Un equipo de investigadoras de la Universidad de Cádiz identificó por primera vez la presencia de microplásticos en playas de la Antártica, específicamente en la isla Decepción. El estudio detectó partículas en las diez playas analizadas, marcando un precedente en el monitoreo ambiental de este territorio considerado prístino. La investigación estableció que las concentraciones fluctuaron entre 2 y 31 partículas por kilogramo de arena, permitiendo generar una línea base para futuras mediciones. El trabajo fue publicado en la revista científica Marine Pollution Bulletin, aportando evidencia concreta sobre la presencia de contaminación en la zona. Según detallaron las investigadoras, la mayoría de los microplásticos encontrados corresponden a fragmentos derivados de la degradación de plásticos mayores, sin detectarse pellets industriales. Entre los materiales identificados destacan el polietileno (PE) y el policloruro de vinilo (PVC), comúnmente utilizados en envases, bolsas, tuberías y cables. El estudio advierte que, pese a la percepción de la Antártica como un entorno prácticamente intacto, factores como la actividad científica, el turismo, la pesca y el transporte oceánico desde otras latitudes pueden contribuir a la llegada de estos contaminantes. Este hallazgo constituye la primera evidencia científica de microplásticos en sedimentos intermareales de la isla Decepción y servirá como base para futuras investigaciones. Los próximos pasos consideran comparar estos datos con nuevas muestras y avanzar en monitoreos periódicos para evaluar la evolución de este fenómeno.
Desde diciembre de 2025, un equipo de investigadoras chilenas desarrolla un estudio que busca comprender el impacto de los microplásticos en peces antárticos, en uno de los ecosistemas más prístinos y vulnerables del planeta. El estudio se realiza en el contexto del aumento de la presencia humana y de contaminantes plásticos en regiones remotas, donde sus efectos aún son pocos conocidos. El trabajo se enfoca en evaluar los efectos biológicos de esta forma de contaminación en especies del océano austral. La investigación cuenta con la participación de la Universidad Arturo Prat (UNAP), el Instituto Antártico Chileno (INACH) y la Comisión Chilena de Energía Nuclear (CCHEN). Microplásticos como amenaza emergente El estudio pone el foco en los microplásticos , denominados como fragmentos menores a cinco milímetros que provienen de la degradación de productos de uso cotidiano. Estos contaminantes llegan a la Antártica a través del viento, ríos y las corrientes oceánicas. El equipo científico está integrado por la Dra. Gabriela Aguirre, académica de la Facultad de Ciencias de la Salud de la UNAP, y la Dra. Lisette Zenteno, investigadora de la CCHEN, con colaboración científica de INACH. «Estos materiales son ingeridos por peces, aves y mamíferos marinos, que los confunden con alimento», explica la Dra. Aguirre. «Al hacerlo, acumulan sustancias tóxicas que pueden afectar su salud, la de toda la cadena alimentaria y, a largo plazo, incluso la composición química del agua y del hielo». La investigadora explica que estos peces son fundamentales para la cadena alimentaria antártica, por lo que analizar la presencia de microplásticos en ellos es un aporte para la ciencia. Como sirven de alimento para aves, focas y pingüinos, cualquier daño en su salud puede afectar a todo el ecosistema. Como parte del proyecto, las investigadoras se trasladaron a Punta Arenas, donde desarrollaron experimentos controlados en los acuarios del INACH. Allí evaluaron la exposición de peces antárticos a microplásticos bajo condiciones monitoreadas. Análisis biológico y proyección científica Actualmente, el equipo se encuentra en la etapa de análisis. Las investigadoras evalúan cambios en tejidos, microbiota intestinal y expresión génica de los peces expuestos. Los resultados permitirán comprender mejor cómo la contaminación plástica puede alterar el equilibrio del océano austral. El estudio busca aportar evidencia científica para la protección de ecosistemas antárticos frente a amenazas globales. Fuente: cooperativaciencia.cl
El investigador del Instituto Antártico Chileno (INACH), Rodolfo Rondón, realizó una pasantía de dos meses en el Laboratorio de Medio Ambiente Marino del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), en Mónaco, instancia clave para fortalecer las capacidades de Chile en el estudio de microplásticos en la Antártica. La estadía formó parte de un proyecto de cooperación técnica entre el Gobierno de Chile, a través del Ministerio de Relaciones Exteriores, y el organismo internacional, que busca desarrollar y armonizar métodos avanzados para detectar y cuantificar estas partículas en distintos ecosistemas del Continente Blanco. Esta oportunidad de viajar a Mónaco surge de un memorándum de entendimiento entre Chile y la OIEA para aplicar técnicas dedicadas al estudio de la contaminación por microplásticos. Bajo este marco se aprobó un proyecto nacional de cooperación técnica que contempla el análisis de este material en microplásticos en agua, nieve y biota antártica, con énfasis en organismos clave de la red trófica como el kril. Con esto, el objetivo es instalar capacidades que permitan realizar estudios finos de estas partículas en el país y posicionar a Chile como laboratorio de referencia a nivel regional. Formación en el laboratorio del OIEA Durante su estadía en el Laboratorio de Medio Ambiente Marino del OIEA, el científico trabajó en la cadena completa de análisis, desde la recepción y preparación de las muestras hasta su procesamiento en equipos de espectroscopía, en un entorno con estrictos controles para evitar la contaminación entre materiales. Sobre esta experiencia, Rondón comenta que quedó gratamente sorprendido de cómo funciona todo el laboratorio desde el comienzo hasta el final del tratamiento de las muestras. Todo el control que se lleva para que estas muestras no sean contaminadas hasta el momento en que se van a usar las máquinas para detectar y cuantificar microplásticos. Esta instancia incluyó la incorporación de un método armonizado y estandarizado para la detección de microplásticos en agua, desarrollado en el laboratorio del OIEA. A ello se suma el diseño de un protocolo específico para detectar este material en nieve, lo que permite ampliar el monitoreo a matrices físicas clave del ambiente antártico. Uno de los principales aprendizajes, puntualiza el investigador, estuvo en los organismos vivos: lo que más aprendí fue cómo estandarizar protocolos o armonizar protocolos para detectar microplásticos en la biota, que en este caso fue el kril, pero perfectamente se puede hacer en cualquier otro tipo de organismo para armonizar un protocolo. Del kril a la detección de microplásticos Para el trabajo con kril, las muestras pasan primero por un proceso de conservación y preparación que incluye congelación y, en el caso de su traslado a Mónaco, liofilización para secarlas en frío sin alterar los microplásticos presentes. Estas muestras las congelamos hasta que podamos procesarlas, lo ideal es mientras están congeladas porque es más fácil quitar el caparazón, pero como no es el caso cuando las llevamos para Mónaco, tuvimos que liofilizarlas, que es secarlas en frío, detalla Rondón. A continuación, los ejemplares son sometidos a una serie de digestiones químicas y enzimáticas para eliminar tejido y restos de caparazón sin perder los microplásticos. En este proceso, comenta, lo más difícil de toda la estandarización de la metodología es que la digestión no es tan sencilla, si quedan o no remanentes de tejido, o si quedan remanentes de caparazón y eso evita la lectura en el equipo, por lo que debieron probar distintas combinaciones de tiempos y reactivos hasta lograr un protocolo estable. Tras la digestión, las muestras se filtran en filtros de oro, paso crítico para que puedan ser leídas por el LDIR (Laser Direct Infrared), equipo de la compañía Agilent que automatiza gran parte del análisis. El LIDR es un pequeño aparato que es de la dimensión de una impresora, este lo detecta, lo cuantifica, lo caracteriza en cuanto a tamaño, peso, forma y el polímero, que es la parte más interesante, que nos dice si es polipropileno, si es polietileno, si es poliestireno, describe el investigador. Según Rondón, los protocolos desarrollados en conjunto con el OIEA buscan que sean microplásticos de 20 a 300 micros y que sea visible en los equipos como el LDIR, cubriendo así un rango específico de partículas. El científico destaca que esta tecnología automatiza todo el procedimiento y que lo que se haría en una semana o dos semanas, incluso en un mes, se pueda hacer en unas cuantas horas, lo que reduce de manera significativa los tiempos de análisis. Sinergias y proyección regional Un elemento central del proyecto es la sinergia entre el INACH y la Comisión Chilena de Energía Nuclear (CCHEN), además de laboratorios universitarios especializados en toxicología marina y espectroscopía. Al respecto, Rondón detalla que el LDIR mide de 20 a 300 micras en microplásticos, mientras que la CCHEN tiene otros dos equipos, que es el Raman , que lee de 1 a 20, y tiene el FTIR que mide de 300 micras a 5 milímetros. Y ese es todo el rango de microplásticos. Con esta sinergia somos uno de los pocos países, bajo la iniciativa NUTEC Plastics , que podemos analizar los microplásticos, que en este caso serán los de la Antártica, añade. En paralelo, se avanza en un proyecto regional complementario que coordina zonas de muestreo, organismos y matrices bióticas a analizar, con el objetivo de obtener resultados comparables y útiles para la toma de decisiones en la región. A mediano plazo, se espera que la capacidad instalada permita que el país se consolide como laboratorio de referencia en microplásticos antárticos y apoye a otras naciones latinoamericanas con presencia en la región, como Perú, Ecuador y Colombia, en el análisis coordinado de muestras y la generación de diagnósticos regionales sobre contaminación por microplásticos en el Continente Blanco. El INACH es un organismo técnico del Ministerio de Relaciones Exteriores con plena autonomía en todo lo relacionado con asuntos antárticos de carácter científico, tecnológico y de difusión. El INACH cumple con la Política Antártica Nacional incentivando el desarrollo de la investigación de excelencia, participando efectivamente en el Sistema del Tratado Antártico y foros relacionados, fortaleciendo a Magallanes como puerta de entrada al Continente Blanco y realizando acciones de divulgación del conocimiento antártico en la ciudadanía. El INACH organiza el Programa Nacional de Ciencia Antártica (PROCIEN).
Un equipo de investigadoras de la Universidad de Cádiz identificó por primera vez la presencia de microplásticos en playas de la Antártica, específicamente en la isla Decepción. El estudio detectó partículas en las diez playas analizadas, marcando un precedente en el monitoreo ambiental de este territorio considerado prístino. La investigación estableció que las concentraciones fluctuaron entre 2 y 31 partículas por kilogramo de arena, permitiendo generar una línea base para futuras mediciones. El trabajo fue publicado en la revista científica Marine Pollution Bulletin, aportando evidencia concreta sobre la presencia de contaminación en la zona. Según detallaron las investigadoras, la mayoría de los microplásticos encontrados corresponden a fragmentos derivados de la degradación de plásticos mayores, sin detectarse pellets industriales. Entre los materiales identificados destacan el polietileno (PE) y el policloruro de vinilo (PVC), comúnmente utilizados en envases, bolsas, tuberías y cables. El estudio advierte que, pese a la percepción de la Antártica como un entorno prácticamente intacto, factores como la actividad científica, el turismo, la pesca y el transporte oceánico desde otras latitudes pueden contribuir a la llegada de estos contaminantes. Este hallazgo constituye la primera evidencia científica de microplásticos en sedimentos intermareales de la isla Decepción y servirá como base para futuras investigaciones. Los próximos pasos consideran comparar estos datos con nuevas muestras y avanzar en monitoreos periódicos para evaluar la evolución de este fenómeno.
Desde diciembre de 2025, un equipo de investigadoras chilenas desarrolla un estudio que busca comprender el impacto de los microplásticos en peces antárticos, en uno de los ecosistemas más prístinos y vulnerables del planeta. El estudio se realiza en el contexto del aumento de la presencia humana y de contaminantes plásticos en regiones remotas, donde sus efectos aún son pocos conocidos. El trabajo se enfoca en evaluar los efectos biológicos de esta forma de contaminación en especies del océano austral. La investigación cuenta con la participación de la Universidad Arturo Prat (UNAP), el Instituto Antártico Chileno (INACH) y la Comisión Chilena de Energía Nuclear (CCHEN). Microplásticos como amenaza emergente El estudio pone el foco en los microplásticos , denominados como fragmentos menores a cinco milímetros que provienen de la degradación de productos de uso cotidiano. Estos contaminantes llegan a la Antártica a través del viento, ríos y las corrientes oceánicas. El equipo científico está integrado por la Dra. Gabriela Aguirre, académica de la Facultad de Ciencias de la Salud de la UNAP, y la Dra. Lisette Zenteno, investigadora de la CCHEN, con colaboración científica de INACH. «Estos materiales son ingeridos por peces, aves y mamíferos marinos, que los confunden con alimento», explica la Dra. Aguirre. «Al hacerlo, acumulan sustancias tóxicas que pueden afectar su salud, la de toda la cadena alimentaria y, a largo plazo, incluso la composición química del agua y del hielo». La investigadora explica que estos peces son fundamentales para la cadena alimentaria antártica, por lo que analizar la presencia de microplásticos en ellos es un aporte para la ciencia. Como sirven de alimento para aves, focas y pingüinos, cualquier daño en su salud puede afectar a todo el ecosistema. Como parte del proyecto, las investigadoras se trasladaron a Punta Arenas, donde desarrollaron experimentos controlados en los acuarios del INACH. Allí evaluaron la exposición de peces antárticos a microplásticos bajo condiciones monitoreadas. Análisis biológico y proyección científica Actualmente, el equipo se encuentra en la etapa de análisis. Las investigadoras evalúan cambios en tejidos, microbiota intestinal y expresión génica de los peces expuestos. Los resultados permitirán comprender mejor cómo la contaminación plástica puede alterar el equilibrio del océano austral. El estudio busca aportar evidencia científica para la protección de ecosistemas antárticos frente a amenazas globales. Fuente: cooperativaciencia.cl
El investigador del Instituto Antártico Chileno (INACH), Rodolfo Rondón, realizó una pasantía de dos meses en el Laboratorio de Medio Ambiente Marino del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), en Mónaco, instancia clave para fortalecer las capacidades de Chile en el estudio de microplásticos en la Antártica. La estadía formó parte de un proyecto de cooperación técnica entre el Gobierno de Chile, a través del Ministerio de Relaciones Exteriores, y el organismo internacional, que busca desarrollar y armonizar métodos avanzados para detectar y cuantificar estas partículas en distintos ecosistemas del Continente Blanco. Esta oportunidad de viajar a Mónaco surge de un memorándum de entendimiento entre Chile y la OIEA para aplicar técnicas dedicadas al estudio de la contaminación por microplásticos. Bajo este marco se aprobó un proyecto nacional de cooperación técnica que contempla el análisis de este material en microplásticos en agua, nieve y biota antártica, con énfasis en organismos clave de la red trófica como el kril. Con esto, el objetivo es instalar capacidades que permitan realizar estudios finos de estas partículas en el país y posicionar a Chile como laboratorio de referencia a nivel regional. Formación en el laboratorio del OIEA Durante su estadía en el Laboratorio de Medio Ambiente Marino del OIEA, el científico trabajó en la cadena completa de análisis, desde la recepción y preparación de las muestras hasta su procesamiento en equipos de espectroscopía, en un entorno con estrictos controles para evitar la contaminación entre materiales. Sobre esta experiencia, Rondón comenta que quedó gratamente sorprendido de cómo funciona todo el laboratorio desde el comienzo hasta el final del tratamiento de las muestras. Todo el control que se lleva para que estas muestras no sean contaminadas hasta el momento en que se van a usar las máquinas para detectar y cuantificar microplásticos. Esta instancia incluyó la incorporación de un método armonizado y estandarizado para la detección de microplásticos en agua, desarrollado en el laboratorio del OIEA. A ello se suma el diseño de un protocolo específico para detectar este material en nieve, lo que permite ampliar el monitoreo a matrices físicas clave del ambiente antártico. Uno de los principales aprendizajes, puntualiza el investigador, estuvo en los organismos vivos: lo que más aprendí fue cómo estandarizar protocolos o armonizar protocolos para detectar microplásticos en la biota, que en este caso fue el kril, pero perfectamente se puede hacer en cualquier otro tipo de organismo para armonizar un protocolo. Del kril a la detección de microplásticos Para el trabajo con kril, las muestras pasan primero por un proceso de conservación y preparación que incluye congelación y, en el caso de su traslado a Mónaco, liofilización para secarlas en frío sin alterar los microplásticos presentes. Estas muestras las congelamos hasta que podamos procesarlas, lo ideal es mientras están congeladas porque es más fácil quitar el caparazón, pero como no es el caso cuando las llevamos para Mónaco, tuvimos que liofilizarlas, que es secarlas en frío, detalla Rondón. A continuación, los ejemplares son sometidos a una serie de digestiones químicas y enzimáticas para eliminar tejido y restos de caparazón sin perder los microplásticos. En este proceso, comenta, lo más difícil de toda la estandarización de la metodología es que la digestión no es tan sencilla, si quedan o no remanentes de tejido, o si quedan remanentes de caparazón y eso evita la lectura en el equipo, por lo que debieron probar distintas combinaciones de tiempos y reactivos hasta lograr un protocolo estable. Tras la digestión, las muestras se filtran en filtros de oro, paso crítico para que puedan ser leídas por el LDIR (Laser Direct Infrared), equipo de la compañía Agilent que automatiza gran parte del análisis. El LIDR es un pequeño aparato que es de la dimensión de una impresora, este lo detecta, lo cuantifica, lo caracteriza en cuanto a tamaño, peso, forma y el polímero, que es la parte más interesante, que nos dice si es polipropileno, si es polietileno, si es poliestireno, describe el investigador. Según Rondón, los protocolos desarrollados en conjunto con el OIEA buscan que sean microplásticos de 20 a 300 micros y que sea visible en los equipos como el LDIR, cubriendo así un rango específico de partículas. El científico destaca que esta tecnología automatiza todo el procedimiento y que lo que se haría en una semana o dos semanas, incluso en un mes, se pueda hacer en unas cuantas horas, lo que reduce de manera significativa los tiempos de análisis. Sinergias y proyección regional Un elemento central del proyecto es la sinergia entre el INACH y la Comisión Chilena de Energía Nuclear (CCHEN), además de laboratorios universitarios especializados en toxicología marina y espectroscopía. Al respecto, Rondón detalla que el LDIR mide de 20 a 300 micras en microplásticos, mientras que la CCHEN tiene otros dos equipos, que es el Raman , que lee de 1 a 20, y tiene el FTIR que mide de 300 micras a 5 milímetros. Y ese es todo el rango de microplásticos. Con esta sinergia somos uno de los pocos países, bajo la iniciativa NUTEC Plastics , que podemos analizar los microplásticos, que en este caso serán los de la Antártica, añade. En paralelo, se avanza en un proyecto regional complementario que coordina zonas de muestreo, organismos y matrices bióticas a analizar, con el objetivo de obtener resultados comparables y útiles para la toma de decisiones en la región. A mediano plazo, se espera que la capacidad instalada permita que el país se consolide como laboratorio de referencia en microplásticos antárticos y apoye a otras naciones latinoamericanas con presencia en la región, como Perú, Ecuador y Colombia, en el análisis coordinado de muestras y la generación de diagnósticos regionales sobre contaminación por microplásticos en el Continente Blanco. El INACH es un organismo técnico del Ministerio de Relaciones Exteriores con plena autonomía en todo lo relacionado con asuntos antárticos de carácter científico, tecnológico y de difusión. El INACH cumple con la Política Antártica Nacional incentivando el desarrollo de la investigación de excelencia, participando efectivamente en el Sistema del Tratado Antártico y foros relacionados, fortaleciendo a Magallanes como puerta de entrada al Continente Blanco y realizando acciones de divulgación del conocimiento antártico en la ciudadanía. El INACH organiza el Programa Nacional de Ciencia Antártica (PROCIEN).