Las turberas son ecosistemas únicos y altamente vulnerables, cuya degradación alcanza el 12% a nivel global. En Chile, donde existen aproximadamente 2,8 millones de hectáreas de ellas, entre un 10% y un 20% están deterioradas, afectando la disponibilidad de agua dulce en zonas sin glaciares y reduciendo la capacidad de capturar carbono. Estas pérdidas son consecuencia directa de prácticas extractivas insostenibles, especialmente la explotación de Sphagnum magellanicum o musgo pompón, una planta clave para las turberas y que es el centro de la investigación que lidera el biólogo Sebastián Reyes, egresado del Magíster en Ciencias Biológicas de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso. A través del proyecto PeatLab: micropropagación sustentable de Sphagnum magellanicum, una solución biotecnológica para la restauración de turberas, adjudicado en el Concurso de Valorización de la Investigación en la Universidad (VIU) que financia la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo (ANID), el investigador propone una alternativa para el cultivo de musgo pompón, una planta que se desarrolla principalmente en el sur de Chile y en la Patagonia. La idea es estudiar la regeneración de esta planta para hacer cultivos en cámaras de crecimiento, a pequeña escala primero, para luego escalar a biorreactores y hacerla crecer a través de propágulos –unidades que, a partir de la misma dan origen a un individuo nuevo idéntico al original– en turberas. El cultivo se hará en condiciones controladas, lo que representa una innovación ya que no se han realizado estudios integrados de variables microambientales a la vez, y menos en especies sudamericanas de Sphagnum. Si logramos establecer la configuración idónea de variables, debiésemos esperar un crecimiento optimizado de la planta, sostuvo el biólogo. Micropropagación Reyes explicó que el musgo pompón fue durante años uno de los productos forestales no madereros más exportados del país. Destinado principalmente al mercado asiático, es muy usado como sustrato para plantas apreciadas en la horticultura, principalmente orquídeas tropicales y plantas carnívoras, lo que llevó a exagerar su extracción y a poner en peligro su conservación, dado su lento crecimiento. La turba es un recurso no renovable por el tiempo que demora en regenerarse. En un año se logra menos de 1 mm de regeneración, lo que impide su explotación de forma sustentable. Lo que sí podemos hacer es usar musgo vivo en lugar de turba, pero su sobreexplotación también lleva a la degradación y pérdida de las turberas. La propuesta de PeatLab consiste en ofrecer plantas de Sphagnum de alta calidad, cultivadas en condiciones controladas de laboratorio, una biotecnología que garantiza plantas cultivadas con uniformidad, trazabilidad y alto desempeño fisiológico, mejorando la eficiencia y el éxito de las estrategias de restauración ecológica de turberas degradadas, detalló el director del proyecto. El investigador desarrolló un experimento de crecimiento del musgo Sphagnum magellanicum bajo control de luz en laboratorio, observando un mejor crecimiento y desempeño de las plantas. Esta experiencia permitió diseñar un sistema de cultivo con mayor precisión y uniformidad que los métodos de invernadero utilizados por competidores internacionales. Además, garantiza la producción de un musgo endémico de las turberas de Sudamérica que podrá ser insertado con éxito en su ambiente natural. Ley Pompón En 2024, se promulgó la Ley 21.660 sobre Protección Ambiental de Turberas en Chile, conocida como Ley Pompón, cuyo objetivo es proteger este ecosistema estratégico para el cambio climático y la biodiversidad, prohibiendo la extracción de turba y permitiendo la recolección de su cubierta vegetal bajo planes de manejo sustentable. El proyecto PeatLab se encuentra en TL3 y busca subir a TLR4 mediante la optimización de parámetros críticos. El Nivel de Preparación Tecnológica o TLR es una escala de nueve puntos que mide el grado de madurez de una tecnología a lo largo de su desarrollo, desde la idea inicial hasta la comercialización. Las actividades clave incluyen la micropropagación, monitoreo fisiológico, transferencia tecnológica, formalización de la empresa de base científico-tecnológica (EBCT) y registro de propiedad intelectual. Con PeatLab, transformaremos un desafío ambiental en un motor de innovación, compatibilizando el crecimiento económico con un futuro sostenible para las turberas de Chile y el mundo, finalizó Sebastián Reyes.
La región de Magallanes y la Antártica Chilena fue el foco de reunión del Grupo Internacional para la Conservación de Turberas (IMCG, por sus siglas en inglés). Desde el 1 al 9 de diciembre, este grupo de especialistas de 14 países, recorrieron las turberas de Tierra del Fuego, Punta Arenas y Última Esperanza, con el objetivo de promover el conocimiento, conservación y restauración de estos paisajes. Esta iniciativa, que por primera vez se realizó en Chile, fue organizado por el IMCG y la Universidad Nacional de Tierra del Fuego, Argentina, y contó con la participación de la profesional Paula Otth, del Ministerio de Medio Ambiente. La logística en terreno fue organizada en colaboración con la WCS Chile, el Instituto de la Patagonia de la Universidad de Magallanes, la Fundación Planeta Agua, el Centro Internacional Cabo de Hornos (CHIC) y el Instituto Milenio BASE. Viaje por las turberas de Magallanes Con más de 20 expertos y expertas se dio inicio a la expedición desde la provincia de Tierra del Fuego. Allí, conocieron y recorrieron la situación de las turberas del Parque Natural Karukinka, en el Lote 10 y en el valle La Paciencia, acompañados por Bárbara Saavedra, directora senior de Conservación Efectiva y Nicole Püschel, encargada de Cambio Climático y Biodiversidad, ambas, parte del equipo de WCS Chile, quien administra el parque. «Fue importante compartir con otros colegas el trabajo que estamos haciendo, desde WCS Chile hace más de 20 años, en torno a las turberas: salvaguardándolas y fomentando su reconocimiento y protección, en Karukinka y en otras latitudes. Por otra parte, estas instancias son cruciales para generar redes, que finalmente es lo que permite que la conservación de las turberas sea efectiva en Chile y el mundo, señaló Püschel. El Dr. Roy Mackenzie Calderón, investigador del CHIC y del Instituto Milenio BASE, destacó que la comitiva recalcó que estas grandes extensiones de turberas se encuentran en un excelente estado de conservación. A su vez, la profesora de la Universidad Nacional de Tierra del Fuego, Argentina y miembro del IMCG, Adriana Urciuolo valoró esta oportunidad de recorrer las turberas en Chile. Fue hermoso realmente, todos encantados con la visita a las turberas del Parque Karukinka, y para ellos ver estas turberas prístinas en Tierra del Fuego fue fantástico, porque son muy diferentes a las turberas ya degradadas de Europa o Canadá, se quedaron realmente impresionados, les encantó la diversidad de turberas y la intensidad de actividades que hicimos alrededor del viaje, detalló Urciuolo. Durante este recorrido, los especialistas se interiorizaron en la problemática del castor canadiense en Karukinka, siendo una de las amenazas que fue apuntada por la declaratoria del IMCG 2025. En ese sentido, Mackenzie explicó que las turberas prístinas de Tierra del Fuego poseen un valor ecológico y climático excepcional. Almacenan enormes reservas de carbono acumuladas durante más de diez mil años, funcionando como sumideros naturales que ayudan a mitigar el cambio climático al mantener el carbono fuera del ciclo atmosférico. Además, regulan el ciclo hídrico al retener y liberar agua lentamente, estabilizando caudales y previniendo inundaciones. Su estado intacto las convierte en archivos paleoambientales que conservan información sobre la historia climática y ecológica de Tierra del Fuego y de la región, mientras sostienen una biodiversidad nativa adaptada a condiciones de extremo anegamiento. También representan paisajes de alto valor cultural y escénico, con un enorme potencial para el ecoturismo sustentable, como muy bien lo representa el trabajo que realiza la WCS, añadió. Posteriormente, el grupo se trasladó hasta Punta Arenas, donde los participantes visitaron el sector de San Juan, a 40 km al sur de la capital regional, comprendiendo la labor de INIA Kampenaike, que monitorea hace más de una década el estado de las turberas explotadas para su extracción. Junto a profesionales del Ministerio de Medio Ambiente, se observó el abundante crecimiento de la Murtilla (Empetrum rubrum) en las áreas explotadas, y se discutió la estrategia de restauración por rehumedecimiento mediante el bloqueo de las zanjas que aún permanecen abiertas en el sector afectado de la turbera, y de esta manera recuperar su vegetación esfagnosa y la biodiversidad nativa característica de este tipo de humedales. Las actividades continuaron en el sector de Seno Obstrucción, Última Esperanza, cuando la Fundación Planeta Agua recibió a la comitiva para visitar y dialogar con una familia de recolectores del musgo pompón (Sphagnum magellanicum). En el lugar, los anfitriones dieron cuenta del conocimiento empírico que han acumulado desde hace 20 años sobre el crecimiento del musgo en esa área, además de observar especies endémicas del cono sudamericano como la planta carnívora rocío de sol (Drosera uniflora) y el ciprés de las guaitecas ( Pilgerodendron uviferum). Simposio IMCG Desde las dependencias del Servicio de Evaluación Ambiental (SEA) en Punta Arenas, los expertos se reunieron para presentar sus investigaciones y dialogar en torno a lo experimentado durante esta semana en Magallanes. Dentro de la jornada, se presentó Claudia Mansilla, profesora del Instituto de la Patagonia, quien conversó sobre las turberas y su relación con los cambios ambientales y culturales. Muy agradecidos que se haya hecho el contacto con Chile, porque es un grupo internacional, que todos los años busca diversos países para evaluar la situación actual y pasada de las turberas. Agradecer que hayan elegido al país, fue una tremenda oportunidad que puedan venir a evaluar el estado actual de conservación, ese es uno de los objetivos, resaltó Mansilla. Palabras que comparte, el Dr. Mackenzie, indicando como este encuentro permitió destacar a nivel internacional la singularidad y el estado prístino de las turberas de la austral región, consideradas entre los ecosistemas más relevantes del hemisferio sur. Además, los especialistas entregaron un fuerte respaldo a las acciones de protección ambiental que se han logrado en Chile durante los últimos años, como lo es la Ley de Protección de Turberas y la integración de estos ecosistemas en el compromiso de Chile con la Contribución Determinada de Carbono (NDC). Este escenario ofreció a los expertos la oportunidad de observar directamente paisajes de alta integridad ecológica y discutir estrategias de conservación priorizando sus amenazas locales, en un territorio clave para el estudio de la evolución de estos ecosistemas por sus aportes en la mitigación del cambio climático global. Además, se fortaleció la colaboración científica y política, posicionando a Chile como referente en la protección de turberas en el hemisferio sur, concluyó el ecólogo.
En Magallanes, especialistas de Chile y Argentina gestaron la propuesta de gobernanza de la Iniciativa Turberas Patagónicas, instancia que nació en 2021 para resguardar estos importantes humedales. “Estuvimos trabajando en un borrador de gobernanza que define cuáles son los componentes de esta estructura, cómo se van a tomar las decisiones, y cómo se va a organizar la iniciativa para dar continuidad a la visión y misión que se establecieron de manera participativa el año 2022”, comentó Antonieta Eguren, encargada de Dimensión Humana de WCS Chile. El borrador de gobernanza será discutido con toda la iniciativa en los próximos meses, para llegar a un marco que establezca los lineamientos mínimos para comenzar a funcionar de manera estructurada y periódica. Se espera, además, a partir de este documento, continuar sumando actores relacionados con las turberas, que, desde distintas visiones, aporten a su conservación. “Este espacio de colaboración y cooperación binacional es fundamental, porque relevamos la importancia de conservar y proteger las turberas patagónicas como un ecosistema común y ecológicamente continuo”, comentó Paula Otth, profesional del Departamento de Ecosistemas Acuáticos del Ministerio del Medio Ambiente. La iniciativa se ha enriquecido con el conocimiento local y ha levantado propuestas específicas para avanzar hacia una visión compartida que permita el resguardo de la integridad de las turberas del sur de Chile y Argentina, potenciando esfuerzos en política pública, generación de conocimiento e inspiración que contribuyan a su cuidado. Para Adriana Urciuolo, investigadora de la Universidad Nacional de Tierra del Fuego, “este documento refleja la visión de todos sobre la Iniciativa Turberas Patagónicas, es lo que esperamos y soñamos cuando nos juntamos allá por el 2021 y decidimos formar esta iniciativa. Habrá detalles para pulir, pero la base está, de un documento que refleja lo que todos esperamos, que es, fundamentalmente, promover la conservación, la restauración y protección de nuestras turberas patagónicas”, señaló. La propuesta de gobernanza fue coconstruida entre la Asociación Mane'Kenk, Universidad Nacional de Tierra del Fuego (de Argentina); la Fundación Hach Saye, Fundación Ciudadanos y Clima, Universidad de Magallanes, Ministerio del Medio Ambiente y WCS (de Chile). En los últimos años, Chile y Argentina han dado pasos importantes en favor del conocimiento, valoración, protección y uso racional de las turberas. Existen en ambos países crecientes capacidades e interés científico, comunitario y de uso de turberas, que ofrece oportunidades para expandir e integrar los esfuerzos de conservación en la Patagonia. Nicole Püschel, encargada de Cambio Climático y Biodiversidad de WCS Chile, destacó que “para WCS, como custodios de turberas en Karukinka, es importante no solo realizar los esfuerzos ahí. Es necesario que se protejan estos ecosistemas a nivel nacional y global con igual fuerza. Es por lo que nosotros empujamos y buscamos oportunidades que nos permitan fortalecer redes y conectar a distintos actores, que trabajan en diversas escalas y con variadas aproximaciones, en la protección de las turberas”. Cómo mejorar la gestión de las turberas Este encuentro binacional fue posible gracias al proyecto liderado por WCS Chile, “Potenciando la conservación de las turberas en la Patagonia mediante la investigación científica y la colaboración entre actores”, el que busca mejorar la gestión y manejo de estos ecosistemas en la Patagonia. Particularmente en el Parque Karukinka, el proyecto busca trabajar en torno a dos presiones que hoy enfrentan: los cambios hidrológicos asociados a la presencia del castor y los efectos del cambio climático. Las turberas son las mayores reservas de carbono natural del mundo, reteniendo el doble de carbono que toda la masa forestal del planeta. Además de su importancia en la mitigación del cambio climático, es crucial para adaptarse a sus efectos. Estos ecosistemas de gran valor se enfrentan a amenazas como el drenaje, el cambio de uso de suelo, las especies exóticas invasoras, como el castor, y la explotación no sustentable de turba y musgo, entre otras causas. Es por esto que las turberas constituyen uno de los focos de trabajo de WCS Chile a diferentes escalas, desde lo local en el Parque Karukinka a lo global.
Las turberas son ecosistemas únicos y altamente vulnerables, cuya degradación alcanza el 12% a nivel global. En Chile, donde existen aproximadamente 2,8 millones de hectáreas de ellas, entre un 10% y un 20% están deterioradas, afectando la disponibilidad de agua dulce en zonas sin glaciares y reduciendo la capacidad de capturar carbono. Estas pérdidas son consecuencia directa de prácticas extractivas insostenibles, especialmente la explotación de Sphagnum magellanicum o musgo pompón, una planta clave para las turberas y que es el centro de la investigación que lidera el biólogo Sebastián Reyes, egresado del Magíster en Ciencias Biológicas de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso. A través del proyecto PeatLab: micropropagación sustentable de Sphagnum magellanicum, una solución biotecnológica para la restauración de turberas, adjudicado en el Concurso de Valorización de la Investigación en la Universidad (VIU) que financia la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo (ANID), el investigador propone una alternativa para el cultivo de musgo pompón, una planta que se desarrolla principalmente en el sur de Chile y en la Patagonia. La idea es estudiar la regeneración de esta planta para hacer cultivos en cámaras de crecimiento, a pequeña escala primero, para luego escalar a biorreactores y hacerla crecer a través de propágulos –unidades que, a partir de la misma dan origen a un individuo nuevo idéntico al original– en turberas. El cultivo se hará en condiciones controladas, lo que representa una innovación ya que no se han realizado estudios integrados de variables microambientales a la vez, y menos en especies sudamericanas de Sphagnum. Si logramos establecer la configuración idónea de variables, debiésemos esperar un crecimiento optimizado de la planta, sostuvo el biólogo. Micropropagación Reyes explicó que el musgo pompón fue durante años uno de los productos forestales no madereros más exportados del país. Destinado principalmente al mercado asiático, es muy usado como sustrato para plantas apreciadas en la horticultura, principalmente orquídeas tropicales y plantas carnívoras, lo que llevó a exagerar su extracción y a poner en peligro su conservación, dado su lento crecimiento. La turba es un recurso no renovable por el tiempo que demora en regenerarse. En un año se logra menos de 1 mm de regeneración, lo que impide su explotación de forma sustentable. Lo que sí podemos hacer es usar musgo vivo en lugar de turba, pero su sobreexplotación también lleva a la degradación y pérdida de las turberas. La propuesta de PeatLab consiste en ofrecer plantas de Sphagnum de alta calidad, cultivadas en condiciones controladas de laboratorio, una biotecnología que garantiza plantas cultivadas con uniformidad, trazabilidad y alto desempeño fisiológico, mejorando la eficiencia y el éxito de las estrategias de restauración ecológica de turberas degradadas, detalló el director del proyecto. El investigador desarrolló un experimento de crecimiento del musgo Sphagnum magellanicum bajo control de luz en laboratorio, observando un mejor crecimiento y desempeño de las plantas. Esta experiencia permitió diseñar un sistema de cultivo con mayor precisión y uniformidad que los métodos de invernadero utilizados por competidores internacionales. Además, garantiza la producción de un musgo endémico de las turberas de Sudamérica que podrá ser insertado con éxito en su ambiente natural. Ley Pompón En 2024, se promulgó la Ley 21.660 sobre Protección Ambiental de Turberas en Chile, conocida como Ley Pompón, cuyo objetivo es proteger este ecosistema estratégico para el cambio climático y la biodiversidad, prohibiendo la extracción de turba y permitiendo la recolección de su cubierta vegetal bajo planes de manejo sustentable. El proyecto PeatLab se encuentra en TL3 y busca subir a TLR4 mediante la optimización de parámetros críticos. El Nivel de Preparación Tecnológica o TLR es una escala de nueve puntos que mide el grado de madurez de una tecnología a lo largo de su desarrollo, desde la idea inicial hasta la comercialización. Las actividades clave incluyen la micropropagación, monitoreo fisiológico, transferencia tecnológica, formalización de la empresa de base científico-tecnológica (EBCT) y registro de propiedad intelectual. Con PeatLab, transformaremos un desafío ambiental en un motor de innovación, compatibilizando el crecimiento económico con un futuro sostenible para las turberas de Chile y el mundo, finalizó Sebastián Reyes.
La región de Magallanes y la Antártica Chilena fue el foco de reunión del Grupo Internacional para la Conservación de Turberas (IMCG, por sus siglas en inglés). Desde el 1 al 9 de diciembre, este grupo de especialistas de 14 países, recorrieron las turberas de Tierra del Fuego, Punta Arenas y Última Esperanza, con el objetivo de promover el conocimiento, conservación y restauración de estos paisajes. Esta iniciativa, que por primera vez se realizó en Chile, fue organizado por el IMCG y la Universidad Nacional de Tierra del Fuego, Argentina, y contó con la participación de la profesional Paula Otth, del Ministerio de Medio Ambiente. La logística en terreno fue organizada en colaboración con la WCS Chile, el Instituto de la Patagonia de la Universidad de Magallanes, la Fundación Planeta Agua, el Centro Internacional Cabo de Hornos (CHIC) y el Instituto Milenio BASE. Viaje por las turberas de Magallanes Con más de 20 expertos y expertas se dio inicio a la expedición desde la provincia de Tierra del Fuego. Allí, conocieron y recorrieron la situación de las turberas del Parque Natural Karukinka, en el Lote 10 y en el valle La Paciencia, acompañados por Bárbara Saavedra, directora senior de Conservación Efectiva y Nicole Püschel, encargada de Cambio Climático y Biodiversidad, ambas, parte del equipo de WCS Chile, quien administra el parque. «Fue importante compartir con otros colegas el trabajo que estamos haciendo, desde WCS Chile hace más de 20 años, en torno a las turberas: salvaguardándolas y fomentando su reconocimiento y protección, en Karukinka y en otras latitudes. Por otra parte, estas instancias son cruciales para generar redes, que finalmente es lo que permite que la conservación de las turberas sea efectiva en Chile y el mundo, señaló Püschel. El Dr. Roy Mackenzie Calderón, investigador del CHIC y del Instituto Milenio BASE, destacó que la comitiva recalcó que estas grandes extensiones de turberas se encuentran en un excelente estado de conservación. A su vez, la profesora de la Universidad Nacional de Tierra del Fuego, Argentina y miembro del IMCG, Adriana Urciuolo valoró esta oportunidad de recorrer las turberas en Chile. Fue hermoso realmente, todos encantados con la visita a las turberas del Parque Karukinka, y para ellos ver estas turberas prístinas en Tierra del Fuego fue fantástico, porque son muy diferentes a las turberas ya degradadas de Europa o Canadá, se quedaron realmente impresionados, les encantó la diversidad de turberas y la intensidad de actividades que hicimos alrededor del viaje, detalló Urciuolo. Durante este recorrido, los especialistas se interiorizaron en la problemática del castor canadiense en Karukinka, siendo una de las amenazas que fue apuntada por la declaratoria del IMCG 2025. En ese sentido, Mackenzie explicó que las turberas prístinas de Tierra del Fuego poseen un valor ecológico y climático excepcional. Almacenan enormes reservas de carbono acumuladas durante más de diez mil años, funcionando como sumideros naturales que ayudan a mitigar el cambio climático al mantener el carbono fuera del ciclo atmosférico. Además, regulan el ciclo hídrico al retener y liberar agua lentamente, estabilizando caudales y previniendo inundaciones. Su estado intacto las convierte en archivos paleoambientales que conservan información sobre la historia climática y ecológica de Tierra del Fuego y de la región, mientras sostienen una biodiversidad nativa adaptada a condiciones de extremo anegamiento. También representan paisajes de alto valor cultural y escénico, con un enorme potencial para el ecoturismo sustentable, como muy bien lo representa el trabajo que realiza la WCS, añadió. Posteriormente, el grupo se trasladó hasta Punta Arenas, donde los participantes visitaron el sector de San Juan, a 40 km al sur de la capital regional, comprendiendo la labor de INIA Kampenaike, que monitorea hace más de una década el estado de las turberas explotadas para su extracción. Junto a profesionales del Ministerio de Medio Ambiente, se observó el abundante crecimiento de la Murtilla (Empetrum rubrum) en las áreas explotadas, y se discutió la estrategia de restauración por rehumedecimiento mediante el bloqueo de las zanjas que aún permanecen abiertas en el sector afectado de la turbera, y de esta manera recuperar su vegetación esfagnosa y la biodiversidad nativa característica de este tipo de humedales. Las actividades continuaron en el sector de Seno Obstrucción, Última Esperanza, cuando la Fundación Planeta Agua recibió a la comitiva para visitar y dialogar con una familia de recolectores del musgo pompón (Sphagnum magellanicum). En el lugar, los anfitriones dieron cuenta del conocimiento empírico que han acumulado desde hace 20 años sobre el crecimiento del musgo en esa área, además de observar especies endémicas del cono sudamericano como la planta carnívora rocío de sol (Drosera uniflora) y el ciprés de las guaitecas ( Pilgerodendron uviferum). Simposio IMCG Desde las dependencias del Servicio de Evaluación Ambiental (SEA) en Punta Arenas, los expertos se reunieron para presentar sus investigaciones y dialogar en torno a lo experimentado durante esta semana en Magallanes. Dentro de la jornada, se presentó Claudia Mansilla, profesora del Instituto de la Patagonia, quien conversó sobre las turberas y su relación con los cambios ambientales y culturales. Muy agradecidos que se haya hecho el contacto con Chile, porque es un grupo internacional, que todos los años busca diversos países para evaluar la situación actual y pasada de las turberas. Agradecer que hayan elegido al país, fue una tremenda oportunidad que puedan venir a evaluar el estado actual de conservación, ese es uno de los objetivos, resaltó Mansilla. Palabras que comparte, el Dr. Mackenzie, indicando como este encuentro permitió destacar a nivel internacional la singularidad y el estado prístino de las turberas de la austral región, consideradas entre los ecosistemas más relevantes del hemisferio sur. Además, los especialistas entregaron un fuerte respaldo a las acciones de protección ambiental que se han logrado en Chile durante los últimos años, como lo es la Ley de Protección de Turberas y la integración de estos ecosistemas en el compromiso de Chile con la Contribución Determinada de Carbono (NDC). Este escenario ofreció a los expertos la oportunidad de observar directamente paisajes de alta integridad ecológica y discutir estrategias de conservación priorizando sus amenazas locales, en un territorio clave para el estudio de la evolución de estos ecosistemas por sus aportes en la mitigación del cambio climático global. Además, se fortaleció la colaboración científica y política, posicionando a Chile como referente en la protección de turberas en el hemisferio sur, concluyó el ecólogo.
En Magallanes, especialistas de Chile y Argentina gestaron la propuesta de gobernanza de la Iniciativa Turberas Patagónicas, instancia que nació en 2021 para resguardar estos importantes humedales. “Estuvimos trabajando en un borrador de gobernanza que define cuáles son los componentes de esta estructura, cómo se van a tomar las decisiones, y cómo se va a organizar la iniciativa para dar continuidad a la visión y misión que se establecieron de manera participativa el año 2022”, comentó Antonieta Eguren, encargada de Dimensión Humana de WCS Chile. El borrador de gobernanza será discutido con toda la iniciativa en los próximos meses, para llegar a un marco que establezca los lineamientos mínimos para comenzar a funcionar de manera estructurada y periódica. Se espera, además, a partir de este documento, continuar sumando actores relacionados con las turberas, que, desde distintas visiones, aporten a su conservación. “Este espacio de colaboración y cooperación binacional es fundamental, porque relevamos la importancia de conservar y proteger las turberas patagónicas como un ecosistema común y ecológicamente continuo”, comentó Paula Otth, profesional del Departamento de Ecosistemas Acuáticos del Ministerio del Medio Ambiente. La iniciativa se ha enriquecido con el conocimiento local y ha levantado propuestas específicas para avanzar hacia una visión compartida que permita el resguardo de la integridad de las turberas del sur de Chile y Argentina, potenciando esfuerzos en política pública, generación de conocimiento e inspiración que contribuyan a su cuidado. Para Adriana Urciuolo, investigadora de la Universidad Nacional de Tierra del Fuego, “este documento refleja la visión de todos sobre la Iniciativa Turberas Patagónicas, es lo que esperamos y soñamos cuando nos juntamos allá por el 2021 y decidimos formar esta iniciativa. Habrá detalles para pulir, pero la base está, de un documento que refleja lo que todos esperamos, que es, fundamentalmente, promover la conservación, la restauración y protección de nuestras turberas patagónicas”, señaló. La propuesta de gobernanza fue coconstruida entre la Asociación Mane'Kenk, Universidad Nacional de Tierra del Fuego (de Argentina); la Fundación Hach Saye, Fundación Ciudadanos y Clima, Universidad de Magallanes, Ministerio del Medio Ambiente y WCS (de Chile). En los últimos años, Chile y Argentina han dado pasos importantes en favor del conocimiento, valoración, protección y uso racional de las turberas. Existen en ambos países crecientes capacidades e interés científico, comunitario y de uso de turberas, que ofrece oportunidades para expandir e integrar los esfuerzos de conservación en la Patagonia. Nicole Püschel, encargada de Cambio Climático y Biodiversidad de WCS Chile, destacó que “para WCS, como custodios de turberas en Karukinka, es importante no solo realizar los esfuerzos ahí. Es necesario que se protejan estos ecosistemas a nivel nacional y global con igual fuerza. Es por lo que nosotros empujamos y buscamos oportunidades que nos permitan fortalecer redes y conectar a distintos actores, que trabajan en diversas escalas y con variadas aproximaciones, en la protección de las turberas”. Cómo mejorar la gestión de las turberas Este encuentro binacional fue posible gracias al proyecto liderado por WCS Chile, “Potenciando la conservación de las turberas en la Patagonia mediante la investigación científica y la colaboración entre actores”, el que busca mejorar la gestión y manejo de estos ecosistemas en la Patagonia. Particularmente en el Parque Karukinka, el proyecto busca trabajar en torno a dos presiones que hoy enfrentan: los cambios hidrológicos asociados a la presencia del castor y los efectos del cambio climático. Las turberas son las mayores reservas de carbono natural del mundo, reteniendo el doble de carbono que toda la masa forestal del planeta. Además de su importancia en la mitigación del cambio climático, es crucial para adaptarse a sus efectos. Estos ecosistemas de gran valor se enfrentan a amenazas como el drenaje, el cambio de uso de suelo, las especies exóticas invasoras, como el castor, y la explotación no sustentable de turba y musgo, entre otras causas. Es por esto que las turberas constituyen uno de los focos de trabajo de WCS Chile a diferentes escalas, desde lo local en el Parque Karukinka a lo global.