Un equipo de investigación liderado por Juan Pablo Pontigo, académico e investigador de la Universidad San Sebastián sede De la Patagonia, estudia los mecanismos que se activan dentro de las células de defensa del salmón cuando enfrentan a Piscirickettsia salmonis, bacteria responsable de la septicemia rickettsial salmonídea (SRS). La investigación pone el foco en los macrófagos, células del sistema inmune encargadas de responder frente a los agentes infecciosos. El equipo plantea que las mitocondrias, además de participar en la producción de energía celular, podrían cumplir un papel en la forma en que estas células responden al daño y la infección. El estudio analiza tres posibles respuestas de los macrófagos. Una corresponde a un proceso en que la célula controla el daño y la inflamación, otra contempla una respuesta inflamatoria que puede terminar en muerte celular y una tercera considera la posibilidad de que la bacteria permanezca dentro de la célula y continúe su proceso infeccioso. Para evaluar estas posibilidades, el equipo trabajará con macrófagos de salmón bajo condiciones controladas de laboratorio, utilizando modelos de daño celular e infección con P. salmonis. La investigación contempla microscopía, citometría de flujo, separación celular, análisis molecular y transcriptómica, además de etapas de validación en salmón Atlántico. Uno de los objetivos es identificar señales asociadas al estado de las mitocondrias que permitan distinguir tempranamente entre distintos tipos de respuesta celular. A partir de estos resultados, el proyecto busca aportar al desarrollo de biomarcadores tempranos y herramientas para evaluar futuras estrategias destinadas a modular la respuesta inmune de los peces frente a la infección.
El uso del teléfono celular forma parte de la rutina diaria de millones de personas, pero cuando revisar el dispositivo se convierte en la primera acción al despertar o comienza a interferir con las actividades cotidianas, puede reflejar un patrón de comportamiento que merece atención. Así lo señaló Jacquelin Hormazábal, psicóloga y académica de la Universidad Andrés Bello. La especialista explicó que este comportamiento está asociado a un mecanismo de aprendizaje reforzado, en el que el cerebro relaciona el despertar con la revisión del teléfono y las micro recompensas que entregan las notificaciones, mensajes o redes sociales. Aunque precisó que el uso problemático del celular no está reconocido como un trastorno adictivo en los principales manuales diagnósticos, indicó que comparte características como la pérdida de control y la persistencia del uso pese a sus consecuencias negativas. Hormazábal añadió que las notificaciones y las interacciones en plataformas digitales estimulan la liberación de dopamina, neurotransmisor vinculado al sistema de recompensa del cerebro. Según explicó, este efecto puede ser más intenso en adolescentes y adultos jóvenes, debido a que las áreas cerebrales relacionadas con el control de impulsos aún se encuentran en desarrollo. La académica señaló que la evidencia científica muestra beneficios al reducir el uso excesivo del celular y recomendó incorporar hábitos como dejar el teléfono fuera de la habitación durante la noche o reemplazar su revisión al despertar por actividades como estiramientos, ejercicios de respiración o la lectura. A su juicio, el objetivo no es eliminar la tecnología, sino promover un uso consciente que contribuya al bienestar psicológico.
Un equipo de investigación liderado por Juan Pablo Pontigo, académico e investigador de la Universidad San Sebastián sede De la Patagonia, estudia los mecanismos que se activan dentro de las células de defensa del salmón cuando enfrentan a Piscirickettsia salmonis, bacteria responsable de la septicemia rickettsial salmonídea (SRS). La investigación pone el foco en los macrófagos, células del sistema inmune encargadas de responder frente a los agentes infecciosos. El equipo plantea que las mitocondrias, además de participar en la producción de energía celular, podrían cumplir un papel en la forma en que estas células responden al daño y la infección. El estudio analiza tres posibles respuestas de los macrófagos. Una corresponde a un proceso en que la célula controla el daño y la inflamación, otra contempla una respuesta inflamatoria que puede terminar en muerte celular y una tercera considera la posibilidad de que la bacteria permanezca dentro de la célula y continúe su proceso infeccioso. Para evaluar estas posibilidades, el equipo trabajará con macrófagos de salmón bajo condiciones controladas de laboratorio, utilizando modelos de daño celular e infección con P. salmonis. La investigación contempla microscopía, citometría de flujo, separación celular, análisis molecular y transcriptómica, además de etapas de validación en salmón Atlántico. Uno de los objetivos es identificar señales asociadas al estado de las mitocondrias que permitan distinguir tempranamente entre distintos tipos de respuesta celular. A partir de estos resultados, el proyecto busca aportar al desarrollo de biomarcadores tempranos y herramientas para evaluar futuras estrategias destinadas a modular la respuesta inmune de los peces frente a la infección.
El uso del teléfono celular forma parte de la rutina diaria de millones de personas, pero cuando revisar el dispositivo se convierte en la primera acción al despertar o comienza a interferir con las actividades cotidianas, puede reflejar un patrón de comportamiento que merece atención. Así lo señaló Jacquelin Hormazábal, psicóloga y académica de la Universidad Andrés Bello. La especialista explicó que este comportamiento está asociado a un mecanismo de aprendizaje reforzado, en el que el cerebro relaciona el despertar con la revisión del teléfono y las micro recompensas que entregan las notificaciones, mensajes o redes sociales. Aunque precisó que el uso problemático del celular no está reconocido como un trastorno adictivo en los principales manuales diagnósticos, indicó que comparte características como la pérdida de control y la persistencia del uso pese a sus consecuencias negativas. Hormazábal añadió que las notificaciones y las interacciones en plataformas digitales estimulan la liberación de dopamina, neurotransmisor vinculado al sistema de recompensa del cerebro. Según explicó, este efecto puede ser más intenso en adolescentes y adultos jóvenes, debido a que las áreas cerebrales relacionadas con el control de impulsos aún se encuentran en desarrollo. La académica señaló que la evidencia científica muestra beneficios al reducir el uso excesivo del celular y recomendó incorporar hábitos como dejar el teléfono fuera de la habitación durante la noche o reemplazar su revisión al despertar por actividades como estiramientos, ejercicios de respiración o la lectura. A su juicio, el objetivo no es eliminar la tecnología, sino promover un uso consciente que contribuya al bienestar psicológico.