En el marco del Día del Pingüino, estas especies vuelven a ser protagonistas por sus características y su estrecha relación con los ecosistemas australes. Los pingüinos son aves, por lo que no tienen dientes. Sin embargo, en el interior de su boca poseen estructuras similares a púas que les permiten sujetar y descomponer sus alimentos, principalmente peces y krill. Una de sus principales características es su distribución: los pingüinos habitan exclusivamente en el hemisferio sur, con alta presencia en la Antártica, aunque también se encuentran en zonas templadas. La única especie que cruza la línea del Ecuador es el pingüino de Galápagos, lo que lo convierte en un caso excepcional. En cuanto a su comportamiento, los pingüinos son monógamos durante cada temporada reproductiva. Forman pareja por un ciclo completo de apareamiento, aunque pueden cambiar de compañero en la siguiente temporada. Además, poseen una notable adaptación al medio acuático: sus alas se transformaron en potentes aletas que les permiten “volar” bajo el agua, alcanzando velocidades de entre 35 y 50 kilómetros por hora. Otra curiosidad es la capacidad de regular su temperatura corporal. En especies como el Pingüino de Humboldt, la piel rosada alrededor del pico y los ojos cumple una función clave para disipar el exceso de calor. Por su parte, el Pingüino barbijo ha desarrollado una estrategia basada en microsiestas de pocos segundos, pudiendo acumular miles de estos descansos durante la temporada de crianza. En el caso del Pingüino de Magallanes, su presencia no se limita a la región que le da nombre, ya que se distribuye desde Coquimbo hasta Cabo de Hornos, y en el Atlántico desde el Golfo San Matías hacia el sur, incluyendo las Islas Falkland.
El Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio anunció la realización de una nueva edición de encuentros orientados a fortalecer el ecosistema del libro y la lectura en el país. Se trata del II Encuentro de Ferias y Festivales del Libro y del II Encuentro Librería Espacio Cultural, instancias que buscan promover el diálogo, la colaboración y el intercambio de experiencias entre distintos actores del sector. El II Encuentro de Ferias y Festivales del Libro se desarrollará los días 27, 28 y 29 de abril, mientras que el II Encuentro Librería Espacio Cultural tendrá lugar el 24 de abril, y el 8 y 15 de mayo. Ambas iniciativas se realizarán en modalidad virtual, con transmisión abierta a través del canal de YouTube del Ministerio, permitiendo el acceso a participantes de distintas regiones del país. Las jornadas contemplan la participación de gestores culturales, libreros, editores, distribuidores y profesionales vinculados al fomento lector, además de experiencias provenientes de países como España, Brasil, México, Colombia y Argentina. Entre los temas que se abordarán destacan la formación de públicos, la innovación en experiencias culturales, la gestión del sector librero y estrategias de colaboración para fortalecer la circulación del libro. Estas instancias forman parte de la Política Nacional de la Lectura, el Libro y las Bibliotecas, y responden a la necesidad planteada por los propios actores del sector de contar con mayores herramientas de profesionalización y espacios de articulación. El objetivo es fortalecer el desarrollo sostenible de la industria del libro, promoviendo la bibliodiversidad, la inclusión y la proyección tanto a nivel nacional como internacional.
En entrevista con un programa radial de la región, Carmody explicó que las turberas han estado históricamente expuestas a presiones extractivas debido a debilidades en su regulación. Hasta hace pocos años, la turba —la capa subterránea del ecosistema— podía ser objeto de concesiones mineras, lo que implicaba un alto riesgo de explotación, señaló. Avances legislativos y desafíos pendientes La especialista destacó como un avance relevante la aprobación, en 2024, de la ley que prohíbe la extracción de turba. No obstante, advirtió que la normativa aún permite la extracción del musgo sphagnum bajo planes de manejo considerados sostenibles. Si bien esta ley representa un progreso significativo, la intervención de las turberas sigue implicando riesgos. Son ecosistemas que se forman en miles de años, por lo que su recuperación no es comparable con los tiempos de extracción, explicó. En este sentido, enfatizó que la separación normativa entre turba y musgo no necesariamente refleja el funcionamiento integral del ecosistema. Al extraer el musgo, se puede exponer la turba al oxígeno, liberando CO2, lo que impacta directamente en su rol como sumidero de carbono, agregó. Uno de los principales puntos críticos señalados por Carmody es la fiscalización de la normativa vigente. En Chile, muchas veces contamos con buenas leyes, pero su cumplimiento efectivo sigue siendo un desafío, afirmó. Iniciativas de gobernanza y cooperación En paralelo, destacó la creación de una iniciativa binacional entre Chile y Argentina para la conservación de turberas patagónicas, que busca fortalecer la gobernanza, compartir experiencias y promover mejores prácticas de protección. Esta instancia reúne a universidades, organizaciones y comunidades locales, y apunta a generar lineamientos comunes frente a un ecosistema que trasciende fronteras. Incertidumbre por retiro de decretos ambientales En materia de política pública, Carmody también se refirió al retiro de 43 decretos ambientales en proceso de revisión, señalando que la medida genera incertidumbre en el sector. Son instrumentos que ya han pasado por procesos técnicos y jurídicos. Su retiro sin distinción puede afectar la certeza jurídica y el desarrollo adecuado de proyectos, indicó. Asimismo, advirtió que este tipo de decisiones puede instalar una percepción errónea sobre la regulación ambiental. No se trata de una carga, sino de herramientas que entregan claridad, reducen conflictos y permiten un desarrollo más sostenible, sostuvo. Regulación y desarrollo: una relación necesaria Finalmente, Carmody subrayó la importancia de fortalecer la institucionalidad ambiental para avanzar hacia un equilibrio entre desarrollo y conservación. La normativa ambiental no debe entenderse como un obstáculo, sino como una base que permite resguardar los ecosistemas y, al mismo tiempo, dar certezas para el desarrollo económico, concluyó.
La Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo (ANID) dio a conocer los resultados del concurso 2025 de los Anillos de Investigación en Áreas Temáticas Específicas , donde diversas instituciones nacionales se adjudicaron proyectos estratégicos vinculados a ciencia antártica, medioambiente y ecosistemas antárticos y subantárticos. El instrumento Anillos ANID financia investigaciones colaborativas con una duración de tres años. Su objetivo es consolidar las capacidades científicas nacionales, abordando desafíos prioritarios en la Antártica y sus zonas aledañas. Estas iniciativas buscan generar conocimiento avanzado, fortalecer la investigación interdisciplinaria e impulsar la formación de capital humano avanzado, el desarrollo científico-tecnológico y la articulación de redes de investigación tanto locales como internacionales. En este contexto, se seleccionaron seis proyectos, una cifra que fue destacada por el subdirector técnico del Instituto Antártico Chileno (INACH), Andrés López, quien señaló que esta es la ocasión en que se ha adjudicado la mayor cantidad de Anillos Antárticos. Los Anillos son el segundo fondo concursable que entrega mayores recursos a los proyectos de investigación, después de los institutos o centros. Por lo tanto, contar con seis de estas iniciativas en materia antártica es una muy buena noticia para el desarrollo de la ciencia en sus distintas áreas, comentó. Explica que uno de los focos de este concurso es la ciencia antártica junto a otras tres disciplinas como los desafíos de la democracia en contextos de cambio global; agricultura en escenarios de escasez hídrica; y la inteligencia artificial y computación cuántica. Dentro de esas cuatro áreas, en la que se incluye la ciencia antártica, tuvimos una muy buena participación de proyectos antárticos, varios de los cuales ya han iniciado su campaña en terreno durante esta temporada como es el caso del proyecto liderado por Carolina Merino (UFRO) que se encuentra en este momento a bordo del buque Betanzos , señaló López. Proyectos adjudicados Riesgos emergentes en la Antártica y la región subantártica: evaluación de patógenos y contaminantes en la fauna silvestre mediante vigilancia activa El Dr. Víctor Neira Ramírez (Universidad de Chile) lidera este proyecto, que cuenta con la participación del INACH como institución asociada y que busca identificar y evaluar la presencia de patógenos emergentes y contaminantes ambientales en la fauna silvestre de la Antártica y la región subantártica. A través de campañas de muestreo en aves marinas, pingüinos y mamíferos marinos, la iniciativa integrará herramientas de biología molecular, genómica y ecotoxicología, con el objetivo de fortalecer la vigilancia ambiental y aportar evidencia científica clave para la conservación y la toma de decisiones en estos ecosistemas. El holobioma de las plantas vasculares antárticas: evaluación de nuevos rasgos ecofisiológicos y microbianos para comprender sus respuestas al cambio climático La Dra. Patricia Sáez Delgado (Universidad de La Frontera, UFRO) lidera este proyecto, que cuenta con la Universidad de Concepción (UdeC) como institución beneficiaria secundaria, cuyo objetivo es comprender cómo las plantas vasculares de la Antártica ( Deschampsia antarctica y Colobanthus quitensis ) y sus comunidades microbianas responden a las condiciones de cambio climático, explorando rasgos ecofisiológicos y microbianos fundamentales para la adaptabilidad y resiliencia de estas especies. Transformaciones de los ecosistemas insulares antárticos bajo la huella humana: una perspectiva geoquímica, microbiológica y socioecológica Dirigido por la Dra. Carolina Merino Guzmán (UFRO), este proyecto aborda las transformaciones de los ecosistemas antárticos insulares como resultado de la actividad humana y otros factores de cambio global. El enfoque integra métodos geoquímicos, microbiológicos y socioecológicos para caracterizar cambios funcionales y estructurales en estas comunidades. Recirculación de contaminantes orgánicos emergentes impulsada por el agua de deshielo y sus efectos tróficos en los ecosistemas costeros antárticos (ICE-trófico) El Dr. Cristóbal Galbán Malagón (Centro GEMA, Genómica, Ecología y Medio Ambiente de la Universidad Mayor) lidera esta iniciativa que estudia cómo los contaminantes orgánicos persistentes, especialmente los compuestos perfluorados (PFAS), se liberan con el deshielo polar y se redistribuyen a través de las cadenas tróficas en los ecosistemas costeros antárticos, evaluando sus efectos ecológicos en microorganismos, plancton, peces e invertebrados. El proyecto se ejecuta con investigadores asociados de la Universidad de Talca, Universidad San Sebastián y Pontificia Universidad Católica de Valparaíso. PRISMA – Riesgo de invasión de plantas en una Antártica cambiante: un enfoque de evaluación multidisciplinaria El Dr. Ian Acuña Rodríguez (Universidad de Talca) lidera el proyecto PRISMA, que analiza el riesgo de invasión de plantas no nativas en la Antártica en un escenario marcado por el retroceso del hielo, el aumento de las temperaturas y la intensificación de las actividades humanas. La iniciativa, desarrollada en colaboración con investigadores de la Universidad del Bío-Bío, combina enfoques ecológicos, climáticos y biogeográficos para identificar áreas vulnerables, fortalecer los sistemas de monitoreo temprano y proponer estrategias de bioseguridad, contribuyendo a la protección de los ecosistemas antárticos frente a nuevas amenazas biológicas. Alteración de los ecosistemas polares: la contaminación lumínica podría modificar los efectos ecológicos del calentamiento global (DIPOLE) Liderado por el Dr. José Pulgar Aguila (Universidad Andrés Bello), con participación de la Dra. Paula Celis-Plá (Universidad de Playa Ancha, UPLA), este proyecto analiza cómo la contaminación lumínica artificial nocturna interactúa con el calentamiento global para alterar procesos ecológicos en ecosistemas polares. El estudio se desarrollará en la bahía Fildes, evaluando los efectos combinados de luz artificial y temperatura en distintos organismos y proponiendo medidas de mitigación frente a estos impactos emergentes. En conjunto, estos seis proyectos representan un aporte sustantivo al fortalecimiento de la ciencia antártica chilena y consolidan a Chile como un actor comprometido con la generación de conocimiento científico de frontera sobre los procesos ambientales, sanitarios y ecológicos que afectan a la Antártica y sus ambientes aledaños. El Instituto Antártico Chileno (INACH) es un organismo técnico del Ministerio de Relaciones Exteriores con plena autonomía en todo lo relacionado con asuntos antárticos de carácter científico, tecnológico y de difusión. El INACH cumple con la Política Antártica Nacional incentivando el desarrollo de la investigación de excelencia, participando efectivamente en el Sistema del Tratado Antártico y foros relacionados, fortaleciendo a Magallanes como puerta de entrada al Continente Blanco y realizando acciones de divulgación del conocimiento antártico en la ciudadanía. El INACH organiza el Programa Nacional de Ciencia Antártica (PROCIEN).
Cuando se piensa en la Patagonia, la imagen más recurrente son los grandes cerros, las montañas nevadas y el viento incansable que recorre los valles entre pastizales dorados. En medio de ese escenario majestuoso se mueve el guanaco, un animal tan característico de este paisaje como los coirones o las lengas. Es el mayor herbívoro nativo de Chile y una de las pocas especies capaces de adaptarse tanto a las alturas del altiplano como a las planicies australes. Durante siglos fue una pieza clave en el equilibrio ecológico del continente: con su pastoreo abría senderos, dispersaba semillas y fertilizaba la tierra. Hoy, los ecólogos lo describen como un ingeniero ecosistémico, una especie cuya presencia modifica y mejora el entorno, haciendo posible que otras formas de vida prosperen. Un herbívoro adaptado al límite El guanaco es el principal herbívoro nativo de la estepa patagónica. Su dieta incluye más de 70 especies de plantas: desde gramíneas duras hasta pequeños arbustos que otros animales no pueden digerir. Sus labios prensiles y su eficiente sistema digestivo, heredado de sus ancestros camélidos, le permiten extraer nutrientes de vegetación escasa, dejando los brotes más tiernos intactos y favoreciendo su rebrote. Este tipo de pastoreo, lejos de degradar el ambiente, ayuda a mantener la diversidad vegetal. En zonas donde el guanaco desapareció, la vegetación se vuelve más homogénea, y el suelo pierde cobertura, lo que incrementa la erosión. Su regreso a ciertas áreas protegidas ha demostrado que una presión de pastoreo moderada puede revitalizar los ecosistemas áridos. El guanaco: dispersor y fertilizador natural Cada guanaco recorre amplios territorios siguiendo las rutas de agua y alimento. En esos trayectos transporta, literalmente, vida. Su papel como dispersor de semillas es fundamental: las semillas que ingiere con las hierbas atraviesan su sistema digestivo sin dañarse y germinan posteriormente en el estiércol que deja tras de sí. Los estudios muestran que las heces de guanaco contienen un alto contenido de nitrógeno y fósforo, elementos que enriquecen el suelo y crean microambientes fértiles en lugares donde la materia orgánica escasea. Cada grupo familiar, conformado por un macho dominante, varias hembras y sus crías, deja verdaderos puntos de fertilidad en el paisaje, conocidos como “montículos de guanaco”. Allí germinan gramíneas y hierbas que sirven de alimento para otras especies, desde aves hasta insectos. Así, el guanaco cumple un doble rol: dispersa semillas y fertiliza el terreno, actuando como un restaurador natural en zonas que de otro modo serían desérticas. Su presencia reduce la erosión, mejora la infiltración del agua y mantiene viva la heterogeneidad del paisaje patagónico. Ingeniero del equilibrio A diferencia del ganado introducido, que tiende a concentrarse en áreas reducidas y compactar el suelo, el guanaco se mueve constantemente. Sus rutas migratorias, guiadas por la estación y la disponibilidad de agua, evitan el sobrepastoreo y distribuyen de manera equilibrada los nutrientes por el territorio. En lugares como Torres del Paine o la Reserva Nacional Pali Aike, su retorno ha sido clave para la regeneración de los suelos y el restablecimiento de cadenas tróficas. Donde el guanaco prospera, también lo hacen los depredadores nativos como el puma y el zorro, además de aves carroñeras que dependen de ellos. Por eso los especialistas insisten: conservar al guanaco no es solo proteger una especie, sino mantener la maquinaria ecológica que sostiene la Patagonia. Un símbolo que resiste El guanaco es, al mismo tiempo, una figura ancestral y moderna. Los pueblos originarios lo consideraban fuente de abrigo y alimento, y su silueta aún aparece en petroglifos y cerámicas prehispánicas. Hoy su valor vuelve a medirse desde otra mirada: la de la ecología del paisaje. La Patagonia no es un desierto en sentido estricto, sino una estepa fría, amplia y ventosa, donde la vida se distribuye en equilibrio con las estaciones. En ese contexto, el guanaco cumple un papel silencioso pero esencial : mantiene viva la red ecológica, dispersando nutrientes y semillas, modelando la vegetación y sosteniendo a otros animales. Cada manada que atraviesa la estepa deja a su paso una línea de fertilidad y movimiento, recordándonos que en la Patagonia nada está quieto, y que incluso en los ambientes más duros, la vida depende de la constancia de quienes saben adaptarse. Fuente: meteored.cl
En el marco del Día del Pingüino, estas especies vuelven a ser protagonistas por sus características y su estrecha relación con los ecosistemas australes. Los pingüinos son aves, por lo que no tienen dientes. Sin embargo, en el interior de su boca poseen estructuras similares a púas que les permiten sujetar y descomponer sus alimentos, principalmente peces y krill. Una de sus principales características es su distribución: los pingüinos habitan exclusivamente en el hemisferio sur, con alta presencia en la Antártica, aunque también se encuentran en zonas templadas. La única especie que cruza la línea del Ecuador es el pingüino de Galápagos, lo que lo convierte en un caso excepcional. En cuanto a su comportamiento, los pingüinos son monógamos durante cada temporada reproductiva. Forman pareja por un ciclo completo de apareamiento, aunque pueden cambiar de compañero en la siguiente temporada. Además, poseen una notable adaptación al medio acuático: sus alas se transformaron en potentes aletas que les permiten “volar” bajo el agua, alcanzando velocidades de entre 35 y 50 kilómetros por hora. Otra curiosidad es la capacidad de regular su temperatura corporal. En especies como el Pingüino de Humboldt, la piel rosada alrededor del pico y los ojos cumple una función clave para disipar el exceso de calor. Por su parte, el Pingüino barbijo ha desarrollado una estrategia basada en microsiestas de pocos segundos, pudiendo acumular miles de estos descansos durante la temporada de crianza. En el caso del Pingüino de Magallanes, su presencia no se limita a la región que le da nombre, ya que se distribuye desde Coquimbo hasta Cabo de Hornos, y en el Atlántico desde el Golfo San Matías hacia el sur, incluyendo las Islas Falkland.
El Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio anunció la realización de una nueva edición de encuentros orientados a fortalecer el ecosistema del libro y la lectura en el país. Se trata del II Encuentro de Ferias y Festivales del Libro y del II Encuentro Librería Espacio Cultural, instancias que buscan promover el diálogo, la colaboración y el intercambio de experiencias entre distintos actores del sector. El II Encuentro de Ferias y Festivales del Libro se desarrollará los días 27, 28 y 29 de abril, mientras que el II Encuentro Librería Espacio Cultural tendrá lugar el 24 de abril, y el 8 y 15 de mayo. Ambas iniciativas se realizarán en modalidad virtual, con transmisión abierta a través del canal de YouTube del Ministerio, permitiendo el acceso a participantes de distintas regiones del país. Las jornadas contemplan la participación de gestores culturales, libreros, editores, distribuidores y profesionales vinculados al fomento lector, además de experiencias provenientes de países como España, Brasil, México, Colombia y Argentina. Entre los temas que se abordarán destacan la formación de públicos, la innovación en experiencias culturales, la gestión del sector librero y estrategias de colaboración para fortalecer la circulación del libro. Estas instancias forman parte de la Política Nacional de la Lectura, el Libro y las Bibliotecas, y responden a la necesidad planteada por los propios actores del sector de contar con mayores herramientas de profesionalización y espacios de articulación. El objetivo es fortalecer el desarrollo sostenible de la industria del libro, promoviendo la bibliodiversidad, la inclusión y la proyección tanto a nivel nacional como internacional.
En entrevista con un programa radial de la región, Carmody explicó que las turberas han estado históricamente expuestas a presiones extractivas debido a debilidades en su regulación. Hasta hace pocos años, la turba —la capa subterránea del ecosistema— podía ser objeto de concesiones mineras, lo que implicaba un alto riesgo de explotación, señaló. Avances legislativos y desafíos pendientes La especialista destacó como un avance relevante la aprobación, en 2024, de la ley que prohíbe la extracción de turba. No obstante, advirtió que la normativa aún permite la extracción del musgo sphagnum bajo planes de manejo considerados sostenibles. Si bien esta ley representa un progreso significativo, la intervención de las turberas sigue implicando riesgos. Son ecosistemas que se forman en miles de años, por lo que su recuperación no es comparable con los tiempos de extracción, explicó. En este sentido, enfatizó que la separación normativa entre turba y musgo no necesariamente refleja el funcionamiento integral del ecosistema. Al extraer el musgo, se puede exponer la turba al oxígeno, liberando CO2, lo que impacta directamente en su rol como sumidero de carbono, agregó. Uno de los principales puntos críticos señalados por Carmody es la fiscalización de la normativa vigente. En Chile, muchas veces contamos con buenas leyes, pero su cumplimiento efectivo sigue siendo un desafío, afirmó. Iniciativas de gobernanza y cooperación En paralelo, destacó la creación de una iniciativa binacional entre Chile y Argentina para la conservación de turberas patagónicas, que busca fortalecer la gobernanza, compartir experiencias y promover mejores prácticas de protección. Esta instancia reúne a universidades, organizaciones y comunidades locales, y apunta a generar lineamientos comunes frente a un ecosistema que trasciende fronteras. Incertidumbre por retiro de decretos ambientales En materia de política pública, Carmody también se refirió al retiro de 43 decretos ambientales en proceso de revisión, señalando que la medida genera incertidumbre en el sector. Son instrumentos que ya han pasado por procesos técnicos y jurídicos. Su retiro sin distinción puede afectar la certeza jurídica y el desarrollo adecuado de proyectos, indicó. Asimismo, advirtió que este tipo de decisiones puede instalar una percepción errónea sobre la regulación ambiental. No se trata de una carga, sino de herramientas que entregan claridad, reducen conflictos y permiten un desarrollo más sostenible, sostuvo. Regulación y desarrollo: una relación necesaria Finalmente, Carmody subrayó la importancia de fortalecer la institucionalidad ambiental para avanzar hacia un equilibrio entre desarrollo y conservación. La normativa ambiental no debe entenderse como un obstáculo, sino como una base que permite resguardar los ecosistemas y, al mismo tiempo, dar certezas para el desarrollo económico, concluyó.
La Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo (ANID) dio a conocer los resultados del concurso 2025 de los Anillos de Investigación en Áreas Temáticas Específicas , donde diversas instituciones nacionales se adjudicaron proyectos estratégicos vinculados a ciencia antártica, medioambiente y ecosistemas antárticos y subantárticos. El instrumento Anillos ANID financia investigaciones colaborativas con una duración de tres años. Su objetivo es consolidar las capacidades científicas nacionales, abordando desafíos prioritarios en la Antártica y sus zonas aledañas. Estas iniciativas buscan generar conocimiento avanzado, fortalecer la investigación interdisciplinaria e impulsar la formación de capital humano avanzado, el desarrollo científico-tecnológico y la articulación de redes de investigación tanto locales como internacionales. En este contexto, se seleccionaron seis proyectos, una cifra que fue destacada por el subdirector técnico del Instituto Antártico Chileno (INACH), Andrés López, quien señaló que esta es la ocasión en que se ha adjudicado la mayor cantidad de Anillos Antárticos. Los Anillos son el segundo fondo concursable que entrega mayores recursos a los proyectos de investigación, después de los institutos o centros. Por lo tanto, contar con seis de estas iniciativas en materia antártica es una muy buena noticia para el desarrollo de la ciencia en sus distintas áreas, comentó. Explica que uno de los focos de este concurso es la ciencia antártica junto a otras tres disciplinas como los desafíos de la democracia en contextos de cambio global; agricultura en escenarios de escasez hídrica; y la inteligencia artificial y computación cuántica. Dentro de esas cuatro áreas, en la que se incluye la ciencia antártica, tuvimos una muy buena participación de proyectos antárticos, varios de los cuales ya han iniciado su campaña en terreno durante esta temporada como es el caso del proyecto liderado por Carolina Merino (UFRO) que se encuentra en este momento a bordo del buque Betanzos , señaló López. Proyectos adjudicados Riesgos emergentes en la Antártica y la región subantártica: evaluación de patógenos y contaminantes en la fauna silvestre mediante vigilancia activa El Dr. Víctor Neira Ramírez (Universidad de Chile) lidera este proyecto, que cuenta con la participación del INACH como institución asociada y que busca identificar y evaluar la presencia de patógenos emergentes y contaminantes ambientales en la fauna silvestre de la Antártica y la región subantártica. A través de campañas de muestreo en aves marinas, pingüinos y mamíferos marinos, la iniciativa integrará herramientas de biología molecular, genómica y ecotoxicología, con el objetivo de fortalecer la vigilancia ambiental y aportar evidencia científica clave para la conservación y la toma de decisiones en estos ecosistemas. El holobioma de las plantas vasculares antárticas: evaluación de nuevos rasgos ecofisiológicos y microbianos para comprender sus respuestas al cambio climático La Dra. Patricia Sáez Delgado (Universidad de La Frontera, UFRO) lidera este proyecto, que cuenta con la Universidad de Concepción (UdeC) como institución beneficiaria secundaria, cuyo objetivo es comprender cómo las plantas vasculares de la Antártica ( Deschampsia antarctica y Colobanthus quitensis ) y sus comunidades microbianas responden a las condiciones de cambio climático, explorando rasgos ecofisiológicos y microbianos fundamentales para la adaptabilidad y resiliencia de estas especies. Transformaciones de los ecosistemas insulares antárticos bajo la huella humana: una perspectiva geoquímica, microbiológica y socioecológica Dirigido por la Dra. Carolina Merino Guzmán (UFRO), este proyecto aborda las transformaciones de los ecosistemas antárticos insulares como resultado de la actividad humana y otros factores de cambio global. El enfoque integra métodos geoquímicos, microbiológicos y socioecológicos para caracterizar cambios funcionales y estructurales en estas comunidades. Recirculación de contaminantes orgánicos emergentes impulsada por el agua de deshielo y sus efectos tróficos en los ecosistemas costeros antárticos (ICE-trófico) El Dr. Cristóbal Galbán Malagón (Centro GEMA, Genómica, Ecología y Medio Ambiente de la Universidad Mayor) lidera esta iniciativa que estudia cómo los contaminantes orgánicos persistentes, especialmente los compuestos perfluorados (PFAS), se liberan con el deshielo polar y se redistribuyen a través de las cadenas tróficas en los ecosistemas costeros antárticos, evaluando sus efectos ecológicos en microorganismos, plancton, peces e invertebrados. El proyecto se ejecuta con investigadores asociados de la Universidad de Talca, Universidad San Sebastián y Pontificia Universidad Católica de Valparaíso. PRISMA – Riesgo de invasión de plantas en una Antártica cambiante: un enfoque de evaluación multidisciplinaria El Dr. Ian Acuña Rodríguez (Universidad de Talca) lidera el proyecto PRISMA, que analiza el riesgo de invasión de plantas no nativas en la Antártica en un escenario marcado por el retroceso del hielo, el aumento de las temperaturas y la intensificación de las actividades humanas. La iniciativa, desarrollada en colaboración con investigadores de la Universidad del Bío-Bío, combina enfoques ecológicos, climáticos y biogeográficos para identificar áreas vulnerables, fortalecer los sistemas de monitoreo temprano y proponer estrategias de bioseguridad, contribuyendo a la protección de los ecosistemas antárticos frente a nuevas amenazas biológicas. Alteración de los ecosistemas polares: la contaminación lumínica podría modificar los efectos ecológicos del calentamiento global (DIPOLE) Liderado por el Dr. José Pulgar Aguila (Universidad Andrés Bello), con participación de la Dra. Paula Celis-Plá (Universidad de Playa Ancha, UPLA), este proyecto analiza cómo la contaminación lumínica artificial nocturna interactúa con el calentamiento global para alterar procesos ecológicos en ecosistemas polares. El estudio se desarrollará en la bahía Fildes, evaluando los efectos combinados de luz artificial y temperatura en distintos organismos y proponiendo medidas de mitigación frente a estos impactos emergentes. En conjunto, estos seis proyectos representan un aporte sustantivo al fortalecimiento de la ciencia antártica chilena y consolidan a Chile como un actor comprometido con la generación de conocimiento científico de frontera sobre los procesos ambientales, sanitarios y ecológicos que afectan a la Antártica y sus ambientes aledaños. El Instituto Antártico Chileno (INACH) es un organismo técnico del Ministerio de Relaciones Exteriores con plena autonomía en todo lo relacionado con asuntos antárticos de carácter científico, tecnológico y de difusión. El INACH cumple con la Política Antártica Nacional incentivando el desarrollo de la investigación de excelencia, participando efectivamente en el Sistema del Tratado Antártico y foros relacionados, fortaleciendo a Magallanes como puerta de entrada al Continente Blanco y realizando acciones de divulgación del conocimiento antártico en la ciudadanía. El INACH organiza el Programa Nacional de Ciencia Antártica (PROCIEN).
Cuando se piensa en la Patagonia, la imagen más recurrente son los grandes cerros, las montañas nevadas y el viento incansable que recorre los valles entre pastizales dorados. En medio de ese escenario majestuoso se mueve el guanaco, un animal tan característico de este paisaje como los coirones o las lengas. Es el mayor herbívoro nativo de Chile y una de las pocas especies capaces de adaptarse tanto a las alturas del altiplano como a las planicies australes. Durante siglos fue una pieza clave en el equilibrio ecológico del continente: con su pastoreo abría senderos, dispersaba semillas y fertilizaba la tierra. Hoy, los ecólogos lo describen como un ingeniero ecosistémico, una especie cuya presencia modifica y mejora el entorno, haciendo posible que otras formas de vida prosperen. Un herbívoro adaptado al límite El guanaco es el principal herbívoro nativo de la estepa patagónica. Su dieta incluye más de 70 especies de plantas: desde gramíneas duras hasta pequeños arbustos que otros animales no pueden digerir. Sus labios prensiles y su eficiente sistema digestivo, heredado de sus ancestros camélidos, le permiten extraer nutrientes de vegetación escasa, dejando los brotes más tiernos intactos y favoreciendo su rebrote. Este tipo de pastoreo, lejos de degradar el ambiente, ayuda a mantener la diversidad vegetal. En zonas donde el guanaco desapareció, la vegetación se vuelve más homogénea, y el suelo pierde cobertura, lo que incrementa la erosión. Su regreso a ciertas áreas protegidas ha demostrado que una presión de pastoreo moderada puede revitalizar los ecosistemas áridos. El guanaco: dispersor y fertilizador natural Cada guanaco recorre amplios territorios siguiendo las rutas de agua y alimento. En esos trayectos transporta, literalmente, vida. Su papel como dispersor de semillas es fundamental: las semillas que ingiere con las hierbas atraviesan su sistema digestivo sin dañarse y germinan posteriormente en el estiércol que deja tras de sí. Los estudios muestran que las heces de guanaco contienen un alto contenido de nitrógeno y fósforo, elementos que enriquecen el suelo y crean microambientes fértiles en lugares donde la materia orgánica escasea. Cada grupo familiar, conformado por un macho dominante, varias hembras y sus crías, deja verdaderos puntos de fertilidad en el paisaje, conocidos como “montículos de guanaco”. Allí germinan gramíneas y hierbas que sirven de alimento para otras especies, desde aves hasta insectos. Así, el guanaco cumple un doble rol: dispersa semillas y fertiliza el terreno, actuando como un restaurador natural en zonas que de otro modo serían desérticas. Su presencia reduce la erosión, mejora la infiltración del agua y mantiene viva la heterogeneidad del paisaje patagónico. Ingeniero del equilibrio A diferencia del ganado introducido, que tiende a concentrarse en áreas reducidas y compactar el suelo, el guanaco se mueve constantemente. Sus rutas migratorias, guiadas por la estación y la disponibilidad de agua, evitan el sobrepastoreo y distribuyen de manera equilibrada los nutrientes por el territorio. En lugares como Torres del Paine o la Reserva Nacional Pali Aike, su retorno ha sido clave para la regeneración de los suelos y el restablecimiento de cadenas tróficas. Donde el guanaco prospera, también lo hacen los depredadores nativos como el puma y el zorro, además de aves carroñeras que dependen de ellos. Por eso los especialistas insisten: conservar al guanaco no es solo proteger una especie, sino mantener la maquinaria ecológica que sostiene la Patagonia. Un símbolo que resiste El guanaco es, al mismo tiempo, una figura ancestral y moderna. Los pueblos originarios lo consideraban fuente de abrigo y alimento, y su silueta aún aparece en petroglifos y cerámicas prehispánicas. Hoy su valor vuelve a medirse desde otra mirada: la de la ecología del paisaje. La Patagonia no es un desierto en sentido estricto, sino una estepa fría, amplia y ventosa, donde la vida se distribuye en equilibrio con las estaciones. En ese contexto, el guanaco cumple un papel silencioso pero esencial : mantiene viva la red ecológica, dispersando nutrientes y semillas, modelando la vegetación y sosteniendo a otros animales. Cada manada que atraviesa la estepa deja a su paso una línea de fertilidad y movimiento, recordándonos que en la Patagonia nada está quieto, y que incluso en los ambientes más duros, la vida depende de la constancia de quienes saben adaptarse. Fuente: meteored.cl