Hablar de energía en Magallanes es, ante todo, hablar de las personas que habitan esta tierra extrema. Es hablar de historia, de identidad y de desafíos que no se resuelven únicamente con grandes inversiones, sino con decisiones inteligentes, coherentes con el territorio y centradas en mejorar la calidad de vida de quienes viven aquí. Desde la exploración del petróleo y el gas en la década de 1950, con la creación de ENAP como pilar del desarrollo regional, hasta los desafíos actuales asociados a una posible nueva industria del hidrógeno verde, Magallanes ha estado siempre ligada a la energía. Hoy, esa historia nos vuelve a poner frente a una oportunidad que podría redefinir las bases energéticas y productivas de la región. Sin embargo, este desafío no es solo industrial: es profundamente social y humano. En un territorio marcado por bajas temperaturas, altos costos energéticos y viviendas muchas veces deficientes desde el punto de vista térmico, mejorar la calidad de vida pasa por cambios que pueden parecer pequeños, pero que son tremendamente efectivos. En el ámbito de la construcción, avanzar hacia viviendas más eficientes implica acciones concretas: reemplazar ventanas simples por ventanas termopanel, mejorar la aislación térmica de muros, techumbres y pisos, incorporar sistemas de ventilación pasiva o soluciones constructivas actuales que reduzcan la transmitancia térmica y aumenten la resistencia de la envolvente, en coherencia con la normativa vigente recientemente actualizada. Pero la eficiencia energética no se agota en la infraestructura. También requiere un cambio cultural. Implica una gestión energética real dentro de los hogares: uso responsable de la energía eléctrica, sistemas de climatización eficientes y correctamente dimensionados, incorporación de soluciones fotovoltaicas y eólicas en sectores que no cuentan con suministro eléctrico, y una comprensión clara de que cada decisión de consumo tiene un impacto económico, ambiental y social. En este contexto, la formación de capital humano es clave. Hoy, en INACAP Sede Punta Arenas, desde las carreras del área de Energías y Eficiencia Energética, estamos preparando a los técnicos y profesionales que la región necesita para enfrentar estos desafíos con una mirada aplicada, territorial y comprometida con el desarrollo sostenible. Profesionales capaces de dialogar con la industria, comprender la normativa, diseñar soluciones eficientes y, sobre todo, aportar desde su quehacer a una mejor calidad de vida para las familias magallánicas. Porque el futuro energético de Magallanes no se construye solo con grandes proyectos, sino también —y sobre todo— con viviendas más eficientes, decisiones informadas y profesionales formados con sentido de territorio. En una región donde el frío es parte de la vida, la eficiencia energética no es un lujo: es una necesidad y una responsabilidad compartida.
Chile ha logrado avances relevantes en la reducción de la pobreza cuando ha sido capaz de combinar crecimiento económico, empleo y políticas sociales bien diseñadas. Pero ese aprendizaje convive hoy con una realidad incómoda: mientras parte del país discute ritmos y modelos, existe un grupo de hogares para los cuales la espera ya no es una opción. Son los más pobres entre los pobres. La experiencia acumulada de las últimas décadas es clara. La superación sostenible de la pobreza depende, principalmente, de que los hogares puedan desarrollar capacidades y proyectos de vida con autonomía, y no en dependencia permanente del Estado. La evidencia es consistente: cuando la economía crece, se crean mejores empleos; cuando hay mejores empleos, aumentan los ingresos y la posibilidad real de resolver necesidades. Por el contrario, cuando el crecimiento se debilita y las políticas sociales se dispersan, la reducción de la pobreza se vuelve más lenta y frágil, incluso en contextos de mayor gasto social. Eso es precisamente lo que hoy observamos: una expansión significativa del gasto, acompañada de programas mal evaluados, incentivos desalineados e inercias institucionales que no siempre corrigen las deficiencias detectadas. El resultado es una política social que muchas veces administra la urgencia, pero no cambia trayectorias de vida. Dicho esto, conviene ser claros: las capacidades no aparecen por sí solas ni se distribuyen de manera equitativa. En contextos de vulnerabilidad extrema, rara vez se sostienen sin apoyo. Para quienes viven en pobreza severa, la autonomía no es un punto de partida, sino un objetivo lejano. Por eso, las políticas sociales han sido —y siguen siendo— fundamentales para complementar ingresos y crear condiciones mínimas de desarrollo. Plantear una dicotomía entre autonomía y apoyo estatal empobrece el debate y desconoce la realidad de los hogares más excluidos. Algo similar ocurre con la discusión entre focalización y universalización. La democracia se sostiene en el reconocimiento de derechos para todos, pero también en la obligación ética y política de priorizar a quienes más lo necesitan. La experiencia chilena muestra que avanzar en diagnósticos objetivos y en asignación de recursos basada en evidencia permitió corregir inequidades profundas y hacer más eficaces las políticas sociales. Hoy enfrentamos, además, una realidad más dura. Existen hogares que viven simultáneamente pobreza por ingresos y pobreza multidimensional, donde ya ni siquiera está presente la expectativa de salir adelante. A eso lo hemos llamado pobreza severa. Para ellos, las transferencias monetarias son necesarias, pero claramente insuficientes. Se requieren políticas públicas integradas que combinen apoyo de ingresos con servicios sociales, cuidados, educación, salud, vivienda y entornos que hagan posible sostener trayectorias de vida reales. Reducir la pobreza exige un enfoque complementario: crecimiento y empleo; transferencias focalizadas; políticas sanitarias y educativas de alto impacto; y programas que fortalezcan capacidades, sin perder el principio orientador de priorizar a quienes están en peor situación. Medir bien no es un tecnicismo: es la condición para no equivocarnos de urgencia. Si existe una emergencia permanente en Chile, no es solo la que aparece en los ciclos electorales, sino la que viven a diario quienes no tienen nada que perder. Sacarlos de la pobreza severa no es un eslogan: es una tarea impostergable que exige evidencia, coherencia y la voluntad de corregir lo que no funciona.
La Antártica suele imaginarse como un territorio reservado para científicos o exploradores, pero basta observar cualquier proyecto, expedición o iniciativa logística para darse cuenta de que el Continente Blanco funciona gracias a una red tan diversa como el país mismo. En una misma base pueden convivir biólogas, ingenieras, pilotos, glaciólogos, comunicadores, mecánicos, cocineras, educadoras, profesionales de la salud, expertas en logística, entre muchos otros. Todas estas miradas distintas sostienen un mismo propósito: comprender, cuidar y representar este ecosistema único. Esa transversalidad es justamente lo que necesitamos reflejar en nuestras aulas. La Antártica no pertenece solo a las ciencias naturales: es un eje que cruza la historia, geografía, salud, tecnología, economía, convivencia democrática y formación ciudadana. Incorporarla al currículum no significa añadir más contenidos, sino abrir una puerta pedagógica para conectar disciplinas que ya existen y que, al trabajar juntas, se vuelven más significativas para niños, niñas, adolescentes y jóvenes. Desde mi formación y experiencia como docente, he podido observar cómo el cruce de saberes se convierte en motor de aprendizaje. La Antártica, por su naturaleza multidimensional, facilita el desarrollo de habilidades como la observación, el análisis, el pensamiento crítico y la resolución de problemas. A través de ejemplos vinculados al hielo, la conectividad oceánica, la biodiversidad o la historia polar, estudiantes de distintas áreas encuentran puntos de conexión entre lo que aprenden en el aula y los fenómenos que moldean el planeta. El Instituto Antártico Chileno (INACH) ha impulsado esta mirada integradora mediante programas educativos que fomentan la investigación escolar, la formación de docentes y el acercamiento temprano a temáticas polares. Iniciativas como la Feria Antártica Escolar (FAE), los talleres para la enseñanza en todo el ciclo escolar y las actividades de divulgación han permitido que miles de estudiantes y educadores de distintas regiones del país se vinculen con contenidos antárticos desde distintas perspectivas disciplinares. Esto evidencia que la Antártica no es un tema accesorio, sino un recurso pedagógico estratégico para fortalecer competencias transversales. Asimismo, la integración curricular de estos contenidos contribuye directamente a la identidad nacional y regional. Chile mantiene una relación histórica, geográfica y científica con la Antártica y en Magallanes esa conexión se vive cotidianamente, ya sea en su clima, su cultura, su logística o su papel como puerta de entrada al Continente Blanco. Trabajar temas antárticos en las escuelas no solo promueve la educación científica, sino que refuerza el sentido de pertenencia, la valoración del territorio y la noción de responsabilidad colectiva hacia un ecosistema que incide directamente en el futuro del planeta y el nuestro. Comprender la Antártica como un lenguaje común, que sea capaz de articular distintas áreas del conocimiento y distintas trayectorias profesionales, permite avanzar hacia una educación más integrada y contextualizada. Es una invitación a pensar el aprendizaje como un espacio donde la ciencia dialoga con la cultura, donde la tecnología se vincula con la historia y donde la formación ciudadana adquiere un significado concreto al enfrentar desafíos reales. Impulsar la transversalidad antártica en el currículum escolar no es solo una iniciativa educativa, sino un compromiso con el Conteniente Blanco. Es vital formar generaciones que comprendan su entorno, que se apropien de su rol frente al cambio climático y que reconozcan la importancia estratégica del territorio antártico para Chile y para el mundo. Camilo Avendaño Mancilla Área de Educación Instituto Antártico Chileno (INACH) Fuente: biobiochile.cl
El pasado 10 de diciembre en la reunión de la Organización Internacional de las Ayudas a la Navegación, importante instancia en donde Chile es parte del consejo directivo, Faro Islotes Evangelistas fue declarado Faro Patrimonio Internacional para el año 2026. Este importante reconocimiento fue un logro para nuestro país, este emblemático faro está ubicado en la boca occidental del Estrecho de Magallanes, construido entre 1895 a 1896 bajo la dirección del ingeniero George Sligth, guiando a los navegantes siendo una luz en la tormenta en uno de los lugares más inhóspitos y extremos del océano Pacífico. Su construcción en sí fue una epopeya, al igual que el trabajo que han realizado por casi 130 años los Fareros del Fin del Mundo, nuestros fareros, que han mantenido encendido el fanal y su estructura, siendo un legado que ha trascendido tres siglos. Su nominación fue un trabajo arduo, en donde un equipo técnico internacional evalúa su valor arquitectónico, importancia y relación con la comunidad, siendo elegido entre 14 faros que fueron postulados por 14 países, siendo elegido y honrando el duro trabajo que realiza nuestro país a través de los fareros de la Armada de Chile. Chile es parte del consejo de la IALA desde 1982 en forma ininterrumpida, siendo parte importante de las decisiones técnicas internacionales en el desarrollo e implementación de las Ayudas a la Navegación a nivel mundial. El presente año, por medio del comité de Relaciones Exteriores del Senado, se reafirmó la adhesión de Chile a esta IALA, organización que se ha consolidado y proyectado en sistema internacional, de la cual somos parte y debemos estar profundamente orgullosos, siendo una gestión que honra el rol de Chile en el mundo marítimo internacional y que por nuestra condición de país marítimo tenemos mucho que decir. El trabajo de los Fareros del Fin del Mundo, hombres y mujeres que mantienen una de las redes de Ayuda a la Navegación más densa a nivel mundial, es una luz en la tormenta ejerciendo soberanía efectiva desde nuestro limite norte, desde Rapa Nui y hasta el Territorio Chileno Antártico, siendo el 21 de marzo inaugurado el Faro Monumental Piloto Pardo el más moderno en el continente antártico. Es de esta manera que este reconocimiento internacional refuerza el rol de Chile en el sistema internacional, siendo fruto de un tremendo esfuerzo en donde se ha realizado un trabajo muchas veces silencioso en historias escritas entre viento, mar y soledad, en donde se ha comunicado el quehacer y valioso servicio de los fareros de la Armada de Chile, quienes al momento de leer estas líneas están planificando nuevas construcciones, efectuando mantención de sistemas y habitando faros para guiar a los navegantes, la luz eterna de aquellos fanales que son una luz en la tormenta dándonos fe y esperanza en que el trabajo por nuestra Patria, esforzado y silencioso, es reconocido por el mundo, siendo un orgullo decir que nuestro Faro Islotes Evangelistas es el faro patrimonio de la IALA para el 2026, lo cual debemos difundir a nivel nacional e internacional, desafío en que todos somos llamados a ser parte, Bravo Zulú Fareros del Fin del Mundo de la Armada de Chile.
La reciente gira del Presidente Gabriel Boric Font a la Provincia Antártica Chilena marcó un hito al ser la primera desde que asumió como Jefe de Estado, destacando el compromiso del Gobierno con la descentralización en el país. Viajar a una zona extrema de Chile, implica consideraciones logísticas y meteorológicas, donde se subrayó la importancia de los proyectos y avances en obras públicas, salud, conectividad, acceso a servicios financieros y protección de la biodiversidad, todos orientados al beneficio de la comunidad austral. Durante su visita de tres días, el Presidente Boric recorrió diversas localidades de Cabo de Hornos, estableciendo en Puerto Williams su centro logístico y trasladándose a Yendegaia y Puerto Toro, acompañado de autoridades nacionales, regionales y comunales. En Yendegaia, inauguró la décima etapa de la Ruta Vicuña-Yendegaia, que permitirá reducir en aproximadamente 12 horas el trayecto entre Puerto Williams y Punta Arenas. En Puerto Toro, se inauguró un punto de posada para helicópteros, que combina seguridad, presencia, apoyo y soberanía, despliegue donde se realizó un diálogo con la comunidad más austral del mundo. La conectividad es un pilar fundamental para el desarrollo de este territorio tan austral, donde proyectos como el muelle multipropósito de Puerto Williams, vienen a mejorar la infraestructura habilitante de la ciudad, para atender el tránsito marítimo en el canal Beagle, beneficiando la actividad logística, científica y turística tanto antártica, como subantártica, posicionándose como un nuevo polo de conectividad que se ejecutará gracias al Plan Especial de Zonas Extremas. El Presidente visitó el terreno donde se emplazará el futuro Centro de Rehabilitación Club de Leones Cruz del Sur en Puerto Williams, que atenderá a más de 170 personas en todo su ciclo vital, con servicios de rehabilitación física, garantizando el acceso equitativo a la salud. Además, destacamos la visita a la nueva sucursal de BancoEstado, necesidad sentida de nuestra comunidad y que luego de años de gestiones fue anunciada en la Cuenta Pública de dicha institución bancaria. Fue construida rápidamente para satisfacer la demanda de la comunidad y fomentar la inclusión financiera, siendo hoy una realidad valorada por la comunidad, especialmente si necesitamos solucionar una urgencia que antes era impensada resolver a la brevedad. Durante su estadía, el Presidente realizó un recorrido por las dependencias del Centro Subantártico Cabo de Hornos. Allí, fue recibido por el equipo de investigación de la Universidad de Magallanes y acompañado por integrantes del Subcomité Local de la Reserva de Biósfera Cabo de Hornos, donde representantes de la Comunidad Yagan Bahía Mejillones, además del sector pesquero, turístico, público y académico, entregaron un expediente de ampliación, rezonificación y renombramiento de la Reserva de Biósfera. Además, en este lugar el Presidente se reunió con la comunidad local y conoció sus principales demandas en salud, conectividad y servicios básicos. Seguiremos impulsando y trabajando hasta el último día, para avanzar en las necesidades que tienen. El Presidente enfatizó que, aunque se están logrando avances, la descentralización debe ser un deber del Estado. No nos olvidemos que, en todos los rincones de nuestra patria, hasta en los más inhóspitos, hay chilenos y chilenas ejerciendo soberanía con esfuerzo, con cariño. Hay un profesor, un carabinero, un pescador, una trabajadora, una dueña de casa, una madre, una persona mayor con experiencias que contar. Y, por lo tanto, a ellos como Gobierno, como Estado, nos debemos, manifestó en su último discurso en Puerto Williams, concluyendo con éxito su visita a esta tierra que ya conocía, pero que nos brindó el honor de tenerlo de regreso, hoy como Presidente de la República.
Hablar de energía en Magallanes es, ante todo, hablar de las personas que habitan esta tierra extrema. Es hablar de historia, de identidad y de desafíos que no se resuelven únicamente con grandes inversiones, sino con decisiones inteligentes, coherentes con el territorio y centradas en mejorar la calidad de vida de quienes viven aquí. Desde la exploración del petróleo y el gas en la década de 1950, con la creación de ENAP como pilar del desarrollo regional, hasta los desafíos actuales asociados a una posible nueva industria del hidrógeno verde, Magallanes ha estado siempre ligada a la energía. Hoy, esa historia nos vuelve a poner frente a una oportunidad que podría redefinir las bases energéticas y productivas de la región. Sin embargo, este desafío no es solo industrial: es profundamente social y humano. En un territorio marcado por bajas temperaturas, altos costos energéticos y viviendas muchas veces deficientes desde el punto de vista térmico, mejorar la calidad de vida pasa por cambios que pueden parecer pequeños, pero que son tremendamente efectivos. En el ámbito de la construcción, avanzar hacia viviendas más eficientes implica acciones concretas: reemplazar ventanas simples por ventanas termopanel, mejorar la aislación térmica de muros, techumbres y pisos, incorporar sistemas de ventilación pasiva o soluciones constructivas actuales que reduzcan la transmitancia térmica y aumenten la resistencia de la envolvente, en coherencia con la normativa vigente recientemente actualizada. Pero la eficiencia energética no se agota en la infraestructura. También requiere un cambio cultural. Implica una gestión energética real dentro de los hogares: uso responsable de la energía eléctrica, sistemas de climatización eficientes y correctamente dimensionados, incorporación de soluciones fotovoltaicas y eólicas en sectores que no cuentan con suministro eléctrico, y una comprensión clara de que cada decisión de consumo tiene un impacto económico, ambiental y social. En este contexto, la formación de capital humano es clave. Hoy, en INACAP Sede Punta Arenas, desde las carreras del área de Energías y Eficiencia Energética, estamos preparando a los técnicos y profesionales que la región necesita para enfrentar estos desafíos con una mirada aplicada, territorial y comprometida con el desarrollo sostenible. Profesionales capaces de dialogar con la industria, comprender la normativa, diseñar soluciones eficientes y, sobre todo, aportar desde su quehacer a una mejor calidad de vida para las familias magallánicas. Porque el futuro energético de Magallanes no se construye solo con grandes proyectos, sino también —y sobre todo— con viviendas más eficientes, decisiones informadas y profesionales formados con sentido de territorio. En una región donde el frío es parte de la vida, la eficiencia energética no es un lujo: es una necesidad y una responsabilidad compartida.
Chile ha logrado avances relevantes en la reducción de la pobreza cuando ha sido capaz de combinar crecimiento económico, empleo y políticas sociales bien diseñadas. Pero ese aprendizaje convive hoy con una realidad incómoda: mientras parte del país discute ritmos y modelos, existe un grupo de hogares para los cuales la espera ya no es una opción. Son los más pobres entre los pobres. La experiencia acumulada de las últimas décadas es clara. La superación sostenible de la pobreza depende, principalmente, de que los hogares puedan desarrollar capacidades y proyectos de vida con autonomía, y no en dependencia permanente del Estado. La evidencia es consistente: cuando la economía crece, se crean mejores empleos; cuando hay mejores empleos, aumentan los ingresos y la posibilidad real de resolver necesidades. Por el contrario, cuando el crecimiento se debilita y las políticas sociales se dispersan, la reducción de la pobreza se vuelve más lenta y frágil, incluso en contextos de mayor gasto social. Eso es precisamente lo que hoy observamos: una expansión significativa del gasto, acompañada de programas mal evaluados, incentivos desalineados e inercias institucionales que no siempre corrigen las deficiencias detectadas. El resultado es una política social que muchas veces administra la urgencia, pero no cambia trayectorias de vida. Dicho esto, conviene ser claros: las capacidades no aparecen por sí solas ni se distribuyen de manera equitativa. En contextos de vulnerabilidad extrema, rara vez se sostienen sin apoyo. Para quienes viven en pobreza severa, la autonomía no es un punto de partida, sino un objetivo lejano. Por eso, las políticas sociales han sido —y siguen siendo— fundamentales para complementar ingresos y crear condiciones mínimas de desarrollo. Plantear una dicotomía entre autonomía y apoyo estatal empobrece el debate y desconoce la realidad de los hogares más excluidos. Algo similar ocurre con la discusión entre focalización y universalización. La democracia se sostiene en el reconocimiento de derechos para todos, pero también en la obligación ética y política de priorizar a quienes más lo necesitan. La experiencia chilena muestra que avanzar en diagnósticos objetivos y en asignación de recursos basada en evidencia permitió corregir inequidades profundas y hacer más eficaces las políticas sociales. Hoy enfrentamos, además, una realidad más dura. Existen hogares que viven simultáneamente pobreza por ingresos y pobreza multidimensional, donde ya ni siquiera está presente la expectativa de salir adelante. A eso lo hemos llamado pobreza severa. Para ellos, las transferencias monetarias son necesarias, pero claramente insuficientes. Se requieren políticas públicas integradas que combinen apoyo de ingresos con servicios sociales, cuidados, educación, salud, vivienda y entornos que hagan posible sostener trayectorias de vida reales. Reducir la pobreza exige un enfoque complementario: crecimiento y empleo; transferencias focalizadas; políticas sanitarias y educativas de alto impacto; y programas que fortalezcan capacidades, sin perder el principio orientador de priorizar a quienes están en peor situación. Medir bien no es un tecnicismo: es la condición para no equivocarnos de urgencia. Si existe una emergencia permanente en Chile, no es solo la que aparece en los ciclos electorales, sino la que viven a diario quienes no tienen nada que perder. Sacarlos de la pobreza severa no es un eslogan: es una tarea impostergable que exige evidencia, coherencia y la voluntad de corregir lo que no funciona.
La Antártica suele imaginarse como un territorio reservado para científicos o exploradores, pero basta observar cualquier proyecto, expedición o iniciativa logística para darse cuenta de que el Continente Blanco funciona gracias a una red tan diversa como el país mismo. En una misma base pueden convivir biólogas, ingenieras, pilotos, glaciólogos, comunicadores, mecánicos, cocineras, educadoras, profesionales de la salud, expertas en logística, entre muchos otros. Todas estas miradas distintas sostienen un mismo propósito: comprender, cuidar y representar este ecosistema único. Esa transversalidad es justamente lo que necesitamos reflejar en nuestras aulas. La Antártica no pertenece solo a las ciencias naturales: es un eje que cruza la historia, geografía, salud, tecnología, economía, convivencia democrática y formación ciudadana. Incorporarla al currículum no significa añadir más contenidos, sino abrir una puerta pedagógica para conectar disciplinas que ya existen y que, al trabajar juntas, se vuelven más significativas para niños, niñas, adolescentes y jóvenes. Desde mi formación y experiencia como docente, he podido observar cómo el cruce de saberes se convierte en motor de aprendizaje. La Antártica, por su naturaleza multidimensional, facilita el desarrollo de habilidades como la observación, el análisis, el pensamiento crítico y la resolución de problemas. A través de ejemplos vinculados al hielo, la conectividad oceánica, la biodiversidad o la historia polar, estudiantes de distintas áreas encuentran puntos de conexión entre lo que aprenden en el aula y los fenómenos que moldean el planeta. El Instituto Antártico Chileno (INACH) ha impulsado esta mirada integradora mediante programas educativos que fomentan la investigación escolar, la formación de docentes y el acercamiento temprano a temáticas polares. Iniciativas como la Feria Antártica Escolar (FAE), los talleres para la enseñanza en todo el ciclo escolar y las actividades de divulgación han permitido que miles de estudiantes y educadores de distintas regiones del país se vinculen con contenidos antárticos desde distintas perspectivas disciplinares. Esto evidencia que la Antártica no es un tema accesorio, sino un recurso pedagógico estratégico para fortalecer competencias transversales. Asimismo, la integración curricular de estos contenidos contribuye directamente a la identidad nacional y regional. Chile mantiene una relación histórica, geográfica y científica con la Antártica y en Magallanes esa conexión se vive cotidianamente, ya sea en su clima, su cultura, su logística o su papel como puerta de entrada al Continente Blanco. Trabajar temas antárticos en las escuelas no solo promueve la educación científica, sino que refuerza el sentido de pertenencia, la valoración del territorio y la noción de responsabilidad colectiva hacia un ecosistema que incide directamente en el futuro del planeta y el nuestro. Comprender la Antártica como un lenguaje común, que sea capaz de articular distintas áreas del conocimiento y distintas trayectorias profesionales, permite avanzar hacia una educación más integrada y contextualizada. Es una invitación a pensar el aprendizaje como un espacio donde la ciencia dialoga con la cultura, donde la tecnología se vincula con la historia y donde la formación ciudadana adquiere un significado concreto al enfrentar desafíos reales. Impulsar la transversalidad antártica en el currículum escolar no es solo una iniciativa educativa, sino un compromiso con el Conteniente Blanco. Es vital formar generaciones que comprendan su entorno, que se apropien de su rol frente al cambio climático y que reconozcan la importancia estratégica del territorio antártico para Chile y para el mundo. Camilo Avendaño Mancilla Área de Educación Instituto Antártico Chileno (INACH) Fuente: biobiochile.cl
El pasado 10 de diciembre en la reunión de la Organización Internacional de las Ayudas a la Navegación, importante instancia en donde Chile es parte del consejo directivo, Faro Islotes Evangelistas fue declarado Faro Patrimonio Internacional para el año 2026. Este importante reconocimiento fue un logro para nuestro país, este emblemático faro está ubicado en la boca occidental del Estrecho de Magallanes, construido entre 1895 a 1896 bajo la dirección del ingeniero George Sligth, guiando a los navegantes siendo una luz en la tormenta en uno de los lugares más inhóspitos y extremos del océano Pacífico. Su construcción en sí fue una epopeya, al igual que el trabajo que han realizado por casi 130 años los Fareros del Fin del Mundo, nuestros fareros, que han mantenido encendido el fanal y su estructura, siendo un legado que ha trascendido tres siglos. Su nominación fue un trabajo arduo, en donde un equipo técnico internacional evalúa su valor arquitectónico, importancia y relación con la comunidad, siendo elegido entre 14 faros que fueron postulados por 14 países, siendo elegido y honrando el duro trabajo que realiza nuestro país a través de los fareros de la Armada de Chile. Chile es parte del consejo de la IALA desde 1982 en forma ininterrumpida, siendo parte importante de las decisiones técnicas internacionales en el desarrollo e implementación de las Ayudas a la Navegación a nivel mundial. El presente año, por medio del comité de Relaciones Exteriores del Senado, se reafirmó la adhesión de Chile a esta IALA, organización que se ha consolidado y proyectado en sistema internacional, de la cual somos parte y debemos estar profundamente orgullosos, siendo una gestión que honra el rol de Chile en el mundo marítimo internacional y que por nuestra condición de país marítimo tenemos mucho que decir. El trabajo de los Fareros del Fin del Mundo, hombres y mujeres que mantienen una de las redes de Ayuda a la Navegación más densa a nivel mundial, es una luz en la tormenta ejerciendo soberanía efectiva desde nuestro limite norte, desde Rapa Nui y hasta el Territorio Chileno Antártico, siendo el 21 de marzo inaugurado el Faro Monumental Piloto Pardo el más moderno en el continente antártico. Es de esta manera que este reconocimiento internacional refuerza el rol de Chile en el sistema internacional, siendo fruto de un tremendo esfuerzo en donde se ha realizado un trabajo muchas veces silencioso en historias escritas entre viento, mar y soledad, en donde se ha comunicado el quehacer y valioso servicio de los fareros de la Armada de Chile, quienes al momento de leer estas líneas están planificando nuevas construcciones, efectuando mantención de sistemas y habitando faros para guiar a los navegantes, la luz eterna de aquellos fanales que son una luz en la tormenta dándonos fe y esperanza en que el trabajo por nuestra Patria, esforzado y silencioso, es reconocido por el mundo, siendo un orgullo decir que nuestro Faro Islotes Evangelistas es el faro patrimonio de la IALA para el 2026, lo cual debemos difundir a nivel nacional e internacional, desafío en que todos somos llamados a ser parte, Bravo Zulú Fareros del Fin del Mundo de la Armada de Chile.
La reciente gira del Presidente Gabriel Boric Font a la Provincia Antártica Chilena marcó un hito al ser la primera desde que asumió como Jefe de Estado, destacando el compromiso del Gobierno con la descentralización en el país. Viajar a una zona extrema de Chile, implica consideraciones logísticas y meteorológicas, donde se subrayó la importancia de los proyectos y avances en obras públicas, salud, conectividad, acceso a servicios financieros y protección de la biodiversidad, todos orientados al beneficio de la comunidad austral. Durante su visita de tres días, el Presidente Boric recorrió diversas localidades de Cabo de Hornos, estableciendo en Puerto Williams su centro logístico y trasladándose a Yendegaia y Puerto Toro, acompañado de autoridades nacionales, regionales y comunales. En Yendegaia, inauguró la décima etapa de la Ruta Vicuña-Yendegaia, que permitirá reducir en aproximadamente 12 horas el trayecto entre Puerto Williams y Punta Arenas. En Puerto Toro, se inauguró un punto de posada para helicópteros, que combina seguridad, presencia, apoyo y soberanía, despliegue donde se realizó un diálogo con la comunidad más austral del mundo. La conectividad es un pilar fundamental para el desarrollo de este territorio tan austral, donde proyectos como el muelle multipropósito de Puerto Williams, vienen a mejorar la infraestructura habilitante de la ciudad, para atender el tránsito marítimo en el canal Beagle, beneficiando la actividad logística, científica y turística tanto antártica, como subantártica, posicionándose como un nuevo polo de conectividad que se ejecutará gracias al Plan Especial de Zonas Extremas. El Presidente visitó el terreno donde se emplazará el futuro Centro de Rehabilitación Club de Leones Cruz del Sur en Puerto Williams, que atenderá a más de 170 personas en todo su ciclo vital, con servicios de rehabilitación física, garantizando el acceso equitativo a la salud. Además, destacamos la visita a la nueva sucursal de BancoEstado, necesidad sentida de nuestra comunidad y que luego de años de gestiones fue anunciada en la Cuenta Pública de dicha institución bancaria. Fue construida rápidamente para satisfacer la demanda de la comunidad y fomentar la inclusión financiera, siendo hoy una realidad valorada por la comunidad, especialmente si necesitamos solucionar una urgencia que antes era impensada resolver a la brevedad. Durante su estadía, el Presidente realizó un recorrido por las dependencias del Centro Subantártico Cabo de Hornos. Allí, fue recibido por el equipo de investigación de la Universidad de Magallanes y acompañado por integrantes del Subcomité Local de la Reserva de Biósfera Cabo de Hornos, donde representantes de la Comunidad Yagan Bahía Mejillones, además del sector pesquero, turístico, público y académico, entregaron un expediente de ampliación, rezonificación y renombramiento de la Reserva de Biósfera. Además, en este lugar el Presidente se reunió con la comunidad local y conoció sus principales demandas en salud, conectividad y servicios básicos. Seguiremos impulsando y trabajando hasta el último día, para avanzar en las necesidades que tienen. El Presidente enfatizó que, aunque se están logrando avances, la descentralización debe ser un deber del Estado. No nos olvidemos que, en todos los rincones de nuestra patria, hasta en los más inhóspitos, hay chilenos y chilenas ejerciendo soberanía con esfuerzo, con cariño. Hay un profesor, un carabinero, un pescador, una trabajadora, una dueña de casa, una madre, una persona mayor con experiencias que contar. Y, por lo tanto, a ellos como Gobierno, como Estado, nos debemos, manifestó en su último discurso en Puerto Williams, concluyendo con éxito su visita a esta tierra que ya conocía, pero que nos brindó el honor de tenerlo de regreso, hoy como Presidente de la República.