La Antártica, tradicionalmente vista como un desierto de hielo, enfrenta una transformación. El retroceso de los glaciares y la aparición de nuevas zonas libres de hielo están abriendo la puerta a especies vegetales invasoras. Ante este escenario, un equipo de científicos chilenos ha puesto en marcha el proyecto « Riesgo de invasión vegetal en una Antártica cambiante (PRISMA)», una iniciativa de la Universidad de Talca. Pese a ser uno de los ecosistemas más secos del planeta, el aumento del agua líquida en la Antártica está creando condiciones aptas para el establecimiento de especies que no pertenecen al continente. A este factor ambiental se suma la presión antrópica: cada verano, entre 100 mil y 150 mil personas —entre científicos y turistas— visitan la zona, transportando involuntariamente semillas o fragmentos de plantas en sus vestimentas y equipos. El proyecto PRISMA, que se extenderá por tres años, busca anticipar estos riesgos mediante un enfoque que combina biología, ecología, genética, econometría y modelación avanzada. El equipo es liderado por el académico Ian Acuña Rodríguez, del Centro de Ecología Integrativa de la Universidad de Talca, quien trabajará junto a investigadores nacionales e internacionales para proteger la biodiversidad nativa. «No es solo un problema biológico. También es un desafío social y normativo. Queremos que el conocimiento que generemos sirva para actualizar protocolos y fortalecer la presencia de Chile en el sistema de gobernanza asociado al Tratado Antártico «, explicó Acuña. Laboratorios de alta tecnología y ranking de riesgo biológico Para entender cómo estas plantas podrían colonizar el territorio, los investigadores instalarán experimentos en cámaras de crecimiento que reproducen con exactitud las temperaturas, ciclos de luz y humedad del continente. Utilizando suelo antártico real, el equipo evaluará a 10 especies de plantas reconocidas como invasoras globales para medir su capacidad de germinación y competencia frente a la flora nativa. Con la evidencia obtenida, se elaborará un ranking de riesgo biológico, insumo clave para diseñar nuevos protocolos de bioseguridad y monitoreo que deberán seguir operadores turísticos y bases científicas. Además, el componente socioecológico del estudio incluirá encuestas a visitantes y personal logístico para medir la percepción del riesgo y la efectividad de las medidas de control actuales. Cooperación internacional para un desafío global El proyecto tiene un sello educativo a través del programa « Conexión Maule–Polo Sur», que vinculará a escuelas rurales de la Región del Maule con investigadores en terreno. Junto a los académicos de la Universidad de Talca, Marco Molina Montenegro y Leidy García Pérez, y Cristian Torres Díaz de la Universidad del Bío-Bío, participan expertos del British Antarctic Survey, la Academia Polaca de Ciencias y universidades de Sudáfrica, España y Finlandia. Fuente: cooperativaciencia.cl
Calor, frío, tormentas, sequías e incendios extremos se están haciendo cada vez más comunes debido a la crisis climática, mientras gobiernos, academia y comunidades luchan por adaptarse a condiciones que se están convirtiendo en la nueva normalidad. Pero en lugares como el desierto de Atacama o la Antártica ya hay seres vivos que están adaptados a las condiciones más extremas que se viven en el planeta. Un grupo internacional de científicos, incluyendo investigadores chilenos del Instituto de Ecología y Biodiversidad, están estudiando la vegetación que existe en estos lugares para extraer lecciones sobre adaptación al clima extremo. Para la investigadora del IEB y de la Universidad de la Frontera, Patricioa Sáez, una de las principales motivaciones de estos estudios es identificar rasgos y genes asociados a la tolerancia al estrés. “Esto constituye una potencial herramienta para desarrollar a futuro genotipos de especies de cultivo más resistentes a condiciones climáticas desfavorables”, explica. Los ambientes extremos en los que viven estas plantas, además son de los más amenazados por el cambio climático. Esto suma otro nivel de interés en estudiar estos organismos y determinar si sus características los hacen más fuertes o débiles a estos cambios. Los investigadores denominaron a las plantas que estudian como “ sherplants ” inspirándose en los sherpas. Estos habitantes del Himalaya son conocidos por su destreza física en condiciones extremas de altura y frío, ayudando a escaladores profesionales a escalar las cumbres más altas del planeta. Resistencia y adaptación Los investigadores revisaron y resumieron más de diez años de estudios sobre plantas del desierto y la Antártica, así como del Himalaya o zonas híper secas del oeste de China, y publicaron un informe en la revista Journal of Experimental Botany con los principales resultados. Entre los resultados más llamativos de la investigación, descubrieron la capacidad de las plantas en la Antártica para coordinar diferentes procesos fisiológicos logrando una alta tasa de fotosíntesis a pesar de estar sometida al frío extremo casi todo el año e incluso en temporada de crecimiento. Otros casos de estudio son el del tamarugo; uno de los pocos árboles que crecen en el desierto de atacama. Esta especie combina una elevada tolerancia al estrés hídrico y una alta capacidad de realizar fotosíntesis. También se describen otras adaptaciones anatómicas en distintas plantas, como en ecosistemas de manglares que son capaces de absorber agua desde la atmósfera gracias a las sales presentes en sus hojas. Cultivos para la crisis climática Esta línea de investigación busca aplicar los conocimientos en la agricultura.Los investigadores llaman a los potenciales cultivos “shercrops”, capaces de combinar alto rendimiento y tolerancia múltiple al estrés, para que la agricultura pueda responder a la creciente demanda en un contexto cada vez más adverso. El planteo, según el investigador del IEB y la Universidad de Concepción, Lohengrin Cavieres, no es hacer cultivos transgénicos sino “entender qué mecanismos genéticos se expresan en estas plantas y, a partir de eso, activar respuestas similares en los cultivos para enfrentar sequías, altas temperaturas o heladas”. Fuente: eldesconcierto.cl
La Antártica, tradicionalmente vista como un desierto de hielo, enfrenta una transformación. El retroceso de los glaciares y la aparición de nuevas zonas libres de hielo están abriendo la puerta a especies vegetales invasoras. Ante este escenario, un equipo de científicos chilenos ha puesto en marcha el proyecto « Riesgo de invasión vegetal en una Antártica cambiante (PRISMA)», una iniciativa de la Universidad de Talca. Pese a ser uno de los ecosistemas más secos del planeta, el aumento del agua líquida en la Antártica está creando condiciones aptas para el establecimiento de especies que no pertenecen al continente. A este factor ambiental se suma la presión antrópica: cada verano, entre 100 mil y 150 mil personas —entre científicos y turistas— visitan la zona, transportando involuntariamente semillas o fragmentos de plantas en sus vestimentas y equipos. El proyecto PRISMA, que se extenderá por tres años, busca anticipar estos riesgos mediante un enfoque que combina biología, ecología, genética, econometría y modelación avanzada. El equipo es liderado por el académico Ian Acuña Rodríguez, del Centro de Ecología Integrativa de la Universidad de Talca, quien trabajará junto a investigadores nacionales e internacionales para proteger la biodiversidad nativa. «No es solo un problema biológico. También es un desafío social y normativo. Queremos que el conocimiento que generemos sirva para actualizar protocolos y fortalecer la presencia de Chile en el sistema de gobernanza asociado al Tratado Antártico «, explicó Acuña. Laboratorios de alta tecnología y ranking de riesgo biológico Para entender cómo estas plantas podrían colonizar el territorio, los investigadores instalarán experimentos en cámaras de crecimiento que reproducen con exactitud las temperaturas, ciclos de luz y humedad del continente. Utilizando suelo antártico real, el equipo evaluará a 10 especies de plantas reconocidas como invasoras globales para medir su capacidad de germinación y competencia frente a la flora nativa. Con la evidencia obtenida, se elaborará un ranking de riesgo biológico, insumo clave para diseñar nuevos protocolos de bioseguridad y monitoreo que deberán seguir operadores turísticos y bases científicas. Además, el componente socioecológico del estudio incluirá encuestas a visitantes y personal logístico para medir la percepción del riesgo y la efectividad de las medidas de control actuales. Cooperación internacional para un desafío global El proyecto tiene un sello educativo a través del programa « Conexión Maule–Polo Sur», que vinculará a escuelas rurales de la Región del Maule con investigadores en terreno. Junto a los académicos de la Universidad de Talca, Marco Molina Montenegro y Leidy García Pérez, y Cristian Torres Díaz de la Universidad del Bío-Bío, participan expertos del British Antarctic Survey, la Academia Polaca de Ciencias y universidades de Sudáfrica, España y Finlandia. Fuente: cooperativaciencia.cl
Calor, frío, tormentas, sequías e incendios extremos se están haciendo cada vez más comunes debido a la crisis climática, mientras gobiernos, academia y comunidades luchan por adaptarse a condiciones que se están convirtiendo en la nueva normalidad. Pero en lugares como el desierto de Atacama o la Antártica ya hay seres vivos que están adaptados a las condiciones más extremas que se viven en el planeta. Un grupo internacional de científicos, incluyendo investigadores chilenos del Instituto de Ecología y Biodiversidad, están estudiando la vegetación que existe en estos lugares para extraer lecciones sobre adaptación al clima extremo. Para la investigadora del IEB y de la Universidad de la Frontera, Patricioa Sáez, una de las principales motivaciones de estos estudios es identificar rasgos y genes asociados a la tolerancia al estrés. “Esto constituye una potencial herramienta para desarrollar a futuro genotipos de especies de cultivo más resistentes a condiciones climáticas desfavorables”, explica. Los ambientes extremos en los que viven estas plantas, además son de los más amenazados por el cambio climático. Esto suma otro nivel de interés en estudiar estos organismos y determinar si sus características los hacen más fuertes o débiles a estos cambios. Los investigadores denominaron a las plantas que estudian como “ sherplants ” inspirándose en los sherpas. Estos habitantes del Himalaya son conocidos por su destreza física en condiciones extremas de altura y frío, ayudando a escaladores profesionales a escalar las cumbres más altas del planeta. Resistencia y adaptación Los investigadores revisaron y resumieron más de diez años de estudios sobre plantas del desierto y la Antártica, así como del Himalaya o zonas híper secas del oeste de China, y publicaron un informe en la revista Journal of Experimental Botany con los principales resultados. Entre los resultados más llamativos de la investigación, descubrieron la capacidad de las plantas en la Antártica para coordinar diferentes procesos fisiológicos logrando una alta tasa de fotosíntesis a pesar de estar sometida al frío extremo casi todo el año e incluso en temporada de crecimiento. Otros casos de estudio son el del tamarugo; uno de los pocos árboles que crecen en el desierto de atacama. Esta especie combina una elevada tolerancia al estrés hídrico y una alta capacidad de realizar fotosíntesis. También se describen otras adaptaciones anatómicas en distintas plantas, como en ecosistemas de manglares que son capaces de absorber agua desde la atmósfera gracias a las sales presentes en sus hojas. Cultivos para la crisis climática Esta línea de investigación busca aplicar los conocimientos en la agricultura.Los investigadores llaman a los potenciales cultivos “shercrops”, capaces de combinar alto rendimiento y tolerancia múltiple al estrés, para que la agricultura pueda responder a la creciente demanda en un contexto cada vez más adverso. El planteo, según el investigador del IEB y la Universidad de Concepción, Lohengrin Cavieres, no es hacer cultivos transgénicos sino “entender qué mecanismos genéticos se expresan en estas plantas y, a partir de eso, activar respuestas similares en los cultivos para enfrentar sequías, altas temperaturas o heladas”. Fuente: eldesconcierto.cl