En el marco del Día Nacional de los Glaciares, el director del Centro de Tecnologías Ambientales de la Universidad Técnica Federico Santa María (CETAM-UTFSM), Francisco Cereceda‑Balic, abordó esta mañana en el programa Buenos Días Región de Polar Comunicaciones los principales desafíos que enfrenta Chile en materia hídrica y climática, en un contexto marcado por el retroceso sostenido de los glaciares. El especialista explicó que recientes estudios desarrollados por el CETAM-UTFSM junto a colaboradores internacionales evidencian una menor acumulación de nieve, el ascenso sostenido de la línea nival y una aceleración del retroceso glaciar en cuencas clave del centro del país, lo que refuerza la necesidad de políticas públicas basadas en monitoreo científico permanente en la cordillera de los Andes. Estas conclusiones se enmarcan en la conmemoración del 21 de marzo, fecha en que Chile celebra el Día Nacional de los Glaciares, instancia que busca relevar el valor estratégico de estos ecosistemas como reservas de agua dulce. A nivel internacional, la efeméride se complementa con el Día Internacional de los Glaciares impulsado por la UNESCO, que promueve la cooperación global en monitoreo e investigación de la criósfera. Según detalló el académico, Chile alberga más de 26 mil glaciares, equivalentes a cerca del 80% de los existentes en Sudamérica, los cuales cumplen un rol fundamental en la regulación de caudales hídricos. Sin embargo, la megasequía prolongada y el aumento de las temperaturas han debilitado esta capacidad, afectando directamente el abastecimiento de agua para consumo humano, agricultura y generación energética.
Cada 22 de marzo se conmemora el Día Mundial del Agua, una fecha instaurada por la Organización de Naciones Unidas en 1993 para generar conciencia sobre la importancia de este recurso esencial. En este contexto, especialistas advierten que Chile atraviesa una crisis hídrica estructural que se ha extendido por más de una década, con impactos ambientales y sociales cada vez más visibles. Actualmente, el país acumula cerca de 16 años de sequía, con déficits de precipitaciones que varían entre un 6% y un 78% respecto de los promedios históricos, según datos de la Dirección General de Aguas. A esto se suma la disminución en los niveles de embalses y escenarios críticos en algunas regiones, lo que refleja una situación de alta presión sobre la disponibilidad del recurso. De acuerdo con proyecciones oficiales, la disponibilidad de agua podría reducirse hasta en un 50% en las zonas norte y centro hacia 2060, en gran parte debido a los efectos del cambio climático. En paralelo, zonas altamente pobladas continúan enfrentando condiciones de vulnerabilidad hídrica, con impactos tanto en el consumo humano como en actividades productivas. Desde la academia, el docente de la Universidad del Alba, Ricardo Zamarreño, planteó que el estrés hídrico en Chile responde también a una forma histórica de gestionar el recurso, enfatizando la necesidad de avanzar hacia una visión que lo considere como un bien común. En esa línea, indicó que este escenario está impulsando cambios en la forma en que comunidades, instituciones y sectores productivos abordan la gestión del agua. Asimismo, expertos destacan el rol de la tecnología como herramienta clave para enfrentar la crisis, permitiendo avanzar hacia sistemas de gestión más eficientes y predictivos. Soluciones como monitoreo en tiempo real, reutilización de aguas y análisis de datos aparecen como alternativas para optimizar el uso del recurso en un escenario de creciente escasez
En el marco del Día Nacional de los Glaciares, el director del Centro de Tecnologías Ambientales de la Universidad Técnica Federico Santa María (CETAM-UTFSM), Francisco Cereceda‑Balic, abordó esta mañana en el programa Buenos Días Región de Polar Comunicaciones los principales desafíos que enfrenta Chile en materia hídrica y climática, en un contexto marcado por el retroceso sostenido de los glaciares. El especialista explicó que recientes estudios desarrollados por el CETAM-UTFSM junto a colaboradores internacionales evidencian una menor acumulación de nieve, el ascenso sostenido de la línea nival y una aceleración del retroceso glaciar en cuencas clave del centro del país, lo que refuerza la necesidad de políticas públicas basadas en monitoreo científico permanente en la cordillera de los Andes. Estas conclusiones se enmarcan en la conmemoración del 21 de marzo, fecha en que Chile celebra el Día Nacional de los Glaciares, instancia que busca relevar el valor estratégico de estos ecosistemas como reservas de agua dulce. A nivel internacional, la efeméride se complementa con el Día Internacional de los Glaciares impulsado por la UNESCO, que promueve la cooperación global en monitoreo e investigación de la criósfera. Según detalló el académico, Chile alberga más de 26 mil glaciares, equivalentes a cerca del 80% de los existentes en Sudamérica, los cuales cumplen un rol fundamental en la regulación de caudales hídricos. Sin embargo, la megasequía prolongada y el aumento de las temperaturas han debilitado esta capacidad, afectando directamente el abastecimiento de agua para consumo humano, agricultura y generación energética.
Cada 22 de marzo se conmemora el Día Mundial del Agua, una fecha instaurada por la Organización de Naciones Unidas en 1993 para generar conciencia sobre la importancia de este recurso esencial. En este contexto, especialistas advierten que Chile atraviesa una crisis hídrica estructural que se ha extendido por más de una década, con impactos ambientales y sociales cada vez más visibles. Actualmente, el país acumula cerca de 16 años de sequía, con déficits de precipitaciones que varían entre un 6% y un 78% respecto de los promedios históricos, según datos de la Dirección General de Aguas. A esto se suma la disminución en los niveles de embalses y escenarios críticos en algunas regiones, lo que refleja una situación de alta presión sobre la disponibilidad del recurso. De acuerdo con proyecciones oficiales, la disponibilidad de agua podría reducirse hasta en un 50% en las zonas norte y centro hacia 2060, en gran parte debido a los efectos del cambio climático. En paralelo, zonas altamente pobladas continúan enfrentando condiciones de vulnerabilidad hídrica, con impactos tanto en el consumo humano como en actividades productivas. Desde la academia, el docente de la Universidad del Alba, Ricardo Zamarreño, planteó que el estrés hídrico en Chile responde también a una forma histórica de gestionar el recurso, enfatizando la necesidad de avanzar hacia una visión que lo considere como un bien común. En esa línea, indicó que este escenario está impulsando cambios en la forma en que comunidades, instituciones y sectores productivos abordan la gestión del agua. Asimismo, expertos destacan el rol de la tecnología como herramienta clave para enfrentar la crisis, permitiendo avanzar hacia sistemas de gestión más eficientes y predictivos. Soluciones como monitoreo en tiempo real, reutilización de aguas y análisis de datos aparecen como alternativas para optimizar el uso del recurso en un escenario de creciente escasez