Ejecutivos de Gasco Magallanes, encabezados por su gerente de negocio, Sergio Huepe, realizaron una serie de reuniones con autoridades recientemente asumidas en la Región de Magallanes y de la Antártica Chilena, con el objetivo de presentar proyectos y abordar los principales desafíos del sector energético. En el encuentro con la delegada presidencial regional, Ericka Farías, se analizó la necesidad de ampliar el acceso al gas natural mediante la extensión de redes hacia sectores periurbanos y zonas rurales, junto con aumentar la capacidad de transporte energético ante el crecimiento de la demanda en distintos sectores. Posteriormente, el equipo de la empresa se reunió con el seremi de Energía, Marco Pinto, instancia en la que se revisaron desafíos específicos en Puerto Williams, además de explorar alternativas para impulsar soluciones energéticas más eficientes, incluyendo el desarrollo del gas vehicular y otras aplicaciones para la región. En tanto, en la reunión con el delegado provincial de Última Esperanza, Liber Lazo, se abordó el aumento sostenido en la demanda energética, asociado principalmente a actividades productivas como la salmonicultura y el turismo. Desde la compañía destacaron la importancia de mantener una coordinación con las autoridades regionales para avanzar en soluciones energéticas que respondan a las necesidades del territorio, contribuyendo al desarrollo y a la calidad de vida de la comunidad.
Son las siete de la mañana y la jornada en la base Profesor Julio Escudero ya está en marcha. Mientras parte de la dotación comienza a despertar, el trabajo de la cocina lleva rato avanzando: hay que servir el desayuno y dejar encaminado el almuerzo para las decenas de personas que necesitan recargar energías antes de enfrentar el día en el continente más austral, cuando faltan pocas semanas para el término de la 62.ª Expedición Científica Antártica. Entre quienes sostienen ese ritmo está Samuel Silva, chef, 43 años, oriundo de Isla Negra y segundo a cargo de la cocina de la principal base del Instituto Antártico Chileno. El equipo es reducido y la exigencia, alta. Junto a la chef Carol Alarcón y el ayudante de cocina Emilio Burgos organizan cada servicio en función de la capacidad del comedor. El comedor alcanza para 30 personas al mismo tiempo. Cuando hay más gente, hay que hacer turnos, explica Silva. Hace poco recibimos cerca de 80 personas. Fueron tres turnos seguidos y terminamos después de las nueve de la noche. Porque no es solo cocinar: también hay que dejar todo limpio, ordenado y avanzar lo que se pueda para el día siguiente. Desde una de las ventanas del comedor, Silva observa el movimiento logístico de la base. Su rol —dice— no se remite solo a la preparación de los platos. Acá la cocina también tiene que ver con cómo recibes a la gente. Un buen trato, una comida que les guste, todo eso influye en cómo descansan después, nos cuenta. El contacto cotidiano con investigadoras e investigadores y personal logístico ha ido ampliando su mirada sobre el lugar en el que trabaja. Me interesa lo que hacen. Siempre les pregunto y ellos se dan el tiempo de explicar, cuenta. Esa cercanía incluso lo ha llevado a acompañar algunas salidas a terreno. Esta es mi primera Expedición Científica Antártica y he tenido la oportunidad de visitar glaciares, andar en zodiac y ver animales en su entorno. Son experiencias que no se olvidan, comenta con emoción. La trayectoria de Silva no ha sido lineal. Se formó en Cocina en un liceo comercial del litoral central y trabajó en distintos espacios gastronómicos antes de tomar otro rumbo: estudió Pedagogía en Inglés en la Universidad de Playa Ancha. Me gusta enseñar, pero el sistema termina desgastando. Son muchas horas, muchas exigencias, confiesa. Con el tiempo, decidió volver a la cocina y retomar el oficio, acumulando experiencia hasta llegar a la base. Cocinar con lo que hay En la Antártica, el abastecimiento condiciona cada decisión. Los productos frescos son limitados y dependen de la logística, por lo que la despensa marca el menú. Hay momentos en que simplemente no están los insumos que uno usaría normalmente, explica Silva. Hace poco teníamos mucho mote, así que probamos con un cremoso. Partió como una solución práctica, pero gustó tanto que nos pidieron repetirlo, incluso, compartir la receta. La adaptación también es clave para responder a dietas especiales, por ejemplo, los veganos o los vegetarianos, que no consumen proteína animal, y como lo que menos dura son las verduras y los productos frescos, trabajamos con legumbres y les ofrecemos alternativas para que puedan comer. En ese contexto, la comida adquiere un valor que va más allá de lo nutricional. La gastronomía también tiene que ver con lo emocional, señala. A veces hemos recibido aplausos, sobre todo cuando hacemos pizzas, completos o hamburguesas. Son preparaciones simples, pero acá se valoran distinto, porque están hechas pensando en gente que está lejos de su casa y de sus seres queridos. Además, no deja de mencionar que las condiciones técnicas de la cocina también imponen límites al desempeño y ponen a prueba la creatividad. Todo funciona con sistemas eléctricos. Eso restringe algunas preparaciones y obliga a adaptar varias recetas. Hay cosas que simplemente no se pueden hacer. Aun así, Silva reconoce el valor de la experiencia. Es un trabajo que mezcla oficio y adaptación, pero también mucho de lo humano. Eso es clave para estar bien acá. Así, le preguntamos: ¿Y si te ofrecen regresar a cocinar a la Antártica, lo harías? No lo duda: Si se da la oportunidad, volvería, afirma.
El delegado presidencial provincial de la Antártica Chilena, Rodolfo Moncada Salazar, sostuvo una reunión de trabajo con el seremi de Obras Públicas, Alejandro Marusic, en Punta Arenas, instancia en la que abordaron los principales proyectos de infraestructura en la provincia y la continuidad de obras consideradas prioritarias. Entre los desafíos destacados se encuentra la finalización de la Ruta Vicuña–Yendegaia, iniciativa iniciada en 1994 y que actualmente mantiene 29 kilómetros pendientes de construcción. Según lo informado, una vez concluida permitirá conectar Puerto Williams con Punta Arenas en aproximadamente 12 horas mediante una ruta bimodal. Asimismo, se analizó el proyecto del camino Caleta Eugenia–Puerto Toro, que contempla una senda de penetración de 37 kilómetros. Esta obra busca generar conectividad terrestre hacia Puerto Toro, localidad que actualmente solo cuenta con acceso marítimo y aéreo. Durante la reunión, también se revisaron otros proyectos en ejecución en la provincia, como la segunda etapa del muelle multipropósito en Puerto Williams, la mantención de caminos y puentes a cargo de Vialidad, además de obras en la Antártica como el muelle en Bahía Fildes y el mejoramiento de la pista del Aeródromo Teniente Marsh. Las autoridades indicaron que continuarán realizando reuniones de seguimiento para avanzar en la coordinación de estos proyectos, los que forman parte de la cartera del Ministerio de Obras Públicas en la Provincia Antártica Chilena.
Señor Director: Mientras el país se prepara para un nuevo gobierno, vale la pena detenerse en una oportunidad que Chile continúa desaprovechando: el turismo. El interés internacional por nuestros destinos crece de manera sostenida, pero se enfrenta una y otra vez a una infraestructura que no está a la altura de ese potencial. Algunos de los lugares más atractivos del país siguen presentando serias dificultades de acceso. La Carretera Austral continúa siendo, en gran parte, un camino de ripio; la Ruta del Vino colapsa en tramos de una sola vía; Castro tardó dos décadas en contar con un aeropuerto y Cochrane aún espera el suyo. Son destinos únicos, pero sin conectividad adecuada, no existe verdadera experiencia turística posible. En materia internacional, Islandia entendió que antes de atraer visitantes, debía asegurar caminos y accesos de calidad. El resultado es un auge turístico sostenido. EE.UU, por su parte, sin contar con paisajes más extraordinarios que los nuestros, se impuso gracias a estándares claros, servicios sólidos y conectividad impecable. Lo que falta es una decisión país, infraestructura moderna, permisos ágiles y estándares que permitan que la industria avance. Otros países, con menos belleza natural, han logrado convertirse en potencias turísticas porque hicieron lo básico. Chile, teniendo una riqueza paisajística única, no puede seguir postergando ese paso. Es momento de dar el salto. El turismo no puede seguir siendo una promesa, debe convertirse en una realidad para el país. Cristián Waidele, CEO HOM Group
Ejecutivos de Gasco Magallanes, encabezados por su gerente de negocio, Sergio Huepe, realizaron una serie de reuniones con autoridades recientemente asumidas en la Región de Magallanes y de la Antártica Chilena, con el objetivo de presentar proyectos y abordar los principales desafíos del sector energético. En el encuentro con la delegada presidencial regional, Ericka Farías, se analizó la necesidad de ampliar el acceso al gas natural mediante la extensión de redes hacia sectores periurbanos y zonas rurales, junto con aumentar la capacidad de transporte energético ante el crecimiento de la demanda en distintos sectores. Posteriormente, el equipo de la empresa se reunió con el seremi de Energía, Marco Pinto, instancia en la que se revisaron desafíos específicos en Puerto Williams, además de explorar alternativas para impulsar soluciones energéticas más eficientes, incluyendo el desarrollo del gas vehicular y otras aplicaciones para la región. En tanto, en la reunión con el delegado provincial de Última Esperanza, Liber Lazo, se abordó el aumento sostenido en la demanda energética, asociado principalmente a actividades productivas como la salmonicultura y el turismo. Desde la compañía destacaron la importancia de mantener una coordinación con las autoridades regionales para avanzar en soluciones energéticas que respondan a las necesidades del territorio, contribuyendo al desarrollo y a la calidad de vida de la comunidad.
Son las siete de la mañana y la jornada en la base Profesor Julio Escudero ya está en marcha. Mientras parte de la dotación comienza a despertar, el trabajo de la cocina lleva rato avanzando: hay que servir el desayuno y dejar encaminado el almuerzo para las decenas de personas que necesitan recargar energías antes de enfrentar el día en el continente más austral, cuando faltan pocas semanas para el término de la 62.ª Expedición Científica Antártica. Entre quienes sostienen ese ritmo está Samuel Silva, chef, 43 años, oriundo de Isla Negra y segundo a cargo de la cocina de la principal base del Instituto Antártico Chileno. El equipo es reducido y la exigencia, alta. Junto a la chef Carol Alarcón y el ayudante de cocina Emilio Burgos organizan cada servicio en función de la capacidad del comedor. El comedor alcanza para 30 personas al mismo tiempo. Cuando hay más gente, hay que hacer turnos, explica Silva. Hace poco recibimos cerca de 80 personas. Fueron tres turnos seguidos y terminamos después de las nueve de la noche. Porque no es solo cocinar: también hay que dejar todo limpio, ordenado y avanzar lo que se pueda para el día siguiente. Desde una de las ventanas del comedor, Silva observa el movimiento logístico de la base. Su rol —dice— no se remite solo a la preparación de los platos. Acá la cocina también tiene que ver con cómo recibes a la gente. Un buen trato, una comida que les guste, todo eso influye en cómo descansan después, nos cuenta. El contacto cotidiano con investigadoras e investigadores y personal logístico ha ido ampliando su mirada sobre el lugar en el que trabaja. Me interesa lo que hacen. Siempre les pregunto y ellos se dan el tiempo de explicar, cuenta. Esa cercanía incluso lo ha llevado a acompañar algunas salidas a terreno. Esta es mi primera Expedición Científica Antártica y he tenido la oportunidad de visitar glaciares, andar en zodiac y ver animales en su entorno. Son experiencias que no se olvidan, comenta con emoción. La trayectoria de Silva no ha sido lineal. Se formó en Cocina en un liceo comercial del litoral central y trabajó en distintos espacios gastronómicos antes de tomar otro rumbo: estudió Pedagogía en Inglés en la Universidad de Playa Ancha. Me gusta enseñar, pero el sistema termina desgastando. Son muchas horas, muchas exigencias, confiesa. Con el tiempo, decidió volver a la cocina y retomar el oficio, acumulando experiencia hasta llegar a la base. Cocinar con lo que hay En la Antártica, el abastecimiento condiciona cada decisión. Los productos frescos son limitados y dependen de la logística, por lo que la despensa marca el menú. Hay momentos en que simplemente no están los insumos que uno usaría normalmente, explica Silva. Hace poco teníamos mucho mote, así que probamos con un cremoso. Partió como una solución práctica, pero gustó tanto que nos pidieron repetirlo, incluso, compartir la receta. La adaptación también es clave para responder a dietas especiales, por ejemplo, los veganos o los vegetarianos, que no consumen proteína animal, y como lo que menos dura son las verduras y los productos frescos, trabajamos con legumbres y les ofrecemos alternativas para que puedan comer. En ese contexto, la comida adquiere un valor que va más allá de lo nutricional. La gastronomía también tiene que ver con lo emocional, señala. A veces hemos recibido aplausos, sobre todo cuando hacemos pizzas, completos o hamburguesas. Son preparaciones simples, pero acá se valoran distinto, porque están hechas pensando en gente que está lejos de su casa y de sus seres queridos. Además, no deja de mencionar que las condiciones técnicas de la cocina también imponen límites al desempeño y ponen a prueba la creatividad. Todo funciona con sistemas eléctricos. Eso restringe algunas preparaciones y obliga a adaptar varias recetas. Hay cosas que simplemente no se pueden hacer. Aun así, Silva reconoce el valor de la experiencia. Es un trabajo que mezcla oficio y adaptación, pero también mucho de lo humano. Eso es clave para estar bien acá. Así, le preguntamos: ¿Y si te ofrecen regresar a cocinar a la Antártica, lo harías? No lo duda: Si se da la oportunidad, volvería, afirma.
El delegado presidencial provincial de la Antártica Chilena, Rodolfo Moncada Salazar, sostuvo una reunión de trabajo con el seremi de Obras Públicas, Alejandro Marusic, en Punta Arenas, instancia en la que abordaron los principales proyectos de infraestructura en la provincia y la continuidad de obras consideradas prioritarias. Entre los desafíos destacados se encuentra la finalización de la Ruta Vicuña–Yendegaia, iniciativa iniciada en 1994 y que actualmente mantiene 29 kilómetros pendientes de construcción. Según lo informado, una vez concluida permitirá conectar Puerto Williams con Punta Arenas en aproximadamente 12 horas mediante una ruta bimodal. Asimismo, se analizó el proyecto del camino Caleta Eugenia–Puerto Toro, que contempla una senda de penetración de 37 kilómetros. Esta obra busca generar conectividad terrestre hacia Puerto Toro, localidad que actualmente solo cuenta con acceso marítimo y aéreo. Durante la reunión, también se revisaron otros proyectos en ejecución en la provincia, como la segunda etapa del muelle multipropósito en Puerto Williams, la mantención de caminos y puentes a cargo de Vialidad, además de obras en la Antártica como el muelle en Bahía Fildes y el mejoramiento de la pista del Aeródromo Teniente Marsh. Las autoridades indicaron que continuarán realizando reuniones de seguimiento para avanzar en la coordinación de estos proyectos, los que forman parte de la cartera del Ministerio de Obras Públicas en la Provincia Antártica Chilena.
Señor Director: Mientras el país se prepara para un nuevo gobierno, vale la pena detenerse en una oportunidad que Chile continúa desaprovechando: el turismo. El interés internacional por nuestros destinos crece de manera sostenida, pero se enfrenta una y otra vez a una infraestructura que no está a la altura de ese potencial. Algunos de los lugares más atractivos del país siguen presentando serias dificultades de acceso. La Carretera Austral continúa siendo, en gran parte, un camino de ripio; la Ruta del Vino colapsa en tramos de una sola vía; Castro tardó dos décadas en contar con un aeropuerto y Cochrane aún espera el suyo. Son destinos únicos, pero sin conectividad adecuada, no existe verdadera experiencia turística posible. En materia internacional, Islandia entendió que antes de atraer visitantes, debía asegurar caminos y accesos de calidad. El resultado es un auge turístico sostenido. EE.UU, por su parte, sin contar con paisajes más extraordinarios que los nuestros, se impuso gracias a estándares claros, servicios sólidos y conectividad impecable. Lo que falta es una decisión país, infraestructura moderna, permisos ágiles y estándares que permitan que la industria avance. Otros países, con menos belleza natural, han logrado convertirse en potencias turísticas porque hicieron lo básico. Chile, teniendo una riqueza paisajística única, no puede seguir postergando ese paso. Es momento de dar el salto. El turismo no puede seguir siendo una promesa, debe convertirse en una realidad para el país. Cristián Waidele, CEO HOM Group