferta cultural y deportiva, participación ciudadana, violencia y vulnerabilidad social. En contraste, las dimensiones deAmbiente de Negocios ySalud y Medio Ambiente permanecen en el nivel medio bajo, tanto en 2015 como en 2025. Esto evidencia desafíos en términos de dinamismo económico local, condiciones para el desarrollo de empresas y emprendimientos, así como en el acceso a servicios de salud y variables ambientales que inciden directamente en el bienestar de la población. A partir de los cambios observados en el ICVU 2025, el estudio entrega una serie de aproximaciones y lineamientos para impulsar acciones público-privadas, orientadas a mejorar cada una de las dimensiones evaluadas y avanzar hacia un desarrollo urbano más equilibrado y sostenible en la próxima década.
En el marco del Día Mundial contra el Cáncer, que se conmemora cada 4 de febrero, especialistas destacan la importancia de promover hábitos saludables que contribuyan al bienestar integral de las personas que viven con esta enfermedad. En este contexto, el ejercicio físico ha adquirido un rol cada vez más relevante como una intervención segura, accesible y beneficiosa para los pacientes que se encuentran en tratamiento oncológico, incluso durante la quimioterapia. El diagnóstico de cáncer y su tratamiento, especialmente la quimioterapia, generan un impacto significativo tanto a nivel físico como emocional. Entre los efectos más frecuentes se encuentran la fatiga persistente, la pérdida de fuerza, la disminución de la capacidad funcional, alteraciones del ánimo y una reducción importante de la calidad de vida. Frente a este escenario, el ejercicio físico ha adquirido un rol cada vez más relevante como una intervención segura, accesible y beneficiosa para los pacientes. Según diversos estudios, mantenerse físicamente activo después del diagnóstico de cáncer se asocia a mejores resultados clínicos. De acuerdo a un análisis basado en distintas investigaciones, las personas con mayores niveles de actividad física posterior al cáncer presentaron una reducción significativa del riesgo de mortalidad en comparación con quienes mantenían niveles bajos de actividad física. Según Óscar Puga, oncólogo y asesor de Sportlife, estos hallazgos refuerzan la idea de que el ejercicio no solo mejora la calidad de vida, sino que también podría influir positivamente en el pronóstico. Hoy sabemos que el ejercicio, cuando está bien indicado y supervisado, no solo es seguro durante la quimioterapia, sino que puede transformarse en un verdadero aliado del tratamiento. Mantenerse activo ayuda a reducir la fatiga, preservar la funcionalidad y mejorar el bienestar físico y emocional del paciente, señala el experto. Explica que desde el punto de vista físico, la quimioterapia suele provocar una disminución progresiva de la capacidad cardiorrespiratoria, la fuerza muscular y la tolerancia al esfuerzo, lo que se traduce en mayor dificultad para realizar actividades cotidianas y una sensación constante de agotamiento. La incorporación de ejercicio durante el tratamiento permite atenuar estos efectos y, en muchos casos, mejorar la capacidad aeróbica y la fuerza muscular, favoreciendo una mayor independencia y una mejor adaptación al proceso terapéutico, señala Puga. Uno de los beneficios más consistentes del ejercicio durante la quimioterapia es la reducción de la fatiga, uno de los síntomas más frecuentes y limitantes del tratamiento. Además, existe evidencia que la actividad física provoca una mejoría en el manejo del dolor, la función física y la calidad de vida en pacientes con neuropatía periférica inducida por quimioterapia. A ello se agrega que causa efectos favorables sobre la calidad del sueño, la función cognitiva y algunos marcadores de toxicidad cardiovascular. En el ámbito de la salud mental, los programas de actividad física estructurada se han asociado a una disminución de los síntomas depresivos y ansiosos, junto con una mejora significativa en la calidad de vida. De este modo, el ejercicio aeróbico, el entrenamiento de fuerza y prácticas complementarias como el mindfulness han mostrado resultados positivos, especialmente cuando se realizan de forma regular y bajo supervisión profesional. Las principales guías internacionales coinciden en que el ejercicio es seguro en pacientes con cáncer, siempre que se adapte a la situación clínica individual. El foco está en evitar la inactividad y fomentar el movimiento progresivo, considerando factores como la fatiga, la anemia, el dolor o la presencia de cormorbilidades. En términos generales, se recomienda combinar ejercicio aeróbico de intensidad moderada, al menos tres veces por semana, junto con ejercicios de fortalecimiento muscular dos veces por semana, durante un período mínimo de 8 a 12 semanas. Incorporar el ejercicio como parte del cuidado integral del paciente con cáncer permite acompañarlo desde el inicio de su tratamiento, entregándole herramientas concretas para mejorar su calidad de vida y enfrentar de mejor manera el proceso terapéutico, concluye el especialista.
El Servicio Nacional para la Prevención y Rehabilitación del Consumo de Drogas y Alcohol, SENDA, abrió el proceso de postulación al Programa Trabajar con Calidad de Vida (TCV) 2026, iniciativa dirigida a organizaciones públicas y privadas de la Región de Magallanes y de todo el país que deseen implementar acciones preventivas en sus espacios laborales. Trabajar con Calidad de Vida es un programa 100% gratuito, cuyo objetivo es fortalecer la prevención del consumo de alcohol y otras drogas entre personas trabajadoras, contribuyendo a la generación de entornos laborales más saludables, al autocuidado y al desarrollo de culturas organizacionales preventivas. De acuerdo con datos de SENDA, el 52,5% de quienes consumen alcohol se embriagó al menos una vez en el último mes; un 59,7% reporta consumo regular de alcohol y un 12,2% declara consumo de cannabis en el último año, cifras que evidencian la importancia de impulsar estrategias preventivas sistemáticas en los lugares de trabajo. Al respecto, la Directora Regional de SENDA Magallanes, Roxana Arancibia Reyes, destacó que “el programa Trabajar con Calidad de Vida es una herramienta concreta para que las organizaciones de nuestra región fortalezcan el bienestar integral de sus equipos. Prevenir el consumo de alcohol y otras drogas en el ámbito laboral no solo protege la salud de las personas, sino que también mejora los climas organizacionales, reduce riesgos y promueve espacios de trabajo más seguros y responsables”. Diversos estudios han demostrado que las organizaciones que incorporan políticas preventivas en sus entornos laborales pueden registrar disminución de accidentes del trabajo, reducción del ausentismo y mejoras en la productividad, generando impactos positivos que también se reflejan en la vida familiar y social de las y los trabajadores. En la región, en el ámbito laboral, se desarrollaron intervenciones en pequeñas, medianas y grandes empresas, tanto del sector público como privado. Estas acciones permitieron alcanzar a más de 1.000 trabajadores y trabajadoras, incorporando la instalación de políticas preventivas institucionales y la implementación de estrategias en las dimensiones individual, familiar y laboral, orientadas a promover entornos de trabajo más saludables y seguros. Asimismo, durante el año 2025 se realizaron Jornadas de Buenas Prácticas, enmarcadas en el indicador de “apoyo social” del Programa Trabajar con Calidad de Vida (TCV), específicamente dentro de la dimensión laboral-familiar. En estas instancias se promovieron acciones tales como la generación y participación en redes de prevención con otras organizaciones, así como el apadrinamiento de organizaciones o comunidades, con el fin de desarrollar estrategias preventivas alineadas con los principios de la Responsabilidad Social Empresarial.