Asociar de manera generalizada delito y situación de calle es una simplificación que estigmatiza a personas que, en su mayoría, son víctimas de violencia y exclusión, no sus responsables. Los desalojos y la destrucción de rucos pueden dar una señal de orden en el corto plazo, pero no resuelven el problema. Desplazar no es solucionar: solo traslada la exclusión de un lugar a otro. La experiencia en terreno demuestra que el acompañamiento permanente, el trabajo territorial y programas como vivienda primero no solo permiten que las personas salgan de la calle, sino que también fortalecen la seguridad de la comunidad. Seguridad y dignidad no son opuestas; van de la mano. Si queremos soluciones reales, necesitamos políticas integrales, no respuestas reactivas. Liliana Cortés Directora Social del Hogar de Cristo
La semana pasada el gobierno presentó los datos de la encuesta CASEN 2024 destacando la reducción de la pobreza en Chile. Es una noticia que, a primera vista, invita al optimismo. Pero si uno mira los datos con más atención, la historia cambia. La región de Magallanes destaca por tener los menores índices de pobreza nacionales, tanto a nivel de ingresos (el promedio nacional es 17.3%; acá, 9.9%), como en pobreza multidimensional (17.7% en el país contra 6.1% en la región) y también en la más crítica de ambas, la pobreza severa, que abarca a quienes no tienen dinero suficiente para lo básico y tampoco un mínimo de bienestar en dimensiones como salud, empleo, vivienda, educación y redes. La pobreza severa en Chile es 6.1% y en Magallanes llega a 1.5%. ¿Significa esto que no debemos preocuparnos? Todo lo contrario. La dimensión de nuestro territorio y la baja densidad poblacional nos habla de un número exacto: hoy son 2.651 personas las que viven en pobreza severa en la región. Casi podríamos ponerles cara, dado lo pocas que son. A unas 200 de ellas las conocemos de cerca. Son quienes viven en situación de calle en la adversidad de un clima inclemente. Es importante hacer esta apertura de las cifras y un dato así no puede dejarnos indiferentes, sino que debe ser un acicate al logro de un sueño tan desafiante como posible: llegar a un índice calle cero en Punta Arenas y Puerto Natales. Hoy, a nivel nacional, más de 3,4 millones de personas siguen viviendo en pobreza por ingresos. No logran cubrir sus necesidades básicas ni siquiera considerando las ayudas del Estado. Pero el dato más duro es otro: más de 1,1 millón de personas vive en pobreza severa. Son pobres por ingresos y, además, enfrentan múltiples carencias en vivienda, salud, educación, trabajo, cuidados o redes de apoyo. Es decir, viven ambas pobrezas, lo que significa vulnerabilidad y precariedad en su forma más profunda y persistente. La CASEN muestra algo que debería preocuparnos: el 10% más pobre de Chile hoy genera menos ingresos propios que hace quince años. Sus ingresos laborales caen, mientras los subsidios aumentan y pasan a representar cerca del 70% de lo que recibe un hogar. Las transferencias son necesarias -nadie lo discute-, pero cuando no van acompañadas de oportunidades reales, terminan administrando la pobreza en vez de superarla. Chile ha avanzado en protección social, pero no ha fortalecido la capacidad de las personas para salir adelante por sí mismas. Trabajo digno, acceso a cuidados, educación pertinente, redes comunitarias. Eso se llama “capacidad de agencia”. De “agenciarse” el bienestar por uno mismo. Sin el desarrollo de esa capacidad, no hay salida sostenible de la pobreza. También existen alertas que no se resuelven con bonos: más soledad, menos redes de apoyo, hogares que cuidan a personas dependientes sin ayuda, empleo precario que no alcanza para vivir. Celebrar promedios, mientras más de un millón de personas vive atrapada en pobreza severa es un error. Hoy 1.193.010 personas viven en situación de pobreza severa en el país, lo que representa una auténtica emergencia social, en el sentido de que son personas con privaciones múltiples y profundas que afectan su bienestar cotidiano. Los magallánicos deberíamos desafiarnos al menos a lograr ese soñado índice calle cero para nuestra región.
Chile ha logrado avances relevantes en la reducción de la pobreza cuando ha sido capaz de combinar crecimiento económico, empleo y políticas sociales bien diseñadas. Pero ese aprendizaje convive hoy con una realidad incómoda: mientras parte del país discute ritmos y modelos, existe un grupo de hogares para los cuales la espera ya no es una opción. Son los más pobres entre los pobres. La experiencia acumulada de las últimas décadas es clara. La superación sostenible de la pobreza depende, principalmente, de que los hogares puedan desarrollar capacidades y proyectos de vida con autonomía, y no en dependencia permanente del Estado. La evidencia es consistente: cuando la economía crece, se crean mejores empleos; cuando hay mejores empleos, aumentan los ingresos y la posibilidad real de resolver necesidades. Por el contrario, cuando el crecimiento se debilita y las políticas sociales se dispersan, la reducción de la pobreza se vuelve más lenta y frágil, incluso en contextos de mayor gasto social. Eso es precisamente lo que hoy observamos: una expansión significativa del gasto, acompañada de programas mal evaluados, incentivos desalineados e inercias institucionales que no siempre corrigen las deficiencias detectadas. El resultado es una política social que muchas veces administra la urgencia, pero no cambia trayectorias de vida. Dicho esto, conviene ser claros: las capacidades no aparecen por sí solas ni se distribuyen de manera equitativa. En contextos de vulnerabilidad extrema, rara vez se sostienen sin apoyo. Para quienes viven en pobreza severa, la autonomía no es un punto de partida, sino un objetivo lejano. Por eso, las políticas sociales han sido —y siguen siendo— fundamentales para complementar ingresos y crear condiciones mínimas de desarrollo. Plantear una dicotomía entre autonomía y apoyo estatal empobrece el debate y desconoce la realidad de los hogares más excluidos. Algo similar ocurre con la discusión entre focalización y universalización. La democracia se sostiene en el reconocimiento de derechos para todos, pero también en la obligación ética y política de priorizar a quienes más lo necesitan. La experiencia chilena muestra que avanzar en diagnósticos objetivos y en asignación de recursos basada en evidencia permitió corregir inequidades profundas y hacer más eficaces las políticas sociales. Hoy enfrentamos, además, una realidad más dura. Existen hogares que viven simultáneamente pobreza por ingresos y pobreza multidimensional, donde ya ni siquiera está presente la expectativa de salir adelante. A eso lo hemos llamado pobreza severa. Para ellos, las transferencias monetarias son necesarias, pero claramente insuficientes. Se requieren políticas públicas integradas que combinen apoyo de ingresos con servicios sociales, cuidados, educación, salud, vivienda y entornos que hagan posible sostener trayectorias de vida reales. Reducir la pobreza exige un enfoque complementario: crecimiento y empleo; transferencias focalizadas; políticas sanitarias y educativas de alto impacto; y programas que fortalezcan capacidades, sin perder el principio orientador de priorizar a quienes están en peor situación. Medir bien no es un tecnicismo: es la condición para no equivocarnos de urgencia. Si existe una emergencia permanente en Chile, no es solo la que aparece en los ciclos electorales, sino la que viven a diario quienes no tienen nada que perder. Sacarlos de la pobreza severa no es un eslogan: es una tarea impostergable que exige evidencia, coherencia y la voluntad de corregir lo que no funciona.
El Hogar de Cristo, junto a Nano Videos y la productora Deepmaster.ai, estrenó una pieza audiovisual y dos reels asociados que utilizan inteligencia artificial para recrear un saludo navideño del padre Alberto Hurtado. “En esta Navidad quisimos usar la inteligencia artificial para traer un saludo simbólico del padre Hurtado: no para sustituir su figura ni para desvirtuar su legado, sino para abrir un espacio de recuerdo y conversación. El video nació con una doble intención: honrar su mensaje de solidaridad y mostrar que la tecnología, cuando se usa con sentido, puede estar al servicio de la dignidad humana”, explica el capellán general del Hogar de Cristo, el jesuita José Francisco Yuraszeck, el Padre Pepe. La idea es de la periodista especializada en redes sociales Catalina Villanueva quien junto con la agencia creativa Nano Videos y la productora de inteligencia artificial Deepmaster.ai trabajaron en conjunto con el Hogar Cristo. La causa del padre Hurtado viene desarrollando desde este año un proceso responsable de modernización tecnológica, incorporando IA en tareas que fortalecen su misión social. “Tenemos 81 años, pero siempre hemos buscado innovar en la forma de encontrarnos con la pobreza. La innovación social está en nuestro ADN, como lo estuvo en el propio padre Hurtado”, agrega el capellán. A mediados de los años 40, recuerda, no era común que un sacerdote usara libreta de cheques, tuviera teléfono en su escritorio o una camioneta, la camioneta verde. Él lo hizo para movilizar la solidaridad y responder más rápido a las urgencias del Chile de su tiempo. La pieza audiovisual central —acompañada de dos reels para redes sociales— muestra al Padre Hurtado en sus imágenes más icónicas: sotana, camioneta verde, chuzo, olla común, pelota de fútbol. La recreación busca transmitir la cercanía, sensibilidad y espíritu convocante que siempre caracterizaron su misión. Desde el guion hasta la música y escenas que evocan el Chile cotidiano, la productora Deepmaster.ai, construye un relato que conecta el legado del padre Alberto Hurtado con el presente. “Si yo estuviera con ustedes hoy, esta Navidad les diría: Conectémonos en serio, no con un like, sino con el corazón. Seguiría recorriendo Chile en mi camioneta verde, pa’ arriba y pa’ abajo, sólo que ahora con GPS para no perderme tanto. Les recordaría que la comunidad se construye donde nadie sobra y que cada gesto enciende una luz.” El video culmina con un llamado a la acción: “Hazte socio”, porque —como señala el padre Pepe — “eso es lo que finalmente sostiene el milagro cotidiano y más importante de san Alberto Hurtado: que más de 40 mil personas en pobreza severa reciban cada año acogida, asistencia y dignidad”. La periodista Catalina Villanueva, quien tuvo la idea, reflexiona: “Las campañas con rostros llevan décadas invadiendo la publicidad. El Hogar de Cristo tiene uno excepcional: un santo que cambió Chile. Con respeto y devoción nos preguntamos: ¿qué nos diría hoy? Esta campaña busca revivir ese espíritu inmenso en Navidad”. Y el Fundador de Nano Videos y Deepmaster, Cristóbal Ross, agrega: “La misión del Hogar de Cristo sigue siendo urgente. Si hoy el padre Hurtado estuviera con nosotros, creemos que estaría usando todos los medios posibles, incluyendo la inteligencia artificial, para llegar a más personas. Eso fue lo que intentamos honrar”. Finalmente, el capellán del Hogar de Cristo resume así la iniciativa: “Entra a www.hogardecristo.cl y hazte socio. La potencia del mensaje lo justifica y el espíritu del padre Hurtado sigue llamándonos a estar donde más se nos necesita”. Por Comunicaciones Hogar de Cristo
En el marco de un seminario organizado por la fundación Hogar de Cristo sobre la situación de calle, se anunció la llegada a Punta Arenas del programa Vivienda Primero, dependiente del Ministerio de Desarrollo Social y Familia, y que consiste en una solución centrada en la vivienda para un grupo de la población que requiere niveles significativos de apoyo para salir de la situación de calle. En este programa, que será implementado por el Hogar de Cristo, el Estado se hace cargo de financiar el arriendo del inmueble y los servicios básicos, hasta que los usuarios asuman progresivamente el costo total o parcial de la vivienda. Además, cuenta con el acompañamiento de un equipo profesional que realiza visitas periódicas, y también tiene financiamiento para proveer servicios especializados en caso de requerirse en los ámbitos de salud, tratamiento de adicciones, educación, trabajo y familia. El Secretario Regional Ministerial de Desarrollo Social y Familia, Danilo Mimica, explicó que “este programa es una innovación de la política social chilena para las personas en situación de calle, porque aquí el Estado se hace cargo de financiar el arriendo del inmueble y los servicios básicos, hasta que los usuarios asuman gradualmente esta responsabilidad. Esperamos que las personas en situación de calle, y la ciudadanía, valoren de manera positiva Vivienda Primero, porque debemos comprender que el acceso a la vivienda y a los servicios de apoyo, son parte de la integración social que debemos proteger en Chile. Quiero recordar que actualmente, el ministerio se encuentra financiando 8 dispositivos para personas en situación de calle, que involucran un monto de $928 millones para su funcionamiento”. Además, el Jefe de Operación Social Regional del Hogar de Cristo, Álvaro Rondón, comentó que “hoy estamos compartiendo esta gran noticia porque llevamos años insistiendo en la necesidad de tener dispositivos, programas y políticas que enfrenten definitivamente el flagelo de la situación de calle. El modelo del programa Vivienda Primero partió en la década de los noventa en Norteamérica y se ha probado en Europa, bajo una mirada revolucionaria que se plantea superar la situación de calle. Tenerlo en Magallanes viene de una necesidad que veníamos empujando hace un tiempo, porque es la posibilidad de abrir una nueva forma de mirar este problema. La búsqueda de viviendas no será una tarea fácil, pero debemos ser capaces de convencer que disponer de viviendas significa que las personas podrán rehacer sus vidas e iniciar trayectorias de inclusión”. Conociendo el programa La población objetivo de este programa son mujeres y hombres de 50 años o más, que lleven al menos 5 años en situación de calle, con algún grado de deterioro biopsicosocial (excluyendo la dependencia severa), y que de preferencia se encuentren viviendo en la vía pública sin acceso a ningún tipo de alojamiento. Actualmente, Vivienda Primero está instalado en 8 regiones del país con 741 personas ingresadas en 374 viviendas. Durante el próximo año, se crearán 190 nuevos cupos llegando a 987 personas en todo el país. En Punta Arenas, se podrán a disposición 10 viviendas, para 20 participantes (2 personas por vivienda). El ingreso al programa se formaliza mediante una carta de derechos y compromisos en que se establecen reglas de convivencias dentro de la vivienda y con los vecinos, el cuidado de la vivienda y el no utilizarla para otros fines distintos a los del programa.
Asociar de manera generalizada delito y situación de calle es una simplificación que estigmatiza a personas que, en su mayoría, son víctimas de violencia y exclusión, no sus responsables. Los desalojos y la destrucción de rucos pueden dar una señal de orden en el corto plazo, pero no resuelven el problema. Desplazar no es solucionar: solo traslada la exclusión de un lugar a otro. La experiencia en terreno demuestra que el acompañamiento permanente, el trabajo territorial y programas como vivienda primero no solo permiten que las personas salgan de la calle, sino que también fortalecen la seguridad de la comunidad. Seguridad y dignidad no son opuestas; van de la mano. Si queremos soluciones reales, necesitamos políticas integrales, no respuestas reactivas. Liliana Cortés Directora Social del Hogar de Cristo
La semana pasada el gobierno presentó los datos de la encuesta CASEN 2024 destacando la reducción de la pobreza en Chile. Es una noticia que, a primera vista, invita al optimismo. Pero si uno mira los datos con más atención, la historia cambia. La región de Magallanes destaca por tener los menores índices de pobreza nacionales, tanto a nivel de ingresos (el promedio nacional es 17.3%; acá, 9.9%), como en pobreza multidimensional (17.7% en el país contra 6.1% en la región) y también en la más crítica de ambas, la pobreza severa, que abarca a quienes no tienen dinero suficiente para lo básico y tampoco un mínimo de bienestar en dimensiones como salud, empleo, vivienda, educación y redes. La pobreza severa en Chile es 6.1% y en Magallanes llega a 1.5%. ¿Significa esto que no debemos preocuparnos? Todo lo contrario. La dimensión de nuestro territorio y la baja densidad poblacional nos habla de un número exacto: hoy son 2.651 personas las que viven en pobreza severa en la región. Casi podríamos ponerles cara, dado lo pocas que son. A unas 200 de ellas las conocemos de cerca. Son quienes viven en situación de calle en la adversidad de un clima inclemente. Es importante hacer esta apertura de las cifras y un dato así no puede dejarnos indiferentes, sino que debe ser un acicate al logro de un sueño tan desafiante como posible: llegar a un índice calle cero en Punta Arenas y Puerto Natales. Hoy, a nivel nacional, más de 3,4 millones de personas siguen viviendo en pobreza por ingresos. No logran cubrir sus necesidades básicas ni siquiera considerando las ayudas del Estado. Pero el dato más duro es otro: más de 1,1 millón de personas vive en pobreza severa. Son pobres por ingresos y, además, enfrentan múltiples carencias en vivienda, salud, educación, trabajo, cuidados o redes de apoyo. Es decir, viven ambas pobrezas, lo que significa vulnerabilidad y precariedad en su forma más profunda y persistente. La CASEN muestra algo que debería preocuparnos: el 10% más pobre de Chile hoy genera menos ingresos propios que hace quince años. Sus ingresos laborales caen, mientras los subsidios aumentan y pasan a representar cerca del 70% de lo que recibe un hogar. Las transferencias son necesarias -nadie lo discute-, pero cuando no van acompañadas de oportunidades reales, terminan administrando la pobreza en vez de superarla. Chile ha avanzado en protección social, pero no ha fortalecido la capacidad de las personas para salir adelante por sí mismas. Trabajo digno, acceso a cuidados, educación pertinente, redes comunitarias. Eso se llama “capacidad de agencia”. De “agenciarse” el bienestar por uno mismo. Sin el desarrollo de esa capacidad, no hay salida sostenible de la pobreza. También existen alertas que no se resuelven con bonos: más soledad, menos redes de apoyo, hogares que cuidan a personas dependientes sin ayuda, empleo precario que no alcanza para vivir. Celebrar promedios, mientras más de un millón de personas vive atrapada en pobreza severa es un error. Hoy 1.193.010 personas viven en situación de pobreza severa en el país, lo que representa una auténtica emergencia social, en el sentido de que son personas con privaciones múltiples y profundas que afectan su bienestar cotidiano. Los magallánicos deberíamos desafiarnos al menos a lograr ese soñado índice calle cero para nuestra región.
Chile ha logrado avances relevantes en la reducción de la pobreza cuando ha sido capaz de combinar crecimiento económico, empleo y políticas sociales bien diseñadas. Pero ese aprendizaje convive hoy con una realidad incómoda: mientras parte del país discute ritmos y modelos, existe un grupo de hogares para los cuales la espera ya no es una opción. Son los más pobres entre los pobres. La experiencia acumulada de las últimas décadas es clara. La superación sostenible de la pobreza depende, principalmente, de que los hogares puedan desarrollar capacidades y proyectos de vida con autonomía, y no en dependencia permanente del Estado. La evidencia es consistente: cuando la economía crece, se crean mejores empleos; cuando hay mejores empleos, aumentan los ingresos y la posibilidad real de resolver necesidades. Por el contrario, cuando el crecimiento se debilita y las políticas sociales se dispersan, la reducción de la pobreza se vuelve más lenta y frágil, incluso en contextos de mayor gasto social. Eso es precisamente lo que hoy observamos: una expansión significativa del gasto, acompañada de programas mal evaluados, incentivos desalineados e inercias institucionales que no siempre corrigen las deficiencias detectadas. El resultado es una política social que muchas veces administra la urgencia, pero no cambia trayectorias de vida. Dicho esto, conviene ser claros: las capacidades no aparecen por sí solas ni se distribuyen de manera equitativa. En contextos de vulnerabilidad extrema, rara vez se sostienen sin apoyo. Para quienes viven en pobreza severa, la autonomía no es un punto de partida, sino un objetivo lejano. Por eso, las políticas sociales han sido —y siguen siendo— fundamentales para complementar ingresos y crear condiciones mínimas de desarrollo. Plantear una dicotomía entre autonomía y apoyo estatal empobrece el debate y desconoce la realidad de los hogares más excluidos. Algo similar ocurre con la discusión entre focalización y universalización. La democracia se sostiene en el reconocimiento de derechos para todos, pero también en la obligación ética y política de priorizar a quienes más lo necesitan. La experiencia chilena muestra que avanzar en diagnósticos objetivos y en asignación de recursos basada en evidencia permitió corregir inequidades profundas y hacer más eficaces las políticas sociales. Hoy enfrentamos, además, una realidad más dura. Existen hogares que viven simultáneamente pobreza por ingresos y pobreza multidimensional, donde ya ni siquiera está presente la expectativa de salir adelante. A eso lo hemos llamado pobreza severa. Para ellos, las transferencias monetarias son necesarias, pero claramente insuficientes. Se requieren políticas públicas integradas que combinen apoyo de ingresos con servicios sociales, cuidados, educación, salud, vivienda y entornos que hagan posible sostener trayectorias de vida reales. Reducir la pobreza exige un enfoque complementario: crecimiento y empleo; transferencias focalizadas; políticas sanitarias y educativas de alto impacto; y programas que fortalezcan capacidades, sin perder el principio orientador de priorizar a quienes están en peor situación. Medir bien no es un tecnicismo: es la condición para no equivocarnos de urgencia. Si existe una emergencia permanente en Chile, no es solo la que aparece en los ciclos electorales, sino la que viven a diario quienes no tienen nada que perder. Sacarlos de la pobreza severa no es un eslogan: es una tarea impostergable que exige evidencia, coherencia y la voluntad de corregir lo que no funciona.
El Hogar de Cristo, junto a Nano Videos y la productora Deepmaster.ai, estrenó una pieza audiovisual y dos reels asociados que utilizan inteligencia artificial para recrear un saludo navideño del padre Alberto Hurtado. “En esta Navidad quisimos usar la inteligencia artificial para traer un saludo simbólico del padre Hurtado: no para sustituir su figura ni para desvirtuar su legado, sino para abrir un espacio de recuerdo y conversación. El video nació con una doble intención: honrar su mensaje de solidaridad y mostrar que la tecnología, cuando se usa con sentido, puede estar al servicio de la dignidad humana”, explica el capellán general del Hogar de Cristo, el jesuita José Francisco Yuraszeck, el Padre Pepe. La idea es de la periodista especializada en redes sociales Catalina Villanueva quien junto con la agencia creativa Nano Videos y la productora de inteligencia artificial Deepmaster.ai trabajaron en conjunto con el Hogar Cristo. La causa del padre Hurtado viene desarrollando desde este año un proceso responsable de modernización tecnológica, incorporando IA en tareas que fortalecen su misión social. “Tenemos 81 años, pero siempre hemos buscado innovar en la forma de encontrarnos con la pobreza. La innovación social está en nuestro ADN, como lo estuvo en el propio padre Hurtado”, agrega el capellán. A mediados de los años 40, recuerda, no era común que un sacerdote usara libreta de cheques, tuviera teléfono en su escritorio o una camioneta, la camioneta verde. Él lo hizo para movilizar la solidaridad y responder más rápido a las urgencias del Chile de su tiempo. La pieza audiovisual central —acompañada de dos reels para redes sociales— muestra al Padre Hurtado en sus imágenes más icónicas: sotana, camioneta verde, chuzo, olla común, pelota de fútbol. La recreación busca transmitir la cercanía, sensibilidad y espíritu convocante que siempre caracterizaron su misión. Desde el guion hasta la música y escenas que evocan el Chile cotidiano, la productora Deepmaster.ai, construye un relato que conecta el legado del padre Alberto Hurtado con el presente. “Si yo estuviera con ustedes hoy, esta Navidad les diría: Conectémonos en serio, no con un like, sino con el corazón. Seguiría recorriendo Chile en mi camioneta verde, pa’ arriba y pa’ abajo, sólo que ahora con GPS para no perderme tanto. Les recordaría que la comunidad se construye donde nadie sobra y que cada gesto enciende una luz.” El video culmina con un llamado a la acción: “Hazte socio”, porque —como señala el padre Pepe — “eso es lo que finalmente sostiene el milagro cotidiano y más importante de san Alberto Hurtado: que más de 40 mil personas en pobreza severa reciban cada año acogida, asistencia y dignidad”. La periodista Catalina Villanueva, quien tuvo la idea, reflexiona: “Las campañas con rostros llevan décadas invadiendo la publicidad. El Hogar de Cristo tiene uno excepcional: un santo que cambió Chile. Con respeto y devoción nos preguntamos: ¿qué nos diría hoy? Esta campaña busca revivir ese espíritu inmenso en Navidad”. Y el Fundador de Nano Videos y Deepmaster, Cristóbal Ross, agrega: “La misión del Hogar de Cristo sigue siendo urgente. Si hoy el padre Hurtado estuviera con nosotros, creemos que estaría usando todos los medios posibles, incluyendo la inteligencia artificial, para llegar a más personas. Eso fue lo que intentamos honrar”. Finalmente, el capellán del Hogar de Cristo resume así la iniciativa: “Entra a www.hogardecristo.cl y hazte socio. La potencia del mensaje lo justifica y el espíritu del padre Hurtado sigue llamándonos a estar donde más se nos necesita”. Por Comunicaciones Hogar de Cristo
En el marco de un seminario organizado por la fundación Hogar de Cristo sobre la situación de calle, se anunció la llegada a Punta Arenas del programa Vivienda Primero, dependiente del Ministerio de Desarrollo Social y Familia, y que consiste en una solución centrada en la vivienda para un grupo de la población que requiere niveles significativos de apoyo para salir de la situación de calle. En este programa, que será implementado por el Hogar de Cristo, el Estado se hace cargo de financiar el arriendo del inmueble y los servicios básicos, hasta que los usuarios asuman progresivamente el costo total o parcial de la vivienda. Además, cuenta con el acompañamiento de un equipo profesional que realiza visitas periódicas, y también tiene financiamiento para proveer servicios especializados en caso de requerirse en los ámbitos de salud, tratamiento de adicciones, educación, trabajo y familia. El Secretario Regional Ministerial de Desarrollo Social y Familia, Danilo Mimica, explicó que “este programa es una innovación de la política social chilena para las personas en situación de calle, porque aquí el Estado se hace cargo de financiar el arriendo del inmueble y los servicios básicos, hasta que los usuarios asuman gradualmente esta responsabilidad. Esperamos que las personas en situación de calle, y la ciudadanía, valoren de manera positiva Vivienda Primero, porque debemos comprender que el acceso a la vivienda y a los servicios de apoyo, son parte de la integración social que debemos proteger en Chile. Quiero recordar que actualmente, el ministerio se encuentra financiando 8 dispositivos para personas en situación de calle, que involucran un monto de $928 millones para su funcionamiento”. Además, el Jefe de Operación Social Regional del Hogar de Cristo, Álvaro Rondón, comentó que “hoy estamos compartiendo esta gran noticia porque llevamos años insistiendo en la necesidad de tener dispositivos, programas y políticas que enfrenten definitivamente el flagelo de la situación de calle. El modelo del programa Vivienda Primero partió en la década de los noventa en Norteamérica y se ha probado en Europa, bajo una mirada revolucionaria que se plantea superar la situación de calle. Tenerlo en Magallanes viene de una necesidad que veníamos empujando hace un tiempo, porque es la posibilidad de abrir una nueva forma de mirar este problema. La búsqueda de viviendas no será una tarea fácil, pero debemos ser capaces de convencer que disponer de viviendas significa que las personas podrán rehacer sus vidas e iniciar trayectorias de inclusión”. Conociendo el programa La población objetivo de este programa son mujeres y hombres de 50 años o más, que lleven al menos 5 años en situación de calle, con algún grado de deterioro biopsicosocial (excluyendo la dependencia severa), y que de preferencia se encuentren viviendo en la vía pública sin acceso a ningún tipo de alojamiento. Actualmente, Vivienda Primero está instalado en 8 regiones del país con 741 personas ingresadas en 374 viviendas. Durante el próximo año, se crearán 190 nuevos cupos llegando a 987 personas en todo el país. En Punta Arenas, se podrán a disposición 10 viviendas, para 20 participantes (2 personas por vivienda). El ingreso al programa se formaliza mediante una carta de derechos y compromisos en que se establecen reglas de convivencias dentro de la vivienda y con los vecinos, el cuidado de la vivienda y el no utilizarla para otros fines distintos a los del programa.