El investigador de la Facultad de Química y Biología de la Usach participó esta mañana en el programa Aquí Hidrógeno Verde de Polar Comunicaciones, donde analizó el escenario actual del hidrógeno verde, los desafíos regulatorios del país y la necesidad de preparar capital humano para las nuevas industrias energéticas. La transición energética y el desarrollo del hidrógeno verde continúan posicionándose como uno de los principales desafíos para Chile y especialmente para Magallanes. Así lo señaló el investigador de la Facultad de Química y Biología de la Universidad de Santiago de Chile (Usach), Dr. Domingo Ruiz, durante una entrevista realizada esta mañana en el programa Buenos Días Región de Polar Comunicaciones. En conversación con el conductor Christopher Céspedes Cortés, el académico sostuvo que el país aún tiene una oportunidad para consolidar su liderazgo en energías limpias, aunque advirtió que existen retrasos importantes en la materialización de las inversiones. Yo creo que estamos un poquito tarde, pero efectivamente es un periodo en el que tenemos que empezar a capitalizar las inversiones, afirmó Ruiz, agregando que uno de los principales problemas radica en la lentitud de los procesos de aprobación de proyectos. Según explicó, gran parte de las iniciativas vinculadas al hidrógeno verde continúan enfrentando extensos procesos regulatorios y ambientales. En ese sentido, destacó la necesidad de agilizar la tramitación sin debilitar los estándares de protección. Es un buen minuto de comenzar a destrabar proyectos técnicos y comenzar a mover esta industria porque las inversiones son muy altas y efectivamente está trabado aún y hay problemas técnicos que resolver, señaló. Respecto del debate sobre la denominada permisología, el investigador insistió en que la solución no pasa por eliminar exigencias ambientales, sino por encontrar un equilibrio adecuado entre resguardo ambiental y desarrollo productivo. No significa darle carta blanca a la empresa. Las indicaciones tienen que ser indicaciones concisas, sostuvo, agregando que un sistema eficiente debe enfocarse tanto en regulaciones razonables como en mecanismos efectivos de fiscalización. Ruiz también abordó uno de los aspectos que considera fundamentales para el éxito de la transición energética: la formación de capital humano. A su juicio, Chile mantiene una deuda importante con la educación técnica, precisamente cuando las nuevas industrias demandarán especialistas en áreas mecánicas, eléctricas, electrónicas y energéticas. Yo soy de los convencidos de que un país como el nuestro necesita más carreras técnicas, afirmó. Las carreras técnicas vienen a cumplir un rol súper relevante en este tipo de tecnologías. El académico valoró el crecimiento de programas universitarios y de posgrado relacionados con energías renovables, pero insistió en que el desarrollo de técnicos especializados debe transformarse en una prioridad nacional. En cuanto al proceso de descarbonización, el investigador llamó a moderar las expectativas respecto de los tiempos involucrados. Explicó que la producción de hidrógeno verde depende de grandes cantidades de energía eléctrica y que la transición hacia sistemas completamente limpios será gradual. Es muy difícil que vayamos a llegar a un consumo cero de combustibles fósiles en periodos tan cortos de tiempo, indicó. La idea es transicionar hacia allá, pero no hay que tener esa expectativa de que porque generamos hidrógeno mañana descarbonizamos el mundo. Finalmente, Ruiz planteó que Chile posee ventajas naturales únicas para transformarse en un actor relevante en la producción de energías renovables, gracias a sus recursos eólicos, marítimos y minerales. Sin embargo, advirtió que el país aún no logra dar el salto hacia actividades de mayor valor agregado. Yo creo que el país se llenó de buenas intenciones, pero seguimos siendo un país que exporta materia prima, manifestó. Siempre estamos a tiempo de volver al buen camino, pero tenemos que ponernos las pilas como país. La entrevista se desarrolló en el marco del programa dedicado al seguimiento de la industria del hidrógeno verde en Magallanes, espacio que semanalmente reúne a representantes del mundo académico, empresarial y público para analizar el avance de la transición energética en la región y el país.
Esta mañana, en el programa “Aquí Hidrógeno Verde” de Polar Comunicaciones, Isaac Díaz, académico de la Facultad de Química y Biología de la Universidad de Santiago, presentó un análisis centrado en su columna sobre el rol estratégico del hidrógeno verde en el contexto energético actual. Durante la conversación, el experto advirtió que la crisis energética global responde en gran medida a factores geopolíticos, lo que ha puesto en evidencia la vulnerabilidad de los países altamente dependientes de combustibles externos. En ese marco, recalcó que “la energía es un recurso estratégico para los Estados”, especialmente en escenarios de conflicto e incertidumbre. Díaz explicó que, aunque el hidrógeno verde aún presenta costos más altos que el hidrógeno convencional, su valor radica en variables que van más allá del precio inmediato, como la seguridad de suministro y la independencia energética. En ese sentido, sostuvo que este recurso “puede convertirse en una herramienta de soberanía energética”. Asimismo, destacó la oportunidad que tiene Chile, considerando su alto potencial en energías renovables y su actual dependencia de importaciones energéticas. A su juicio, el país podría avanzar hacia un modelo más resiliente e incluso transformarse en exportador de energía limpia si logra consolidar esta industria. Finalmente, el académico llamó a enfocar el debate en el largo plazo, enfatizando que la discusión no debe limitarse a los costos actuales, sino a la capacidad del país de asegurar su estabilidad energética en un escenario global incierto.
Desde una de las entradas al Continente Blanco, isla Rey Jorge, y durante la Expedición Científica Antártica (ECA 62) que cada año realiza el Instituto Antártico Chileno (INACH), conversamos con la destacada investigadora antártica Dra. Jenny Blamey de la Universidad de Santiago de Chile (USACH), quien lidera una investigación que busca expandir los límites de la biología terrestre hacia el cosmos. Su trabajo con microorganismos extremófilos -seres capaces de vivir donde nada más sobrevive- no solo posiciona a Chile como una potencia científica, sino que nos invita a mirar a las estrellas para entender nuestro propio origen mediante el proyecto POLARIS (Polar Organisms Launched for Astrobiological Research in Space). De los glaciares chilenos al espacio exterior ¿Cuál es la relevancia de recolectar estos microorganismos en Antártica para enviarlos al espacio a la Estación Espacial Internacional (EEI)? Jenny Blamey (JB): Hacer investigación en extremófilos es tremendamente relevante para el país, porque Chile es uno de los cinco sitios más diversos de ambientes fríos y extremos, no solo fríos, de nuestro planeta. Y es por eso que el trabajo que estoy desarrollando es aislar microorganismos de ambientes muy extremos y principalmente fríos para llevarlos al espacio para ver el comportamiento de estos extremófilos en el espacio estudiando los cambios genéticos y proteómicos que pueden sufrir cuando están expuestos por aproximadamente seis meses, y podría ser más, a las condiciones del espacio, con alta radiación y que no tiene gravedad. ¿Es el espacio un entorno más hostil que la propia Antártica? JB: Las condiciones son similares en términos de temperaturas. En el espacio son similares en algunos momentos como las que encontramos acá o en el polo sur, porque las temperaturas pueden llegar a -45 ºC o incluso un poquito más. Pero también cuando se acerca al Sol, por ejemplo, las muestras si estuvieran orbitando llegarían a temperaturas cercanas a los 70º en las instalaciones que uno puede disponer. Entonces, trabajar con estos extremófilos que pueden resistir y vivir óptimamente, que es distinto de resistir, vivir óptimamente a temperaturas muy, muy bajas, temperaturas muy, muy calientes, sin oxígeno algunos, porque hemos recolectado muestras que mueren en presencia de oxígeno, en el espacio no hay oxígeno, entonces, anoxigénicas y sin gravedad. Nunca hemos probado sin gravedad aquí en nuestro país y pocas veces se hacen experimentos incluso en la NASA que combinen todas estas condiciones: alta radiación, cambios extremos de temperatura, anoxigénico y sin gravedad, y eso es lo que lo hace relevante. ¿Qué le dirías a un joven que hoy duda si seguir el camino de la investigación? JB: A mí me gusta decirle a la gente joven que la ciencia es, desde mi mirada, uno de los caminos más entretenidos y excitantes en términos de carrera, y si uno hace ciencia Antártica simplemente está en el paraíso de los descubrimientos, la investigación y no solo la investigación de la ciencia por sí sola, sino que también la ciencia que va a ayudar a la sustentabilidad de nuestro planeta más adelante cuando los recursos probablemente van a escasear más de lo que escasean hoy. Te vimos muy emocionada en el glaciar Collins ante el evidente retroceso del hielo. ¿Cómo convive esa preocupación ambiental con tu labor científica? JB: Sí, efectivamente me da mucha tristeza ver la velocidad con la que está retrocediendo el hielo en la superficie del continente antártico y eso genera o generaría un aumento en la temperatura del agua de los océanos y subiría los niveles del agua del océano, lo que cambiaría todo el flujo de corrientes en todo el planeta. Eso es tremendamente grave y preocupante, pero, por otra parte, yo que busco microorganismos extremos, para mí es muy interesante, porque la tierra que está debajo de estos glaciares que se están resquebrajando desde la cima y que caen como pedazos de hielo al océano, dejan al descubierto todo el suelo que ha estado por millones de años cubierto de hielos y nos permite acercarnos, al tomar esas muestras, probablemente a los estudios que podrían dar inicio al entendimiento del origen de la vida aquí en la Tierra. El Instituto Antártico Chileno (INACH) es un organismo técnico del Ministerio de Relaciones Exteriores con plena autonomía en todo lo relacionado con asuntos antárticos de carácter científico, tecnológico y de difusión. El INACH cumple con la Política Antártica Nacional incentivando el desarrollo de la investigación de excelencia, participando efectivamente en el Sistema del Tratado Antártico y foros relacionados, fortaleciendo a Magallanes como puerta de entrada al Continente Blanco y realizando acciones de divulgación del conocimiento antártico en la ciudadanía. El INACH organiza el Programa Nacional de Ciencia Antártica (PROCIEN).
El investigador de la Facultad de Química y Biología de la Usach participó esta mañana en el programa Aquí Hidrógeno Verde de Polar Comunicaciones, donde analizó el escenario actual del hidrógeno verde, los desafíos regulatorios del país y la necesidad de preparar capital humano para las nuevas industrias energéticas. La transición energética y el desarrollo del hidrógeno verde continúan posicionándose como uno de los principales desafíos para Chile y especialmente para Magallanes. Así lo señaló el investigador de la Facultad de Química y Biología de la Universidad de Santiago de Chile (Usach), Dr. Domingo Ruiz, durante una entrevista realizada esta mañana en el programa Buenos Días Región de Polar Comunicaciones. En conversación con el conductor Christopher Céspedes Cortés, el académico sostuvo que el país aún tiene una oportunidad para consolidar su liderazgo en energías limpias, aunque advirtió que existen retrasos importantes en la materialización de las inversiones. Yo creo que estamos un poquito tarde, pero efectivamente es un periodo en el que tenemos que empezar a capitalizar las inversiones, afirmó Ruiz, agregando que uno de los principales problemas radica en la lentitud de los procesos de aprobación de proyectos. Según explicó, gran parte de las iniciativas vinculadas al hidrógeno verde continúan enfrentando extensos procesos regulatorios y ambientales. En ese sentido, destacó la necesidad de agilizar la tramitación sin debilitar los estándares de protección. Es un buen minuto de comenzar a destrabar proyectos técnicos y comenzar a mover esta industria porque las inversiones son muy altas y efectivamente está trabado aún y hay problemas técnicos que resolver, señaló. Respecto del debate sobre la denominada permisología, el investigador insistió en que la solución no pasa por eliminar exigencias ambientales, sino por encontrar un equilibrio adecuado entre resguardo ambiental y desarrollo productivo. No significa darle carta blanca a la empresa. Las indicaciones tienen que ser indicaciones concisas, sostuvo, agregando que un sistema eficiente debe enfocarse tanto en regulaciones razonables como en mecanismos efectivos de fiscalización. Ruiz también abordó uno de los aspectos que considera fundamentales para el éxito de la transición energética: la formación de capital humano. A su juicio, Chile mantiene una deuda importante con la educación técnica, precisamente cuando las nuevas industrias demandarán especialistas en áreas mecánicas, eléctricas, electrónicas y energéticas. Yo soy de los convencidos de que un país como el nuestro necesita más carreras técnicas, afirmó. Las carreras técnicas vienen a cumplir un rol súper relevante en este tipo de tecnologías. El académico valoró el crecimiento de programas universitarios y de posgrado relacionados con energías renovables, pero insistió en que el desarrollo de técnicos especializados debe transformarse en una prioridad nacional. En cuanto al proceso de descarbonización, el investigador llamó a moderar las expectativas respecto de los tiempos involucrados. Explicó que la producción de hidrógeno verde depende de grandes cantidades de energía eléctrica y que la transición hacia sistemas completamente limpios será gradual. Es muy difícil que vayamos a llegar a un consumo cero de combustibles fósiles en periodos tan cortos de tiempo, indicó. La idea es transicionar hacia allá, pero no hay que tener esa expectativa de que porque generamos hidrógeno mañana descarbonizamos el mundo. Finalmente, Ruiz planteó que Chile posee ventajas naturales únicas para transformarse en un actor relevante en la producción de energías renovables, gracias a sus recursos eólicos, marítimos y minerales. Sin embargo, advirtió que el país aún no logra dar el salto hacia actividades de mayor valor agregado. Yo creo que el país se llenó de buenas intenciones, pero seguimos siendo un país que exporta materia prima, manifestó. Siempre estamos a tiempo de volver al buen camino, pero tenemos que ponernos las pilas como país. La entrevista se desarrolló en el marco del programa dedicado al seguimiento de la industria del hidrógeno verde en Magallanes, espacio que semanalmente reúne a representantes del mundo académico, empresarial y público para analizar el avance de la transición energética en la región y el país.
Esta mañana, en el programa “Aquí Hidrógeno Verde” de Polar Comunicaciones, Isaac Díaz, académico de la Facultad de Química y Biología de la Universidad de Santiago, presentó un análisis centrado en su columna sobre el rol estratégico del hidrógeno verde en el contexto energético actual. Durante la conversación, el experto advirtió que la crisis energética global responde en gran medida a factores geopolíticos, lo que ha puesto en evidencia la vulnerabilidad de los países altamente dependientes de combustibles externos. En ese marco, recalcó que “la energía es un recurso estratégico para los Estados”, especialmente en escenarios de conflicto e incertidumbre. Díaz explicó que, aunque el hidrógeno verde aún presenta costos más altos que el hidrógeno convencional, su valor radica en variables que van más allá del precio inmediato, como la seguridad de suministro y la independencia energética. En ese sentido, sostuvo que este recurso “puede convertirse en una herramienta de soberanía energética”. Asimismo, destacó la oportunidad que tiene Chile, considerando su alto potencial en energías renovables y su actual dependencia de importaciones energéticas. A su juicio, el país podría avanzar hacia un modelo más resiliente e incluso transformarse en exportador de energía limpia si logra consolidar esta industria. Finalmente, el académico llamó a enfocar el debate en el largo plazo, enfatizando que la discusión no debe limitarse a los costos actuales, sino a la capacidad del país de asegurar su estabilidad energética en un escenario global incierto.
Desde una de las entradas al Continente Blanco, isla Rey Jorge, y durante la Expedición Científica Antártica (ECA 62) que cada año realiza el Instituto Antártico Chileno (INACH), conversamos con la destacada investigadora antártica Dra. Jenny Blamey de la Universidad de Santiago de Chile (USACH), quien lidera una investigación que busca expandir los límites de la biología terrestre hacia el cosmos. Su trabajo con microorganismos extremófilos -seres capaces de vivir donde nada más sobrevive- no solo posiciona a Chile como una potencia científica, sino que nos invita a mirar a las estrellas para entender nuestro propio origen mediante el proyecto POLARIS (Polar Organisms Launched for Astrobiological Research in Space). De los glaciares chilenos al espacio exterior ¿Cuál es la relevancia de recolectar estos microorganismos en Antártica para enviarlos al espacio a la Estación Espacial Internacional (EEI)? Jenny Blamey (JB): Hacer investigación en extremófilos es tremendamente relevante para el país, porque Chile es uno de los cinco sitios más diversos de ambientes fríos y extremos, no solo fríos, de nuestro planeta. Y es por eso que el trabajo que estoy desarrollando es aislar microorganismos de ambientes muy extremos y principalmente fríos para llevarlos al espacio para ver el comportamiento de estos extremófilos en el espacio estudiando los cambios genéticos y proteómicos que pueden sufrir cuando están expuestos por aproximadamente seis meses, y podría ser más, a las condiciones del espacio, con alta radiación y que no tiene gravedad. ¿Es el espacio un entorno más hostil que la propia Antártica? JB: Las condiciones son similares en términos de temperaturas. En el espacio son similares en algunos momentos como las que encontramos acá o en el polo sur, porque las temperaturas pueden llegar a -45 ºC o incluso un poquito más. Pero también cuando se acerca al Sol, por ejemplo, las muestras si estuvieran orbitando llegarían a temperaturas cercanas a los 70º en las instalaciones que uno puede disponer. Entonces, trabajar con estos extremófilos que pueden resistir y vivir óptimamente, que es distinto de resistir, vivir óptimamente a temperaturas muy, muy bajas, temperaturas muy, muy calientes, sin oxígeno algunos, porque hemos recolectado muestras que mueren en presencia de oxígeno, en el espacio no hay oxígeno, entonces, anoxigénicas y sin gravedad. Nunca hemos probado sin gravedad aquí en nuestro país y pocas veces se hacen experimentos incluso en la NASA que combinen todas estas condiciones: alta radiación, cambios extremos de temperatura, anoxigénico y sin gravedad, y eso es lo que lo hace relevante. ¿Qué le dirías a un joven que hoy duda si seguir el camino de la investigación? JB: A mí me gusta decirle a la gente joven que la ciencia es, desde mi mirada, uno de los caminos más entretenidos y excitantes en términos de carrera, y si uno hace ciencia Antártica simplemente está en el paraíso de los descubrimientos, la investigación y no solo la investigación de la ciencia por sí sola, sino que también la ciencia que va a ayudar a la sustentabilidad de nuestro planeta más adelante cuando los recursos probablemente van a escasear más de lo que escasean hoy. Te vimos muy emocionada en el glaciar Collins ante el evidente retroceso del hielo. ¿Cómo convive esa preocupación ambiental con tu labor científica? JB: Sí, efectivamente me da mucha tristeza ver la velocidad con la que está retrocediendo el hielo en la superficie del continente antártico y eso genera o generaría un aumento en la temperatura del agua de los océanos y subiría los niveles del agua del océano, lo que cambiaría todo el flujo de corrientes en todo el planeta. Eso es tremendamente grave y preocupante, pero, por otra parte, yo que busco microorganismos extremos, para mí es muy interesante, porque la tierra que está debajo de estos glaciares que se están resquebrajando desde la cima y que caen como pedazos de hielo al océano, dejan al descubierto todo el suelo que ha estado por millones de años cubierto de hielos y nos permite acercarnos, al tomar esas muestras, probablemente a los estudios que podrían dar inicio al entendimiento del origen de la vida aquí en la Tierra. El Instituto Antártico Chileno (INACH) es un organismo técnico del Ministerio de Relaciones Exteriores con plena autonomía en todo lo relacionado con asuntos antárticos de carácter científico, tecnológico y de difusión. El INACH cumple con la Política Antártica Nacional incentivando el desarrollo de la investigación de excelencia, participando efectivamente en el Sistema del Tratado Antártico y foros relacionados, fortaleciendo a Magallanes como puerta de entrada al Continente Blanco y realizando acciones de divulgación del conocimiento antártico en la ciudadanía. El INACH organiza el Programa Nacional de Ciencia Antártica (PROCIEN).