Esta mañana, en el programa “Aquí Hidrógeno Verde” de Polar Comunicaciones, Isaac Díaz, académico de la Facultad de Química y Biología de la Universidad de Santiago, presentó un análisis centrado en su columna sobre el rol estratégico del hidrógeno verde en el contexto energético actual. Durante la conversación, el experto advirtió que la crisis energética global responde en gran medida a factores geopolíticos, lo que ha puesto en evidencia la vulnerabilidad de los países altamente dependientes de combustibles externos. En ese marco, recalcó que “la energía es un recurso estratégico para los Estados”, especialmente en escenarios de conflicto e incertidumbre. Díaz explicó que, aunque el hidrógeno verde aún presenta costos más altos que el hidrógeno convencional, su valor radica en variables que van más allá del precio inmediato, como la seguridad de suministro y la independencia energética. En ese sentido, sostuvo que este recurso “puede convertirse en una herramienta de soberanía energética”. Asimismo, destacó la oportunidad que tiene Chile, considerando su alto potencial en energías renovables y su actual dependencia de importaciones energéticas. A su juicio, el país podría avanzar hacia un modelo más resiliente e incluso transformarse en exportador de energía limpia si logra consolidar esta industria. Finalmente, el académico llamó a enfocar el debate en el largo plazo, enfatizando que la discusión no debe limitarse a los costos actuales, sino a la capacidad del país de asegurar su estabilidad energética en un escenario global incierto.
Desde una de las entradas al Continente Blanco, isla Rey Jorge, y durante la Expedición Científica Antártica (ECA 62) que cada año realiza el Instituto Antártico Chileno (INACH), conversamos con la destacada investigadora antártica Dra. Jenny Blamey de la Universidad de Santiago de Chile (USACH), quien lidera una investigación que busca expandir los límites de la biología terrestre hacia el cosmos. Su trabajo con microorganismos extremófilos -seres capaces de vivir donde nada más sobrevive- no solo posiciona a Chile como una potencia científica, sino que nos invita a mirar a las estrellas para entender nuestro propio origen mediante el proyecto POLARIS (Polar Organisms Launched for Astrobiological Research in Space). De los glaciares chilenos al espacio exterior ¿Cuál es la relevancia de recolectar estos microorganismos en Antártica para enviarlos al espacio a la Estación Espacial Internacional (EEI)? Jenny Blamey (JB): Hacer investigación en extremófilos es tremendamente relevante para el país, porque Chile es uno de los cinco sitios más diversos de ambientes fríos y extremos, no solo fríos, de nuestro planeta. Y es por eso que el trabajo que estoy desarrollando es aislar microorganismos de ambientes muy extremos y principalmente fríos para llevarlos al espacio para ver el comportamiento de estos extremófilos en el espacio estudiando los cambios genéticos y proteómicos que pueden sufrir cuando están expuestos por aproximadamente seis meses, y podría ser más, a las condiciones del espacio, con alta radiación y que no tiene gravedad. ¿Es el espacio un entorno más hostil que la propia Antártica? JB: Las condiciones son similares en términos de temperaturas. En el espacio son similares en algunos momentos como las que encontramos acá o en el polo sur, porque las temperaturas pueden llegar a -45 ºC o incluso un poquito más. Pero también cuando se acerca al Sol, por ejemplo, las muestras si estuvieran orbitando llegarían a temperaturas cercanas a los 70º en las instalaciones que uno puede disponer. Entonces, trabajar con estos extremófilos que pueden resistir y vivir óptimamente, que es distinto de resistir, vivir óptimamente a temperaturas muy, muy bajas, temperaturas muy, muy calientes, sin oxígeno algunos, porque hemos recolectado muestras que mueren en presencia de oxígeno, en el espacio no hay oxígeno, entonces, anoxigénicas y sin gravedad. Nunca hemos probado sin gravedad aquí en nuestro país y pocas veces se hacen experimentos incluso en la NASA que combinen todas estas condiciones: alta radiación, cambios extremos de temperatura, anoxigénico y sin gravedad, y eso es lo que lo hace relevante. ¿Qué le dirías a un joven que hoy duda si seguir el camino de la investigación? JB: A mí me gusta decirle a la gente joven que la ciencia es, desde mi mirada, uno de los caminos más entretenidos y excitantes en términos de carrera, y si uno hace ciencia Antártica simplemente está en el paraíso de los descubrimientos, la investigación y no solo la investigación de la ciencia por sí sola, sino que también la ciencia que va a ayudar a la sustentabilidad de nuestro planeta más adelante cuando los recursos probablemente van a escasear más de lo que escasean hoy. Te vimos muy emocionada en el glaciar Collins ante el evidente retroceso del hielo. ¿Cómo convive esa preocupación ambiental con tu labor científica? JB: Sí, efectivamente me da mucha tristeza ver la velocidad con la que está retrocediendo el hielo en la superficie del continente antártico y eso genera o generaría un aumento en la temperatura del agua de los océanos y subiría los niveles del agua del océano, lo que cambiaría todo el flujo de corrientes en todo el planeta. Eso es tremendamente grave y preocupante, pero, por otra parte, yo que busco microorganismos extremos, para mí es muy interesante, porque la tierra que está debajo de estos glaciares que se están resquebrajando desde la cima y que caen como pedazos de hielo al océano, dejan al descubierto todo el suelo que ha estado por millones de años cubierto de hielos y nos permite acercarnos, al tomar esas muestras, probablemente a los estudios que podrían dar inicio al entendimiento del origen de la vida aquí en la Tierra. El Instituto Antártico Chileno (INACH) es un organismo técnico del Ministerio de Relaciones Exteriores con plena autonomía en todo lo relacionado con asuntos antárticos de carácter científico, tecnológico y de difusión. El INACH cumple con la Política Antártica Nacional incentivando el desarrollo de la investigación de excelencia, participando efectivamente en el Sistema del Tratado Antártico y foros relacionados, fortaleciendo a Magallanes como puerta de entrada al Continente Blanco y realizando acciones de divulgación del conocimiento antártico en la ciudadanía. El INACH organiza el Programa Nacional de Ciencia Antártica (PROCIEN).
Esta mañana, en el programa Aquí Hidrógeno Verde de Polar Comunicaciones, el Dr. Domingo Ruiz León, académico de la Facultad de Química y Biología de la Universidad de Santiago de Chile, conversó con la ciudadanía sobre una investigación orientada a desarrollar un nuevo material que permita producir hidrógeno verde de manera más eficiente y económica, contribuyendo a los desafíos energéticos y ambientales del país. El investigador participa en un proyecto de investigación y desarrollo que busca crear tintas electrocatalíticas para la generación de hidrógeno verde, con el objetivo de reemplazar el uso de platino en el proceso productivo. Esta iniciativa se enmarca en los esfuerzos de Chile por posicionarse como un referente mundial en la producción y exportación de hidrógeno verde, un combustible limpio clave para avanzar en la descarbonización y reducir la dependencia de los combustibles fósiles. Chile cuenta con un alto potencial energético solar y eólico, lo que permite generar hidrógeno verde mediante la electrólisis del agua, proceso en el que la electricidad proveniente de fuentes renovables se utiliza para separar las moléculas de agua en hidrógeno y oxígeno, obteniendo un combustible que solo emite vapor de agua como residuo. En este contexto, la Universidad de Santiago de Chile impulsa el proyecto Fondef “Fabricación de tintas electrocatalíticas basadas en sulfuro de molibdeno y líquidos iónicos como material catódico para la reacción de evolución de hidrógeno y su evaluación en ambiente PEM”, desarrollado a través del Laboratorio de Materiales Electrocerámicos de la Facultad de Química y Biología y liderado por el Dr. Ruiz León. La investigación es financiada por ANID y se ejecuta junto a la Pontificia Universidad Católica de Chile, como beneficiario principal, contando además con la participación de las empresas Tecnologías de Remediación Ambiental SpA y Agencias Nórdicas Ricardo Rubio Méndez y Cía. Ltda., y el apoyo de la Dirección de Gestión Tecnológica de la Vicerrectoría de Investigación, Innovación y Creación de la Usach. “Nuestro objetivo es desarrollar tintas electrocatalíticas que puedan aplicarse en el cátodo de los reactores donde ocurre la reacción que produce hidrógeno, reemplazando el uso de platino en este proceso por materiales que sean mucho más económicos en la manufactura. Con esta innovación apuntamos a reducir los costos y aumentar la eficiencia de la electrólisis”, explica el Dr. Ruiz. El académico agregó que el proyecto se alinea con el roadmap impulsado por el Gobierno, enfocado en resolver dos desafíos clave del hidrógeno verde: su producción y almacenamiento. “Las tintas que buscamos desarrollar permitirán manufacturar membranas de forma más simple y económica, lo que facilitaría el escalamiento del proceso de producción de hidrógeno en reactores de tipo PEM”, señala.
Esta mañana, en el programa “Aquí Hidrógeno Verde” de Polar Comunicaciones, Isaac Díaz, académico de la Facultad de Química y Biología de la Universidad de Santiago, presentó un análisis centrado en su columna sobre el rol estratégico del hidrógeno verde en el contexto energético actual. Durante la conversación, el experto advirtió que la crisis energética global responde en gran medida a factores geopolíticos, lo que ha puesto en evidencia la vulnerabilidad de los países altamente dependientes de combustibles externos. En ese marco, recalcó que “la energía es un recurso estratégico para los Estados”, especialmente en escenarios de conflicto e incertidumbre. Díaz explicó que, aunque el hidrógeno verde aún presenta costos más altos que el hidrógeno convencional, su valor radica en variables que van más allá del precio inmediato, como la seguridad de suministro y la independencia energética. En ese sentido, sostuvo que este recurso “puede convertirse en una herramienta de soberanía energética”. Asimismo, destacó la oportunidad que tiene Chile, considerando su alto potencial en energías renovables y su actual dependencia de importaciones energéticas. A su juicio, el país podría avanzar hacia un modelo más resiliente e incluso transformarse en exportador de energía limpia si logra consolidar esta industria. Finalmente, el académico llamó a enfocar el debate en el largo plazo, enfatizando que la discusión no debe limitarse a los costos actuales, sino a la capacidad del país de asegurar su estabilidad energética en un escenario global incierto.
Desde una de las entradas al Continente Blanco, isla Rey Jorge, y durante la Expedición Científica Antártica (ECA 62) que cada año realiza el Instituto Antártico Chileno (INACH), conversamos con la destacada investigadora antártica Dra. Jenny Blamey de la Universidad de Santiago de Chile (USACH), quien lidera una investigación que busca expandir los límites de la biología terrestre hacia el cosmos. Su trabajo con microorganismos extremófilos -seres capaces de vivir donde nada más sobrevive- no solo posiciona a Chile como una potencia científica, sino que nos invita a mirar a las estrellas para entender nuestro propio origen mediante el proyecto POLARIS (Polar Organisms Launched for Astrobiological Research in Space). De los glaciares chilenos al espacio exterior ¿Cuál es la relevancia de recolectar estos microorganismos en Antártica para enviarlos al espacio a la Estación Espacial Internacional (EEI)? Jenny Blamey (JB): Hacer investigación en extremófilos es tremendamente relevante para el país, porque Chile es uno de los cinco sitios más diversos de ambientes fríos y extremos, no solo fríos, de nuestro planeta. Y es por eso que el trabajo que estoy desarrollando es aislar microorganismos de ambientes muy extremos y principalmente fríos para llevarlos al espacio para ver el comportamiento de estos extremófilos en el espacio estudiando los cambios genéticos y proteómicos que pueden sufrir cuando están expuestos por aproximadamente seis meses, y podría ser más, a las condiciones del espacio, con alta radiación y que no tiene gravedad. ¿Es el espacio un entorno más hostil que la propia Antártica? JB: Las condiciones son similares en términos de temperaturas. En el espacio son similares en algunos momentos como las que encontramos acá o en el polo sur, porque las temperaturas pueden llegar a -45 ºC o incluso un poquito más. Pero también cuando se acerca al Sol, por ejemplo, las muestras si estuvieran orbitando llegarían a temperaturas cercanas a los 70º en las instalaciones que uno puede disponer. Entonces, trabajar con estos extremófilos que pueden resistir y vivir óptimamente, que es distinto de resistir, vivir óptimamente a temperaturas muy, muy bajas, temperaturas muy, muy calientes, sin oxígeno algunos, porque hemos recolectado muestras que mueren en presencia de oxígeno, en el espacio no hay oxígeno, entonces, anoxigénicas y sin gravedad. Nunca hemos probado sin gravedad aquí en nuestro país y pocas veces se hacen experimentos incluso en la NASA que combinen todas estas condiciones: alta radiación, cambios extremos de temperatura, anoxigénico y sin gravedad, y eso es lo que lo hace relevante. ¿Qué le dirías a un joven que hoy duda si seguir el camino de la investigación? JB: A mí me gusta decirle a la gente joven que la ciencia es, desde mi mirada, uno de los caminos más entretenidos y excitantes en términos de carrera, y si uno hace ciencia Antártica simplemente está en el paraíso de los descubrimientos, la investigación y no solo la investigación de la ciencia por sí sola, sino que también la ciencia que va a ayudar a la sustentabilidad de nuestro planeta más adelante cuando los recursos probablemente van a escasear más de lo que escasean hoy. Te vimos muy emocionada en el glaciar Collins ante el evidente retroceso del hielo. ¿Cómo convive esa preocupación ambiental con tu labor científica? JB: Sí, efectivamente me da mucha tristeza ver la velocidad con la que está retrocediendo el hielo en la superficie del continente antártico y eso genera o generaría un aumento en la temperatura del agua de los océanos y subiría los niveles del agua del océano, lo que cambiaría todo el flujo de corrientes en todo el planeta. Eso es tremendamente grave y preocupante, pero, por otra parte, yo que busco microorganismos extremos, para mí es muy interesante, porque la tierra que está debajo de estos glaciares que se están resquebrajando desde la cima y que caen como pedazos de hielo al océano, dejan al descubierto todo el suelo que ha estado por millones de años cubierto de hielos y nos permite acercarnos, al tomar esas muestras, probablemente a los estudios que podrían dar inicio al entendimiento del origen de la vida aquí en la Tierra. El Instituto Antártico Chileno (INACH) es un organismo técnico del Ministerio de Relaciones Exteriores con plena autonomía en todo lo relacionado con asuntos antárticos de carácter científico, tecnológico y de difusión. El INACH cumple con la Política Antártica Nacional incentivando el desarrollo de la investigación de excelencia, participando efectivamente en el Sistema del Tratado Antártico y foros relacionados, fortaleciendo a Magallanes como puerta de entrada al Continente Blanco y realizando acciones de divulgación del conocimiento antártico en la ciudadanía. El INACH organiza el Programa Nacional de Ciencia Antártica (PROCIEN).
Esta mañana, en el programa Aquí Hidrógeno Verde de Polar Comunicaciones, el Dr. Domingo Ruiz León, académico de la Facultad de Química y Biología de la Universidad de Santiago de Chile, conversó con la ciudadanía sobre una investigación orientada a desarrollar un nuevo material que permita producir hidrógeno verde de manera más eficiente y económica, contribuyendo a los desafíos energéticos y ambientales del país. El investigador participa en un proyecto de investigación y desarrollo que busca crear tintas electrocatalíticas para la generación de hidrógeno verde, con el objetivo de reemplazar el uso de platino en el proceso productivo. Esta iniciativa se enmarca en los esfuerzos de Chile por posicionarse como un referente mundial en la producción y exportación de hidrógeno verde, un combustible limpio clave para avanzar en la descarbonización y reducir la dependencia de los combustibles fósiles. Chile cuenta con un alto potencial energético solar y eólico, lo que permite generar hidrógeno verde mediante la electrólisis del agua, proceso en el que la electricidad proveniente de fuentes renovables se utiliza para separar las moléculas de agua en hidrógeno y oxígeno, obteniendo un combustible que solo emite vapor de agua como residuo. En este contexto, la Universidad de Santiago de Chile impulsa el proyecto Fondef “Fabricación de tintas electrocatalíticas basadas en sulfuro de molibdeno y líquidos iónicos como material catódico para la reacción de evolución de hidrógeno y su evaluación en ambiente PEM”, desarrollado a través del Laboratorio de Materiales Electrocerámicos de la Facultad de Química y Biología y liderado por el Dr. Ruiz León. La investigación es financiada por ANID y se ejecuta junto a la Pontificia Universidad Católica de Chile, como beneficiario principal, contando además con la participación de las empresas Tecnologías de Remediación Ambiental SpA y Agencias Nórdicas Ricardo Rubio Méndez y Cía. Ltda., y el apoyo de la Dirección de Gestión Tecnológica de la Vicerrectoría de Investigación, Innovación y Creación de la Usach. “Nuestro objetivo es desarrollar tintas electrocatalíticas que puedan aplicarse en el cátodo de los reactores donde ocurre la reacción que produce hidrógeno, reemplazando el uso de platino en este proceso por materiales que sean mucho más económicos en la manufactura. Con esta innovación apuntamos a reducir los costos y aumentar la eficiencia de la electrólisis”, explica el Dr. Ruiz. El académico agregó que el proyecto se alinea con el roadmap impulsado por el Gobierno, enfocado en resolver dos desafíos clave del hidrógeno verde: su producción y almacenamiento. “Las tintas que buscamos desarrollar permitirán manufacturar membranas de forma más simple y económica, lo que facilitaría el escalamiento del proceso de producción de hidrógeno en reactores de tipo PEM”, señala.