15 de agosto de 2026
COLUMNA DE OPINIÓN | LA PRÓXIMA REFORMA LABORAL NO LA HARÁ EL CONGRESO
Por: Arturo Storaker, Presidente Regional UDI Magallanes

Durante los últimos años hemos discutido extensamente sobre salarios, jornada laboral, cotizaciones,
indemnizaciones y nuevas regulaciones para el mercado del trabajo. Todas esas discusiones son importantes. Pero
mientras el Congreso modifica leyes que regulan la forma tradicional de trabajar, existe una transformación
mucho más profunda que ya comenzó y que probablemente cambiará el empleo con mayor velocidad que
cualquiera de esas reformas: la inteligencia artificial.
No estamos hablando de una tecnología futurista ni de robots que algún día reemplazarán determinadas
funciones. Millones de personas ya utilizan herramientas capaces de redactar documentos, analizar información,
traducir idiomas, programar, responder clientes, procesar datos y automatizar tareas que hasta hace muy poco
requerían horas de trabajo humano.
La pregunta, por lo tanto, dejó de ser si la inteligencia artificial llegará al mercado laboral. Ya llegó. La verdadera
pregunta es qué hará Chile con ella.
El Fondo Monetario Internacional ha advertido que nuestro país se encuentra entre las economías
latinoamericanas con mayor exposición a la inteligencia artificial debido, entre otras razones, a la mayor
formalización y composición de su mercado laboral. Su análisis estima que cerca de un 20% de los trabajadores
chilenos se encuentra en ocupaciones con alta exposición y baja complementariedad con estas tecnologías, es
decir, con un riesgo relevante de desplazamiento de ciertas tareas. Pero el mismo estudio identifica enormes
posibilidades de aumentar productividad en sectores como servicios, salud, educación, comercio, finanzas y
administración pública.
Ahí está la paradoja. Podemos observar la inteligencia artificial principalmente como una amenaza y dedicar
nuestros esfuerzos a intentar contenerla. O podemos comprender que estamos frente a una de las herramientas
más importantes que tendrá Chile para resolver uno de sus mayores problemas económicos: la productividad.
Regular sin impedir
Chile discute una Ley Marco de Inteligencia Artificial. La buena noticia es que la conversación empieza a
incorporar innovación, productividad, infraestructura crítica y transferencia tecnológica, y no solo prohibiciones
y riesgos.
Necesitamos proteger los derechos de las personas, impedir discriminaciones algorítmicas, resguardar datos
personales y establecer responsabilidades cuando una decisión automatizada produce daños. Pero regular la
inteligencia artificial no puede transformarse en dificultar su utilización.
Una PYME chilena que quiera automatizar su contabilidad, mejorar su atención a clientes o analizar sus ventas no
debería necesitar un departamento jurídico para poder hacerlo. El principio debería ser sencillo: regular los
riesgos, no castigar la innovación.
La próxima brecha será entre quienes la usen y quienes no
Durante años hablamos de la brecha digital entre quienes tenían acceso a internet y quienes permanecían
desconectados. La próxima brecha será diferente: será entre empresas que utilizan inteligencia artificial para
aumentar su productividad y aquellas que continúan haciendo manualmente tareas que podrían resolverse en
minutos.
El Banco Mundial ha estimado que entre 30% y 40% de los empleos latinoamericanos tienen algún grado de
exposición a la inteligencia artificial generativa y que una parte relevante podría experimentar aumentos
importantes de productividad. El riesgo es que millones de trabajadores y pequeñas empresas queden fuera de ese
beneficio por falta de infraestructura, capacidades o acceso.
Eso debería preocupar especialmente a las PYMEs. Una gran empresa puede contratar especialistas, comprar
tecnología y desarrollar sistemas propios. Un restaurante, una empresa turística o un comercio regional no
dispone de esas capacidades.
Por eso la política pública no debería concentrarse solamente en financiar grandes centros tecnológicos. También
necesitamos democratizar el acceso a estas herramientas: programas simples que permitan a miles de pequeñas
empresas administrar inventarios, responder clientes, analizar precios, elaborar presupuestos, organizar turnos o
mejorar su estrategia comercial con apoyo de inteligencia artificial.
Magallanes tiene mucho que ganar
Una región extrema como la nuestra debería mirar esta transformación con especial interés. Tenemos distancias
enormes, baja densidad poblacional y escasez de profesionales en determinadas áreas. Precisamente esas
características hacen que la tecnología pueda producir beneficios mayores.
La telemedicina complementada con inteligencia artificial puede acercar diagnósticos a Puerto Williams o Tierra
del Fuego. Los sistemas predictivos pueden mejorar la logística portuaria y antártica. Un pequeño operador
turístico puede atender automáticamente clientes en varios idiomas. Una municipalidad puede reducir semanas
de revisión administrativa. Empresas de mantenimiento pueden utilizar herramientas predictivas para anticipar
fallas.
La inteligencia artificial no elimina nuestra condición extrema. Puede disminuir parte del costo de esa condición.
Pero para lograrlo debemos preparar personas. El trabajador que sepa utilizar inteligencia artificial
probablemente desplazará antes al trabajador que no la utiliza que la propia inteligencia artificial al trabajador.
Ese debería ser el mensaje para nuestro sistema educativo.
Proteger trabajadores significa prepararlos
Cada revolución tecnológica genera incertidumbre. La respuesta más fácil siempre es intentar proteger las tareas
existentes. Pero la historia demuestra que esa estrategia termina fracasando.
No debemos proteger eternamente una determinada forma de realizar un trabajo. Debemos proteger la capacidad
de las personas para seguir trabajando. Eso significa capacitación, reconversión, formación continua y apoyo
durante las transiciones laborales.
Ni ingenuidad tecnológica ni miedo paralizante. Chile lleva demasiado tiempo discutiendo cómo repartir mejor
una economía que crece poco. La inteligencia artificial abre la posibilidad de volver a discutir cómo producir más.
La próxima gran reforma laboral probablemente no vendrá escrita en un proyecto de ley. Ocurrirá
silenciosamente dentro de empresas, hospitales, colegios, oficinas públicas y comercios cuando millones de
trabajadores comiencen a realizar su trabajo de una manera completamente distinta.
La decisión es si esperaremos que esa transformación simplemente ocurra o si prepararemos desde ahora a
nuestras empresas y trabajadores para aprovecharla. Porque en esta revolución tecnológica habrá riesgos, pero el
mayor riesgo puede ser llegar tarde.
El gobernador regional de Magallanes, Jorge Flies, se reunió con el subsecretario de Hacienda, Sebastián Vallebona, para abordar el proceso de una nueva concesión de la Zona Franca de Punta Arenas, cuyo contrato vigente finaliza en 2030.
El gobernador regional de Magallanes, Jorge Flies, se reunió con el subsecretario de Hacienda, Sebastián Vallebona, para abordar el proceso de una nueva concesión de la Zona Franca de Punta Arenas, cuyo contrato vigente finaliza en 2030.





































































































































































