Un documento enviado el 14 de abril a la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos, USTR, contradice las declaraciones públicas de Carolina Rudnick, presidenta y cofundadora de Fundación Libera, quien afirmó que su organización no buscaba que Chile fuera sancionado comercialmente. La controversia surgió luego de que Estados Unidos aplicara una sobretasa arancelaria de 12,5% a un grupo de exportaciones chilenas, entre ellas productos vinculados al salmón y la fruta, tras una investigación sobre trabajo forzoso impulsada por la USTR. Rudnick viajó a comienzos de julio a Washington D.C. junto a la ONG Ecocéanos para exponer denuncias contra Chile ante dicho organismo. En entrevistas y cartas públicas, la abogada sostuvo que el objetivo de su organización “no es que Chile sea sancionado” y que, en la audiencia ante el comité de la USTR, se habría solicitado no aplicar aranceles y reemplazar esa decisión por un plan de medidas estructurales. Sin embargo, el documento presentado tres meses antes por Fundación Libera incluyó expresamente una solicitud para que el organismo analizara “el nivel y alcance, si corresponde, de aranceles sobre productos de Chile” y eventuales restricciones a la importación. El texto de 15 páginas, firmado por la propia Rudnick y dirigido al representante comercial Jamieson Greer, aborda supuestas infracciones y casos de trabajo forzoso en sectores como la agroexportación y la salmonicultura. En una de sus secciones, titulada “Medidas recomendadas: aranceles y restricciones a la importación de productos chilenos”, la fundación planteó propuestas para que Chile adopte legislación similar a la Ley Arancelaria de Estados Unidos de 1930, que prohíbe el comercio de bienes producidos total o parcialmente con trabajo forzoso. El caso genera especial atención en regiones exportadoras como Magallanes, donde la industria salmonera forma parte de la actividad productiva y laboral del territorio. La discusión abre un debate sobre el impacto de las denuncias internacionales, el cumplimiento de estándares laborales y las consecuencias comerciales que pueden enfrentar sectores estratégicos para la economía regional y nacional. Fuente: Ex-ante.cl
La Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos (USTR) confirmó la entrada en vigor de un arancel de 12,5% para 20 de los 34 productos que Chile exporta a ese país. La medida comenzó a aplicarse este viernes 24 de julio y responde a una investigación impulsada por la administración estadounidense sobre normas relacionadas con el trabajo forzoso. Entre los productos afectados se encuentran los salmones, frutas, vinos, madera y carne. En tanto, quedaron exentos del gravamen el cobre, el litio, el kiwi y las naranjas. Según lo informado por las autoridades estadounidenses, el cobre y el litio fueron excluidos por tratarse de minerales estratégicos, mientras que el kiwi y las naranjas no enfrentarán el cobro debido a la escasa producción de esos productos en Estados Unidos. Tras conocerse la decisión, la Subsecretaría de Relaciones Económicas Internacionales manifestó que Chile cuenta con una institucionalidad laboral sólida y un marco regulatorio orientado a prevenir y erradicar el trabajo forzoso. La subsecretaria Paula Estévez sostuvo que la aplicación de esta medida no se condice con los estándares laborales que mantiene el país. La medida también generó reacciones del sector privado. La presidenta de la Confederación de la Producción y del Comercio (CPC), Susana Jiménez, afirmó que los nuevos aranceles representan un retroceso que aumenta la incertidumbre para quienes invierten, producen y exportan. Por su parte, el presidente de la Sociedad Nacional de Agricultura (SNA), Antonio Walker, señaló que la decisión afecta la imagen de Chile y calificó la medida como un balde de agua fría para la agricultura. El Gobierno indicó que continuará las gestiones con las autoridades estadounidenses para resguardar los intereses del país y de sus exportadores. Fuente: 24Horas
Salmones Blumar Magallanes fue distinguida con el Sello Empresa Regional 2026 en una ceremonia realizada en dependencias de la Empresa Portuaria Austral, en Punta Arenas. El reconocimiento, que este año celebró su tercera edición, destaca a las organizaciones que generan beneficios concretos para el territorio a través de su actividad productiva y su vinculación con las comunidades locales. La iniciativa es impulsada por una alianza público-privada integrada por CPC Magallanes, el Gobierno Regional, la Delegación Presidencial Regional —a través de la Seremi de Economía— y la Corporación de Desarrollo de Magallanes y de la Antártica Chilena (Cormag). El sello considera criterios relacionados con crecimiento con propósito regional, diversificación económica, colaboración para el desarrollo e impacto positivo en las personas. El gerente regional de Salmones Blumar, Pablo Solís, valoró la obtención de esta distinción y destacó el compromiso de la empresa con la generación de empleo, la inversión y el fortalecimiento de proveedores locales. Asimismo, señaló que la compañía mantiene una presencia activa en distintas comunas de la región, incluyendo Punta Arenas, Río Verde y Última Esperanza. Desde la empresa también resaltaron iniciativas de vinculación con la comunidad, entre ellas Mercado Blumar y el convenio desarrollado junto a Junaeb, que permite llevar productos a establecimientos educacionales de Magallanes. Estas acciones forman parte de una estrategia orientada a fortalecer la relación con distintos actores del territorio. Según los antecedentes entregados durante la ceremonia, las siete empresas reconocidas este año con el Sello Empresa Regional generan cerca de 1.200 puestos de trabajo en la región. Las autoridades destacaron que esta iniciativa busca incentivar modelos de desarrollo que contribuyan al crecimiento sostenible y al fortalecimiento de la identidad productiva de Magallanes.
Este jueves en dependencias de la Gobernación Marítima se llevó a cabo un simulacro regional destinado a evaluar los procedimientos de respuesta frente a un eventual evento de mortalidad masiva de salmones. La actividad, que no se realizaba desde hace más de dos años, tuvo como objetivo poner a prueba los sistemas de coordinación y emergencia existentes, fortaleciendo la capacidad de reacción de las instituciones frente a una contingencia que podría generar impactos tanto en una de las principales actividades económicas de la región como en el ecosistema marino. El ejercicio consideró la simulación de un escenario de mortalidad masiva de salmones, permitiendo que los distintos servicios públicos activaran protocolos, evaluaran procedimientos y coordinaran acciones en un contexto similar al que podría presentarse ante una emergencia real. La jornada fue encabezada por la Delegada Presidencial Regional de Magallanes y de la Antártica Chilena, Ericka Farías, y el Gobernador Marítimo de Punta Arenas, Capitán de Navío Litoral Francisco Arias. En la oportunidad, la Delegada Presidencial Regional destacó la importancia de mantener actualizados los protocolos de actuación ante este tipo de eventos. Debemos estar preparados para responder adecuadamente ante cualquier contingencia medioambiental que pueda afectar nuestro fondo marino, señaló la autoridad. Por su parte, el Gobernador Marítimo de Punta Arenas valoró el compromiso de las instituciones participantes y los aprendizajes obtenidos durante el ejercicio. Fue un ejercicio muy productivo, que nos dejó importantes enseñanzas y aspectos a mejorar, los que debemos incorporar para futuros ejercicios y, sobre todo, para estar preparados ante una contingencia real de estas características, indicó el Capitán de Navío Litoral, Francisco Arias. La instancia contó con la participación de los organismos públicos vinculados a la gestión de emergencias ambientales y al sector acuícola, fortaleciendo el trabajo coordinado entre instituciones y reafirmando el compromiso del Estado con la protección del medio ambiente, la seguridad de las operaciones productivas y la preparación ante eventuales contingencias que puedan afectar a la Región de Magallanes.
Una revisión bibliográfica realizada por científicos chilenos examinó el patrón de uso de antibióticos, las dinámicas de resistencia antimicrobiana, la diseminación ambiental y el marco regulatorio asociado a la salmonicultura chilena desde la perspectiva de Una Salud, plasmando cómo el sistema de producción intensivo, la presión persistente de enfermedades y las restricciones operacionales han favorecido la predominancia de tratamientos metafilácticos a través de alimentación medicada, lo que ha conllevado desventajas biológicas y ecológicas. Chile es el segundo mayor exportador mundial de salmón y enfrenta desafíos específicos por su alta dependencia en antibióticos, especialmente para controlar el síndrome de rickettsiosis del salmón (SRS) causado por Piscirickettsia salmonis. Esto lo ha convertido en el mayor consumidor mundial de antibióticos en salmonicultura, con un uso anual que supera las 300-500 toneladas, generando preocupaciones sobre la sostenibilidad a largo plazo y el riesgo ambiental asociado, en contraste con países como Noruega u otros países europeos, que han logrado reducir el uso de antibióticos en más del 99% gracias a programas masivos de vacunación y regulaciones estrictas. Estrategias terapéuticas Las estrategias de tratamiento antibiótico varían según la fase productiva. En agua dulce, se usa un menor volumen de antibióticos para infecciones agudas, principalmente a través de alimento medicado y baños de inmersión. En cambio, la fase marina consume la mayoría de los antibióticos, dominada por florfenicol administrado vía alimento medicado. El uso de antibióticos puede ser metafiláctico (tratamiento de toda la población una vez detectada la enfermedad en parte de los peces), terapéutico dirigido o profiláctico, aunque este último se encuentra prohibido desde 2016. La metafilaxis es la vía de administración preferida para SRS, autorizada cuando la mortalidad semanal atribuible a P. salmonis supera 0,35%. Uso anual de antimicrobianos en la salmonicultura chilena según la fase de producción y la clase de antibiótico (2016-2023). Imagen: Traducción del artículo “Uso de antibióticos en la salmonicultura chilena: resistencia antimicrobiana, sustentabilidad y Una Salud” Por otro lado, la vacunación es reconocida como la estrategia preventiva más eficaz para controlar enfermedades infecciosas y reducir el uso de antibióticos, pero presenta limitaciones. Su desempeño en condiciones de campo sigue siendo variable y las pérdidas por enfermedades ocurren incluso en poblaciones vacunadas. Los investigadores sostienen que parte de las limitantes es el desarrollo de las vacunas usando modelos inmunológicos de mamíferos y la brecha de conocimientos que existe sobre las especificidades inmunológicas del pez, cuyas diferencias en repertorios de anticuerpos, señalización de receptores de reconocimiento molecular y participación del sistema inmune innato impactan en la eficacia de las respuestas inmunes protectoras. SRS, principal driver El síndrome rickettsial del salmón (SRS), causado por Piscirickettsia salmonis, se mantiene como el principal factor que impulsa el uso de antibióticos en la salmonicultura chilena, concentrando la mayor parte de las mortalidades durante la fase de engorda en agua de mar, lo que ha llevado a una dependencia sostenida de tratamientos antimicrobianos, principalmente florfenicol y oxitetraciclina. Uno de los elementos más críticos identificados en el estudio es la limitada eficacia de las vacunas disponibles frente a SRS en condiciones reales de cultivo, que en el caso de P. salmonis su desempeño ha sido inconsistente, lo que impide reducir de manera significativa la incidencia de la enfermedad a nivel de campo. Sin embargo, el estudio plantea que, si bien el SRS explica en gran medida el uso de antimicrobianos en Chile, no constituye una razón única, sino que responde también a factores estructurales del sistema productivo. Más que una enfermedad: un problema de sistema La revisión advierte que el modelo productivo es el que sostiene la dependencia de antibióticos al tratarse de un sistema intensivo, orientado a la exportación y con altas densidades de cultivo. Con el objetivo de mantener la continuidad productiva y evitar pérdidas de biomasa, se genera un contexto propicio para la intervención sanitaria recurrente en condiciones productivas exigentes. Como, por ejemplo, la extensión del ciclo productivo del salmón, que dura alrededor de 36 meses, exponiendo a los peces por largos períodos a factores de estrés, cambios ambientales y patógenos. A esto se suma la limitada duración de la protección otorgada por las vacunas, generando una brecha entre el tiempo de cultivo y su efectividad, lo que favorece el uso reiterado de tratamientos antimicrobianos como respuesta a brotes sanitarios. Los factores ambientales también juegan un rol determinante en este sistema. Eventos como floraciones algales nocivas, bajas concentraciones de oxígeno y variabilidad térmica pueden comprometer la salud de los peces, afectar su sistema inmune y aumentar su susceptibilidad a infecciones, lo que reduce además la eficacia de las herramientas de control existentes. Tendencias temporales en el uso de antimicrobianos en la salmonicultura chilena por fase de producción (2006-2023). Antibióticos como síntoma, no como causa El uso de antibióticos en la salmonicultura chilena está dominado principalmente por dos principios activos: florfenicol y oxitetraciclina, los cuales se administran mayoritariamente a través de alimento medicado, siendo el método más eficiente a escala productiva, donde el tratamiento individual resulta impracticable. Así, la metafilaxis se ha consolidado como la estrategia estrella en la fase de engorda en agua de mar, donde la presión de Piscirickettsia salmonis es más alta. Sin embargo, este enfoque presenta limitaciones biológicas y terapéuticas. Uno de los principales problemas radica en la heterogeneidad en la ingesta del alimento medicado: los peces clínicamente enfermos reducen su apetito, recibiendo dosis subterapéuticas, mientras que los individuos sanos o subclínicos mantienen un consumo normal, siendo expuestos a mayores concentraciones del fármaco, lo que compromete la eficacia del tratamiento en peces enfermos e incrementando la exposición innecesaria de los sanos, lo que en consecuencia podría acelerar la selección de bacterias resistentes. Resistencia antimicrobiana No obstante, la revisión reconoce que no existe evidencia concluyente de que P. salmonis haya desarrollado resistencia adquirida generalizada como principal causa de fallas terapéuticas. En cambio, sugieren que otros mecanismos, como la capacidad intracelular del patógeno, la formación de biofilms o estados fisiológicos de tolerancia, podrían explicar en mayor medida la persistencia de la enfermedad pese a los tratamientos. Dentro de este contexto, los científicos enfatizan que la resistencia antimicrobiana en la salmonicultura chilena debe entenderse desde una perspectiva integral, como el resultado de la interacción entre factores biológicos, productivos y ambientales, orientándose hacia el “resistoma” acuícola, es decir, el conjunto de bacterias y genes de resistencia presentes en el microbioma asociado a peces, sedimentos y ambiente circundante, representando un riesgo medioambiental al actuar como fuente potencial de diseminación de resistencia tanto dentro del sistema productivo como hacia otros ecosistemas. Si bien en Chile se ha implementado una serie de instrumentos regulatorios orientados a mejorar el control y la trazabilidad en el uso de antimicrobianos en la salmonicultura, el estudio plantea que el enfoque regulatorio sigue siendo predominantemente reactivo. En la práctica, muchas decisiones sanitarias continúan basándose en indicadores tardíos, como la mortalidad acumulada, lo que implica intervenir cuando el problema ya está instalado, limitando la capacidad de anticipación del sistema y reduciendo la efectividad de las medidas de control. Perspectivas y soluciones Una estrategia orientada a la reducción sostenible del uso de antibióticos debe estar pensado desde un modelo preventivo integrados, más que reactivo. Para ello, los investigadores concluyen que deben reforzarse las estrategias de vacunación en términos de desarrollo tecnológico y de aplicación en terreno, considerando factores como la variabilidad de cepas, condiciones ambientales y duración efectiva de la protección, complementándose además con la selección genética de peces con mayor resistencia a enfermedades. La incorporación de tecnologías de diagnóstico temprano y monitoreo continuo, el uso de biomarcadores, análisis de comportamiento y herramientas basadas en datos podría facilitar decisiones más oportunas y precisas, reduciendo la necesidad de intervenciones terapéuticas masivas. En paralelo, el estudio destaca el potencial del microbioma como un campo emergente para la comprensión de la dinámica de enfermedades y para el desarrollo de estrategias alternativas al uso de antibióticos, como probióticos o moduladores de la microbiota. El manejo ambiental también se posiciona como un componente crítico en este enfoque, dado que factores como la calidad del agua, la oxigenación y la ocurrencia de eventos como floraciones algales tienen un impacto directo en la salud de los peces y en la eficacia de las medidas sanitarias. En este contexto, mejorar la gestión de los centros de cultivo y su interacción con el entorno podría contribuir significativamente a reducir la presión sanitaria. En conjunto, estas estrategias apuntan a una transformación del sistema hacia un modelo más resiliente, donde la prevención, la información y la integración de múltiples disciplinas permitan disminuir la dependencia de antibióticos. Lee la revisión “Uso de antibióticos en la salmonicultura chilena: resistencia antimicrobiana, sustentabilidad y Una Salud” aquí . Fuente: salmonexpert.cl
Un documento enviado el 14 de abril a la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos, USTR, contradice las declaraciones públicas de Carolina Rudnick, presidenta y cofundadora de Fundación Libera, quien afirmó que su organización no buscaba que Chile fuera sancionado comercialmente. La controversia surgió luego de que Estados Unidos aplicara una sobretasa arancelaria de 12,5% a un grupo de exportaciones chilenas, entre ellas productos vinculados al salmón y la fruta, tras una investigación sobre trabajo forzoso impulsada por la USTR. Rudnick viajó a comienzos de julio a Washington D.C. junto a la ONG Ecocéanos para exponer denuncias contra Chile ante dicho organismo. En entrevistas y cartas públicas, la abogada sostuvo que el objetivo de su organización “no es que Chile sea sancionado” y que, en la audiencia ante el comité de la USTR, se habría solicitado no aplicar aranceles y reemplazar esa decisión por un plan de medidas estructurales. Sin embargo, el documento presentado tres meses antes por Fundación Libera incluyó expresamente una solicitud para que el organismo analizara “el nivel y alcance, si corresponde, de aranceles sobre productos de Chile” y eventuales restricciones a la importación. El texto de 15 páginas, firmado por la propia Rudnick y dirigido al representante comercial Jamieson Greer, aborda supuestas infracciones y casos de trabajo forzoso en sectores como la agroexportación y la salmonicultura. En una de sus secciones, titulada “Medidas recomendadas: aranceles y restricciones a la importación de productos chilenos”, la fundación planteó propuestas para que Chile adopte legislación similar a la Ley Arancelaria de Estados Unidos de 1930, que prohíbe el comercio de bienes producidos total o parcialmente con trabajo forzoso. El caso genera especial atención en regiones exportadoras como Magallanes, donde la industria salmonera forma parte de la actividad productiva y laboral del territorio. La discusión abre un debate sobre el impacto de las denuncias internacionales, el cumplimiento de estándares laborales y las consecuencias comerciales que pueden enfrentar sectores estratégicos para la economía regional y nacional. Fuente: Ex-ante.cl
La Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos (USTR) confirmó la entrada en vigor de un arancel de 12,5% para 20 de los 34 productos que Chile exporta a ese país. La medida comenzó a aplicarse este viernes 24 de julio y responde a una investigación impulsada por la administración estadounidense sobre normas relacionadas con el trabajo forzoso. Entre los productos afectados se encuentran los salmones, frutas, vinos, madera y carne. En tanto, quedaron exentos del gravamen el cobre, el litio, el kiwi y las naranjas. Según lo informado por las autoridades estadounidenses, el cobre y el litio fueron excluidos por tratarse de minerales estratégicos, mientras que el kiwi y las naranjas no enfrentarán el cobro debido a la escasa producción de esos productos en Estados Unidos. Tras conocerse la decisión, la Subsecretaría de Relaciones Económicas Internacionales manifestó que Chile cuenta con una institucionalidad laboral sólida y un marco regulatorio orientado a prevenir y erradicar el trabajo forzoso. La subsecretaria Paula Estévez sostuvo que la aplicación de esta medida no se condice con los estándares laborales que mantiene el país. La medida también generó reacciones del sector privado. La presidenta de la Confederación de la Producción y del Comercio (CPC), Susana Jiménez, afirmó que los nuevos aranceles representan un retroceso que aumenta la incertidumbre para quienes invierten, producen y exportan. Por su parte, el presidente de la Sociedad Nacional de Agricultura (SNA), Antonio Walker, señaló que la decisión afecta la imagen de Chile y calificó la medida como un balde de agua fría para la agricultura. El Gobierno indicó que continuará las gestiones con las autoridades estadounidenses para resguardar los intereses del país y de sus exportadores. Fuente: 24Horas
Salmones Blumar Magallanes fue distinguida con el Sello Empresa Regional 2026 en una ceremonia realizada en dependencias de la Empresa Portuaria Austral, en Punta Arenas. El reconocimiento, que este año celebró su tercera edición, destaca a las organizaciones que generan beneficios concretos para el territorio a través de su actividad productiva y su vinculación con las comunidades locales. La iniciativa es impulsada por una alianza público-privada integrada por CPC Magallanes, el Gobierno Regional, la Delegación Presidencial Regional —a través de la Seremi de Economía— y la Corporación de Desarrollo de Magallanes y de la Antártica Chilena (Cormag). El sello considera criterios relacionados con crecimiento con propósito regional, diversificación económica, colaboración para el desarrollo e impacto positivo en las personas. El gerente regional de Salmones Blumar, Pablo Solís, valoró la obtención de esta distinción y destacó el compromiso de la empresa con la generación de empleo, la inversión y el fortalecimiento de proveedores locales. Asimismo, señaló que la compañía mantiene una presencia activa en distintas comunas de la región, incluyendo Punta Arenas, Río Verde y Última Esperanza. Desde la empresa también resaltaron iniciativas de vinculación con la comunidad, entre ellas Mercado Blumar y el convenio desarrollado junto a Junaeb, que permite llevar productos a establecimientos educacionales de Magallanes. Estas acciones forman parte de una estrategia orientada a fortalecer la relación con distintos actores del territorio. Según los antecedentes entregados durante la ceremonia, las siete empresas reconocidas este año con el Sello Empresa Regional generan cerca de 1.200 puestos de trabajo en la región. Las autoridades destacaron que esta iniciativa busca incentivar modelos de desarrollo que contribuyan al crecimiento sostenible y al fortalecimiento de la identidad productiva de Magallanes.
Este jueves en dependencias de la Gobernación Marítima se llevó a cabo un simulacro regional destinado a evaluar los procedimientos de respuesta frente a un eventual evento de mortalidad masiva de salmones. La actividad, que no se realizaba desde hace más de dos años, tuvo como objetivo poner a prueba los sistemas de coordinación y emergencia existentes, fortaleciendo la capacidad de reacción de las instituciones frente a una contingencia que podría generar impactos tanto en una de las principales actividades económicas de la región como en el ecosistema marino. El ejercicio consideró la simulación de un escenario de mortalidad masiva de salmones, permitiendo que los distintos servicios públicos activaran protocolos, evaluaran procedimientos y coordinaran acciones en un contexto similar al que podría presentarse ante una emergencia real. La jornada fue encabezada por la Delegada Presidencial Regional de Magallanes y de la Antártica Chilena, Ericka Farías, y el Gobernador Marítimo de Punta Arenas, Capitán de Navío Litoral Francisco Arias. En la oportunidad, la Delegada Presidencial Regional destacó la importancia de mantener actualizados los protocolos de actuación ante este tipo de eventos. Debemos estar preparados para responder adecuadamente ante cualquier contingencia medioambiental que pueda afectar nuestro fondo marino, señaló la autoridad. Por su parte, el Gobernador Marítimo de Punta Arenas valoró el compromiso de las instituciones participantes y los aprendizajes obtenidos durante el ejercicio. Fue un ejercicio muy productivo, que nos dejó importantes enseñanzas y aspectos a mejorar, los que debemos incorporar para futuros ejercicios y, sobre todo, para estar preparados ante una contingencia real de estas características, indicó el Capitán de Navío Litoral, Francisco Arias. La instancia contó con la participación de los organismos públicos vinculados a la gestión de emergencias ambientales y al sector acuícola, fortaleciendo el trabajo coordinado entre instituciones y reafirmando el compromiso del Estado con la protección del medio ambiente, la seguridad de las operaciones productivas y la preparación ante eventuales contingencias que puedan afectar a la Región de Magallanes.
Una revisión bibliográfica realizada por científicos chilenos examinó el patrón de uso de antibióticos, las dinámicas de resistencia antimicrobiana, la diseminación ambiental y el marco regulatorio asociado a la salmonicultura chilena desde la perspectiva de Una Salud, plasmando cómo el sistema de producción intensivo, la presión persistente de enfermedades y las restricciones operacionales han favorecido la predominancia de tratamientos metafilácticos a través de alimentación medicada, lo que ha conllevado desventajas biológicas y ecológicas. Chile es el segundo mayor exportador mundial de salmón y enfrenta desafíos específicos por su alta dependencia en antibióticos, especialmente para controlar el síndrome de rickettsiosis del salmón (SRS) causado por Piscirickettsia salmonis. Esto lo ha convertido en el mayor consumidor mundial de antibióticos en salmonicultura, con un uso anual que supera las 300-500 toneladas, generando preocupaciones sobre la sostenibilidad a largo plazo y el riesgo ambiental asociado, en contraste con países como Noruega u otros países europeos, que han logrado reducir el uso de antibióticos en más del 99% gracias a programas masivos de vacunación y regulaciones estrictas. Estrategias terapéuticas Las estrategias de tratamiento antibiótico varían según la fase productiva. En agua dulce, se usa un menor volumen de antibióticos para infecciones agudas, principalmente a través de alimento medicado y baños de inmersión. En cambio, la fase marina consume la mayoría de los antibióticos, dominada por florfenicol administrado vía alimento medicado. El uso de antibióticos puede ser metafiláctico (tratamiento de toda la población una vez detectada la enfermedad en parte de los peces), terapéutico dirigido o profiláctico, aunque este último se encuentra prohibido desde 2016. La metafilaxis es la vía de administración preferida para SRS, autorizada cuando la mortalidad semanal atribuible a P. salmonis supera 0,35%. Uso anual de antimicrobianos en la salmonicultura chilena según la fase de producción y la clase de antibiótico (2016-2023). Imagen: Traducción del artículo “Uso de antibióticos en la salmonicultura chilena: resistencia antimicrobiana, sustentabilidad y Una Salud” Por otro lado, la vacunación es reconocida como la estrategia preventiva más eficaz para controlar enfermedades infecciosas y reducir el uso de antibióticos, pero presenta limitaciones. Su desempeño en condiciones de campo sigue siendo variable y las pérdidas por enfermedades ocurren incluso en poblaciones vacunadas. Los investigadores sostienen que parte de las limitantes es el desarrollo de las vacunas usando modelos inmunológicos de mamíferos y la brecha de conocimientos que existe sobre las especificidades inmunológicas del pez, cuyas diferencias en repertorios de anticuerpos, señalización de receptores de reconocimiento molecular y participación del sistema inmune innato impactan en la eficacia de las respuestas inmunes protectoras. SRS, principal driver El síndrome rickettsial del salmón (SRS), causado por Piscirickettsia salmonis, se mantiene como el principal factor que impulsa el uso de antibióticos en la salmonicultura chilena, concentrando la mayor parte de las mortalidades durante la fase de engorda en agua de mar, lo que ha llevado a una dependencia sostenida de tratamientos antimicrobianos, principalmente florfenicol y oxitetraciclina. Uno de los elementos más críticos identificados en el estudio es la limitada eficacia de las vacunas disponibles frente a SRS en condiciones reales de cultivo, que en el caso de P. salmonis su desempeño ha sido inconsistente, lo que impide reducir de manera significativa la incidencia de la enfermedad a nivel de campo. Sin embargo, el estudio plantea que, si bien el SRS explica en gran medida el uso de antimicrobianos en Chile, no constituye una razón única, sino que responde también a factores estructurales del sistema productivo. Más que una enfermedad: un problema de sistema La revisión advierte que el modelo productivo es el que sostiene la dependencia de antibióticos al tratarse de un sistema intensivo, orientado a la exportación y con altas densidades de cultivo. Con el objetivo de mantener la continuidad productiva y evitar pérdidas de biomasa, se genera un contexto propicio para la intervención sanitaria recurrente en condiciones productivas exigentes. Como, por ejemplo, la extensión del ciclo productivo del salmón, que dura alrededor de 36 meses, exponiendo a los peces por largos períodos a factores de estrés, cambios ambientales y patógenos. A esto se suma la limitada duración de la protección otorgada por las vacunas, generando una brecha entre el tiempo de cultivo y su efectividad, lo que favorece el uso reiterado de tratamientos antimicrobianos como respuesta a brotes sanitarios. Los factores ambientales también juegan un rol determinante en este sistema. Eventos como floraciones algales nocivas, bajas concentraciones de oxígeno y variabilidad térmica pueden comprometer la salud de los peces, afectar su sistema inmune y aumentar su susceptibilidad a infecciones, lo que reduce además la eficacia de las herramientas de control existentes. Tendencias temporales en el uso de antimicrobianos en la salmonicultura chilena por fase de producción (2006-2023). Antibióticos como síntoma, no como causa El uso de antibióticos en la salmonicultura chilena está dominado principalmente por dos principios activos: florfenicol y oxitetraciclina, los cuales se administran mayoritariamente a través de alimento medicado, siendo el método más eficiente a escala productiva, donde el tratamiento individual resulta impracticable. Así, la metafilaxis se ha consolidado como la estrategia estrella en la fase de engorda en agua de mar, donde la presión de Piscirickettsia salmonis es más alta. Sin embargo, este enfoque presenta limitaciones biológicas y terapéuticas. Uno de los principales problemas radica en la heterogeneidad en la ingesta del alimento medicado: los peces clínicamente enfermos reducen su apetito, recibiendo dosis subterapéuticas, mientras que los individuos sanos o subclínicos mantienen un consumo normal, siendo expuestos a mayores concentraciones del fármaco, lo que compromete la eficacia del tratamiento en peces enfermos e incrementando la exposición innecesaria de los sanos, lo que en consecuencia podría acelerar la selección de bacterias resistentes. Resistencia antimicrobiana No obstante, la revisión reconoce que no existe evidencia concluyente de que P. salmonis haya desarrollado resistencia adquirida generalizada como principal causa de fallas terapéuticas. En cambio, sugieren que otros mecanismos, como la capacidad intracelular del patógeno, la formación de biofilms o estados fisiológicos de tolerancia, podrían explicar en mayor medida la persistencia de la enfermedad pese a los tratamientos. Dentro de este contexto, los científicos enfatizan que la resistencia antimicrobiana en la salmonicultura chilena debe entenderse desde una perspectiva integral, como el resultado de la interacción entre factores biológicos, productivos y ambientales, orientándose hacia el “resistoma” acuícola, es decir, el conjunto de bacterias y genes de resistencia presentes en el microbioma asociado a peces, sedimentos y ambiente circundante, representando un riesgo medioambiental al actuar como fuente potencial de diseminación de resistencia tanto dentro del sistema productivo como hacia otros ecosistemas. Si bien en Chile se ha implementado una serie de instrumentos regulatorios orientados a mejorar el control y la trazabilidad en el uso de antimicrobianos en la salmonicultura, el estudio plantea que el enfoque regulatorio sigue siendo predominantemente reactivo. En la práctica, muchas decisiones sanitarias continúan basándose en indicadores tardíos, como la mortalidad acumulada, lo que implica intervenir cuando el problema ya está instalado, limitando la capacidad de anticipación del sistema y reduciendo la efectividad de las medidas de control. Perspectivas y soluciones Una estrategia orientada a la reducción sostenible del uso de antibióticos debe estar pensado desde un modelo preventivo integrados, más que reactivo. Para ello, los investigadores concluyen que deben reforzarse las estrategias de vacunación en términos de desarrollo tecnológico y de aplicación en terreno, considerando factores como la variabilidad de cepas, condiciones ambientales y duración efectiva de la protección, complementándose además con la selección genética de peces con mayor resistencia a enfermedades. La incorporación de tecnologías de diagnóstico temprano y monitoreo continuo, el uso de biomarcadores, análisis de comportamiento y herramientas basadas en datos podría facilitar decisiones más oportunas y precisas, reduciendo la necesidad de intervenciones terapéuticas masivas. En paralelo, el estudio destaca el potencial del microbioma como un campo emergente para la comprensión de la dinámica de enfermedades y para el desarrollo de estrategias alternativas al uso de antibióticos, como probióticos o moduladores de la microbiota. El manejo ambiental también se posiciona como un componente crítico en este enfoque, dado que factores como la calidad del agua, la oxigenación y la ocurrencia de eventos como floraciones algales tienen un impacto directo en la salud de los peces y en la eficacia de las medidas sanitarias. En este contexto, mejorar la gestión de los centros de cultivo y su interacción con el entorno podría contribuir significativamente a reducir la presión sanitaria. En conjunto, estas estrategias apuntan a una transformación del sistema hacia un modelo más resiliente, donde la prevención, la información y la integración de múltiples disciplinas permitan disminuir la dependencia de antibióticos. Lee la revisión “Uso de antibióticos en la salmonicultura chilena: resistencia antimicrobiana, sustentabilidad y Una Salud” aquí . Fuente: salmonexpert.cl