A partir de este 23 de octubre, el Parque Karukinka abre una nueva temporada para que todos los visitantes puedan disfrutar de sus hermosos paisajes. Sus cerca de 300 mil hectáreas, son la mayor área protegida privada de la isla y la única en ese sector con guardaparques permanentes, que resguardan toda su biodiversidad: desde enormes mantos de turberas hasta la costa donde se reproduce el elefante marino. “Esta nueva temporada queremos invitar a las personas a descubrir Karukinka a través de sus cinco senderos, que permiten recorrer y conocer el parque de manera segura y respetuosa con la biodiversidad. La infraestructura del parque busca facilitar esta experiencia ayudándoles a conectarse con sus paisajes y comprender por qué es tan importante protegerlos”, señaló Melissa Carmody, directora de Áreas Protegidas de WCS Chile, organización que administra el parque. La primavera es una de las mejores épocas para recorrer Karukinka. En estas semanas se pueden avistar bandurrias, golondrinas, cachañas, churrines, viuditas, carpinteros negros —los más grandes de Sudamérica— y cientos de cóndores. La costa, al norte del Área Marina Protegida Seno Almirantazgo, es lugar de reproducción y descanso de especies como el elefante marino del sur, colonia que ha comenzado una nueva etapa reproductiva en la que ya hemos registrado más de 30 cachorros. Lo que no se ve a simple vista también es extraordinario. Las turberas y bosques de Karukinka almacenan el equivalente a casi 600 millones de toneladas de CO₂, lo que convierte al parque en un aliado clave frente al cambio climático. Por sus características únicas, Karukinka es considerado un laboratorio natural al aire libre, donde convergen ciencia, conocimientos locales y conservación. Sus ecosistemas subantárticos son estudiados para comprender los procesos que sostienen la vida en Tierra del Fuego y las amenazas que enfrentan. A través de la colaboración entre investigadores, guardaparques y WCS Chile, el parque transforma la observación del territorio en evidencia para la conservación. Cómo llegar La ruta Y-85 atraviesa el parque y es el único camino para llegar hasta la recepción de Karukinka, donde un equipo de guardaparques se encarga de cuidar el área y entregar indicaciones a los turistas. Además de los cinco senderos de trekking, entre ellos la recién habilitada ruta Senda del Agua, el parque cuenta con una zona para acampar y baños para quienes quieran realizar una estadía más larga. Se recomienda reservar la estadía con anticipación en el correo visitaskarukinka@gmail.com y revisar la información como tarifas y preguntas frecuentes en la página web de WCS Chile. “Es importante planificar la estadía con anticipación, el personal recibe visitantes desde las 8:30 hasta las 20:00 horas. Siempre recordamos la importancia de respetar los horarios y normas para mantener una actitud respetuosa del medio ambiente y su conservación, así como por la seguridad de las personas”, señaló Melissa Carmody. Karukinka, que significa “nuestra tierra” en lengua Selk’nam, forma parte del territorio ancestral de este pueblo, y su protección está estrechamente vinculada con el reconocimiento y la revitalización de su cultura: sus relatos, su lengua y prácticas ancestrales ayudan a entender un paisaje que habla a través de la naturaleza.
Allí, entre fiordos, glaciares y montañas, el aprendizaje que comenzó en el aula tuvo su prueba más concreta: observar, identificar y registrar a las distintas especies que se dejaron ver durante el recorrido. “Estamos viviendo una experiencia práctica donde los estudiantes están aprendiendo cómo utilizar en terreno la herramienta SMART para colectar datos de biodiversidad y amenazas en las áreas marinas protegidas de Magallanes”, explicó Javiera Constanzo, coordinadora del curso MAPEA Magallanes de WCS Chile. Durante la navegación, las y los participantes del curso pusieron en práctica que observar el territorio puede contribuir de forma concreta a su conservación. “SMART sirve para apoyar la gestión efectiva de las áreas protegidas. Es una herramienta de monitoreo y de reporte donde se referencian las observaciones y, por lo tanto, permite sistematizar toda esta información”, explicó Cristóbal Arredondo, coordinador del Curso MAPEA Magallanes y del Programa de Conservación Terrestre de WCS Chile. De esta manera, el uso de SMART es relevante en un territorio tan particular como Magallanes: muchos de sus ecosistemas más valiosos se encuentran en lugares extensos y aislados, de difícil acceso y que pocos tienen la oportunidad de conocer. Por eso, es clave que cada persona que pisa o navega en sus áreas protegidas, pueda aportar a ampliar el conocimiento sobre lo que allí ocurre. Del aula a la navegación Lobos marinos, carancas, albatros y otras especies de aves y evidencias asociadas a actividades humanas fueron parte de las observaciones realizadas durante el recorrido. Para Christian Bringas, investigador de la Universidad de Magallanes, este ejercicio permitió comprobar que quienes navegan por estos lugares pueden contribuir de manera concreta al monitoreo. “En la navegación, logramos generar registros, que es lo importante de la práctica”, relató y añadió: “Somos personas que vamos a estar navegando estas áreas y, de esa manera, se reparten mejor los recursos, ya que el esfuerzo se multiplica”. La navegación fue el cierre de un proceso de formación que comenzó en las salas del Instituto de la Patagonia a comienzos de agosto. Para Arredondo, enfrentarse directamente al territorio permite comprender de otra manera una herramienta que puede parecer muy técnica. “Salir de la sala de clases y venir a estas áreas marinas protegidas es una oportunidad súper valiosa. No mucha gente puede visitar estos lugares, pero uno aprende mucho más en el momento de hacerlo, de ver los ejemplos, ir observando las cosas y reportando”, explicó. Valentina Nanetti, participante de MAPEA Magallanes, destacó la posibilidad de contar con conocimientos técnicos y herramientas concretas para involucrarse en la conservación: “Nos han enseñado conocimiento técnico (...) para que uno tenga herramientas accionables para ejercer esa conservación”. Como profesora, además, valoró la posibilidad de llevar estos aprendizajes a otros espacios y la importancia de “ejercer la pedagogía desde el territorio”. Durante el recorrido por la Ruta de los Glaciares, las y los estudiantes de MAPEA fueron acompañados por expertos del Servicio de Biodiversidad y Áreas Protegidas (SBAP), CONAF y Sernapesca, quienes resolvieron dudas y entregaron información técnica respecto de las especies observadas, sus metodologías de trabajo y las labores de monitoreo. Alejandro Fernández, director regional del SBAP Magallanes, relevó la importancia de poner en práctica los contenidos del curso que patrocinó este servicio público: “Obtenemos información útil sobre fauna y ecosistemas con las cuales nos será posible tomar las mejores decisiones para su cuidado”. La experiencia se convirtió en un ejemplo de la importancia del trabajo colaborativo entre distintos actores para fortalecer la conservación. “Para WCS es fundamental el trabajo articulado entre el sector público, el sector privado y la sociedad civil. Esta colaboración es especialmente significativa en ámbitos como el monitoreo, el uso público y otras actividades necesarias para una adecuada gestión y protección de los territorios”, señaló Diego Flores, director de WCS Chile. En medio de la inmensidad de los fiordos, esa colaboración adquiere un sentido particular. El monitoreo participativo permite ampliar la capacidad de conocer lo que sucede en las áreas protegidas, incorporando a personas que por su trabajo, sus actividades o su interés tienen la posibilidad de recorrer lugares donde el monitoreo institucional no siempre está de forma permanente. MAPEA Magallanes es desarrollado por Wildlife Conservation Society Chile (WCS Chile) en estrecha coordinación y colaboración con el Servicio de Biodiversidad y Áreas Protegidas (SBAP), en el marco del proyecto “Construyendo un modelo de gobernanza inclusivo, equitativo y efectivo para la Red de Áreas Marinas Protegidas del Estrecho de Magallanes”, con el apoyo de The David & Lucile Packard Foundation.
La firma de ocho convenios con organizaciones dedicadas al cuidado de la naturaleza y uno con la Universidad Austral, fue el nuevo hito de articulación institucional que el Servicio de Biodiversidad y Áreas Protegidas realizó para fortalecer la colaboración con actores clave, que impulsa la implementación de la Ley 21.600 y busca enfrentar de manera conjunta los desafíos de la conservación. Los acuerdos permitirán desarrollar acciones conjuntas en ámbitos como investigación científica, innovación, monitoreo de especies y ecosistemas, restauración ecológica, intercambio de información, fortalecimiento de capacidades técnicas, educación ambiental, formación de profesionales, apoyo en la gestión del Sistema Nacional de Áreas Protegidas (SNAP) y búsqueda de mecanismos de financiamiento para iniciativas de conservación. “Como Servicio, comprendemos que la protección de la biodiversidad es una tarea compartida. Sabemos que estas organizaciones de la academia y la sociedad civil tienen un gran compromiso con la conservación de la naturaleza. Sus conocimientos y experiencia territorial son una fuerte colaboración para construir un sistema de conservación más sólido, moderno y colaborativo; esperamos que la naturaleza de la región de Magallanes y de la Antártica Chilena se vea beneficiada , comentó el director regional del Servicio, Alejandro Fernández. En cuanto al aporte de las organizaciones con presencia en la región, The Nature Conservancy (TNC) contribuirá con su experiencia internacional en soluciones basadas en la naturaleza, gobernanza participativa, innovación y gestión sostenible de ecosistemas terrestres, marinos y de aguas continentales. La Fundación Rewilding Chile, en tanto, continuará colaborando en la recuperación de especies amenazadas, la restauración de ecosistemas, el monitoreo de fauna nativa y el fortalecimiento de iniciativas de conservación en parques nacionales. Por otra parte, Wildlife Conservation Society (WCS Chile) reforzará el trabajo conjunto en ciencia aplicada, planificación, manejo de áreas protegidas y conservación de paisajes terrestres y marinos, aprovechando su experiencia desarrollada en Chile durante más de dos décadas. “La firma de este convenio con el Servicio de Biodiversidad y Áreas Protegidas es muy significativa para WCS Chile, porque consolida la colaboración con la institucionalidad ambiental, fortaleciendo la conservación efectiva de la biodiversidad. En Magallanes, hemos contribuido en el manejo de especies invasoras y residuos marinos, en el monitoreo de objetos de conservación, en la creación e implementación de áreas marinas protegidas, siempre aprovechando el Parque Karukinka como laboratorio natural. Creemos que ese modelo de trabajo, basado en ciencia y diálogo, aportará al SBAP en los desafíos de la región”, comentó Diego Flores, director de WCS Chile. Por su parte, el Centro Internacional Cabo de Hornos (CHIC, por sus siglas en inglés) aportará su reconocida trayectoria en investigación científica, educación y conservación biocultural desarrollada desde la Reserva de la Biósfera Cabo de Hornos, fortaleciendo la generación de conocimiento para la toma de decisiones. “Este convenio es clave para el Centro Internacional Cabo de Hornos, ya que fortalece la colaboración científica para la gestión efectiva de las áreas protegidas de la Región de Magallanes, en especial de la Reserva de la Biosfera Cabo de Hornos. Junto al SBAP reafirmamos el compromiso de integrar la investigación, la educación y la conservación, impulsando el bienestar regional y local donde las actividades económicas sostenibles, como el turismo y la pesca artesanal, se desarrollen en armonía con la protección de la biodiversidad subantártica”, comentó Eduardo Barros, profesional asociado del CHIC. Gracias a estas nuevas alianzas, Chile avanzará en la conservación del patrimonio natural, sumando conocimientos, experiencias y voluntades diversas, construyendo así una institucionalidad capaz de enfrentar los desafíos ambientales del país mediante la cooperación, la ciencia y el compromiso compartido con las generaciones presentes y futuras.
Los perros sin supervisión constituyen una amenaza para la biodiversidad, la ganadería y la salud pública en la región de Magallanes. En el Parque Karukinka, ha sido identificado como una de las grandes amenazas que afectan a los ecosistemas y especies nativas, por lo que se incorporaron estrategias y actividades dentro del Plan de Manejo del parque. En la región de Magallanes, los perros son la principal causa de pérdida de ganado. Según antecedentes recopilados por WCS Chile, entre 2012 y 2023, el 82,2% de la mortalidad de ganado reportada en la Región de Magallanes fue atribuida a perros sin supervisión y perros asilvestrados. Además, pueden transmitir enfermedades, competir con carnívoros silvestres y alterar el comportamiento de la fauna. En mayo de este año, el Ministerio de Salud declaró una Alerta Epidemiológica a nivel nacional por el aumento de las atenciones por mordeduras caninas y el riesgo de ataques por jaurías. Entre 2021 y 2025 se catastraron 366.051 atenciones por mordeduras; el 53,8% correspondió a animales sin un dueño conocido y el 34,4% a perros con propietario identificable. Mientras que en 2025 se registró el número más alto de notificaciones a nivel nacional. En tanto, entre 2018 y 2023, 24 personas fallecieron por ataques de perros. En Magallanes, según datos de la Seremi de Salud, durante el 2025 se reportaron 1.501 mordeduras, mientras que a julio de 2026 ya se reportan 743. En Tierra del Fuego los ecosistemas de estepa y bosque subantártico albergan especies como el zorro culpeo, el guanaco y diversas aves que anidan en el suelo. En áreas protegidas como el Parque Karukinka, los guardaparques han registrado decenas de ataques a guanacos y presencia de perros en los sectores que ocupan carnívoros nativos. Para responder a esto, dentro de las estrategias del Plan de Manejo del Parque Karukinka se encuentra la elaboración de un catastro de los vecinos y sus perros (mascotas o animales de trabajo) y un protocolo de identificación de la presencia de perros mediante cámaras trampa. Para ello, se propone registrar a los perros asociados a vecinos y vecinas del parque, fortalecer su identificación mediante collares con código de color, monitorear su presencia mediante cámaras trampa y ampliar el catastro al resto de la comuna con apoyo municipal y herramientas de monitoreo ciudadano. “Los perros sin supervisión representan una amenaza que debemos abordar por la salud de nuestros ecosistemas y de las personas. Desde WCS Chile estamos trabajando para poder contar con mayor información y que la comunidad también pueda hacerse parte del proceso”, señaló Cristóbal Arredondo, coordinador de Programa de Conservación Terrestre de WCS. Esta problemática también está presente en Argentina, donde el biólogo del CONICET Adrián Schiavini estimó que existen entre 600 y 1.000 perros asilvestrados en ese lado de la isla de Tierra del Fuego. Por eso Javiera Constanzo, encargada de UNA Salud de WCS Chile, explica que “abordar esta amenaza requiere una estrategia binacional integral”, porque “Tierra del Fuego reúne una alta actividad ganadera y de turismo, importantes áreas protegidas y una continuidad territorial entre Chile y Argentina”. Desde la organización recalcan que, en caso de ataques a ganado o fauna silvestre, las denuncias deben realizarse directamente al SAG.
Monitorear la biodiversidad, prevenir amenazas y mantener la infraestructura son parte de la labor esencial que desarrollan los guardaparques. Hoy 31 de julio se conmemora el Día Internacional del Guardaparques, efeméride que reconoce el trabajo de quienes tienen un papel fundamental en la conservación de las áreas protegidas. Rodrigo Munzenmayer, guardaparques desde hace quince años en el Parque Karukinka en Tierra del Fuego, asegura que “es uno de los mejores trabajos en el mundo. En un lugar poco conocido y de difícil acceso, es un desafío en sí mismo estar aquí todo el año, pero lo hago feliz y tiene un sentido para la familia y generaciones futuras”. Él tiene una gran conexión y respeto por la naturaleza: “Disfruto mucho la observación de aves, que puedo hacer en cada patrullaje. Ser guardaparque significa entender cómo encajar en la naturaleza, entenderla, restaurarla y protegerla”. En el parque, administrado por WCS Chile, ocho guardaparques y un administrador trabajan de manera permanente para proteger más de 300 mil hectáreas de bosques subantárticos, turberas (un tipo de humedales), ríos, montañas y ambientes costeros que albergan una biodiversidad única. Melissa Carmody, directora de Áreas Protegidas de WCS Chile, explica que el rol de las y los guardaparques va más allá de proteger la biodiversidad. “Los guardaparques de Karukinka desarrollan una labor muy integral: implementan el Plan de Manejo mediante el monitoreo de especies y ecosistemas, el control de amenazas como especies exóticas invasoras, la prevención de incendios, apoyan la investigación científica, reciben y orientan a los visitantes, mantienen senderos e infraestructura. Gracias a esa labor es posible avanzar en la conservación efectiva de Karukinka y mantener el parque operativo durante todo el año”. Esta diversidad de funciones requiere un alto nivel de compromiso. “Los guardaparques pasan largos periodos lejos de sus familias, por lo que la vocación, la pasión y el compromiso que demuestran con la conservación son realmente admirables”, agrega. La presencia permanente de los guardaparques permite detectar amenazas como la caza ilegal, el ingreso no autorizado de personas, los perros sin supervisión y otras situaciones que pueden afectar la biodiversidad, lo que fortalece la gestión efectiva de esta área protegida. Todo este conocimiento del equipo de guardaparques de Karukinka puede ser un apoyo para quienes cumplen estas funciones en CONAF y para quienes se desempeñarán en el futuro en el Servicio de Biodiversidad y Áreas Protegidas, especialmente en parques nacionales vecinos como Yendegaia, y así fortalecer una mirada coordinada para la conservación de este territorio. “Nuestro trabajo como guardaparques es fundamental para la conservación. Estar presentes en el territorio nos permite monitorear, recopilar datos, fiscalizar y detectar oportunamente amenazas para los ecosistemas. También cumplimos un rol clave en la prevención y alerta temprana de incendios forestales y enfermedades en la fauna, especialmente en lugares alejados de los servicios de emergencia, como Karukinka”, cuenta Rodrigo Munzenmayer. En un contexto de creciente pérdida de biodiversidad y de los efectos del cambio climático, la labor de los guardaparques adquiere una importancia cada vez mayor. Su conocimiento del territorio, experiencia en terreno y trabajo cotidiano son fundamentales para conservar uno de los paisajes mejor preservados de la Patagonia y asegurar que Karukinka continúe siendo un refugio para la biodiversidad y un laboratorio natural para la ciencia y la conservación.
A partir de este 23 de octubre, el Parque Karukinka abre una nueva temporada para que todos los visitantes puedan disfrutar de sus hermosos paisajes. Sus cerca de 300 mil hectáreas, son la mayor área protegida privada de la isla y la única en ese sector con guardaparques permanentes, que resguardan toda su biodiversidad: desde enormes mantos de turberas hasta la costa donde se reproduce el elefante marino. “Esta nueva temporada queremos invitar a las personas a descubrir Karukinka a través de sus cinco senderos, que permiten recorrer y conocer el parque de manera segura y respetuosa con la biodiversidad. La infraestructura del parque busca facilitar esta experiencia ayudándoles a conectarse con sus paisajes y comprender por qué es tan importante protegerlos”, señaló Melissa Carmody, directora de Áreas Protegidas de WCS Chile, organización que administra el parque. La primavera es una de las mejores épocas para recorrer Karukinka. En estas semanas se pueden avistar bandurrias, golondrinas, cachañas, churrines, viuditas, carpinteros negros —los más grandes de Sudamérica— y cientos de cóndores. La costa, al norte del Área Marina Protegida Seno Almirantazgo, es lugar de reproducción y descanso de especies como el elefante marino del sur, colonia que ha comenzado una nueva etapa reproductiva en la que ya hemos registrado más de 30 cachorros. Lo que no se ve a simple vista también es extraordinario. Las turberas y bosques de Karukinka almacenan el equivalente a casi 600 millones de toneladas de CO₂, lo que convierte al parque en un aliado clave frente al cambio climático. Por sus características únicas, Karukinka es considerado un laboratorio natural al aire libre, donde convergen ciencia, conocimientos locales y conservación. Sus ecosistemas subantárticos son estudiados para comprender los procesos que sostienen la vida en Tierra del Fuego y las amenazas que enfrentan. A través de la colaboración entre investigadores, guardaparques y WCS Chile, el parque transforma la observación del territorio en evidencia para la conservación. Cómo llegar La ruta Y-85 atraviesa el parque y es el único camino para llegar hasta la recepción de Karukinka, donde un equipo de guardaparques se encarga de cuidar el área y entregar indicaciones a los turistas. Además de los cinco senderos de trekking, entre ellos la recién habilitada ruta Senda del Agua, el parque cuenta con una zona para acampar y baños para quienes quieran realizar una estadía más larga. Se recomienda reservar la estadía con anticipación en el correo visitaskarukinka@gmail.com y revisar la información como tarifas y preguntas frecuentes en la página web de WCS Chile. “Es importante planificar la estadía con anticipación, el personal recibe visitantes desde las 8:30 hasta las 20:00 horas. Siempre recordamos la importancia de respetar los horarios y normas para mantener una actitud respetuosa del medio ambiente y su conservación, así como por la seguridad de las personas”, señaló Melissa Carmody. Karukinka, que significa “nuestra tierra” en lengua Selk’nam, forma parte del territorio ancestral de este pueblo, y su protección está estrechamente vinculada con el reconocimiento y la revitalización de su cultura: sus relatos, su lengua y prácticas ancestrales ayudan a entender un paisaje que habla a través de la naturaleza.
Allí, entre fiordos, glaciares y montañas, el aprendizaje que comenzó en el aula tuvo su prueba más concreta: observar, identificar y registrar a las distintas especies que se dejaron ver durante el recorrido. “Estamos viviendo una experiencia práctica donde los estudiantes están aprendiendo cómo utilizar en terreno la herramienta SMART para colectar datos de biodiversidad y amenazas en las áreas marinas protegidas de Magallanes”, explicó Javiera Constanzo, coordinadora del curso MAPEA Magallanes de WCS Chile. Durante la navegación, las y los participantes del curso pusieron en práctica que observar el territorio puede contribuir de forma concreta a su conservación. “SMART sirve para apoyar la gestión efectiva de las áreas protegidas. Es una herramienta de monitoreo y de reporte donde se referencian las observaciones y, por lo tanto, permite sistematizar toda esta información”, explicó Cristóbal Arredondo, coordinador del Curso MAPEA Magallanes y del Programa de Conservación Terrestre de WCS Chile. De esta manera, el uso de SMART es relevante en un territorio tan particular como Magallanes: muchos de sus ecosistemas más valiosos se encuentran en lugares extensos y aislados, de difícil acceso y que pocos tienen la oportunidad de conocer. Por eso, es clave que cada persona que pisa o navega en sus áreas protegidas, pueda aportar a ampliar el conocimiento sobre lo que allí ocurre. Del aula a la navegación Lobos marinos, carancas, albatros y otras especies de aves y evidencias asociadas a actividades humanas fueron parte de las observaciones realizadas durante el recorrido. Para Christian Bringas, investigador de la Universidad de Magallanes, este ejercicio permitió comprobar que quienes navegan por estos lugares pueden contribuir de manera concreta al monitoreo. “En la navegación, logramos generar registros, que es lo importante de la práctica”, relató y añadió: “Somos personas que vamos a estar navegando estas áreas y, de esa manera, se reparten mejor los recursos, ya que el esfuerzo se multiplica”. La navegación fue el cierre de un proceso de formación que comenzó en las salas del Instituto de la Patagonia a comienzos de agosto. Para Arredondo, enfrentarse directamente al territorio permite comprender de otra manera una herramienta que puede parecer muy técnica. “Salir de la sala de clases y venir a estas áreas marinas protegidas es una oportunidad súper valiosa. No mucha gente puede visitar estos lugares, pero uno aprende mucho más en el momento de hacerlo, de ver los ejemplos, ir observando las cosas y reportando”, explicó. Valentina Nanetti, participante de MAPEA Magallanes, destacó la posibilidad de contar con conocimientos técnicos y herramientas concretas para involucrarse en la conservación: “Nos han enseñado conocimiento técnico (...) para que uno tenga herramientas accionables para ejercer esa conservación”. Como profesora, además, valoró la posibilidad de llevar estos aprendizajes a otros espacios y la importancia de “ejercer la pedagogía desde el territorio”. Durante el recorrido por la Ruta de los Glaciares, las y los estudiantes de MAPEA fueron acompañados por expertos del Servicio de Biodiversidad y Áreas Protegidas (SBAP), CONAF y Sernapesca, quienes resolvieron dudas y entregaron información técnica respecto de las especies observadas, sus metodologías de trabajo y las labores de monitoreo. Alejandro Fernández, director regional del SBAP Magallanes, relevó la importancia de poner en práctica los contenidos del curso que patrocinó este servicio público: “Obtenemos información útil sobre fauna y ecosistemas con las cuales nos será posible tomar las mejores decisiones para su cuidado”. La experiencia se convirtió en un ejemplo de la importancia del trabajo colaborativo entre distintos actores para fortalecer la conservación. “Para WCS es fundamental el trabajo articulado entre el sector público, el sector privado y la sociedad civil. Esta colaboración es especialmente significativa en ámbitos como el monitoreo, el uso público y otras actividades necesarias para una adecuada gestión y protección de los territorios”, señaló Diego Flores, director de WCS Chile. En medio de la inmensidad de los fiordos, esa colaboración adquiere un sentido particular. El monitoreo participativo permite ampliar la capacidad de conocer lo que sucede en las áreas protegidas, incorporando a personas que por su trabajo, sus actividades o su interés tienen la posibilidad de recorrer lugares donde el monitoreo institucional no siempre está de forma permanente. MAPEA Magallanes es desarrollado por Wildlife Conservation Society Chile (WCS Chile) en estrecha coordinación y colaboración con el Servicio de Biodiversidad y Áreas Protegidas (SBAP), en el marco del proyecto “Construyendo un modelo de gobernanza inclusivo, equitativo y efectivo para la Red de Áreas Marinas Protegidas del Estrecho de Magallanes”, con el apoyo de The David & Lucile Packard Foundation.
La firma de ocho convenios con organizaciones dedicadas al cuidado de la naturaleza y uno con la Universidad Austral, fue el nuevo hito de articulación institucional que el Servicio de Biodiversidad y Áreas Protegidas realizó para fortalecer la colaboración con actores clave, que impulsa la implementación de la Ley 21.600 y busca enfrentar de manera conjunta los desafíos de la conservación. Los acuerdos permitirán desarrollar acciones conjuntas en ámbitos como investigación científica, innovación, monitoreo de especies y ecosistemas, restauración ecológica, intercambio de información, fortalecimiento de capacidades técnicas, educación ambiental, formación de profesionales, apoyo en la gestión del Sistema Nacional de Áreas Protegidas (SNAP) y búsqueda de mecanismos de financiamiento para iniciativas de conservación. “Como Servicio, comprendemos que la protección de la biodiversidad es una tarea compartida. Sabemos que estas organizaciones de la academia y la sociedad civil tienen un gran compromiso con la conservación de la naturaleza. Sus conocimientos y experiencia territorial son una fuerte colaboración para construir un sistema de conservación más sólido, moderno y colaborativo; esperamos que la naturaleza de la región de Magallanes y de la Antártica Chilena se vea beneficiada , comentó el director regional del Servicio, Alejandro Fernández. En cuanto al aporte de las organizaciones con presencia en la región, The Nature Conservancy (TNC) contribuirá con su experiencia internacional en soluciones basadas en la naturaleza, gobernanza participativa, innovación y gestión sostenible de ecosistemas terrestres, marinos y de aguas continentales. La Fundación Rewilding Chile, en tanto, continuará colaborando en la recuperación de especies amenazadas, la restauración de ecosistemas, el monitoreo de fauna nativa y el fortalecimiento de iniciativas de conservación en parques nacionales. Por otra parte, Wildlife Conservation Society (WCS Chile) reforzará el trabajo conjunto en ciencia aplicada, planificación, manejo de áreas protegidas y conservación de paisajes terrestres y marinos, aprovechando su experiencia desarrollada en Chile durante más de dos décadas. “La firma de este convenio con el Servicio de Biodiversidad y Áreas Protegidas es muy significativa para WCS Chile, porque consolida la colaboración con la institucionalidad ambiental, fortaleciendo la conservación efectiva de la biodiversidad. En Magallanes, hemos contribuido en el manejo de especies invasoras y residuos marinos, en el monitoreo de objetos de conservación, en la creación e implementación de áreas marinas protegidas, siempre aprovechando el Parque Karukinka como laboratorio natural. Creemos que ese modelo de trabajo, basado en ciencia y diálogo, aportará al SBAP en los desafíos de la región”, comentó Diego Flores, director de WCS Chile. Por su parte, el Centro Internacional Cabo de Hornos (CHIC, por sus siglas en inglés) aportará su reconocida trayectoria en investigación científica, educación y conservación biocultural desarrollada desde la Reserva de la Biósfera Cabo de Hornos, fortaleciendo la generación de conocimiento para la toma de decisiones. “Este convenio es clave para el Centro Internacional Cabo de Hornos, ya que fortalece la colaboración científica para la gestión efectiva de las áreas protegidas de la Región de Magallanes, en especial de la Reserva de la Biosfera Cabo de Hornos. Junto al SBAP reafirmamos el compromiso de integrar la investigación, la educación y la conservación, impulsando el bienestar regional y local donde las actividades económicas sostenibles, como el turismo y la pesca artesanal, se desarrollen en armonía con la protección de la biodiversidad subantártica”, comentó Eduardo Barros, profesional asociado del CHIC. Gracias a estas nuevas alianzas, Chile avanzará en la conservación del patrimonio natural, sumando conocimientos, experiencias y voluntades diversas, construyendo así una institucionalidad capaz de enfrentar los desafíos ambientales del país mediante la cooperación, la ciencia y el compromiso compartido con las generaciones presentes y futuras.
Los perros sin supervisión constituyen una amenaza para la biodiversidad, la ganadería y la salud pública en la región de Magallanes. En el Parque Karukinka, ha sido identificado como una de las grandes amenazas que afectan a los ecosistemas y especies nativas, por lo que se incorporaron estrategias y actividades dentro del Plan de Manejo del parque. En la región de Magallanes, los perros son la principal causa de pérdida de ganado. Según antecedentes recopilados por WCS Chile, entre 2012 y 2023, el 82,2% de la mortalidad de ganado reportada en la Región de Magallanes fue atribuida a perros sin supervisión y perros asilvestrados. Además, pueden transmitir enfermedades, competir con carnívoros silvestres y alterar el comportamiento de la fauna. En mayo de este año, el Ministerio de Salud declaró una Alerta Epidemiológica a nivel nacional por el aumento de las atenciones por mordeduras caninas y el riesgo de ataques por jaurías. Entre 2021 y 2025 se catastraron 366.051 atenciones por mordeduras; el 53,8% correspondió a animales sin un dueño conocido y el 34,4% a perros con propietario identificable. Mientras que en 2025 se registró el número más alto de notificaciones a nivel nacional. En tanto, entre 2018 y 2023, 24 personas fallecieron por ataques de perros. En Magallanes, según datos de la Seremi de Salud, durante el 2025 se reportaron 1.501 mordeduras, mientras que a julio de 2026 ya se reportan 743. En Tierra del Fuego los ecosistemas de estepa y bosque subantártico albergan especies como el zorro culpeo, el guanaco y diversas aves que anidan en el suelo. En áreas protegidas como el Parque Karukinka, los guardaparques han registrado decenas de ataques a guanacos y presencia de perros en los sectores que ocupan carnívoros nativos. Para responder a esto, dentro de las estrategias del Plan de Manejo del Parque Karukinka se encuentra la elaboración de un catastro de los vecinos y sus perros (mascotas o animales de trabajo) y un protocolo de identificación de la presencia de perros mediante cámaras trampa. Para ello, se propone registrar a los perros asociados a vecinos y vecinas del parque, fortalecer su identificación mediante collares con código de color, monitorear su presencia mediante cámaras trampa y ampliar el catastro al resto de la comuna con apoyo municipal y herramientas de monitoreo ciudadano. “Los perros sin supervisión representan una amenaza que debemos abordar por la salud de nuestros ecosistemas y de las personas. Desde WCS Chile estamos trabajando para poder contar con mayor información y que la comunidad también pueda hacerse parte del proceso”, señaló Cristóbal Arredondo, coordinador de Programa de Conservación Terrestre de WCS. Esta problemática también está presente en Argentina, donde el biólogo del CONICET Adrián Schiavini estimó que existen entre 600 y 1.000 perros asilvestrados en ese lado de la isla de Tierra del Fuego. Por eso Javiera Constanzo, encargada de UNA Salud de WCS Chile, explica que “abordar esta amenaza requiere una estrategia binacional integral”, porque “Tierra del Fuego reúne una alta actividad ganadera y de turismo, importantes áreas protegidas y una continuidad territorial entre Chile y Argentina”. Desde la organización recalcan que, en caso de ataques a ganado o fauna silvestre, las denuncias deben realizarse directamente al SAG.
Monitorear la biodiversidad, prevenir amenazas y mantener la infraestructura son parte de la labor esencial que desarrollan los guardaparques. Hoy 31 de julio se conmemora el Día Internacional del Guardaparques, efeméride que reconoce el trabajo de quienes tienen un papel fundamental en la conservación de las áreas protegidas. Rodrigo Munzenmayer, guardaparques desde hace quince años en el Parque Karukinka en Tierra del Fuego, asegura que “es uno de los mejores trabajos en el mundo. En un lugar poco conocido y de difícil acceso, es un desafío en sí mismo estar aquí todo el año, pero lo hago feliz y tiene un sentido para la familia y generaciones futuras”. Él tiene una gran conexión y respeto por la naturaleza: “Disfruto mucho la observación de aves, que puedo hacer en cada patrullaje. Ser guardaparque significa entender cómo encajar en la naturaleza, entenderla, restaurarla y protegerla”. En el parque, administrado por WCS Chile, ocho guardaparques y un administrador trabajan de manera permanente para proteger más de 300 mil hectáreas de bosques subantárticos, turberas (un tipo de humedales), ríos, montañas y ambientes costeros que albergan una biodiversidad única. Melissa Carmody, directora de Áreas Protegidas de WCS Chile, explica que el rol de las y los guardaparques va más allá de proteger la biodiversidad. “Los guardaparques de Karukinka desarrollan una labor muy integral: implementan el Plan de Manejo mediante el monitoreo de especies y ecosistemas, el control de amenazas como especies exóticas invasoras, la prevención de incendios, apoyan la investigación científica, reciben y orientan a los visitantes, mantienen senderos e infraestructura. Gracias a esa labor es posible avanzar en la conservación efectiva de Karukinka y mantener el parque operativo durante todo el año”. Esta diversidad de funciones requiere un alto nivel de compromiso. “Los guardaparques pasan largos periodos lejos de sus familias, por lo que la vocación, la pasión y el compromiso que demuestran con la conservación son realmente admirables”, agrega. La presencia permanente de los guardaparques permite detectar amenazas como la caza ilegal, el ingreso no autorizado de personas, los perros sin supervisión y otras situaciones que pueden afectar la biodiversidad, lo que fortalece la gestión efectiva de esta área protegida. Todo este conocimiento del equipo de guardaparques de Karukinka puede ser un apoyo para quienes cumplen estas funciones en CONAF y para quienes se desempeñarán en el futuro en el Servicio de Biodiversidad y Áreas Protegidas, especialmente en parques nacionales vecinos como Yendegaia, y así fortalecer una mirada coordinada para la conservación de este territorio. “Nuestro trabajo como guardaparques es fundamental para la conservación. Estar presentes en el territorio nos permite monitorear, recopilar datos, fiscalizar y detectar oportunamente amenazas para los ecosistemas. También cumplimos un rol clave en la prevención y alerta temprana de incendios forestales y enfermedades en la fauna, especialmente en lugares alejados de los servicios de emergencia, como Karukinka”, cuenta Rodrigo Munzenmayer. En un contexto de creciente pérdida de biodiversidad y de los efectos del cambio climático, la labor de los guardaparques adquiere una importancia cada vez mayor. Su conocimiento del territorio, experiencia en terreno y trabajo cotidiano son fundamentales para conservar uno de los paisajes mejor preservados de la Patagonia y asegurar que Karukinka continúe siendo un refugio para la biodiversidad y un laboratorio natural para la ciencia y la conservación.