Una destacada participación tuvo la delegación chilena en la 12.ª Conferencia de Ciencia Abierta del Comité Científico de Investigación Antártica (SCAR), realizada entre el 8 y el 14 de agosto en Oslo, Noruega. La delegación fue encabezada por el Instituto Antártico Chileno (INACH) y contó con investigadores, investigadoras y diplomáticos nacionales. Durante el encuentro se presentaron investigaciones vinculadas a la glaciología, cambio climático y conservación de la biodiversidad polar, además de trabajos relacionados con ciencias sociales, divulgación científica, humanidades, historia polar, patrimonio, gobernanza y la relación del ser humano con la Antártica. De acuerdo con el director del INACH, Gino Casassa Rogazinski, el libro de resúmenes de la conferencia registró 127 documentos con al menos un autor afiliado a Chile, de los cuales 66 cuentan con un primer autor afiliado al país. La delegación también participó en actividades vinculadas con la investigación polar y su relación con la toma de decisiones, entre ellas el mini-simposio sobre invasiones terrestres en la Antártica. La conferencia también marcó el término del período de cuatro años del Dr. Marcelo Leppe como vicepresidente de SCAR. El paleobiólogo y exdirector del INACH destacó el trabajo desarrollado junto a investigadores de distintos países y la importancia de la colaboración científica para la comprensión y protección del continente antártico. Durante la instancia, además, se entregaron las medallas de SCAR a Peter Convey, por Excelencia en la Investigación Antártica; Renuka Badhe, por Coordinación Científica Internacional; y Silvia Dotta, por Educación y Comunicación. El INACH señaló que la participación chilena se desarrolló con el respaldo del embajador de Chile en Noruega, Helmut Lagos.
Entre el 8 y el 14 de agosto de 2026, Oslo se convirtió en la capital mundial de la ciencia antártica con la 12ª Conferencia de Ciencia Abierta del Comité Científico de Investigación Antártica (SCAR), realizada en el Clarion Hotel The Hub bajo el lema Diving into Antarctic Science: Making Waves for the Future. El encuentro —seguido luego por la reunión de delegados del organismo— reunió a cientos de investigadores de los cinco continentes, y Chile llegó a Noruega no como espectador, sino como protagonista. Chile y su rol antártico Como país signatario del Tratado Antártico y con el Territorio Chileno Antártico como parte constitutiva de la nación, Chile exhibió su liderazgo latinoamericano en producción científica polar, con epicentro en Magallanes y Punta Arenas, la puerta de entrada al continente. Esa dimensión de Estado tuvo un respaldo visible en la presencia del Embajador de Chile en Noruega, Helmut Lagos, quien acompañó el desarrollo de la conferencia y reforzó el compromiso del país con la ciencia, la soberanía y la cooperación antártica. Gino Casassa: ciencia y soberanía El vínculo entre ciencia y soberanía tuvo un rostro protagónico: el del Dr. Gino Casassa Rogazinski, director del Instituto Antártico Chileno (INACH). Glaciólogo con más de cuatro décadas de campañas en el hielo y colaborador del informe del IPCC reconocido con el Premio Nobel de la Paz en 2007, Casassa reafirmó que hacer ciencia en el extremo austral es, a la vez, un acto de soberanía y una respuesta urgente frente a la crisis climática, en un continente que se calienta más rápido que casi cualquier otro punto del planeta. Una delegación diversa y potente La delegación destacó por su amplitud, integrando ciencia, humanidades y nuevas generaciones. Participaron el Instituto Milenio BASE, la Universidad Autónoma de Chile y la Universidad de Magallanes, junto al Dr. Luis Valentín Ferrada (U. de Chile e Instituto Milenio BASE), director del Programa de Estudios Antárticos y miembro del Comité de Humanidades y Ciencias Sociales del SCAR, cuya experticia jurídica enriqueció el debate sobre la gobernanza antártica. Se sumaron el Centro Internacional Cabo de Hornos, la Fundación Valle Hermoso, el Centro de Estudios Hemisféricos y Polares, el programa Embajadores Antárticos de la Fundación Huellas Magallánicas y el portal Mirador Antártico. La Coalición de Jóvenes Antárticos de Punta Arenas dio una señal poderosa sobre el futuro del país en el continente. Ciencia, cultura y comunidad chilena en Oslo La cultura tuvo su espacio: el historiador Francisco Sánchez y la periodista María Pastora Sandoval lideraron dos eventos y presentaron el libro Cuentos Antárticos y Algo más, que rescata la dimensión humana del Continente Blanco. El encuentro con la comunidad chilena en Oslo, realizado por ambos con apoyo de la Embajada de Chile en Noruega y organizado por COFOCHILEX Norge, reunió, entre otros, a su presidenta Juana Ibáñez, al comunicador Carlos Soto (@Oslo_yes) y a la Doctora Antonieta Labra, en una jornada de ciencia, cultura e identidad. Lo que viene por delante Chile regresa de Oslo con nuevas colaboraciones, redes fortalecidas y una hoja de ruta clara: consolidar su infraestructura científica en el continente, avanzar hacia una investigación más sustentable —con el hidrógeno verde en el horizonte— y seguir formando a las nuevas generaciones que tomarán la posta. Con ciencia de excelencia, humanidades que dan alma a los datos y jóvenes que empujan el futuro, la delegación vuelve a casa con una misión renovada: seguir haciendo de la Antártica un espacio de conocimiento, cooperación y paz. Chile llegó a Oslo a hacer olas, y las hizo.
Un equipo de investigadores chilenos realizó una expedición por el norte de Noruega para buscar el origen de dos especies de moscas que actualmente están presentes en la Antártica y zonas subantárticas. La misión busca comparar las poblaciones de ambos extremos del planeta y reconstruir, mediante análisis genéticos, una posible ruta de llegada al continente blanco. La expedición fue encabezada por Hugo Benítez, investigador del Centro Internacional Cabo de Hornos (CHIC), del Instituto Milenio BASE y académico de la Universidad Andrés Bello. Junto a Jordan Hernández, estudiante de doctorado de la Universidad Católica del Maule, y Franco Cruz, académico de la Universidad Santo Tomás, recorrieron más de mil kilómetros por el norte de Noruega, atravesando bosques, fiordos y sectores cercanos al círculo polar ártico. Una de las especies estudiadas es Trichocera maculipennis, conocida como mosca de invierno, registrada en la Antártica desde 2006 y asociada inicialmente a sistemas de aguas servidas de estaciones científicas. La segunda es Psychoda albipennis, conocida como mosca de los desagües, cuya presencia en la Antártica fue documentada formalmente en 2024. Ambas han sido encontradas también en ambientes relacionados con instalaciones humanas. Durante el recorrido por Noruega, el equipo recolectó ejemplares de Psychoda albipennis, además de otras especies de insectos. Estos individuos serán comparados genéticamente con poblaciones de la Antártica, Navarino y Cabo de Hornos. El objetivo es determinar si existen similitudes que permitan establecer posibles rutas y tiempos de llegada de estas especies al extremo austral. La investigación apunta además a comprender cómo estos insectos logran sobrevivir en ambientes extremos. Según la hipótesis de los investigadores, la llegada de estas moscas a la Antártica estaría relacionada con el transporte involuntario generado por la actividad humana, como barcos, aviones y otros medios de desplazamiento. El análisis de sus características genéticas y biológicas permitirá conocer mejor su adaptación a las condiciones del continente blanco. Fuente: La Tercera
Entre el 4 y el 6 de agosto se realizó en Tromsø, Noruega, la 38.ª Reunión General Anual del Consejo de Administradores de Programas Antárticos Nacionales (COMNAP), encuentro que reunió a representantes de programas antárticos de distintos países. Chile participó con una delegación integrada por representantes de la Cancillería, las Fuerzas Armadas, el sector privado de Punta Arenas y el Instituto Antártico Chileno (INACH). Uno de los hitos de la participación nacional fue la finalización del período de Wendy Rubio, jefa del Departamento de Operaciones y Concursos del INACH, como vicepresidenta de COMNAP. Tras tres años en esta función, entregó el cargo a Haynnee Trad Souza, de Brasil, y asumirá como co-líder del Grupo de Trabajo en la península Antártica. Durante la reunión se desarrollaron sesiones regionales y grupos de expertos centrados en materias como apoyo logístico a la investigación científica, seguridad, atención médica, buceo, combustibles alternativos, capacidades de buques de investigación y uso de aeronaves pilotadas remotamente. También se abordaron estrategias de educación y divulgación antártica de los distintos programas nacionales. Chile además participó en el 6.º Taller de Búsqueda y Rescate Antártico de COMNAP, instancia en la que presentó sus capacidades aéreas, marítimas y terrestres para responder ante emergencias. La delegación nacional también compartió su experiencia en prevención de emergencias y sistemas de alerta temprana de sismos y tsunamis.
Hay salas donde el tiempo se pliega. Una de ellas estuvo esta jornada en la capital noruega, donde ochenta años de historia antártica se dieron cita en apenas unos metros cuadrados. De un lado, la Primera Expedición Antártica Chilena de 1947, aquella que abrió camino en el hielo y marcó un antes y un después para el país. Del otro, la incursión inaugural de México al continente blanco, concretada recién en el verano austral 2025-2026. Casi un siglo de distancia y, sin embargo, un mismo pulso: el de la ciencia que insiste en explorar el fin del mundo. El escenario fue el panelMedia and Scientific Dissemination: the cases of Chile and Mexico in Antarctica, desarrollado en el marco de la Open Science Conference SCAR 2026, la mayor cumbre de la ciencia antártica del planeta. En la mesa, la periodista científica María Pastora Sandoval, el historiador Francisco Sánchez y Natalia de la Selva tejieron un relato a varias voces, con la presencia del Embajador de Chile en Noruega, Helmut Lagos, y ante investigadores de India, Italia, México, Polonia, Chile, Inglaterra, Noruega y Argentina. La sala se volvió, por un rato, un punto de encuentro para mirar de frente los antecedentes, los testimonios y las imágenes históricas de dos naciones que se atrevieron al hielo. Dos primeras veces, un mismo hilo Pese a la distancia en el calendario, ambas gestas comparten lo esencial: la cooperación como base y la proyección de la ciencia como propósito. La expedición chilena de 1947 no solo consolidó una presencia soberana en el sur del mundo; abrió la puerta a las primeras acciones científicas del país en el continente helado, una vocación que llega intacta hasta hoy. México, mucho después, se sumó a ese puñado de naciones que despliegan investigación en la Antártica, y lo hizo con la frescura de quien recién estrena su primera bitácora polar. Durante la jornada se exhibieron imágenes de aquella expedición fundacional de 1947 y antecedentes de las primeras labores científicas chilenas en el continente blanco. La Agencia Mexicana de Estudios Antárticos (AMEA), por su parte, presentó un microdocumental con los detalles de su primera incursión, mostrando cómo se escribe hoy, en pleno siglo XXI, el capítulo inicial de una historia antártica. Magallanes, otra vez, en el centro del mapa Si algo dejó claro la jornada es que ninguna de estas travesías se explica sin el extremo austral. Se proyectó un video de saludo de la dotación de la Base Naval Antártica Capitán Arturo Prat, que trajo a Oslo el rostro cotidiano de quienes sostienen la presencia chilena en el hielo durante todo el año, lejos de los focos y cerca del viento. A esa voz se sumó la de quienes toman decisiones. El Gobernador de la Región de Magallanes y de la Antártica Chilena, doctor Jorge Flies, y el Gerente de Finning Punta Arenas, Gonzalo Mitrovich, plantearon los desafíos y las proyecciones estratégicas del rol de la región y de su condición de puerta de entrada al continente. El mensaje fue directo: la Antártica no es solo épica de expediciones antiguas, sino desarrollo territorial, logística y colaboración científica concreta para el sur del mundo. Punta Arenas y Magallanes, recordaron, son el umbral por donde buena parte de la comunidad internacional accede al hielo. Una responsabilidad, y también una oportunidad, que la región no debería dejar pasar. La Antártica que se busca en Google Uno de los momentos más comentados llegó cuando María Pastora Sandoval subió a exponer. La periodista presentó una investigación sobre las dinámicas de las búsquedas del término Antártica en Google desde las ciudades que funcionan como puertas de entrada al continente. Dicho de otro modo: cómo el interés por el territorio austral puede rastrearse en las huellas digitales de quienes viven más cerca de él. Es un hito importante debido a que retomo mi actividad como investigadora poniendo en valor a Antártica desde las ciencias sociales, expresó, reivindicando el lugar de estas disciplinas en un campo tradicionalmente copado por las ciencias naturales y la logística polar. Su intervención dejó una pregunta flotando en la sala: cuánto de lo que Magallanes es hacia la Antártica se juega también en el terreno de las ideas, los relatos y la memoria. El historiador Francisco Sánchez, en tanto, valoró la instancia. Fue una instancia muy importante en donde pudimos compartir los desafíos de la primera expedición antártica chilena, así como compartir antecedentes de las diferentes labores que desarrolla Chile en apoyo del quehacer científico, la exploración, la salvaguarda de la vida humana en el mar y, sobre todo, el importante rol que tenemos como nación antártica, señaló. Un reconocimiento y una bandera La jornada tuvo también su temperatura emotiva. Natalia de la Selva entregó un reconocimiento a la delegación ucraniana que apoyó la primera expedición antártica mexicana, un gesto de gratitud que conmovió a los presentes y que resumió, en un solo acto, ese espíritu de cooperación que atraviesa cualquier empresa en el continente helado. El cierre quedó para un símbolo mayor. María Pastora Sandoval y Francisco Sánchez entregaron al Embajador de Chile en Noruega un pabellón izado en el Territorio Chileno Antártico, que quedará resguardado en la Embajada de Chile en Noruega. Una bandera que cruzó el mundo desde el hielo hasta el norte de Europa, como muestra tangible de la vocación tricontinental del país y de su proyección en los océanos Pacífico y Austral. Al final, en esa sala de Oslo se juntaron el pasado y el presente de la exploración antártica de dos naciones latinoamericanas. Ochenta años separan a Chile y a México en sus respectivas primeras veces; pero la jornada dejó algo más claro que la aritmética: lo que de verdad los une es la convicción de que la ciencia, la cooperación y la memoria son los caminos para habitar, comprender y proyectar el continente blanco. Y en ese mapa, una vez más, el punto de partida tiene nombre austral.
Una destacada participación tuvo la delegación chilena en la 12.ª Conferencia de Ciencia Abierta del Comité Científico de Investigación Antártica (SCAR), realizada entre el 8 y el 14 de agosto en Oslo, Noruega. La delegación fue encabezada por el Instituto Antártico Chileno (INACH) y contó con investigadores, investigadoras y diplomáticos nacionales. Durante el encuentro se presentaron investigaciones vinculadas a la glaciología, cambio climático y conservación de la biodiversidad polar, además de trabajos relacionados con ciencias sociales, divulgación científica, humanidades, historia polar, patrimonio, gobernanza y la relación del ser humano con la Antártica. De acuerdo con el director del INACH, Gino Casassa Rogazinski, el libro de resúmenes de la conferencia registró 127 documentos con al menos un autor afiliado a Chile, de los cuales 66 cuentan con un primer autor afiliado al país. La delegación también participó en actividades vinculadas con la investigación polar y su relación con la toma de decisiones, entre ellas el mini-simposio sobre invasiones terrestres en la Antártica. La conferencia también marcó el término del período de cuatro años del Dr. Marcelo Leppe como vicepresidente de SCAR. El paleobiólogo y exdirector del INACH destacó el trabajo desarrollado junto a investigadores de distintos países y la importancia de la colaboración científica para la comprensión y protección del continente antártico. Durante la instancia, además, se entregaron las medallas de SCAR a Peter Convey, por Excelencia en la Investigación Antártica; Renuka Badhe, por Coordinación Científica Internacional; y Silvia Dotta, por Educación y Comunicación. El INACH señaló que la participación chilena se desarrolló con el respaldo del embajador de Chile en Noruega, Helmut Lagos.
Entre el 8 y el 14 de agosto de 2026, Oslo se convirtió en la capital mundial de la ciencia antártica con la 12ª Conferencia de Ciencia Abierta del Comité Científico de Investigación Antártica (SCAR), realizada en el Clarion Hotel The Hub bajo el lema Diving into Antarctic Science: Making Waves for the Future. El encuentro —seguido luego por la reunión de delegados del organismo— reunió a cientos de investigadores de los cinco continentes, y Chile llegó a Noruega no como espectador, sino como protagonista. Chile y su rol antártico Como país signatario del Tratado Antártico y con el Territorio Chileno Antártico como parte constitutiva de la nación, Chile exhibió su liderazgo latinoamericano en producción científica polar, con epicentro en Magallanes y Punta Arenas, la puerta de entrada al continente. Esa dimensión de Estado tuvo un respaldo visible en la presencia del Embajador de Chile en Noruega, Helmut Lagos, quien acompañó el desarrollo de la conferencia y reforzó el compromiso del país con la ciencia, la soberanía y la cooperación antártica. Gino Casassa: ciencia y soberanía El vínculo entre ciencia y soberanía tuvo un rostro protagónico: el del Dr. Gino Casassa Rogazinski, director del Instituto Antártico Chileno (INACH). Glaciólogo con más de cuatro décadas de campañas en el hielo y colaborador del informe del IPCC reconocido con el Premio Nobel de la Paz en 2007, Casassa reafirmó que hacer ciencia en el extremo austral es, a la vez, un acto de soberanía y una respuesta urgente frente a la crisis climática, en un continente que se calienta más rápido que casi cualquier otro punto del planeta. Una delegación diversa y potente La delegación destacó por su amplitud, integrando ciencia, humanidades y nuevas generaciones. Participaron el Instituto Milenio BASE, la Universidad Autónoma de Chile y la Universidad de Magallanes, junto al Dr. Luis Valentín Ferrada (U. de Chile e Instituto Milenio BASE), director del Programa de Estudios Antárticos y miembro del Comité de Humanidades y Ciencias Sociales del SCAR, cuya experticia jurídica enriqueció el debate sobre la gobernanza antártica. Se sumaron el Centro Internacional Cabo de Hornos, la Fundación Valle Hermoso, el Centro de Estudios Hemisféricos y Polares, el programa Embajadores Antárticos de la Fundación Huellas Magallánicas y el portal Mirador Antártico. La Coalición de Jóvenes Antárticos de Punta Arenas dio una señal poderosa sobre el futuro del país en el continente. Ciencia, cultura y comunidad chilena en Oslo La cultura tuvo su espacio: el historiador Francisco Sánchez y la periodista María Pastora Sandoval lideraron dos eventos y presentaron el libro Cuentos Antárticos y Algo más, que rescata la dimensión humana del Continente Blanco. El encuentro con la comunidad chilena en Oslo, realizado por ambos con apoyo de la Embajada de Chile en Noruega y organizado por COFOCHILEX Norge, reunió, entre otros, a su presidenta Juana Ibáñez, al comunicador Carlos Soto (@Oslo_yes) y a la Doctora Antonieta Labra, en una jornada de ciencia, cultura e identidad. Lo que viene por delante Chile regresa de Oslo con nuevas colaboraciones, redes fortalecidas y una hoja de ruta clara: consolidar su infraestructura científica en el continente, avanzar hacia una investigación más sustentable —con el hidrógeno verde en el horizonte— y seguir formando a las nuevas generaciones que tomarán la posta. Con ciencia de excelencia, humanidades que dan alma a los datos y jóvenes que empujan el futuro, la delegación vuelve a casa con una misión renovada: seguir haciendo de la Antártica un espacio de conocimiento, cooperación y paz. Chile llegó a Oslo a hacer olas, y las hizo.
Un equipo de investigadores chilenos realizó una expedición por el norte de Noruega para buscar el origen de dos especies de moscas que actualmente están presentes en la Antártica y zonas subantárticas. La misión busca comparar las poblaciones de ambos extremos del planeta y reconstruir, mediante análisis genéticos, una posible ruta de llegada al continente blanco. La expedición fue encabezada por Hugo Benítez, investigador del Centro Internacional Cabo de Hornos (CHIC), del Instituto Milenio BASE y académico de la Universidad Andrés Bello. Junto a Jordan Hernández, estudiante de doctorado de la Universidad Católica del Maule, y Franco Cruz, académico de la Universidad Santo Tomás, recorrieron más de mil kilómetros por el norte de Noruega, atravesando bosques, fiordos y sectores cercanos al círculo polar ártico. Una de las especies estudiadas es Trichocera maculipennis, conocida como mosca de invierno, registrada en la Antártica desde 2006 y asociada inicialmente a sistemas de aguas servidas de estaciones científicas. La segunda es Psychoda albipennis, conocida como mosca de los desagües, cuya presencia en la Antártica fue documentada formalmente en 2024. Ambas han sido encontradas también en ambientes relacionados con instalaciones humanas. Durante el recorrido por Noruega, el equipo recolectó ejemplares de Psychoda albipennis, además de otras especies de insectos. Estos individuos serán comparados genéticamente con poblaciones de la Antártica, Navarino y Cabo de Hornos. El objetivo es determinar si existen similitudes que permitan establecer posibles rutas y tiempos de llegada de estas especies al extremo austral. La investigación apunta además a comprender cómo estos insectos logran sobrevivir en ambientes extremos. Según la hipótesis de los investigadores, la llegada de estas moscas a la Antártica estaría relacionada con el transporte involuntario generado por la actividad humana, como barcos, aviones y otros medios de desplazamiento. El análisis de sus características genéticas y biológicas permitirá conocer mejor su adaptación a las condiciones del continente blanco. Fuente: La Tercera
Entre el 4 y el 6 de agosto se realizó en Tromsø, Noruega, la 38.ª Reunión General Anual del Consejo de Administradores de Programas Antárticos Nacionales (COMNAP), encuentro que reunió a representantes de programas antárticos de distintos países. Chile participó con una delegación integrada por representantes de la Cancillería, las Fuerzas Armadas, el sector privado de Punta Arenas y el Instituto Antártico Chileno (INACH). Uno de los hitos de la participación nacional fue la finalización del período de Wendy Rubio, jefa del Departamento de Operaciones y Concursos del INACH, como vicepresidenta de COMNAP. Tras tres años en esta función, entregó el cargo a Haynnee Trad Souza, de Brasil, y asumirá como co-líder del Grupo de Trabajo en la península Antártica. Durante la reunión se desarrollaron sesiones regionales y grupos de expertos centrados en materias como apoyo logístico a la investigación científica, seguridad, atención médica, buceo, combustibles alternativos, capacidades de buques de investigación y uso de aeronaves pilotadas remotamente. También se abordaron estrategias de educación y divulgación antártica de los distintos programas nacionales. Chile además participó en el 6.º Taller de Búsqueda y Rescate Antártico de COMNAP, instancia en la que presentó sus capacidades aéreas, marítimas y terrestres para responder ante emergencias. La delegación nacional también compartió su experiencia en prevención de emergencias y sistemas de alerta temprana de sismos y tsunamis.
Hay salas donde el tiempo se pliega. Una de ellas estuvo esta jornada en la capital noruega, donde ochenta años de historia antártica se dieron cita en apenas unos metros cuadrados. De un lado, la Primera Expedición Antártica Chilena de 1947, aquella que abrió camino en el hielo y marcó un antes y un después para el país. Del otro, la incursión inaugural de México al continente blanco, concretada recién en el verano austral 2025-2026. Casi un siglo de distancia y, sin embargo, un mismo pulso: el de la ciencia que insiste en explorar el fin del mundo. El escenario fue el panelMedia and Scientific Dissemination: the cases of Chile and Mexico in Antarctica, desarrollado en el marco de la Open Science Conference SCAR 2026, la mayor cumbre de la ciencia antártica del planeta. En la mesa, la periodista científica María Pastora Sandoval, el historiador Francisco Sánchez y Natalia de la Selva tejieron un relato a varias voces, con la presencia del Embajador de Chile en Noruega, Helmut Lagos, y ante investigadores de India, Italia, México, Polonia, Chile, Inglaterra, Noruega y Argentina. La sala se volvió, por un rato, un punto de encuentro para mirar de frente los antecedentes, los testimonios y las imágenes históricas de dos naciones que se atrevieron al hielo. Dos primeras veces, un mismo hilo Pese a la distancia en el calendario, ambas gestas comparten lo esencial: la cooperación como base y la proyección de la ciencia como propósito. La expedición chilena de 1947 no solo consolidó una presencia soberana en el sur del mundo; abrió la puerta a las primeras acciones científicas del país en el continente helado, una vocación que llega intacta hasta hoy. México, mucho después, se sumó a ese puñado de naciones que despliegan investigación en la Antártica, y lo hizo con la frescura de quien recién estrena su primera bitácora polar. Durante la jornada se exhibieron imágenes de aquella expedición fundacional de 1947 y antecedentes de las primeras labores científicas chilenas en el continente blanco. La Agencia Mexicana de Estudios Antárticos (AMEA), por su parte, presentó un microdocumental con los detalles de su primera incursión, mostrando cómo se escribe hoy, en pleno siglo XXI, el capítulo inicial de una historia antártica. Magallanes, otra vez, en el centro del mapa Si algo dejó claro la jornada es que ninguna de estas travesías se explica sin el extremo austral. Se proyectó un video de saludo de la dotación de la Base Naval Antártica Capitán Arturo Prat, que trajo a Oslo el rostro cotidiano de quienes sostienen la presencia chilena en el hielo durante todo el año, lejos de los focos y cerca del viento. A esa voz se sumó la de quienes toman decisiones. El Gobernador de la Región de Magallanes y de la Antártica Chilena, doctor Jorge Flies, y el Gerente de Finning Punta Arenas, Gonzalo Mitrovich, plantearon los desafíos y las proyecciones estratégicas del rol de la región y de su condición de puerta de entrada al continente. El mensaje fue directo: la Antártica no es solo épica de expediciones antiguas, sino desarrollo territorial, logística y colaboración científica concreta para el sur del mundo. Punta Arenas y Magallanes, recordaron, son el umbral por donde buena parte de la comunidad internacional accede al hielo. Una responsabilidad, y también una oportunidad, que la región no debería dejar pasar. La Antártica que se busca en Google Uno de los momentos más comentados llegó cuando María Pastora Sandoval subió a exponer. La periodista presentó una investigación sobre las dinámicas de las búsquedas del término Antártica en Google desde las ciudades que funcionan como puertas de entrada al continente. Dicho de otro modo: cómo el interés por el territorio austral puede rastrearse en las huellas digitales de quienes viven más cerca de él. Es un hito importante debido a que retomo mi actividad como investigadora poniendo en valor a Antártica desde las ciencias sociales, expresó, reivindicando el lugar de estas disciplinas en un campo tradicionalmente copado por las ciencias naturales y la logística polar. Su intervención dejó una pregunta flotando en la sala: cuánto de lo que Magallanes es hacia la Antártica se juega también en el terreno de las ideas, los relatos y la memoria. El historiador Francisco Sánchez, en tanto, valoró la instancia. Fue una instancia muy importante en donde pudimos compartir los desafíos de la primera expedición antártica chilena, así como compartir antecedentes de las diferentes labores que desarrolla Chile en apoyo del quehacer científico, la exploración, la salvaguarda de la vida humana en el mar y, sobre todo, el importante rol que tenemos como nación antártica, señaló. Un reconocimiento y una bandera La jornada tuvo también su temperatura emotiva. Natalia de la Selva entregó un reconocimiento a la delegación ucraniana que apoyó la primera expedición antártica mexicana, un gesto de gratitud que conmovió a los presentes y que resumió, en un solo acto, ese espíritu de cooperación que atraviesa cualquier empresa en el continente helado. El cierre quedó para un símbolo mayor. María Pastora Sandoval y Francisco Sánchez entregaron al Embajador de Chile en Noruega un pabellón izado en el Territorio Chileno Antártico, que quedará resguardado en la Embajada de Chile en Noruega. Una bandera que cruzó el mundo desde el hielo hasta el norte de Europa, como muestra tangible de la vocación tricontinental del país y de su proyección en los océanos Pacífico y Austral. Al final, en esa sala de Oslo se juntaron el pasado y el presente de la exploración antártica de dos naciones latinoamericanas. Ochenta años separan a Chile y a México en sus respectivas primeras veces; pero la jornada dejó algo más claro que la aritmética: lo que de verdad los une es la convicción de que la ciencia, la cooperación y la memoria son los caminos para habitar, comprender y proyectar el continente blanco. Y en ese mapa, una vez más, el punto de partida tiene nombre austral.