Las turberas cumplen una tarea silenciosa y decisiva para el planeta, ya que durante miles de años han almacenado carbono en sus suelos, evitando su liberación a la atmósfera y ayudando así a enfrentar la crisis climática. Su importancia es enorme. A escala global, se estima que almacenan cerca de un tercio del carbono presente en los suelos del planeta. En Chile, en tanto, guardan alrededor de 4,8 gigatoneladas de carbono, acumuladas durante más de 18 mil años. Pero su aporte no termina ahí. También cumplen un rol clave en la regulación del agua, ya que ayudan a reducir inundaciones, sequías e incluso la intrusión de aguas marinas. Por eso, más que paisajes remotos, las turberas son una infraestructura natural fundamental para el equilibrio climático y la protección del territorio. Presentes en distintas regiones del mundo y en variados paisajes, las turberas son ecosistemas de gran valor, pero también altamente frágiles. Cuando se degradan, dejan de cumplir su función protectora y comienzan a liberar el carbono que han retenido durante siglos. A nivel global, se estima que su deterioro genera cerca de 2.000 millones de toneladas de CO2 equivalente al año, lo que representa alrededor del 4% de las emisiones provocadas por la actividad humana. “Las turberas de Magallanes cumplen un rol fundamental no solo en la acumulación de carbono, sino que también en la regulación hídrica. Al derretirse la nieve acumulada durante el invierno, el agua queda retenida en las turberas, las que regulan el flujo y actúan como un filtro, permitiendo cargar nuestras principales fuentes de agua como la Reserva Nacional Laguna Parrillar, Reserva Nacional Magallanes o el Bien Nacional Protegido Río Róbalo. Es así como las principales ciudades en la región dependen de la conservación de las turberas para el abastecimiento de agua potable”, destacó el director regional del SBAP en Magallanes, Alejandro Fernández. Cómo Chile busca protegerlas En Chile, esa protección ha comenzado a fortalecerse. La Ley N° 21.660, sobre protección ambiental de las turberas, las reconoce como reservas estratégicas para enfrentar el cambio climático, regular el agua, conservar la biodiversidad y resguardar los múltiples beneficios que entregan a los ecosistemas y a las personas. Por eso, se prohíbe la extracción de turba (la materia orgánica vegetal parcialmente descompuesta que permanece bajo el musgo) en todo el país y permite únicamente el manejo sustentable del musgo Sphagnum magellanicum, conocido como pompón, bajo condiciones reguladas por el Estado. Es decir, el nuevo marco legal deja atrás una mirada centrada exclusivamente en el aprovechamiento del musgo y avanza hacia la protección de la turbera como ecosistema, de esta manera no constituirá alteración física de las turberas el manejo sustentable de la cubierta vegetal que se efectúe de acuerdo a un plan de manejo, conforme a lo establecido en dicha ley y su reglamento. Bajo ese escenario, el Servicio de Biodiversidad y Áreas Protegidas (SBAP) cumple un relevante rol en su resguardo. El SBAP entregará un informe favorable previo a la aprobación del plan de manejo por parte del SAG y, además, tendrá funciones de fiscalización y sanción en el cumplimiento de esta normativa, dentro del ámbito de sus competencias. Durante miles de años, las turberas han hecho en silencio un trabajo esencial para el planeta. Hoy, cuando la crisis climática exige respuestas urgentes, su protección es una de las formas más concretas de cuidar el clima, el agua y la vida en Chile y el planeta.
En entrevista con un programa radial de la región, Carmody explicó que las turberas han estado históricamente expuestas a presiones extractivas debido a debilidades en su regulación. Hasta hace pocos años, la turba —la capa subterránea del ecosistema— podía ser objeto de concesiones mineras, lo que implicaba un alto riesgo de explotación, señaló. Avances legislativos y desafíos pendientes La especialista destacó como un avance relevante la aprobación, en 2024, de la ley que prohíbe la extracción de turba. No obstante, advirtió que la normativa aún permite la extracción del musgo sphagnum bajo planes de manejo considerados sostenibles. Si bien esta ley representa un progreso significativo, la intervención de las turberas sigue implicando riesgos. Son ecosistemas que se forman en miles de años, por lo que su recuperación no es comparable con los tiempos de extracción, explicó. En este sentido, enfatizó que la separación normativa entre turba y musgo no necesariamente refleja el funcionamiento integral del ecosistema. Al extraer el musgo, se puede exponer la turba al oxígeno, liberando CO2, lo que impacta directamente en su rol como sumidero de carbono, agregó. Uno de los principales puntos críticos señalados por Carmody es la fiscalización de la normativa vigente. En Chile, muchas veces contamos con buenas leyes, pero su cumplimiento efectivo sigue siendo un desafío, afirmó. Iniciativas de gobernanza y cooperación En paralelo, destacó la creación de una iniciativa binacional entre Chile y Argentina para la conservación de turberas patagónicas, que busca fortalecer la gobernanza, compartir experiencias y promover mejores prácticas de protección. Esta instancia reúne a universidades, organizaciones y comunidades locales, y apunta a generar lineamientos comunes frente a un ecosistema que trasciende fronteras. Incertidumbre por retiro de decretos ambientales En materia de política pública, Carmody también se refirió al retiro de 43 decretos ambientales en proceso de revisión, señalando que la medida genera incertidumbre en el sector. Son instrumentos que ya han pasado por procesos técnicos y jurídicos. Su retiro sin distinción puede afectar la certeza jurídica y el desarrollo adecuado de proyectos, indicó. Asimismo, advirtió que este tipo de decisiones puede instalar una percepción errónea sobre la regulación ambiental. No se trata de una carga, sino de herramientas que entregan claridad, reducen conflictos y permiten un desarrollo más sostenible, sostuvo. Regulación y desarrollo: una relación necesaria Finalmente, Carmody subrayó la importancia de fortalecer la institucionalidad ambiental para avanzar hacia un equilibrio entre desarrollo y conservación. La normativa ambiental no debe entenderse como un obstáculo, sino como una base que permite resguardar los ecosistemas y, al mismo tiempo, dar certezas para el desarrollo económico, concluyó.
La directora del Parque Karukinka de WCS, Melissa Carmodi, abordó esta mañana los avances de la Iniciativa de Turberas Patagónicas durante su participación en el programa Buenos Días Región de Polar Comunicaciones, destacando un reciente hito en este esfuerzo de carácter binacional. En ese contexto, explicó que el pasado jueves 5 de marzo se concretó un paso relevante para la consolidación de esta iniciativa, impulsada de manera conjunta entre Chile y Argentina, con la presentación de una propuesta de modelo de gobernanza orientada a fortalecer la conservación de estos ecosistemas. Las turberas patagónicas cumplen un rol clave a nivel ambiental, ya que almacenan grandes cantidades de carbono, contribuyen a la regulación hídrica en los territorios y aportan al bienestar de las comunidades locales. Sin embargo, también enfrentan crecientes amenazas asociadas al cambio climático y a distintas presiones productivas. En esa línea, la propuesta de gobernanza busca avanzar hacia una implementación organizada y colaborativa, articulando a actores de distintos sectores para impulsar líneas de trabajo como la investigación, la gestión y manejo de estos ecosistemas, la incidencia en políticas públicas, la mejora de prácticas productivas y la divulgación de su importancia. Tras esta etapa, las organizaciones y personas que integran la iniciativa iniciarán un proceso de revisión con miras a validar la propuesta hacia fines de marzo, lo que permitirá continuar avanzando en su consolidación. Cabe destacar que la Iniciativa de Turberas Patagónicas surgió en 2021 y se proyecta como un espacio de colaboración de largo plazo, enfocado en ampliar el conocimiento, cuidado y protección de estos ecosistemas estratégicos para la Patagonia y el planeta.
A través de sus plataformas digitales, el influencer mostró imágenes desde una turbera en la provincia de Última Esperanza, explicando que estos ecosistemas funcionan como una especie de “esponja natural” que almacena grandes cantidades de agua y actúa como uno de los principales sumideros de carbono del planeta. Según explicó, las turberas cumplen un rol clave en la regulación del clima y en la retención de recursos hídricos. En su registro audiovisual, Vergara también exhibe sacos de turba que, según señala, serían retirados de la zona mediante camiones. En el video, plantea su preocupación por la extracción de este material, indicando que la regeneración de las turberas es extremadamente lenta y que su explotación puede provocar daños ambientales de largo plazo. De acuerdo con diversos estudios científicos, las turberas se forman a lo largo de miles de años mediante la acumulación de materia orgánica en ambientes húmedos. Se estima que su crecimiento puede ser de apenas un milímetro por año, por lo que la extracción de grandes volúmenes implica la pérdida de siglos o incluso milenios de formación natural. La situación expuesta en el video ha vuelto a poner en discusión la importancia de proteger estos ecosistemas presentes en distintas zonas de la Patagonia, incluyendo la Región de Magallanes, donde las turberas cumplen un rol relevante tanto para la biodiversidad como para el equilibrio climático global.
Las turberas son ecosistemas únicos y altamente vulnerables, cuya degradación alcanza el 12% a nivel global. En Chile, donde existen aproximadamente 2,8 millones de hectáreas de ellas, entre un 10% y un 20% están deterioradas, afectando la disponibilidad de agua dulce en zonas sin glaciares y reduciendo la capacidad de capturar carbono. Estas pérdidas son consecuencia directa de prácticas extractivas insostenibles, especialmente la explotación de Sphagnum magellanicum o musgo pompón, una planta clave para las turberas y que es el centro de la investigación que lidera el biólogo Sebastián Reyes, egresado del Magíster en Ciencias Biológicas de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso. A través del proyecto PeatLab: micropropagación sustentable de Sphagnum magellanicum, una solución biotecnológica para la restauración de turberas, adjudicado en el Concurso de Valorización de la Investigación en la Universidad (VIU) que financia la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo (ANID), el investigador propone una alternativa para el cultivo de musgo pompón, una planta que se desarrolla principalmente en el sur de Chile y en la Patagonia. La idea es estudiar la regeneración de esta planta para hacer cultivos en cámaras de crecimiento, a pequeña escala primero, para luego escalar a biorreactores y hacerla crecer a través de propágulos –unidades que, a partir de la misma dan origen a un individuo nuevo idéntico al original– en turberas. El cultivo se hará en condiciones controladas, lo que representa una innovación ya que no se han realizado estudios integrados de variables microambientales a la vez, y menos en especies sudamericanas de Sphagnum. Si logramos establecer la configuración idónea de variables, debiésemos esperar un crecimiento optimizado de la planta, sostuvo el biólogo. Micropropagación Reyes explicó que el musgo pompón fue durante años uno de los productos forestales no madereros más exportados del país. Destinado principalmente al mercado asiático, es muy usado como sustrato para plantas apreciadas en la horticultura, principalmente orquídeas tropicales y plantas carnívoras, lo que llevó a exagerar su extracción y a poner en peligro su conservación, dado su lento crecimiento. La turba es un recurso no renovable por el tiempo que demora en regenerarse. En un año se logra menos de 1 mm de regeneración, lo que impide su explotación de forma sustentable. Lo que sí podemos hacer es usar musgo vivo en lugar de turba, pero su sobreexplotación también lleva a la degradación y pérdida de las turberas. La propuesta de PeatLab consiste en ofrecer plantas de Sphagnum de alta calidad, cultivadas en condiciones controladas de laboratorio, una biotecnología que garantiza plantas cultivadas con uniformidad, trazabilidad y alto desempeño fisiológico, mejorando la eficiencia y el éxito de las estrategias de restauración ecológica de turberas degradadas, detalló el director del proyecto. El investigador desarrolló un experimento de crecimiento del musgo Sphagnum magellanicum bajo control de luz en laboratorio, observando un mejor crecimiento y desempeño de las plantas. Esta experiencia permitió diseñar un sistema de cultivo con mayor precisión y uniformidad que los métodos de invernadero utilizados por competidores internacionales. Además, garantiza la producción de un musgo endémico de las turberas de Sudamérica que podrá ser insertado con éxito en su ambiente natural. Ley Pompón En 2024, se promulgó la Ley 21.660 sobre Protección Ambiental de Turberas en Chile, conocida como Ley Pompón, cuyo objetivo es proteger este ecosistema estratégico para el cambio climático y la biodiversidad, prohibiendo la extracción de turba y permitiendo la recolección de su cubierta vegetal bajo planes de manejo sustentable. El proyecto PeatLab se encuentra en TL3 y busca subir a TLR4 mediante la optimización de parámetros críticos. El Nivel de Preparación Tecnológica o TLR es una escala de nueve puntos que mide el grado de madurez de una tecnología a lo largo de su desarrollo, desde la idea inicial hasta la comercialización. Las actividades clave incluyen la micropropagación, monitoreo fisiológico, transferencia tecnológica, formalización de la empresa de base científico-tecnológica (EBCT) y registro de propiedad intelectual. Con PeatLab, transformaremos un desafío ambiental en un motor de innovación, compatibilizando el crecimiento económico con un futuro sostenible para las turberas de Chile y el mundo, finalizó Sebastián Reyes.
Las turberas cumplen una tarea silenciosa y decisiva para el planeta, ya que durante miles de años han almacenado carbono en sus suelos, evitando su liberación a la atmósfera y ayudando así a enfrentar la crisis climática. Su importancia es enorme. A escala global, se estima que almacenan cerca de un tercio del carbono presente en los suelos del planeta. En Chile, en tanto, guardan alrededor de 4,8 gigatoneladas de carbono, acumuladas durante más de 18 mil años. Pero su aporte no termina ahí. También cumplen un rol clave en la regulación del agua, ya que ayudan a reducir inundaciones, sequías e incluso la intrusión de aguas marinas. Por eso, más que paisajes remotos, las turberas son una infraestructura natural fundamental para el equilibrio climático y la protección del territorio. Presentes en distintas regiones del mundo y en variados paisajes, las turberas son ecosistemas de gran valor, pero también altamente frágiles. Cuando se degradan, dejan de cumplir su función protectora y comienzan a liberar el carbono que han retenido durante siglos. A nivel global, se estima que su deterioro genera cerca de 2.000 millones de toneladas de CO2 equivalente al año, lo que representa alrededor del 4% de las emisiones provocadas por la actividad humana. “Las turberas de Magallanes cumplen un rol fundamental no solo en la acumulación de carbono, sino que también en la regulación hídrica. Al derretirse la nieve acumulada durante el invierno, el agua queda retenida en las turberas, las que regulan el flujo y actúan como un filtro, permitiendo cargar nuestras principales fuentes de agua como la Reserva Nacional Laguna Parrillar, Reserva Nacional Magallanes o el Bien Nacional Protegido Río Róbalo. Es así como las principales ciudades en la región dependen de la conservación de las turberas para el abastecimiento de agua potable”, destacó el director regional del SBAP en Magallanes, Alejandro Fernández. Cómo Chile busca protegerlas En Chile, esa protección ha comenzado a fortalecerse. La Ley N° 21.660, sobre protección ambiental de las turberas, las reconoce como reservas estratégicas para enfrentar el cambio climático, regular el agua, conservar la biodiversidad y resguardar los múltiples beneficios que entregan a los ecosistemas y a las personas. Por eso, se prohíbe la extracción de turba (la materia orgánica vegetal parcialmente descompuesta que permanece bajo el musgo) en todo el país y permite únicamente el manejo sustentable del musgo Sphagnum magellanicum, conocido como pompón, bajo condiciones reguladas por el Estado. Es decir, el nuevo marco legal deja atrás una mirada centrada exclusivamente en el aprovechamiento del musgo y avanza hacia la protección de la turbera como ecosistema, de esta manera no constituirá alteración física de las turberas el manejo sustentable de la cubierta vegetal que se efectúe de acuerdo a un plan de manejo, conforme a lo establecido en dicha ley y su reglamento. Bajo ese escenario, el Servicio de Biodiversidad y Áreas Protegidas (SBAP) cumple un relevante rol en su resguardo. El SBAP entregará un informe favorable previo a la aprobación del plan de manejo por parte del SAG y, además, tendrá funciones de fiscalización y sanción en el cumplimiento de esta normativa, dentro del ámbito de sus competencias. Durante miles de años, las turberas han hecho en silencio un trabajo esencial para el planeta. Hoy, cuando la crisis climática exige respuestas urgentes, su protección es una de las formas más concretas de cuidar el clima, el agua y la vida en Chile y el planeta.
En entrevista con un programa radial de la región, Carmody explicó que las turberas han estado históricamente expuestas a presiones extractivas debido a debilidades en su regulación. Hasta hace pocos años, la turba —la capa subterránea del ecosistema— podía ser objeto de concesiones mineras, lo que implicaba un alto riesgo de explotación, señaló. Avances legislativos y desafíos pendientes La especialista destacó como un avance relevante la aprobación, en 2024, de la ley que prohíbe la extracción de turba. No obstante, advirtió que la normativa aún permite la extracción del musgo sphagnum bajo planes de manejo considerados sostenibles. Si bien esta ley representa un progreso significativo, la intervención de las turberas sigue implicando riesgos. Son ecosistemas que se forman en miles de años, por lo que su recuperación no es comparable con los tiempos de extracción, explicó. En este sentido, enfatizó que la separación normativa entre turba y musgo no necesariamente refleja el funcionamiento integral del ecosistema. Al extraer el musgo, se puede exponer la turba al oxígeno, liberando CO2, lo que impacta directamente en su rol como sumidero de carbono, agregó. Uno de los principales puntos críticos señalados por Carmody es la fiscalización de la normativa vigente. En Chile, muchas veces contamos con buenas leyes, pero su cumplimiento efectivo sigue siendo un desafío, afirmó. Iniciativas de gobernanza y cooperación En paralelo, destacó la creación de una iniciativa binacional entre Chile y Argentina para la conservación de turberas patagónicas, que busca fortalecer la gobernanza, compartir experiencias y promover mejores prácticas de protección. Esta instancia reúne a universidades, organizaciones y comunidades locales, y apunta a generar lineamientos comunes frente a un ecosistema que trasciende fronteras. Incertidumbre por retiro de decretos ambientales En materia de política pública, Carmody también se refirió al retiro de 43 decretos ambientales en proceso de revisión, señalando que la medida genera incertidumbre en el sector. Son instrumentos que ya han pasado por procesos técnicos y jurídicos. Su retiro sin distinción puede afectar la certeza jurídica y el desarrollo adecuado de proyectos, indicó. Asimismo, advirtió que este tipo de decisiones puede instalar una percepción errónea sobre la regulación ambiental. No se trata de una carga, sino de herramientas que entregan claridad, reducen conflictos y permiten un desarrollo más sostenible, sostuvo. Regulación y desarrollo: una relación necesaria Finalmente, Carmody subrayó la importancia de fortalecer la institucionalidad ambiental para avanzar hacia un equilibrio entre desarrollo y conservación. La normativa ambiental no debe entenderse como un obstáculo, sino como una base que permite resguardar los ecosistemas y, al mismo tiempo, dar certezas para el desarrollo económico, concluyó.
La directora del Parque Karukinka de WCS, Melissa Carmodi, abordó esta mañana los avances de la Iniciativa de Turberas Patagónicas durante su participación en el programa Buenos Días Región de Polar Comunicaciones, destacando un reciente hito en este esfuerzo de carácter binacional. En ese contexto, explicó que el pasado jueves 5 de marzo se concretó un paso relevante para la consolidación de esta iniciativa, impulsada de manera conjunta entre Chile y Argentina, con la presentación de una propuesta de modelo de gobernanza orientada a fortalecer la conservación de estos ecosistemas. Las turberas patagónicas cumplen un rol clave a nivel ambiental, ya que almacenan grandes cantidades de carbono, contribuyen a la regulación hídrica en los territorios y aportan al bienestar de las comunidades locales. Sin embargo, también enfrentan crecientes amenazas asociadas al cambio climático y a distintas presiones productivas. En esa línea, la propuesta de gobernanza busca avanzar hacia una implementación organizada y colaborativa, articulando a actores de distintos sectores para impulsar líneas de trabajo como la investigación, la gestión y manejo de estos ecosistemas, la incidencia en políticas públicas, la mejora de prácticas productivas y la divulgación de su importancia. Tras esta etapa, las organizaciones y personas que integran la iniciativa iniciarán un proceso de revisión con miras a validar la propuesta hacia fines de marzo, lo que permitirá continuar avanzando en su consolidación. Cabe destacar que la Iniciativa de Turberas Patagónicas surgió en 2021 y se proyecta como un espacio de colaboración de largo plazo, enfocado en ampliar el conocimiento, cuidado y protección de estos ecosistemas estratégicos para la Patagonia y el planeta.
A través de sus plataformas digitales, el influencer mostró imágenes desde una turbera en la provincia de Última Esperanza, explicando que estos ecosistemas funcionan como una especie de “esponja natural” que almacena grandes cantidades de agua y actúa como uno de los principales sumideros de carbono del planeta. Según explicó, las turberas cumplen un rol clave en la regulación del clima y en la retención de recursos hídricos. En su registro audiovisual, Vergara también exhibe sacos de turba que, según señala, serían retirados de la zona mediante camiones. En el video, plantea su preocupación por la extracción de este material, indicando que la regeneración de las turberas es extremadamente lenta y que su explotación puede provocar daños ambientales de largo plazo. De acuerdo con diversos estudios científicos, las turberas se forman a lo largo de miles de años mediante la acumulación de materia orgánica en ambientes húmedos. Se estima que su crecimiento puede ser de apenas un milímetro por año, por lo que la extracción de grandes volúmenes implica la pérdida de siglos o incluso milenios de formación natural. La situación expuesta en el video ha vuelto a poner en discusión la importancia de proteger estos ecosistemas presentes en distintas zonas de la Patagonia, incluyendo la Región de Magallanes, donde las turberas cumplen un rol relevante tanto para la biodiversidad como para el equilibrio climático global.
Las turberas son ecosistemas únicos y altamente vulnerables, cuya degradación alcanza el 12% a nivel global. En Chile, donde existen aproximadamente 2,8 millones de hectáreas de ellas, entre un 10% y un 20% están deterioradas, afectando la disponibilidad de agua dulce en zonas sin glaciares y reduciendo la capacidad de capturar carbono. Estas pérdidas son consecuencia directa de prácticas extractivas insostenibles, especialmente la explotación de Sphagnum magellanicum o musgo pompón, una planta clave para las turberas y que es el centro de la investigación que lidera el biólogo Sebastián Reyes, egresado del Magíster en Ciencias Biológicas de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso. A través del proyecto PeatLab: micropropagación sustentable de Sphagnum magellanicum, una solución biotecnológica para la restauración de turberas, adjudicado en el Concurso de Valorización de la Investigación en la Universidad (VIU) que financia la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo (ANID), el investigador propone una alternativa para el cultivo de musgo pompón, una planta que se desarrolla principalmente en el sur de Chile y en la Patagonia. La idea es estudiar la regeneración de esta planta para hacer cultivos en cámaras de crecimiento, a pequeña escala primero, para luego escalar a biorreactores y hacerla crecer a través de propágulos –unidades que, a partir de la misma dan origen a un individuo nuevo idéntico al original– en turberas. El cultivo se hará en condiciones controladas, lo que representa una innovación ya que no se han realizado estudios integrados de variables microambientales a la vez, y menos en especies sudamericanas de Sphagnum. Si logramos establecer la configuración idónea de variables, debiésemos esperar un crecimiento optimizado de la planta, sostuvo el biólogo. Micropropagación Reyes explicó que el musgo pompón fue durante años uno de los productos forestales no madereros más exportados del país. Destinado principalmente al mercado asiático, es muy usado como sustrato para plantas apreciadas en la horticultura, principalmente orquídeas tropicales y plantas carnívoras, lo que llevó a exagerar su extracción y a poner en peligro su conservación, dado su lento crecimiento. La turba es un recurso no renovable por el tiempo que demora en regenerarse. En un año se logra menos de 1 mm de regeneración, lo que impide su explotación de forma sustentable. Lo que sí podemos hacer es usar musgo vivo en lugar de turba, pero su sobreexplotación también lleva a la degradación y pérdida de las turberas. La propuesta de PeatLab consiste en ofrecer plantas de Sphagnum de alta calidad, cultivadas en condiciones controladas de laboratorio, una biotecnología que garantiza plantas cultivadas con uniformidad, trazabilidad y alto desempeño fisiológico, mejorando la eficiencia y el éxito de las estrategias de restauración ecológica de turberas degradadas, detalló el director del proyecto. El investigador desarrolló un experimento de crecimiento del musgo Sphagnum magellanicum bajo control de luz en laboratorio, observando un mejor crecimiento y desempeño de las plantas. Esta experiencia permitió diseñar un sistema de cultivo con mayor precisión y uniformidad que los métodos de invernadero utilizados por competidores internacionales. Además, garantiza la producción de un musgo endémico de las turberas de Sudamérica que podrá ser insertado con éxito en su ambiente natural. Ley Pompón En 2024, se promulgó la Ley 21.660 sobre Protección Ambiental de Turberas en Chile, conocida como Ley Pompón, cuyo objetivo es proteger este ecosistema estratégico para el cambio climático y la biodiversidad, prohibiendo la extracción de turba y permitiendo la recolección de su cubierta vegetal bajo planes de manejo sustentable. El proyecto PeatLab se encuentra en TL3 y busca subir a TLR4 mediante la optimización de parámetros críticos. El Nivel de Preparación Tecnológica o TLR es una escala de nueve puntos que mide el grado de madurez de una tecnología a lo largo de su desarrollo, desde la idea inicial hasta la comercialización. Las actividades clave incluyen la micropropagación, monitoreo fisiológico, transferencia tecnológica, formalización de la empresa de base científico-tecnológica (EBCT) y registro de propiedad intelectual. Con PeatLab, transformaremos un desafío ambiental en un motor de innovación, compatibilizando el crecimiento económico con un futuro sostenible para las turberas de Chile y el mundo, finalizó Sebastián Reyes.