24 de julio de 2026
COLUMNA DE OPINIÓN | EL HIDRÓGENO VERDE NO FRACASÓ
Cristóbal Parrado – Investigador Centro de Transformación Energética UNAB

La decisión de Corfo de poner término anticipado al programa NEMa en Magallanes sorprendió a muchos. Hace apenas unos años, el hidrógeno verde aparecía como una de las mayores oportunidades económicas de Chile. Hoy, el propio Estado reconoce que las condiciones cambiaron y que el foco deberá trasladarse hacia proyectos más pequeños, con demanda asegurada y aplicaciones industriales concretas.
Algunos interpretarán esta noticia como el fracaso del hidrógeno verde. Creo que esa conclusión sería equivocada.
Lo que realmente cambió no fue el potencial tecnológico de producir hidrógeno utilizando energías renovables. Lo que cambió fue el mercado.
Producir hidrógeno sigue siendo caro, los compradores aún son escasos, el financiamiento es más exigente y los grandes proyectos necesitan contratos de largo plazo antes de tomar una decisión de inversión. Ese escenario no es exclusivo de Chile; está ocurriendo en prácticamente todo el mundo. La propia Agencia Internacional de Energía redujo significativamente sus proyecciones de producción para 2030 debido al retraso y cancelación de múltiples iniciativas.
Lejos de ser una derrota, este ajuste representa una señal de madurez.
Las nuevas industrias energéticas rara vez evolucionan en línea recta. La energía solar necesitó décadas de desarrollo antes de alcanzar costos competitivos. Lo mismo ocurrió con la energía eólica y, más recientemente, con los sistemas de almacenamiento mediante baterías (BESS). Todas atravesaron un período donde el entusiasmo inicial dio paso a una etapa mucho más pragmática, enfocada en demostrar valor económico antes que capacidad tecnológica.
El hidrógeno verde parece estar entrando precisamente en esa fase.
Por eso resulta acertado que el foco comience a desplazarse hacia aplicaciones donde el hidrógeno resuelve un problema concreto. Procesos industriales difíciles de electrificar, minería, combustibles sintéticos o transporte pesado son ejemplos donde existe una necesidad real y donde la disposición a pagar por una solución baja en emisiones es considerablemente mayor que en un mercado abierto de exportación.
Esta lógica también entrega una enseñanza para la política pública.
El éxito de una industria no depende únicamente de financiar investigación o infraestructura. También requiere desarrollar demanda. Sin consumidores, contratos y modelos de negocio sostenibles, incluso la mejor tecnología termina esperando un mercado que aún no existe.
Chile sigue teniendo ventajas difíciles de igualar. Contamos con uno de los mejores recursos solares del planeta, un potencial eólico extraordinario en Magallanes, estabilidad institucional y una creciente experiencia en el desarrollo de proyectos energéticos de gran escala. Ninguna de esas ventajas desapareció con esta decisión.
Lo que sí desapareció fue la idea de que la transición energética ocurriría tan rápido como muchos imaginaron.
Quizás la principal lección sea que debemos dejar de medir el éxito únicamente por la cantidad de anuncios o por el tamaño de las inversiones comprometidas. El verdadero indicador será cuántos proyectos logran operar de manera rentable, atraer clientes y mantenerse en el tiempo sin depender permanentemente de subsidios.
La situación se originó tras la modificación introducida por el Ministerio de Salud en diciembre en los criterios para la elaboración de las bases de licitación, cambio que el Servicio de Salud recién notó en julio.
La situación se originó tras la modificación introducida por el Ministerio de Salud en diciembre en los criterios para la elaboración de las bases de licitación, cambio que el Servicio de Salud recién notó en julio.







































































































































































