4 de enero de 2026
LOS TIEMPOS NUEVOS
Marcos Buvinić Martinić.

Se vienen tiempos nuevos. Esa es la promesa que nos trae cada comienzo de año; así, ante la posibilidad de lo nuevo nos llenamos de buenos deseos, los cuales son repetidos hasta el cansancio en las redes sociales sobrecalentadas por el tráfico.
Se vienen tiempos nuevos en los cuales hay algunas cosas más o menos ciertas y otras que son definitivamente inciertas. Por ejemplo, es cierto que tendremos un nuevo gobierno, pero -más allá de lo que dice su programa- es incierto qué hará, cómo lo hará y qué sucederá en el país. Y ante lo incierto nos llenamos de buenos deseos para la vida de los ciudadanos, según el punto de vista que tenga cada uno. Otro ejemplo, es cierto que mi amigo Luis hace tiempo que está en lista de espera para una operación a la cadera, pero es incierto si le tocará en este año y cómo saldrá todo; así, ante la incertidumbre de lo que pasará con la operación que espera Luis, nos llenamos de buenos de deseos: que lo operen pronto, que la operación salga bien, que recupere su movilidad, etc…, ¿pero sucederá algo de todo eso?
La abundancia de buenos deseos ante el tiempo nuevo que se nos ofrece es algo que, por un lado, está muy bien, porque para alcanzar lo bueno lo primero es desearlo; pero, por otro lado, desear el bien no basta para que sea realidad. Entre los buenos deseos y su realización hay un espacio que depende de nosotros y de nuestra libertad, de lo que hagamos o no para alcanzar esos buenos deseos y, también, de las circunstancias; por ejemplo, de los mecanismos sociales y administrativos del sistema de salud que harán posible que operen o no a mi amigo Luis. Como decía el viejo Aristóteles: “no podemos cambiar el viento, pero podemos ajustar las velas”.
La abundancia de buenos deseos pone de manifiesto la bondad y el anhelo de generosidad de las personas, el cual es tantas veces escondido y camuflado. Pero, en medio de tantos buenos deseos, hay algo que no funciona, porque podemos olvidarlos prontamente, y con mayor rapidez de lo que quisiéramos volvemos a lo de siempre, a lo que nos resulta cómodo, a las mediocridades habituales, a las querellas políticas y sociales acostumbradas y a las inercias de siempre.
Definitivamente, no se puede inaugurar un tiempo nuevo con la ilusión de los buenos deseos repartidos con una ingenuidad digna de los cuentos de hadas, o con cábalas portentosas para que “eso resulte”. No se trata, para nada, de ser un aguafiestas, sino de tomar en serio que la distancia entre los deseos y la realidad no desaparece con los saludos y abrazos, porque los deseos de felicidad, prosperidad, éxito, amor y paz, etc., no funcionan por sí solos, sino que exigen cambios necesarios en la vida personal y social, los cuales requieren compromiso y esfuerzo por alcanzar lo deseado en el tiempo nuevo que inauguramos.
Pero, ¿qué es el tiempo nuevo acerca del cual tenemos tantos buenos deseos? Hace mil quinientos años el genial san Agustín escribía: “¿Qué es, pues, el tiempo? Si nadie me lo pregunta, lo sé; pero si quiero explicarlo, no lo sé […] Mido el tiempo, lo sé; pero no mido el futuro, que aún no es; ni mido el presente, que no se extiende por ningún espacio; ni mido el pasado, que ya no existe. ¿Qué es, pues, lo que mido? […] Es en ti, alma mía, que mido los tiempos”. Y esa certera afirmación de san Agustín es la que hasta hoy se repite en la física y sus científicos, que siguen en ascuas acerca de qué es el tiempo. Así, el famoso físico Stephen Hawking en su bestseller “Breve historia del tiempo”, se refiere a un “tiempo sicológico”, que es el modo en que nuestro cerebro -en el lenguaje de san Agustín sería “el alma”- procesa la relatividad temporal.
Entonces, volvamos a san Agustín, porque cuando él, desde el norte de África, era testigo de la desoladora caída de Roma en manos de los bárbaros, escribía: “dicen que los tiempos son malos; entonces, seamos nosotros mejores y los tiempos serán mejores, porque nosotros somos el tiempo”. Así es, nosotros somos el tiempo y en eso consiste estar vivo: en tener tiempo para lo nuevo y mejor.
Por eso es que los cristianos vivimos el tiempo no sólo con buenos deseos, sino con esperanza, aún en medio de las difíciles circunstancias que se puedan atravesar, porque el tiempo es un don de Dios que se nos ofrece para algo nuevo y mejor para todos. Ese es el camino de la fe en el seguimiento de Jesucristo, el Señor del tiempo, el Principio y el Fin.
4 enero 2026
Altas temperaturas en sector de pampa patagónica norte de la región (23 a 25°C).
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