17 de febrero de 2019
En un proyecto que une cicloviaje con talleres de cuentos para niños que viven y estudian en zonas rurales, Maritza Burgos y Javiera Andrade llegaron hasta la isla Navarino con el propósito de realizar actividades lúdicas de creación literaria en Puerto Williams y Puerto Toro.
Su presencia en la Provincia Antártica Chilena se enmarca dentro de un anhelado sueño que ambas comenzaron a hacer realidad, denominado Pedaleando un cuento. Desde el 1 de mayo pasado, tanto Maritza, profesora de inglés, como Javiera, psicóloga, han recorrido unos 2 mil 300 kilómetros en sus bicicletas, las cuales tienen sus respectivos nombres: Musgo y Anacleta Baker.
Ambas jóvenes se conocieron en Valdivia mientras trabajaban en un jardín infantil. Planificaron su viaje con meses de anticipación, hasta que decidieron dejarlo todo para iniciar esta aventura que ya lleva nueve meses de duración y contempla alcanzar gran parte de los rincones rurales de Latinoamérica, tanto de la costa del Atlántico como del Pacífico. La isla Navarino es un punto de inflexión para ellas, no sólo por ser la zona más austral de su proyecto, sino que también por continuar su trayecto hacia el norte por la costa atlántica hasta llegar a México, para luego retornar a la capital de la región de Los Ríos tras recorrer Centroamérica, Colombia, Ecuador, Perú y el resto de Chile.
Luego de haber visitado Puerto Toro, donde realizaron un taller con los niños del poblado más austral del mundo, Maritza cataloga como un sueño cumplido estar en la isla, y agradece la cordialidad de la comunidad y el apoyo de la Gobernación de la Provincia Antártica Chilena, entidad que costeó los pasajes aéreos desde Punta Arenas a través del subsidio al transporte aéreo en categoría de actividad con fines culturales, deportivos o sociales.
“Cuando llegamos a tierra no teníamos ningún contacto ni dónde pasar la noche. Ha sido muy lindo cómo en una semana hemos podido crear muchas redes, conocer personas que nos están dando una mano con mucha confianza, con mucho cariño. El día en Puerto Toro fue muy especial, porque en las localidades pequeñas uno puede ser parte de esa familia”, explica Burgos.
En ese sentido, la ciclista valdiviana detalla que en Puerto Toro realizaron el taller en el retén de Carabineros, donde además compartieron un almuerzo con la vecindad. “Pudimos conocer lo que significa vivir en esa austeridad y ruralidad que pocas personas pueden decir o vivenciar. Compartimos con la profesora y los niños, y observamos un poco la naturaleza donde ellos viven también”, manifiesta.
El gobernador de la Provincia Antártica, Juan José Arcos, destaca el aporte que las jóvenes entregaron a los infantes de las dos localidades. “Cuando uno vive en una isla siempre es importante tener una visión de la realidad, de la sociedad, que se puede dar a través de los cuentos. Es una actividad didáctica, que se pudo realizar en verano, cuando los niños descansan y están con toda la disposición y el tiempo para aprender lúdicamente jugando y de esa forma también adquirir conocimientos que les van a servir en el desarrollo de sus vidas, en las distintas etapas que deban afrontar”, comenta.
Conexión con la ruralidad
En cada lugar que Maritza y Javiera visitan para realizar talleres invitan a los niños a jugar y a crear cuentos. “Durante la semana, nosotras guiamos actividades en las que ellos van explorando un poco su propia zona y son capaces de llevarlos a palabras”, explica Javiera. “Hemos conocido niños que saben mariscar y que acompañan mucho a sus padres. En otras localidades nunca han ido a pescar, pero en las veranadas andan 10 días a caballo con sus tíos llevando rebaños de ovejas o vacas, y así uno va recogiendo historias muy ricas en cultura”, añade la oriunda de Castro.
Ambas comparten el amor por movilizarse en bicicleta y la literatura. La razón de llegar a lugares rurales es porque consideran que en las escuelas de dichas zonas se conforman realmente familias. “Ahí uno puede conectar muy profundamente con la comunidad educativa en general y también captar historias súper profundas de cada uno de los niños”, destaca Javiera.
“A la vez, compartir una forma de viaje muy distinta como es el cicloviaje en las comunidades que nosotras visitamos, es una vivencia muy alejada, así como la vida rural que tiene la gente en cada sector, que es muy diversa. En el fondo, el objetivo es compartir vivencias tan distintas y hacer una unión para crear cuentos”, agrega Maritza.
Ambas crearon un sitio web, fanpage de Facebook, cuenta de Instagram y canal de YouTube, donde comparten su trayecto, así como cuentos creados por los niños, galería de imágenes, testimonios e incluso videos de los lugares que visitan, como Puerto Fuy, Panguipulli, Añihue, Melinka, Caleta Tortel, Villa Tehuelches y Cameron. Prontamente añadirán un registro audiovisual sobre su visita a la isla Navarino. Para más información, ingresa a www.pedaleandouncuento.org.
La iniciativa de Atención Primaria de Salud, pretende comenzar en octubre y busca atender a cerca de cien usuarios de entre 14 a 16 años.
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