21 de julio de 2026
INVESTIGAN POR PRIMERA VEZ CÓMO LA CONTAMINACIÓN LUMÍNICA Y EL CALENTAMIENTO GLOBAL AFECTAN LA ANTÁRTICA
DIPOLE, un innovador programa de investigación chileno, estudia los efectos combinados de la luz artificial y el calentamiento global sobre los ecosistemas costeros antárticos, una problemática que hasta ahora no había sido explorada.

Aunque la Antártica se suele considerar como uno de los lugares más prístinos del planeta, hoy enfrenta profundas transformaciones producto del calentamiento global y del aumento de la actividad humana, lo que está modificando drásticamente las condiciones ambientales del continente blanco.
En este contexto surge Disrupting Polar Ecosystems: Light Pollution may alter the Ecological Effects of Global Warming (DIPOLE), un innovador programa de investigación financiado por la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo (ANID) del Ministerio de Ciencia, Conocimiento, Tecnología e Innovación (MinCien) de Chile a través de la herramienta Anillos de Investigación en Ciencia Antártica. Este programa estudia, por primera vez y de manera integrada, cómo la contaminación lumínica producto de actividades antropogénicas y el calentamiento global, afectan los ecosistemas costeros del continente blanco.
“La Antártica ya no se puede entender como un ecosistema totalmente libre de la influencia humana. Hoy observamos cómo distintos estresores ambientales de origen antropogénico están actuando simultáneamente sobre la biodiversidad antártica, por lo que es urgente comprender cuáles son los efectos biológicos sobre el funcionamiento de estos ecosistemas australes”, explica el Dr. José Pulgar, director de DIPOLE y académico de la Universidad Andrés Bello (UNAB).
La investigación se desarrolla en ecosistemas costeros subantárticos y antárticos, y combina trabajo de campo en ambientes intermareales y pelágicos con experimentos de laboratorio. El equipo evalúa cómo la contaminación lumínica y el calentamiento global afectan componentes clave de estos ecosistemas, entre ellos macroalgas, invertebrados y vertebrados marinos, además de las interacciones ecológicas que sustentan su funcionamiento y biodiversidad.
Mientras los efectos de la contaminación lumínica sobre organismos de ecosistemas marinos y terrestres de ambientes no polares han sido ampliamente estudiados, en la Antártica no existe información sobre cómo la luz artificial puede alterar los procesos biológicos de los organismos que habitan este ambiente extremo. DIPOLE busca responder precisamente esa pregunta, incorporando además un segundo factor clave: el acelerado calentamiento que experimenta la península Antártica, una de las regiones del planeta donde la temperatura ha aumentado con mayor rapidez en las últimas décadas.
“Nuestro objetivo es entender cómo la luz artificial puede interactuar con el incremento en temperatura y generar respuestas que no podríamos predecir estudiando cada fenómeno por separado. De este modo, DIPOLE aportará evidencia científica sólida que permitirá anticipar los impactos de estos estresores y que además aportará al desarrollo de políticas públicas que fortalezcan las estrategias de conservación y gestión ambiental en el marco del Sistema del Tratado Antártico”, agrega el Dr. Pulgar.
Contaminación lumínica y sociedad
La contaminación lumínica, entendida como la alteración de los niveles naturales de luz por el uso de iluminación artificial, es una forma de contaminación ambiental que ha recibido mucha menos atención que otros contaminantes. Su gestión representa un desafío, dado que la sociedad demanda cada vez más iluminación, asociándola con una mayor sensación de seguridad, desarrollo y bienestar. Sin embargo, la evidencia científica demuestra que el exceso de luz durante la noche puede alterar el funcionamiento de los ecosistemas y afectar a numerosas especies.
“Históricamente hemos asociado la luz con seguridad y progreso, pero pocas veces nos detenemos a pensar en sus efectos sobre el medioambiente. La evidencia científica demuestra que la iluminación artificial excesiva puede alterar procesos biológicos esenciales y afectar la biodiversidad. El desafío no es eliminar la iluminación, sino utilizarla de manera responsable e inteligente, conciliando las necesidades de las personas con la protección de los ecosistemas”, concluye el Dr. Cristian Duarte, subdirector de DIPOLE y académico de la UNAB.
Más información en www.dipole.cl
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