8 de junio de 2026
PROYECTO HORIZONTE AZUL: LA APUESTA AUSTRAL POR DEVOLVERLE AL PLÁSTICO SU ÚLTIMO USO
Una iniciativa de la Fundación Prisma Austral propone transformar en Magallanes los residuos plásticos y los aceites lubricantes usados en combustibles certificados.

En la región más austral del planeta habitado, donde el plástico que llega al mar muchas veces lo hace empujado por las mismas corrientes que sostienen la vida del Estrecho, un grupo de la Fundación Prisma Austral lleva cuatro años trabajando sobre una idea que suena casi a contradicción: que el residuo más persistente del siglo puede tener un último
uso digno antes de desaparecer.
El proyecto se llama Horizonte Azul y, en esencia, propone una planta industrial de pirólisis: un proceso termoquímico que, en ausencia de oxígeno y a temperaturas de entre 400 y 550 grados, descompone los plásticos y los aceites lubricantes usados para devolverlos a su origen, hidrocarburos líquidos, esta vez en forma de combustible. No es reciclaje en el sentido habitual, donde el material se degrada en cada ciclo. Es, como lo describe la propia fundación, “el último
uso”: recuperar la energía atrapada en esos hidrocarburos antes de que se conviertan en contaminación permanente.
Un problema sin gestor
El punto de partida es un vacío concreto. A 2026, Magallanes no cuenta con ningún gestor autorizado de residuos plásticos industriales ni de aceites lubricantes usados a escala industrial. Los vertederos de la región —tanto en Punta Arenas como en Puerto Natales— enfrentan situaciones críticas de saturación, y una parte de los plásticos que no encuentran destino termina en el ecosistema marino subantártico, un corredor de biodiversidad que Chile se ha comprometido a proteger.
A ese vacío responde Horizonte Azul. La planta proyecta procesar hasta 3.650 toneladas de plásticos al año y dar destino a aceites usados que hoy se consideran residuos peligrosos, convirtiéndolos en dos combustibles: uno de uso industrial y otro de uso marino, este último concebido bajo la norma internacional ISO 8217:2024 para abastecer a las embarcaciones que operan en el Estrecho y en el corredor hacia la Antártica.
Ciencia que respalda la promesa
La diferencia entre una buena intención y un proyecto verificable suele estar en los certificados, y aquí el proyecto tiene argumentos. El proceso fue verificado por la certificadora independiente SGS, que confirmó un rendimiento de conversión cercano al 71 por ciento y, sobre todo, un combustible con un contenido de azufre de apenas 6,4 partes por millón —muy por debajo del límite que fija el convenio internacional MARPOL para las emisiones del transporte marítimo—. La tecnología, además, ya opera en una planta de referencia en la zona central de Chile, lo que educe el riesgo de ejecución frente a un desarrollo enteramente experimental.
El proyecto se apoya en un equipo técnico con respaldo científico internacional, que incluye especialistas en economía industrial y bioenergía formados en instituciones europeas, y se enmarca en la Ley de Responsabilidad Extendida del Productor (REP), que en Chile obliga a productores y generadores a hacerse cargo de sus residuos. Esa combinación —tecnología probada, certificación independiente y un marco regulatorio que genera demanda— es la que sus impulsores describen como su verdadera innovación: no la pirólisis en sí, sino la arquitectura que la hace viable en un territorio extremo.
Un filtro antes del premio
A fines de mayo, Horizonte Azul sumó una validación externa relevante: fue seleccionado entre los 500 mejores proyectos socioambientales de América Latina y el Caribe en la edición 2026 de Premios Verdes, y lo hizo en dos categorías de forma simultánea, Economía Circular y Green Tech.
El dato técnico detrás del reconocimiento es, quizás, lo más significativo. Antes de que se definan finalistas o ganadores, una Comisión Técnica Internacional evalúa cada postulación bajo criterios de impacto ambiental, impacto social, sostenibilidad financiera e innovación. Se trata de un programa cuyo jurado y consejo asesor integran instituciones del peso del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), la Corporación Financiera Internacional (IFC) del Grupo Banco Mundial, CAF – Banco de Desarrollo de América Latina, The Nature Conservancy, WWF y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). En otras palabras, antes de saber si gana, el proyecto ya fue revisado y aprobado por un cuerpo de evaluación con criterios de banca de desarrollo.
Conocer para proteger
Para sus impulsores, el reconocimiento confirma una tesis que ha guiado el proyecto desde el inicio y que resume el lema de la Fundación Prisma Austral: “Conocer para proteger”. Si una solución de economía circular de este tipo es viable en Magallanes —con su clima, su logística extrema y sus mercados distantes—, sostienen, lo es en cualquier región costera del planeta.
Cada tonelada procesada en el extremo austral funciona, bajo esa lógica, como una prueba de concepto replicable en otras costas de Chile y de la región. Horizonte Azul se encuentra hoy en fase de inversión y desarrollo, en proceso de obtención de permisos y de cierre de su primera ronda de financiamiento. Su horizonte declarado es ambicioso, pero deliberadamente local: demostrar que la última frontera del planeta también puede ser un punto de partida.
La desaprobación, en tanto, retrocedió 5 puntos a 50%. En cuanto al Registro de Vándalos e Incivilidades anunciado en la cuenta pública del lunes, un 67% está de acuerdo con la iniciativa, mientras un 28% está en desacuerdo
La desaprobación, en tanto, retrocedió 5 puntos a 50%. En cuanto al Registro de Vándalos e Incivilidades anunciado en la cuenta pública del lunes, un 67% está de acuerdo con la iniciativa, mientras un 28% está en desacuerdo












































































































































































