Sumándose a la invitación de la Municipalidad de Punta Arenas para entregar entretenidos panoramas en el marco del Día de la Niñez, Enap Magallanes abrirá las puertas de su edificio central este sábado 8 de agosto y ofrecerá un espacio de conocimiento y lúdicos juegos para disfrutar en familia. La atracción principal será una muestra de fósiles que han sido recolectados en el marco del trabajo que la empresa realiza en el proceso de exploración y perforación de pozos en la cuenca de Magallanes. Esta puesta en escena será liderada por el geólogo de Enap, Alvaro Pérez. “Tendremos una muestra de rocas, correspondiente a los reservorios desde donde es producido el gas y el petróleo de Magallanes, y fósiles encontrados en nuestras campañas de geología de superficie. Crearemos un espacio de conocimiento para la familia”, señaló Pérez. Adicionalmente, mencionó que la empresa dispondrá de lúdicos juegos para poner a prueba la memoria de los visitantes, donde podrán reconocer imágenes geológicas y de animales que habitaron estas tierras hace millones de años. “Tendremos dos alternativas de juego. Una incluye cartas donde el objetivo es encontrar pares con la misma figura impresa, correspondiente a fotografías y reconstrucciones de fósiles de Magallanes y del resto del mundo, pero con énfasis en fósiles chilenos. Como complemento, tendremos un panel con las mismas figuras, dispuestas de acuerdo con la cronología de la historia de la Tierra, a fin de comentar cómo han cambiado las faunas a lo largo del tiempo geológico. De paso se puede relacionar con el origen del petróleo, como un recurso antiguo que proviene de la transformación de flora y microorganismos”, explicó, agregando que este juego está pensado para niños de hasta 10 años. Luego existirá una segunda opción, cuyo objetivo es acercarse a la comprensión de Enap como una empresa del Estado de Chile con presencia internacional, que está comprometida con el abastecimiento del gas para las ciudades de la región. “En el desarrollo del juego se va vislumbrando cómo Enap incorpora nuevas tecnologías para enfrentar la transición energética, al tiempo de hacerlo con el valor de la seguridad y la responsabilidad. Está pensado para niños de más de 10 años y también para adultos”, precisó. Finalmente, el jefe de Comunidades de Enap Magallanes, Alfonso Pacheco, llamó a las familias a que asistan este sábado a las dependencias de Enap, ubicadas en Plaza Muñoz Gamero con calle José Nogueira, y participen de esta entretenida jornada. “Este año nos sumamos a la iniciativa de la municipalidad y preparamos con especial cariño esta actividad pensada para toda la familia. Invitamos a todas y todos para que nos visiten entre las 15:00 y 17:00 horas, y conozcan el quehacer de Enap en la región desde otra perspectiva”, expresó Pacheco, adelantando que la actividad estará acompañada por algunos simpáticos personajes que recibirán a los asistentes.
Un fósil recolectado durante una expedición científica en 1985 fue identificado como el primer hueso de dinosaurio descubierto en la Antártida. El hallazgo, publicado en la revista Acta Paleontologica Polonica, determinó que el fragmento corresponde a la vértebra de un saurópodo del grupo de los titanosaurios, tras permanecer por más de cuatro décadas catalogado erróneamente como un reptil marino. El fósil fue encontrado en la isla James Ross, ubicada en el extremo noreste de la península Antártica, durante una expedición del British Antarctic Survey. El nuevo análisis fue realizado con la participación del investigador Paul Barrett, del Museo de Historia Natural de Londres, quien explicó que la forma y el tamaño del hueso indican que pertenecía a un titanosaurio de entre seis y siete metros de longitud, aunque no es posible determinar la especie ni si el ejemplar era juvenil o adulto. Los investigadores señalaron que hace unos 70 millones de años la Antártida presentaba un paisaje muy distinto al actual. Durante el Cretácico Superior, el continente estaba unido al extremo sur de Sudamérica y albergaba bosques templados con una fauna diversa, incluyendo dinosaurios herbívoros, depredadores y aves primitivas. De acuerdo con el Museo de Historia Natural de Londres, este fósil representa apenas el segundo hueso de saurópodo encontrado en la Antártida y aporta nuevos antecedentes sobre la presencia de estos grandes dinosaurios en el continente. Los científicos sostienen que aún quedan numerosos interrogantes por resolver y consideran que futuros descubrimientos podrían ampliar el conocimiento sobre la fauna que habitó la Antártida durante el Cretácico. Fuente: La Tercera
Un estudio internacional reveló que los lirios de mar, un grupo de equinodermos conocidos como crinoideos, habitaron mares poco profundos de la Antártica, tanto antes como después de la extinción de los dinosaurios, Esto significa que fueron parte de las especies que lograron resistir a la extinción masiva que produjo el asteroide que golpeó la Tierra hace 66 millones de años. La investigación, publicada en la revista Gondwana Research, está basada en fósiles encontrados en la isla Seymour, al noreste de la península Antártica, y sus resultados cuestionan la idea de que los lirios de mar solo aparecieron en la región después del impacto. El hallazgo corresponde a una colaboración entre el proyecto PALEOCLIMA del Programa Antártico Brasileño y el proyecto de postdoctorado N°3230319 (ANID), de Leslie Manríquez Márquez, investigadora del Laboratorio de Paleobiología de Antártica y Patagonia del Instituto Antártico Chileno (INACH). “Lo interesante de este hallazgo es que estos organismos vivían en aguas relativamente someras (de poca profundidad) en una época en la que, en muchas otras partes del mundo, este grupo estaba desapareciendo de tales ambientes o migrando hacia aguas más profundas”, señala la experta en un comunicado. “Este importante descubrimiento sugiere que los ecosistemas marinos de altas latitudes, como los de la Antártica, pudieron haber servido como lugares de refugio para ciertas especies“, añade. Más antiguos de lo que se pensaba Hasta ahora, el registro fósil en la Antártica sugería que los crinoideos eran exclusivos del Paleógeno, el período posterior a la gran extinción del límite Cretácico-Paleógeno (K-Pg). Esto dejaba un vacío de millones de años en la historia de este grupo en altas latitudes. Sin embargo, el nuevo estudio documenta restos inequívocos en depósitos marinos someros tanto del Cretácico tardío como del Paleógeno temprano, cerrando esa brecha. Los resultados, como menciona Manríquez, indican que la Antártica pudo haber funcionado como un refugio ecológico durante este período crítico, “un lugar donde ciertas especies pueden sobrevivir cuando las condiciones en otras regiones se vuelven desfavorables para ellas”, explica. “En este caso, el estudio sugiere que, mientras en muchas zonas del planeta los lirios de mar dejaban de habitar aguas poco profundas, probablemente debido a cambios ambientales o ecológicos, en la Antártica habrían encontrado condiciones que les permitieron seguir viviendo allí ”, agrega. El estudio también plantea que el desplazamiento de los crinoideos hacia aguas profundas, observado a nivel global desde el Mesozoico tardío, no fue un proceso uniforme. De hecho, factores locales, como la estabilidad del fondo marino o la disponibilidad de alimento, habrían permitido que algunas poblaciones permanecieran en aguas someras, especialmente en regiones de altas latitudes. “Durante gran parte del pasado geológico, la Antártica no era el continente completamente congelado que conocemos hoy. Sus mares eran más templados y formaban parte de ecosistemas dinámicos, donde algunos grupos de organismos pudieron mantenerse en ambientes someros por más tiempo que en otras regiones”, añade la investigadora. ¿Cómo se preservaron los fósiles? El equipo también estudió cómo se conservaron los fósiles, ya que su estado permite entender cómo era el fondo marino cuando quedaron enterrados estos organismos. En algunos casos, encontraron restos con partes originales de esqueleto combinadas con minerales formados poco después de su enterramiento, lo que sugiere que estaban en ambientes con poco oxígeno, lo que facilita su conservación. En otros fósiles, en cambio, no se observan esos minerales, pero los esqueletos están igualmente bien preservados. Esto indica que se enterraron rápidamente en un ambiente tranquilo, con poca energía. Estas diferencias no solo permiten identificar qué especies existían, sino también reconstruir cómo eran las condiciones del fondo marino antes y después de la gran extinción. Bruna Poatskievick, investigadora del Instituto Tecnológico de Paleoceanografía y Cambio Climático de la Universidad UNISINOS, Brasil, que lideró la investigación, expresó que “demuestra que los fósiles no necesitan estar excepcionalmente bien preservados para aportar información científica valiosa”. “Muchos de estos restos de crinoides probablemente fueron observados antes, pero no recibieron mucha atención por no presentar una preservación perfecta”, advierte. Su estudio entonces “permitió confirmar algo que hasta ahora era solo una hipótesis: que estos crinoides ya estaban presentes en la Antártica antes del límite K-Pg”. “Esto también muestra que los ecosistemas marinos antárticos al final del Cretácico eran más diversos y complejos de lo que imaginábamos. Así, el estudio ayuda a llenar un vacío en el registro fósil y a conectar mejor las faunas del Cretácico y del Paleógeno en la región”, concluye. Referencia: Bruna Poatskievick-Pierezan, Mariusz A. Salamon, Leslie Manríquez Márquez y otros autores. Linking the Cretaceous and the Paleogene: Shallow-water stalked crinoids from Seymour Island reveal continuous Antarctic fossil record. Revista Gondwana Research, 2026. Fuente: biobiochile.cl
La paleobotánica Christine Trevisan, investigadora de la paleoflora meso-cenozoica de la península Antártica y Patagonia chilena, conversó con Cooperativa sobre la historia del territorio, que en el período Cretácico era parte del continente Gondwana y, en vez de ser un un lugar gélido, contaba con vegetación. Estamos hablando de bosques muy diversos, con musgos, con pteridofitas —que son los helechos—, gimnospermas —que son las plantas con semillas como araucarias— y también podemos presenciar en la Antártica, en el periodo Cretácico —estamos hablando hace más o menos 80, 90 millones de años—, ahí la historia del surgimiento de las plantas con flores, que son las plantas que hoy dominan el ambiente en que vivimos, señaló Trevisan. En esa línea, explicó que la Antártica estaba conectada con otros continentes y hacía parte ahí de Gondwana, del supercontinente del sur. Tenemos que pensar que tuvo una importancia muy grande en la migración de esas floras, porque ella se quedaba en el centro de esos continentes: tenías a Australia, Nueva Zelanda y América del Sur conectadas con la Antártica. Mucho de las familias botánicas que conocemos hoy en los bosques del sur, surgieron en la Antártica, y tenemos obviamente ese registro en el material fósil. Bajo esa premisa, reflexionó: ¿Cómo podemos explicar que encontramos plantas fósiles en la península antártica y también muchas veces encontramos las mismas del periodo Cretácico en las rocas de la Patagonia? Esa es la prueba de que estos dos continentes en algún momento estuvieron conectados. Fuente: cooperativa.cl
Sumándose a la invitación de la Municipalidad de Punta Arenas para entregar entretenidos panoramas en el marco del Día de la Niñez, Enap Magallanes abrirá las puertas de su edificio central este sábado 8 de agosto y ofrecerá un espacio de conocimiento y lúdicos juegos para disfrutar en familia. La atracción principal será una muestra de fósiles que han sido recolectados en el marco del trabajo que la empresa realiza en el proceso de exploración y perforación de pozos en la cuenca de Magallanes. Esta puesta en escena será liderada por el geólogo de Enap, Alvaro Pérez. “Tendremos una muestra de rocas, correspondiente a los reservorios desde donde es producido el gas y el petróleo de Magallanes, y fósiles encontrados en nuestras campañas de geología de superficie. Crearemos un espacio de conocimiento para la familia”, señaló Pérez. Adicionalmente, mencionó que la empresa dispondrá de lúdicos juegos para poner a prueba la memoria de los visitantes, donde podrán reconocer imágenes geológicas y de animales que habitaron estas tierras hace millones de años. “Tendremos dos alternativas de juego. Una incluye cartas donde el objetivo es encontrar pares con la misma figura impresa, correspondiente a fotografías y reconstrucciones de fósiles de Magallanes y del resto del mundo, pero con énfasis en fósiles chilenos. Como complemento, tendremos un panel con las mismas figuras, dispuestas de acuerdo con la cronología de la historia de la Tierra, a fin de comentar cómo han cambiado las faunas a lo largo del tiempo geológico. De paso se puede relacionar con el origen del petróleo, como un recurso antiguo que proviene de la transformación de flora y microorganismos”, explicó, agregando que este juego está pensado para niños de hasta 10 años. Luego existirá una segunda opción, cuyo objetivo es acercarse a la comprensión de Enap como una empresa del Estado de Chile con presencia internacional, que está comprometida con el abastecimiento del gas para las ciudades de la región. “En el desarrollo del juego se va vislumbrando cómo Enap incorpora nuevas tecnologías para enfrentar la transición energética, al tiempo de hacerlo con el valor de la seguridad y la responsabilidad. Está pensado para niños de más de 10 años y también para adultos”, precisó. Finalmente, el jefe de Comunidades de Enap Magallanes, Alfonso Pacheco, llamó a las familias a que asistan este sábado a las dependencias de Enap, ubicadas en Plaza Muñoz Gamero con calle José Nogueira, y participen de esta entretenida jornada. “Este año nos sumamos a la iniciativa de la municipalidad y preparamos con especial cariño esta actividad pensada para toda la familia. Invitamos a todas y todos para que nos visiten entre las 15:00 y 17:00 horas, y conozcan el quehacer de Enap en la región desde otra perspectiva”, expresó Pacheco, adelantando que la actividad estará acompañada por algunos simpáticos personajes que recibirán a los asistentes.
Un fósil recolectado durante una expedición científica en 1985 fue identificado como el primer hueso de dinosaurio descubierto en la Antártida. El hallazgo, publicado en la revista Acta Paleontologica Polonica, determinó que el fragmento corresponde a la vértebra de un saurópodo del grupo de los titanosaurios, tras permanecer por más de cuatro décadas catalogado erróneamente como un reptil marino. El fósil fue encontrado en la isla James Ross, ubicada en el extremo noreste de la península Antártica, durante una expedición del British Antarctic Survey. El nuevo análisis fue realizado con la participación del investigador Paul Barrett, del Museo de Historia Natural de Londres, quien explicó que la forma y el tamaño del hueso indican que pertenecía a un titanosaurio de entre seis y siete metros de longitud, aunque no es posible determinar la especie ni si el ejemplar era juvenil o adulto. Los investigadores señalaron que hace unos 70 millones de años la Antártida presentaba un paisaje muy distinto al actual. Durante el Cretácico Superior, el continente estaba unido al extremo sur de Sudamérica y albergaba bosques templados con una fauna diversa, incluyendo dinosaurios herbívoros, depredadores y aves primitivas. De acuerdo con el Museo de Historia Natural de Londres, este fósil representa apenas el segundo hueso de saurópodo encontrado en la Antártida y aporta nuevos antecedentes sobre la presencia de estos grandes dinosaurios en el continente. Los científicos sostienen que aún quedan numerosos interrogantes por resolver y consideran que futuros descubrimientos podrían ampliar el conocimiento sobre la fauna que habitó la Antártida durante el Cretácico. Fuente: La Tercera
Un estudio internacional reveló que los lirios de mar, un grupo de equinodermos conocidos como crinoideos, habitaron mares poco profundos de la Antártica, tanto antes como después de la extinción de los dinosaurios, Esto significa que fueron parte de las especies que lograron resistir a la extinción masiva que produjo el asteroide que golpeó la Tierra hace 66 millones de años. La investigación, publicada en la revista Gondwana Research, está basada en fósiles encontrados en la isla Seymour, al noreste de la península Antártica, y sus resultados cuestionan la idea de que los lirios de mar solo aparecieron en la región después del impacto. El hallazgo corresponde a una colaboración entre el proyecto PALEOCLIMA del Programa Antártico Brasileño y el proyecto de postdoctorado N°3230319 (ANID), de Leslie Manríquez Márquez, investigadora del Laboratorio de Paleobiología de Antártica y Patagonia del Instituto Antártico Chileno (INACH). “Lo interesante de este hallazgo es que estos organismos vivían en aguas relativamente someras (de poca profundidad) en una época en la que, en muchas otras partes del mundo, este grupo estaba desapareciendo de tales ambientes o migrando hacia aguas más profundas”, señala la experta en un comunicado. “Este importante descubrimiento sugiere que los ecosistemas marinos de altas latitudes, como los de la Antártica, pudieron haber servido como lugares de refugio para ciertas especies“, añade. Más antiguos de lo que se pensaba Hasta ahora, el registro fósil en la Antártica sugería que los crinoideos eran exclusivos del Paleógeno, el período posterior a la gran extinción del límite Cretácico-Paleógeno (K-Pg). Esto dejaba un vacío de millones de años en la historia de este grupo en altas latitudes. Sin embargo, el nuevo estudio documenta restos inequívocos en depósitos marinos someros tanto del Cretácico tardío como del Paleógeno temprano, cerrando esa brecha. Los resultados, como menciona Manríquez, indican que la Antártica pudo haber funcionado como un refugio ecológico durante este período crítico, “un lugar donde ciertas especies pueden sobrevivir cuando las condiciones en otras regiones se vuelven desfavorables para ellas”, explica. “En este caso, el estudio sugiere que, mientras en muchas zonas del planeta los lirios de mar dejaban de habitar aguas poco profundas, probablemente debido a cambios ambientales o ecológicos, en la Antártica habrían encontrado condiciones que les permitieron seguir viviendo allí ”, agrega. El estudio también plantea que el desplazamiento de los crinoideos hacia aguas profundas, observado a nivel global desde el Mesozoico tardío, no fue un proceso uniforme. De hecho, factores locales, como la estabilidad del fondo marino o la disponibilidad de alimento, habrían permitido que algunas poblaciones permanecieran en aguas someras, especialmente en regiones de altas latitudes. “Durante gran parte del pasado geológico, la Antártica no era el continente completamente congelado que conocemos hoy. Sus mares eran más templados y formaban parte de ecosistemas dinámicos, donde algunos grupos de organismos pudieron mantenerse en ambientes someros por más tiempo que en otras regiones”, añade la investigadora. ¿Cómo se preservaron los fósiles? El equipo también estudió cómo se conservaron los fósiles, ya que su estado permite entender cómo era el fondo marino cuando quedaron enterrados estos organismos. En algunos casos, encontraron restos con partes originales de esqueleto combinadas con minerales formados poco después de su enterramiento, lo que sugiere que estaban en ambientes con poco oxígeno, lo que facilita su conservación. En otros fósiles, en cambio, no se observan esos minerales, pero los esqueletos están igualmente bien preservados. Esto indica que se enterraron rápidamente en un ambiente tranquilo, con poca energía. Estas diferencias no solo permiten identificar qué especies existían, sino también reconstruir cómo eran las condiciones del fondo marino antes y después de la gran extinción. Bruna Poatskievick, investigadora del Instituto Tecnológico de Paleoceanografía y Cambio Climático de la Universidad UNISINOS, Brasil, que lideró la investigación, expresó que “demuestra que los fósiles no necesitan estar excepcionalmente bien preservados para aportar información científica valiosa”. “Muchos de estos restos de crinoides probablemente fueron observados antes, pero no recibieron mucha atención por no presentar una preservación perfecta”, advierte. Su estudio entonces “permitió confirmar algo que hasta ahora era solo una hipótesis: que estos crinoides ya estaban presentes en la Antártica antes del límite K-Pg”. “Esto también muestra que los ecosistemas marinos antárticos al final del Cretácico eran más diversos y complejos de lo que imaginábamos. Así, el estudio ayuda a llenar un vacío en el registro fósil y a conectar mejor las faunas del Cretácico y del Paleógeno en la región”, concluye. Referencia: Bruna Poatskievick-Pierezan, Mariusz A. Salamon, Leslie Manríquez Márquez y otros autores. Linking the Cretaceous and the Paleogene: Shallow-water stalked crinoids from Seymour Island reveal continuous Antarctic fossil record. Revista Gondwana Research, 2026. Fuente: biobiochile.cl
La paleobotánica Christine Trevisan, investigadora de la paleoflora meso-cenozoica de la península Antártica y Patagonia chilena, conversó con Cooperativa sobre la historia del territorio, que en el período Cretácico era parte del continente Gondwana y, en vez de ser un un lugar gélido, contaba con vegetación. Estamos hablando de bosques muy diversos, con musgos, con pteridofitas —que son los helechos—, gimnospermas —que son las plantas con semillas como araucarias— y también podemos presenciar en la Antártica, en el periodo Cretácico —estamos hablando hace más o menos 80, 90 millones de años—, ahí la historia del surgimiento de las plantas con flores, que son las plantas que hoy dominan el ambiente en que vivimos, señaló Trevisan. En esa línea, explicó que la Antártica estaba conectada con otros continentes y hacía parte ahí de Gondwana, del supercontinente del sur. Tenemos que pensar que tuvo una importancia muy grande en la migración de esas floras, porque ella se quedaba en el centro de esos continentes: tenías a Australia, Nueva Zelanda y América del Sur conectadas con la Antártica. Mucho de las familias botánicas que conocemos hoy en los bosques del sur, surgieron en la Antártica, y tenemos obviamente ese registro en el material fósil. Bajo esa premisa, reflexionó: ¿Cómo podemos explicar que encontramos plantas fósiles en la península antártica y también muchas veces encontramos las mismas del periodo Cretácico en las rocas de la Patagonia? Esa es la prueba de que estos dos continentes en algún momento estuvieron conectados. Fuente: cooperativa.cl