Con el inicio del año escolar a la vuelta de la esquina, las familias afinan los últimos detalles en la compra de útiles y uniformes. Sin embargo, más allá de la lista escolar, existen decisiones que pueden impactar directamente en la salud de niños y adolescentes, como es la elección de zapatos y mochilas. Según explicó la doctora Françoise Descazeaux, traumatóloga infantil de Clínica MEDS, hay prácticas habituales que pueden generar consecuencias durante estas elecciones previo al inicio al año escolar, como comprar calzado de mayor talla con la intención de prolongar su uso. “El tema del zapato crecedor es que, al quedarle suelto el zapato a los niños, esto genera mayor inestabilidad porque, finalmente, el niño va caminando en algo que le queda grande, por lo tanto su pie baila dentro del zapato. El niño trata con su pie y sus dedos de agarrarse al zapato, entonces empieza a haber una sobreactivación y sobreuso de la musculatura intrínseca del pie, y esto obviamente después puede generar dolor y cansancio al fin de la jornada”, explicó. Además, advirtió que el calzado demasiado holgado afecta la propiocepción, que es la percepción de la ubicación del cuerpo en el espacio, y que aumenta el riesgo de accidentes. “Cuando van a subir una escalera van a calcular mal y es más factible que se tropiecen o se caigan”, señaló. En este sentido, la especialista enfatizó que “antes se pensaba que el zapato formaba el pie, que debía tener arco incorporado y ser firme. Hoy la tendencia ha ido cambiando hacia usar zapatos mucho más respetuosos con el pie, para que siga su evolución natural y sea fuerte por sí mismo”. Entre las características más importantes al momento de elegirlos, mencionó que “para mí, la punta ancha es clave”, subrayó, ya que evita que los dedos se compriman y se monten entre sí, lo que podría favorecer deformidades a largo plazo, como el hallux valgus o juanete. También recomendó flexibilidad, especialmente en la parte anterior de la suela. “Muchos zapatos tienen la suela muy gruesa o muy dura y no permiten ninguna movilidad del pie”, comentó. En esa línea, sugirió evitar cañas rígidas. “Puede ser hasta contraproducente, porque limita la movilidad del tobillo, que es clave para adaptarse al terreno y mantener el equilibrio”, explicó. Otro aspecto que se debe considerar es el llamado “drop”, es decir, la diferencia de altura entre el talón y la punta. “Ojalá no sea tan marcado, porque pueden empezar a generarse acortamientos del tendón de Aquiles”, advirtió la profesional. En cuanto al contrafuerte —la parte posterior del zapato que rodea el talón—, recomendó que sea blando en niños pequeños y evitar modelos excesivamente rígidos, ya que “pueden incluso generar heridas o lesiones en el talón”. La doctora Descazeaux también abordó el uso de plantillas, aclarando que ya no se indican de manera preventiva como ocurría en el pasado. “Las plantillas tienen sobre todo un rol en la sintomatología de patologías del pie. Si tenemos un niño con pie plano y no le duele, ese niño no tiene indicación de plantillas”, afirma. Y añadió que “si ese mismo niño tiene dolor, sí se va a beneficiar del uso de plantilla, pero porque estamos tratando el síntoma y no porque queramos que se forme el arco plantar”. Con respecto a la elección de la mochila, la traumatóloga infantil de Clínica MEDS aseguró que “la recomendación es que tenga dos tirantes, es decir, evitar bolsos que van solo en un hombro porque tener dos tiras nos permite repartir de forma más equilibrada el peso en la espalda. Ojalá que sean anchas y reforzadas, algunas incluso son acolchadas y eso las hace más ergonómicas. También es bueno que tengan respaldo acolchado y varios compartimentos para repartir mejor el peso y que no vaya todo hacia un lado”. “Otra recomendación importante es la cantidad de peso que le vamos a poner a esa mochila. La recomendación es el 10% del peso del niño. Se puede llevar hasta un 15%, pero lo ideal es no más del 10%”, agregó. Finalmente, la especialista llama a estar atentos a posibles signos de escoliosis, especialmente en la adolescencia. “La mayoría de las escoliosis ocurren en esta etapa”, afirmó. Entre las señales que pueden observar los padres mencionó “un hombro más alto que el otro, asimetrías en la cintura o en la pelvis”.
La Municipalidad de Punta Arenas comenzó este viernes la entrega de kits para los mil niños y niñas inscritos en el Chapuzón Kids 2026, actividad que se realizará mañana sábado 14 de febrero en el sector contiguo a las letras de Punta Arenas, de la Avenida Costanera del Estrecho. El encargado de Eventos Municipales, Javier Biskupovic, informó que durante la jornada ya se inició el retiro de morrales y poleras, proceso que continuará mañana entre las 11:00 y las 13:00 horas para quienes aún no hayan acudido. Completamos los mil cupos y estamos muy contentos por ello. A contar de las 14:00 horas comenzará la animación con música en vivo y cerca de las 14:45 horas se realizará el ingreso al sector de playa, donde ya está todo dispuesto, explicó. Desde la organización detallaron que el perímetro quedará completamente delimitado durante la tarde de hoy y que el evento contará con el apoyo de la Policía Marítima, guardias de seguridad, tres ambulancias de la Asociación Chilena de Seguridad (ACHS) y una unidad de rescate del Cuerpo de Bomberos, como parte del plan preventivo dispuesto para la jornada. En tanto, Trinidad Amézaga, jefa de tienda de Blumar, destacó que por tercer año consecutivo la empresa regional respalda la iniciativa, entregando mil kits consistentes en morral y polera para los participantes. Al momento de la inscripción se generó un código QR, que el adulto responsable debe presentar en el punto habilitado en la Costanera para retirar la mochila y la polera, pudiendo elegir la talla disponible. Además, mañana estaremos presentes con nuestro toldo y tendremos una colación sorpresa para los niños que participen, señaló. La Municipalidad informó que los cortes de tránsito en Avenida Costanera, entre Colón y Paraguaya, se extenderán aproximadamente entre las 13:00 y las 18:00 horas, por lo que se recomienda a las familias acudir con anticipación y considerar estacionamientos en sectores cercanos. Asimismo, se reiteró el llamado a que los niños asistan con calzado adecuado para ingresar al agua y acompañados de su adulto responsable debidamente identificado. Desde la administración comunal señalaron que durante los últimos días se realizó un operativo de limpieza en la playa y que mañana se efectuará un nuevo repaso, con el objetivo de garantizar las mejores condiciones posibles para el desarrollo de esta actividad familiar.
El día miércoles 11 se realizó, en el Edificio de Laboratorios del INACH, una actividad en el marco del Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia 2026. La jornada invitó a estudiantes de entre 12 y 17 años a conocer el aporte de las científicas que investigan el Continente Blanco y a reflexionar sobre la importancia de la equidad de género en la generación de conocimiento. El evento inició con el saludo de Claudio Salas, Director (S) del INACH, quien felicitó a las y los presentes y agradeció la asistencia. En 2015, la Asamblea General de las Naciones Unidas decretó este día para empoderar a la mujer y a la niña en la ciencia y, en ese sentido, ir acortando las brechas. Como Instituto estamos muy orgullosos de que sean parte y portavoces de la ciencia antártica , comentó. Espacios de diálogo La instancia, organizada por el Instituto Antártico Chileno (INACH), en colaboración con la SEREMI de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación de la región de Magallanes y de la Antártica Chilena, y la Fundación Teraike, buscó generar un espacio creativo que permitiera promover la identificación con modelos de rol femeninos. La iniciativa refuerza la idea de que el conocimiento científico no tiene género y que la innovación se fortalece al visibilizar diversas trayectorias, miradas y experiencias. La seremi de Ciencia, Verónica Vallejos, quien también ofició como presentadora, destacó la relevancia de la jornada, comentando que desarrollar este tipo de iniciativas permite acercar el trabajo que realizan muchas mujeres en el territorio, gran parte de ellas jóvenes, visibilizarlas e incentivar a niñas, niños y adolescentes para sigan una carrera de investigación. Estas instancias, en las que investigadoras pueden además conversar directamente con las y los chicos, son muy valiosas, por lo que les insto a que puedan ser realizadas de forma constante, no solo en torno al 11 de febrero de cada año. Vocaciones y futuro antártico Constanza Jiménez, encargada de Educación del INACH y responsable de la primera ponencia, enfatizó la necesidad de que las nuevas generaciones se desempeñen en espacios seguros. Vimos a distintas investigadoras mostrar su quehacer y a las juventudes interesadas en el tema. El taller también se abrió para estudiantes de género masculino, con la idea de que comprendan que estas brechas de género no deberían existir, expuso. La actividad contó con cinco exposiciones de destacadas investigadoras entre las que estaban: Constanza Jiménes, bióloga marina y encargada del Área de educación del INACH; Magdalena Márquez, bióloga marina y profesional del Programa de Áreas Marinas Protegidas del INACH, junto a María Catalina Cartagena, practicante del Departamento Científico; Magdalena Osorio Aliaga, investigadora doctoral de la Universidad de Chile e Instituto Milenio Base; Cristine Trevisan y Leslie Manríquez, profesionales del Departamento Científico del INACH; y Gisela Cáceres, estudiante de bioquímica y practicante del mismo departamento. Es importante destacar que este evento brindó un espacio a estudiantes en práctica de la institución para presentar sus trabajos, lo que buscó incentivar a las y los jóvenes a investigar en temas polares desde la educación media, invitándoles a participar en la próxima Feria Antártica Escolar (FAE) que ofrece la oportunidad de viajar al Continente Blanco, así como a sumarse a las distintas iniciativas del PAR Explora Magallanes, que promueven la curiosidad científica, el pensamiento crítico y la vinculación temprana con la investigación en la región. Josefa Monsalve, estudiante de enseñanza media, valoró la importancia de estas iniciativas para incentivar a más jóvenes a conocer y participar del mundo de la ciencia. Por su parte, Catherine Rubilar, tesista en Paleobotánica, comentó: Cuando estaba en el colegio nunca me enteré de actividades así; que hoy las y los estudiantes de distintos establecimientos puedan aprovecharlas me parece genial. La jornada, que reunió a 28 personas incluyendo algunos apoderados, finalizó con exposiciones grupales sobre hallazgos paleontológicos y una visita a observar los acuarios antárticos del laboratorio de biología marina, donde las y los asistentes pudieron reconocerse como protagonistas de la ciencia nacional del futuro. El Instituto Antártico Chileno (INACH) es un organismo técnico del Ministerio de Relaciones Exteriores con plena autonomía en todo lo relacionado con asuntos antárticos de carácter científico, tecnológico y de difusión. El INACH cumple con la Política Antártica Nacional incentivando el desarrollo de la investigación de excelencia, participando efectivamente en el Sistema del Tratado Antártico y foros relacionados, fortaleciendo a Magallanes como puerta de entrada al Continente Blanco y realizando acciones de divulgación del conocimiento antártico en la ciudadanía. El INACH organiza el Programa Nacional de Ciencia Antártica (PROCIEN).
“La mujer, con iguales dotes intelectuales que el hombre, ha vivido como planta exótica, guardada por un fanal que le impedía exhalar su perfume, que es su genio”. Esta fue parte de una declaración publicada en el periódico chileno La Mujer, dirigido por Lucrecia Undurraga, en junio de 1877. Recién se había aprobado el Decreto Amunátegui que dio derecho a las mujeres a ser admitidas en la universidad y cada vez cobraban más fuerza las voces que hablaban de la importancia de ofrecer a las niñas una educación científica. Si aún hoy estimular a las mujeres a dedicarse al ámbito de las ciencias y la tecnología (STEM) constituye un desafío, por entonces, se trataba casi de una utopía. Pero eso no desanimó a mujeres como Lucrecia Undurraga y otras tantas intelectuales y profesoras que, con convicción, se abocaron a este sueño. Hoy, a casi doscientos años de ello y en el contexto del Día de la Mujer y de la Niña en la Ciencia que se conmemora cada 11 de febrero, vale la pena rendir un homenaje a esas pioneras que se esforzaron por hacer de la ciencia, también, un campo femenino. El contexto no les presentaba un desafío simple. En el Chile del siglo XIX, el acceso de las mujeres al conocimiento se limitaba por los roles sociales que se esperaban de ellas como madres y esposas, por lo que su formación se concebía como un complemento moral o doméstico. Sin embargo, un grupo de intelectuales chilenas sabía que las niñas y jóvenes tenían capacidades para el aprendizaje académico y que eso les abriría puertas en otros ámbitos donde desplegar su potencial y aportar a la sociedad. Así, asumieron un rol decisivo: divulgar el conocimiento científico y defender públicamente la necesidad de una instrucción femenina científica y humanista. Desde la prensa, la copiapina Rosario Orrego fue una figura central en este proceso. Como directora de la Revista de Valparaíso, promovió la publicación de textos científicos que acercaran el saber a sus lectoras. Su labor legitimó la escritura femenina en el espacio público y contribuyó a instalar la idea sobre las capacidades intelectuales de las mujeres no sólo para comprender, sino también para producir conocimiento. Junto a ella, Lucrecia Undurraga, directora de La Mujer, y las profesoras Eduvigis Casanova y Antonia Tarragó sostuvieron con fuerza que la educación científica no era un capricho, sino una condición para el progreso individual y social. Así, desde diversos frentes, como el periodístico y el pedagógico, empujaron un debate que preparó el terreno para transformaciones más profundas, que se materializaron en las últimas dos décadas del siglo XIX, con las primeras profesionales de la ciencia en Chile: la santiaguina Eloísa Díaz y la porteña Ernestina Pérez se convirtieron en las primeras egresadas de Medicina en América Latina, vinculando el conocimiento científico con la salud pública , mientras la copiapina María Griselda Hinojosa fue pionera al titularse en Química y Farmacia. Sus historias no constituyen casos aislados, sino la expresión de un proceso de transformación complejo y significativo, tejido gracias a la iniciativa mancomunada de mujeres decididas y visionarias. La participación femenina en la ciencia no es una concesión reciente ni una moda contemporánea, sino el resultado de una lucha intelectual y cultural sostenida en el tiempo, protagonizada por quienes se atrevieron a desafiar los límites de su época. Hoy, cada niña y joven que se aproxima al mundo científico lo hace sobre huellas ya trazadas. Reconocerlas no es solo un ejercicio de memoria, sino también una invitación a proyectar el propio camino con la conciencia de que toda conquista abre, a su vez, nuevas posibilidades para quienes vendrán después.
Descubrir y asombrarse ante el mundo es, quizás, uno de los rasgos más primordiales con los que nacemos. Esa curiosidad innata nos prepara para comprender nuestro entorno, permitiéndonos entender nuestro lugar en él y sobrevivir. Este impulso profundo es la fuente de extender sin límites las ansias de conocer, y probablemente es lo que dio origen a la ciencia y al conocimiento. Sin embargo, la curiosidad por sí sola no basta: la ciencia no comienza únicamente con el deseo de saber, sino con el acceso a las condiciones que permiten desarrollarla. Hoy, la ciencia cumple un rol tan importante en el desarrollo de la sociedad que resulta difícil imaginar nuestra vida sin ella. Atraviesa nuestras decisiones cotidianas, orienta el progreso y nos entrega herramientas fundamentales para comprender y enfrentar los desafíos del mundo actual. A pesar de ello, el acceso a la ciencia, y a las trayectorias que conducen a ella, no ha sido históricamente igual para mujeres y hombres. De niña, las preguntas sobre la naturaleza eran parte habitual de mi día a día, sin que entonces pudiera imaginar hacia dónde me llevarían. Con un padre físico y una madre artista, tuve la posibilidad de explorar intereses diversos. Fueron esas vivencias las que, con el tiempo, despertaron mi interés por la ciencia. Sin embargo, mi experiencia dista mucho de la realidad de la mayoría de las niñas y de las mujeres. Partiendo por el hecho de que la desigualdad de género en el acceso a la educación sigue siendo un fenómeno extendido a nivel global: casi una de cada cuatro chicas de entre 15 y 19 años no estudia, no trabaja ni recibe capacitación, en comparación con uno de cada diez chicos de la misma edad (UNICEF). Estas brechas tempranas tienen consecuencias directas en las oportunidades de acceso a la ciencia y no desaparecen con el tiempo; por el contrario, persisten y se reproducen a lo largo de las trayectorias científicas, llegando a influir incluso en las posiciones de liderazgo y en la producción del conocimiento (Foro Económico Mundial, 2024). Estas desigualdades globales también se expresan en el contexto nacional. Si bien en Chile se han registrado algunos avances en materia de género, situando al país en una mejor posición relativa respecto de otros países de Latinoamérica, en los ámbitos de la ciencia y la tecnología estas brechas siguen siendo profundas. Durante el año 2022, sólo el 7,8 % de las mujeres se titularon de carreras en áreas STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas), posicionando a Chile entre los países con el porcentaje más bajo dentro de la OCDE (OCDE, 2023). De hecho, a medida que se avanza en la trayectoria científica, la proporción de mujeres disminuye en magíster y doctorado, y sólo cerca del 34 % de las doctoras realiza investigación en instituciones de educación superior. Estas brechas no sólo limitan trayectorias individuales, sino que también restringen la diversidad de miradas desde las cuales se construye el conocimiento científico. Cuando las trayectorias científicas se ven interrumpidas o limitadas para las mujeres, se reduce la pluralidad de experiencias, saberes y perspectivas que nutren el conocimiento. El resultado no es sólo una ciencia menos equitativa, sino también una ciencia menos completa, menos situada y con menor capacidad para responder a problemáticas sociales y ambientales complejas. En ámbitos como la conservación de la naturaleza, las mujeres, especialmente en comunidades indígenas y rurales, han desempeñado históricamente un rol central en el cuidado y la gestión de los territorios. Sin embargo, estos conocimientos rara vez se traducen en liderazgo, poder de decisión o acceso a financiamiento. Reconocer y fortalecer la participación de las mujeres en la ciencia y en la conservación no es sólo una cuestión de justicia social, sino una condición clave para construir respuestas más integrales, arraigadas en el bienestar comunitario y orientadas a las generaciones futuras. Frente a este escenario, la existencia de referentes femeninos en espacios de liderazgo resulta clave. Personalmente, contar con mujeres referentes en la ciencia y en la conservación fue determinante para imaginarme a mí misma recorriendo este camino. No se trató sólo de inspiración, sino de la posibilidad concreta de verse reflejada en otras, de entender que la ciencia y el liderazgo también podían ser un lugar propio. Cuando las mujeres no están visibles, muchas trayectorias ni siquiera alcanzan a imaginarse. Por eso, fortalecer liderazgos femeninos no es un gesto simbólico, sino una forma de abrir caminos, sostener nuevas generaciones y garantizar que la ciencia refleje todas las voces. Porque al final, “lo que haces marca una diferencia, y tienes que decidir qué tipo de diferencia quieres hacer” (Jane Goodall).
Con el inicio del año escolar a la vuelta de la esquina, las familias afinan los últimos detalles en la compra de útiles y uniformes. Sin embargo, más allá de la lista escolar, existen decisiones que pueden impactar directamente en la salud de niños y adolescentes, como es la elección de zapatos y mochilas. Según explicó la doctora Françoise Descazeaux, traumatóloga infantil de Clínica MEDS, hay prácticas habituales que pueden generar consecuencias durante estas elecciones previo al inicio al año escolar, como comprar calzado de mayor talla con la intención de prolongar su uso. “El tema del zapato crecedor es que, al quedarle suelto el zapato a los niños, esto genera mayor inestabilidad porque, finalmente, el niño va caminando en algo que le queda grande, por lo tanto su pie baila dentro del zapato. El niño trata con su pie y sus dedos de agarrarse al zapato, entonces empieza a haber una sobreactivación y sobreuso de la musculatura intrínseca del pie, y esto obviamente después puede generar dolor y cansancio al fin de la jornada”, explicó. Además, advirtió que el calzado demasiado holgado afecta la propiocepción, que es la percepción de la ubicación del cuerpo en el espacio, y que aumenta el riesgo de accidentes. “Cuando van a subir una escalera van a calcular mal y es más factible que se tropiecen o se caigan”, señaló. En este sentido, la especialista enfatizó que “antes se pensaba que el zapato formaba el pie, que debía tener arco incorporado y ser firme. Hoy la tendencia ha ido cambiando hacia usar zapatos mucho más respetuosos con el pie, para que siga su evolución natural y sea fuerte por sí mismo”. Entre las características más importantes al momento de elegirlos, mencionó que “para mí, la punta ancha es clave”, subrayó, ya que evita que los dedos se compriman y se monten entre sí, lo que podría favorecer deformidades a largo plazo, como el hallux valgus o juanete. También recomendó flexibilidad, especialmente en la parte anterior de la suela. “Muchos zapatos tienen la suela muy gruesa o muy dura y no permiten ninguna movilidad del pie”, comentó. En esa línea, sugirió evitar cañas rígidas. “Puede ser hasta contraproducente, porque limita la movilidad del tobillo, que es clave para adaptarse al terreno y mantener el equilibrio”, explicó. Otro aspecto que se debe considerar es el llamado “drop”, es decir, la diferencia de altura entre el talón y la punta. “Ojalá no sea tan marcado, porque pueden empezar a generarse acortamientos del tendón de Aquiles”, advirtió la profesional. En cuanto al contrafuerte —la parte posterior del zapato que rodea el talón—, recomendó que sea blando en niños pequeños y evitar modelos excesivamente rígidos, ya que “pueden incluso generar heridas o lesiones en el talón”. La doctora Descazeaux también abordó el uso de plantillas, aclarando que ya no se indican de manera preventiva como ocurría en el pasado. “Las plantillas tienen sobre todo un rol en la sintomatología de patologías del pie. Si tenemos un niño con pie plano y no le duele, ese niño no tiene indicación de plantillas”, afirma. Y añadió que “si ese mismo niño tiene dolor, sí se va a beneficiar del uso de plantilla, pero porque estamos tratando el síntoma y no porque queramos que se forme el arco plantar”. Con respecto a la elección de la mochila, la traumatóloga infantil de Clínica MEDS aseguró que “la recomendación es que tenga dos tirantes, es decir, evitar bolsos que van solo en un hombro porque tener dos tiras nos permite repartir de forma más equilibrada el peso en la espalda. Ojalá que sean anchas y reforzadas, algunas incluso son acolchadas y eso las hace más ergonómicas. También es bueno que tengan respaldo acolchado y varios compartimentos para repartir mejor el peso y que no vaya todo hacia un lado”. “Otra recomendación importante es la cantidad de peso que le vamos a poner a esa mochila. La recomendación es el 10% del peso del niño. Se puede llevar hasta un 15%, pero lo ideal es no más del 10%”, agregó. Finalmente, la especialista llama a estar atentos a posibles signos de escoliosis, especialmente en la adolescencia. “La mayoría de las escoliosis ocurren en esta etapa”, afirmó. Entre las señales que pueden observar los padres mencionó “un hombro más alto que el otro, asimetrías en la cintura o en la pelvis”.
La Municipalidad de Punta Arenas comenzó este viernes la entrega de kits para los mil niños y niñas inscritos en el Chapuzón Kids 2026, actividad que se realizará mañana sábado 14 de febrero en el sector contiguo a las letras de Punta Arenas, de la Avenida Costanera del Estrecho. El encargado de Eventos Municipales, Javier Biskupovic, informó que durante la jornada ya se inició el retiro de morrales y poleras, proceso que continuará mañana entre las 11:00 y las 13:00 horas para quienes aún no hayan acudido. Completamos los mil cupos y estamos muy contentos por ello. A contar de las 14:00 horas comenzará la animación con música en vivo y cerca de las 14:45 horas se realizará el ingreso al sector de playa, donde ya está todo dispuesto, explicó. Desde la organización detallaron que el perímetro quedará completamente delimitado durante la tarde de hoy y que el evento contará con el apoyo de la Policía Marítima, guardias de seguridad, tres ambulancias de la Asociación Chilena de Seguridad (ACHS) y una unidad de rescate del Cuerpo de Bomberos, como parte del plan preventivo dispuesto para la jornada. En tanto, Trinidad Amézaga, jefa de tienda de Blumar, destacó que por tercer año consecutivo la empresa regional respalda la iniciativa, entregando mil kits consistentes en morral y polera para los participantes. Al momento de la inscripción se generó un código QR, que el adulto responsable debe presentar en el punto habilitado en la Costanera para retirar la mochila y la polera, pudiendo elegir la talla disponible. Además, mañana estaremos presentes con nuestro toldo y tendremos una colación sorpresa para los niños que participen, señaló. La Municipalidad informó que los cortes de tránsito en Avenida Costanera, entre Colón y Paraguaya, se extenderán aproximadamente entre las 13:00 y las 18:00 horas, por lo que se recomienda a las familias acudir con anticipación y considerar estacionamientos en sectores cercanos. Asimismo, se reiteró el llamado a que los niños asistan con calzado adecuado para ingresar al agua y acompañados de su adulto responsable debidamente identificado. Desde la administración comunal señalaron que durante los últimos días se realizó un operativo de limpieza en la playa y que mañana se efectuará un nuevo repaso, con el objetivo de garantizar las mejores condiciones posibles para el desarrollo de esta actividad familiar.
El día miércoles 11 se realizó, en el Edificio de Laboratorios del INACH, una actividad en el marco del Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia 2026. La jornada invitó a estudiantes de entre 12 y 17 años a conocer el aporte de las científicas que investigan el Continente Blanco y a reflexionar sobre la importancia de la equidad de género en la generación de conocimiento. El evento inició con el saludo de Claudio Salas, Director (S) del INACH, quien felicitó a las y los presentes y agradeció la asistencia. En 2015, la Asamblea General de las Naciones Unidas decretó este día para empoderar a la mujer y a la niña en la ciencia y, en ese sentido, ir acortando las brechas. Como Instituto estamos muy orgullosos de que sean parte y portavoces de la ciencia antártica , comentó. Espacios de diálogo La instancia, organizada por el Instituto Antártico Chileno (INACH), en colaboración con la SEREMI de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación de la región de Magallanes y de la Antártica Chilena, y la Fundación Teraike, buscó generar un espacio creativo que permitiera promover la identificación con modelos de rol femeninos. La iniciativa refuerza la idea de que el conocimiento científico no tiene género y que la innovación se fortalece al visibilizar diversas trayectorias, miradas y experiencias. La seremi de Ciencia, Verónica Vallejos, quien también ofició como presentadora, destacó la relevancia de la jornada, comentando que desarrollar este tipo de iniciativas permite acercar el trabajo que realizan muchas mujeres en el territorio, gran parte de ellas jóvenes, visibilizarlas e incentivar a niñas, niños y adolescentes para sigan una carrera de investigación. Estas instancias, en las que investigadoras pueden además conversar directamente con las y los chicos, son muy valiosas, por lo que les insto a que puedan ser realizadas de forma constante, no solo en torno al 11 de febrero de cada año. Vocaciones y futuro antártico Constanza Jiménez, encargada de Educación del INACH y responsable de la primera ponencia, enfatizó la necesidad de que las nuevas generaciones se desempeñen en espacios seguros. Vimos a distintas investigadoras mostrar su quehacer y a las juventudes interesadas en el tema. El taller también se abrió para estudiantes de género masculino, con la idea de que comprendan que estas brechas de género no deberían existir, expuso. La actividad contó con cinco exposiciones de destacadas investigadoras entre las que estaban: Constanza Jiménes, bióloga marina y encargada del Área de educación del INACH; Magdalena Márquez, bióloga marina y profesional del Programa de Áreas Marinas Protegidas del INACH, junto a María Catalina Cartagena, practicante del Departamento Científico; Magdalena Osorio Aliaga, investigadora doctoral de la Universidad de Chile e Instituto Milenio Base; Cristine Trevisan y Leslie Manríquez, profesionales del Departamento Científico del INACH; y Gisela Cáceres, estudiante de bioquímica y practicante del mismo departamento. Es importante destacar que este evento brindó un espacio a estudiantes en práctica de la institución para presentar sus trabajos, lo que buscó incentivar a las y los jóvenes a investigar en temas polares desde la educación media, invitándoles a participar en la próxima Feria Antártica Escolar (FAE) que ofrece la oportunidad de viajar al Continente Blanco, así como a sumarse a las distintas iniciativas del PAR Explora Magallanes, que promueven la curiosidad científica, el pensamiento crítico y la vinculación temprana con la investigación en la región. Josefa Monsalve, estudiante de enseñanza media, valoró la importancia de estas iniciativas para incentivar a más jóvenes a conocer y participar del mundo de la ciencia. Por su parte, Catherine Rubilar, tesista en Paleobotánica, comentó: Cuando estaba en el colegio nunca me enteré de actividades así; que hoy las y los estudiantes de distintos establecimientos puedan aprovecharlas me parece genial. La jornada, que reunió a 28 personas incluyendo algunos apoderados, finalizó con exposiciones grupales sobre hallazgos paleontológicos y una visita a observar los acuarios antárticos del laboratorio de biología marina, donde las y los asistentes pudieron reconocerse como protagonistas de la ciencia nacional del futuro. El Instituto Antártico Chileno (INACH) es un organismo técnico del Ministerio de Relaciones Exteriores con plena autonomía en todo lo relacionado con asuntos antárticos de carácter científico, tecnológico y de difusión. El INACH cumple con la Política Antártica Nacional incentivando el desarrollo de la investigación de excelencia, participando efectivamente en el Sistema del Tratado Antártico y foros relacionados, fortaleciendo a Magallanes como puerta de entrada al Continente Blanco y realizando acciones de divulgación del conocimiento antártico en la ciudadanía. El INACH organiza el Programa Nacional de Ciencia Antártica (PROCIEN).
“La mujer, con iguales dotes intelectuales que el hombre, ha vivido como planta exótica, guardada por un fanal que le impedía exhalar su perfume, que es su genio”. Esta fue parte de una declaración publicada en el periódico chileno La Mujer, dirigido por Lucrecia Undurraga, en junio de 1877. Recién se había aprobado el Decreto Amunátegui que dio derecho a las mujeres a ser admitidas en la universidad y cada vez cobraban más fuerza las voces que hablaban de la importancia de ofrecer a las niñas una educación científica. Si aún hoy estimular a las mujeres a dedicarse al ámbito de las ciencias y la tecnología (STEM) constituye un desafío, por entonces, se trataba casi de una utopía. Pero eso no desanimó a mujeres como Lucrecia Undurraga y otras tantas intelectuales y profesoras que, con convicción, se abocaron a este sueño. Hoy, a casi doscientos años de ello y en el contexto del Día de la Mujer y de la Niña en la Ciencia que se conmemora cada 11 de febrero, vale la pena rendir un homenaje a esas pioneras que se esforzaron por hacer de la ciencia, también, un campo femenino. El contexto no les presentaba un desafío simple. En el Chile del siglo XIX, el acceso de las mujeres al conocimiento se limitaba por los roles sociales que se esperaban de ellas como madres y esposas, por lo que su formación se concebía como un complemento moral o doméstico. Sin embargo, un grupo de intelectuales chilenas sabía que las niñas y jóvenes tenían capacidades para el aprendizaje académico y que eso les abriría puertas en otros ámbitos donde desplegar su potencial y aportar a la sociedad. Así, asumieron un rol decisivo: divulgar el conocimiento científico y defender públicamente la necesidad de una instrucción femenina científica y humanista. Desde la prensa, la copiapina Rosario Orrego fue una figura central en este proceso. Como directora de la Revista de Valparaíso, promovió la publicación de textos científicos que acercaran el saber a sus lectoras. Su labor legitimó la escritura femenina en el espacio público y contribuyó a instalar la idea sobre las capacidades intelectuales de las mujeres no sólo para comprender, sino también para producir conocimiento. Junto a ella, Lucrecia Undurraga, directora de La Mujer, y las profesoras Eduvigis Casanova y Antonia Tarragó sostuvieron con fuerza que la educación científica no era un capricho, sino una condición para el progreso individual y social. Así, desde diversos frentes, como el periodístico y el pedagógico, empujaron un debate que preparó el terreno para transformaciones más profundas, que se materializaron en las últimas dos décadas del siglo XIX, con las primeras profesionales de la ciencia en Chile: la santiaguina Eloísa Díaz y la porteña Ernestina Pérez se convirtieron en las primeras egresadas de Medicina en América Latina, vinculando el conocimiento científico con la salud pública , mientras la copiapina María Griselda Hinojosa fue pionera al titularse en Química y Farmacia. Sus historias no constituyen casos aislados, sino la expresión de un proceso de transformación complejo y significativo, tejido gracias a la iniciativa mancomunada de mujeres decididas y visionarias. La participación femenina en la ciencia no es una concesión reciente ni una moda contemporánea, sino el resultado de una lucha intelectual y cultural sostenida en el tiempo, protagonizada por quienes se atrevieron a desafiar los límites de su época. Hoy, cada niña y joven que se aproxima al mundo científico lo hace sobre huellas ya trazadas. Reconocerlas no es solo un ejercicio de memoria, sino también una invitación a proyectar el propio camino con la conciencia de que toda conquista abre, a su vez, nuevas posibilidades para quienes vendrán después.
Descubrir y asombrarse ante el mundo es, quizás, uno de los rasgos más primordiales con los que nacemos. Esa curiosidad innata nos prepara para comprender nuestro entorno, permitiéndonos entender nuestro lugar en él y sobrevivir. Este impulso profundo es la fuente de extender sin límites las ansias de conocer, y probablemente es lo que dio origen a la ciencia y al conocimiento. Sin embargo, la curiosidad por sí sola no basta: la ciencia no comienza únicamente con el deseo de saber, sino con el acceso a las condiciones que permiten desarrollarla. Hoy, la ciencia cumple un rol tan importante en el desarrollo de la sociedad que resulta difícil imaginar nuestra vida sin ella. Atraviesa nuestras decisiones cotidianas, orienta el progreso y nos entrega herramientas fundamentales para comprender y enfrentar los desafíos del mundo actual. A pesar de ello, el acceso a la ciencia, y a las trayectorias que conducen a ella, no ha sido históricamente igual para mujeres y hombres. De niña, las preguntas sobre la naturaleza eran parte habitual de mi día a día, sin que entonces pudiera imaginar hacia dónde me llevarían. Con un padre físico y una madre artista, tuve la posibilidad de explorar intereses diversos. Fueron esas vivencias las que, con el tiempo, despertaron mi interés por la ciencia. Sin embargo, mi experiencia dista mucho de la realidad de la mayoría de las niñas y de las mujeres. Partiendo por el hecho de que la desigualdad de género en el acceso a la educación sigue siendo un fenómeno extendido a nivel global: casi una de cada cuatro chicas de entre 15 y 19 años no estudia, no trabaja ni recibe capacitación, en comparación con uno de cada diez chicos de la misma edad (UNICEF). Estas brechas tempranas tienen consecuencias directas en las oportunidades de acceso a la ciencia y no desaparecen con el tiempo; por el contrario, persisten y se reproducen a lo largo de las trayectorias científicas, llegando a influir incluso en las posiciones de liderazgo y en la producción del conocimiento (Foro Económico Mundial, 2024). Estas desigualdades globales también se expresan en el contexto nacional. Si bien en Chile se han registrado algunos avances en materia de género, situando al país en una mejor posición relativa respecto de otros países de Latinoamérica, en los ámbitos de la ciencia y la tecnología estas brechas siguen siendo profundas. Durante el año 2022, sólo el 7,8 % de las mujeres se titularon de carreras en áreas STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas), posicionando a Chile entre los países con el porcentaje más bajo dentro de la OCDE (OCDE, 2023). De hecho, a medida que se avanza en la trayectoria científica, la proporción de mujeres disminuye en magíster y doctorado, y sólo cerca del 34 % de las doctoras realiza investigación en instituciones de educación superior. Estas brechas no sólo limitan trayectorias individuales, sino que también restringen la diversidad de miradas desde las cuales se construye el conocimiento científico. Cuando las trayectorias científicas se ven interrumpidas o limitadas para las mujeres, se reduce la pluralidad de experiencias, saberes y perspectivas que nutren el conocimiento. El resultado no es sólo una ciencia menos equitativa, sino también una ciencia menos completa, menos situada y con menor capacidad para responder a problemáticas sociales y ambientales complejas. En ámbitos como la conservación de la naturaleza, las mujeres, especialmente en comunidades indígenas y rurales, han desempeñado históricamente un rol central en el cuidado y la gestión de los territorios. Sin embargo, estos conocimientos rara vez se traducen en liderazgo, poder de decisión o acceso a financiamiento. Reconocer y fortalecer la participación de las mujeres en la ciencia y en la conservación no es sólo una cuestión de justicia social, sino una condición clave para construir respuestas más integrales, arraigadas en el bienestar comunitario y orientadas a las generaciones futuras. Frente a este escenario, la existencia de referentes femeninos en espacios de liderazgo resulta clave. Personalmente, contar con mujeres referentes en la ciencia y en la conservación fue determinante para imaginarme a mí misma recorriendo este camino. No se trató sólo de inspiración, sino de la posibilidad concreta de verse reflejada en otras, de entender que la ciencia y el liderazgo también podían ser un lugar propio. Cuando las mujeres no están visibles, muchas trayectorias ni siquiera alcanzan a imaginarse. Por eso, fortalecer liderazgos femeninos no es un gesto simbólico, sino una forma de abrir caminos, sostener nuevas generaciones y garantizar que la ciencia refleje todas las voces. Porque al final, “lo que haces marca una diferencia, y tienes que decidir qué tipo de diferencia quieres hacer” (Jane Goodall).