Con la presencia del alcalde, la delegada presidencial regional, el Servicio de Salud, la Corporación Municipal de Punta Arenas, la Seremi de Salud y equipos técnicos, se abordaron los puntos pendientes para realizar la recepción definitiva del Cesfam 18 de Septiembre. En la instancia, los profesionales de la Dirección de Obras Municipales indicaron que están a la espera de correcciones menores en la carpeta ingresada por el Servicio de Salud para poder otorgar la recepción final. El alcalde Claudio Radonich destacó que el recinto ya está terminado desde el punto de vista estructural, restando únicamente la entrega de un documento por parte del Servicio Salud formal para completar su recepción por parte de la Dirección de Obras Municipales (DOM). Falta un documento que quedaron en enviarlo durante los próximos días por un tema que es muy formal, muy menor, pero con todas las voluntades justamente para que por parte de la DOM esté todo recepcionado como corresponde, para que empiece a funcionar lo antes posible. Además, estuvo presente nuestra delegada regional para que, ante cualquier duda o falta de apoyo, podamos contar con su colaboración, señaló. Por su parte, la directora del Servicio de Salud Magallanes, Verónica Yáñez, explicó que ya se ingresó la carpeta para la recepción definitiva del establecimiento. Hoy día nosotros tenemos que resolver unas observaciones que nos ha hecho la dirección de obras municipales para poder dentro de esta semana ya tener la recepción definitiva, indicó. Desde el Gobierno, la delegada presidencial regional de Magallanes, Ericka Farías, valoró el avance logrado, destacando que este Cesfam responde a una demanda histórica de la comunidad. Hoy contamos con un edificio a puertas de ser entregado y, por temas administrativos, aún no está a disposición de las personas que lo necesitan. Por tanto, esta reunión fue muy positiva, porque en poco tiempo logramos destrabar procesos y definir los cursos de acción para que esté disponible lo antes posible, sostuvo. La secretaria general de la Corporación Municipal de Punta Arenas, Elena Blackwood, aseguró que los equipos de salud ya están preparados para operar en el nuevo recinto. Estamos preparados para la recepción definitiva del nuevo edificio. Todos los equipos que atienden las distintas áreas ya están listos y han recibido capacitaciones en el manejo del nuevo equipamiento y de la infraestructura que requerirá este recinto. Estamos ansiosos, al igual que los vecinos y la comunidad, de iniciar la atención lo antes posible, señaló. Finalmente, el director de Obras Municipales, Alex Saldivia, detalló que las observaciones son de carácter técnico y agregó: Espero que durante la semana podamos recibir la información pendiente y realizar la visita a obra para constatar que las construcciones se encuentren de acuerdo con el permiso.
Cruzar la puerta de un colegio nuevo no es simplemente cambiar de dirección; implica una reconfiguración completa en la identidad. Como adultos, solemos cometer el error de abordar la adaptación escolar como un asunto logístico, cuando en realidad es un proceso de supervivencia emocional. No todos los estudiantes que llegan por primera vez lo hacen desde el mismo lugar, y la razón del cambio determina cuánta energía emocional y social tienen disponible. No se le puede exigir lo mismo a quien ingresa por primera vez al sistema, porque para ese niño lo central es enfrentar la separación y aprender a confiar en que sus padres volverán, de la misma manera en que no se puede esperar tranquilidad inmediata de quien llega huyendo del acoso y observa el entorno en estado de alerta constante. Para otros, el dolor viene de sentirse “el que no puede”, después de haber arrastrado malas notas; ellos necesitan pequeñas victorias que reparen la autoestima. También está quien se muda por motivos laborales de los padres y atraviesa un duelo geográfico que se expresa en rebeldía o tristeza, o quien llega con la etiqueta de “problema” tras una expulsión y utiliza la conducta como coraza para rechazar antes de ser rechazado. El estrés del proceso no pertenece solo a los niños. Un niño no puede calmarse si el entorno adulto vibra con ansiedad, por eso antes de cualquier “¿cómo te fue?” el adulto debe preguntarse desde dónde está preguntando. Cuando la pregunta nace del miedo, es decir, si comió solo o si alguien le habló, se transmite la idea de que el colegio es un espacio peligroso. Cuando nace de la confianza, al pedirle al niño que cuente algo que haya despertado su curiosidad, se le recuerda que tiene recursos internos para navegar el día. La autorregulación adulta no consiste en perfección ni en silencio, sino en conciencia; si el adulto está aterrorizado con el cambio, el niño leerá el mundo a través de esa amenaza. La edad y el contexto también delinean lo que cada uno requiere. En los primeros años, cuando el tiempo es abstracto, los símbolos concretos, que puede ser una misión secreta para el día o un dibujo escondido en la colación, funcionan como recordatorios de que el vínculo permanece, aunque los padres no estén. En la etapa de los 7 a los 12 años, cuando surge el temor a no calzar social o académicamente, la observación se vuelve clave. En este sentido no se trata de pedirles que hagan amigos, sino de ayudarles a decodificar qué ocurre en los recreos. En la adolescencia, donde el grupo es casi una fuente de oxígeno, la pérdida de ese entorno puede vivirse como asfixia, y lo más respetuoso es dar espacio, validar la nostalgia y evitar las ventas forzadas de las supuestas bondades del nuevo colegio. También importa entender desde qué lugar llega cada estudiante. Quien arrastra una experiencia de acoso requiere una vigilancia discreta y una coordinación cercana con el tutor, junto con la certeza de que estará protegido. Quien viene de un bajo rendimiento académico necesita que se valore su esfuerzo y sus avances, más que un número en una prueba. Quien ha vivido una mudanza necesita que su duelo sea reconocido y que se permita mantener el contacto con su pasado. Quien ha sido expulsado requiere que el nuevo espacio le ofrezca un lienzo en blanco, libre de prejuicios y etiquetas. Uno de los errores más comunes es asumir que la adaptación es automática. Decir “ya se va a adaptar” es como soltarle la mano al niño en medio del río. La adaptación no es una cuestión de tiempo, sino de anclajes. Un niño se adapta cuando encuentra a un adulto significativo que lo mira y lo nombra, cuando descubre un lugar seguro donde no necesita actuar y cuando accede a una rutina que le entregue previsibilidad. Y también es importante saber cuándo encender alarmas: si después de un mes aparecen somatizaciones constantes, aislamiento profundo, rechazo a salir de casa o cambios drásticos en el sueño o el apetito, no es falta de voluntad, es desborde, y es momento de pedir ayuda profesional. Al final, recibir a un niño nuevo es abrir un espacio psíquico, no solo un cupo en la lista. Cuando logramos que se sienta visto antes que evaluado, la mitad del camino ya está caminada.
Con la presencia del alcalde, la delegada presidencial regional, el Servicio de Salud, la Corporación Municipal de Punta Arenas, la Seremi de Salud y equipos técnicos, se abordaron los puntos pendientes para realizar la recepción definitiva del Cesfam 18 de Septiembre. En la instancia, los profesionales de la Dirección de Obras Municipales indicaron que están a la espera de correcciones menores en la carpeta ingresada por el Servicio de Salud para poder otorgar la recepción final. El alcalde Claudio Radonich destacó que el recinto ya está terminado desde el punto de vista estructural, restando únicamente la entrega de un documento por parte del Servicio Salud formal para completar su recepción por parte de la Dirección de Obras Municipales (DOM). Falta un documento que quedaron en enviarlo durante los próximos días por un tema que es muy formal, muy menor, pero con todas las voluntades justamente para que por parte de la DOM esté todo recepcionado como corresponde, para que empiece a funcionar lo antes posible. Además, estuvo presente nuestra delegada regional para que, ante cualquier duda o falta de apoyo, podamos contar con su colaboración, señaló. Por su parte, la directora del Servicio de Salud Magallanes, Verónica Yáñez, explicó que ya se ingresó la carpeta para la recepción definitiva del establecimiento. Hoy día nosotros tenemos que resolver unas observaciones que nos ha hecho la dirección de obras municipales para poder dentro de esta semana ya tener la recepción definitiva, indicó. Desde el Gobierno, la delegada presidencial regional de Magallanes, Ericka Farías, valoró el avance logrado, destacando que este Cesfam responde a una demanda histórica de la comunidad. Hoy contamos con un edificio a puertas de ser entregado y, por temas administrativos, aún no está a disposición de las personas que lo necesitan. Por tanto, esta reunión fue muy positiva, porque en poco tiempo logramos destrabar procesos y definir los cursos de acción para que esté disponible lo antes posible, sostuvo. La secretaria general de la Corporación Municipal de Punta Arenas, Elena Blackwood, aseguró que los equipos de salud ya están preparados para operar en el nuevo recinto. Estamos preparados para la recepción definitiva del nuevo edificio. Todos los equipos que atienden las distintas áreas ya están listos y han recibido capacitaciones en el manejo del nuevo equipamiento y de la infraestructura que requerirá este recinto. Estamos ansiosos, al igual que los vecinos y la comunidad, de iniciar la atención lo antes posible, señaló. Finalmente, el director de Obras Municipales, Alex Saldivia, detalló que las observaciones son de carácter técnico y agregó: Espero que durante la semana podamos recibir la información pendiente y realizar la visita a obra para constatar que las construcciones se encuentren de acuerdo con el permiso.
Cruzar la puerta de un colegio nuevo no es simplemente cambiar de dirección; implica una reconfiguración completa en la identidad. Como adultos, solemos cometer el error de abordar la adaptación escolar como un asunto logístico, cuando en realidad es un proceso de supervivencia emocional. No todos los estudiantes que llegan por primera vez lo hacen desde el mismo lugar, y la razón del cambio determina cuánta energía emocional y social tienen disponible. No se le puede exigir lo mismo a quien ingresa por primera vez al sistema, porque para ese niño lo central es enfrentar la separación y aprender a confiar en que sus padres volverán, de la misma manera en que no se puede esperar tranquilidad inmediata de quien llega huyendo del acoso y observa el entorno en estado de alerta constante. Para otros, el dolor viene de sentirse “el que no puede”, después de haber arrastrado malas notas; ellos necesitan pequeñas victorias que reparen la autoestima. También está quien se muda por motivos laborales de los padres y atraviesa un duelo geográfico que se expresa en rebeldía o tristeza, o quien llega con la etiqueta de “problema” tras una expulsión y utiliza la conducta como coraza para rechazar antes de ser rechazado. El estrés del proceso no pertenece solo a los niños. Un niño no puede calmarse si el entorno adulto vibra con ansiedad, por eso antes de cualquier “¿cómo te fue?” el adulto debe preguntarse desde dónde está preguntando. Cuando la pregunta nace del miedo, es decir, si comió solo o si alguien le habló, se transmite la idea de que el colegio es un espacio peligroso. Cuando nace de la confianza, al pedirle al niño que cuente algo que haya despertado su curiosidad, se le recuerda que tiene recursos internos para navegar el día. La autorregulación adulta no consiste en perfección ni en silencio, sino en conciencia; si el adulto está aterrorizado con el cambio, el niño leerá el mundo a través de esa amenaza. La edad y el contexto también delinean lo que cada uno requiere. En los primeros años, cuando el tiempo es abstracto, los símbolos concretos, que puede ser una misión secreta para el día o un dibujo escondido en la colación, funcionan como recordatorios de que el vínculo permanece, aunque los padres no estén. En la etapa de los 7 a los 12 años, cuando surge el temor a no calzar social o académicamente, la observación se vuelve clave. En este sentido no se trata de pedirles que hagan amigos, sino de ayudarles a decodificar qué ocurre en los recreos. En la adolescencia, donde el grupo es casi una fuente de oxígeno, la pérdida de ese entorno puede vivirse como asfixia, y lo más respetuoso es dar espacio, validar la nostalgia y evitar las ventas forzadas de las supuestas bondades del nuevo colegio. También importa entender desde qué lugar llega cada estudiante. Quien arrastra una experiencia de acoso requiere una vigilancia discreta y una coordinación cercana con el tutor, junto con la certeza de que estará protegido. Quien viene de un bajo rendimiento académico necesita que se valore su esfuerzo y sus avances, más que un número en una prueba. Quien ha vivido una mudanza necesita que su duelo sea reconocido y que se permita mantener el contacto con su pasado. Quien ha sido expulsado requiere que el nuevo espacio le ofrezca un lienzo en blanco, libre de prejuicios y etiquetas. Uno de los errores más comunes es asumir que la adaptación es automática. Decir “ya se va a adaptar” es como soltarle la mano al niño en medio del río. La adaptación no es una cuestión de tiempo, sino de anclajes. Un niño se adapta cuando encuentra a un adulto significativo que lo mira y lo nombra, cuando descubre un lugar seguro donde no necesita actuar y cuando accede a una rutina que le entregue previsibilidad. Y también es importante saber cuándo encender alarmas: si después de un mes aparecen somatizaciones constantes, aislamiento profundo, rechazo a salir de casa o cambios drásticos en el sueño o el apetito, no es falta de voluntad, es desborde, y es momento de pedir ayuda profesional. Al final, recibir a un niño nuevo es abrir un espacio psíquico, no solo un cupo en la lista. Cuando logramos que se sienta visto antes que evaluado, la mitad del camino ya está caminada.