En el extremo sur de Tierra del Fuego, donde las turberas resguardan miles de años de historia natural y enormes reservas de carbono y agua, guardaparques y especialistas se reunieron en el Parque Karukinka para desarrollar un taller local. Este fue un espacio destinado a reflexionar en torno a la conservación de dichos ecosistemas estratégicos para el planeta. La instancia se realizó en el marco del Acuerdo de Venecia (para saber más visita la página haciendo clic acá), un compromiso internacional suscrito en 2022 por científicos, pueblos originarios, artistas y custodios de distintos países para promover la protección de turberas desde una mirada territorial y colaborativa. En este contexto, los talleres desarrollados en distintos lugares del mundo, formarán parte de la Tercera Reunión Bianual del Acuerdo de Venecia, que culminará con un encuentro internacional en Kisumu, Kenia, en junio de este 2026. La iniciativa busca relevar la importancia de las acciones locales de protección de las turberas, entrelazando a sus custodios a través de sus conocimientos y experiencias, para ponerlas al servicio de la comunidad a escala global. Desde Chile, una de las experiencias destacadas es la del Parque Karukinka, administrado por WCS Chile, donde el equipo identificó amenazas, desafíos y oportunidades de conservación para las miles de hectáreas de turberas que hoy forman parte de los espacios protegidos de Tierra del Fuego. “Es importante saber cómo lo interpreta el equipo de guardaparques, cómo lo viven ellos y qué nuevas ideas van surgiendo desde la experiencia local del territorio para aportar insumos a estas declaraciones globales, que muchas veces no se sitúan en los lugares donde ocurren las cosas”, señaló Melissa Carmody, quien estuvo a cargo de facilitar el taller en Karukinka. Durante la jornada se incorporaron conocimientos territoriales y experiencias de conservación vinculadas a uno de los ecosistemas menos conocidos del planeta, pero también uno de los más relevantes para enfrentar el cambio climático. “Es parte de un compromiso que adquirieron diferentes organizaciones de distintas partes del mundo para proteger estos ecosistemas (turberas), que conforman solo el 3% de la superficie terrestre y almacenan más carbono que todos los bosques del mundo juntos”, explicó Rodrigo Munzenmayer, uno de los custodios en Tierra del Fuego. Las turberas son un tipo de humedal asociado a zonas de drenaje pobre, donde el agua fluye lentamente y la materia orgánica se acumula durante miles de años. Este proceso permite que almacenen grandes cantidades de carbono, convirtiéndolas en ecosistemas fundamentales para la regulación climática global. Actualmente, el Parque Karukinka protege más de 90 mil hectáreas de turberas, resguardadas desde 2015 bajo la figura de Áreas de Interés Científico para efectos mineros. En el territorio, equipos de guardaparques y científicos desarrollan monitoreos permanentes para comprender cómo responden estos humedales a distintas presiones ambientales. Además de su importancia climática, las turberas de Karukinka son hábitat de aves, mamíferos, invertebrados y numerosas especies vegetales. Asimismo, forman parte del territorio ancestral del pueblo Selk’nam, reforzando su relevancia ecológica, cultural y científica para Chile y el mundo. Los Selk’nam desarrollaron una profunda relación con el entorno natural fueguino, utilizando de manera sustentable los recursos disponibles para su alimentación, vestimenta y herramientas. Su conocimiento del territorio, su capacidad de adaptación y su cosmovisión, dan cuenta de una conexión indivisible entre las personas y todos los seres vivos, que hoy es relevada por WCS Chile y su experiencia en Karukinka. Finalmente, estas instancias buscan no solo fortalecer la reflexión y el intercambio de trayectorias, sino también recoger aprendizajes territoriales que puedan integrarse a las discusiones internacionales impulsadas por el Acuerdo de Venecia, promoviendo una visión descentralizada y colaborativa para la protección de estos humedales.
En Casa Líquen, en Punta Arenas, se llevó a cabo el espacio de diálogo Herramientas abiertas y comunitarias para el estudio de ecosistemas subantárticos, en el marco de LUMEN 2026, Encuentro de Arte Contemporáneo y Artes Mediales en Magallanes. La actividad, abierta a la comunidad, reunió a investigadores, artistas y público general en torno al uso de tecnologías abiertas aplicadas al estudio y conservación de ecosistemas subantárticos. El encuentro fue liderado por miembros de la comunidad internacional de hardware abierto GOSH (Global Open Science Hardware), quienes actualmente desarrollan una residencia en el Parque Karukinka de WCS Chile. Uno de los expositores, el investigador Fernán Federici, de la Universidad Católica, explicó que estas tecnologías se basan en principios de acceso libre, permitiendo que sus diseños sean utilizados, modificados y mejorados por cualquier persona. Son herramientas de desarrollo colectivo y comunitario que no solo reducen costos, sino que también amplían el acceso a la investigación científica, señaló. Desde el ámbito de la conservación, Cristóbal Arredondo, Coordinador Programa Conservación Terrestre y encargado de investigación y monitoreo en Karukinka de WCS Chile, destacó que este trabajo colaborativo responde a necesidades concretas del territorio. El parque es un laboratorio natural lleno de preguntas. La incorporación de tecnologías abiertas permite desarrollar soluciones accesibles e innovadoras para abordar desafíos de conservación, explicó. Durante el diálogo también se abordó el concepto de ciencia abierta, entendido como una forma de democratizar el conocimiento científico mediante el uso de instrumentos, códigos y metodologías accesibles. Este enfoque permite a comunidades, investigadores independientes y organizaciones adaptar herramientas a sus propias necesidades, facilitando estudios en distintas áreas. Nicolás Leiva, asistente al encuentro valoró el enfoque de ciencia abierta, destacando que permite generar conocimiento desde y para la comunidad, estos instrumentos pueden adaptarse a cada necesidad, incluso en laboratorios a pequeña escala. Asimismo, subrayó que este modelo tiene aplicaciones concretas en áreas como el estudio de suelos, fauna y flora, lo que —a su juicio— lo hace especialmente interesante para avanzar en investigación y conservación. La iniciativa forma parte de una colaboración entre WCS Chile y Liquenlab y cuenta con el apoyo del Programa PAOCC del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio. Durante el encuentro se evidenció cómo el cruce entre arte, ciencia y tecnología puede generar nuevas formas de comprender y proteger los ecosistemas, promoviendo una participación más amplia en los procesos de investigación y conservación en la región de Magallanes.
Con el ánimo de fortalecer el conocimiento y la conservación de la biodiversidad en el extremo sur del país, la Comunidad Kawésqar Isla Dawson y Wildlife Conservation Society (WCS Chile) llevaron a cabo un encuentro colaborativo en el área en concesión Tawókser, ubicada en el sector de San Juan al sur de Punta Arenas, junto a Simbiosis Subantártica, agrupación dedicada de manera autodidacta a la investigación de hongos en la región de Magallanes. Durante la jornada, realizada en el propio territorio comunitario, el equipo de investigadoras desarrolló un catastro y muestreo de diversas especies presentes en el bosque, identificando una alta diversidad de formas, colores y funciones ecológicas. “Esta actividad es muy importante para nosotros porque nos permite obtener un marco teórico de la biodiversidad que existe en el territorio”, señaló Miguel Cárcamo, presidente de la Comunidad Indígena Kawésqar Isla Dawson, destacando el valor de registrar conocimiento sobre su entorno. Por su parte, Camila Labraña Díaz, educadora ambiental de Simbiosis Subantártica, explicó que la jornada permitió realizar un reconocimiento directo del territorio y registrar especies en un ecosistema poco intervenido. “Nos hemos dado cuenta de que existe una gran diversidad de hongos, con múltiples funciones: especies que descomponen la madera, que reciclan la materia orgánica del suelo, e incluso especies comestibles que crecen en árboles y musgos”, indicó. La especialista enfatizó además el rol fundamental de los hongos en los ecosistemas: “Son los grandes recicladores del planeta. Sin ellos no existiría este proceso de descomposición que permite la formación de nuevos suelos. Además, muchas especies se asocian con los árboles, facilitando la absorción de nutrientes y contribuyendo a la salud del bosque”. El encuentro también contó con la participación de Francisco Brañas, Gestor Regional de Áreas Marinas Protegidas del Servicio de Biodiversidad y Áreas Protegidas, quien valoró la instancia como un espacio de articulación entre actores diversos. “Fue una experiencia muy enriquecedora, donde se unieron saberes personales, comunitarios y profesionales en torno a un objetivo común: la protección de la naturaleza. Este tipo de iniciativas permite generar conocimiento más profundo sobre el territorio y entrega herramientas concretas a las comunidades para su conservación”, señalaron. La jornada se enmarcó en el trabajo que impulsa WCS Chile vinculado a la promoción de la conservación efectiva de la biodiversidad regional a través de la colaboración entre comunidades locales, organizaciones de la sociedad civil e instituciones públicas, bajo un enfoque que integra conocimiento científico y saberes tradicionales. Este tipo de iniciativas refuerza la importancia del entendimiento y la conservación de los diferentes componentes de los ecosistemas, como la biodiversidad fúngica, clave —aunque muchas veces invisibilizado— para el equilibrio y la salud de los ecosistemas subantárticos.
En entrevista con un programa radial de la región, Carmody explicó que las turberas han estado históricamente expuestas a presiones extractivas debido a debilidades en su regulación. Hasta hace pocos años, la turba —la capa subterránea del ecosistema— podía ser objeto de concesiones mineras, lo que implicaba un alto riesgo de explotación, señaló. Avances legislativos y desafíos pendientes La especialista destacó como un avance relevante la aprobación, en 2024, de la ley que prohíbe la extracción de turba. No obstante, advirtió que la normativa aún permite la extracción del musgo sphagnum bajo planes de manejo considerados sostenibles. Si bien esta ley representa un progreso significativo, la intervención de las turberas sigue implicando riesgos. Son ecosistemas que se forman en miles de años, por lo que su recuperación no es comparable con los tiempos de extracción, explicó. En este sentido, enfatizó que la separación normativa entre turba y musgo no necesariamente refleja el funcionamiento integral del ecosistema. Al extraer el musgo, se puede exponer la turba al oxígeno, liberando CO2, lo que impacta directamente en su rol como sumidero de carbono, agregó. Uno de los principales puntos críticos señalados por Carmody es la fiscalización de la normativa vigente. En Chile, muchas veces contamos con buenas leyes, pero su cumplimiento efectivo sigue siendo un desafío, afirmó. Iniciativas de gobernanza y cooperación En paralelo, destacó la creación de una iniciativa binacional entre Chile y Argentina para la conservación de turberas patagónicas, que busca fortalecer la gobernanza, compartir experiencias y promover mejores prácticas de protección. Esta instancia reúne a universidades, organizaciones y comunidades locales, y apunta a generar lineamientos comunes frente a un ecosistema que trasciende fronteras. Incertidumbre por retiro de decretos ambientales En materia de política pública, Carmody también se refirió al retiro de 43 decretos ambientales en proceso de revisión, señalando que la medida genera incertidumbre en el sector. Son instrumentos que ya han pasado por procesos técnicos y jurídicos. Su retiro sin distinción puede afectar la certeza jurídica y el desarrollo adecuado de proyectos, indicó. Asimismo, advirtió que este tipo de decisiones puede instalar una percepción errónea sobre la regulación ambiental. No se trata de una carga, sino de herramientas que entregan claridad, reducen conflictos y permiten un desarrollo más sostenible, sostuvo. Regulación y desarrollo: una relación necesaria Finalmente, Carmody subrayó la importancia de fortalecer la institucionalidad ambiental para avanzar hacia un equilibrio entre desarrollo y conservación. La normativa ambiental no debe entenderse como un obstáculo, sino como una base que permite resguardar los ecosistemas y, al mismo tiempo, dar certezas para el desarrollo económico, concluyó.
La directora del Parque Karukinka de WCS, Melissa Carmodi, abordó esta mañana los avances de la Iniciativa de Turberas Patagónicas durante su participación en el programa Buenos Días Región de Polar Comunicaciones, destacando un reciente hito en este esfuerzo de carácter binacional. En ese contexto, explicó que el pasado jueves 5 de marzo se concretó un paso relevante para la consolidación de esta iniciativa, impulsada de manera conjunta entre Chile y Argentina, con la presentación de una propuesta de modelo de gobernanza orientada a fortalecer la conservación de estos ecosistemas. Las turberas patagónicas cumplen un rol clave a nivel ambiental, ya que almacenan grandes cantidades de carbono, contribuyen a la regulación hídrica en los territorios y aportan al bienestar de las comunidades locales. Sin embargo, también enfrentan crecientes amenazas asociadas al cambio climático y a distintas presiones productivas. En esa línea, la propuesta de gobernanza busca avanzar hacia una implementación organizada y colaborativa, articulando a actores de distintos sectores para impulsar líneas de trabajo como la investigación, la gestión y manejo de estos ecosistemas, la incidencia en políticas públicas, la mejora de prácticas productivas y la divulgación de su importancia. Tras esta etapa, las organizaciones y personas que integran la iniciativa iniciarán un proceso de revisión con miras a validar la propuesta hacia fines de marzo, lo que permitirá continuar avanzando en su consolidación. Cabe destacar que la Iniciativa de Turberas Patagónicas surgió en 2021 y se proyecta como un espacio de colaboración de largo plazo, enfocado en ampliar el conocimiento, cuidado y protección de estos ecosistemas estratégicos para la Patagonia y el planeta.
En el extremo sur de Tierra del Fuego, donde las turberas resguardan miles de años de historia natural y enormes reservas de carbono y agua, guardaparques y especialistas se reunieron en el Parque Karukinka para desarrollar un taller local. Este fue un espacio destinado a reflexionar en torno a la conservación de dichos ecosistemas estratégicos para el planeta. La instancia se realizó en el marco del Acuerdo de Venecia (para saber más visita la página haciendo clic acá), un compromiso internacional suscrito en 2022 por científicos, pueblos originarios, artistas y custodios de distintos países para promover la protección de turberas desde una mirada territorial y colaborativa. En este contexto, los talleres desarrollados en distintos lugares del mundo, formarán parte de la Tercera Reunión Bianual del Acuerdo de Venecia, que culminará con un encuentro internacional en Kisumu, Kenia, en junio de este 2026. La iniciativa busca relevar la importancia de las acciones locales de protección de las turberas, entrelazando a sus custodios a través de sus conocimientos y experiencias, para ponerlas al servicio de la comunidad a escala global. Desde Chile, una de las experiencias destacadas es la del Parque Karukinka, administrado por WCS Chile, donde el equipo identificó amenazas, desafíos y oportunidades de conservación para las miles de hectáreas de turberas que hoy forman parte de los espacios protegidos de Tierra del Fuego. “Es importante saber cómo lo interpreta el equipo de guardaparques, cómo lo viven ellos y qué nuevas ideas van surgiendo desde la experiencia local del territorio para aportar insumos a estas declaraciones globales, que muchas veces no se sitúan en los lugares donde ocurren las cosas”, señaló Melissa Carmody, quien estuvo a cargo de facilitar el taller en Karukinka. Durante la jornada se incorporaron conocimientos territoriales y experiencias de conservación vinculadas a uno de los ecosistemas menos conocidos del planeta, pero también uno de los más relevantes para enfrentar el cambio climático. “Es parte de un compromiso que adquirieron diferentes organizaciones de distintas partes del mundo para proteger estos ecosistemas (turberas), que conforman solo el 3% de la superficie terrestre y almacenan más carbono que todos los bosques del mundo juntos”, explicó Rodrigo Munzenmayer, uno de los custodios en Tierra del Fuego. Las turberas son un tipo de humedal asociado a zonas de drenaje pobre, donde el agua fluye lentamente y la materia orgánica se acumula durante miles de años. Este proceso permite que almacenen grandes cantidades de carbono, convirtiéndolas en ecosistemas fundamentales para la regulación climática global. Actualmente, el Parque Karukinka protege más de 90 mil hectáreas de turberas, resguardadas desde 2015 bajo la figura de Áreas de Interés Científico para efectos mineros. En el territorio, equipos de guardaparques y científicos desarrollan monitoreos permanentes para comprender cómo responden estos humedales a distintas presiones ambientales. Además de su importancia climática, las turberas de Karukinka son hábitat de aves, mamíferos, invertebrados y numerosas especies vegetales. Asimismo, forman parte del territorio ancestral del pueblo Selk’nam, reforzando su relevancia ecológica, cultural y científica para Chile y el mundo. Los Selk’nam desarrollaron una profunda relación con el entorno natural fueguino, utilizando de manera sustentable los recursos disponibles para su alimentación, vestimenta y herramientas. Su conocimiento del territorio, su capacidad de adaptación y su cosmovisión, dan cuenta de una conexión indivisible entre las personas y todos los seres vivos, que hoy es relevada por WCS Chile y su experiencia en Karukinka. Finalmente, estas instancias buscan no solo fortalecer la reflexión y el intercambio de trayectorias, sino también recoger aprendizajes territoriales que puedan integrarse a las discusiones internacionales impulsadas por el Acuerdo de Venecia, promoviendo una visión descentralizada y colaborativa para la protección de estos humedales.
En Casa Líquen, en Punta Arenas, se llevó a cabo el espacio de diálogo Herramientas abiertas y comunitarias para el estudio de ecosistemas subantárticos, en el marco de LUMEN 2026, Encuentro de Arte Contemporáneo y Artes Mediales en Magallanes. La actividad, abierta a la comunidad, reunió a investigadores, artistas y público general en torno al uso de tecnologías abiertas aplicadas al estudio y conservación de ecosistemas subantárticos. El encuentro fue liderado por miembros de la comunidad internacional de hardware abierto GOSH (Global Open Science Hardware), quienes actualmente desarrollan una residencia en el Parque Karukinka de WCS Chile. Uno de los expositores, el investigador Fernán Federici, de la Universidad Católica, explicó que estas tecnologías se basan en principios de acceso libre, permitiendo que sus diseños sean utilizados, modificados y mejorados por cualquier persona. Son herramientas de desarrollo colectivo y comunitario que no solo reducen costos, sino que también amplían el acceso a la investigación científica, señaló. Desde el ámbito de la conservación, Cristóbal Arredondo, Coordinador Programa Conservación Terrestre y encargado de investigación y monitoreo en Karukinka de WCS Chile, destacó que este trabajo colaborativo responde a necesidades concretas del territorio. El parque es un laboratorio natural lleno de preguntas. La incorporación de tecnologías abiertas permite desarrollar soluciones accesibles e innovadoras para abordar desafíos de conservación, explicó. Durante el diálogo también se abordó el concepto de ciencia abierta, entendido como una forma de democratizar el conocimiento científico mediante el uso de instrumentos, códigos y metodologías accesibles. Este enfoque permite a comunidades, investigadores independientes y organizaciones adaptar herramientas a sus propias necesidades, facilitando estudios en distintas áreas. Nicolás Leiva, asistente al encuentro valoró el enfoque de ciencia abierta, destacando que permite generar conocimiento desde y para la comunidad, estos instrumentos pueden adaptarse a cada necesidad, incluso en laboratorios a pequeña escala. Asimismo, subrayó que este modelo tiene aplicaciones concretas en áreas como el estudio de suelos, fauna y flora, lo que —a su juicio— lo hace especialmente interesante para avanzar en investigación y conservación. La iniciativa forma parte de una colaboración entre WCS Chile y Liquenlab y cuenta con el apoyo del Programa PAOCC del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio. Durante el encuentro se evidenció cómo el cruce entre arte, ciencia y tecnología puede generar nuevas formas de comprender y proteger los ecosistemas, promoviendo una participación más amplia en los procesos de investigación y conservación en la región de Magallanes.
Con el ánimo de fortalecer el conocimiento y la conservación de la biodiversidad en el extremo sur del país, la Comunidad Kawésqar Isla Dawson y Wildlife Conservation Society (WCS Chile) llevaron a cabo un encuentro colaborativo en el área en concesión Tawókser, ubicada en el sector de San Juan al sur de Punta Arenas, junto a Simbiosis Subantártica, agrupación dedicada de manera autodidacta a la investigación de hongos en la región de Magallanes. Durante la jornada, realizada en el propio territorio comunitario, el equipo de investigadoras desarrolló un catastro y muestreo de diversas especies presentes en el bosque, identificando una alta diversidad de formas, colores y funciones ecológicas. “Esta actividad es muy importante para nosotros porque nos permite obtener un marco teórico de la biodiversidad que existe en el territorio”, señaló Miguel Cárcamo, presidente de la Comunidad Indígena Kawésqar Isla Dawson, destacando el valor de registrar conocimiento sobre su entorno. Por su parte, Camila Labraña Díaz, educadora ambiental de Simbiosis Subantártica, explicó que la jornada permitió realizar un reconocimiento directo del territorio y registrar especies en un ecosistema poco intervenido. “Nos hemos dado cuenta de que existe una gran diversidad de hongos, con múltiples funciones: especies que descomponen la madera, que reciclan la materia orgánica del suelo, e incluso especies comestibles que crecen en árboles y musgos”, indicó. La especialista enfatizó además el rol fundamental de los hongos en los ecosistemas: “Son los grandes recicladores del planeta. Sin ellos no existiría este proceso de descomposición que permite la formación de nuevos suelos. Además, muchas especies se asocian con los árboles, facilitando la absorción de nutrientes y contribuyendo a la salud del bosque”. El encuentro también contó con la participación de Francisco Brañas, Gestor Regional de Áreas Marinas Protegidas del Servicio de Biodiversidad y Áreas Protegidas, quien valoró la instancia como un espacio de articulación entre actores diversos. “Fue una experiencia muy enriquecedora, donde se unieron saberes personales, comunitarios y profesionales en torno a un objetivo común: la protección de la naturaleza. Este tipo de iniciativas permite generar conocimiento más profundo sobre el territorio y entrega herramientas concretas a las comunidades para su conservación”, señalaron. La jornada se enmarcó en el trabajo que impulsa WCS Chile vinculado a la promoción de la conservación efectiva de la biodiversidad regional a través de la colaboración entre comunidades locales, organizaciones de la sociedad civil e instituciones públicas, bajo un enfoque que integra conocimiento científico y saberes tradicionales. Este tipo de iniciativas refuerza la importancia del entendimiento y la conservación de los diferentes componentes de los ecosistemas, como la biodiversidad fúngica, clave —aunque muchas veces invisibilizado— para el equilibrio y la salud de los ecosistemas subantárticos.
En entrevista con un programa radial de la región, Carmody explicó que las turberas han estado históricamente expuestas a presiones extractivas debido a debilidades en su regulación. Hasta hace pocos años, la turba —la capa subterránea del ecosistema— podía ser objeto de concesiones mineras, lo que implicaba un alto riesgo de explotación, señaló. Avances legislativos y desafíos pendientes La especialista destacó como un avance relevante la aprobación, en 2024, de la ley que prohíbe la extracción de turba. No obstante, advirtió que la normativa aún permite la extracción del musgo sphagnum bajo planes de manejo considerados sostenibles. Si bien esta ley representa un progreso significativo, la intervención de las turberas sigue implicando riesgos. Son ecosistemas que se forman en miles de años, por lo que su recuperación no es comparable con los tiempos de extracción, explicó. En este sentido, enfatizó que la separación normativa entre turba y musgo no necesariamente refleja el funcionamiento integral del ecosistema. Al extraer el musgo, se puede exponer la turba al oxígeno, liberando CO2, lo que impacta directamente en su rol como sumidero de carbono, agregó. Uno de los principales puntos críticos señalados por Carmody es la fiscalización de la normativa vigente. En Chile, muchas veces contamos con buenas leyes, pero su cumplimiento efectivo sigue siendo un desafío, afirmó. Iniciativas de gobernanza y cooperación En paralelo, destacó la creación de una iniciativa binacional entre Chile y Argentina para la conservación de turberas patagónicas, que busca fortalecer la gobernanza, compartir experiencias y promover mejores prácticas de protección. Esta instancia reúne a universidades, organizaciones y comunidades locales, y apunta a generar lineamientos comunes frente a un ecosistema que trasciende fronteras. Incertidumbre por retiro de decretos ambientales En materia de política pública, Carmody también se refirió al retiro de 43 decretos ambientales en proceso de revisión, señalando que la medida genera incertidumbre en el sector. Son instrumentos que ya han pasado por procesos técnicos y jurídicos. Su retiro sin distinción puede afectar la certeza jurídica y el desarrollo adecuado de proyectos, indicó. Asimismo, advirtió que este tipo de decisiones puede instalar una percepción errónea sobre la regulación ambiental. No se trata de una carga, sino de herramientas que entregan claridad, reducen conflictos y permiten un desarrollo más sostenible, sostuvo. Regulación y desarrollo: una relación necesaria Finalmente, Carmody subrayó la importancia de fortalecer la institucionalidad ambiental para avanzar hacia un equilibrio entre desarrollo y conservación. La normativa ambiental no debe entenderse como un obstáculo, sino como una base que permite resguardar los ecosistemas y, al mismo tiempo, dar certezas para el desarrollo económico, concluyó.
La directora del Parque Karukinka de WCS, Melissa Carmodi, abordó esta mañana los avances de la Iniciativa de Turberas Patagónicas durante su participación en el programa Buenos Días Región de Polar Comunicaciones, destacando un reciente hito en este esfuerzo de carácter binacional. En ese contexto, explicó que el pasado jueves 5 de marzo se concretó un paso relevante para la consolidación de esta iniciativa, impulsada de manera conjunta entre Chile y Argentina, con la presentación de una propuesta de modelo de gobernanza orientada a fortalecer la conservación de estos ecosistemas. Las turberas patagónicas cumplen un rol clave a nivel ambiental, ya que almacenan grandes cantidades de carbono, contribuyen a la regulación hídrica en los territorios y aportan al bienestar de las comunidades locales. Sin embargo, también enfrentan crecientes amenazas asociadas al cambio climático y a distintas presiones productivas. En esa línea, la propuesta de gobernanza busca avanzar hacia una implementación organizada y colaborativa, articulando a actores de distintos sectores para impulsar líneas de trabajo como la investigación, la gestión y manejo de estos ecosistemas, la incidencia en políticas públicas, la mejora de prácticas productivas y la divulgación de su importancia. Tras esta etapa, las organizaciones y personas que integran la iniciativa iniciarán un proceso de revisión con miras a validar la propuesta hacia fines de marzo, lo que permitirá continuar avanzando en su consolidación. Cabe destacar que la Iniciativa de Turberas Patagónicas surgió en 2021 y se proyecta como un espacio de colaboración de largo plazo, enfocado en ampliar el conocimiento, cuidado y protección de estos ecosistemas estratégicos para la Patagonia y el planeta.