En las últimas dos décadas, el conocimiento científico sobre las Floraciones Algales Nocivas (FANs) en Chile ha avanzado significativamente. Los estudios pasaron de enfoques descriptivos a investigaciones multidisciplinarias que integran áreas como ecología, oceanografía, climatología y biología molecular. Pese a estos avances, los expertos advierten que el fenómeno sigue siendo complejo y difícil de predecir. Mientras algunos estudios señalan que el aparente aumento de las FANs podría relacionarse con mejores sistemas de monitoreo, también existe evidencia de un incremento real en su frecuencia, magnitud y extensión geográfica. Los científicos coinciden en que el cambio climático juega un rol clave, ya que variables como el aumento de la temperatura del mar, cambios en la salinidad y en la circulación oceánica generan condiciones más favorables para estas floraciones. Ante este escenario, especialistas subrayan la necesidad de fortalecer los programas de monitoreo, avanzar en modelos predictivos y mantener políticas de largo plazo que permitan anticipar estos eventos y reducir sus impactos en los ecosistemas y actividades productivas como la acuicultura. Fuente: InfoSalmon
El programa FIU del MinCiencia marca una nueva etapa para la investigación, impulsando la colaboración entre universidades y gobiernos regionales, fortaleciendo la gestión de la innovación y consolidando una ciencia hecha desde los territorios. Subsecretario Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación, Cristian Cuevas Durante décadas, la ciencia chilena se ha concentrado en las regiones Metropolitana, Valparaíso y Biobío, donde se forma la mayoría de los doctores, se publican la mayor parte de los artículos científicos y se adjudicó el 74% de los 1.580 proyectos financiados por ANID (2024), al concentrar las principales universidades del país. ¿Inequidad territorial? Sí. Pero también representa una brecha de oportunidades que limita el potencial del conocimiento como motor del desarrollo regional. Esta realidad comenzó a cambiar hace tres años cuando el Ministerio de Ciencia impulsó el Programa de Financiamiento Estructural I+D+i Universitario (FIU) para fortalecer la gestión de las universidades en la creación y transferencia de conocimiento, promoviendo una investigación permanente, descentralizada y conectada con las realidades locales y el bienestar de las personas. El FIU parte del principio de que mejores universidades fortalecen las regiones y que el conocimiento no debe concentrarse en pocos centros urbanos. Pero más que un fondo, es una estrategia estructural que, mediante gestión, infraestructura y vinculación territorial, permite a las universidades —especialmente las regionales— planificar a largo plazo y abordar desafíos locales con ciencia aplicada. Hoy, 37 universidades cuentan con financiamiento para este plan de 10 años. Este cambio se refuerza con la participación de los gobiernos regionales, que gracias al Fondo Regional para la Productividad y Desarrollo (FRPD), creado por la Ley del Royalty Minero, hoy cuentan con recursos inéditos para invertir en ciencia y tecnología: 230 mil millones de pesos para las 16 regiones, de los cuales al menos un 25% debe destinarse a investigación, promoviendo una nueva colaboración entre regiones y universidades bajo una lógica de cogestión del conocimiento. Valoramos el compromiso de los gobiernos y consejeros regionales de once regiones —desde Arica y Parinacota hasta Magallanes— que destinarán más de 73 mil millones de pesos para fortalecer a sus universidades. Con ello, los gobiernos regionales se consolidan como actores clave de la política científica, articulando capacidades locales y promoviendo sistemas regionales de innovación. La descentralización se vuelve realidad cuando la ciencia surge desde los territorios, con identidad regional y propósito nacional. Así, cada región aporta conocimiento, soluciones y desarrollo sostenible para el país. Chile impulsa una estrategia para aumentar sostenidamente la inversión en I+D fortaleciendo la gestión universitaria. Alcanzar un desarrollo basado en el conocimiento requiere un sistema científico y tecnológico con capacidades sólidas y descentralizadas que sustenten ese crecimiento.
En las últimas dos décadas, el conocimiento científico sobre las Floraciones Algales Nocivas (FANs) en Chile ha avanzado significativamente. Los estudios pasaron de enfoques descriptivos a investigaciones multidisciplinarias que integran áreas como ecología, oceanografía, climatología y biología molecular. Pese a estos avances, los expertos advierten que el fenómeno sigue siendo complejo y difícil de predecir. Mientras algunos estudios señalan que el aparente aumento de las FANs podría relacionarse con mejores sistemas de monitoreo, también existe evidencia de un incremento real en su frecuencia, magnitud y extensión geográfica. Los científicos coinciden en que el cambio climático juega un rol clave, ya que variables como el aumento de la temperatura del mar, cambios en la salinidad y en la circulación oceánica generan condiciones más favorables para estas floraciones. Ante este escenario, especialistas subrayan la necesidad de fortalecer los programas de monitoreo, avanzar en modelos predictivos y mantener políticas de largo plazo que permitan anticipar estos eventos y reducir sus impactos en los ecosistemas y actividades productivas como la acuicultura. Fuente: InfoSalmon
El programa FIU del MinCiencia marca una nueva etapa para la investigación, impulsando la colaboración entre universidades y gobiernos regionales, fortaleciendo la gestión de la innovación y consolidando una ciencia hecha desde los territorios. Subsecretario Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación, Cristian Cuevas Durante décadas, la ciencia chilena se ha concentrado en las regiones Metropolitana, Valparaíso y Biobío, donde se forma la mayoría de los doctores, se publican la mayor parte de los artículos científicos y se adjudicó el 74% de los 1.580 proyectos financiados por ANID (2024), al concentrar las principales universidades del país. ¿Inequidad territorial? Sí. Pero también representa una brecha de oportunidades que limita el potencial del conocimiento como motor del desarrollo regional. Esta realidad comenzó a cambiar hace tres años cuando el Ministerio de Ciencia impulsó el Programa de Financiamiento Estructural I+D+i Universitario (FIU) para fortalecer la gestión de las universidades en la creación y transferencia de conocimiento, promoviendo una investigación permanente, descentralizada y conectada con las realidades locales y el bienestar de las personas. El FIU parte del principio de que mejores universidades fortalecen las regiones y que el conocimiento no debe concentrarse en pocos centros urbanos. Pero más que un fondo, es una estrategia estructural que, mediante gestión, infraestructura y vinculación territorial, permite a las universidades —especialmente las regionales— planificar a largo plazo y abordar desafíos locales con ciencia aplicada. Hoy, 37 universidades cuentan con financiamiento para este plan de 10 años. Este cambio se refuerza con la participación de los gobiernos regionales, que gracias al Fondo Regional para la Productividad y Desarrollo (FRPD), creado por la Ley del Royalty Minero, hoy cuentan con recursos inéditos para invertir en ciencia y tecnología: 230 mil millones de pesos para las 16 regiones, de los cuales al menos un 25% debe destinarse a investigación, promoviendo una nueva colaboración entre regiones y universidades bajo una lógica de cogestión del conocimiento. Valoramos el compromiso de los gobiernos y consejeros regionales de once regiones —desde Arica y Parinacota hasta Magallanes— que destinarán más de 73 mil millones de pesos para fortalecer a sus universidades. Con ello, los gobiernos regionales se consolidan como actores clave de la política científica, articulando capacidades locales y promoviendo sistemas regionales de innovación. La descentralización se vuelve realidad cuando la ciencia surge desde los territorios, con identidad regional y propósito nacional. Así, cada región aporta conocimiento, soluciones y desarrollo sostenible para el país. Chile impulsa una estrategia para aumentar sostenidamente la inversión en I+D fortaleciendo la gestión universitaria. Alcanzar un desarrollo basado en el conocimiento requiere un sistema científico y tecnológico con capacidades sólidas y descentralizadas que sustenten ese crecimiento.