8 de agosto de 2026
COLUMNA DE OPINIÓN | MANUAL DE FIGURACIÓN POLÍTICA
Por: Arturo Storaker

Dicen que la política es el arte de servir al bien común. Puede ser. Pero, a juzgar por lo que vemos cada día,
también parece haberse convertido en el arte de no desaparecer de la fotografía. Porque hoy existe algo que un
político teme incluso más que perder una elección: dejar de aparecer.
Y como la memoria del electorado dura apenas lo que un video en redes sociales, la política moderna desarrolló un
manual no escrito para mantenerse vigente cuando todavía faltan años para la próxima campaña.
La primera regla es sencilla: nunca desaparezca. No importa si usted es alcalde, parlamentario, consejero
regional, dirigente o un aspirante lleno de entusiasmo. Lo importante es que el público recuerde su rostro, aunque
ya no recuerde exactamente qué hizo.
Existe incluso una curiosa ley de la física política que ningún científico ha conseguido explicar: la capacidad de
fiscalización aumenta en proporción directa al número de cámaras presentes. Sin cámaras, el problema puede
esperar. Con cámaras, adquiere categoría de emergencia nacional.
Los arquetipos
Así aparecen los campeones del boxeo de sombra. Su especialidad consiste en desafiar públicamente a una
autoridad de mayor rango. Si responde, se denuncia su agresividad; si guarda silencio, se denuncia su indiferencia.
En ambos casos se consigue exactamente lo que se buscaba: un titular.
De la misma escuela viene el consejero regional. Sus iniciativas propias son pocas — el cargo no da para
muchas más — pero cuando alguna llega a la sala, ahí está su gran oportunidad: el discurso, el debate, la
intervención bien grabada. Lo que importa no es tanto ganar la votación como salir en la nota. Y cuando siente que
su voto es apenas uno más entre trece, encuentra la forma de convertirlo en protagonista: “mi voto fue decisivo”,
dice, aunque el resultado hubiera sido exactamente el mismo sin él.
El diputado o senador de turno, en cambio, prefiere presentar proyectos de ley con nombres heroicos y gráficas
impecables para redes. O, todavía mejor, indicaciones a leyes que ya están en trámite: bastan un par de líneas que
suenen bien o que generen la polémica necesaria del día. Da lo mismo si terminan siendo vetadas y cayendo en el
olvido de alguna comisión — la noticia ya se hizo, y la fotografía también.
El alcalde que sueña con el Congreso también tiene su libreto: inaugura una plaza y termina opinando de política
internacional. Descubre que todos los problemas comunales nacen de una ley mal hecha y que, por feliz
coincidencia, solo él puede corregirla desde el Parlamento. Lo que rara vez explica es que ordenar una ciudad ya
es difícil. Ordenar el Congreso requiere bastante más que una escoba nueva.
Después está quien convierte cualquier trámite en acontecimiento histórico: una reunión de treinta minutos pasa a
ser una cumbre decisiva. Y todo queda cuidadosamente registrado — porque la política descubrió que existen dos
formas de gestión: la real y la fotografiable. La primera requiere estudio, tiempo y resultados. La segunda necesita
un fotógrafo, un buen ángulo y, si es posible, un chaleco reflectante.
Punta Arenas, laboratorio de la disciplina
En Punta Arenas esta disciplina alcanza niveles dignos de estudio. Hay reuniones donde se conversa quince
minutos y la sesión fotográfica dura cuarenta. Hay visitas inspectivas donde el fotógrafo llega antes que los
inspectores. Y hay publicaciones que muestran perfectamente quién estuvo presente, pero nunca alcanzan a
explicar qué problema quedó realmente resuelto.
El ciudadano ya conoce la secuencia: tres fotografías, un video vertical, una frase inspiradora — “seguimos
trabajando por nuestra comunidad.” Lo único que nunca aparece es el capítulo siguiente.
El orador y el debutante
Está también el gran orador, ese que descubre que la tribuna sirve menos para legislar que para construir
personaje. Su repertorio es conocido: “esto es inaceptable”, “no podemos seguir así”, “es hora de escuchar a la
gente.” La propuesta concreta puede esperar — una buena frase viaja mucho más rápido que un buen proyecto de
ley. Cuando se apagan las cámaras empieza la parte menos entretenida: comisión, discusión técnica, indicaciones,
votación. Ahí, curiosamente, el entusiasmo disminuye bastante.
Y está el candidato debutante que, como todavía no tiene gestión que mostrar, se especializa en la denuncia
permanente. Todo está mal, todo llega tarde, todo merece un video — porque descubrió que una denuncia bien
iluminada consigue más reproducciones que una solución bien diseñada. La política de hoy compite por atención, y
la atención es el recurso más escaso de todos.
La lógica detrás de la vanidad
Pero sería injusto atribuir todo únicamente a la vanidad. Existe una lógica electoral difícil de ignorar. Cuando llega
el momento de votar, el ciudadano se enfrenta a una papeleta con decenas de nombres y, salvo excepciones, no
conoce en profundidad los programas ni las trayectorias de todos. Ahí aparece un mecanismo tan simple como
poderoso: la distinción. El voto suele favorecer a quien logró hacerse visible, al que apareció con más frecuencia, al
que instaló su nombre en la conversación pública.
El problema empieza cuando esa necesidad de diferenciarse pesa más que la necesidad de gestionar. Cuando la
fotografía vale más que el resultado, el titular pesa más que la solución, y la presencia reemplaza al contenido.
Por eso, estimado lector de Magallanes: cuando vea inaugurar veinte metros de vereda o colocar una primera
piedra con fotógrafo, camarógrafo, dron, transmisión en vivo y un discurso sobre el futuro de Chile, no piense
necesariamente que está frente a una gran obra pública. Tal vez solo esté presenciando uno de los ensayos
generales de la próxima campaña.
Porque, al final, la política necesita ideas, liderazgo y resultados. La figuración puede ayudar a ganar una elección;
difícilmente bastará para ganarse el respeto de los ciudadanos. Las elecciones pasan. La figuración, en cambio,
parece no terminar nunca.
El tribunal de alzada rechazó el recurso de apelación presentado contra la resolución que había desestimado la imposición de cautelares a la exalcaldesa de Puerto Natales, investigada por presunta apropiación indebida de cotizaciones previsionales y de salud.
El tribunal de alzada rechazó el recurso de apelación presentado contra la resolución que había desestimado la imposición de cautelares a la exalcaldesa de Puerto Natales, investigada por presunta apropiación indebida de cotizaciones previsionales y de salud.







































































































































































