Esta mañana, durante el programa Buenos Días Región de Polar Comunicaciones, el director de DIPOLE y académico de la Universidad Andrés Bello, Dr. José Pulgar, dio a conocer los alcances de una investigación pionera que buscará determinar, por primera vez, cómo la contaminación lumínica interactúa con el calentamiento global y cuáles son sus efectos sobre la fauna y biodiversidad de la Antártica. El investigador, quien actualmente se encuentra trabajando en las dependencias del Instituto Antártico Chileno (INACH) en Punta Arenas junto a un equipo de científicos de distintas universidades, explicó que el proyecto es financiado por el Gobierno de Chile y se desarrolla en estrecha colaboración con el instituto. Nosotros hemos estado en contacto con el Instituto Antártico Chileno desde hace bastante tiempo. A través de la participación en los concursos que INACH financia para realizar investigaciones en el continente blanco. (...) Fuimos recibidos en las dependencias del Instituto Antártico Chileno, quien nos ha brindado todo el apoyo en infraestructura increíble para poder desarrollar los objetivos de nuestro trabajo, señaló. Pulgar destacó que durante cerca de tres semanas el equipo ha podido desarrollar experimentos en laboratorios especializados y utilizar infraestructura científica de primer nivel para preparar la próxima campaña en territorio antártico. Un ecosistema cada vez más presionado Durante la entrevista, el académico explicó que el continente blanco ha dejado de ser un territorio completamente aislado de la actividad humana y que el aumento del turismo, la investigación científica y otras actividades ejercen una presión creciente sobre sus ecosistemas. Hemos visto cómo las actividades antropogénicas incrementan continuamente. Gran cantidad de turistas, gran cantidad de actividades pesqueras, gran cantidad de actividades de investigación que se realizan en las distintas bases antárticas generan una presencia humana que es cada vez más intensa y que va a ir incrementando en el tiempo, lo que evidentemente presiona a los ambientes antárticos a nuevos estresores que los animales de esas zonas no han experimentado comúnmente durante mucho tiempo, afirmó. El investigador sostuvo que el calentamiento global ya está generando cambios evidentes en la Antártica, donde el aumento de temperatura se encuentra entre los más acelerados registrados en las últimas décadas. El incremento en temperatura en la Antártica es uno de los más rápidos de los últimos 50 años, uno o dos grados sin ningún problema. Y eso presiona la fauna antártica a un desafío que es nuevo, pero muy complejo, explicó. Añadió que su equipo ha desarrollado experimentos con peces e invertebrados costeros para evaluar la tolerancia de distintas especies al incremento térmico. La contaminación lumínica: un contaminante invisible Uno de los principales focos del proyecto será estudiar la contaminación lumínica, un fenómeno que, según Pulgar, todavía no recibe la atención que merece pese a sus efectos sobre la biodiversidad. La luz en la noche es vista para la humanidad como un signo de seguridad; mientras más luz, mejor. Sin embargo, el uso excesivo de luminosidad tiene un tremendo impacto no solo sobre las actividades que nosotros realizamos como seres humanos. Tiene impacto sobre los ciclos de actividad de los organismos del mundo natural, indicó. Explicó que la iluminación artificial modifica el comportamiento de numerosas especies, alterando sus ciclos biológicos, consumo energético e interacciones ecológicas. Este nuevo contaminante no se ve como un contaminante. Ese es el problema. No se ve como un contaminante, pero tiene efectos indudablemente sobre patrones de actividad, respuestas energéticas, respuestas metabólicas, poblacionales, interacciones biológicas y ciclos biológicos completos, enfatizó. Punta Arenas será la base para los experimentos El trabajo comenzó en Punta Arenas con mediciones de contaminación lumínica mediante sensores especializados, información que luego será comparada con registros obtenidos durante la próxima campaña científica en la Antártica. Nosotros medimos aquí en Punta Arenas. A cinco de julio, cuando llegamos, fuimos con nuestros sensores a medir, a cuantificar la contaminación lumínica que hay en Punta Arenas y lo mismo vamos a hacer en Antártica. En base a ese tipo de evaluaciones vamos a desarrollar nuestros experimentos para preguntarle a especies de distinto grupo taxonómico cómo les va con este nuevo estresor que es la contaminación lumínica, cómo les va con los incrementos de temperatura y la interacción entre ellos, explicó. Según el investigador, el objetivo es comprender no solo los efectos individuales de ambos factores, sino también cómo interactúan entre sí y afectan a la biodiversidad antártica. Difundir la ciencia a la comunidad El director de DIPOLE también destacó la importancia de acercar estos conocimientos a la ciudadanía mediante plataformas digitales y actividades de divulgación científica. El traspaso hacia la sociedad yo creo que es algo que todavía falta y estas instancias son súper relevantes y súper importantes para poder decirle a las personas que entendemos que necesitamos más luz, que la luz es seguridad, pero que debieran ser un tipo de iluminación que fuera más amigable, pensar en periodos de iluminación, pensar en espectros de luces que sean más amistosas con el medio ambiente, sostuvo. Finalmente, invitó a la comunidad a conocer los avances del proyecto a través del sitio web de DIPOLE, donde se encuentra disponible información sobre la investigación, el equipo científico y los objetivos del estudio que busca aportar nuevos antecedentes para la conservación de uno de los ecosistemas más sensibles del planeta.
Con el objetivo de fortalecer la conservación de la Red de Áreas Marinas Protegidas (AMPs) del Estrecho de Magallanes, WCS Chile abrió la convocatoria para postular al curso de fortalecimiento de capacidades para el Monitoreo Ambiental Participativo en Ecosistemas de Áreas Marinas Protegidas de Magallanes (MAPEA Magallanes), una instancia formativa gratuita dirigida a personas interesadas en contribuir activamente al conocimiento y monitoreo de estos ecosistemas marinos. El curso busca apoyar la toma de decisiones para el manejo efectivo de las AMPs de la región, entregando herramientas conceptuales y prácticas para que las y los participantes puedan aportar, a través de la ciencia ciudadana, al registro de información relevante para la gestión de estas áreas. La iniciativa es desarrollada por WCS Chile y cuenta con el patrocinio de CONAF Magallanes; Sernapesca; Sernatur; Nodo Ciencia Austral y el Instituto de la Patagonia de la Universidad de Magallanes como parte del proyecto “Construyendo un modelo de gobernanza inclusivo, equitativo y efectivo para la Red de Áreas Marinas Protegidas del Estrecho de Magallanes”. La convocatoria está dirigida a personas mayores de 18 años que visiten o tengan vínculo con las Áreas Marinas Protegidas de la Red del Estrecho de Magallanes, especialmente guías turísticos naturalistas, investigadores, estudiantes de biología o carreras afines, guardaparques, trabajadores del mar e integrantes de organizaciones de la sociedad civil, entre otros actores que, por su presencia en terreno, pueden transformarse en aliados clave para el monitoreo biológico y la detección temprana de amenazas. La formación se desarrollará entre el 6 de agosto y el 5 de septiembre de 2026, con una duración total de 20 horas, e incluirá cinco módulos teóricos presenciales en Punta Arenas y una jornada práctica en terreno. El curso contempla 30 cupos presenciales y 10 cupos online para personas de otras comunas de la Región de Magallanes o de fuera de la región, quienes también podrán participar de la salida a terreno, según corresponda a la modalidad. Para acceder a la actividad práctica final será requisito asistir al 100% de las sesiones teóricas. Las postulaciones estarán abiertas entre el 25 de junio y el 17 de julio de 2026, y los resultados serán comunicados por correo electrónico el 24 de julio. La inscripción y participación en el curso no tienen costo. Las personas interesadas pueden revisar el programa del curso a través de la página web de WCS Chile o en sus redes sociales.
En el marco del Día del Pingüino, estas especies vuelven a ser protagonistas por sus características y su estrecha relación con los ecosistemas australes. Los pingüinos son aves, por lo que no tienen dientes. Sin embargo, en el interior de su boca poseen estructuras similares a púas que les permiten sujetar y descomponer sus alimentos, principalmente peces y krill. Una de sus principales características es su distribución: los pingüinos habitan exclusivamente en el hemisferio sur, con alta presencia en la Antártica, aunque también se encuentran en zonas templadas. La única especie que cruza la línea del Ecuador es el pingüino de Galápagos, lo que lo convierte en un caso excepcional. En cuanto a su comportamiento, los pingüinos son monógamos durante cada temporada reproductiva. Forman pareja por un ciclo completo de apareamiento, aunque pueden cambiar de compañero en la siguiente temporada. Además, poseen una notable adaptación al medio acuático: sus alas se transformaron en potentes aletas que les permiten “volar” bajo el agua, alcanzando velocidades de entre 35 y 50 kilómetros por hora. Otra curiosidad es la capacidad de regular su temperatura corporal. En especies como el Pingüino de Humboldt, la piel rosada alrededor del pico y los ojos cumple una función clave para disipar el exceso de calor. Por su parte, el Pingüino barbijo ha desarrollado una estrategia basada en microsiestas de pocos segundos, pudiendo acumular miles de estos descansos durante la temporada de crianza. En el caso del Pingüino de Magallanes, su presencia no se limita a la región que le da nombre, ya que se distribuye desde Coquimbo hasta Cabo de Hornos, y en el Atlántico desde el Golfo San Matías hacia el sur, incluyendo las Islas Falkland.
El Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio anunció la realización de una nueva edición de encuentros orientados a fortalecer el ecosistema del libro y la lectura en el país. Se trata del II Encuentro de Ferias y Festivales del Libro y del II Encuentro Librería Espacio Cultural, instancias que buscan promover el diálogo, la colaboración y el intercambio de experiencias entre distintos actores del sector. El II Encuentro de Ferias y Festivales del Libro se desarrollará los días 27, 28 y 29 de abril, mientras que el II Encuentro Librería Espacio Cultural tendrá lugar el 24 de abril, y el 8 y 15 de mayo. Ambas iniciativas se realizarán en modalidad virtual, con transmisión abierta a través del canal de YouTube del Ministerio, permitiendo el acceso a participantes de distintas regiones del país. Las jornadas contemplan la participación de gestores culturales, libreros, editores, distribuidores y profesionales vinculados al fomento lector, además de experiencias provenientes de países como España, Brasil, México, Colombia y Argentina. Entre los temas que se abordarán destacan la formación de públicos, la innovación en experiencias culturales, la gestión del sector librero y estrategias de colaboración para fortalecer la circulación del libro. Estas instancias forman parte de la Política Nacional de la Lectura, el Libro y las Bibliotecas, y responden a la necesidad planteada por los propios actores del sector de contar con mayores herramientas de profesionalización y espacios de articulación. El objetivo es fortalecer el desarrollo sostenible de la industria del libro, promoviendo la bibliodiversidad, la inclusión y la proyección tanto a nivel nacional como internacional.
En entrevista con un programa radial de la región, Carmody explicó que las turberas han estado históricamente expuestas a presiones extractivas debido a debilidades en su regulación. Hasta hace pocos años, la turba —la capa subterránea del ecosistema— podía ser objeto de concesiones mineras, lo que implicaba un alto riesgo de explotación, señaló. Avances legislativos y desafíos pendientes La especialista destacó como un avance relevante la aprobación, en 2024, de la ley que prohíbe la extracción de turba. No obstante, advirtió que la normativa aún permite la extracción del musgo sphagnum bajo planes de manejo considerados sostenibles. Si bien esta ley representa un progreso significativo, la intervención de las turberas sigue implicando riesgos. Son ecosistemas que se forman en miles de años, por lo que su recuperación no es comparable con los tiempos de extracción, explicó. En este sentido, enfatizó que la separación normativa entre turba y musgo no necesariamente refleja el funcionamiento integral del ecosistema. Al extraer el musgo, se puede exponer la turba al oxígeno, liberando CO2, lo que impacta directamente en su rol como sumidero de carbono, agregó. Uno de los principales puntos críticos señalados por Carmody es la fiscalización de la normativa vigente. En Chile, muchas veces contamos con buenas leyes, pero su cumplimiento efectivo sigue siendo un desafío, afirmó. Iniciativas de gobernanza y cooperación En paralelo, destacó la creación de una iniciativa binacional entre Chile y Argentina para la conservación de turberas patagónicas, que busca fortalecer la gobernanza, compartir experiencias y promover mejores prácticas de protección. Esta instancia reúne a universidades, organizaciones y comunidades locales, y apunta a generar lineamientos comunes frente a un ecosistema que trasciende fronteras. Incertidumbre por retiro de decretos ambientales En materia de política pública, Carmody también se refirió al retiro de 43 decretos ambientales en proceso de revisión, señalando que la medida genera incertidumbre en el sector. Son instrumentos que ya han pasado por procesos técnicos y jurídicos. Su retiro sin distinción puede afectar la certeza jurídica y el desarrollo adecuado de proyectos, indicó. Asimismo, advirtió que este tipo de decisiones puede instalar una percepción errónea sobre la regulación ambiental. No se trata de una carga, sino de herramientas que entregan claridad, reducen conflictos y permiten un desarrollo más sostenible, sostuvo. Regulación y desarrollo: una relación necesaria Finalmente, Carmody subrayó la importancia de fortalecer la institucionalidad ambiental para avanzar hacia un equilibrio entre desarrollo y conservación. La normativa ambiental no debe entenderse como un obstáculo, sino como una base que permite resguardar los ecosistemas y, al mismo tiempo, dar certezas para el desarrollo económico, concluyó.
Esta mañana, durante el programa Buenos Días Región de Polar Comunicaciones, el director de DIPOLE y académico de la Universidad Andrés Bello, Dr. José Pulgar, dio a conocer los alcances de una investigación pionera que buscará determinar, por primera vez, cómo la contaminación lumínica interactúa con el calentamiento global y cuáles son sus efectos sobre la fauna y biodiversidad de la Antártica. El investigador, quien actualmente se encuentra trabajando en las dependencias del Instituto Antártico Chileno (INACH) en Punta Arenas junto a un equipo de científicos de distintas universidades, explicó que el proyecto es financiado por el Gobierno de Chile y se desarrolla en estrecha colaboración con el instituto. Nosotros hemos estado en contacto con el Instituto Antártico Chileno desde hace bastante tiempo. A través de la participación en los concursos que INACH financia para realizar investigaciones en el continente blanco. (...) Fuimos recibidos en las dependencias del Instituto Antártico Chileno, quien nos ha brindado todo el apoyo en infraestructura increíble para poder desarrollar los objetivos de nuestro trabajo, señaló. Pulgar destacó que durante cerca de tres semanas el equipo ha podido desarrollar experimentos en laboratorios especializados y utilizar infraestructura científica de primer nivel para preparar la próxima campaña en territorio antártico. Un ecosistema cada vez más presionado Durante la entrevista, el académico explicó que el continente blanco ha dejado de ser un territorio completamente aislado de la actividad humana y que el aumento del turismo, la investigación científica y otras actividades ejercen una presión creciente sobre sus ecosistemas. Hemos visto cómo las actividades antropogénicas incrementan continuamente. Gran cantidad de turistas, gran cantidad de actividades pesqueras, gran cantidad de actividades de investigación que se realizan en las distintas bases antárticas generan una presencia humana que es cada vez más intensa y que va a ir incrementando en el tiempo, lo que evidentemente presiona a los ambientes antárticos a nuevos estresores que los animales de esas zonas no han experimentado comúnmente durante mucho tiempo, afirmó. El investigador sostuvo que el calentamiento global ya está generando cambios evidentes en la Antártica, donde el aumento de temperatura se encuentra entre los más acelerados registrados en las últimas décadas. El incremento en temperatura en la Antártica es uno de los más rápidos de los últimos 50 años, uno o dos grados sin ningún problema. Y eso presiona la fauna antártica a un desafío que es nuevo, pero muy complejo, explicó. Añadió que su equipo ha desarrollado experimentos con peces e invertebrados costeros para evaluar la tolerancia de distintas especies al incremento térmico. La contaminación lumínica: un contaminante invisible Uno de los principales focos del proyecto será estudiar la contaminación lumínica, un fenómeno que, según Pulgar, todavía no recibe la atención que merece pese a sus efectos sobre la biodiversidad. La luz en la noche es vista para la humanidad como un signo de seguridad; mientras más luz, mejor. Sin embargo, el uso excesivo de luminosidad tiene un tremendo impacto no solo sobre las actividades que nosotros realizamos como seres humanos. Tiene impacto sobre los ciclos de actividad de los organismos del mundo natural, indicó. Explicó que la iluminación artificial modifica el comportamiento de numerosas especies, alterando sus ciclos biológicos, consumo energético e interacciones ecológicas. Este nuevo contaminante no se ve como un contaminante. Ese es el problema. No se ve como un contaminante, pero tiene efectos indudablemente sobre patrones de actividad, respuestas energéticas, respuestas metabólicas, poblacionales, interacciones biológicas y ciclos biológicos completos, enfatizó. Punta Arenas será la base para los experimentos El trabajo comenzó en Punta Arenas con mediciones de contaminación lumínica mediante sensores especializados, información que luego será comparada con registros obtenidos durante la próxima campaña científica en la Antártica. Nosotros medimos aquí en Punta Arenas. A cinco de julio, cuando llegamos, fuimos con nuestros sensores a medir, a cuantificar la contaminación lumínica que hay en Punta Arenas y lo mismo vamos a hacer en Antártica. En base a ese tipo de evaluaciones vamos a desarrollar nuestros experimentos para preguntarle a especies de distinto grupo taxonómico cómo les va con este nuevo estresor que es la contaminación lumínica, cómo les va con los incrementos de temperatura y la interacción entre ellos, explicó. Según el investigador, el objetivo es comprender no solo los efectos individuales de ambos factores, sino también cómo interactúan entre sí y afectan a la biodiversidad antártica. Difundir la ciencia a la comunidad El director de DIPOLE también destacó la importancia de acercar estos conocimientos a la ciudadanía mediante plataformas digitales y actividades de divulgación científica. El traspaso hacia la sociedad yo creo que es algo que todavía falta y estas instancias son súper relevantes y súper importantes para poder decirle a las personas que entendemos que necesitamos más luz, que la luz es seguridad, pero que debieran ser un tipo de iluminación que fuera más amigable, pensar en periodos de iluminación, pensar en espectros de luces que sean más amistosas con el medio ambiente, sostuvo. Finalmente, invitó a la comunidad a conocer los avances del proyecto a través del sitio web de DIPOLE, donde se encuentra disponible información sobre la investigación, el equipo científico y los objetivos del estudio que busca aportar nuevos antecedentes para la conservación de uno de los ecosistemas más sensibles del planeta.
Con el objetivo de fortalecer la conservación de la Red de Áreas Marinas Protegidas (AMPs) del Estrecho de Magallanes, WCS Chile abrió la convocatoria para postular al curso de fortalecimiento de capacidades para el Monitoreo Ambiental Participativo en Ecosistemas de Áreas Marinas Protegidas de Magallanes (MAPEA Magallanes), una instancia formativa gratuita dirigida a personas interesadas en contribuir activamente al conocimiento y monitoreo de estos ecosistemas marinos. El curso busca apoyar la toma de decisiones para el manejo efectivo de las AMPs de la región, entregando herramientas conceptuales y prácticas para que las y los participantes puedan aportar, a través de la ciencia ciudadana, al registro de información relevante para la gestión de estas áreas. La iniciativa es desarrollada por WCS Chile y cuenta con el patrocinio de CONAF Magallanes; Sernapesca; Sernatur; Nodo Ciencia Austral y el Instituto de la Patagonia de la Universidad de Magallanes como parte del proyecto “Construyendo un modelo de gobernanza inclusivo, equitativo y efectivo para la Red de Áreas Marinas Protegidas del Estrecho de Magallanes”. La convocatoria está dirigida a personas mayores de 18 años que visiten o tengan vínculo con las Áreas Marinas Protegidas de la Red del Estrecho de Magallanes, especialmente guías turísticos naturalistas, investigadores, estudiantes de biología o carreras afines, guardaparques, trabajadores del mar e integrantes de organizaciones de la sociedad civil, entre otros actores que, por su presencia en terreno, pueden transformarse en aliados clave para el monitoreo biológico y la detección temprana de amenazas. La formación se desarrollará entre el 6 de agosto y el 5 de septiembre de 2026, con una duración total de 20 horas, e incluirá cinco módulos teóricos presenciales en Punta Arenas y una jornada práctica en terreno. El curso contempla 30 cupos presenciales y 10 cupos online para personas de otras comunas de la Región de Magallanes o de fuera de la región, quienes también podrán participar de la salida a terreno, según corresponda a la modalidad. Para acceder a la actividad práctica final será requisito asistir al 100% de las sesiones teóricas. Las postulaciones estarán abiertas entre el 25 de junio y el 17 de julio de 2026, y los resultados serán comunicados por correo electrónico el 24 de julio. La inscripción y participación en el curso no tienen costo. Las personas interesadas pueden revisar el programa del curso a través de la página web de WCS Chile o en sus redes sociales.
En el marco del Día del Pingüino, estas especies vuelven a ser protagonistas por sus características y su estrecha relación con los ecosistemas australes. Los pingüinos son aves, por lo que no tienen dientes. Sin embargo, en el interior de su boca poseen estructuras similares a púas que les permiten sujetar y descomponer sus alimentos, principalmente peces y krill. Una de sus principales características es su distribución: los pingüinos habitan exclusivamente en el hemisferio sur, con alta presencia en la Antártica, aunque también se encuentran en zonas templadas. La única especie que cruza la línea del Ecuador es el pingüino de Galápagos, lo que lo convierte en un caso excepcional. En cuanto a su comportamiento, los pingüinos son monógamos durante cada temporada reproductiva. Forman pareja por un ciclo completo de apareamiento, aunque pueden cambiar de compañero en la siguiente temporada. Además, poseen una notable adaptación al medio acuático: sus alas se transformaron en potentes aletas que les permiten “volar” bajo el agua, alcanzando velocidades de entre 35 y 50 kilómetros por hora. Otra curiosidad es la capacidad de regular su temperatura corporal. En especies como el Pingüino de Humboldt, la piel rosada alrededor del pico y los ojos cumple una función clave para disipar el exceso de calor. Por su parte, el Pingüino barbijo ha desarrollado una estrategia basada en microsiestas de pocos segundos, pudiendo acumular miles de estos descansos durante la temporada de crianza. En el caso del Pingüino de Magallanes, su presencia no se limita a la región que le da nombre, ya que se distribuye desde Coquimbo hasta Cabo de Hornos, y en el Atlántico desde el Golfo San Matías hacia el sur, incluyendo las Islas Falkland.
El Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio anunció la realización de una nueva edición de encuentros orientados a fortalecer el ecosistema del libro y la lectura en el país. Se trata del II Encuentro de Ferias y Festivales del Libro y del II Encuentro Librería Espacio Cultural, instancias que buscan promover el diálogo, la colaboración y el intercambio de experiencias entre distintos actores del sector. El II Encuentro de Ferias y Festivales del Libro se desarrollará los días 27, 28 y 29 de abril, mientras que el II Encuentro Librería Espacio Cultural tendrá lugar el 24 de abril, y el 8 y 15 de mayo. Ambas iniciativas se realizarán en modalidad virtual, con transmisión abierta a través del canal de YouTube del Ministerio, permitiendo el acceso a participantes de distintas regiones del país. Las jornadas contemplan la participación de gestores culturales, libreros, editores, distribuidores y profesionales vinculados al fomento lector, además de experiencias provenientes de países como España, Brasil, México, Colombia y Argentina. Entre los temas que se abordarán destacan la formación de públicos, la innovación en experiencias culturales, la gestión del sector librero y estrategias de colaboración para fortalecer la circulación del libro. Estas instancias forman parte de la Política Nacional de la Lectura, el Libro y las Bibliotecas, y responden a la necesidad planteada por los propios actores del sector de contar con mayores herramientas de profesionalización y espacios de articulación. El objetivo es fortalecer el desarrollo sostenible de la industria del libro, promoviendo la bibliodiversidad, la inclusión y la proyección tanto a nivel nacional como internacional.
En entrevista con un programa radial de la región, Carmody explicó que las turberas han estado históricamente expuestas a presiones extractivas debido a debilidades en su regulación. Hasta hace pocos años, la turba —la capa subterránea del ecosistema— podía ser objeto de concesiones mineras, lo que implicaba un alto riesgo de explotación, señaló. Avances legislativos y desafíos pendientes La especialista destacó como un avance relevante la aprobación, en 2024, de la ley que prohíbe la extracción de turba. No obstante, advirtió que la normativa aún permite la extracción del musgo sphagnum bajo planes de manejo considerados sostenibles. Si bien esta ley representa un progreso significativo, la intervención de las turberas sigue implicando riesgos. Son ecosistemas que se forman en miles de años, por lo que su recuperación no es comparable con los tiempos de extracción, explicó. En este sentido, enfatizó que la separación normativa entre turba y musgo no necesariamente refleja el funcionamiento integral del ecosistema. Al extraer el musgo, se puede exponer la turba al oxígeno, liberando CO2, lo que impacta directamente en su rol como sumidero de carbono, agregó. Uno de los principales puntos críticos señalados por Carmody es la fiscalización de la normativa vigente. En Chile, muchas veces contamos con buenas leyes, pero su cumplimiento efectivo sigue siendo un desafío, afirmó. Iniciativas de gobernanza y cooperación En paralelo, destacó la creación de una iniciativa binacional entre Chile y Argentina para la conservación de turberas patagónicas, que busca fortalecer la gobernanza, compartir experiencias y promover mejores prácticas de protección. Esta instancia reúne a universidades, organizaciones y comunidades locales, y apunta a generar lineamientos comunes frente a un ecosistema que trasciende fronteras. Incertidumbre por retiro de decretos ambientales En materia de política pública, Carmody también se refirió al retiro de 43 decretos ambientales en proceso de revisión, señalando que la medida genera incertidumbre en el sector. Son instrumentos que ya han pasado por procesos técnicos y jurídicos. Su retiro sin distinción puede afectar la certeza jurídica y el desarrollo adecuado de proyectos, indicó. Asimismo, advirtió que este tipo de decisiones puede instalar una percepción errónea sobre la regulación ambiental. No se trata de una carga, sino de herramientas que entregan claridad, reducen conflictos y permiten un desarrollo más sostenible, sostuvo. Regulación y desarrollo: una relación necesaria Finalmente, Carmody subrayó la importancia de fortalecer la institucionalidad ambiental para avanzar hacia un equilibrio entre desarrollo y conservación. La normativa ambiental no debe entenderse como un obstáculo, sino como una base que permite resguardar los ecosistemas y, al mismo tiempo, dar certezas para el desarrollo económico, concluyó.