Los pingüinos emperador (Aptenodytes forsteri) están en peligro de extinción. A esa conclusión llegó un estudio de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN, por sus siglas en inglés), después de haber analizado la población de esta especie, que vive exclusivamente en la Antártida. En 2009 y 2018, las imágenes satelitales que capturaron los investigadores mostraron que la población de 66 colonias reproductoras de emperador habían disminuido en un 10%. Pero ahora, otro estudio realizado entre 2020 y 2024 mostró que siete colonias disminuyeron en un 32%. Por esta razón, la IUCN agregó a esta especie de pingüino —que es la más grande y reconocible del mundo— a su Lista Roja. En ella se encuentran los animales que están en riesgo de extinción. Además, otra especie que pasó a esta clasificación fueron las focas peleteras antárticas (Arctocephalus gazella) . Tanto estos animales como los pingüinos están sufriendo cambios graves por el calentamiento global, como variaciones en los niveles del hielo marino y la disponibilidad de alimentos, entre otras causas. Por qué los pingüinos emperador están en riesgo de extinción En un 32% se redujeron siete colonias de pingüinos emperador que habitan en el mar de Ross, una bahía profunda del océano Glacial Antártico en la Antártida. Esta preocupante cifra llevó a que los científicos del UICN declaren a la especie en peligro de extinción. “Varios estudios predicen una casi extinción en muchas colonias”, aseguró Philip Trathan, ecólogo marino del British Antarctic Survey, quien participó en el estudio, en conversación con el New York Times. Y es que la causa principal de la población de pingüinos emperador tiene que ver con el calentamiento global, un problema latente que parece no tener fin en el corto plazo. El aumento gradual de la temperatura en la Tierra ha provocado que el hielo marino alcance niveles mínimos históricos desde 2016. “Las aves no podrán sobrevivir sin hielo marino”, aseguró Trathan. Los pingüinos necesitan el hielo marino para reproducirse y evitar el agua cuando pierden su impermeabilidad y aislamiento técnico, en temporada de muda. Además, sin hielo, disminuye la población de sus presas acuáticas. Por su parte, Martin Harper, director ejecutivo de BirdLife International, el organismo que cooperó en la evaluación del pingüino emperador con IUCN, declaró que haber incluido a esta especie en la Lista Roja “es una clara advertencia”. “El cambio climático está acelerando la crisis de extinción ante nuestros ojos. Los gobiernos deben actuar ahora para descarbonizar urgentemente nuestras economías”. Por qué las focas peleteras antárticas están en peligro de extinción Según el mismo informe de la organización, la foca peletera antártica se sumó a la lista de especies en peligro de extinción porque su población disminuyó en más del 50% : en 1999, se estimaba que había 2.187.000 focas maduras. En 2025, se contaron solo 944.000. Los investigadores aseguran que esta grave reducción en la especie “se debe al cambio climático, ya que el aumento de la temperatura del océano y la disminución marino están empujando al kril (un pequeño camarón de la Antártica y alimento de las focas) a mayores profundidades oceánicas, en búsqueda de aguas más frías”. “Por ello, se reduce la disponibilidad de alimento para las focas”. Sin mucho alimento, muchas crías de foca no logran sobrevivir su primer año. Por tanto, hay más población envejecida que reproductora. “Estos importantes hallazgos deberían impulsarnos a actuar en todos los sectores y niveles de la sociedad para abordar decisivamente el cambio climático (...) El papel de la Antártida como ‘guardiana helada’ de nuestro planeta es insustituible: ofrece innumerables beneficios a los seres humanos, estabiliza el clima y proporciona refugio a una fauna única”, añadió la Dra. Grethel Aguilar, directora general de la UICN . Fuente: latercera.com
Un estudio internacional reveló que los lirios de mar, un grupo de equinodermos conocidos como crinoideos, habitaron mares poco profundos de la Antártica, tanto antes como después de la extinción de los dinosaurios, Esto significa que fueron parte de las especies que lograron resistir a la extinción masiva que produjo el asteroide que golpeó la Tierra hace 66 millones de años. La investigación, publicada en la revista Gondwana Research, está basada en fósiles encontrados en la isla Seymour, al noreste de la península Antártica, y sus resultados cuestionan la idea de que los lirios de mar solo aparecieron en la región después del impacto. El hallazgo corresponde a una colaboración entre el proyecto PALEOCLIMA del Programa Antártico Brasileño y el proyecto de postdoctorado N°3230319 (ANID), de Leslie Manríquez Márquez, investigadora del Laboratorio de Paleobiología de Antártica y Patagonia del Instituto Antártico Chileno (INACH). “Lo interesante de este hallazgo es que estos organismos vivían en aguas relativamente someras (de poca profundidad) en una época en la que, en muchas otras partes del mundo, este grupo estaba desapareciendo de tales ambientes o migrando hacia aguas más profundas”, señala la experta en un comunicado. “Este importante descubrimiento sugiere que los ecosistemas marinos de altas latitudes, como los de la Antártica, pudieron haber servido como lugares de refugio para ciertas especies“, añade. Más antiguos de lo que se pensaba Hasta ahora, el registro fósil en la Antártica sugería que los crinoideos eran exclusivos del Paleógeno, el período posterior a la gran extinción del límite Cretácico-Paleógeno (K-Pg). Esto dejaba un vacío de millones de años en la historia de este grupo en altas latitudes. Sin embargo, el nuevo estudio documenta restos inequívocos en depósitos marinos someros tanto del Cretácico tardío como del Paleógeno temprano, cerrando esa brecha. Los resultados, como menciona Manríquez, indican que la Antártica pudo haber funcionado como un refugio ecológico durante este período crítico, “un lugar donde ciertas especies pueden sobrevivir cuando las condiciones en otras regiones se vuelven desfavorables para ellas”, explica. “En este caso, el estudio sugiere que, mientras en muchas zonas del planeta los lirios de mar dejaban de habitar aguas poco profundas, probablemente debido a cambios ambientales o ecológicos, en la Antártica habrían encontrado condiciones que les permitieron seguir viviendo allí ”, agrega. El estudio también plantea que el desplazamiento de los crinoideos hacia aguas profundas, observado a nivel global desde el Mesozoico tardío, no fue un proceso uniforme. De hecho, factores locales, como la estabilidad del fondo marino o la disponibilidad de alimento, habrían permitido que algunas poblaciones permanecieran en aguas someras, especialmente en regiones de altas latitudes. “Durante gran parte del pasado geológico, la Antártica no era el continente completamente congelado que conocemos hoy. Sus mares eran más templados y formaban parte de ecosistemas dinámicos, donde algunos grupos de organismos pudieron mantenerse en ambientes someros por más tiempo que en otras regiones”, añade la investigadora. ¿Cómo se preservaron los fósiles? El equipo también estudió cómo se conservaron los fósiles, ya que su estado permite entender cómo era el fondo marino cuando quedaron enterrados estos organismos. En algunos casos, encontraron restos con partes originales de esqueleto combinadas con minerales formados poco después de su enterramiento, lo que sugiere que estaban en ambientes con poco oxígeno, lo que facilita su conservación. En otros fósiles, en cambio, no se observan esos minerales, pero los esqueletos están igualmente bien preservados. Esto indica que se enterraron rápidamente en un ambiente tranquilo, con poca energía. Estas diferencias no solo permiten identificar qué especies existían, sino también reconstruir cómo eran las condiciones del fondo marino antes y después de la gran extinción. Bruna Poatskievick, investigadora del Instituto Tecnológico de Paleoceanografía y Cambio Climático de la Universidad UNISINOS, Brasil, que lideró la investigación, expresó que “demuestra que los fósiles no necesitan estar excepcionalmente bien preservados para aportar información científica valiosa”. “Muchos de estos restos de crinoides probablemente fueron observados antes, pero no recibieron mucha atención por no presentar una preservación perfecta”, advierte. Su estudio entonces “permitió confirmar algo que hasta ahora era solo una hipótesis: que estos crinoides ya estaban presentes en la Antártica antes del límite K-Pg”. “Esto también muestra que los ecosistemas marinos antárticos al final del Cretácico eran más diversos y complejos de lo que imaginábamos. Así, el estudio ayuda a llenar un vacío en el registro fósil y a conectar mejor las faunas del Cretácico y del Paleógeno en la región”, concluye. Referencia: Bruna Poatskievick-Pierezan, Mariusz A. Salamon, Leslie Manríquez Márquez y otros autores. Linking the Cretaceous and the Paleogene: Shallow-water stalked crinoids from Seymour Island reveal continuous Antarctic fossil record. Revista Gondwana Research, 2026. Fuente: biobiochile.cl
Un estudio internacional liderado por especialistas de Brasil, Polonia y Chile reveló que los lirios de mar antárticos lograron sobrevivir a la extinción masiva ocurrida hace 66 millones de años, la misma que provocó la desaparición de los dinosaurios. La investigación contó con la participación de la geóloga del Instituto Antártico Chileno (INACH), Leslie Manríquez Márquez. El trabajo, publicado en la revista científica Gondwana Research, documenta por primera vez un registro fósil continuo de crinoideos en la Antártica, específicamente en la isla Seymour, abarcando tanto el Cretácico tardío como el Paleógeno temprano. Este hallazgo permite llenar un vacío de millones de años en la historia de estos organismos en altas latitudes. Según explican los investigadores, estos lirios de mar habitaban aguas poco profundas en momentos en que, en otras partes del mundo, este tipo de especies desaparecía de esos entornos o migraba hacia zonas más profundas. Esto sugiere que los ecosistemas marinos antárticos pudieron actuar como refugios ecológicos frente a los drásticos cambios ambientales de la época. El estudio también destaca el valor de la colaboración internacional para el desarrollo de la ciencia en el Continente Blanco, considerando las complejidades logísticas y las condiciones extremas que implica investigar en la Antártica. En ese contexto, el INACH reafirma su rol en la generación de conocimiento y en el fortalecimiento de Magallanes como puerta de entrada a la investigación antártica. Finalmente, los resultados no solo permiten comprender mejor la evolución de los ecosistemas marinos del pasado, sino que también aportan información clave sobre cómo las especies pueden adaptarse a cambios climáticos extremos, un tema de alta relevancia en el escenario ambiental actual.
Los pingüinos emperador (Aptenodytes forsteri) están en peligro de extinción. A esa conclusión llegó un estudio de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN, por sus siglas en inglés), después de haber analizado la población de esta especie, que vive exclusivamente en la Antártida. En 2009 y 2018, las imágenes satelitales que capturaron los investigadores mostraron que la población de 66 colonias reproductoras de emperador habían disminuido en un 10%. Pero ahora, otro estudio realizado entre 2020 y 2024 mostró que siete colonias disminuyeron en un 32%. Por esta razón, la IUCN agregó a esta especie de pingüino —que es la más grande y reconocible del mundo— a su Lista Roja. En ella se encuentran los animales que están en riesgo de extinción. Además, otra especie que pasó a esta clasificación fueron las focas peleteras antárticas (Arctocephalus gazella) . Tanto estos animales como los pingüinos están sufriendo cambios graves por el calentamiento global, como variaciones en los niveles del hielo marino y la disponibilidad de alimentos, entre otras causas. Por qué los pingüinos emperador están en riesgo de extinción En un 32% se redujeron siete colonias de pingüinos emperador que habitan en el mar de Ross, una bahía profunda del océano Glacial Antártico en la Antártida. Esta preocupante cifra llevó a que los científicos del UICN declaren a la especie en peligro de extinción. “Varios estudios predicen una casi extinción en muchas colonias”, aseguró Philip Trathan, ecólogo marino del British Antarctic Survey, quien participó en el estudio, en conversación con el New York Times. Y es que la causa principal de la población de pingüinos emperador tiene que ver con el calentamiento global, un problema latente que parece no tener fin en el corto plazo. El aumento gradual de la temperatura en la Tierra ha provocado que el hielo marino alcance niveles mínimos históricos desde 2016. “Las aves no podrán sobrevivir sin hielo marino”, aseguró Trathan. Los pingüinos necesitan el hielo marino para reproducirse y evitar el agua cuando pierden su impermeabilidad y aislamiento técnico, en temporada de muda. Además, sin hielo, disminuye la población de sus presas acuáticas. Por su parte, Martin Harper, director ejecutivo de BirdLife International, el organismo que cooperó en la evaluación del pingüino emperador con IUCN, declaró que haber incluido a esta especie en la Lista Roja “es una clara advertencia”. “El cambio climático está acelerando la crisis de extinción ante nuestros ojos. Los gobiernos deben actuar ahora para descarbonizar urgentemente nuestras economías”. Por qué las focas peleteras antárticas están en peligro de extinción Según el mismo informe de la organización, la foca peletera antártica se sumó a la lista de especies en peligro de extinción porque su población disminuyó en más del 50% : en 1999, se estimaba que había 2.187.000 focas maduras. En 2025, se contaron solo 944.000. Los investigadores aseguran que esta grave reducción en la especie “se debe al cambio climático, ya que el aumento de la temperatura del océano y la disminución marino están empujando al kril (un pequeño camarón de la Antártica y alimento de las focas) a mayores profundidades oceánicas, en búsqueda de aguas más frías”. “Por ello, se reduce la disponibilidad de alimento para las focas”. Sin mucho alimento, muchas crías de foca no logran sobrevivir su primer año. Por tanto, hay más población envejecida que reproductora. “Estos importantes hallazgos deberían impulsarnos a actuar en todos los sectores y niveles de la sociedad para abordar decisivamente el cambio climático (...) El papel de la Antártida como ‘guardiana helada’ de nuestro planeta es insustituible: ofrece innumerables beneficios a los seres humanos, estabiliza el clima y proporciona refugio a una fauna única”, añadió la Dra. Grethel Aguilar, directora general de la UICN . Fuente: latercera.com
Un estudio internacional reveló que los lirios de mar, un grupo de equinodermos conocidos como crinoideos, habitaron mares poco profundos de la Antártica, tanto antes como después de la extinción de los dinosaurios, Esto significa que fueron parte de las especies que lograron resistir a la extinción masiva que produjo el asteroide que golpeó la Tierra hace 66 millones de años. La investigación, publicada en la revista Gondwana Research, está basada en fósiles encontrados en la isla Seymour, al noreste de la península Antártica, y sus resultados cuestionan la idea de que los lirios de mar solo aparecieron en la región después del impacto. El hallazgo corresponde a una colaboración entre el proyecto PALEOCLIMA del Programa Antártico Brasileño y el proyecto de postdoctorado N°3230319 (ANID), de Leslie Manríquez Márquez, investigadora del Laboratorio de Paleobiología de Antártica y Patagonia del Instituto Antártico Chileno (INACH). “Lo interesante de este hallazgo es que estos organismos vivían en aguas relativamente someras (de poca profundidad) en una época en la que, en muchas otras partes del mundo, este grupo estaba desapareciendo de tales ambientes o migrando hacia aguas más profundas”, señala la experta en un comunicado. “Este importante descubrimiento sugiere que los ecosistemas marinos de altas latitudes, como los de la Antártica, pudieron haber servido como lugares de refugio para ciertas especies“, añade. Más antiguos de lo que se pensaba Hasta ahora, el registro fósil en la Antártica sugería que los crinoideos eran exclusivos del Paleógeno, el período posterior a la gran extinción del límite Cretácico-Paleógeno (K-Pg). Esto dejaba un vacío de millones de años en la historia de este grupo en altas latitudes. Sin embargo, el nuevo estudio documenta restos inequívocos en depósitos marinos someros tanto del Cretácico tardío como del Paleógeno temprano, cerrando esa brecha. Los resultados, como menciona Manríquez, indican que la Antártica pudo haber funcionado como un refugio ecológico durante este período crítico, “un lugar donde ciertas especies pueden sobrevivir cuando las condiciones en otras regiones se vuelven desfavorables para ellas”, explica. “En este caso, el estudio sugiere que, mientras en muchas zonas del planeta los lirios de mar dejaban de habitar aguas poco profundas, probablemente debido a cambios ambientales o ecológicos, en la Antártica habrían encontrado condiciones que les permitieron seguir viviendo allí ”, agrega. El estudio también plantea que el desplazamiento de los crinoideos hacia aguas profundas, observado a nivel global desde el Mesozoico tardío, no fue un proceso uniforme. De hecho, factores locales, como la estabilidad del fondo marino o la disponibilidad de alimento, habrían permitido que algunas poblaciones permanecieran en aguas someras, especialmente en regiones de altas latitudes. “Durante gran parte del pasado geológico, la Antártica no era el continente completamente congelado que conocemos hoy. Sus mares eran más templados y formaban parte de ecosistemas dinámicos, donde algunos grupos de organismos pudieron mantenerse en ambientes someros por más tiempo que en otras regiones”, añade la investigadora. ¿Cómo se preservaron los fósiles? El equipo también estudió cómo se conservaron los fósiles, ya que su estado permite entender cómo era el fondo marino cuando quedaron enterrados estos organismos. En algunos casos, encontraron restos con partes originales de esqueleto combinadas con minerales formados poco después de su enterramiento, lo que sugiere que estaban en ambientes con poco oxígeno, lo que facilita su conservación. En otros fósiles, en cambio, no se observan esos minerales, pero los esqueletos están igualmente bien preservados. Esto indica que se enterraron rápidamente en un ambiente tranquilo, con poca energía. Estas diferencias no solo permiten identificar qué especies existían, sino también reconstruir cómo eran las condiciones del fondo marino antes y después de la gran extinción. Bruna Poatskievick, investigadora del Instituto Tecnológico de Paleoceanografía y Cambio Climático de la Universidad UNISINOS, Brasil, que lideró la investigación, expresó que “demuestra que los fósiles no necesitan estar excepcionalmente bien preservados para aportar información científica valiosa”. “Muchos de estos restos de crinoides probablemente fueron observados antes, pero no recibieron mucha atención por no presentar una preservación perfecta”, advierte. Su estudio entonces “permitió confirmar algo que hasta ahora era solo una hipótesis: que estos crinoides ya estaban presentes en la Antártica antes del límite K-Pg”. “Esto también muestra que los ecosistemas marinos antárticos al final del Cretácico eran más diversos y complejos de lo que imaginábamos. Así, el estudio ayuda a llenar un vacío en el registro fósil y a conectar mejor las faunas del Cretácico y del Paleógeno en la región”, concluye. Referencia: Bruna Poatskievick-Pierezan, Mariusz A. Salamon, Leslie Manríquez Márquez y otros autores. Linking the Cretaceous and the Paleogene: Shallow-water stalked crinoids from Seymour Island reveal continuous Antarctic fossil record. Revista Gondwana Research, 2026. Fuente: biobiochile.cl
Un estudio internacional liderado por especialistas de Brasil, Polonia y Chile reveló que los lirios de mar antárticos lograron sobrevivir a la extinción masiva ocurrida hace 66 millones de años, la misma que provocó la desaparición de los dinosaurios. La investigación contó con la participación de la geóloga del Instituto Antártico Chileno (INACH), Leslie Manríquez Márquez. El trabajo, publicado en la revista científica Gondwana Research, documenta por primera vez un registro fósil continuo de crinoideos en la Antártica, específicamente en la isla Seymour, abarcando tanto el Cretácico tardío como el Paleógeno temprano. Este hallazgo permite llenar un vacío de millones de años en la historia de estos organismos en altas latitudes. Según explican los investigadores, estos lirios de mar habitaban aguas poco profundas en momentos en que, en otras partes del mundo, este tipo de especies desaparecía de esos entornos o migraba hacia zonas más profundas. Esto sugiere que los ecosistemas marinos antárticos pudieron actuar como refugios ecológicos frente a los drásticos cambios ambientales de la época. El estudio también destaca el valor de la colaboración internacional para el desarrollo de la ciencia en el Continente Blanco, considerando las complejidades logísticas y las condiciones extremas que implica investigar en la Antártica. En ese contexto, el INACH reafirma su rol en la generación de conocimiento y en el fortalecimiento de Magallanes como puerta de entrada a la investigación antártica. Finalmente, los resultados no solo permiten comprender mejor la evolución de los ecosistemas marinos del pasado, sino que también aportan información clave sobre cómo las especies pueden adaptarse a cambios climáticos extremos, un tema de alta relevancia en el escenario ambiental actual.