17 de agosto de 2026
CUANDO LA ANTÁRTICA ENTRA A LA SALA DE CLASES
Nacido de la pluma de estudiantes de Cholchol y presentado en el mayor congreso polar del mundo, «Cuentos Antárticos y algo más» demostró que el continente blanco también se conquista desde el pizarrón. Su recorrido —de una escuela rural de La Araucanía hasta una biblioteca de Oslo— marca un antes y un después en la manera de enseñar la Antártica en Chile.

Durante décadas, la Antártica se enseñó de lejos: en un mapa colgado de la pared, en la epopeya de expedicionarios remotos, en fotografías de un blanco imposible. Era territorio de científicos y marinos, nunca de escolares. «Cuentos Antárticos y algo más» dio vuelta esa lógica: puso el lápiz en manos de los estudiantes y los convirtió, de golpe, en narradores del continente helado.
El origen del libro no está en un despacho ni en una base polar, sino en una sala de clases. Sus verdaderos autores son los estudiantes de Segundo Medio B del Liceo «James Mundell» de Cholchol, en plena Araucanía. Niños y jóvenes de tierra adentro, a miles de kilómetros del hielo, que con la imaginación por brújula se atrevieron a escribir sobre la Antártica. Ese gesto —enseñar a soñar un territorio para poder comprenderlo— es, en sí mismo, una pequeña revolución pedagógica.
Porque ahí radica el hito: la obra dejó de tratar a los estudiantes como receptores de una historia ajena y los transformó en protagonistas. La Antártica bajó del atlas al pupitre. Y desde el programa «Embajadores Antárticos», el libro comenzó a viajar de escuela en escuela, sembrando en cada comunidad educativa la certeza de que conocer, cuidar y proyectar el continente blanco también es tarea de aula.
El propio recorrido de la obra confirma su fuerza. De Cholchol pasó a la Escuela «Hernando de Magallanes», donde estudiantes y docentes dialogaron con el historiador Francisco Sánchez y el Seremi de Cultura de Magallanes, Rodrigo Bravo. Recibió el saludo de la dotación de la Base Naval Antártica «Capitán Arturo Prat» y se enlazó con la memoria de la primera expedición chilena de 1947. Finalmente cruzó el mundo hasta la Biblioteca de Oslo, en el marco del SCAR 2026, la mayor cumbre de la ciencia antártica del planeta. Un libro nacido en un banco escolar terminó dialogando con la elite científica mundial.
No es casual la emoción que despierta. «Ver sus rostros y compartir lo importante de nuestro Territorio Chileno Antártico fue maravilloso, más aún en las antípodas geográficas», resumió Francisco Sánchez tras la presentación en Oslo, donde se hizo entrega oficial del pabellón «Embajadores Antárticos», el emblema reservado a las comunidades educativas que han abrazado la pasión por conocer la historia de Chile en el continente blanco. Cada ejemplar que se entrega es, en el fondo, una semilla: un aula más que se suma a esta cruzada por acercar el hielo a quienes nunca lo han visto y, quizás, jamás lo verán.
Ese es el verdadero valor de «Cuentos Antárticos y algo más»: demostrar que la vocación antártica de Chile no se hereda solo con discursos, sino que se cultiva en las aulas, con las voces de sus propios estudiantes. Enseñar la Antártica dejó de ser recitar una gesta lejana para convertirse en algo mucho más poderoso: invitar a cada niño y niña a sentirse parte de ella. Y en ese giro, un país tricontinental descubrió que el camino al hielo también empieza en una pizarra.
El propósito de la reunión era revisar los avances en temas relevantes para la zona, que se habían discutido durante su primera reunión hace unos meses atrás.
El propósito de la reunión era revisar los avances en temas relevantes para la zona, que se habían discutido durante su primera reunión hace unos meses atrás.

































































































































































