Un estudio internacional reveló que los lirios de mar, un grupo de equinodermos conocidos como crinoideos, habitaron mares poco profundos de la Antártica, tanto antes como después de la extinción de los dinosaurios, Esto significa que fueron parte de las especies que lograron resistir a la extinción masiva que produjo el asteroide que golpeó la Tierra hace 66 millones de años. La investigación, publicada en la revista Gondwana Research, está basada en fósiles encontrados en la isla Seymour, al noreste de la península Antártica, y sus resultados cuestionan la idea de que los lirios de mar solo aparecieron en la región después del impacto. El hallazgo corresponde a una colaboración entre el proyecto PALEOCLIMA del Programa Antártico Brasileño y el proyecto de postdoctorado N°3230319 (ANID), de Leslie Manríquez Márquez, investigadora del Laboratorio de Paleobiología de Antártica y Patagonia del Instituto Antártico Chileno (INACH). “Lo interesante de este hallazgo es que estos organismos vivían en aguas relativamente someras (de poca profundidad) en una época en la que, en muchas otras partes del mundo, este grupo estaba desapareciendo de tales ambientes o migrando hacia aguas más profundas”, señala la experta en un comunicado. “Este importante descubrimiento sugiere que los ecosistemas marinos de altas latitudes, como los de la Antártica, pudieron haber servido como lugares de refugio para ciertas especies“, añade. Más antiguos de lo que se pensaba Hasta ahora, el registro fósil en la Antártica sugería que los crinoideos eran exclusivos del Paleógeno, el período posterior a la gran extinción del límite Cretácico-Paleógeno (K-Pg). Esto dejaba un vacío de millones de años en la historia de este grupo en altas latitudes. Sin embargo, el nuevo estudio documenta restos inequívocos en depósitos marinos someros tanto del Cretácico tardío como del Paleógeno temprano, cerrando esa brecha. Los resultados, como menciona Manríquez, indican que la Antártica pudo haber funcionado como un refugio ecológico durante este período crítico, “un lugar donde ciertas especies pueden sobrevivir cuando las condiciones en otras regiones se vuelven desfavorables para ellas”, explica. “En este caso, el estudio sugiere que, mientras en muchas zonas del planeta los lirios de mar dejaban de habitar aguas poco profundas, probablemente debido a cambios ambientales o ecológicos, en la Antártica habrían encontrado condiciones que les permitieron seguir viviendo allí ”, agrega. El estudio también plantea que el desplazamiento de los crinoideos hacia aguas profundas, observado a nivel global desde el Mesozoico tardío, no fue un proceso uniforme. De hecho, factores locales, como la estabilidad del fondo marino o la disponibilidad de alimento, habrían permitido que algunas poblaciones permanecieran en aguas someras, especialmente en regiones de altas latitudes. “Durante gran parte del pasado geológico, la Antártica no era el continente completamente congelado que conocemos hoy. Sus mares eran más templados y formaban parte de ecosistemas dinámicos, donde algunos grupos de organismos pudieron mantenerse en ambientes someros por más tiempo que en otras regiones”, añade la investigadora. ¿Cómo se preservaron los fósiles? El equipo también estudió cómo se conservaron los fósiles, ya que su estado permite entender cómo era el fondo marino cuando quedaron enterrados estos organismos. En algunos casos, encontraron restos con partes originales de esqueleto combinadas con minerales formados poco después de su enterramiento, lo que sugiere que estaban en ambientes con poco oxígeno, lo que facilita su conservación. En otros fósiles, en cambio, no se observan esos minerales, pero los esqueletos están igualmente bien preservados. Esto indica que se enterraron rápidamente en un ambiente tranquilo, con poca energía. Estas diferencias no solo permiten identificar qué especies existían, sino también reconstruir cómo eran las condiciones del fondo marino antes y después de la gran extinción. Bruna Poatskievick, investigadora del Instituto Tecnológico de Paleoceanografía y Cambio Climático de la Universidad UNISINOS, Brasil, que lideró la investigación, expresó que “demuestra que los fósiles no necesitan estar excepcionalmente bien preservados para aportar información científica valiosa”. “Muchos de estos restos de crinoides probablemente fueron observados antes, pero no recibieron mucha atención por no presentar una preservación perfecta”, advierte. Su estudio entonces “permitió confirmar algo que hasta ahora era solo una hipótesis: que estos crinoides ya estaban presentes en la Antártica antes del límite K-Pg”. “Esto también muestra que los ecosistemas marinos antárticos al final del Cretácico eran más diversos y complejos de lo que imaginábamos. Así, el estudio ayuda a llenar un vacío en el registro fósil y a conectar mejor las faunas del Cretácico y del Paleógeno en la región”, concluye. Referencia: Bruna Poatskievick-Pierezan, Mariusz A. Salamon, Leslie Manríquez Márquez y otros autores. Linking the Cretaceous and the Paleogene: Shallow-water stalked crinoids from Seymour Island reveal continuous Antarctic fossil record. Revista Gondwana Research, 2026. Fuente: biobiochile.cl
La paleobotánica Christine Trevisan, investigadora de la paleoflora meso-cenozoica de la península Antártica y Patagonia chilena, conversó con Cooperativa sobre la historia del territorio, que en el período Cretácico era parte del continente Gondwana y, en vez de ser un un lugar gélido, contaba con vegetación. Estamos hablando de bosques muy diversos, con musgos, con pteridofitas —que son los helechos—, gimnospermas —que son las plantas con semillas como araucarias— y también podemos presenciar en la Antártica, en el periodo Cretácico —estamos hablando hace más o menos 80, 90 millones de años—, ahí la historia del surgimiento de las plantas con flores, que son las plantas que hoy dominan el ambiente en que vivimos, señaló Trevisan. En esa línea, explicó que la Antártica estaba conectada con otros continentes y hacía parte ahí de Gondwana, del supercontinente del sur. Tenemos que pensar que tuvo una importancia muy grande en la migración de esas floras, porque ella se quedaba en el centro de esos continentes: tenías a Australia, Nueva Zelanda y América del Sur conectadas con la Antártica. Mucho de las familias botánicas que conocemos hoy en los bosques del sur, surgieron en la Antártica, y tenemos obviamente ese registro en el material fósil. Bajo esa premisa, reflexionó: ¿Cómo podemos explicar que encontramos plantas fósiles en la península antártica y también muchas veces encontramos las mismas del periodo Cretácico en las rocas de la Patagonia? Esa es la prueba de que estos dos continentes en algún momento estuvieron conectados. Fuente: cooperativa.cl
Esta mañana, en el programa Buenos Días Región de Polar Comunicaciones, la paleontóloga fueguina y académica de la Universidad de Magallanes, Dra. Judith Pardo Pérez, conversó sobre el reconocimiento internacional recibido por su aporte científico al estudio del patrimonio fósil del extremo sur del país. El trabajo de la investigadora fue seleccionado entre las cinco exposiciones más sobresalientes de la 85ª Reunión Anual de la Society of Vertebrate Paleontology, realizada recientemente en Inglaterra, encuentro que reunió 311 presentaciones científicas provenientes de distintas partes del mundo, centradas en avances de frontera en el estudio de vertebrados fósiles. Este reconocimiento fue difundido por los blogs científicos BMC Zoology y BMC Ecology and Evolution, pertenecientes a la editorial internacional Springer Nature, los que destacaron la presentación de la académica como un ejemplo de investigación de alto impacto desarrollada desde el denominado Sur Global. Las publicaciones pusieron especial énfasis en la investigación liderada por Pardo sobre el hallazgo de “Fiona”, una ictiosauria preñada descubierta en el glaciar Tyndall, al interior del Parque Nacional Torres del Paine. Se trata de un fósil único a nivel mundial, que ha permitido aportar nuevos antecedentes sobre reproducción, dieta, ecología y estado de salud de los reptiles marinos que habitaron durante el Cretácico Temprano. Desde la comunidad científica internacional se valoró el alcance de estos estudios, los cuales posicionan a Magallanes como un territorio clave en la generación de conocimiento paleontológico, vinculando ciencia de frontera, patrimonio natural y producción académica desarrollada desde regiones extremas del planeta. En la instancia radial, la propia investigadora relevó la importancia de este reconocimiento como un impulso para seguir fortaleciendo la paleontología en la región, destacando la necesidad de que el trabajo científico realizado en Magallanes dialogue y sea validado en los principales espacios científicos a nivel mundial.
Investigadores de Chile, Suiza, Nueva Zelanda y China realizaron un hallazgo clave: en la Antártica Occidental había bosques de Nothofagus hace 21 millones de años, mucho más tarde de lo que se pensaba. Hasta ahora se estimaba que estos bosques habían desaparecido hace 34 millones de años tras la Transición Eoceno–Oligoceno, pero el equipo, encabezado por el Dr. Marcelo Leppe, académico del Centro GEMA, Genómica, Ecología y Medio Ambiente de la Universidad Mayor y Joaquín Bastías-Silva, de la Universidad de Ginebra, encontró impresiones fósiles de hojas en la Formación Cabo Melville, en la isla Rey Jorge, que datan del Mioceno temprano. El estudio, que combina geocronología U–Pb en circones, paleobotánica y estratigrafía, demostró que estos bosques tipo tundra persistieron en la región mucho después de la gran glaciación, reescribiendo la historia ecológica del continente blanco. Un linaje con años de historia Los primeros bosques de Nothofagus en la Antártica datan de 83–87 millones de años, mientras que estos nuevos fósiles corresponden a los últimos bosques antárticos, desaparecidos hace cerca de 21 millones de años, cuando el manto de hielo terminó por cubrir completamente la región. Este linaje, remanente del supercontinente Gondwana, sobrevivió eventos globales como extinciones masivas, impactos de meteoritos, volcanismo y bruscos descensos de temperatura. Desde la Antártica, Nothofagus logró dispersarse hacia Sudamérica, Australia, Nueva Zelanda y Nueva Caledonia, origen de los bosques que hoy dominan gran parte del territorio chileno. “Comprender cuándo y cómo desaparecieron los bosques antárticos es clave para entender una de las mayores transformaciones del paisaje planetario: la glaciación final de Antártica”, comentó el Dr. Leppe. ¿Cómo persistieron los bosques? Estos fósiles sugieren que los bosques de Nothofagus recolonizaron la Antártica Occidental durante periodos de calentamiento intermitente. Pero la distancia con la Patagonia y la baja dispersión marítima vuelve este escenario menos probable. La otra hipótesis es que sobrevivieron en refugios glaciales, pequeñas áreas sin hielo, lo que cobra fuerza dado que las semillas de Nothofagus no toleran el agua salada, lo que dificulta la dispersión oceánica. Desafíos “Con el deshielo antártico, las áreas cubiertas por hielo están retrocediendo y dejando rocas desnudas, con un registro fósil que debemos observar atentamente”, señala el Dr. Leppe. Para el investigador, estos datos del pasado son fundamentales para anticipar la sensibilidad del hielo antártico frente al calentamiento global actual. Además, advierte que con escenarios de calentamiento acelerado, “no es imposible que en pocas décadas la Antártica vuelva a ofrecer condiciones similares a las del Mioceno, e incluso permitir nuevamente el crecimiento de árboles”. Este hallazgo revela una flora extraordinariamente resiliente, capaz de soportar cambios extremos durante millones de años, y aporta una nueva perspectiva para comprender la evolución de los bosques chilenos. Fuente: diariomayor.cl
Con el objetivo de fortalecer la colaboración científica en el ámbito paleontológico, a finales del mes de octubre se desarrolló el taller Comprendiendo las huellas del pasado en el registro fósil de Antártica y Patagonia. Esta instancia congregó en Punta Arenas a especialistas de Chile y Brasil para compartir los avances del Proyecto de Fomento a la Vinculación Internacional FOVI240023 Fortalecimiento de la Red Paleontológica Chile-Brasil, desarrollado por el Instituto Antártico Chileno (INACH), financiado por la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo (ANID), que busca obtener nuevos antecedentes sobre el evento de extinción masiva de los dinosaurios y conocer su impacto en la Patagonia y la Antártica, zonas que han estado conectadas en distintos momentos de la historia natural. El encuentro, organizado por el INACH, contó con la participación del Instituto Tecnológico de Paleoceanografía y Cambios Climáticos (Itt Oceaneon) de la Universidad del Vale do Rio dos Sinos (UNISINOS), la Universidad de Chile, la Universidad Austral de Chile y la Corporación para la Investigación y Avance de la Paleontología e Historia Natural de Atacama (CIAHN Atacama). El proyecto promueve el intercambio científico, la implementación de nuevas metodologías y la formación de jóvenes investigadores e investigadoras, fortaleciendo el estudio del registro fósil desde el continente hasta los océanos y consolidando redes de colaboración internacional que buscan comprender los procesos que dieron forma a la historia geológica y paleontológica del extremo sur del mundo. La Dra. Cristine Trevisan, especialista en paleobotánica, investigadora del INACH y organizadora del evento, destacó la colaboración que existe entre ambos países: Siempre es fundamental fortalecer la cooperación, porque muchas veces tenemos el material, pero no siempre las herramientas o equipamientos necesarios para avanzar en ciertos análisis. Este fue un evento de alto nivel, con expositores de gran trayectoria y compromiso. Lo que más destaco es su carácter multidisciplinario: aunque se centró en la paleontología, abarcó desde la micro hasta la macropaleontología, integrando también el estudio de estructuras vegetales y otras líneas menos comunes. Añadió que durante la última semana de octubre se realizaron diversas actividades complementarias, incluyendo visitas a la Universidad de Magallanes y al Instituto de la Patagonia, además del Museo de Historia Natural de Río Seco, donde se conocieron valiosas colecciones de microfósiles. Asimismo, destacó el trabajo conjunto con la Dra. Judith Pardo, quien también tiene un proyecto FOVI, llamado Fortalecimiento de la investigación paleontológica vinculativa en la Universidad de Magallanes, a través de la creación de redes. En este sentido, Trevisan señala que solo este año, entre ambos, hemos recibido entre 18 y 20 investigadores, lo que refleja una ciencia abierta, colaborativa y en permanente intercambio. Desde Brasil, el Dr. Gerson Fauth, coordinador del ITT Oceaneon de la Unisinos, subrayó el largo historial de colaboración entre ambas instituciones: La primera expedición brasileña a la Antártica contó con el apoyo del INACH y los investigadores que participaron eran de la Unisinos. En los últimos años hemos desarrollado una estrecha colaboración con el equipo del INACH, impulsando un esfuerzo conjunto en micropaleontología y sedimentología. Participar en este taller ha sido una experiencia fantástica, porque la cooperación es esencial en la ciencia: sumando esfuerzos, logramos más. Por su parte, la Dra. Valentina Flores, académica del Departamento de Geología de la Universidad de Chile, valoró el intercambio interdisciplinario que permitió el encuentro: Aunque trabajo con registros más recientes, hemos encontrado puntos de encuentro con quienes estudian escalas mucho más antiguas. Eso nos permite generar ideas y avanzar en investigaciones conjuntas. La ciencia tiene justamente ese valor: la cooperación entre investigadores que abordan distintos objetos de estudio, pero que al complementarse logran resultados más integrales. A su vez, la Dra. Joseline Manfroi, investigadora del CIAHN Atacama, resaltó la importancia de mirar el registro fósil desde una perspectiva conjunta entre ambos países: Es una gran oportunidad para integrar la experiencia de especialistas de distintas áreas de la paleontología y construir una visión más completa del pasado de la Tierra. Esa conexión entre la Antártica y la Patagonia es clave para comprender la historia geológica del sur de Chile y para mí es increíble poder aportar en ello junto a mis colegas. Este proyecto planea continuar con nuevas etapas de cooperación entre las instituciones participantes, incluyendo la formación de estudiantes de pre y posgrado, la colaboración en artículos científicos de alto impacto y la divulgación del conocimiento científico al público general, poniendo énfasis en la historia natural de la región austral y la conexión con Antártica. La actividad fue transmitida en vivo a través del canal de YouTube Comunicaciones INACH, permitiendo acercar a la comunidad científica y al público general los avances en el estudio del registro fósil del extremo sur del planeta. El INACH es un organismo técnico del Ministerio de Relaciones Exteriores con plena autonomía en todo lo relacionado con asuntos antárticos de carácter científico, tecnológico y de difusión. El INACH cumple con la Política Antártica Nacional incentivando el desarrollo de la investigación de excelencia, participando efectivamente en el Sistema del Tratado Antártico y foros relacionados, fortaleciendo a Magallanes como puerta de entrada al Continente Blanco y realizando acciones de divulgación del conocimiento antártico en la ciudadanía. El INACH organiza el Programa Nacional de Ciencia Antártica (PROCIEN).
Un estudio internacional reveló que los lirios de mar, un grupo de equinodermos conocidos como crinoideos, habitaron mares poco profundos de la Antártica, tanto antes como después de la extinción de los dinosaurios, Esto significa que fueron parte de las especies que lograron resistir a la extinción masiva que produjo el asteroide que golpeó la Tierra hace 66 millones de años. La investigación, publicada en la revista Gondwana Research, está basada en fósiles encontrados en la isla Seymour, al noreste de la península Antártica, y sus resultados cuestionan la idea de que los lirios de mar solo aparecieron en la región después del impacto. El hallazgo corresponde a una colaboración entre el proyecto PALEOCLIMA del Programa Antártico Brasileño y el proyecto de postdoctorado N°3230319 (ANID), de Leslie Manríquez Márquez, investigadora del Laboratorio de Paleobiología de Antártica y Patagonia del Instituto Antártico Chileno (INACH). “Lo interesante de este hallazgo es que estos organismos vivían en aguas relativamente someras (de poca profundidad) en una época en la que, en muchas otras partes del mundo, este grupo estaba desapareciendo de tales ambientes o migrando hacia aguas más profundas”, señala la experta en un comunicado. “Este importante descubrimiento sugiere que los ecosistemas marinos de altas latitudes, como los de la Antártica, pudieron haber servido como lugares de refugio para ciertas especies“, añade. Más antiguos de lo que se pensaba Hasta ahora, el registro fósil en la Antártica sugería que los crinoideos eran exclusivos del Paleógeno, el período posterior a la gran extinción del límite Cretácico-Paleógeno (K-Pg). Esto dejaba un vacío de millones de años en la historia de este grupo en altas latitudes. Sin embargo, el nuevo estudio documenta restos inequívocos en depósitos marinos someros tanto del Cretácico tardío como del Paleógeno temprano, cerrando esa brecha. Los resultados, como menciona Manríquez, indican que la Antártica pudo haber funcionado como un refugio ecológico durante este período crítico, “un lugar donde ciertas especies pueden sobrevivir cuando las condiciones en otras regiones se vuelven desfavorables para ellas”, explica. “En este caso, el estudio sugiere que, mientras en muchas zonas del planeta los lirios de mar dejaban de habitar aguas poco profundas, probablemente debido a cambios ambientales o ecológicos, en la Antártica habrían encontrado condiciones que les permitieron seguir viviendo allí ”, agrega. El estudio también plantea que el desplazamiento de los crinoideos hacia aguas profundas, observado a nivel global desde el Mesozoico tardío, no fue un proceso uniforme. De hecho, factores locales, como la estabilidad del fondo marino o la disponibilidad de alimento, habrían permitido que algunas poblaciones permanecieran en aguas someras, especialmente en regiones de altas latitudes. “Durante gran parte del pasado geológico, la Antártica no era el continente completamente congelado que conocemos hoy. Sus mares eran más templados y formaban parte de ecosistemas dinámicos, donde algunos grupos de organismos pudieron mantenerse en ambientes someros por más tiempo que en otras regiones”, añade la investigadora. ¿Cómo se preservaron los fósiles? El equipo también estudió cómo se conservaron los fósiles, ya que su estado permite entender cómo era el fondo marino cuando quedaron enterrados estos organismos. En algunos casos, encontraron restos con partes originales de esqueleto combinadas con minerales formados poco después de su enterramiento, lo que sugiere que estaban en ambientes con poco oxígeno, lo que facilita su conservación. En otros fósiles, en cambio, no se observan esos minerales, pero los esqueletos están igualmente bien preservados. Esto indica que se enterraron rápidamente en un ambiente tranquilo, con poca energía. Estas diferencias no solo permiten identificar qué especies existían, sino también reconstruir cómo eran las condiciones del fondo marino antes y después de la gran extinción. Bruna Poatskievick, investigadora del Instituto Tecnológico de Paleoceanografía y Cambio Climático de la Universidad UNISINOS, Brasil, que lideró la investigación, expresó que “demuestra que los fósiles no necesitan estar excepcionalmente bien preservados para aportar información científica valiosa”. “Muchos de estos restos de crinoides probablemente fueron observados antes, pero no recibieron mucha atención por no presentar una preservación perfecta”, advierte. Su estudio entonces “permitió confirmar algo que hasta ahora era solo una hipótesis: que estos crinoides ya estaban presentes en la Antártica antes del límite K-Pg”. “Esto también muestra que los ecosistemas marinos antárticos al final del Cretácico eran más diversos y complejos de lo que imaginábamos. Así, el estudio ayuda a llenar un vacío en el registro fósil y a conectar mejor las faunas del Cretácico y del Paleógeno en la región”, concluye. Referencia: Bruna Poatskievick-Pierezan, Mariusz A. Salamon, Leslie Manríquez Márquez y otros autores. Linking the Cretaceous and the Paleogene: Shallow-water stalked crinoids from Seymour Island reveal continuous Antarctic fossil record. Revista Gondwana Research, 2026. Fuente: biobiochile.cl
La paleobotánica Christine Trevisan, investigadora de la paleoflora meso-cenozoica de la península Antártica y Patagonia chilena, conversó con Cooperativa sobre la historia del territorio, que en el período Cretácico era parte del continente Gondwana y, en vez de ser un un lugar gélido, contaba con vegetación. Estamos hablando de bosques muy diversos, con musgos, con pteridofitas —que son los helechos—, gimnospermas —que son las plantas con semillas como araucarias— y también podemos presenciar en la Antártica, en el periodo Cretácico —estamos hablando hace más o menos 80, 90 millones de años—, ahí la historia del surgimiento de las plantas con flores, que son las plantas que hoy dominan el ambiente en que vivimos, señaló Trevisan. En esa línea, explicó que la Antártica estaba conectada con otros continentes y hacía parte ahí de Gondwana, del supercontinente del sur. Tenemos que pensar que tuvo una importancia muy grande en la migración de esas floras, porque ella se quedaba en el centro de esos continentes: tenías a Australia, Nueva Zelanda y América del Sur conectadas con la Antártica. Mucho de las familias botánicas que conocemos hoy en los bosques del sur, surgieron en la Antártica, y tenemos obviamente ese registro en el material fósil. Bajo esa premisa, reflexionó: ¿Cómo podemos explicar que encontramos plantas fósiles en la península antártica y también muchas veces encontramos las mismas del periodo Cretácico en las rocas de la Patagonia? Esa es la prueba de que estos dos continentes en algún momento estuvieron conectados. Fuente: cooperativa.cl
Esta mañana, en el programa Buenos Días Región de Polar Comunicaciones, la paleontóloga fueguina y académica de la Universidad de Magallanes, Dra. Judith Pardo Pérez, conversó sobre el reconocimiento internacional recibido por su aporte científico al estudio del patrimonio fósil del extremo sur del país. El trabajo de la investigadora fue seleccionado entre las cinco exposiciones más sobresalientes de la 85ª Reunión Anual de la Society of Vertebrate Paleontology, realizada recientemente en Inglaterra, encuentro que reunió 311 presentaciones científicas provenientes de distintas partes del mundo, centradas en avances de frontera en el estudio de vertebrados fósiles. Este reconocimiento fue difundido por los blogs científicos BMC Zoology y BMC Ecology and Evolution, pertenecientes a la editorial internacional Springer Nature, los que destacaron la presentación de la académica como un ejemplo de investigación de alto impacto desarrollada desde el denominado Sur Global. Las publicaciones pusieron especial énfasis en la investigación liderada por Pardo sobre el hallazgo de “Fiona”, una ictiosauria preñada descubierta en el glaciar Tyndall, al interior del Parque Nacional Torres del Paine. Se trata de un fósil único a nivel mundial, que ha permitido aportar nuevos antecedentes sobre reproducción, dieta, ecología y estado de salud de los reptiles marinos que habitaron durante el Cretácico Temprano. Desde la comunidad científica internacional se valoró el alcance de estos estudios, los cuales posicionan a Magallanes como un territorio clave en la generación de conocimiento paleontológico, vinculando ciencia de frontera, patrimonio natural y producción académica desarrollada desde regiones extremas del planeta. En la instancia radial, la propia investigadora relevó la importancia de este reconocimiento como un impulso para seguir fortaleciendo la paleontología en la región, destacando la necesidad de que el trabajo científico realizado en Magallanes dialogue y sea validado en los principales espacios científicos a nivel mundial.
Investigadores de Chile, Suiza, Nueva Zelanda y China realizaron un hallazgo clave: en la Antártica Occidental había bosques de Nothofagus hace 21 millones de años, mucho más tarde de lo que se pensaba. Hasta ahora se estimaba que estos bosques habían desaparecido hace 34 millones de años tras la Transición Eoceno–Oligoceno, pero el equipo, encabezado por el Dr. Marcelo Leppe, académico del Centro GEMA, Genómica, Ecología y Medio Ambiente de la Universidad Mayor y Joaquín Bastías-Silva, de la Universidad de Ginebra, encontró impresiones fósiles de hojas en la Formación Cabo Melville, en la isla Rey Jorge, que datan del Mioceno temprano. El estudio, que combina geocronología U–Pb en circones, paleobotánica y estratigrafía, demostró que estos bosques tipo tundra persistieron en la región mucho después de la gran glaciación, reescribiendo la historia ecológica del continente blanco. Un linaje con años de historia Los primeros bosques de Nothofagus en la Antártica datan de 83–87 millones de años, mientras que estos nuevos fósiles corresponden a los últimos bosques antárticos, desaparecidos hace cerca de 21 millones de años, cuando el manto de hielo terminó por cubrir completamente la región. Este linaje, remanente del supercontinente Gondwana, sobrevivió eventos globales como extinciones masivas, impactos de meteoritos, volcanismo y bruscos descensos de temperatura. Desde la Antártica, Nothofagus logró dispersarse hacia Sudamérica, Australia, Nueva Zelanda y Nueva Caledonia, origen de los bosques que hoy dominan gran parte del territorio chileno. “Comprender cuándo y cómo desaparecieron los bosques antárticos es clave para entender una de las mayores transformaciones del paisaje planetario: la glaciación final de Antártica”, comentó el Dr. Leppe. ¿Cómo persistieron los bosques? Estos fósiles sugieren que los bosques de Nothofagus recolonizaron la Antártica Occidental durante periodos de calentamiento intermitente. Pero la distancia con la Patagonia y la baja dispersión marítima vuelve este escenario menos probable. La otra hipótesis es que sobrevivieron en refugios glaciales, pequeñas áreas sin hielo, lo que cobra fuerza dado que las semillas de Nothofagus no toleran el agua salada, lo que dificulta la dispersión oceánica. Desafíos “Con el deshielo antártico, las áreas cubiertas por hielo están retrocediendo y dejando rocas desnudas, con un registro fósil que debemos observar atentamente”, señala el Dr. Leppe. Para el investigador, estos datos del pasado son fundamentales para anticipar la sensibilidad del hielo antártico frente al calentamiento global actual. Además, advierte que con escenarios de calentamiento acelerado, “no es imposible que en pocas décadas la Antártica vuelva a ofrecer condiciones similares a las del Mioceno, e incluso permitir nuevamente el crecimiento de árboles”. Este hallazgo revela una flora extraordinariamente resiliente, capaz de soportar cambios extremos durante millones de años, y aporta una nueva perspectiva para comprender la evolución de los bosques chilenos. Fuente: diariomayor.cl
Con el objetivo de fortalecer la colaboración científica en el ámbito paleontológico, a finales del mes de octubre se desarrolló el taller Comprendiendo las huellas del pasado en el registro fósil de Antártica y Patagonia. Esta instancia congregó en Punta Arenas a especialistas de Chile y Brasil para compartir los avances del Proyecto de Fomento a la Vinculación Internacional FOVI240023 Fortalecimiento de la Red Paleontológica Chile-Brasil, desarrollado por el Instituto Antártico Chileno (INACH), financiado por la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo (ANID), que busca obtener nuevos antecedentes sobre el evento de extinción masiva de los dinosaurios y conocer su impacto en la Patagonia y la Antártica, zonas que han estado conectadas en distintos momentos de la historia natural. El encuentro, organizado por el INACH, contó con la participación del Instituto Tecnológico de Paleoceanografía y Cambios Climáticos (Itt Oceaneon) de la Universidad del Vale do Rio dos Sinos (UNISINOS), la Universidad de Chile, la Universidad Austral de Chile y la Corporación para la Investigación y Avance de la Paleontología e Historia Natural de Atacama (CIAHN Atacama). El proyecto promueve el intercambio científico, la implementación de nuevas metodologías y la formación de jóvenes investigadores e investigadoras, fortaleciendo el estudio del registro fósil desde el continente hasta los océanos y consolidando redes de colaboración internacional que buscan comprender los procesos que dieron forma a la historia geológica y paleontológica del extremo sur del mundo. La Dra. Cristine Trevisan, especialista en paleobotánica, investigadora del INACH y organizadora del evento, destacó la colaboración que existe entre ambos países: Siempre es fundamental fortalecer la cooperación, porque muchas veces tenemos el material, pero no siempre las herramientas o equipamientos necesarios para avanzar en ciertos análisis. Este fue un evento de alto nivel, con expositores de gran trayectoria y compromiso. Lo que más destaco es su carácter multidisciplinario: aunque se centró en la paleontología, abarcó desde la micro hasta la macropaleontología, integrando también el estudio de estructuras vegetales y otras líneas menos comunes. Añadió que durante la última semana de octubre se realizaron diversas actividades complementarias, incluyendo visitas a la Universidad de Magallanes y al Instituto de la Patagonia, además del Museo de Historia Natural de Río Seco, donde se conocieron valiosas colecciones de microfósiles. Asimismo, destacó el trabajo conjunto con la Dra. Judith Pardo, quien también tiene un proyecto FOVI, llamado Fortalecimiento de la investigación paleontológica vinculativa en la Universidad de Magallanes, a través de la creación de redes. En este sentido, Trevisan señala que solo este año, entre ambos, hemos recibido entre 18 y 20 investigadores, lo que refleja una ciencia abierta, colaborativa y en permanente intercambio. Desde Brasil, el Dr. Gerson Fauth, coordinador del ITT Oceaneon de la Unisinos, subrayó el largo historial de colaboración entre ambas instituciones: La primera expedición brasileña a la Antártica contó con el apoyo del INACH y los investigadores que participaron eran de la Unisinos. En los últimos años hemos desarrollado una estrecha colaboración con el equipo del INACH, impulsando un esfuerzo conjunto en micropaleontología y sedimentología. Participar en este taller ha sido una experiencia fantástica, porque la cooperación es esencial en la ciencia: sumando esfuerzos, logramos más. Por su parte, la Dra. Valentina Flores, académica del Departamento de Geología de la Universidad de Chile, valoró el intercambio interdisciplinario que permitió el encuentro: Aunque trabajo con registros más recientes, hemos encontrado puntos de encuentro con quienes estudian escalas mucho más antiguas. Eso nos permite generar ideas y avanzar en investigaciones conjuntas. La ciencia tiene justamente ese valor: la cooperación entre investigadores que abordan distintos objetos de estudio, pero que al complementarse logran resultados más integrales. A su vez, la Dra. Joseline Manfroi, investigadora del CIAHN Atacama, resaltó la importancia de mirar el registro fósil desde una perspectiva conjunta entre ambos países: Es una gran oportunidad para integrar la experiencia de especialistas de distintas áreas de la paleontología y construir una visión más completa del pasado de la Tierra. Esa conexión entre la Antártica y la Patagonia es clave para comprender la historia geológica del sur de Chile y para mí es increíble poder aportar en ello junto a mis colegas. Este proyecto planea continuar con nuevas etapas de cooperación entre las instituciones participantes, incluyendo la formación de estudiantes de pre y posgrado, la colaboración en artículos científicos de alto impacto y la divulgación del conocimiento científico al público general, poniendo énfasis en la historia natural de la región austral y la conexión con Antártica. La actividad fue transmitida en vivo a través del canal de YouTube Comunicaciones INACH, permitiendo acercar a la comunidad científica y al público general los avances en el estudio del registro fósil del extremo sur del planeta. El INACH es un organismo técnico del Ministerio de Relaciones Exteriores con plena autonomía en todo lo relacionado con asuntos antárticos de carácter científico, tecnológico y de difusión. El INACH cumple con la Política Antártica Nacional incentivando el desarrollo de la investigación de excelencia, participando efectivamente en el Sistema del Tratado Antártico y foros relacionados, fortaleciendo a Magallanes como puerta de entrada al Continente Blanco y realizando acciones de divulgación del conocimiento antártico en la ciudadanía. El INACH organiza el Programa Nacional de Ciencia Antártica (PROCIEN).