En medio de tanta violencia, destrucción y muerte que los señores de la guerra (Trump, Putin, Netanyahu y tantos otros) están sembrando por el mundo, vale la pena mirar nuestro planeta desde el espacio en las imágenes que envían los astronautas de la misión Artemis, porque se produce un cambio de perspectiva: la Tierra aparece pequeña, frágil, sin divisiones ni fronteras, aparece como la casa de todos y como una responsabilidad compartida. Es una mirada que nos abre a la grandeza del universo creado por Dios y a la noble misión del ser humano, la cual está más allá de toda la tecnología que hace posible estos viajes maravillosos. En esta ocasión, antes de entrar en el silencio de las comunicaciones al pasar por el lado oculto de la luna, el astronauta Víctor Glover envió un nítido mensaje recordándonos qué es lo importante en la vida de los seres humanos. Dijo el astronauta Glover: “Mientras nos acercamos al punto más cercano a la Luna y al más lejano de la Tierra, mientras seguimos desentrañando los misterios del cosmos, quisiera recordarles uno de los misterios más importantes que hay en la Tierra: el amor”. Y añadió: “Cristo dijo, al responder cuál era el mandamiento más grande, que era amar a Dios con todo lo que eres; y Él, siendo un gran maestro, dijo que el segundo es semejante a este: amar a tu prójimo como a ti mismo. Así que, mientras nos preparamos para salir de la comunicación por radio, seguimos abiertos a sentir su amor desde la Tierra. Y a todos ustedes allá abajo, en la Tierra y alrededor de ella, los amamos. Nos veremos del otro lado”. Así, desde uno de los proyectos científicos más importantes del último tiempo, con un impresionante despliegue tecnológico, las palabras del astronauta Glover ponen de manifiesto que el verdadero progreso humano no se alcanza, simplemente, en el crecimiento económico, científico o tecnológico, sino en el crecimiento en la capacidad de amar. Como también lo señaló, hace algunos años, el Papa Benedicto XVI conversando con los astronautas de la Estación Espacial Internacional que orbitaba alrededor del planeta: “ Creo que les resulta evidente que todos vivimos juntos en una sola Tierra y que es absurdo luchar y matarnos unos a otros”. Entonces, el avance científico y tecnológico que es la misión espacial Artemis no puede entenderse solo en clave científica, tecnológica o geopolítica, sino en la clave de un desarrollo humano integral. Pero, al ver la vida en nuestra Casa Común dividida por violencias y guerras, por injusticias y discriminaciones, son necesarias las preguntas acerca de adónde nos llevará todo esto. La primera pregunta evidente es quién quiere apoderarse del espacio, porque detrás de estos avances científicos hay también intereses por el control comercial y militar del espacio. La “conquista del espacio” no puede ser una conquista como tantas que ha habido en la historia que dejan unos bienes o territorios en manos de unos pocos, y una estela de violencia e injusticias para muchos. El espacio no es “tierra de nadie” que se transforme en posesión del primero que llega, sino que es un bien común que debe ser tratado con normas jurídicas claras y con sentido de responsabilidad para toda la humanidad y las generaciones futuras. Desde 1967 en las Naciones Unidas, 120 países -Chile entre ellos- han firmado el Tratado del Espacio Ultraterrestre que establece que el espacio es libre para la exploración y uso de todos los países , prohibiendo la apropiación nacional, la soberanía y la colocación de armas de destrucción masiva. Pero, los violentos, los “señores de la guerra” de hoy o de mañana ¿estarán dispuestos a respetarlo?, ¿las guerras del futuro serán como las del cine que hoy es de ciencia ficción? La discusión sigue abierta, porque algunos sostienen que la extracción y venta de recursos minerales u otros por parte de las potencias espaciales no sería una “apropiación nacional”, sino un uso legítimo. Veremos qué pasa… Claramente, el desarrollo científico y tecnológico y misiones espaciales como Artemis -y las que vengan en el futuro- nos ofrecen a toda la humanidad una segunda oportunidad ante tantos errores que hemos cometido en la Tierra; la condición es que tomemos en serio y vayamos dando pasos en nuestra vida personal, familiar, social, política y económica en la línea que señalaba el astronauta Glover, viviendo el misterio más grande que hay en la Tierra, el amor. Para terminar, un fragmento de la “Oda al Aire”, de Pablo Neruda: “ No, aire,/no te vendas,/que no te canalicen,/que no te entuben,/que no te encajen ni te compriman/que no te hagan tabletas,/que no te metan en una botella,/ ¡cuidado!”. 12 abril 2026
Una pregunta que ronda en la cabeza de no pocas personas es cómo celebrar la Pascua en medio de tanta violencia y muerte. ¿Cómo celebrar la victoria del amor sobre la maldad y de la vida sobre la muerte? ¿Cómo celebrar el nacimiento de un ser humano nuevo, cuando vivimos en un mundo de violencia, de dolor y muerte, que nos embiste por todos lados: en la violencia de las guerras y de la injusticia, en la violencia en las familias, y hasta en los colegios? Pareciera que todos los esfuerzos de los seres humanos, por grandes que sean, chocan con una barrera invencible: el triunfo de los violentos y su maldad y la victoria de la muerte. Precisamente, la Pascua es la irrupción del ser humano nuevo -el Resucitado- en medio de la violencia que se ha desatado en el ajusticiamiento de Jesús, el Servidor de Dios y de todos. La Pascua del Resucitado es el anuncio de que la violencia, la maldad y la muerte no tienen la última palabra en la vida de las personas ni en el mundo. La última palabra la dice Dios, y es una palabra de vida que derrota los dos enemigos de la felicidad humana: el pecado y la muerte. Esta es la novedad que irrumpe con Jesús de Nazaret que en Galilea proclamaba: “El tiempo de espera ha terminado. Se acerca el nuevo orden [el Reino de Dios] que trae Dios. Cambien su forma de pensar y de actuar. Crean esta buena noticia”. Y también dice el evangelio que “vino a los suyos, y los suyos no le recibieron”; así el que “pasó por el mundo haciendo el bien” fue rechazado y terminó ajusticiado en la cruz. Pero tres días después, las mujeres fueron de madrugada al sepulcro y oyeron una voz: “¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo? Jesús no está aquí. Ha resucitado”. Esta es la novedad de la Pascua, la fiesta central de la fe cristiana que celebra que la buena noticia se ha hecho realidad, la espera ha terminado porque Dios ha hecho lo definitivo: de un muerto surgió un resucitado, un ser nuevo, una vida plena en Dios sin pecado ni muerte. Y como el Resucitado está libre del tiempo y del espacio y de todos los condicionamientos humanos, aparece y desaparece, se hace presente con los caminantes de Emaús, se presenta en la playa donde come con los apóstoles y se le reconoce al partir el pan. Claro que a Alguien así, a los primeros discípulos les costaba definirlo, y fue el apóstol Pablo que en sus cartas lo fue explicando y lo señaló como “el nuevo Adán”, es decir, “el Hombre Nuevo”, que ya no está sometido a los poderes de este mundo ni a la muerte. También, Pablo dirá que es “un cuerpo espiritual”, es decir, que es Alguien concreto y reconocible como persona, pero de una manera diferente, “espiritual”, como Dios que está en todo, actúa en todos y llena el universo; es decir, dirá Pablo “en Cristo habita corporalmente toda la plenitud de Dios”. Esta novedad del Resucitado, que es algo imposible para las fuerzas y poderes de este mundo, y resulta increíble para la sola razón que busca dominarlo todo, no consiste en la reanimación de un cadáver -como pasó con Lázaro, a quien Jesús sacó del sepulcro y volvió a ser el que era antes y, luego, terminó muriendo- sino es que la muerte ya no tiene dominio sobre Él. Entonces, al apóstol Pablo dirá con provocativa ironía: “¿Dónde está, oh muerte, tu victoria? ¿Dónde quedó, oh muerte, tu aguijón? La muerte ha sido devorada por la victoria de Cristo”. Por eso, la Pascua es la inauguración del ser humano nuevo, plenamente realizado. Es el nacimiento de la Humanidad Nueva, la cual no acontece sólo en Jesús, sino que es un don para todas las personas, pues “Él es el primogénito de entre los muertos”, “es el primero entre muchos hermanos”. A veces, en situaciones difíciles, se escucha decir -como torpe frase de consuelo- no te preocupes, todo tiene solución, menos la muerte. Ese torpe consuelo no tiene nada que ver con la fe cristiana, pues la fe de los cristianos es precisamente la proclamación de que la muerte ha sido solucionada, ha quedado vencida por Aquel que es la Resurrección y la Vida, y el triunfo no pertenece a la maldad y a los violentos, sino a Dios que es el Amor. Entonces, la Pascua del Señor Jesús es la celebración alegre y esperanzada de la presencia cercana y operante del Resucitado. En ella celebramos que no vivimos para ser aplastados por la maldad humana y que no vivimos para morir, sino para resucitar. 5 abril 2026
En el programa Buenos Días Región de Polar Comunicaciones, el arquitecto y ex seremi de Vivienda y Urbanismo de Magallanes, Marco Uribe Saldivia, abordó la controversia generada tras el desistimiento del proceso de expropiación del ex Club Hípico de Punta Arenas, calificando la decisión como una señal política que impacta directamente en el desarrollo urbano de la región. Según expuso, lo ocurrido no corresponde únicamente a una medida administrativa, sino que refleja un cambio de criterio a nivel central. En ese contexto, sostuvo que “el nuevo gobierno ha optado por frenar un proyecto estratégico para la ciudad, aun cuando este ya contaba con sustento técnico, respaldo institucional y un avanzado nivel de gestión pública”. Uribe también cuestionó la decisión impulsada desde el Ministerio de Vivienda y Urbanismo, señalando que el desistimiento “no responde al denominado Plan de Ajuste Fiscal. Responde a una decisión política centralista de deshacer lo avanzado durante el gobierno del Presidente Gabriel Boric”. Durante la conversación, enfatizó que el proyecto del ex Club Hípico fue el resultado de un trabajo sostenido en el tiempo, desarrollado por equipos técnicos del MINVU y SERVIU, quienes realizaron estudios, evaluaciones de factibilidad y levantamiento de antecedentes para estructurar una propuesta alineada con la planificación urbana de Punta Arenas. Asimismo, destacó que la iniciativa no solo contaba con respaldo técnico, sino también con gestiones políticas e institucionales que permitieron su presentación ante el Consejo Regional para optar a financiamiento compartido, además de esfuerzos por asegurar recursos sectoriales en un contexto regional competitivo.
El alza del precio de los combustibles ha sido un tema mayor. Todos andamos con el alma en vilo preguntándonos cuánto van a subir todas las cosas y hasta donde nos alcanzará la plata. También el alza de la bencina nos hace presente la otra cara de la globalización: una lejana guerra entre los supuestos amos del mundo se nos hace cercana y toca nuestros bolsillos. No me referiré directamente a este problema y a las medidas que el gobierno ha tomado; otros lo han hecho y lo harán con mayor capacidad y competencia; quisiera proponer otra mirada desde lo que los cristianos vivimos y celebramos en estos días. Todo esto ocurre cuando hoy, los cristianos iniciamos la celebración de la “Semana Santa”. Hoy es el llamado “Domingo de Ramos”, que recuerda la entrada del Señor Jesús a Jerusalén y la confrontación final con sus adversarios. Llega viviendo una apasionada entrega de amor para -como Hijo de Dios- derrotar a los principales enemigos de la felicidad humana: el pecado y la muerte. Me parece relevante preguntarnos qué tienen que ver los problemas y situaciones que vivimos con la celebración de la pasión, muerte y resurrección del Señor Jesús. El Señor Jesús vivió una vida entregada a su Padre como el Servidor de todos, desde la pobreza del pesebre hasta la entrega total en la cruz. Pasó por el mundo haciendo el bien, liberando de los padecimientos y el mal (el pecado) que oprimen al ser humano, y manifestando en su persona que la muerte no es el final del camino, sino la vida plena en Dios. Es el Servidor de Dios y de todos. Jesús es el Servidor que ofrece la gratuidad del don de Dios, sin apropiarse de nada ni de nadie, llamando a que cada uno sea libre (“si quieres ser mi discípulo…”) y así viva algo nuevo haciéndose servidor de los demás. El Señor Jesús encontró mucha resistencia, tanta que al final lo mataron, pero permaneció siempre como Servidor; nunca fue dominador ni aprovechador. Jesús murió tal como vivió, invocando el perdón de Dios para quienes lo matan, siempre como el Servidor de todos. El Señor Jesús no caminó hacia el fracaso, como piensan los que viven desde la fuerza, el dinero, la razón altiva o el poder mundanos. La insospechada novedad de su resurrección nos dice que el camino que ha recorrido es de pleno éxito, es el triunfo del que permanece siempre como Servidor. Su historia no termina en la tumba -que está vacía-, sino que su triunfo viene de Dios que lo resucita como Señor de todo lo creado, y sigue siendo el Servidor de todos. La resurrección de Jesús es un anuncio increíble para las lógicas de este mundo. El camino del Servidor es un itinerario de éxito pleno: el grano de trigo sepultado en la tierra ha dado una espiga nueva en el Resucitado y en la comunidad creyente que en estos días renueva su fe en el Señor Jesús, dispuesta a seguirlo por el mismo camino de Servidor que Él recorre. Entonces, ¿cómo vivir la pasión de Jesús y nuestros dolores humanos y acoger que en medio de las dificultades de la vida es cuando Dios está más cerca que nunca de nosotros, como lo hizo con Jesús, el Servidor? Dios consuela cuando consolamos: cuando nos importa el sufrimiento de los demás y tratamos de abrir otros espacios en sus vidas; allí Dios consuela. Dios acompaña cuando acompañamos, cuando sabemos que no perdemos el tiempo al estar junto con los que lo están pasando mal; entonces, Dios acompaña. Dios sostiene cuando sostenemos, cuando solidariamente damos una mano para sostener cualquier fragilidad; allí Dios sostiene. Él está cerca y nos invita a hacernos servidores de la vida, de los pequeños y los que nos son amados, de los que sufren injusticias y son excluidos. Nos llama a vivir sabiendo que quien no es servidor es un aprovechador, y siguiendo a Jesús Servidor hacemos el camino del éxito según Dios. En este “Domingo de Ramos” bendecimos a Dios con los ramos que recuerdan que la gente recibió a Jesús con palmas y ramos de olivo cuando llegó a Jerusalén; acá en la Patagonia los ramos son de coigüe. Estos ramos que llevamos a nuestras casas son signo de nuestra acogida a Jesús, el Servidor. Con el signo del ramo le decimos al Señor Jesús: “bienvenido a este hogar, aquí te aclamamos como el Señor de nuestras vidas”. Al poner los ramos en nuestras casas, le decimos a Jesús, el Servidor, que Él es el verdadero dueño de casa y de nuestras vidas. 29 marzo 2026
No es una guerra. No hay bandos ni causas, sólo una autoridad que intenta educar y paga por eso con su vida. La inspectora no estaba ahí para defenderse, sino para sostener algo mucho más frágil: un orden basado en que alguien pueda decir no y que ese no sea aceptado. Ese gesto mínimo -separar, contener, poner límites- hoy parece intolerable. Y cuando un límite se vuelve intolerable, cualquier respuesta empieza a parecer posible. Durante años hemos trabajado con esmero en desacreditar toda forma de autoridad. La confundimos con abuso, la reducimos a sospecha, la desarmamos hasta dejarla sin lenguaje. Después, con cierta hipocresía, nos escandalizamos cuando alguien educado en ese clima decide que no hay nada que obedecer. La violencia no aparece de pronto: se instala lentamente, como una costumbre. Primero en el tono, luego en el gesto, finalmente en el acto. La inspectora murió haciendo su trabajo. No hay épica ni consuelo en eso. Sólo una evidencia incómoda: una sociedad que no protege a quienes enseñan termina educando para la violencia. Y cuando eso ocurre, el colegio deja de ser un lugar donde se aprende a vivir con otros y se convierte en un lugar donde se mata sin explicación. Fuente: LUN
En medio de tanta violencia, destrucción y muerte que los señores de la guerra (Trump, Putin, Netanyahu y tantos otros) están sembrando por el mundo, vale la pena mirar nuestro planeta desde el espacio en las imágenes que envían los astronautas de la misión Artemis, porque se produce un cambio de perspectiva: la Tierra aparece pequeña, frágil, sin divisiones ni fronteras, aparece como la casa de todos y como una responsabilidad compartida. Es una mirada que nos abre a la grandeza del universo creado por Dios y a la noble misión del ser humano, la cual está más allá de toda la tecnología que hace posible estos viajes maravillosos. En esta ocasión, antes de entrar en el silencio de las comunicaciones al pasar por el lado oculto de la luna, el astronauta Víctor Glover envió un nítido mensaje recordándonos qué es lo importante en la vida de los seres humanos. Dijo el astronauta Glover: “Mientras nos acercamos al punto más cercano a la Luna y al más lejano de la Tierra, mientras seguimos desentrañando los misterios del cosmos, quisiera recordarles uno de los misterios más importantes que hay en la Tierra: el amor”. Y añadió: “Cristo dijo, al responder cuál era el mandamiento más grande, que era amar a Dios con todo lo que eres; y Él, siendo un gran maestro, dijo que el segundo es semejante a este: amar a tu prójimo como a ti mismo. Así que, mientras nos preparamos para salir de la comunicación por radio, seguimos abiertos a sentir su amor desde la Tierra. Y a todos ustedes allá abajo, en la Tierra y alrededor de ella, los amamos. Nos veremos del otro lado”. Así, desde uno de los proyectos científicos más importantes del último tiempo, con un impresionante despliegue tecnológico, las palabras del astronauta Glover ponen de manifiesto que el verdadero progreso humano no se alcanza, simplemente, en el crecimiento económico, científico o tecnológico, sino en el crecimiento en la capacidad de amar. Como también lo señaló, hace algunos años, el Papa Benedicto XVI conversando con los astronautas de la Estación Espacial Internacional que orbitaba alrededor del planeta: “ Creo que les resulta evidente que todos vivimos juntos en una sola Tierra y que es absurdo luchar y matarnos unos a otros”. Entonces, el avance científico y tecnológico que es la misión espacial Artemis no puede entenderse solo en clave científica, tecnológica o geopolítica, sino en la clave de un desarrollo humano integral. Pero, al ver la vida en nuestra Casa Común dividida por violencias y guerras, por injusticias y discriminaciones, son necesarias las preguntas acerca de adónde nos llevará todo esto. La primera pregunta evidente es quién quiere apoderarse del espacio, porque detrás de estos avances científicos hay también intereses por el control comercial y militar del espacio. La “conquista del espacio” no puede ser una conquista como tantas que ha habido en la historia que dejan unos bienes o territorios en manos de unos pocos, y una estela de violencia e injusticias para muchos. El espacio no es “tierra de nadie” que se transforme en posesión del primero que llega, sino que es un bien común que debe ser tratado con normas jurídicas claras y con sentido de responsabilidad para toda la humanidad y las generaciones futuras. Desde 1967 en las Naciones Unidas, 120 países -Chile entre ellos- han firmado el Tratado del Espacio Ultraterrestre que establece que el espacio es libre para la exploración y uso de todos los países , prohibiendo la apropiación nacional, la soberanía y la colocación de armas de destrucción masiva. Pero, los violentos, los “señores de la guerra” de hoy o de mañana ¿estarán dispuestos a respetarlo?, ¿las guerras del futuro serán como las del cine que hoy es de ciencia ficción? La discusión sigue abierta, porque algunos sostienen que la extracción y venta de recursos minerales u otros por parte de las potencias espaciales no sería una “apropiación nacional”, sino un uso legítimo. Veremos qué pasa… Claramente, el desarrollo científico y tecnológico y misiones espaciales como Artemis -y las que vengan en el futuro- nos ofrecen a toda la humanidad una segunda oportunidad ante tantos errores que hemos cometido en la Tierra; la condición es que tomemos en serio y vayamos dando pasos en nuestra vida personal, familiar, social, política y económica en la línea que señalaba el astronauta Glover, viviendo el misterio más grande que hay en la Tierra, el amor. Para terminar, un fragmento de la “Oda al Aire”, de Pablo Neruda: “ No, aire,/no te vendas,/que no te canalicen,/que no te entuben,/que no te encajen ni te compriman/que no te hagan tabletas,/que no te metan en una botella,/ ¡cuidado!”. 12 abril 2026
Una pregunta que ronda en la cabeza de no pocas personas es cómo celebrar la Pascua en medio de tanta violencia y muerte. ¿Cómo celebrar la victoria del amor sobre la maldad y de la vida sobre la muerte? ¿Cómo celebrar el nacimiento de un ser humano nuevo, cuando vivimos en un mundo de violencia, de dolor y muerte, que nos embiste por todos lados: en la violencia de las guerras y de la injusticia, en la violencia en las familias, y hasta en los colegios? Pareciera que todos los esfuerzos de los seres humanos, por grandes que sean, chocan con una barrera invencible: el triunfo de los violentos y su maldad y la victoria de la muerte. Precisamente, la Pascua es la irrupción del ser humano nuevo -el Resucitado- en medio de la violencia que se ha desatado en el ajusticiamiento de Jesús, el Servidor de Dios y de todos. La Pascua del Resucitado es el anuncio de que la violencia, la maldad y la muerte no tienen la última palabra en la vida de las personas ni en el mundo. La última palabra la dice Dios, y es una palabra de vida que derrota los dos enemigos de la felicidad humana: el pecado y la muerte. Esta es la novedad que irrumpe con Jesús de Nazaret que en Galilea proclamaba: “El tiempo de espera ha terminado. Se acerca el nuevo orden [el Reino de Dios] que trae Dios. Cambien su forma de pensar y de actuar. Crean esta buena noticia”. Y también dice el evangelio que “vino a los suyos, y los suyos no le recibieron”; así el que “pasó por el mundo haciendo el bien” fue rechazado y terminó ajusticiado en la cruz. Pero tres días después, las mujeres fueron de madrugada al sepulcro y oyeron una voz: “¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo? Jesús no está aquí. Ha resucitado”. Esta es la novedad de la Pascua, la fiesta central de la fe cristiana que celebra que la buena noticia se ha hecho realidad, la espera ha terminado porque Dios ha hecho lo definitivo: de un muerto surgió un resucitado, un ser nuevo, una vida plena en Dios sin pecado ni muerte. Y como el Resucitado está libre del tiempo y del espacio y de todos los condicionamientos humanos, aparece y desaparece, se hace presente con los caminantes de Emaús, se presenta en la playa donde come con los apóstoles y se le reconoce al partir el pan. Claro que a Alguien así, a los primeros discípulos les costaba definirlo, y fue el apóstol Pablo que en sus cartas lo fue explicando y lo señaló como “el nuevo Adán”, es decir, “el Hombre Nuevo”, que ya no está sometido a los poderes de este mundo ni a la muerte. También, Pablo dirá que es “un cuerpo espiritual”, es decir, que es Alguien concreto y reconocible como persona, pero de una manera diferente, “espiritual”, como Dios que está en todo, actúa en todos y llena el universo; es decir, dirá Pablo “en Cristo habita corporalmente toda la plenitud de Dios”. Esta novedad del Resucitado, que es algo imposible para las fuerzas y poderes de este mundo, y resulta increíble para la sola razón que busca dominarlo todo, no consiste en la reanimación de un cadáver -como pasó con Lázaro, a quien Jesús sacó del sepulcro y volvió a ser el que era antes y, luego, terminó muriendo- sino es que la muerte ya no tiene dominio sobre Él. Entonces, al apóstol Pablo dirá con provocativa ironía: “¿Dónde está, oh muerte, tu victoria? ¿Dónde quedó, oh muerte, tu aguijón? La muerte ha sido devorada por la victoria de Cristo”. Por eso, la Pascua es la inauguración del ser humano nuevo, plenamente realizado. Es el nacimiento de la Humanidad Nueva, la cual no acontece sólo en Jesús, sino que es un don para todas las personas, pues “Él es el primogénito de entre los muertos”, “es el primero entre muchos hermanos”. A veces, en situaciones difíciles, se escucha decir -como torpe frase de consuelo- no te preocupes, todo tiene solución, menos la muerte. Ese torpe consuelo no tiene nada que ver con la fe cristiana, pues la fe de los cristianos es precisamente la proclamación de que la muerte ha sido solucionada, ha quedado vencida por Aquel que es la Resurrección y la Vida, y el triunfo no pertenece a la maldad y a los violentos, sino a Dios que es el Amor. Entonces, la Pascua del Señor Jesús es la celebración alegre y esperanzada de la presencia cercana y operante del Resucitado. En ella celebramos que no vivimos para ser aplastados por la maldad humana y que no vivimos para morir, sino para resucitar. 5 abril 2026
En el programa Buenos Días Región de Polar Comunicaciones, el arquitecto y ex seremi de Vivienda y Urbanismo de Magallanes, Marco Uribe Saldivia, abordó la controversia generada tras el desistimiento del proceso de expropiación del ex Club Hípico de Punta Arenas, calificando la decisión como una señal política que impacta directamente en el desarrollo urbano de la región. Según expuso, lo ocurrido no corresponde únicamente a una medida administrativa, sino que refleja un cambio de criterio a nivel central. En ese contexto, sostuvo que “el nuevo gobierno ha optado por frenar un proyecto estratégico para la ciudad, aun cuando este ya contaba con sustento técnico, respaldo institucional y un avanzado nivel de gestión pública”. Uribe también cuestionó la decisión impulsada desde el Ministerio de Vivienda y Urbanismo, señalando que el desistimiento “no responde al denominado Plan de Ajuste Fiscal. Responde a una decisión política centralista de deshacer lo avanzado durante el gobierno del Presidente Gabriel Boric”. Durante la conversación, enfatizó que el proyecto del ex Club Hípico fue el resultado de un trabajo sostenido en el tiempo, desarrollado por equipos técnicos del MINVU y SERVIU, quienes realizaron estudios, evaluaciones de factibilidad y levantamiento de antecedentes para estructurar una propuesta alineada con la planificación urbana de Punta Arenas. Asimismo, destacó que la iniciativa no solo contaba con respaldo técnico, sino también con gestiones políticas e institucionales que permitieron su presentación ante el Consejo Regional para optar a financiamiento compartido, además de esfuerzos por asegurar recursos sectoriales en un contexto regional competitivo.
El alza del precio de los combustibles ha sido un tema mayor. Todos andamos con el alma en vilo preguntándonos cuánto van a subir todas las cosas y hasta donde nos alcanzará la plata. También el alza de la bencina nos hace presente la otra cara de la globalización: una lejana guerra entre los supuestos amos del mundo se nos hace cercana y toca nuestros bolsillos. No me referiré directamente a este problema y a las medidas que el gobierno ha tomado; otros lo han hecho y lo harán con mayor capacidad y competencia; quisiera proponer otra mirada desde lo que los cristianos vivimos y celebramos en estos días. Todo esto ocurre cuando hoy, los cristianos iniciamos la celebración de la “Semana Santa”. Hoy es el llamado “Domingo de Ramos”, que recuerda la entrada del Señor Jesús a Jerusalén y la confrontación final con sus adversarios. Llega viviendo una apasionada entrega de amor para -como Hijo de Dios- derrotar a los principales enemigos de la felicidad humana: el pecado y la muerte. Me parece relevante preguntarnos qué tienen que ver los problemas y situaciones que vivimos con la celebración de la pasión, muerte y resurrección del Señor Jesús. El Señor Jesús vivió una vida entregada a su Padre como el Servidor de todos, desde la pobreza del pesebre hasta la entrega total en la cruz. Pasó por el mundo haciendo el bien, liberando de los padecimientos y el mal (el pecado) que oprimen al ser humano, y manifestando en su persona que la muerte no es el final del camino, sino la vida plena en Dios. Es el Servidor de Dios y de todos. Jesús es el Servidor que ofrece la gratuidad del don de Dios, sin apropiarse de nada ni de nadie, llamando a que cada uno sea libre (“si quieres ser mi discípulo…”) y así viva algo nuevo haciéndose servidor de los demás. El Señor Jesús encontró mucha resistencia, tanta que al final lo mataron, pero permaneció siempre como Servidor; nunca fue dominador ni aprovechador. Jesús murió tal como vivió, invocando el perdón de Dios para quienes lo matan, siempre como el Servidor de todos. El Señor Jesús no caminó hacia el fracaso, como piensan los que viven desde la fuerza, el dinero, la razón altiva o el poder mundanos. La insospechada novedad de su resurrección nos dice que el camino que ha recorrido es de pleno éxito, es el triunfo del que permanece siempre como Servidor. Su historia no termina en la tumba -que está vacía-, sino que su triunfo viene de Dios que lo resucita como Señor de todo lo creado, y sigue siendo el Servidor de todos. La resurrección de Jesús es un anuncio increíble para las lógicas de este mundo. El camino del Servidor es un itinerario de éxito pleno: el grano de trigo sepultado en la tierra ha dado una espiga nueva en el Resucitado y en la comunidad creyente que en estos días renueva su fe en el Señor Jesús, dispuesta a seguirlo por el mismo camino de Servidor que Él recorre. Entonces, ¿cómo vivir la pasión de Jesús y nuestros dolores humanos y acoger que en medio de las dificultades de la vida es cuando Dios está más cerca que nunca de nosotros, como lo hizo con Jesús, el Servidor? Dios consuela cuando consolamos: cuando nos importa el sufrimiento de los demás y tratamos de abrir otros espacios en sus vidas; allí Dios consuela. Dios acompaña cuando acompañamos, cuando sabemos que no perdemos el tiempo al estar junto con los que lo están pasando mal; entonces, Dios acompaña. Dios sostiene cuando sostenemos, cuando solidariamente damos una mano para sostener cualquier fragilidad; allí Dios sostiene. Él está cerca y nos invita a hacernos servidores de la vida, de los pequeños y los que nos son amados, de los que sufren injusticias y son excluidos. Nos llama a vivir sabiendo que quien no es servidor es un aprovechador, y siguiendo a Jesús Servidor hacemos el camino del éxito según Dios. En este “Domingo de Ramos” bendecimos a Dios con los ramos que recuerdan que la gente recibió a Jesús con palmas y ramos de olivo cuando llegó a Jerusalén; acá en la Patagonia los ramos son de coigüe. Estos ramos que llevamos a nuestras casas son signo de nuestra acogida a Jesús, el Servidor. Con el signo del ramo le decimos al Señor Jesús: “bienvenido a este hogar, aquí te aclamamos como el Señor de nuestras vidas”. Al poner los ramos en nuestras casas, le decimos a Jesús, el Servidor, que Él es el verdadero dueño de casa y de nuestras vidas. 29 marzo 2026
No es una guerra. No hay bandos ni causas, sólo una autoridad que intenta educar y paga por eso con su vida. La inspectora no estaba ahí para defenderse, sino para sostener algo mucho más frágil: un orden basado en que alguien pueda decir no y que ese no sea aceptado. Ese gesto mínimo -separar, contener, poner límites- hoy parece intolerable. Y cuando un límite se vuelve intolerable, cualquier respuesta empieza a parecer posible. Durante años hemos trabajado con esmero en desacreditar toda forma de autoridad. La confundimos con abuso, la reducimos a sospecha, la desarmamos hasta dejarla sin lenguaje. Después, con cierta hipocresía, nos escandalizamos cuando alguien educado en ese clima decide que no hay nada que obedecer. La violencia no aparece de pronto: se instala lentamente, como una costumbre. Primero en el tono, luego en el gesto, finalmente en el acto. La inspectora murió haciendo su trabajo. No hay épica ni consuelo en eso. Sólo una evidencia incómoda: una sociedad que no protege a quienes enseñan termina educando para la violencia. Y cuando eso ocurre, el colegio deja de ser un lugar donde se aprende a vivir con otros y se convierte en un lugar donde se mata sin explicación. Fuente: LUN