Un proyecto cultural y científico en el Parque Etnobotánico Omora, en la comuna de Cabo de Hornos, Puerto Williams, permite a sus visitantes experimentar el sonido que generan árboles, plantas, agua, suelo y musgos, en una experiencia inmersiva que se inició este jueves 15 y que se mantendrá abierta al público, de manera gratuita e inclusiva para todos los visitantes y la comunidad local, hasta el próximo 13 de noviembre en dicha reserva de la biodiversidad. Se trata de una propuesta de recorridos sonoros La vida como puente entre cielo y suelo, que se desarrolla en el contexto de Ácrux Festival de Poesía y Ciencia del Estrecho de Magallanes 2026 y que impulsa el Instituto Milenio de Astrofísica MAS junto a la Fundación Omora y el Centro Internacional Cabo de Hornos (CHIC). Consiste en dos recorridos diarios de aproximadamente 90 minutos cada uno, con guías locales capacitados por Timothy Thor Connely, destacado guía naturalista y residente hace 15 años en la región de Magallanes y la Antártica Chilena, preparado en la reconocida escuela de guías Bushwise Field Guides de Sudáfrica en el entorno del Parque Nacional Kruger. Durante el recorrido en silencio se van visitando diversas estaciones, en las que se utilizan equipos de amplificación, audífonos de respuesta plana, micrófonos de contacto e hidrófonos, especialmente fabricados en Inglaterra para el proyecto. La iniciativa, que cuenta con el financiamiento del Concurso Nacional de Ciencia Pública 2025-2026, del Ministerio de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación, y el Ministerio de las Culturas las Artes y el Patrimonio (MINCAP), a través del Fondo del Libro y la Lectura, convocatoria 2025, tuvo su apertura este jueves 15 de octubre en el Parque Omora, a solo tres kilómetros de Puerto Williams, la ciudad más austral del mundo y puerta de entrada a la Antártica Chilena, también conocida por la comunidad Yagán y Selknam como Upushwea : bahía ( wea ) de zarzaparrilla ( upush ). La Dra. Francisca Massardo, directora del CHIC, señaló que esta es una invitación para que quienes visitan esta reserva puedan experimentar algo totalmente desconocido de nuestra naturaleza, los sonidos que ésta emite, sin que los podamos percibir a no ser que contemos con los instrumentos adecuados. Esta es una oportunidad única en Chile y que quienes visitan Puerto Williams no se pueden perder. Desde Estados Unidos, donde imparte cátedra en la University of North Texas, el Dr. Ricardo Rozzi, director de CHIC, expresa: Estamos muy orgullosos de este proyecto, porque no sólo acerca la ciencia y la biodiversidad a las personas, sino que es un llamado de atención sobre la importancia de proteger nuestro planeta. Estamos viviendo cambios climáticos importantes en todo el mundo, incluido Chile, y escuchar algo tan ínfimo como el agua que circula por un árbol o un musgo, es una forma de asumir ese sentido de urgencia de cuidar nuestros ecosistemas. En tanto, el astrofísico Andrés Jordán Colzani, director del MAS y del proyecto, señaló que este proyecto se llama 'La vida como puente entre cielo y suelo' justamente porque iniciamos el recorrido con los visitantes con un telescopio solar, que permite apreciar las características del Sol, sus manchas solares, como también algunas prominencias solares. Nuestra apuesta como Instituto MAS es poder instalar la divulgación científica de la astronomía también en la región de Magallanes y la Antártica, y que no solamente quede radicada y asociada al norte del país. Las actividades de divulgación se suman a una red de cámaras detectoras de meteoritos que hemos ido instalando en los últimos tres años en el contexto de Ácrux festival de poesía y ciencia, en Punta Arenas y en Puerto Williams y prontamente en Pali Aike y en Puerto Yartou o Cerro Sombrero en Tierra del Fuego. Este proyecto es parte de un esfuerzo que ya lleva años y que esperamos se siga consolidando en el tiempo, facilitando el acceso a la astronomía a los residentes y a los turistas que cada día más visitan este maravilloso lugar a las orillas del Canal Beagle, agregó Jordán. Por último, para la diseñadora de experiencia de La vida como puente entre cielo y suelo, Andrea Barrueto, este proyecto será una aventura única e individual para quienes asistan: Lo que se escucha en cada planta es particular y nunca es igual de una a la otra, depende de los factores ambientales, la irrigación de agua que circula dentro de un tronco o a través de un musgo. Para ello, se usan micrófonos de contacto muy sensibles y especialmente fabricados para este proyecto, y les garantizamos a los visitantes que podrán tener una experiencia inigualable y extraordinaria. Esta experiencia vivencial y sensorial en el Parque Etnobotánico Omora, totalmente inclusiva y apta para todas las edades, busca que los participantes comprendan la interrelación profunda entre cielo austral y suelo subantártico, a través de la observación científica, percepción sensorial y mediación educativa del territorio como ecosistema vivo. En cuatro ecosistemas distintos -suelo rocoso, bosque subantártico, ribera de río y borde costero-, los visitantes podrán experimentar el paisaje sonoro, uso de micrófonos de contacto, telescopios, lupas y bitácoras de registro ilustradas por la artista local Diana Gontapi. Además, dependiendo de las condiciones climáticas, cada recorrido se inicia con un telescopio solar, que le permitirá ver en vivo y en directo al astro rey.
En el marco de las reuniones técnicas del Comité Oceanográfico Nacional (CONA) del SHOA, la academia, los centros de investigación y las fundaciones se dieron cita para debatir sobre los desafíos ecológicos de nuestros mares y ecosistemas australes. La jornada, realizada en modalidad híbrida desde el Auditorio Alberto Veloso de la Universidad de Chile, contó con destacadas exposiciones centradas en la fauna marina y las oportunidades de la investigación en el Continente Blanco. Ciencia y turismo: hacia un modelo antártico colaborativo Uno de los ejes centrales del encuentro estuvo marcado por la ponencia conjunta titulada Turismo y ciencia en la Antártica: oportunidades, experiencias y desafíos de colaboración. La presentación fue liderada por el Dr. Edgardo Vega, director de la Fundación Antártica21, y el Dr. Elie Poulin, director del Instituto Milenio BASE. Ambos expositores profundizaron en cómo la actividad turística responsable en la Antártica no sólo representa una ventana para la educación y la concientización ambiental, sino también una plataforma logística fundamental para el levantamiento de datos científicos de alto valor. En un escenario donde el cambio climático altera los ecosistemas polares, la sinergia entre el turismo sustentable y la investigación científica se posiciona como una herramienta indispensable para el monitoreo a gran escala. Diálogo abierto y conservación marina La sesión del CONA también abordó problemáticas críticas para los ecosistemas nacionales con la presentación de la Dra. Maritza Sepúlveda, Profesora Titular de la Universidad de Valparaíso e investigadora del CIGREN (Centro de Investigación y Gestión de Recursos Naturales), quien expuso sobreInteracciones entre lobos marinos y pesquerías: ¿es la remoción de individuos una solución efectiva?. Su análisis abrió un espacio de debate profundo sobre la coexistencia entre las actividades productivas y la fauna nativa. Como es tradición en los espacios de articulación científica del CONA, la jornada concluyó con una mesa abierta donde los integrantes propusieron nuevos temas de interés y debatieron sobre la agenda de conservación para los próximos meses, consolidando una red activa de trabajo colaborativo desde el corazón del Campus Juan Gómez Millas.
El sociólogo del Nodo Antártico e investigador del Instituto Antártico Chileno (INACH), Marcelo Astorga, participó esta mañana en el programa Antártica Viva: Ciencia y Futuro de Polar Comunicaciones, donde abordó los desafíos que enfrenta la Región de Magallanes y de la Antártica Chilena para fortalecer su relación histórica, científica, cultural y económica con el continente blanco. Durante la conversación, destacó el trabajo desarrollado por el Nodo Antártico, iniciativa impulsada por la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo (ANID), que busca articular a distintos actores regionales y promover una visión de futuro para el desarrollo antártico. En ese contexto, explicó que, tras dos años de trabajo, se elaboró una hoja de ruta que contempla 22 iniciativas en ámbitos como la gobernanza, la economía, la cultura y el sistema de ciencia y tecnología, con participación de actores de Santiago, Concepción, Valdivia, Punta Arenas y Puerto Williams. Astorga destacó la relevancia de la instalación del INACH en Punta Arenas en 2003, decisión que ha contribuido a consolidar a la ciudad como un punto estratégico para la investigación científica antártica y la cooperación internacional. Actualmente, el continente blanco reúne más de 100 proyectos científicos y una comunidad de más de 600 investigadores, distribuidos en diversas áreas de estudio, entre ellas biología, astronomía, biotecnología, glaciología y ciencias sociales. El investigador recalcó que la Antártica constituye un laboratorio natural de enorme importancia para comprender los procesos ambientales y la historia del planeta, incluyendo el estudio de organismos extremófilos y fenómenos vinculados al clima. Asimismo, relevó los principios de paz, ciencia y protección del medioambiente asociados al Sistema del Tratado Antártico, suscrito en 1959, como valores que también pueden contribuir a la formación de nuevas generaciones. Uno de los principales desafíos planteados durante la entrevista fue la necesidad de acercar la identidad antártica a la vida cotidiana de quienes habitan Magallanes. Según explicó Astorga, una encuesta probabilística realizada en 2025 mostró que cerca del 75% de las personas consultadas no participaba en actividades antárticas, como visitas a museos o charlas, pese al interés existente por acceder a estas experiencias. Frente a este escenario, el Nodo Antártico impulsa la instalación de tótems informativos en distintos puntos de la ciudad, con el propósito de visibilizar los lugares vinculados a expediciones, exploradores y acontecimientos históricos relacionados con el continente blanco. La propuesta busca convertir el espacio público en una herramienta de aprendizaje, identidad territorial y promoción turística, permitiendo que residentes y visitantes reconozcan la profunda relación de Punta Arenas con la historia antártica. En esa misma línea, el investigador puso en valor el libro Huellas Antárticas, publicación que reúne 47 puntos de Punta Arenas asociados a esta historia, entre ellos lugares relacionados con Ernest Shackleton, el piloto Luis Pardo y el explorador noruego Roald Amundsen. La iniciativa busca actualizar y ampliar el conocimiento sobre estas conexiones, muchas de las cuales permanecen poco visibles para la comunidad. Astorga también recordó que la relación de Magallanes con la Antártica no se limita a la investigación científica, sino que incluye una trayectoria económica y cultural de más de un siglo, vinculada, entre otros antecedentes, a la actividad ballenera y a las expediciones que utilizaron la ciudad como punto de apoyo. A su juicio, reconocer estas huellas permitiría fortalecer el sentido de pertenencia y comprender de mejor manera la identidad regional. Otro de los temas centrales fue la infraestructura necesaria para consolidar a Magallanes como puerta de entrada al continente blanco. Astorga sostuvo que el desarrollo científico y la realización de encuentros internacionales requieren espacios adecuados para recibir delegaciones, investigadores y visitantes. Como ejemplo, señaló que el último encuentro del Comité Científico de Investigación Antártica (SCAR) realizado en Chile tuvo lugar en Pucón debido, entre otros factores, a las limitaciones de capacidad hotelera y de recintos para conferencias existentes en la región. En contraste, destacó que una encuesta aplicada durante el trabajo del Nodo Antártico registró un 83% de apoyo a la construcción de un Centro Antártico Internacional, tanto en Punta Arenas como en Puerto Williams. Para el investigador, este tipo de infraestructura podría generar oportunidades de empleo, dinamizar la economía regional y fortalecer la proyección internacional de Magallanes. Respecto del turismo y la experiencia de quienes visitan la ciudad, Astorga planteó que existe una oportunidad para articular mejor la oferta cultural, científica y patrimonial, de modo que la relación con la Antártica pueda expresarse en actividades permanentes y accesibles. En ese sentido, mencionó que la región cuenta con más de 34 espacios culturales, pero solo cerca del 10% programa actividades vinculadas al continente blanco. El desafío, indicó, sería ampliar esa presencia y aprovechar disciplinas como la música, el teatro, la artesanía y la gastronomía para generar nuevas experiencias en torno a la identidad antártica. También destacó el potencial educativo de las plataformas digitales y los materiales disponibles en línea, que permiten acceder a información científica, publicaciones y registros de estaciones meteorológicas antárticas sin necesidad de trasladarse físicamente a esos lugares. Finalmente, el sociólogo invitó a la comunidad a redescubrir la ciudad y su entorno desde una perspectiva antártica, promoviendo la curiosidad y el conocimiento de una historia que muchas veces pasa inadvertida en la vida cotidiana. Entre los recursos disponibles mencionó el sitio web del proyecto, nodoantartico.cl, donde se puede consultar la hoja de ruta y sus iniciativas, además de los contenidos publicados por el INACH, entre ellos Huellas Antárticas y Ciudades Antárticas. Astorga enfatizó que el posicionamiento de Punta Arenas como una de las principales puertas de entrada a la Antártica debe ir acompañado de mayor infraestructura, programación cultural, educación y coordinación entre los sectores público y privado, con el objetivo de que la identidad antártica se convierta en una dimensión reconocible y activa del desarrollo regional.
En un nuevo hito para la paleontología mundial, un reciente estudio publicado en la revista Polar Biology describe pequeñas huellas fósiles de un mamífero descubiertas en la Formación Fossil Hill, en la isla Rey Jorge en la Antártica. El espécimen catalogado como T-313 y resguardado en la colección de la Universidad de Chile consiste principalmente en un molde natural de una huella de un pie y una mano preservado en sedimento volcánico. Dataciones radiométricas estiman que posee una antigüedad aproximada de 55,5 millones de años, correspondiente al periodo Eoceno temprano, 10 millones de años después de la extinción de los dinosaurios causada por el volcanismo. Estas son las primeras huellas de mamífero conocidas en la Antártica y representan la evidencia más antigua de un mamífero carnívoro en todo el continente, expresa Héctor Mansilla Vera, investigador del Departamento Científico del Instituto Antártico Chileno (INACH) y autor principal del artículo. La huella mejor conservada mide apenas dos centímetros de largo y dos de ancho y muestra una postura digitígrada, una almohadilla plantar compacta y al menos tres impresiones digitales. A partir de su morfología, el equipo científico estimó que el animal que la produjo tenía una masa corporal mínima de 1,3 kilogramos. Aunque la preservación no permite asignar estas huellas a una especie con total certeza, la combinación de forma, proporciones y tamaño sugiere que fueron hechas por un pequeño metaterio esparasodonte ( Sparassodonta ), un grupo extinto de mamíferos depredadores hipercarnívoros y de hábitos terrestre-arborícolas, emparentados con los marsupiales, similares en tamaño y nicho a una comadreja o un tejón. Hasta ahora, las reconstrucciones ecológicas de la Antártica durante el período Eoceno situaban a las gigantescas aves Phorusrhacidae (aves del terror) como los únicos depredadores terrestres en la península Antártica. La presencia de este pequeño mamífero carnívoro sugiere que existió una red trófica más diversa y compleja antes del aislamiento definitivo del continente y su progresivo enfriamiento tras la transición Eoceno-Oligoceno, ampliando además el registro geográfico de estos mamíferos más allá de la isla Seymour. Esta publicación, realizada en colaboración internacional con investigadores argentinos del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) y de la Universidad Nacional de La Plata, culmina una trilogía de estudios enfocada en esta zona antártica destacada por su riqueza paleontológica, protegida como Zona Antártica Especialmente Protegida (ZAEP 125) e integrada a un área de protección especial cercana a la base científica Profesor Julio Escudero del INACH. Hasta el momento, Fossil Hill es el único lugar de la Antártica del Eoceno que conserva huellas en un ambiente continental, lo que lo convierte en un sitio único y de gran valor patrimonial. Referencia: Mansilla-Vera, H., de Valais, S., Goin, F., Gelfo, J.N. First mammal tracks from the Eocene of Antarctica. Polar Biology 49, 101 (2026). https://doi.org/10.1007/s00300-026-03539-1
¿Envejecemos de la misma forma en cada punto del planeta? ¿Qué tan diferente es la vejez en Magallanes? Preguntas como éstas se está haciendo el Grupo de Investigación en Neurofisiología Integrativa Molecular Austral Chilena ( NIMACh ) de la Universidad de Magallanes (UMAG), que recientemente realizó un seminario-workshop para compartir sus principales hallazgos, en el Campus Asistencial Docente e Investigación ( CADI-UMAG ). La discusión parte de una característica geográfica: Magallanes combina altas latitudes, una marcada variación estacional de las horas de luz, períodos invernales prolongados, bajas temperaturas y aislamiento, con una población que atraviesa un proceso sostenido de envejecimiento. A juicio del vicerrector de Investigación, Innovación y Posgrado de la UMAG, Dr. Máximo Frangopulos Rivera, tenemos que identificar esas diferencias, medirlas, contrastarlas, y determinar cuáles responden, efectivamente, a las condiciones ambientales, biológicas y sociales que tenemos particularmente en esta región. El director del CADI-UMAG, Sergio Cares, situó las investigaciones realizadas dentro de un esfuerzo interdisciplinario. Este trabajo de comunicación y de comunidad entre distintas unidades, distintas disciplinas, que están enfocadas en un trabajo interdisciplinario es, según explicó, parte de lo que este campus busca fortalecer en torno al envejecimiento. Lo anterior es especialmente significativo en una región donde, según los antecedentes presentados por el director del Grupo NIMACh , Dr. Cristian Núñez, actualmente viven 34.388 personas mayores; el 21% de ellas reside en hogares unipersonales, y hay 87 personas mayores por cada 100 niños menores de 15 años. A su juicio, no somos iguales que otras regiones, por lo tanto, la salud de las personas mayores no se da al azar. Pertenece a un lugar, a su historia, a su clima, sus redes, su biología y su historia. La huella cerebral del invierno Hay una proteína que actúa como un fertilizante para el crecimiento natural de las células nerviosas en el cerebro y el cuerpo. Ayuda a que las neuronas crezcan; se mantengan vivas, y formen nuevas conexiones. Su nombre es Factor Neurotrófico Derivado del Cerebro (BDNF por su sigla en inglés), y el kinesiólogo del grupo NIMACh, Matías Castillo, ha estado estudiando su función neuroprotectora en el contexto austral. El invierno no es solamente el telón de fondo; es el condicionante de la salud cerebral de las personas mayores, dijo durante su intervención. Según sus mediciones, es un factor de vulnerabilidad, pues esta proteína muestra una marcada disminución de sus niveles después del invierno, independientemente del nivel de actividad física, de la edad y del sexo de las personas estudiadas. ¿Por qué ocurre este fenómeno? De momento, aquí territorialmente hablando, es algo nuevo, que no se sabe y, por supuesto, seguimos haciendo investigación para poder dilucidar más información al respecto. Cada hallazgo siempre ofrece la oportunidad de diseñar y evaluar soluciones pertinentes para nuestro territorio, afirmó Castillo. Se trata de estudios fundamentales, pues el BDNF es clave para que el cerebro se adapte a nuevas experiencias y se recupere del estrés; para regular el metabolismo y proteger las células, y para el aprendizaje y la formación de recuerdos. Músculos sin fuerza Otra de las diferencias observadas aparece en la función muscular. En su exposición, el kinesiólogo Diego Mabe presentó resultados del seguimiento de cerca de 70 personas mayores de la región. En el lapso de un año, la fuerza o capacidad manual para ejecutar la acción de tomar, agarrar o sujetar objetos (prensión), disminuyó aproximadamente dos kilos, equivalente a cerca de un 8% de la fuerza promedio de las personas evaluadas. El dato adquiere mayor relevancia al compararlo con cohortes europeas, en las cuales se registran pérdidas cercanas a 0,5 kilos anuales, es decir, la velocidad observada en la muestra magallánica sería aproximadamente tres veces mayor. Y, contrario a lo que podría pensarse, el investigador observó que las personas participantes mantuvieron su masa muscular durante ese período y, pese a ello, perdieron fuerza. Entonces, ¿qué puede estar pasando? La función muscular puede deteriorarse antes que la estructura muscular, explicó el kinesiólogo. De este modo, la fuerza de prensión aparece como una medida que podría entregar información antes de que el deterioro sea visible a través de la masa muscular, y podría aportar asociaciones con distintos desenlaces de salud y con la autonomía para realizar actividades cotidianas. Según el investigador, el objetivo de la gerociencia —disciplina científica interdisciplinaria que estudia la relación entre la biología del envejecimiento y las enfermedades crónicas asociadas a la vejez— no es sólo extender la vida, sino tratar de mantenernos el mayor tiempo posible en la etapa de independencia. Ciencia territorial La jornada del Grupo NIMACh también abordó los estudios genéticos de salud cerebral, específicamente, el que acaba de iniciar —en alianza con la Clínica Medical Center NeuroCenter de Bolivia y la Universidad Adolfo Ibáñez— con la Red Latinoamericana de Investigación en Demencia ( REDLAT ). Según explicó en su exposición la psicóloga Leyla Huirimilla, el trabajo permitirá elaborar un mapa genético y neuropsicológico de la población de Magallanes con muestras biológicas, entrevistas clínicas y evaluaciones cognitivas y neuropsicológicas, entre otras herramientas. Buscamos evaluar memoria, atención y trabajo mental, función ejecutiva y funcionamiento global, para saber si las personas participantes tienen alguna predisposición a desarrollar algún tipo de enfermedad neurodegenerativa a nivel genético, afirmó la investigadora. Y agregó que una de las mayores novedades será la incorporación del exposoma, es decir, del conjunto de exposiciones ambientales, sociales y estilos de vida de las personas estudiadas, para conocer su influencia en la salud cerebral. El estudio se va a realizar en todo Chile, pero nosotros estamos siendo los pioneros, porque comenzó aquí hace un par de semanas. Chile se comprometió por ahora con 500 personas, entonces la idea es que Magallanes ponga una cuota bastante grande de esa muestra, dijo. Aclaró que el trabajo tomará de dos a tres años, y permitirá comparar las características australes con otras regiones del país y del continente. A través de estas investigaciones, el grupo NIMACh está conectando salud mental, biología y territorio, para construir el perfil diferencial de las personas mayores del extremo sur. Mientras más se avance en este objetivo, más posibilidades habrá de evitar que los costos del envejecimiento se paguen en dependencia, cuidados y hospitalización.
Un proyecto cultural y científico en el Parque Etnobotánico Omora, en la comuna de Cabo de Hornos, Puerto Williams, permite a sus visitantes experimentar el sonido que generan árboles, plantas, agua, suelo y musgos, en una experiencia inmersiva que se inició este jueves 15 y que se mantendrá abierta al público, de manera gratuita e inclusiva para todos los visitantes y la comunidad local, hasta el próximo 13 de noviembre en dicha reserva de la biodiversidad. Se trata de una propuesta de recorridos sonoros La vida como puente entre cielo y suelo, que se desarrolla en el contexto de Ácrux Festival de Poesía y Ciencia del Estrecho de Magallanes 2026 y que impulsa el Instituto Milenio de Astrofísica MAS junto a la Fundación Omora y el Centro Internacional Cabo de Hornos (CHIC). Consiste en dos recorridos diarios de aproximadamente 90 minutos cada uno, con guías locales capacitados por Timothy Thor Connely, destacado guía naturalista y residente hace 15 años en la región de Magallanes y la Antártica Chilena, preparado en la reconocida escuela de guías Bushwise Field Guides de Sudáfrica en el entorno del Parque Nacional Kruger. Durante el recorrido en silencio se van visitando diversas estaciones, en las que se utilizan equipos de amplificación, audífonos de respuesta plana, micrófonos de contacto e hidrófonos, especialmente fabricados en Inglaterra para el proyecto. La iniciativa, que cuenta con el financiamiento del Concurso Nacional de Ciencia Pública 2025-2026, del Ministerio de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación, y el Ministerio de las Culturas las Artes y el Patrimonio (MINCAP), a través del Fondo del Libro y la Lectura, convocatoria 2025, tuvo su apertura este jueves 15 de octubre en el Parque Omora, a solo tres kilómetros de Puerto Williams, la ciudad más austral del mundo y puerta de entrada a la Antártica Chilena, también conocida por la comunidad Yagán y Selknam como Upushwea : bahía ( wea ) de zarzaparrilla ( upush ). La Dra. Francisca Massardo, directora del CHIC, señaló que esta es una invitación para que quienes visitan esta reserva puedan experimentar algo totalmente desconocido de nuestra naturaleza, los sonidos que ésta emite, sin que los podamos percibir a no ser que contemos con los instrumentos adecuados. Esta es una oportunidad única en Chile y que quienes visitan Puerto Williams no se pueden perder. Desde Estados Unidos, donde imparte cátedra en la University of North Texas, el Dr. Ricardo Rozzi, director de CHIC, expresa: Estamos muy orgullosos de este proyecto, porque no sólo acerca la ciencia y la biodiversidad a las personas, sino que es un llamado de atención sobre la importancia de proteger nuestro planeta. Estamos viviendo cambios climáticos importantes en todo el mundo, incluido Chile, y escuchar algo tan ínfimo como el agua que circula por un árbol o un musgo, es una forma de asumir ese sentido de urgencia de cuidar nuestros ecosistemas. En tanto, el astrofísico Andrés Jordán Colzani, director del MAS y del proyecto, señaló que este proyecto se llama 'La vida como puente entre cielo y suelo' justamente porque iniciamos el recorrido con los visitantes con un telescopio solar, que permite apreciar las características del Sol, sus manchas solares, como también algunas prominencias solares. Nuestra apuesta como Instituto MAS es poder instalar la divulgación científica de la astronomía también en la región de Magallanes y la Antártica, y que no solamente quede radicada y asociada al norte del país. Las actividades de divulgación se suman a una red de cámaras detectoras de meteoritos que hemos ido instalando en los últimos tres años en el contexto de Ácrux festival de poesía y ciencia, en Punta Arenas y en Puerto Williams y prontamente en Pali Aike y en Puerto Yartou o Cerro Sombrero en Tierra del Fuego. Este proyecto es parte de un esfuerzo que ya lleva años y que esperamos se siga consolidando en el tiempo, facilitando el acceso a la astronomía a los residentes y a los turistas que cada día más visitan este maravilloso lugar a las orillas del Canal Beagle, agregó Jordán. Por último, para la diseñadora de experiencia de La vida como puente entre cielo y suelo, Andrea Barrueto, este proyecto será una aventura única e individual para quienes asistan: Lo que se escucha en cada planta es particular y nunca es igual de una a la otra, depende de los factores ambientales, la irrigación de agua que circula dentro de un tronco o a través de un musgo. Para ello, se usan micrófonos de contacto muy sensibles y especialmente fabricados para este proyecto, y les garantizamos a los visitantes que podrán tener una experiencia inigualable y extraordinaria. Esta experiencia vivencial y sensorial en el Parque Etnobotánico Omora, totalmente inclusiva y apta para todas las edades, busca que los participantes comprendan la interrelación profunda entre cielo austral y suelo subantártico, a través de la observación científica, percepción sensorial y mediación educativa del territorio como ecosistema vivo. En cuatro ecosistemas distintos -suelo rocoso, bosque subantártico, ribera de río y borde costero-, los visitantes podrán experimentar el paisaje sonoro, uso de micrófonos de contacto, telescopios, lupas y bitácoras de registro ilustradas por la artista local Diana Gontapi. Además, dependiendo de las condiciones climáticas, cada recorrido se inicia con un telescopio solar, que le permitirá ver en vivo y en directo al astro rey.
En el marco de las reuniones técnicas del Comité Oceanográfico Nacional (CONA) del SHOA, la academia, los centros de investigación y las fundaciones se dieron cita para debatir sobre los desafíos ecológicos de nuestros mares y ecosistemas australes. La jornada, realizada en modalidad híbrida desde el Auditorio Alberto Veloso de la Universidad de Chile, contó con destacadas exposiciones centradas en la fauna marina y las oportunidades de la investigación en el Continente Blanco. Ciencia y turismo: hacia un modelo antártico colaborativo Uno de los ejes centrales del encuentro estuvo marcado por la ponencia conjunta titulada Turismo y ciencia en la Antártica: oportunidades, experiencias y desafíos de colaboración. La presentación fue liderada por el Dr. Edgardo Vega, director de la Fundación Antártica21, y el Dr. Elie Poulin, director del Instituto Milenio BASE. Ambos expositores profundizaron en cómo la actividad turística responsable en la Antártica no sólo representa una ventana para la educación y la concientización ambiental, sino también una plataforma logística fundamental para el levantamiento de datos científicos de alto valor. En un escenario donde el cambio climático altera los ecosistemas polares, la sinergia entre el turismo sustentable y la investigación científica se posiciona como una herramienta indispensable para el monitoreo a gran escala. Diálogo abierto y conservación marina La sesión del CONA también abordó problemáticas críticas para los ecosistemas nacionales con la presentación de la Dra. Maritza Sepúlveda, Profesora Titular de la Universidad de Valparaíso e investigadora del CIGREN (Centro de Investigación y Gestión de Recursos Naturales), quien expuso sobreInteracciones entre lobos marinos y pesquerías: ¿es la remoción de individuos una solución efectiva?. Su análisis abrió un espacio de debate profundo sobre la coexistencia entre las actividades productivas y la fauna nativa. Como es tradición en los espacios de articulación científica del CONA, la jornada concluyó con una mesa abierta donde los integrantes propusieron nuevos temas de interés y debatieron sobre la agenda de conservación para los próximos meses, consolidando una red activa de trabajo colaborativo desde el corazón del Campus Juan Gómez Millas.
El sociólogo del Nodo Antártico e investigador del Instituto Antártico Chileno (INACH), Marcelo Astorga, participó esta mañana en el programa Antártica Viva: Ciencia y Futuro de Polar Comunicaciones, donde abordó los desafíos que enfrenta la Región de Magallanes y de la Antártica Chilena para fortalecer su relación histórica, científica, cultural y económica con el continente blanco. Durante la conversación, destacó el trabajo desarrollado por el Nodo Antártico, iniciativa impulsada por la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo (ANID), que busca articular a distintos actores regionales y promover una visión de futuro para el desarrollo antártico. En ese contexto, explicó que, tras dos años de trabajo, se elaboró una hoja de ruta que contempla 22 iniciativas en ámbitos como la gobernanza, la economía, la cultura y el sistema de ciencia y tecnología, con participación de actores de Santiago, Concepción, Valdivia, Punta Arenas y Puerto Williams. Astorga destacó la relevancia de la instalación del INACH en Punta Arenas en 2003, decisión que ha contribuido a consolidar a la ciudad como un punto estratégico para la investigación científica antártica y la cooperación internacional. Actualmente, el continente blanco reúne más de 100 proyectos científicos y una comunidad de más de 600 investigadores, distribuidos en diversas áreas de estudio, entre ellas biología, astronomía, biotecnología, glaciología y ciencias sociales. El investigador recalcó que la Antártica constituye un laboratorio natural de enorme importancia para comprender los procesos ambientales y la historia del planeta, incluyendo el estudio de organismos extremófilos y fenómenos vinculados al clima. Asimismo, relevó los principios de paz, ciencia y protección del medioambiente asociados al Sistema del Tratado Antártico, suscrito en 1959, como valores que también pueden contribuir a la formación de nuevas generaciones. Uno de los principales desafíos planteados durante la entrevista fue la necesidad de acercar la identidad antártica a la vida cotidiana de quienes habitan Magallanes. Según explicó Astorga, una encuesta probabilística realizada en 2025 mostró que cerca del 75% de las personas consultadas no participaba en actividades antárticas, como visitas a museos o charlas, pese al interés existente por acceder a estas experiencias. Frente a este escenario, el Nodo Antártico impulsa la instalación de tótems informativos en distintos puntos de la ciudad, con el propósito de visibilizar los lugares vinculados a expediciones, exploradores y acontecimientos históricos relacionados con el continente blanco. La propuesta busca convertir el espacio público en una herramienta de aprendizaje, identidad territorial y promoción turística, permitiendo que residentes y visitantes reconozcan la profunda relación de Punta Arenas con la historia antártica. En esa misma línea, el investigador puso en valor el libro Huellas Antárticas, publicación que reúne 47 puntos de Punta Arenas asociados a esta historia, entre ellos lugares relacionados con Ernest Shackleton, el piloto Luis Pardo y el explorador noruego Roald Amundsen. La iniciativa busca actualizar y ampliar el conocimiento sobre estas conexiones, muchas de las cuales permanecen poco visibles para la comunidad. Astorga también recordó que la relación de Magallanes con la Antártica no se limita a la investigación científica, sino que incluye una trayectoria económica y cultural de más de un siglo, vinculada, entre otros antecedentes, a la actividad ballenera y a las expediciones que utilizaron la ciudad como punto de apoyo. A su juicio, reconocer estas huellas permitiría fortalecer el sentido de pertenencia y comprender de mejor manera la identidad regional. Otro de los temas centrales fue la infraestructura necesaria para consolidar a Magallanes como puerta de entrada al continente blanco. Astorga sostuvo que el desarrollo científico y la realización de encuentros internacionales requieren espacios adecuados para recibir delegaciones, investigadores y visitantes. Como ejemplo, señaló que el último encuentro del Comité Científico de Investigación Antártica (SCAR) realizado en Chile tuvo lugar en Pucón debido, entre otros factores, a las limitaciones de capacidad hotelera y de recintos para conferencias existentes en la región. En contraste, destacó que una encuesta aplicada durante el trabajo del Nodo Antártico registró un 83% de apoyo a la construcción de un Centro Antártico Internacional, tanto en Punta Arenas como en Puerto Williams. Para el investigador, este tipo de infraestructura podría generar oportunidades de empleo, dinamizar la economía regional y fortalecer la proyección internacional de Magallanes. Respecto del turismo y la experiencia de quienes visitan la ciudad, Astorga planteó que existe una oportunidad para articular mejor la oferta cultural, científica y patrimonial, de modo que la relación con la Antártica pueda expresarse en actividades permanentes y accesibles. En ese sentido, mencionó que la región cuenta con más de 34 espacios culturales, pero solo cerca del 10% programa actividades vinculadas al continente blanco. El desafío, indicó, sería ampliar esa presencia y aprovechar disciplinas como la música, el teatro, la artesanía y la gastronomía para generar nuevas experiencias en torno a la identidad antártica. También destacó el potencial educativo de las plataformas digitales y los materiales disponibles en línea, que permiten acceder a información científica, publicaciones y registros de estaciones meteorológicas antárticas sin necesidad de trasladarse físicamente a esos lugares. Finalmente, el sociólogo invitó a la comunidad a redescubrir la ciudad y su entorno desde una perspectiva antártica, promoviendo la curiosidad y el conocimiento de una historia que muchas veces pasa inadvertida en la vida cotidiana. Entre los recursos disponibles mencionó el sitio web del proyecto, nodoantartico.cl, donde se puede consultar la hoja de ruta y sus iniciativas, además de los contenidos publicados por el INACH, entre ellos Huellas Antárticas y Ciudades Antárticas. Astorga enfatizó que el posicionamiento de Punta Arenas como una de las principales puertas de entrada a la Antártica debe ir acompañado de mayor infraestructura, programación cultural, educación y coordinación entre los sectores público y privado, con el objetivo de que la identidad antártica se convierta en una dimensión reconocible y activa del desarrollo regional.
En un nuevo hito para la paleontología mundial, un reciente estudio publicado en la revista Polar Biology describe pequeñas huellas fósiles de un mamífero descubiertas en la Formación Fossil Hill, en la isla Rey Jorge en la Antártica. El espécimen catalogado como T-313 y resguardado en la colección de la Universidad de Chile consiste principalmente en un molde natural de una huella de un pie y una mano preservado en sedimento volcánico. Dataciones radiométricas estiman que posee una antigüedad aproximada de 55,5 millones de años, correspondiente al periodo Eoceno temprano, 10 millones de años después de la extinción de los dinosaurios causada por el volcanismo. Estas son las primeras huellas de mamífero conocidas en la Antártica y representan la evidencia más antigua de un mamífero carnívoro en todo el continente, expresa Héctor Mansilla Vera, investigador del Departamento Científico del Instituto Antártico Chileno (INACH) y autor principal del artículo. La huella mejor conservada mide apenas dos centímetros de largo y dos de ancho y muestra una postura digitígrada, una almohadilla plantar compacta y al menos tres impresiones digitales. A partir de su morfología, el equipo científico estimó que el animal que la produjo tenía una masa corporal mínima de 1,3 kilogramos. Aunque la preservación no permite asignar estas huellas a una especie con total certeza, la combinación de forma, proporciones y tamaño sugiere que fueron hechas por un pequeño metaterio esparasodonte ( Sparassodonta ), un grupo extinto de mamíferos depredadores hipercarnívoros y de hábitos terrestre-arborícolas, emparentados con los marsupiales, similares en tamaño y nicho a una comadreja o un tejón. Hasta ahora, las reconstrucciones ecológicas de la Antártica durante el período Eoceno situaban a las gigantescas aves Phorusrhacidae (aves del terror) como los únicos depredadores terrestres en la península Antártica. La presencia de este pequeño mamífero carnívoro sugiere que existió una red trófica más diversa y compleja antes del aislamiento definitivo del continente y su progresivo enfriamiento tras la transición Eoceno-Oligoceno, ampliando además el registro geográfico de estos mamíferos más allá de la isla Seymour. Esta publicación, realizada en colaboración internacional con investigadores argentinos del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) y de la Universidad Nacional de La Plata, culmina una trilogía de estudios enfocada en esta zona antártica destacada por su riqueza paleontológica, protegida como Zona Antártica Especialmente Protegida (ZAEP 125) e integrada a un área de protección especial cercana a la base científica Profesor Julio Escudero del INACH. Hasta el momento, Fossil Hill es el único lugar de la Antártica del Eoceno que conserva huellas en un ambiente continental, lo que lo convierte en un sitio único y de gran valor patrimonial. Referencia: Mansilla-Vera, H., de Valais, S., Goin, F., Gelfo, J.N. First mammal tracks from the Eocene of Antarctica. Polar Biology 49, 101 (2026). https://doi.org/10.1007/s00300-026-03539-1
¿Envejecemos de la misma forma en cada punto del planeta? ¿Qué tan diferente es la vejez en Magallanes? Preguntas como éstas se está haciendo el Grupo de Investigación en Neurofisiología Integrativa Molecular Austral Chilena ( NIMACh ) de la Universidad de Magallanes (UMAG), que recientemente realizó un seminario-workshop para compartir sus principales hallazgos, en el Campus Asistencial Docente e Investigación ( CADI-UMAG ). La discusión parte de una característica geográfica: Magallanes combina altas latitudes, una marcada variación estacional de las horas de luz, períodos invernales prolongados, bajas temperaturas y aislamiento, con una población que atraviesa un proceso sostenido de envejecimiento. A juicio del vicerrector de Investigación, Innovación y Posgrado de la UMAG, Dr. Máximo Frangopulos Rivera, tenemos que identificar esas diferencias, medirlas, contrastarlas, y determinar cuáles responden, efectivamente, a las condiciones ambientales, biológicas y sociales que tenemos particularmente en esta región. El director del CADI-UMAG, Sergio Cares, situó las investigaciones realizadas dentro de un esfuerzo interdisciplinario. Este trabajo de comunicación y de comunidad entre distintas unidades, distintas disciplinas, que están enfocadas en un trabajo interdisciplinario es, según explicó, parte de lo que este campus busca fortalecer en torno al envejecimiento. Lo anterior es especialmente significativo en una región donde, según los antecedentes presentados por el director del Grupo NIMACh , Dr. Cristian Núñez, actualmente viven 34.388 personas mayores; el 21% de ellas reside en hogares unipersonales, y hay 87 personas mayores por cada 100 niños menores de 15 años. A su juicio, no somos iguales que otras regiones, por lo tanto, la salud de las personas mayores no se da al azar. Pertenece a un lugar, a su historia, a su clima, sus redes, su biología y su historia. La huella cerebral del invierno Hay una proteína que actúa como un fertilizante para el crecimiento natural de las células nerviosas en el cerebro y el cuerpo. Ayuda a que las neuronas crezcan; se mantengan vivas, y formen nuevas conexiones. Su nombre es Factor Neurotrófico Derivado del Cerebro (BDNF por su sigla en inglés), y el kinesiólogo del grupo NIMACh, Matías Castillo, ha estado estudiando su función neuroprotectora en el contexto austral. El invierno no es solamente el telón de fondo; es el condicionante de la salud cerebral de las personas mayores, dijo durante su intervención. Según sus mediciones, es un factor de vulnerabilidad, pues esta proteína muestra una marcada disminución de sus niveles después del invierno, independientemente del nivel de actividad física, de la edad y del sexo de las personas estudiadas. ¿Por qué ocurre este fenómeno? De momento, aquí territorialmente hablando, es algo nuevo, que no se sabe y, por supuesto, seguimos haciendo investigación para poder dilucidar más información al respecto. Cada hallazgo siempre ofrece la oportunidad de diseñar y evaluar soluciones pertinentes para nuestro territorio, afirmó Castillo. Se trata de estudios fundamentales, pues el BDNF es clave para que el cerebro se adapte a nuevas experiencias y se recupere del estrés; para regular el metabolismo y proteger las células, y para el aprendizaje y la formación de recuerdos. Músculos sin fuerza Otra de las diferencias observadas aparece en la función muscular. En su exposición, el kinesiólogo Diego Mabe presentó resultados del seguimiento de cerca de 70 personas mayores de la región. En el lapso de un año, la fuerza o capacidad manual para ejecutar la acción de tomar, agarrar o sujetar objetos (prensión), disminuyó aproximadamente dos kilos, equivalente a cerca de un 8% de la fuerza promedio de las personas evaluadas. El dato adquiere mayor relevancia al compararlo con cohortes europeas, en las cuales se registran pérdidas cercanas a 0,5 kilos anuales, es decir, la velocidad observada en la muestra magallánica sería aproximadamente tres veces mayor. Y, contrario a lo que podría pensarse, el investigador observó que las personas participantes mantuvieron su masa muscular durante ese período y, pese a ello, perdieron fuerza. Entonces, ¿qué puede estar pasando? La función muscular puede deteriorarse antes que la estructura muscular, explicó el kinesiólogo. De este modo, la fuerza de prensión aparece como una medida que podría entregar información antes de que el deterioro sea visible a través de la masa muscular, y podría aportar asociaciones con distintos desenlaces de salud y con la autonomía para realizar actividades cotidianas. Según el investigador, el objetivo de la gerociencia —disciplina científica interdisciplinaria que estudia la relación entre la biología del envejecimiento y las enfermedades crónicas asociadas a la vejez— no es sólo extender la vida, sino tratar de mantenernos el mayor tiempo posible en la etapa de independencia. Ciencia territorial La jornada del Grupo NIMACh también abordó los estudios genéticos de salud cerebral, específicamente, el que acaba de iniciar —en alianza con la Clínica Medical Center NeuroCenter de Bolivia y la Universidad Adolfo Ibáñez— con la Red Latinoamericana de Investigación en Demencia ( REDLAT ). Según explicó en su exposición la psicóloga Leyla Huirimilla, el trabajo permitirá elaborar un mapa genético y neuropsicológico de la población de Magallanes con muestras biológicas, entrevistas clínicas y evaluaciones cognitivas y neuropsicológicas, entre otras herramientas. Buscamos evaluar memoria, atención y trabajo mental, función ejecutiva y funcionamiento global, para saber si las personas participantes tienen alguna predisposición a desarrollar algún tipo de enfermedad neurodegenerativa a nivel genético, afirmó la investigadora. Y agregó que una de las mayores novedades será la incorporación del exposoma, es decir, del conjunto de exposiciones ambientales, sociales y estilos de vida de las personas estudiadas, para conocer su influencia en la salud cerebral. El estudio se va a realizar en todo Chile, pero nosotros estamos siendo los pioneros, porque comenzó aquí hace un par de semanas. Chile se comprometió por ahora con 500 personas, entonces la idea es que Magallanes ponga una cuota bastante grande de esa muestra, dijo. Aclaró que el trabajo tomará de dos a tres años, y permitirá comparar las características australes con otras regiones del país y del continente. A través de estas investigaciones, el grupo NIMACh está conectando salud mental, biología y territorio, para construir el perfil diferencial de las personas mayores del extremo sur. Mientras más se avance en este objetivo, más posibilidades habrá de evitar que los costos del envejecimiento se paguen en dependencia, cuidados y hospitalización.