El club de hockey más antiguo de la Región de Magallanes, fundado en 2014, abrió su convocatoria a niños, jóvenes y adultos, damas y varones, para participar en su Escuela de Verano de Patinaje en Hielo y Técnicas de Hockey en Hielo y en Línea (roller), iniciativa inédita en la región que se desarrollará durante los meses de verano en Punta Arenas. Durante todo el mes de enero, la escuela será completamente gratuita para las y los participantes. A partir de febrero, las clases continuarán siendo gratuitas para quienes se encuentren en el Tramo 1 del Registro Social de Hogares, mientras que para el resto de los inscritos se aplicará un cobro solidario de $15.000 mensuales, con un valor rebajado de $10.000 en el caso de hermanos. Desde el club destacaron que esta iniciativa es posible gracias a un trabajo sostenido en la búsqueda de recursos externos y fondos concursables, lo que permitió adjudicarse financiamiento del fondo ENAP-Impulsa 2025, orientado a fortalecer el acceso al deporte y sumar a más personas a esta disciplina. Las clases están dirigidas a todo público, incluyendo personas que no tienen experiencia previa. Se enseñará desde cero el patinaje en hielo, además de técnicas de hockey. Las sesiones se realizan los viernes en la pista de hielo de Zona Austral, con un bloque para principiantes entre las 20:00 y 21:00 horas, y un bloque avanzado entre las 21:00 y 23:00 horas. En tanto, los miércoles se imparten clases de técnica de hockey en el Gimnasio Verdemar. La programación y guía de las clases están a cargo de Yael Núñez, cientista deportivo y colaborador del club, quien cuenta con certificación internacional IHFF, siendo el único en Chile con esta acreditación. Desde la organización extendieron la invitación a la comunidad magallánica a informarse y sumarse a esta escuela de verano, que busca fomentar el deporte, la actividad física y el desarrollo de nuevas disciplinas en la región.
En un contexto global marcado por el retroceso acelerado de los glaciares producto del cambio climático, el glaciar Pío XI se ha transformado en una excepción que despierta creciente interés científico. Ubicado en la Región de Magallanes y parte del Campo de Hielo Patagónico Sur, este cuerpo de hielo —el más grande de Sudamérica— es uno de los pocos en el mundo que continúa avanzando, desafiando incluso las tendencias dominantes observadas a nivel planetario. Este comportamiento singular ha motivado el desarrollo de investigaciones internacionales que reúnen a científicos de Chile, Japón y Estados Unidos, quienes buscan comprender los procesos físicos y climáticos que explican su dinámica. Los resultados de estos estudios no solo son relevantes para la glaciología, sino también para entender los impactos ambientales en ecosistemas terrestres y marinos del extremo sur. El trabajo científico se desarrolló en el marco de una compleja expedición logística. Primero una ruta por tierra desde Punta Arenas hasta Puerto Natales, luego por mar hasta Puerto Edén y por la misma vía hasta Bahía Elizabeth, teniendo que cambiar una tonelada de equipamiento en cada paso de una expedición que reunió a más de 20 científicos. Desde barcos hasta helicópteros fueron utilizados en el recorrido que terminó en la superficie del Glaciar Pío XI. ¿El motivo? Este es uno de los raros casos en el mundo, donde un glaciar está avanzando en circunstancias que favorecen el retroceso de estos grandes cuerpos de hielo. Desde ese campamento se desplegó una intensa agenda científica. De este modo, en la medida que el tiempo lo permitía, se llevaron a cabo mediciones con radar, el cual emite una onda electromagnética que se refleja en el lecho glaciar y así saber cuál es la profundidad del hielo, medición que sirve de preparativo para la perforación misma; luego se hicieron mediciones sísmicas, esta vez se envía una onda mecánica que da luces sobre lo que hay bajo del cuerpo de hielo; se instalaron instrumentos que miden el derretimiento superficial, entre otras tareas. “ Un glaciar único, el más grande, de los pocos que avanza, es un glaciar que tiene una producción de sedimentos enorme, lo que significa una gran entrada de nutrientes al ecosistema ”, describe Marius Schaefer, glaciólogo de la Universidad Austral de Chile y uno de los científicos que participó de la campaña al Pío XI. Uno de los mayores desafíos fue el traslado del instrumental de perforación, cuyo peso superaba la tonelada, en uno de los entornos más hostiles del planeta. “Hubo mucha carga y descarga de cajas pesadas por laderas con barro, a veces se lograba aplicar técnicas con cuerdas y poleas para hacer el trabajo más liviano”, cuenta Paul Sandoval, Magíster en Recursos Hídricos de la U. Austral y uno de los chilenos que formaron parte del grupo que trabajó sobre el cuerpo de hielo. El equipo que realizó la perforación estuvo dirigido por el japonés, Shin Sugiyama, de la Universidad de Hokkaido, quien actualmente es el Presidente de la Sociedad Internacional de Glaciología. También asistió en la labor Camilo Rada, investigador y académico de la U. de Magallanes. Luego de dos días completos de trabajo, los científicos lograron hacer dos perforaciones alcanzando 470 metros, que son casi cuatro torres Entel, apiladas una sobre otra, de profundidad. En efecto, el glaciar que mide sobre los 1.000 km², ha modificado la geomorfología del entorno, incluyendo la formación del lago Greve y el empuje del frente glaciar hasta alcanzar las aguas del fiordo Eyre. Con la perforación se logró identificar un lecho de sedimentos y se instalaron sensores para medir la presión del agua la cual determina el movimiento del glaciar. A diferencia de la tendencia al retroceso de la mayoría de los glaciares del mundo, este glaciar ha experimentado un avance de más de 10 km desde 1945. Respecto a las causas de este fenómeno, Sandoval explica que hasta ahora se desconoce por qué avanza. “Hay dos grandes hipótesis : una relacionada con la dinámica del glaciar, y otra que podría estar vinculada a factores climatológicos”, menciona el investigador. Desde una mirada glaciológica, Schaefer agrega que “para que un glaciar pueda avanzar necesita condiciones climatológicas favorables que son principalmente dos: disminución de la temperatura atmosférica y aumento de las precipitaciones sólidas”. Además añade que estas condiciones podrían haberse dado de forma local en el pasado y que “los glaciares tienen una respuesta atrasada a las condiciones climáticas”. El desafío siguiente será distinguir con mayor certeza cuánto del avance del Pío XI responde a factores climáticos y cuánto a procesos internos. Para ello, el equipo de la Universidad Austral de Chile proyecta investigaciones prolongadas. “ Se trata de entender qué está pasando”, concluye Sandoval. Fuente: latercera.com
Tal y como se recoge en ‘Science’, los hallazgos no solo mejoran los modelos de la capa de hielo, sino que también pueden guiar futuros estudios geofísicos y reducir la incertidumbre en las proyecciones de pérdida de hielo y aumento del nivel del mar. Oculto bajo la enorme capa de hielo de la Antártica se encuentra un complejo paisaje de montañas, valles, llanuras, cuencas y lagos. Esta topografía subglacial desempeña un papel clave en la configuración del flujo del hielo antártico e influye en la superficie de la capa de hielo, ambos factores esenciales para predecir cómo evolucionará la capa de hielo a escala de contenido y contribuirá a los cambios del nivel del mar en respuesta al calentamiento climático continuo. Sin embargo, gran parte de los paisajes subglaciales de la Antártica sigue siendo desconocida, en gran parte debido a la escasez y limitación de los estudios terrestres y aéreos. Para abordar esta brecha, Helen Ockenden y sus colaboradores de la Universidad de Edimburgo combinaron observaciones satelitales de alta resolución de la superficie de la capa de hielo, mediciones limitadas del espesor del hielo y el Análisis de Perturbación del Flujo de Hielo (IFPA), que aprovecha la física de cómo el hielo fluye sobre la topografía del lecho rocoso subyacente, para desarrollar un mapa a escala continental de la topografía subglacial. Según Ockenden, el mapa descubre el paisaje de la Antártica con un detalle sin precedentes, revelando características topográficas de tamaño mediano (2 a 30 kilómetros) debajo de la capa de hielo que previamente eran desconocidas o estaban mal resueltas, incluyendo valles alpinos profundos y estrechos, tierras bajas erosionadas y extensos canales fluviales enterrados que se extienden cientos de kilómetros. Algunas de estas características pueden ser reliquias de accidentes geográficos anteriores a la capa de hielo moderna. Robert Bingham, también de la Universidad de Edimburgo y autor del trabajo, comenta que: «Quizás lo más sorprendente sea que, en última instancia, tantos detalles de la topografía del lecho -características como valles, colinas y cañones glaciares…- se capturen en la forma de la superficie de hielo tan arriba. Tantos cambios en la superficie son extremadamente sutiles: a medida que el hielo de 3 km de espesor pasa sobre un cañón subglacial de quizás 100 metros de profundidad, la elevación de la superficie del hielo generalmente solo cae unos pocos metros, un cambio que apenas se nota al viajar sobre la propia superficie del hielo…». Además, la textura de mesoescala de la topografía recién resuelta permitió a los autores identificar patrones de conformación glaciar en la Antártica, lo que ofrece una visión de cómo se formó, evolucionó e interactuó la capa de hielo con el paisaje subyacente. Esto proporciona un marco más claro para reconstruir el hielo pasado y la dinámica futura del hielo. Fuente: infogate.cl
Tras 15 años dedicados al estudio de los contaminantes orgánicos, el biólogo Cristóbal Galbán, investigador de Data Observatory y profesor titular de la Universidad Mayor, se adjudicó un proyecto Anillo de ANID de investigación y tecnología para los próximos 3 años. El estudio permitirá conocer el impacto del deshielo y la liberación de estos químicos en sistemas costeros Antárticos. El proyecto generará un gran volumen de datos sobre contaminantes eternos, los que la organización chilena Data Observatory, disponibilizará en un repositorio abierto para científicos y tomadores de decisiones. El especialista asegura que existe muy poca literatura científica sobre los químicos perfluorados (PFAS) en la Antártica, generados por el humano y que no son posibles de degradar, afectando al medioambiente y la salud de los seres vivos de forma permanente. Estos elementos están presentes en ciertos textiles, cosméticos, envases, espuma de extintores, y otros y fluyen a través del viento y las corrientes de agua. Estos compuestos quedan retenidos en el hielo y la nieve y con el derretimiento se vuelve a liberar. Galbán destaca que nuestra Antártica tiene una ventaja única, y es que a partir de la temporada de verano en Chile y hasta marzo, se replican los cambios de un año promedio, permitiendo estudiar muestras de agua, hielo y sedimentos, para posteriormente extrapolar sus cambios en el mediano y largo plazo; en peces, plancton e invertebrados. “Este proyecto permitirá obtener biomarcadores o pistas biológicas que denotan cambios mínimos, incluso a nivel molecular, lo que permitirá crear mejores estrategias de conservación de nuestra Antártica. También generará un enorme volumen de datos abiertos sobre nuestro territorio, que es de gran interés mundial para la ciencia, y específicamente sobre estos contaminantes eternos que son prácticamente desconocidos, sobre todo en Antártica”, señala Cristóbal. Sobre los PFAS se desconocen medios de degradación, son tremendamente resistentes, a tal punto que una de las grandes preguntas es si vamos a ser capaces de biorremediarlos en algún momento. Ya existe evidencia de que se han extendido a la Antártica, el Ártico y el Himalaya, suponiendo que están presentes en todos los seres vivos del mundo. “Mediante este proyecto, Chile se convertirá en líder en Sudamérica a través del primer grupo de investigadores expertos en PFAS a nivel mundial. Nuestra Antártica es un referente como laboratorio natural de los efectos del cambio climático y cuenta con ciertas ventajas que permiten obtener evidencia científica que tomaría 15 a 20 años en otras condiciones, pero que, gracias a nuestra estacionalidad, nos ayudará a concentrar resultados, llevar muestras al laboratorio y sacar conclusiones con evidencia”, explica el investigador de Data Observatory. El proyecto está organizado en campañas en los periodos 2026-2027 y 2027-2028, entre los meses noviembre y diciembre, y luego en febrero y marzo. El equipo investigador, liderado por Galbán, lo integran especialistas de otras disciplinas como biogeoquímica, ecotoxicología, microbiología, meteorología y oceanografía. “Este estudio no evaluará el impacto del deshielo sobre la biota, sino el efecto de la llegada de estos contaminantes eternos sobre la biota y sobre la microbiota. Estudios previos, muestran que hay algunas familias de bacterias que aparecen en presencia de estos contaminantes, incluso algunos los podrían usar como alimento”, agrega. La investigación permitirá trabajar con experimentos de laboratorio que simularán el impacto de los PFAS sobre las comunidades microbianas. Estudios previos han demostrado que algunos de estos químicos eternos son tóxicos, disruptores endocrinos, e incluso venenosos. En el ser humano estos compuestos producen cáncer de vejiga y riñón e infertilidad, entre otros efectos. “Este novedoso repositorio de datos abiertos y únicos, quedará disponibles para la comunidad científica. Hasta ahora, solo hay evidencia en el Ártico, que constituye un ecosistema polar distinto al nuestro, ya que no tiene continente, es totalmente flotante. La Antártica es un continente que tiene escorrentía y aportes de materia orgánica, por lo que es rico en información para la ciencia”, finaliza el biólogo.
El club de hockey más antiguo de la Región de Magallanes, fundado en 2014, abrió su convocatoria a niños, jóvenes y adultos, damas y varones, para participar en su Escuela de Verano de Patinaje en Hielo y Técnicas de Hockey en Hielo y en Línea (roller), iniciativa inédita en la región que se desarrollará durante los meses de verano en Punta Arenas. Durante todo el mes de enero, la escuela será completamente gratuita para las y los participantes. A partir de febrero, las clases continuarán siendo gratuitas para quienes se encuentren en el Tramo 1 del Registro Social de Hogares, mientras que para el resto de los inscritos se aplicará un cobro solidario de $15.000 mensuales, con un valor rebajado de $10.000 en el caso de hermanos. Desde el club destacaron que esta iniciativa es posible gracias a un trabajo sostenido en la búsqueda de recursos externos y fondos concursables, lo que permitió adjudicarse financiamiento del fondo ENAP-Impulsa 2025, orientado a fortalecer el acceso al deporte y sumar a más personas a esta disciplina. Las clases están dirigidas a todo público, incluyendo personas que no tienen experiencia previa. Se enseñará desde cero el patinaje en hielo, además de técnicas de hockey. Las sesiones se realizan los viernes en la pista de hielo de Zona Austral, con un bloque para principiantes entre las 20:00 y 21:00 horas, y un bloque avanzado entre las 21:00 y 23:00 horas. En tanto, los miércoles se imparten clases de técnica de hockey en el Gimnasio Verdemar. La programación y guía de las clases están a cargo de Yael Núñez, cientista deportivo y colaborador del club, quien cuenta con certificación internacional IHFF, siendo el único en Chile con esta acreditación. Desde la organización extendieron la invitación a la comunidad magallánica a informarse y sumarse a esta escuela de verano, que busca fomentar el deporte, la actividad física y el desarrollo de nuevas disciplinas en la región.
En un contexto global marcado por el retroceso acelerado de los glaciares producto del cambio climático, el glaciar Pío XI se ha transformado en una excepción que despierta creciente interés científico. Ubicado en la Región de Magallanes y parte del Campo de Hielo Patagónico Sur, este cuerpo de hielo —el más grande de Sudamérica— es uno de los pocos en el mundo que continúa avanzando, desafiando incluso las tendencias dominantes observadas a nivel planetario. Este comportamiento singular ha motivado el desarrollo de investigaciones internacionales que reúnen a científicos de Chile, Japón y Estados Unidos, quienes buscan comprender los procesos físicos y climáticos que explican su dinámica. Los resultados de estos estudios no solo son relevantes para la glaciología, sino también para entender los impactos ambientales en ecosistemas terrestres y marinos del extremo sur. El trabajo científico se desarrolló en el marco de una compleja expedición logística. Primero una ruta por tierra desde Punta Arenas hasta Puerto Natales, luego por mar hasta Puerto Edén y por la misma vía hasta Bahía Elizabeth, teniendo que cambiar una tonelada de equipamiento en cada paso de una expedición que reunió a más de 20 científicos. Desde barcos hasta helicópteros fueron utilizados en el recorrido que terminó en la superficie del Glaciar Pío XI. ¿El motivo? Este es uno de los raros casos en el mundo, donde un glaciar está avanzando en circunstancias que favorecen el retroceso de estos grandes cuerpos de hielo. Desde ese campamento se desplegó una intensa agenda científica. De este modo, en la medida que el tiempo lo permitía, se llevaron a cabo mediciones con radar, el cual emite una onda electromagnética que se refleja en el lecho glaciar y así saber cuál es la profundidad del hielo, medición que sirve de preparativo para la perforación misma; luego se hicieron mediciones sísmicas, esta vez se envía una onda mecánica que da luces sobre lo que hay bajo del cuerpo de hielo; se instalaron instrumentos que miden el derretimiento superficial, entre otras tareas. “ Un glaciar único, el más grande, de los pocos que avanza, es un glaciar que tiene una producción de sedimentos enorme, lo que significa una gran entrada de nutrientes al ecosistema ”, describe Marius Schaefer, glaciólogo de la Universidad Austral de Chile y uno de los científicos que participó de la campaña al Pío XI. Uno de los mayores desafíos fue el traslado del instrumental de perforación, cuyo peso superaba la tonelada, en uno de los entornos más hostiles del planeta. “Hubo mucha carga y descarga de cajas pesadas por laderas con barro, a veces se lograba aplicar técnicas con cuerdas y poleas para hacer el trabajo más liviano”, cuenta Paul Sandoval, Magíster en Recursos Hídricos de la U. Austral y uno de los chilenos que formaron parte del grupo que trabajó sobre el cuerpo de hielo. El equipo que realizó la perforación estuvo dirigido por el japonés, Shin Sugiyama, de la Universidad de Hokkaido, quien actualmente es el Presidente de la Sociedad Internacional de Glaciología. También asistió en la labor Camilo Rada, investigador y académico de la U. de Magallanes. Luego de dos días completos de trabajo, los científicos lograron hacer dos perforaciones alcanzando 470 metros, que son casi cuatro torres Entel, apiladas una sobre otra, de profundidad. En efecto, el glaciar que mide sobre los 1.000 km², ha modificado la geomorfología del entorno, incluyendo la formación del lago Greve y el empuje del frente glaciar hasta alcanzar las aguas del fiordo Eyre. Con la perforación se logró identificar un lecho de sedimentos y se instalaron sensores para medir la presión del agua la cual determina el movimiento del glaciar. A diferencia de la tendencia al retroceso de la mayoría de los glaciares del mundo, este glaciar ha experimentado un avance de más de 10 km desde 1945. Respecto a las causas de este fenómeno, Sandoval explica que hasta ahora se desconoce por qué avanza. “Hay dos grandes hipótesis : una relacionada con la dinámica del glaciar, y otra que podría estar vinculada a factores climatológicos”, menciona el investigador. Desde una mirada glaciológica, Schaefer agrega que “para que un glaciar pueda avanzar necesita condiciones climatológicas favorables que son principalmente dos: disminución de la temperatura atmosférica y aumento de las precipitaciones sólidas”. Además añade que estas condiciones podrían haberse dado de forma local en el pasado y que “los glaciares tienen una respuesta atrasada a las condiciones climáticas”. El desafío siguiente será distinguir con mayor certeza cuánto del avance del Pío XI responde a factores climáticos y cuánto a procesos internos. Para ello, el equipo de la Universidad Austral de Chile proyecta investigaciones prolongadas. “ Se trata de entender qué está pasando”, concluye Sandoval. Fuente: latercera.com
Tal y como se recoge en ‘Science’, los hallazgos no solo mejoran los modelos de la capa de hielo, sino que también pueden guiar futuros estudios geofísicos y reducir la incertidumbre en las proyecciones de pérdida de hielo y aumento del nivel del mar. Oculto bajo la enorme capa de hielo de la Antártica se encuentra un complejo paisaje de montañas, valles, llanuras, cuencas y lagos. Esta topografía subglacial desempeña un papel clave en la configuración del flujo del hielo antártico e influye en la superficie de la capa de hielo, ambos factores esenciales para predecir cómo evolucionará la capa de hielo a escala de contenido y contribuirá a los cambios del nivel del mar en respuesta al calentamiento climático continuo. Sin embargo, gran parte de los paisajes subglaciales de la Antártica sigue siendo desconocida, en gran parte debido a la escasez y limitación de los estudios terrestres y aéreos. Para abordar esta brecha, Helen Ockenden y sus colaboradores de la Universidad de Edimburgo combinaron observaciones satelitales de alta resolución de la superficie de la capa de hielo, mediciones limitadas del espesor del hielo y el Análisis de Perturbación del Flujo de Hielo (IFPA), que aprovecha la física de cómo el hielo fluye sobre la topografía del lecho rocoso subyacente, para desarrollar un mapa a escala continental de la topografía subglacial. Según Ockenden, el mapa descubre el paisaje de la Antártica con un detalle sin precedentes, revelando características topográficas de tamaño mediano (2 a 30 kilómetros) debajo de la capa de hielo que previamente eran desconocidas o estaban mal resueltas, incluyendo valles alpinos profundos y estrechos, tierras bajas erosionadas y extensos canales fluviales enterrados que se extienden cientos de kilómetros. Algunas de estas características pueden ser reliquias de accidentes geográficos anteriores a la capa de hielo moderna. Robert Bingham, también de la Universidad de Edimburgo y autor del trabajo, comenta que: «Quizás lo más sorprendente sea que, en última instancia, tantos detalles de la topografía del lecho -características como valles, colinas y cañones glaciares…- se capturen en la forma de la superficie de hielo tan arriba. Tantos cambios en la superficie son extremadamente sutiles: a medida que el hielo de 3 km de espesor pasa sobre un cañón subglacial de quizás 100 metros de profundidad, la elevación de la superficie del hielo generalmente solo cae unos pocos metros, un cambio que apenas se nota al viajar sobre la propia superficie del hielo…». Además, la textura de mesoescala de la topografía recién resuelta permitió a los autores identificar patrones de conformación glaciar en la Antártica, lo que ofrece una visión de cómo se formó, evolucionó e interactuó la capa de hielo con el paisaje subyacente. Esto proporciona un marco más claro para reconstruir el hielo pasado y la dinámica futura del hielo. Fuente: infogate.cl
Tras 15 años dedicados al estudio de los contaminantes orgánicos, el biólogo Cristóbal Galbán, investigador de Data Observatory y profesor titular de la Universidad Mayor, se adjudicó un proyecto Anillo de ANID de investigación y tecnología para los próximos 3 años. El estudio permitirá conocer el impacto del deshielo y la liberación de estos químicos en sistemas costeros Antárticos. El proyecto generará un gran volumen de datos sobre contaminantes eternos, los que la organización chilena Data Observatory, disponibilizará en un repositorio abierto para científicos y tomadores de decisiones. El especialista asegura que existe muy poca literatura científica sobre los químicos perfluorados (PFAS) en la Antártica, generados por el humano y que no son posibles de degradar, afectando al medioambiente y la salud de los seres vivos de forma permanente. Estos elementos están presentes en ciertos textiles, cosméticos, envases, espuma de extintores, y otros y fluyen a través del viento y las corrientes de agua. Estos compuestos quedan retenidos en el hielo y la nieve y con el derretimiento se vuelve a liberar. Galbán destaca que nuestra Antártica tiene una ventaja única, y es que a partir de la temporada de verano en Chile y hasta marzo, se replican los cambios de un año promedio, permitiendo estudiar muestras de agua, hielo y sedimentos, para posteriormente extrapolar sus cambios en el mediano y largo plazo; en peces, plancton e invertebrados. “Este proyecto permitirá obtener biomarcadores o pistas biológicas que denotan cambios mínimos, incluso a nivel molecular, lo que permitirá crear mejores estrategias de conservación de nuestra Antártica. También generará un enorme volumen de datos abiertos sobre nuestro territorio, que es de gran interés mundial para la ciencia, y específicamente sobre estos contaminantes eternos que son prácticamente desconocidos, sobre todo en Antártica”, señala Cristóbal. Sobre los PFAS se desconocen medios de degradación, son tremendamente resistentes, a tal punto que una de las grandes preguntas es si vamos a ser capaces de biorremediarlos en algún momento. Ya existe evidencia de que se han extendido a la Antártica, el Ártico y el Himalaya, suponiendo que están presentes en todos los seres vivos del mundo. “Mediante este proyecto, Chile se convertirá en líder en Sudamérica a través del primer grupo de investigadores expertos en PFAS a nivel mundial. Nuestra Antártica es un referente como laboratorio natural de los efectos del cambio climático y cuenta con ciertas ventajas que permiten obtener evidencia científica que tomaría 15 a 20 años en otras condiciones, pero que, gracias a nuestra estacionalidad, nos ayudará a concentrar resultados, llevar muestras al laboratorio y sacar conclusiones con evidencia”, explica el investigador de Data Observatory. El proyecto está organizado en campañas en los periodos 2026-2027 y 2027-2028, entre los meses noviembre y diciembre, y luego en febrero y marzo. El equipo investigador, liderado por Galbán, lo integran especialistas de otras disciplinas como biogeoquímica, ecotoxicología, microbiología, meteorología y oceanografía. “Este estudio no evaluará el impacto del deshielo sobre la biota, sino el efecto de la llegada de estos contaminantes eternos sobre la biota y sobre la microbiota. Estudios previos, muestran que hay algunas familias de bacterias que aparecen en presencia de estos contaminantes, incluso algunos los podrían usar como alimento”, agrega. La investigación permitirá trabajar con experimentos de laboratorio que simularán el impacto de los PFAS sobre las comunidades microbianas. Estudios previos han demostrado que algunos de estos químicos eternos son tóxicos, disruptores endocrinos, e incluso venenosos. En el ser humano estos compuestos producen cáncer de vejiga y riñón e infertilidad, entre otros efectos. “Este novedoso repositorio de datos abiertos y únicos, quedará disponibles para la comunidad científica. Hasta ahora, solo hay evidencia en el Ártico, que constituye un ecosistema polar distinto al nuestro, ya que no tiene continente, es totalmente flotante. La Antártica es un continente que tiene escorrentía y aportes de materia orgánica, por lo que es rico en información para la ciencia”, finaliza el biólogo.