Un estudio liderado por investigadoras e investigadores de la Universidad de Chile analizó el papel de los ácidos grasos poliinsaturados omega-3 en la prevención, el tratamiento y la supervivencia del cáncer de mama. Los resultados indican que estos nutrientes podrían asociarse con un menor riesgo de desarrollar la enfermedad y aportar beneficios durante el tratamiento y la etapa posterior al diagnóstico. La académica del Departamento de Nutrición de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile, Camila Farías, explicó que los omega-3 de cadena larga (EPA y DHA) se han relacionado con una menor inflamación, una mejor respuesta inmunológica y la reducción de algunos efectos adversos de las terapias oncológicas, además de una mejor calidad de vida en pacientes sobrevivientes. No obstante, enfatizó que estos nutrientes no reemplazan los tratamientos oncológicos, sino que constituyen una estrategia nutricional complementaria dentro de un manejo integral de la enfermedad. El estudio también identifica como principales fuentes de omega-3 a pescados grasos como el jurel, la sardina, la caballa y el salmón, además de mariscos como los choritos. En el caso de los alimentos de origen vegetal, destacan la chía, la linaza, las nueces y el aceite de canola. El director del Departamento de Nutrición de la Universidad de Chile, Rodrigo Valenzuela, recomendó privilegiar el consumo de pescados y mariscos preparados sin fritura, ya que este tipo de cocción puede reducir los beneficios asociados a estos ácidos grasos. Las investigadoras e investigadores señalaron que mantener una alimentación equilibrada, con pescado al menos dos veces por semana, frutas, verduras, legumbres y cereales integrales, puede formar parte de una estrategia de prevención. Asimismo, destacaron que la nutrición debe adaptarse a las características de cada paciente y que el manejo del peso corporal también es un factor relevante, considerando la relación entre obesidad y distintos tipos de cáncer, incluido el cáncer de mama.
Un equipo de científicos de la Pontificia Universidad Católica de Chile desarrolló un sistema para producir Omega 3 de origen vegetal a partir de microalgas, con el objetivo de generar una alternativa sustentable al aceite de pescado, tradicional fuente de este nutriente. La iniciativa cuenta con el apoyo de Fondef y la Fundación Copec UC, y se desarrolla en una planta piloto ubicada en la Estación Costera de Investigaciones Marinas (ECIM), en Las Cruces. El proyecto es liderado por la académica Mónica Vásquez, de la Facultad de Ciencias Biológicas. A diferencia de los métodos tradicionales, esta tecnología permite obtener Omega 3 directamente desde microalgas, organismos que constituyen la fuente primaria de este ácido graso. El proceso utiliza agua de mar, luz solar y aire, sin necesidad de extracción de recursos marinos, lo que reduce el impacto ambiental asociado. La planta, operada por la empresa Phytohunt SpA, cuenta con 36 fotobiorreactores y actualmente se encuentra en fase de marcha blanca, con una producción estimada de entre 5 y 10 kilos de biomasa seca al mes. Además, las microalgas utilizadas capturan CO2 del ambiente, lo que aporta un componente adicional en términos de sostenibilidad. El producto está orientado principalmente al mercado B2B, como ingrediente para la industria alimentaria, con potencial uso en productos como snacks, pan, pastas o suplementos. También se presenta como una alternativa para consumidores que buscan opciones libres de derivados animales. El siguiente paso del proyecto considera el escalamiento hacia una planta industrial, con el objetivo de ampliar la producción y su disponibilidad en el mercado. Fuente: Cooperativa
Un estudio liderado por investigadoras e investigadores de la Universidad de Chile analizó el papel de los ácidos grasos poliinsaturados omega-3 en la prevención, el tratamiento y la supervivencia del cáncer de mama. Los resultados indican que estos nutrientes podrían asociarse con un menor riesgo de desarrollar la enfermedad y aportar beneficios durante el tratamiento y la etapa posterior al diagnóstico. La académica del Departamento de Nutrición de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile, Camila Farías, explicó que los omega-3 de cadena larga (EPA y DHA) se han relacionado con una menor inflamación, una mejor respuesta inmunológica y la reducción de algunos efectos adversos de las terapias oncológicas, además de una mejor calidad de vida en pacientes sobrevivientes. No obstante, enfatizó que estos nutrientes no reemplazan los tratamientos oncológicos, sino que constituyen una estrategia nutricional complementaria dentro de un manejo integral de la enfermedad. El estudio también identifica como principales fuentes de omega-3 a pescados grasos como el jurel, la sardina, la caballa y el salmón, además de mariscos como los choritos. En el caso de los alimentos de origen vegetal, destacan la chía, la linaza, las nueces y el aceite de canola. El director del Departamento de Nutrición de la Universidad de Chile, Rodrigo Valenzuela, recomendó privilegiar el consumo de pescados y mariscos preparados sin fritura, ya que este tipo de cocción puede reducir los beneficios asociados a estos ácidos grasos. Las investigadoras e investigadores señalaron que mantener una alimentación equilibrada, con pescado al menos dos veces por semana, frutas, verduras, legumbres y cereales integrales, puede formar parte de una estrategia de prevención. Asimismo, destacaron que la nutrición debe adaptarse a las características de cada paciente y que el manejo del peso corporal también es un factor relevante, considerando la relación entre obesidad y distintos tipos de cáncer, incluido el cáncer de mama.
Un equipo de científicos de la Pontificia Universidad Católica de Chile desarrolló un sistema para producir Omega 3 de origen vegetal a partir de microalgas, con el objetivo de generar una alternativa sustentable al aceite de pescado, tradicional fuente de este nutriente. La iniciativa cuenta con el apoyo de Fondef y la Fundación Copec UC, y se desarrolla en una planta piloto ubicada en la Estación Costera de Investigaciones Marinas (ECIM), en Las Cruces. El proyecto es liderado por la académica Mónica Vásquez, de la Facultad de Ciencias Biológicas. A diferencia de los métodos tradicionales, esta tecnología permite obtener Omega 3 directamente desde microalgas, organismos que constituyen la fuente primaria de este ácido graso. El proceso utiliza agua de mar, luz solar y aire, sin necesidad de extracción de recursos marinos, lo que reduce el impacto ambiental asociado. La planta, operada por la empresa Phytohunt SpA, cuenta con 36 fotobiorreactores y actualmente se encuentra en fase de marcha blanca, con una producción estimada de entre 5 y 10 kilos de biomasa seca al mes. Además, las microalgas utilizadas capturan CO2 del ambiente, lo que aporta un componente adicional en términos de sostenibilidad. El producto está orientado principalmente al mercado B2B, como ingrediente para la industria alimentaria, con potencial uso en productos como snacks, pan, pastas o suplementos. También se presenta como una alternativa para consumidores que buscan opciones libres de derivados animales. El siguiente paso del proyecto considera el escalamiento hacia una planta industrial, con el objetivo de ampliar la producción y su disponibilidad en el mercado. Fuente: Cooperativa